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Revista chilena de neuro-psiquiatría

versión On-line ISSN 0717-9227

Rev. chil. neuro-psiquiatr. v.39 n.1 Santiago ene. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-92272001000100007 

 

Rev Chil Neuro-Psiquiat 2001; 39(1): 16-18

ARTÍCULO ESPECIAL

 

Consideraciones sobre la humanización
y deshumanización de la psiquiatría

Humanization and Dehumanization of Psychiatry

 

Fernando Oyarzún

Universidad Austral de Chile.


Empiezo el desarrollo de este tema diciendo que lo haré desde una perspectiva médico-antropológica, humanista, que he procurado cultivar desde hace ya varias décadas. Desde esta ubicación, me parece divisar el panorama evolutivo de la medicina y de la psiquiatría moviéndose en una permanente contraposición entre la humanización y la deshumanización, involucrando tanto los aspectos teóricos como prácticos de los ámbitos médicos y psiquiátricos. Empleando un lenguaje de mayor familiaridad para mí, diría que tiene vigencia la dialéctica personalización-despersonalización. Como veremos, ésta se corresponde con la de lo concretoabstracto. Se advertiría la tendencia predominante a la extrapolación abstraccionista, deshumanizante, despersonalizadora, sobre la polaridad contraria.

Tanto la medicina como la psiquiatría experimentaron, de manera especialmente acentuada en la segunda mitad del siglo pasado, un explosivo desarrollo científicotecnológico. Este desarrollo aparece como un producto natural de la racionalización creciente, característica central del pensamiento occidental contemporáneo. Las disciplinas de la salud fueron adquiriendo eficacia operativa en sus aspectos diagnósticos, explicativos y terapéuticos. El médico se vio premunido de un creciente poder, fortaleciéndose su actitud operativa y eficiente. Se fue consolidando una "medicina de enfermedades", de "entidades mórbidas", y debilitando una "medicina de enfermos", con intenciones preventivas y curativas, respondiendo a las crecientes demandas de las comunidades consultantes cada vez más numerosas. Los valiosos logros señalados se han obtenido al precio de una paulatina deshumanización de la medicina. Concretamente, y por modo fundamentalmente significativo, se ha ido interfiriendo, mediatizando, la relación pacientemédico. En otros términos, se ha ido gestando, desgraciadamente, un proceso de despersonalización de los pacientes y de los médicos mismos.

Con respecto al ámbito específico de la psiquiatría, cabe señalar que su evolución de las últimas décadas no ha escapado a las vicisitudes, tanto favorables como desfavorables, referidas a propósito de la medicina en general. Dentro de las corrientes de pensamiento que han influido, y siguen haciéndolo, directa o indirectamente, en el avance de la psiquiatría, merecen destacarse las siguientes: el psicoanálisis freudiano, ligado a las llamadas psicología profunda y psicología dinámica; la teoría del aprendizaje, cuya fuente original fue la psico-fisiología pavloviana y la antropología analítica existencial. Pueden agregarse orientaciones como la teoría gestáltica, la teoría de sistemas, etc. Sin duda, cada una de estas corrientes de pensamiento ha proporcionado valiosos aportes a nuestro campo psiquiátrico. Por razones de espacio, no puedo detenerme en el análisis pormenorizado de tales contribuciones. En cambio, de acuerdo con la línea central de pensamiento del presente trabajo, sólo me permito sostener que ellas no han logrado contrarrestar suficientemente el proceso deshumanizador de la medicina y de la psiquiatría antes señalado.

Desde mi punto de vista, la humanización de nuestras disciplinas médica y psiquiátrica, como antes lo adelantamos, estaría estrechamente ligada a la vigencia teórica y práctica de una orientación antropológica suficientemente concreta. Ésta intenta superar vicios de pensamiento, y errores prácticos derivados, como son abstraccionismos, reduccionismos y reificaciones, etc., todos los cuales favorecen la deshumanización. A mi modo de ver, en forma y medida variables, las orientaciones antropológicas antes citadas, justamente, por no ser suficientemente concretas, no han sido eficaces en contrarrestar la deshumanización de la psiquiatría. En este sentido, es pertinente agregar la acción abstraccionista, despersonalizadora de las clasificaciones psiquiátricas actuales, de fuente norteamericana, reconociendo sus aportes en dirección de crear criterios diagnósticos compartidos y lenguajes más operativos y generales que los hasta ahora existentes.

Lo concreto como idea se contrapone a lo abstracto. Lo abstracto es lo separado, lo disociado del todo al que pertenece como, por ejemplo, la entidad mórbida del todo concreto del enfermo. La actitud concreta privilegia la realidad dada, presentada, sobre la diagnosticada o representada, evitando apriorismos. Exige la consideración del todo suficientemente singularizado. Enseguida, dentro del ámbito clínico, los hechos estudiados requieren tener manifestación fenoménica, semiológica, lo cual es de particular importancia en la psiquiatría. En ésta es el todo mismo lo alterado, en el cual radica lo específicamente humano, cuentan sobremanera las características personales individuales de cada paciente.

De acuerdo con la perspectiva antropológica por mí asumida, los requisitos epistemológicos señalados se cumplirían, por lo menos en alguna medida, con el empleo de la siguiente idea de la persona humana. Ésta se nos aparece como una estructura significativa expresivo-simbólica. En ella se dan en una la singularidad (lo que no se repite) con la universalidad de su naturaleza humana (dialéctica de lo singular-universal, propia de la idea goetheana del símbolo), como asimismo lo permanente y lo modificable; se coordinan su radical incompletud con su capacidad integrativa. Su significación viva, corporeizada, es lo estimativovalorativo, cuya intencionalidad es

intercomunicativa (dirigida al otro y petitiva, demandante de respuesta). Tal significación se manifiesta fenoménicamente en la expresividad y cristaliza íntimamente en la concienciación. Ambos, la forma expresiva y la forma de concienciar, en tanto personales, son significativas estimativo-valóricamente. La fuente básica de donde surge esta significación es, por una parte, la relación del sujeto humano con el mundo, con el otro, relación que es mutuamente configuradora (personalizadora) y, por otra parte, de la relación psico-corporal. En rigor, la persona se configura como proceso de personalización y despersonalización. En la personalización, proceso normal, predomina suficientemente la armonía integrativa de las polaridades y la disociación de éstas lo hace en el proceso de despersonalización, surgiendo extrapolaciones totalizadoras de significación estimativo-valorativa negativas, como lo atestiguan los pacientes de la psiquiatría en sus manifestaciones fenoménicas.

Para finalizar, me permito sostener que nuestra orientación antropológica, cuyo centro es la expuesta idea de la persona, ha contribuido a crear en nuestros estudiantes de medicina de pre y post grados actitudes y formas de relación más humanas, más concretas, con los pacientes. Asimismo, se reconoce que ella ha influido básicamente en el sentido de conferir este sello a la psiquiatría de nuestro grupo de trabajo académico y asistencial.

En efecto, hemos procurado que los futuros médicos y psiquiatras adquieran conciencia que en el acto médico, incluido su componente psicoterapéutico, no sólo el paciente se beneficia con una adecuada ayuda médica, sino que ello también le sucede al médico. Ambos, por modos propios, se personalizan. Es decir, adquieren vigencia valores humanos tan fundamentales como lo ético, lo estético, lo libre y lo creador. En un acto personalizado, el médico se trasciende creadoramente al acoger y darse, de manera generosa, al paciente, respondiendo en forma responsable (éticamente) a la actitud solícita de ayuda de éste.

Nosotros hemos estimado que la descrita sería una manera (obviamente podrán existir numerosas otras) de contribuir a la humanización de las actividades médica y psiquiátrica, concretándose en actitudes y acciones adecuadas con quienes las necesitan. Tal manera humanizadora, personalizadora, puede complementarse, con beneficio, con la entrega de conocimientos culturales, históricos, humanistas, relativos especialmente a los valores humanos en sentido general, mediante cursos, conferencias, seminarios, etc. Sin embargo, éstas sin aquéllas no obtendrían adquisición de actitudes y formas de conducta.

Concluimos el presente escrito reiterando el hecho central que en un acto médico en que se considera al consultante concretamente como persona pueden y deben integrarse por parte del médico las actitudes racionales, operativas, técnicas, con las actitudes personales, éticas, descritas. Así ambas se potencian, enriqueciéndose recíprocamente. El proceso personalizador, como señalamos, compromete al paciente (persona paciente) y también al médico (persona profesional). Ambos, paciente y médico, dejan de ser personajes abstractos para constituirse suficientemente en personas concretas.

 

REFERENCIAS

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