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Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión On-line ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. v.39 n.2 Santiago abr. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272001000200001 

Rev Chil Neuro-Psiquiat 2001; 39(2): 97-98

EDITORIAL

Psiquiatría y medios de comunicación

Psychiatry and the Media

 

FERNANDO LOLAS


Hay tres aspectos relacionados con el tema de la psiquiatría y los medios de comunicación.

El primero concierne a los psiquiatras en tanto personas. La presencia frecuente de temas de salud mental en la prensa obliga a muchos psiquiatras a emitir opiniones. El campo en que éstas se requieren es amplio y ha crecido en los últimos años. Los psiquiatras son llamados a opinar sobre los efectos de la contaminación atmosférica, las causas de la violencia, los efectos de la separación conyugal, la educación sexual y muchos otros temas. La cautela aconseja circunscribirse a lo estrictamente técnico y evitar las problemáticas valóricas. La responsabilidad intelectual obliga a reconocer que los psiquiatras en su mayoría no son expertos en todo lo que se les pregunta y que sus opiniones, tomadas en forma directa, pueden causar más de algún problema.

Por otra parte, hay algunas escuelas de pensamiento psiquiátrico que expresamente desaconsejan la presencia pública de los profesionales, especialmente si, como terapeutas, están expuestos a interactuar con sus pacientes en contextos distintos de la terapia individual o grupal. Cada aparición pública de un psiquiatra implica, explícita o implícitamente, una promoción de sus servicios. Para aquellos que laboran sólo privadamente, esa exposición pública no es irrelevante.

El segundo punto concierne a la cobertura de temas psiquiátricos en la prensa, de modo general. Descontado el aspecto personal aludido, la prensa tiene como meta la noticia. Ésta no es cualquier información. Tampoco una información neutral. Para ser noticia un dato debe ser espectacular, llamar la atención, comprometer personalmente al receptor o lector, y tener alguna consecuencia digna de análisis por parte de un público heterogéneo y amorfo. Como no tiene un destinatario sino muchos, la noticia es generalmente fraseada al nivel del más simple de los oyentes. Tal era, entre otras, la máxima de Goebbels, especialista de propaganda del Tercer Reich quien, siguiéndola, tuvo resultados espectaculares. Por definición, la cobertura noticiosa debe tener un "gancho", algo que la haga actual, atractiva, inesperada, interesante. Por definición, asimismo, el resultado nunca tendrá validez desde el punto de vista técnico. Se trata, simplemente, de otro discurso y de un distinto mensaje.

Los psiquiatras y sus agrupaciones profesionales pueden intentar mejorar el nivel de las noticias periodísticas proveyendo materiales accesibles, rectificando las informaciones inapropiadas y promoviendo una cultura psiquiátrica entre los periodistas. Ninguna de estas tareas es simple. Materiales accesibles, desde luego, es expresión fácil de emitir pero difícil de concretar. Casi ningún psiquiatra desea ser tildado de simplón por sus colegas, y cuando hace alguna labor de difusión se siente tentado a hablarles a ellos más que al público lego. Rectificar informaciones inexactas podría ser tarea de tiempo completo, si bien llevada. Y promover cultura psiquiátrica entre los periodistas es tarea punto menos que imposible. De modo que, aparte el ojo avizor y la conciencia alerta, poco puede hacerse para mejorar la calidad de la información pública.

Finalmente, hay un plano en el que los medios de comunicación intervienen de modo no siempre feliz. Se trata del aspecto profesional o gremial. Es lamentable, pero muy cierto, que las conductas profesionales inapropiadas o llamativas concitan gran interés público. No solamente por curiosidad sino, también, porque hay muchos intereses en juego, especialmente económicos. Las demandas por mala práctica se verán sin duda incrementadas en cuantía y en número, debido, entre otros factores, al influjo de la publicidad desmedida que adquieren en la prensa. Los intereses corporativos de otras profesiones son fuertes y la perspectiva es que haya siempre más conflictos, algunos evidentes y otros menos comprensibles.

En relación a este tema, es conveniente que las agrupaciones profesionales mantengan una permanente relación con los medios periodísticos. Muchas veces basta con una cortés indicación o una amistosa alusión para que los problemas se reduzcan, si ya han aparecido, o se pueden evitar, si aún no surgen. Es una tarea importante, muchas veces descuidada, que las agrupaciones profesionales debieran tomar con seriedad. Más que cualquier intento por cautelar el trabajo científico ­que en realidad es más de aplicaciones que de conocimientos originales­ éste es su verdadero campo de acción: saber resguardar la dignidad del oficio, destacar las características propias del ejercicio profesional y producir una apertura hacia las necesidades públicas de información sobre la profesión.

En síntesis, en lo personal, en lo técnico y en lo gremial, las relaciones con los medios de comunicación exigen vigilante preocupación. Sobre ellas debe haber reflexión permanente.

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