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Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión On-line ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. v.39 n.1 Santiago ene. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272001000100015 

 

Rev Chil Neuro-Psiquiat 2001; 39(1): 41-42

ARTÍCULO ESPECIAL

 

Neurocirugía y medicina nuclear

Neurosurgery and Nuclear Medicine

 

Álvaro Palma

Instituto de Neurocirugía Asenjo.


El comienzo de la imagenología médica es fácil de determinar: el descubrimiento de los rayos X por Röntgen en 1895, seguido rápidamente de su aplicación clínica. No sucede lo mismo con la medicina nuclear, cuya edad es incierta pero no inferior a 55 años. Si bien Becquerel descubre los radioisótopos naturales en 1896 y De Hevesy inventa el principio del "trazador" a través de sus trabajos pioneros con plomo radiactivo, la especialidad no inicia su desarrollo real hasta finalizada la segunda guerra mundial en que se liberan secretos de guerra y se pone a disposición de la comunidad científica el C-14 para estudios bioquímicos, así como el uso de reactores nucleares. Esto último incrementó enormemente la posibilidad de crear trazadores radiactivos, iniciada ya con el invento del ciclotrón en 1931 por Lawrence. El siguiente paso importante es el desarrollo del detector de centelleo, inicialmente en forma de un cintígrafo linear (Cassen, a comienzos de la década del 50), que permite las primeras imágenes bidimensionales analógicas pero cuya lentitud impedía un estudio dinámico. Ello fue resuelto poco después con la invención de la cámara de centelleo por Anger, en 1957, que permitió imágenes bidimensionales, planares, de rapidez suficiente para incorporar la dimensión temporal al estudio. Simultáneamente se desenvuelve la computación, asociada al invento de los transistores, circuitos integrados, cintas magnéticas, etc., que posibilitan los estudio digitales y que llevan al crecimiento ulterior de la medicina nuclear y su reconocimiento como especialidad médica. Para culminar el desarrollo tecnológico del siglo que termina, se aplican los algoritmos de reconstrucción de Cormack y Hounsfield, que posibilitaron la tomografía axial radiológica, en la invención de la tomografía computada por emisión de fotón único y de la tomografía por emisión de positrones (SPECT y PET respectivamente, por sus siglas en inglés) por Kuhl y Edwards la primera y Ter-Pogossian et al. la segunda. Finalmente, hay que destacar el desarrollo paralelo de técnicas tan importantes en la investigación moderna como la autorradiografía, el radioinmunoensayo, los estudios de espectrografía de masa con isótopos estables, entre otros.

El primer órgano en ser estudiado con radioisótopos fue el tiroides, mediante I-131, encontrándose de inmediato sus aplicaciones terapéuticas además de sus posibilidades imagenológicas y de estudio bioquímico in vivo. Es el último aspecto el que más caracteriza esta disciplina en sus etapas más modernas, como veremos, haciendo pensar a algunos que la denominación de ésta deberá ser medicina nuclear molecular en el siglo que empieza. Poco después, a fines de los cincuenta, se inicia su aplicación tentativa en el estudio de tumores cerebrales mediante la marcación y delimitación con Hg-203-clormerodrina. Nosotros mismos hicimos algunos intentos moderadamente satisfactorios con el cintígrafo lineal de endocrinología en el Hosp. JJ Aguirre, en 1965, en meningiomas. El rápido desarrollo de los radiofármacos permitió poco después iniciar la ejecución rutinaria, en el Instituto de Neurocirugía, de gamaencefalografías con Tc99m-pertecneciato o con DTPA, en el estudio de diferentes procesos expansivos intracraneanos. Hasta el advenimiento de la tomografía axial computarizada (TAC), fue una de nuestras principales herramientas diagnósticas, junto a la angiografía y a la neumoencefalografía. Baste señalar la importancia que tuvo en la determinación del carácter único o múltiple de lesiones como metástasis y abscesos. La aplicación de I-131-seroalbúmina humana permitió el estudio morfológico y dinámico de la circulación del líquido cefalorraquídeo (LCR), facilitado en nuestro Instituto desde 1970 por la incorporación de la primera gamacámara Anger del país. Con las nuevas condiciones en cuanto a definición y rapidez de este equipo, se rutinizaron rápidamente exámenes como la radiocisternografía, subdurografía, valvulografía y ventriculografía. Ello permitió profundizar en la comprensión de las hidrocefalias y su diferenciación de otras demencias, determinar el origen de fístulas de LCR, dilucidar interrogantes fisiopatológicos como el reflujo ventricular y las diferentes formas de bloqueo epicortical, quistes aracnoidales, etc.

Así las cosas, en 1988 se da un paso más en nuestro Instituto al incorporar, también en forma pionera en el país, un equipo de SPECT, iniciando de inmediato estudios de flujo sanguíneo cerebral relativo (FSC), lo que posibilitó un acercamiento mayor a diversos aspectos de la patología vascular cerebral, como infartos, vasoespasmo, crisis isquémicas transitorias, etc. Se facilita el análisis de los diferentes cuadros de demencia; asociado este examen a los ya mencionados de circulación de LCR, pueden diferenciarse los diferentes procesos que se acompañan de dilatación ventricular para llegar con mayor certeza al diagnóstico de hidrocéfalo normotensivo del adulto. Cabe también mencionar que otras demencias específicas suelen mostrar hallazgos bastante característicos en el FSC: enf. de Alzheimer, demencias de Pick, de Huntington, de Parkinson, por multi-infarto, etc. También hemos podido incursionar con éxito aceptable en el estudio pre-operatorio de las epilepsias intratables, especialmente al practicar el examen en fase intra-ictal. Ha sido posible abordar las secuelas de traumatismos craneo-cerebrales, ciertos cuadros psiquiátricos como depresión, algunas formas de esquizofrenia, adicción a cocaína, etc. Con la misma técnica de SPECT pero aplicada con análisis cuantitativo en áreas de interés, a la gamaencefalografía con Tc99m y con Tl-201

en gliomas y su seguimento, hemos logrado diferenciar recidivas de radionecrosis, diagnóstico en general bastante elusivo frente a la radiología sola. Del mismo modo, hemos estudiado adolescentes con fracturas de stress pedicular en la columna mediante cintigrama óseo y SPECT, asociando estos eventos con una eventual gestación de espondilolistesis a futuro.

Con esta perspectiva general termina para nosotros el siglo XX con una gran deuda, cual es la adquisición de la técnica de PET, rutinaria ya en muchos países. Nos queda como la tarea para el nuevo milenio pues su desarrollo ha mostrado creciente significación para el estudio moderno, ya al nivel molecular que mencionábamos, de diferentes parámetros metabólicos, tanto en condiciones fisiológicas (mapeo funcional del cerebro, análisis de su desarrollo normal, neurotransmisión y cuantificación regional de su irrigación) como en numerosas afecciones del sistema nervioso: tumores, cuadros degenerativos, alteraciones de la interrelación neuronal. Todo ello gracias a que el PET posibilitó el empleo de marcadores atractivos para el estudio de procesos fisiológicos: C-11, N-13, O-15 y F-18, productos de ciclotrón y de vida media muy corta. Para mencionar solamente algunos estudios señeros, cabe destacar moléculas marcadas como (F-18)fluorodeoxiglucosa y H2O-15 en estudios metabólicos, C-11-carfentanil, C-11-flumazenil y C-11-doxepina para receptores mu-opiáceos, benzodiazepínicos y de histamina H1, respectivamente. La marcación con C-11 de moléculas como clorpromacina, metilespiperona, racloprida y cocaína han permitido ahondar en el conocimiento de las vías dopaminérgicas. Sería muy larga la enumeración de lo que se ha conseguido pero aún es mayor lo que queda por esperar de estos métodos, en continua evolución. Nuestro deber, entonces, es procurar estrechar la brecha que nos separa de esta tecnología, de importancia no sólo en el ámbito de la investigación sino también en su aplicación clínica.

 

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