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Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión On-line ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. v.39 n.2 Santiago abr. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272001000200012 

 

Rev Chil Neuro-Psiquiat 2001; 39(2): 170-173

COMENTARIO DE LIBROS Y REVISTAS

¿Por qué el psicoanálisis?

Autora: Elizabeth Roudinesco
Editorial Paidós, Buenos Aires, 2000. 130 págs.


A la pregunta de Elizabeth Roudinesco ¿Por qué el psicoanálisis? se le puede responder con una contrapregunta ¿Por qué emplear el panfleto en psicoanálisis? Lo que sucede es que esperábamos algo radicalmente diferente de la psicoanalista, conocida investigadora de la Universidad de París VII y autora de tres obras importantes en el campo: Jacques Lacan: Esbozo de una vida, historia de un sistema de pensamiento. Anagrama, Barcelona, 1995; La batalla de cien años. Historia del psicoanálisis en Francia. Fundamentos, Madrid, 1988; y junto a Michel Plon: Diccionario de psicoanálisis. Paidós, Buenos Aires, 1998. La atenta lectura de estos libros nos había mostrado a una estudiosa de la historia del movimiento psicoanalítico que dominaba con soltura la terminología y sabía con rigor la conceptualización de esta "abstrusa ciencia", como la denominaba Freud. Aunque hay que reconocer, demasiado al tanto del chascarrillo y la maledicencia que ha rodeado desde sus inicios en Viena a la corriente de pensamiento psicoanalítico en todo el mundo y, además, con un exagerado estilo cartesiano parisino de la rive gauche ­en el fondo, como diría Ortega, una intelectual de la capital de la grafomanía.

Deseamos dejar en claro nuestros reparos. No se trata de que Roudinesco desconozca la situación del psicoanálisis al cumplirse un siglo desde que lo introdujo Freud o que sus críticas, especialmente referentes a la psiquiatría y psicoanálisis en América, estén desencaminadas. Más bien opinamos que acierta en muchos de sus puntos. Lo que no nos parece adecuado es el denuesto, la descalificación denigratoria, la banalización de las teorías opuestas con el fin de caricaturizarlas a partir de un intelectualismo redentor del destino entero de Occidente (o que "reconstituya una nueva Europa de las Luces"), el uso de argumentos supuestamente audessus de la mêlée que arrasan los distingos y sutilezas de los razonamientos de los rivales (y reducirlos a "pretensiones oscurantistas"). Como sucede tan a menudo en los escritos animados por el espíritu panfletario, se produce en el autor una identificación con el agresor: pierden "la perspectiva crítica y el respeto ante las diferentes disciplinas", sin "dar muestras de prudencia" ­es el reproche de Roudinesco a sus opositores y que le calza a ella de manera ejemplar.

El libro nació de una inquietud legítima. Al cumplirse los cien años el psicoanálisis ha perdido la presencia y el vigor al interior de la psiquiatría, las ciencias humanas y aún la sociedad occidental, y se ha visto desplazado por las teorías cognitivas y las ciencias neurobiológicas que, armadas con un arsenal psicofarmacológico con aspiraciones de curar todas las afecciones mentales, amenazan con ocupar todo su campo. A Elizabeth Roudinesco esto le parece falso, mejor aún, reductivista. El psicoanálisis de Freud ha sido una avanzada de la civilización con la intención de domar el sufrimiento humano: la muerte, la locura, las pasiones, el inconsciente, la superchería y la ilusión sin fundamento. Estas nuevas doctrinas especialmente salidas de Estados Unidos son incapaces de entregar respuestas que estén a la altura de la dignidad del hombre y más bien consiguen lo contrario de sus propósitos iniciales, un cientificismo vacío que no nutre nuestro afán insaciable de una humanidad más evolucionada y liberadora. Por tanto, es necesario colocar las cosas en su orden justo. El psicoanálisis tiene esa misión, distinta de la que le correspondió durante los años en que Freud todavía vivía, pero tan importante, o más, como entonces: entregar sentido y autenticidad a la subjetividad del hombre.

Ahora comienzan los problemas. Las tres secciones en que se divide el texto saltan de una materia a otra sin una jerarquía y secuencia claras: la sociedad depresiva, la gran disputa del inconsciente y el porvenir del psicoanálisis. En algunos pasajes se intenta una especie de diagnóstico psicoanalítico de la cultura occidental ("la sociedad depresiva"); en otros párrafos se aborda el estado de la psiquiatría contemporánea norteamericana ("fetichización actual de la nosología por el DSMIV", sustitución del psicoanálisis por "tratamientos químicos considerados más eficaces porque alcanzarían las causas llamadas cerebrales de las aflicciones del alma"); en distintos lugares se opone una concepción filosófica del hombre a otra ("el hombremáquina frente al hombre trágico"), por fin, se discute la cientificidad de la psiquiatría y se la opone a la del psicoanálisis ("ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu"). Podríamos continuar porque hay una cantidad enorme de material que se va acumulando con desorden a través de las páginas, pero con lo dicho hasta aquí es suficiente para dar una idea del proceder de la psicoanalista: atacar a los que le salen al camino y defender desde todos los ángulos a la teoría psicoanalítica entendida como respuesta humanista ante la arremetida del salvajismo suave y mortífero postmoderno. Por ello el motto de Freud que encabeza el ensayo: "Las acciones del hombre son fáciles de destruir, y la ciencia y la técnica que las han edificado también pueden servir para su destrucción".

¿Ha existido una cruzada cientificista americana a partir de los años 60 con un marcado acento antifreudiano? Cierto. ¿Se ha denigrado la persona de Freud por un grupo revisionista historiográfico encabezado por Peter Swales con una fuerte impronta puritana, persecutoria y censuradora? Indudablemente. ¿Se puede reducir el pensamiento a la actividad neuronal y a confundir al deseo con una secreción química? Absolutamente no. ¿Tienen como meta las ciencias humanas una reeducación de las almas y de los cuerpos contra la idea de caída y decadencia, desarrollando un ideal higienista de redención de lo humano por la ciencia y el conocimiento científico? Parece que no es así. Pero todos estos asertos no son suficientes para dar una coherencia interna al escrito de Elizabeth Roudinesco. Se pierde ella en el juego de palabras y en el brillo enceguecedor de las imágenes, sin aportar consistencia a sus conclusiones que son disparadas al azar no obedeciendo a un método o erigiendo una meta unitaria. No se puede terminar un ensayo de manera responsable diciendo de pasada que el psicoanálisis con su ideal platónico del maestro "sigue siendo el único que pone obstáculo a los estragos del nihilismo contemporáneo". Lo responsable intelectual sería aportar argumentos serios y objetivos para emitir una afirmación de tamaño calibre.

¿Por qué no se dio más tiempo Roudinesco para confeccionar un todo cohesionado? ¿Por qué no gastó más energía en justificar mejor sus diagnósticos y posibles soluciones? ¿Por qué quiso volar tan alto y hablarnos del destino de Occidente, en lugar de quedarse con visiones más modestas pero probadas y trabajadas con paciencia y rigurosidad? El centenario del psicoanálisis exigía una mejor y más profunda fundamentación de la necesidad de su existencia actual. Hay que tener presente que el mismo Freud dudaba de la permanencia en el tiempo de sus descubrimientos y solía afligirse porque sospechaba que algún día serían barridos por otras teorías, menos profundas quizás, aunque más efectivas y pragmáticas. Además el mismo Freud decía en su vejez estas palabras que debería hacer meditar a cualquier estudioso del movimiento psicoanalítico cuando considera a éste como un acontecimiento cultural global: "Así, me falta el ánimo necesario para erigirme en profeta ante mis contemporáneos, no quedándome más remedio que exponerme a sus reproches por no poder ofrecerles consuelo alguno. Pues, en el fondo, no es otra cosa lo que persiguen todos: los más frenéticos revolucionarios con el mismo celo que los creyentes más poderosos". Elizabeth Roudinesco queda en deuda con sus lectores: elaborar un libro que dé una auténtica razón intelectual de ¿por qué psicoanálisis hoy?

GUSTAVO FIGUEROA CAVE

Psicofarmacología y territorio freudiano

Autores: Julio Moizeszowicz y Mirta Moizeszowicz
Editorial Paidós, Buenos Aires, 2000. 292 págs.


No sólo el título del libro es provocativo, lo es también su portada que ­en un acierto gráfico­ muestra una cápsula tendida sobre un diván. Al hojearlo llama la atención la impecable edición y la gran calidad de las ilustraciones en color, casi todas referidas a aspectos neurobiológicos. Lamentablemente muchas de tales ilustraciones son demasiado reducidas, lo que dificulta su comprensión.

Julio Moizeszowicz es autor del conocido texto Psicofarmacología Psicodinámica, el que ya va en su cuarta edición. Se trata, por lo tanto, de un autor versado en psicofarmacología y en las bases neurobiológicas de las enfermedades mentales. Además es miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Mirta Moizeszowicz, por su parte, es una psicóloga de gran experiencia docente en psicoanálisis.

El libro se inscribe en la línea del diálogo entre psicoanálisis y neurociencias, tema que recientemente Eric Kandel pusiera en un primer plano al publicar un influyente artículo en American Journal of Psychiatry (Kandel E. Biology and the Future of Psychoanalysis: a New Intellectual Framework for Psychiatry Revisited. Am J Psychiatry 1999; 156: 502-24).

Como agudamente se destaca en el prólogo de David Maldavsky, el libro encuentra su contexto en lo que se ha dado en llamar "el espíritu de nuestro tiempo", empeñado en desarrollar mediante articulaciones interdisciplinarias una trama más refinada de argumentos que dé cuenta de una realidad resistente a nuestros esfuerzos de intelección.

En la primera parte de la obra se despliegan los fundamentos teóricos de la psicofarmacología moderna y las hipótesis psicoanalíticas elaboradas por Freud en el Proyecto de Psicología. Ambos cuerpos teóricos se exponen de modo breve pero suficientemente completo. La presentación de las bases biológicas de los trastornos mentales recoge los aspectos más actuales de la investigación en neurociencias.

En la segunda parte se expone una serie de seis casos clínicos: ataque de pánico, trastorno delirante, trastorno depresivo, trastorno bipolar, trastorno esquizoafectivo y trastorno fronterizo o borderline. Al exponer los casos se muestra el doble abordaje de estas patologías, desde la psicofarmacología y desde la psicoterapia psicoanalítica, destacando sus confluencias y complementariedades.

El desafío teórico que supone la empresa acometida por los autores es enorme. ¿Cómo poder sortear los riesgos del copamiento de un campo teórico por el otro o la superposición no crítica de dos visiones diferentes? La solución la buscan a través de una suerte de relectura del Proyecto de Psicología a partir de los datos de la neurobiología actual. Destaca de este modo una serie de agudas intuiciones del neurólogo que fue Freud, quien en la obra aludida intenta desentrañar las complejas relaciones entre mente y cerebro a partir de los limitados conocimientos neurobiológicos de su época. Las coincidencias y similitudes entre algunos de los planteamientos de Freud y los hallazgos actuales de las neurociencias a veces resultan convincentes y otras muy discutibles.

Asimismo, el abordaje terapéutico dual de los casos expuestos difícilmente se deja integrar en una teoría común. A lo más aparece como el empleo de dos modalidades de tratamiento que no se interfieren mutuamente, que pueden potenciarse en beneficio de los pacientes, pero que se resisten a ser comprendidas desde una perspectiva teórica unificada. Esto, por lo demás, refleja bien lo que ocurre en la práctica clínica cotidiana, en la que tanto el psicoterapeuta como el psiquiatra clínico emplea cada uno su método terapéutico respetando la acción del otro, pero sin alcanzar o sin pretender alcanzar una articulación teórica común. La situación concuerda con el punto de vista post moderno de aceptar la coexistencia de aportes provenientes de diversos campos teóricos que conviven sin molestarse, validándose exclusivamente en la medida en que demuestren ser útiles o necesarios.

Quizá el mayor reparo que pueda hacérsele a esta obra es la carencia de un análisis crítico de la información que entrega. En ella, el acento está puesto en los puntos de coincidencia entre ambos campos teóricos, ignorando lo que los distancia. Esto puede ser aceptable como un primer intento de aproximación; no obstante, también los puntos de coincidencia son susceptibles de un análisis crítico. Hay aspectos, tanto de la teoría psicoanalítica como de los postulados neurobiológicos, que son discutibles, incompletos y eminentemente provisionales. Podemos suponer que los autores le delegan esa tarea a los lectores, pero ellos no pueden permanecer completamente al margen, ya que corren el riesgo de aparecer en una posición carente de crítica y en cierto modo simplificadora de algo eminentemente complejo.

La impresión global que deja el libro es la de estar aún lejos de poder lograr una síntesis o una articulación lógica común de ambos campos. Sin embargo puede tratarse sólo de un problema de tiempo. Respuestas más definitivas sólo surgirán de futuros desarrollos en neurociencias y en las teorías psicoanalíticas. Hasta ahora las neurociencias muestran una notable vitalidad, la que muchos esperan también del psicoanálisis para que este último pueda replantearse de un modo coherente con el creciente conocimiento sobre las bases biológicas de la conducta. El que cada vez se escuchen más voces provenientes de ese campo, planteando esta necesidad, permite abrigar esperanzas de que en el futuro ello ocurrirá. El libro que comentamos puede ser visto entonces como un paso, preliminar, en esa dirección.

HERNÁN SILVA

 

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