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Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión On-line ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. v.41 n.4 Santiago oct. 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272003000400008 

Del hipnotismo a Freud. Orígenes
históricos de la psicoterapia

Autor: José María López Piñero
Editorial: Alianza. Madrid, 2002, 157 páginas.

La psicoterapia ha sufrido en las últimas décadas un cuestionamiento progresivo y por momentos demoledor en el ámbito americano producto en parte del auge notable alcanzado por la psiquiatría biológica y las neurociencias. Sin embargo, no es nuevo. Todo lo contrario, desde el nacimiento de la medicina como actividad científica en la época de Alcmeón e Hipócrates ha sido su destino ser descalificada o cuando menos puesta en duda su realidad. ¡Extraña condición! ¿Por qué le habrá sido difícil al médico aceptar que el ser humano se puede tanto enfermar como curar por medio de la palabra? Según sabemos es el hombre el único animal loquens, vale decir, su naturaleza específica está en valerse de símbolos orales o escritos. ¿No implica esto que nuestro narcisismo no tolera que nuestras dolencias sean generadas por aquello que nos es más propio e inalienable, que nuestra fragilidad radica precisamente en nuestra humanidad y que, por consecuencia, nuestra única vía de solución reside en someternos a la exploración descarnada de nuestro espíritu acudiendo a la talking cure o chimney sweeping, como solía denominarla Anna O. cuando era paciente de Josef Breuer? Ni siquiera la "introducción de la persona en la medicina" por von Weizsäcker ni las "enfermedades exclusivamente humanas" de Jores, por nombrar dos intentos alemanes de los años 50 por cambiar el paradigma imperante, consiguieron crear una conciencia permanente en el mundo médico.

El texto de López Piñero nos cuenta en pocas páginas la azarosa aventura de sus orígenes históricos a partir del siglo del hipnotismo desde una perspectiva española. Esta versión abreviada de su obra de conjunto con José María Morales Meseguer Neurosis y psicoterapia. Un estudio histórico (Madrid, 1970) nos recuerda las vicisitudes, en parte pintorescas, en parte dramáticas, de las concepciones que han estado a la base de esta actividad médica. Empero la lectura atenta nos exhorta a tener cierta precaución frente a investigaciones históricas como la presente, que aparentan ser un lujo o pasatiempos sin trascendencia para el clínico práctico interesado en mejorar a sus pacientes concretos. Las novedades o últimos descubrimientos suelen ser versiones supuestamente revolucionarias de repeticiones o de conceptos antiguos y aún añejos. ¿Cómo no sorprenderse de la siguiente aseveración del abate Faria: "Muchas veces, medicamentos simples e indiferentes, pero tomados con confianza, producen efectos más saludables que los reconocidos como más eficaces… La convicción íntima, que crea la más alta confianza, regula mejor que todos los medios farmacéuticos"? O yendo aún a Aristóteles ¿cómo no admirarse de su "catarsis", de la "liberación o purgación de las pasiones" seguida del correspondiente alivio? ¿Hemos resuelto el dilema propuesto por los estoicos al separar entre "enfermedades mentales" propiamente dichas, causadas por alteraciones somáticas, y "enfermedades del alma", ocasionadas por las "representaciones engañosas" producidas por las pasiones? La ciencia es histórica y la psicoterapia no escapa a este sino.

Decíamos que López Piñero está ubicado en un punto de vista europeo, y en ello se parece a la monumental obra de H. F. Ellenberger The discovery of the unconsciuos. The history and evolution of dynamic psychiatry (1970), aunque las diferencias de tonalidad son importantes y hace que ambas investigaciones se complementen fructíferamente. El español da especial consideración a las proyecciones psiquiátricas y médicas antes que a las psicodinámicas. Se preocupa de figuras mayores Mesmer, Faria, Braid, Charcot, Bernheim, Freud, Janet, Pavlov así como de otras menos reconocidas pero igualmente valiosas: Reil, Feuchtersleben, Conolly, marqués de Puységur, Liébeault, Babinsky, Dubois, Sechenov. A cada uno dedica párrafos o capítulos comprimidos que son consecuencia de un largo trato con el tema. No divaga excesivamente ni recurre a construcciones teóricas producto de su ideología personal o de una escuela de psicoterapia, según es habitual en los manuales norteamericanos. El resultado final es una exposición equilibrada y útil para todos los lectores interesados en el tema, especialmente los psiquiatras y psicólogos en formación, aún los médicos que ejercen otras especialidades.

Si se nos permiten dos acotaciones que en nada desmerecen las ponderadas palabras de López Piñero podríamos decir lo siguiente. Por una parte, nos habría gustado que ciertas figuras fueran trabajadas con mayor profundidad, como sucede en los casos de Janet y Freud. Los dos son demasiado notables como para ser despachados en menos de quince páginas cada uno, y sin mostrar las complejísimas conexiones, interdependencias y consecuencias de sus aportes. Por otra, aunque parezca paradojal, el contexto histórico no es incorporado armónicamente con la meticulosidad necesaria en un historiador, ya que frecuentemente él cae en una enumeración cronológica antes que en un análisis propiamente genético o arqueológico. Su ascetismo puede resultar algo estéril en los momentos de recapitular los personajes involucrados en esta apasionante aventura intelectual, que tanto nos problematiza como personas y mueve como terapeutas en los momentos presentes. Especialmente, no estimula con suficiente fuerza a formular preguntas decisivas.

López Piñero es discípulo directo de Pedro Laín Entralgo y se nota. Las enseñanzas del maestro, recientemente fallecido, marcan los rumbos seguidos con brillo por el continuador y seguramente son un indicio fuerte que la escuela de Historia de la Medicina que proviene de España sigue a la vanguardia en el mundo. Su reciente libro La medicina en la historia (2002) lo prueba con creces. Allí también vuelve a rozar el tema de la psicoterapia pero al interior de todo el curso de la medicina, para recordar a los médicos "que no han superado los supuestos tradicionales y tienden a confundir la psicoterapia con el consuelo de los enfermos, sin tener conciencia de la necesidad de una vertiente del tratamiento con bases científicas y recursos técnicos equiparables a los somáticos". ¿No es esto lo que se discute, implementa y reanaliza hoy en día en el famoso estudio multicéntrico del NIMH sobre depresión, aunque sustentado por cierto en otros supuestos más empíricos?

Gustavo Figueroa
Editor Asociado Psiquiatría

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