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Revista chilena de nutrición

versión On-line ISSN 0717-7518

Rev. chil. nutr. vol.47 no.1 Santiago feb. 2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-75182020000100097 

Artículo Original

Conocimientos, actitudes y prácticas sobre el consumo de sal/sodio en niños del departamento de Antioquia, Colombia

Knowledge, attitudes and practices regarding salt/sodium consumption in children of Antioquia, Colombia

Luz Marina Arboleda*  1 

Juan Camilo Arboleda2 

Juan Manuel Marroquín1 

Martha Alicia Cadavid1 

Gustavo Argenor Lozano1 

Diego Alejandro Gaitán1 

1Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Antioquia. Medellín, Colombia.

2Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia. Medellín, Colombia.

RESUMEN

El presente estudio tiene como objetivo identificar los conocimientos, actitudes y prácticas (CAP) relacionados con la ingesta de sal/sodio en niños, desde la perspectiva de los cuidadores. Este, es un estudio de corte transversal en el que participaron 2997 cuidadores que asistieron a una sesión educativa sobre alimentación saludable realizada en el marco del proyecto “Acciones Complementarias del Programa de Alimentación Escolar y Maná Infantil” de la Gobernación de Antioquia, liderado por la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Antioquia, entre agosto y septiembre de 2015. Al recolectar la información, se obtuvo que un alto porcentaje de encuestados refieren no conocer la diferencia entre sal y sodio (79,1%) y desconocen la cantidad de sodio contenida en los alimentos que consumen sus hijos; no obstante, consideran importante limitar la ingesta de sal en los niños. Finalmente, se identifica un alto número de personas dispuestas a disminuir la ingesta de sal en sus hijos, pero no sucede lo mismo cuando se hace referencia al sodio, debido a que se requiere un conocimiento más especializado y específico para tomar decisiones relacionadas con el contenido de este mineral en los alimentos, dado que está oculto.

Palabras clave: Actitudes y práctica en Salud; Alimentos; Cloruro de Sodio Dietético; Conocimientos; Niño, Sodio

ABSTRACT

The present study aims to identify the knowledge, attitudes and practices related to salt / sodium intake in children from the perspective of caregivers. We conducted a crosssectional study involving 2997 caregivers who attended an educational session on healthy eating carried out within the framework of the project “Complementary Actions of the School Feeding Program and Children's Mana” carried out by the Government of Antioquia and led by the School of Nutrition and Dietetics of the University of Antioquia between August and September 2015. When collecting the information, it was found that a high percentage of persons surveyed reported not knowing the difference between salt and sodium (79.1%) and not knowing the amount of sodium contained in their child's foods; however, they considered the limiting of salt intake important for their children. Finally, a high percentage of participants were willing to reduce the salt intake of their children, but this was not the case with regard to sodium, because more specialized and specific knowledge is required to make decisions related to the content of this mineral in food, since it is hidden.

Key words: Attitudes; Child; Diet; Food; Health; Knowledge; Practice; Sodium; Sodium Chloride

INTRODUCCIÓN

Los estudios epidemiológicos sugieren que una ingesta alta de sodio es un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares (ECV); accidentes cerebrovasculares y enfermedad coronaria aguda1,2, por lo tanto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) recomiendan a sus países miembros reducir la ingesta de sodio a menos de 2g/día, equivalentes a 5g de sal3,4.

La evidencia que apoya la implementación de dicho lineamiento para reducir las ECV se deriva principalmente de estudios realizados en adultos. Sin embargo, se ha demostrado que la ingesta de sodio modifica la presión arterial incluso en niños5. Colombia adoptó en el año 2012 esta estrategia6 considerando que las ECV son la principal causa de muerte en el país7 y que las estimaciones nacionales de ingesta de sal han aumentado desde 1998 de 7,97 g/persona/día8 al 2007 con 10-1 g/día en mujeres y 13,7 g/día en hombres9.

En consonancia con lo anterior, la OPS ha promovido la implementación de un cuestionario de conocimientos, actitudes y prácticas (CAP), como estrategia de apoyo en la disminución del consumo de sal/sodio10. La base del cuestionario fue un estudio publicado por Claro et al.11 quienes evaluaron CAP en 1992 en adultos de Argentina, Canadá, Chile, Costa Rica y Ecuador mediante la aplicación de 33 preguntas centradas en la salud de los adultos y el etiquetado de alimentos en relación con el contenido de sal/sodio. Los resultados del anterior estudio sugieren, entre otros, que el reconocer que la ingesta elevada de sal es un factor adverso para la salud se asocia con la intensión de reducir su consumo. Por lo tanto, se hace necesario evaluar CAP de sal/sodio en la población infantil. El presente estudio tuvo como objetivo identificar los CAP relacionados con la ingesta de sal/ sodio en niños, desde la perspectiva de los cuidadores, sobre la base de una modificación del cuestionario de la OPS. Además, se evaluó la relación entre el conocimiento de sal y sodio y las actitudes y prácticas para reducir su consumo.

MATERIAL Y MÉTODOS

Se realizó un estudio de corte transversal en el que participaron 2997 cuidadores que asistieron a la sesión educativa sobre alimentación saludable realizada en el marco del proyecto “Acciones Complementarias del Programa de Alimentación Escolar y Maná Infantil” de la Gobernación de Antioquia, liderado por la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Antioquia, entre agosto y septiembre de 2015. Se incluyeron cuidadores adultos capaces de leer el cuestionario CAP.

Cuestionario CAP

El grupo de investigadores adaptó el cuestionario CAP de la OPS relacionado con la ingesta de sal/sodio10. La adaptación se centró en preguntas sobre la alimentación de los niños y el etiquetado de alimentos respecto al contenido de sal/sodio; la versión final comprendió 18 preguntas. El cuestionario fue aplicado por profesionales de campo de disciplinas relacionadas con los alimentos, capacitados para dar instrucciones claras a los voluntarios y así disminuir la posibilidad de respuestas direccionadas.

Análisis de datos

Todas las respuestas de los encuestados se presentan en número de participantes, porcentajes y frecuencias absolutas. La relación estadística entre las respuestas de conocimientos, actitudes y prácticas y la respuesta a la pregunta “¿Conoce la diferencia entre sal y sodio?” se evaluó mediante la prueba de Chi-cuadrado. El análisis fue desarrollado en Excel 2016 y STATA 14.0.

Consideración ética

El protocolo siguió los principios éticos para la investigación en humanos de la Declaración de Helsinki (y su revisión de 2008 en Seúl), y obtuvo la aprobación ética del Comité de Ética para la Investigación Humana de la Universidad de Antioquia.

RESULTADOS

Se encuestaron un total de 2.997 personas, de las cuales 65% estaban ubicadas en la zona rural, 94% eran mujeres y el promedio de edad fue de 33,7 años (con un rango entre 18 y 83 años). Se identificó que estos participantes en su mayoría eran madres (77,6%), seguidos de abuelos (8,2%) y padres (4,9%) (Tabla 1).

Tabla 1 Características demográficas de los participantes. 

Variable Opción n %
Sexo Femenino 2827 94
Masculino 170 6
Edad Adulto joven (>18 - ≤30) 1362 45,5
Adulto (> 30 - ≤ 60) 1535 51,2
Adulto mayor (> 60) 100 3,3
Zona Rural 1947 65,0
Urbana 1050 35,0
Tipo de Cuidador Madre 2324 77,6
Padre 147 4,9
Abuelo(a) 246 8,2
Otro 188 6,3
Sin dato/Respuesta no válida 92 3,0

El 15,6% de los encuestados refirieron que conocían la diferencia entre sal y sodio, mientras que el 79,1% no la conoce. Las pruebas de Chi cuadrado evidenciaron asociación entre cada una de las preguntas realizadas y el conocer o no la diferencia entre sal/sodio (p<0,05), excepto para la pregunta de actitud, “Intento que mis hijos o hijas reduzcan la cantidad de sal que consumen” (p= 0,270). Los porcentajes correspondientes a las respuestas dadas para las preguntas de conocimientos, actitudes y prácticas de los individuos que contestaron sí o no a la pregunta: “Conoce la diferencia entre sal/sodio” se presentan en las tablas 2, 3 y 4 respectivamente.

Tabla 2 Conocimientos de los participantes sobre ingesta de sal/sodio en los niños. 

PREGUNTAS DE CONOCIMIENTO
Pregunta Respuesta n (%)
¿Sabe usted cuál es la diferencia entre sal y sodio? 467 (15,6) ¿Sabe usted cuál es la diferencia entre sal y sodio?
No 2370 (79,1)
Prefiero no responder 76 (2,5) No
Sin dato/Respuesta no válida 84 (2,8) n (%) n (%)
¿Si mis hijos o hijas comen alimentos altos en sodio podrían presentar problemas de salud en la actualidad? Estoy de acuerdo 1904 (63,5) 412 (88,6) 1398 (59,4)
Estoy en desacuerdo 135 (4,5) 21 (4,5) 100 (4,3)
No se 869 (29,0) 27 (5,8) 807 (34,3)
Prefiero no responder 61 (2,0) 5 (1,1) 47 (2,0)
Sin dato/Respuesta no válida 28 (0,9)
¿Si mis hijos o hijas comen alimentos altos en sodio podrían presentar problemas de salud en su edad adulta? Estoy de acuerdo 2085 (69,6) 430 (92,7) 1552 (66,0)
Estoy en desacuerdo 68 (2,3) 3 (0,6) 58 (2,5)
No se 761 (25,4) 27 (5,8) 700 (29,8)
Prefiero no responder 53 (1,8) 4 (0,9) 41 (1,7)
Sin dato/Respuesta no válida 30 (1,0)
Usted piensa que la cantidad de sal que consumen sus hijos o hijas es:
Cantidad adecuada 1862 (62,1) 276 (59,6) 1520 (64,3)
Muy poca 580 (19,4) 93 (20,1) 453 (19,2)
Demasiada 251 (8,4) 67 (14,5) 165 (7,0)
No se 249 (8,3) 22 (4,8) 217 (9,2)
Prefiero no responder 20 (0,7) 5 (1,1) 8 (0,3)
Sin dato/Respuesta no válida 35 (1,2)
¿Conozco la cantidad de sodio que tienen los alimentos consumidos por mis hijos o hijas? Siempre 343 (11,4) 123 (27,3) 190 (8,3)
Alguna veces 464 (15,5) 130 (28,8) 302 (13,1)
Nunca 253 (8,4) 58 (12,9) 189 (8,2)
No se 1778 (59,3) 135 (29,9) 1575 (68,5)
Prefiero no responder 54 (1,8) 5 (1,1) 44 (1,9)
Sin dato/Respuesta no válida 105 (3,5)
¿Los empaques de los alimentos que consumen mis hijos o hijas tienen suficiente información sobre el contenido de sodio? Siempre 462 (15,4) 129 (28,0) 293 (12,6)
Alguna veces 690 (23,0) 157 (34,1) 492 (21,2)
Nunca 197 (3,0) 34 (7,4) 155 (6,7)
No se 1490 (49,7) 123 (26,7) 1319 (56,8)
Prefiero no responder 90 (6,6) 18 (3,9) 63 (2,7)
Sin dato/Respuesta no válida 68 (2,3)

Tabla 3 Actitudes de los participantes sobre ingesta de sal/sodio en los niños. 

PREGUNTAS DE ACTITUDES ¿Sabe usted cuál es la diferencia entre sal y sodio?
Pregunta Respuesta n (%)
n (%)
No
n (%)
¿Intento que mis hijos o hijas reduzcan la cantidad de sal que consumen? Siempre 1720 (57,4) 270 (59,1) 1369 (59,2)
Alguna veces 957 (31,9) 158 (34,6) 744 (32,2)
Nunca 150 (5,0) 19 (4,2) 123 (5,3)
No se 77 (2,6) 5 (1,1) 67 (2,9)
Prefiero no responder 17 (0,6) 5 (1,1) 8 (0,3)
Sin dato/Respuesta no válida 76 (2,5)
¿Intento que mis hijos o hijas reduzcan la cantidad de sodio que consumen?
Siempre 874 (29,2) 219 (48,6) 607 (27,1)
Alguna veces 665 (22,2) 141 (31,3) 489 (21,8)
Nunca 171 (5,7) 41 (9,1) 121 (5,4)
No se 1043 (34,8) 43 (9,5) 965 (43,1)
Prefiero no responder 77 (2,6) 7 (1,6) 58 (2,6)
Sin dato/Respuesta no válida 167 (5,6)
¿Para mí es importante limitar la cantidad de sal/sodio que consumen mis hijos o hijas? 2340 (78,1) 415 (89,8) 1834 (78,0)
Mucho 46 (1,5) 3 (0,6) 40 (1,7)
Algo 147 (4,9) 20 (4,3) 119 (5,1)
No 118 (3,9) 11 (2,4) 99 (4,2)
No se 261 (8,7) 10 (2,2) 242 (10,3)
Prefiero no responder 36 (1,2) 3 (0,6) 18 (0,8)
Sin dato/Respuesta no válida 49 (1,6)

Tabla 4 Prácticas de los participantes sobre ingesta de sal/sodio en los niños. 

PREGUNTAS DE PRÁCTICAS ¿Sabe usted cuál es la diferencia entre sal y sodio?
Pregunta Respuesta n (%) Sí n (%) No n (%)
¿Con qué frecuencia mis hijos o hijas agregan sal a los alimentos servidos en la mesa? Siempre 66 (2,2) 9 (2,0) 51 (2,2)
Frecuentemente 140 (4,7) 36 (7,8) 97 (4,2)
Algunas veces 650 (21,7) 96 (20,9) 519 (22,3)
Casi nunca 435 (14,5) 86 (18,7) 332 (14,3)
Nunca 1589 (53,0) 228 (49,7) 1292 (55,6)
No se 45 (1,5) 4 (0,9) 33 (1,4)
Sin dato/Respuesta no válida 72 (2,4)
¿Con qué frecuencia le agrega sal a las comidas cuando cocina para sus hijos o hijas? Siempre 919 (30,7) 118 (25,9) 762 (32,9)
Frecuentemente 528 (17,6) 91 (20,0) 419 (18,1)
Algunas veces 598 (20,0) 89 (19,6) 476 (20,5)
Casi nunca 336 (11,2) 55 (12,1) 264 (11,4)
Nunca 469 (15,6) 101 (22,2) 348 (15,0)
No se 59 (2,0) 1 (0,2) 49 (2,1)
Sin dato/Respuesta no válida 88 (2,9)
Acción para reducir consumo de sal/sodio mis hijos Evito que mis hijos o hijas consuman alimentos en procesados 927 (30,9) 174 (38,2) 715 (31,1)
No 1966 (65,6) 281 (61,8) 1587 (68,9)
Sin dato/Respuesta no válida 104 (3,5)
Leo el contenido de sodio en los empaques de los alimentos que consumen mis hijos o hijas 658 (22,0) 154 (33,8) 470 (20,4)
No 2237 (74,6) 301 (66,2) 1834 (79,6)
Sin dato/Respuesta no válida 102 (3,4)
Evito que mis hijos o hijas agreguen sal a los alimentos cuando están servidos 2065 (68,9) 359 (79,1) 1619 (70,3)
No 829 (27,7) 95 (20,9) 685 (29,7)
Sin dato/Respuesta no válida 103 (3,4)
Al comprar alimentos para mis hijos o hijas, elijo aquellos con el menor contenido de sodio posible 586 (19,6) 160 (35,2) 395 (17,1)
No 2311 (77,1) 295 (64,8) 1911 (82,9)
Sin dato/Respuesta no válida 100 (3,3)
Disminuyo la cantidad de sal que pongo a las comidas de mis hijos o hijas cuando estoy cocinando 1959 (65,4) 337 (74,1) 1553 (67,4)
No 936 (31,2) 118 (25,9) 751 (32,6)
Sin dato/Respuesta no válida 102 (3,4)
Uso condimentos que aporten sabores distintos al salado cuando cocino para mis hijos o hijas 1201 (40,1) 213 (46,9) 938 (40,7)
No 1696 (56,6) 241 (53,1) 1369 (59,3)
Sin dato/Respuesta no válida 100 (3,3)

Conocimientos relacionados con la ingesta de sal/sodio

Se encontró un alto porcentaje de participantes que consideran adecuada la cantidad de sal que ingieren sus hijos (62,1%), identificándose en esta pregunta discrepancias entre quienes saben y no la diferencia entre sal/sodio en dos opciones de respuesta, en “Demasiada”, el porcentaje es mayor en quienes conocen la diferencia (14,5% y 7,0%, respectivamente) y en “No sé”, es mayor en quienes no conocen la diferencia entre el alimento (sal) y el mineral (sodio) (4,8% y 9,2%, respectivamente).

Así mismo, dos terceras partes de los encuestados concuerdan en que el consumo de alimentos altos en sodio puede afectar la salud de los menores en el presente (63,5%) y en su edad adulta (69,6%), evidenciándose contrastes, en ambos casos, entre quienes conocen y no la diferencia entre sal/sodio en dos opciones de respuesta. En “Estoy de acuerdo”, el porcentaje fue mayor para quienes conocen dicha diferencia, y en “No sé”, fue mayor para los que no la conocen.

Más de la mitad de los encuestados (59,3%) declaró que desconoce la cantidad de sodio contenida en los alimentos consumidos por sus hijos, evidenciándose una marcada diferencia a favor de quienes saben la diferencia entre sal y sodio. También se encontró, que la mitad de los participantes (49,7%) no sabe si es suficiente la información del contenido de sodio en los empaques de alimentos consumidos por sus hijos, siendo mayor la proporción de las personas que no distinguen la diferencia entre sal y sodio.

Cabe resaltar que se evidenciaron diferencias entre quienes conocen y no la diferencia entre sal y sodio para todas las respuestas de conocimiento (Tabla 2).

Actitudes relacionadas con la ingesta de sal/sodio

Para el 84,5% de los encuestados es importante limitar, en alguna medida (“Sí”, “Mucho” y “Algo”), la cantidad de sal y sodio que consumen sus hijos, resaltándose que le dan mayor importancia las personas que conocen la diferencia entre sal/ sodio; además, quienes desconocen dicha diferencia, no saben la importancia de limitar la cantidad de sal/sodio.

El 89,3% de los participantes refiere que siempre o algunas veces intenta que los niños reduzcan la cantidad de sal ingerida; destacándose que no se encontró asociación entre los que conocen y no conocen la diferencia entre sal y sodio (p= 0,270).

El 51,4% de los encuestados refiere que siempre o algunas veces intenta que sus hijos reduzcan la cantidad de sodio que ingieren, siendo mayor la proporción en las personas que conocen la diferencia entre sal y sodio. También se encontró que hay una mayor afinidad entre las personas que no saben la diferencia entre sal/sodio y la respuesta “No sé” a esta pregunta (Tabla 3).

Prácticas relacionadas con la ingesta de sal/sodio

Al momento de cocinar los alimentos para los niños, 68,3% de los cuidadores agrega sal a la comida: “Siempre”, “Frecuentemente” o “Algunas veces”. Identificándose que quienes conocen la diferencia entre sal y sodio agregan con menor frecuencia sal a las comidas que ofrecen a sus hijos (Tabla 4).

Cuando los alimentos ya están servidos en la mesa, el 67,5% de los niños, “Nunca” o “Casi nunca” les agregan sal. Identificando que los hijos de quienes conocen la diferencia entre sal y sodio, agregan más frecuentemente sal a estos alimentos (7,8% frente a un 4,2%).

Al preguntarle a los participantes acerca de las acciones que implementan para disminuir la ingesta de sal/sodio en los niños, el 65,6% dice no evitar que sus hijos consuman alimentos procesados y al momento de comprar sus alimentos, el 74,6% no lee el contenido de sodio en los empaques, además, el 77,1% afirma no elegir los alimentos con menor contenido de sodio posible.

De igual manera, 65,4% de los cuidadores trata de disminuir la cantidad de sal que agrega durante la preparación de las comidas de sus hijos, y el 68,9% evita que los niños la agreguen una vez servida. Resaltando que solo el 40,1% de los adultos usa otros condimentos que aportan sabores diferentes al salado en la preparación de los alimentos.

Es importante anotar que en las prácticas relacionadas con sodio, a diferencia de las relacionadas con sal, se identifica una mayor brecha en las respuestas entre quienes conocen y no la diferencia entre sal y sodio. Por ejemplo, 33,8% de los que conocen la diferencia entre sal/sodio leen el contenido de sodio en los empaques de los alimentos, frente a un 20,4% de los que no la conocen; de igual manera, 35,2% de los que conocen dicha diferencia, elijen alimentos con menor contenido de sodio para sus hijos, mientras que esta misma acción solo la realizan el 17,1% de los que no conocen esta diferencia.

DISCUSIÓN

En esta investigación se pudo identificar que hay desconocimiento por parte de los cuidadores antioqueños acerca de la diferencia entre sal y sodio, y que esta situación, probablemente, condiciona las actitudes y prácticas relacionadas con la ingesta de sodio en los niños que tienen a su cargo; lo cual se refleja en las diferencias observadas en las respuestas de aquellos que conocen y no conocen la diferencia entre el mineral y el alimento. Este hecho es relevante, si se considera que en Colombia es una costumbre alimentaria el consumo de alimentos altos en sodio como pan, embutidos, preparaciones tradicionales, alimentos de paquete, entre otros12; los cuales pueden no ser percibidos como fuente de sodio en la población; éste sodio no percibido ha sido considerado como sodio “oculto”13.

Es de resaltar que el escaso conocimiento que tiene la población sobre la diferencia entre sal y sodio, es una constante en diversos contextos y países de Latinoamérica, por ejemplo, en una investigación realizada en Costa Rica14 se identificó que 70% de los participantes no relacionaban la sal con el sodio y en otro estudio realizado en Argentina, Ecuador y Costa Rica15 se concluyó que existe una conciencia pública sobre el término “sal”, pero no sobre el término “sodio”, a tal punto, que los autores sugieren que reemplazar la palabra sodio por sal facilitaría la selección de los alimentos; postura que es respaldada por los resultados de la presente investigación.

La anterior es una premisa que aún está en discusión, y puede conducir a inadecuadas elecciones alimentarias por parte de los cuidadores a la hora de adquirir los alimentos, debido al desconocimiento que se tiene sobre el etiquetado nutricional y la cantidad de sodio que contienen los alimentos consumidos por sus hijos.

De otra parte, los encuestados están de acuerdo en que el alto consumo de sal es perjudicial para la salud de sus niños, lo cual contrasta con lo encontrado en el estudio de Hoeft et al.16 donde los cuidadores consideran que el consumo de sal no es perjudicial para la salud de los niños.

De igual manera, los cuidadores agregan sal a la comida cuando la preparan, con alta frecuencia, lo cual también se pudo evidenciar en un estudio sobre cultura alimentaria realizado en Medellin (la segunda ciudad más poblada en Colombia)17, en esta las personas consideran la sal como un alimento indispensable, como ingrediente principal e imprescindible para dar sabor a las preparaciones. Igual situación se encontró en un estudio realizado en el municipio de Sonsón18 (ubicado en el oriente antioqueño-Colombia), en el cual se identificó un alto uso de caldos concentrados durante las preparaciones; producto con un alto contenido de sodio “oculto”13.

Aunque se identificó el uso frecuente de sal por parte de los cuidadores cuando cocinan, también se identificó que tienen una actitud positiva y tratan de disminuir su cantidad. De igual forma, en un estudio realizado en Sonsón con mujeres diagnosticadas con hipertensión arterial, se encontró que estas tratan de acatar las sugerencias recibidas por el personal de salud18. Vale la pena resaltar, que la disminución de la ingesta de sal en este caso no es una medida preventiva, sino de tratamiento de la hipertensión19, lo que podría condicionar una mayor adherencia a la medida.

Es indiscutible la necesidad de implementar procesos educativos que tengan como objetivo el conocimiento de la sal y del sodio y de la interacción de ambos en la alimentación, y que se identifiquen aspectos más específicos como la cantidad de sodio que debe contener un alimento para considerarse saludable y lograr que la población diferencie y relacione, al mismo tiempo, el sodio y la sal de mesa; todo esto basado en que los datos epidemiológicos evidencian consistentemente una ingesta elevada de sal/ sodio en las poblaciones de las Américas20, aun cuando persiste en los participantes de este y otros estudios11,15 una percepción de consumo bajo o adecuado de sal.

Es importante mencionar las limitaciones del diseño del estudio, en el cual se utilizó una muestra por conveniencia. Esta limitación implica que los hallazgos del estudio no pueden ser extrapolados a toda la población, es decir, al Departamento de Antioquia. Además, el cuestionario utilizado es una adaptación de la versión original de la OPS, ninguno de los dos validados aún.

A pesar de las limitaciones, este estudio proporciona información importante sobre los conocimientos, actitudes y prácticas de padres y cuidadores de escolares del departamento de Antioquia sobre el consumo de sal/sodio en niños, la cual puede ser insumo para las discusiones y el diseño de políticas públicas pertinentes relacionadas con el consumo de sal/sodio en Colombia y las Américas.

CONCLUSIONES

Las personas que conocen la diferencia entre sal y sodio, refieren que desarrollan prácticas tendientes a brindar una alimentación más adecuada a sus hijos, desde la elección, preparación y oferta de alimentos, porque tienen mayores herramientas para definir de una manera más certera, el aporte de sodio contenido en los alimentos y la cantidad de sal que consumen sus hijos.

Las madres, padres y otros cuidadores reconocen que el consumo de sal y sodio podría ocasionar problemas de salud actuales y futuros en los niños, en mayor proporción cuando reconocen las diferencias entre sal y sodio.

En las situaciones en las que se requiere tomar decisiones relacionadas con sodio, sólo las personas que tienen dicho conocimiento, las toman; no obstante, cuando la práctica está relacionada con la utilización de sal (por ser un alimento), ésta es más fácil de llevar a cabo tanto entre quienes conocen acerca del sodio como entre quiénes no.

Agradecimientos.

Los autores agradecen a la Gobernación de Antioquia por permitir la realización del presente trabajo en el marco de las acciones educativas realizadas por este ente gubernamental.

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Recibido: 08 de Febrero de 2019; Revisado: 05 de Marzo de 2019; Aprobado: 13 de Agosto de 2019

*Dirigir correspondencia a: Luz Marina Arboleda Montoya. Profesora de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Antioquia. Calle 35C #102-33 bloque 8 Apto 101. +57 314 7728822. E-mail: luzmar.arboleda@gmail.com

Conflicto de intereses. Los autores declaran que no hay conflicto de intereses.

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