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Revista chilena de nutrición

versión On-line ISSN 0717-7518

Rev. chil. nutr. v.30 n.1 Santiago abr. 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-75182003000100006 

Rev Chil Nutr Vol. 30, Nº1, Abril 2003

EVALUACIÓN DE UN PROGRAMA DE INFORMACIÓN
EN NUTRICIÓN AL CONSUMIDOR

EVALUATION OF A NUTRITION INFORMATION PROGRAM

Alejandra Domper (1), Isabel Zacarías H. (2), Sonia Olivares C. (2), Eva Hertrampf D. (3)
(1) Área Alimentos. Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA), Universidad de Chile.
(2) Área Nutrición Pública. Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA), Universidad de Chile.
(3) Laboratorio de Micronutrientes. Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA), Universidad de Chile.

ABSTRACT

The objective of this study was to evaluate the effectiveness of a health promotion action that consisted in delivering nutritional information to consumers of 10 supermarkets in Santiago. The delivery process of the educational material was evaluated through a survey to 898 consumers that received them, a structured questionnaire to describe the place of delivery and the people involved. To evaluate the degree of nutritional information retained by consumers and the possible changes of attitudes in the consumers nutritional behaviour, an additional follow-up telephone survey was done in 495 persons. Part of the educational materials delivered were validated in focus groups («Nutritional guidelines for a healthier life» and «Nutritional guidelines for pre-schoolers, school children and adolescents»). There was a favourable acceptance of the survey from consumers (n=898); some reasons to obtain the educational materials were: to improve family nutrition (42%) and self-care (20%), among others. Only 30% answered that they knew the nutritional guidelines and 60% knew the food pyramid. In a telephone follow-up, 407 people were contacted, of whom 80% answered that they had read the materials and 97% had intention to apply this contents. The guideline that most people wanted to apply was the one to improve the consumption of fruits and vegetables. This predisposition to change is a first step to improve nutritional habits. In general there was a good understanding of the validated brochures. Conclusions: The supermarket is apt as a place to deliver nutritional information and the consumers studied were interested to be informed about nutrition. We suggest to continue with this type of educational intervention in the supermarket.

Key words: Consumer informatiom, healthy eating, food guidelines

Este trabajo fué recibido el 10 de Marzo de 2003 y aceptado para ser publicado el 6 de Abril de 2003.

INTRODUCCIÓN

El actual perfil epidemiológico de la población chilena se caracteriza por un aumento de las expectativas de vida, lo que determina que el 10% de la población actual (un millón y medio de personas) tenga 60 años o más. Se estima que el número de adultos mayores se duplicará el año 2021 (1). Al mismo tiempo, en el país se observa un rápido aumento de la obesidad y de los factores de riesgo de enfermedades crónicas en todos los grupos de edad.

La evidencia científica internacional muestra una clara asociación entre los estilos de alimentación y de vida saludable, con una menor prevalencia de enfermedades crónicas no transmisibles, como son las cardiovasculares, diabetes, obesidad, cáncer, osteoporosis y anemia nutricional (2). La OMS señala que el impacto de estas enfermedades sobre las personas es mayor en países en desarrollo en comparación con los países desarrollados (2,3).

Las tendencias alimentarias de Chile en las últimas dos décadas muestran un aumento en el consumo de grasa total, de grasas saturadas, colesterol e hidratos de carbono refinados y una baja ingesta de fibra dietética presente en frutas, verduras y hortalizas. Esto se atribuye, entre otras razones, a la entrada masiva de la mujer chilena al campo laboral (4), lo que ha repercutido en un aumento de la demanda de alimentos procesados y en el gran auge de la venta de comidas preparadas.

Entre las recomendaciones emitidas por grupos de expertos de FAO/OMS para contribuir a mejorar la calidad de vida de la población y prevenir las citadas enfermedades, se señala como prioridad la educación en nutrición a los consumidores y al público en general (5). En nuestro país, una de las estrategias para la promoción de estilos de vida saludable son las guías alimentarias destinadas a la población sana. Su aplicación permite orientar a la población en la selección y consumo de alimentos favoreciendo el desarrollo de hábitos de vida saludable (6-8).

Considerando la necesidad de educar al público sobre la importancia de una alimentación adecuada y de estilos de vida saludables, el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA), ha desarrollado en los últimos años materiales educativos dirigidos a los consumidores. En Abril del 2001, se inició el Proyecto «Información al consumidor sobre alimentos sanos y seguros. Promoción de estilos de vida saludables» que consistió en la entrega de información y de materiales educativos sobre alimentación y nutrición a los consumidores que asisten a 10 supermercados de diferentes comunas de la Región Metropolitana, durante 3 meses. En donde se ubicó un mesón, el cual fue dirigido por alumnos de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Chile. La coordinación y supervisión estuvo a cardo de una nutricionista docente. La difusión de estos materiales se realizó haciendo énfasis en las guías alimentarias destinadas a la población sana, en especial la relacionada con el aumento del consumo de frutas y verduras.

El objetivo del presente estudio fue evaluar la efectividad de una acción de promoción de salud, consistente en la entrega de información nutricional, en forma de cartillas y trípticos, a los consumidores de 10 supermercados de Santiago y analizar el proceso de entrega de material educativo dentro de los supermercados.

MATERIAL Y MÉTODO

El proyecto se implementó en 10 supermercados de Santiago. Se estima que alrededor de 15.000 personas recibieron este material educativo en los 3 meses de duración de la intervención. Los materiales educativos entregados fueron cartillas y trípticos (trece en total) que contienen mensajes educativos basados en las guías alimentarias para la población chilena e incluyen recomendaciones de cantidades de alimentos a consumir y sugerencias de actividad física.

El trabajo se dividió en dos etapas: A) Evaluación de la entrega del material y B) Evaluación de la retención y comprensión de la información nutricional y actitud de cambio de los consumidores.

A) Evaluación de la entrega del material

Con este fin se diseñó, validó y aplicó los siguientes instrumentos: (a) Encuesta para caracterizar al público que retiró la información en los supermercados; (b) Pauta de observación estructurada a los consumidores; (c) Pauta de observación estructurada para caracterizar el espacio físico; (d) Cuestionario para realizar entrevistas personales y/o por teléfono a los responsables de los supermercados; (e) Pauta de observación estructurada a las personas que entregaron los materiales.

Para caracterizar a los consumidores se consideró una muestra correspondiente a 898 consumidores seleccionados al azar entre los asistentes a los supermercados en el último mes del estudio. Esta muestra se obtuvo con una precisión aproximada de un 3%, definiendo precisión a «cuánto se acepta que difiera el porcentaje muestral de individuos que acceden a la encuesta de lo que sería el porcentaje poblacional»(9). A este grupo, previo consentimiento oral, se le aplicó una encuesta diseñada especialmente, que incluyó antecedentes personales (nombre, teléfono); nivel de escolaridad; motivación e interés para acercarse al mesón a solicitar información nutricional; material educativo recibido y/o retirado; conocimiento con respecto a las guías y pirámide alimentaria y opinión personal respecto del lugar de entrega de este material.

Las encuestas para los consumidores fueron validadas a través del juicio de expertos y de su aplicación a un grupo de 30 consumidores seleccionados al azar. Se evaluó la claridad, comprensión y extensión de las preguntas.

Pauta de observación del espacio físico: consistió en la descripción de la ubicación, acceso y entorno del mesón (presencia de distractores que interfieren en la interacción entre el consumidor, la alumna nutricionista y la información nutricional entregada). Esta pauta se aplicó en los supermercados donde se realizó el proyecto.

Para evaluar la actuación de las personas involucradas en la acción de promoción se describió y evaluó la intervención de las siguientes personas: Responsables en los supermercados, alumnas y consumidores.

• A los encargados de los supermercados se les realizó entrevistas personales y por teléfono para conocer su opinión, comentarios, sugerencias, ventajas o desventajas de realizar este tipo de actividad en sus locales.
• Para observar el comportamiento con los consumidores de las 50 alumnas de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Chile que entregaron los materiales, se aplicó una pauta de observación estructurada.
• Para observar la actitud de los consumidores se diseñó y aplicó una pauta de observación que incluyó la actitud frente al mesón, el tiempo que duró la interacción, el número de folletos retirados y la disposición frente a la encuesta.

B) Evaluación de la retención, comprensión de la información nutricional y actitud de cambio del consumidor

Se realizó a través de encuestas telefónicas a 495 personas, efectuadas entre tres a seis meses después de finalizado el proyecto. Se hicieron preguntas abiertas para obtener información con respecto a su primera impresión del material, lo que más recuerda de lo leído y aquellos mensajes que pretende aplicar. A su vez se solicitó nuevamente la opinión personal sobre el lugar de entrega del material y la actitud de la persona encargada del mesón.

Adicionalmente, y con el fin de optimizarlas, en este trabajo se realizó la validación de las cartillas: «Guía de alimentación para una vida más sana», «Guía de alimentación del preescolar de 2 a 5 años», «Guía de alimentación del escolar de 6 a 10 años» y «Guía de alimentación del adolescente de 11 a 18 años». Para evaluar la comprensión de los contenidos de cada uno de estos materiales educativos se realizaron ocho grupos focales (dos grupos focales por cartilla), de 10 personas promedio por sesión. Las sesiones estuvieron a cargo de un moderador y un observador entrenados. El tiempo de duración de cada sesión fue de 60 a 90 minutos. La conformación del grupo varió según el grupo objetivo al cual estaban destinados los mensajes. Así, las cartillas «Guía de alimentación del escolar de 6 a 10 años» y «Guía de alimentación del adolescente de 11 a 18 años», fueron validadas en escolares y adolescentes respectivamente y las dos restantes con consumidores adultos. Los resultados de cada grupo fueron analizados en forma cualitativa y los datos registrados utilizando la técnica Metaplán y resumidos por el moderador y el observador, al final de cada sesión.

RESULTADOS

El 6% de los 897 consumidores estudiados tenía menos de 20 años; el 52% entre 20 a 40; el 35% entre 40 a 60 y un 7% sobre 60 años. Un 47% tenía enseñanza media y un 44% estudios superiores. El 80% informó estar a cargo de la alimentación de su familia. Un 24% se consideraba obeso, un 24% declaró tener hipertensión, un 8% diabetes, un 7% úlceras gastrointestinales y un 6% alergias alimenticias. Algunos consumidores sufrían más de una enfermedad. La relación entre la alimentación y la salud fue el tema que más motivó a los consumidores para acercarse al mesón y solicitar información nutricional (51%); el siguiente tema fue el autocuidado (27%) y por último la curiosidad (13%).

La figura 1 muestra que los folletos recibidos y/o retirados con mayor frecuencia fueron: «La importancia del pescado en la alimentación», «El desayuno y el rendimiento escolar», «¿Sabe usted leer las etiquetas de los alimentos?», «Guía de alimentación del preescolar de 2 a 5 años», «Alimentación saludable para el adulto mayor», «Guía de alimentación para una vida más sana (pirámide alimentaria)» y «¿Qué sabe usted sobre las grasas y aceites?».


FIGURA 1
"Material educativo recibido y/o retirado" (n= 898)

Del total de consumidores encuestados, un 30% señaló que conocía las guías alimentarias y un 60% la pirámide alimentaria chilena. Del total, un 81% las conocía desde antes de implementar este proyecto y un 19% las conoció a través de él. Con respecto al lugar de entrega del material educativo, el 99% consideró adecuado recibir información nutricional en los supermercados. Las razones que dieron fueron: que permite informarse para una compra saludable (30%); porque es el lugar donde se compran los alimentos (28%); porque es un lugar de gran afluencia de público (13%); porque es un lugar donde se viene con frecuencia y tiempo (8%) (figura 2).


FIGURA 2
"¿Por qué es adecuado recibir información nutricinal en los supermercados?" (n= 885)

Respecto al espacio físico, la mitad de los mesones estaban ubicados en un lugar visible para los consumidores. En nueve locales los mesones se encontraban adentro del recinto y en uno a la intemperie. Todos se localizaban entre la entrada y salida de los supermercados, con un acceso expedito. Además se encontró que en nueve locales se podía conversar sin dificultad, a pesar de existir en todos diversos distractores propios de los supermercados (locales comerciales, de servicio, presencia de cajas y de otros mesones). Seis locales fueron considerados confortables, y el resto presentaron factores ambientales adversos (baja temperatura).

Los mesones no dispusieron de la totalidad de los folletos en todo momento, siendo las «Guías de recomendación para el manipulador de alimentos» y las «Guías de recomendación para el consumidor de alimentos» los más escasos.

Entre los aspectos positivos del lugar físico donde se realizó el proyecto destacan la difusión de la existencia del mesón por un locutor, la buena ubicación y la buena disposición del personal del supermercado. Entre los aspectos negativos se señaló el exceso de distractores y la falta de disponibilidad de todos los materiales.
En las alumnas de nutrición se observó una actitud acogedora, segura y sonriente frente a los consumidores.

Se observó en forma sistemática (con la pauta de observación), a 30 consumidores (21 mujeres y 9 hombres) escogidos al azar, cuyas edades fluctuaron entre los 20 a 40 años (40%) y entre los 40 a 60 años (43%). El 87% de los consumidores observados se acercó en forma espontánea al mesón y el 13% restante se acercó porque fue invitado.

Para evaluar la retención de la información y la actitud de cambio del consumidor, se realizó un seguimiento telefónico a 495 consumidores seleccionados al azar. El porcentaje de números equivocados o fuera de servicio fue de 17,6%. Del total de consumidores a los que se realizó el seguimiento telefónico (n=407), un 80% respondió haber leído el material educativo (n= 327) y un 20% respondió no haber leído el material (n= 80). El 98% del total de entrevistados por teléfono (n= 407) opinó que el supermercado es un lugar adecuado para recibir información nutricional.

Los temas más recordados por los consumidores que leyeron el material (n= 327) fueron «Guía de alimentación del preescolar» (14%); «Guía de alimentación para una vida más sana (Pirámide de los alimentos)» (14%); «Guía de alimentación saludable para el adulto mayor» (13%); «Guía de alimentación del escolar» (9%); «La importancia del pescado en la alimentación» (7%); «Verduras y legumbres» (7%); «¿Qué sabe usted sobre las grasas y aceites?» (6 %) y «El desayuno y el rendimiento escolar»(6%). Los temas menos recordados fueron «Recomendaciones para el manipulador de alimentos» y «Recomendaciones para el consumidor» (figura 3).


FIGURA 3
Temas recordados" (n= 327)

Al comparar el material educativo recibido y/o retirado en los supermercados y los temas recordados durante el seguimiento telefónico, se encontró la misma tendencia para la mayoría de los temas. Del total de consumidores que leyeron los materiales, las principales conductas alimentarias que los consumidores indicaron que desean aplicar en su grupo familiar son: «aumentar el consumo de verduras» (18%), «aumentar el consumo de frutas» (14%), «aumentar el consumo de pescado» (10%), «aumentar el consumo de leche descremada» (9%) y «disminuir el consumo de comida chatarra y grasas» (7 y 6% respectivamente).
Entre los consumidores que no leyeron los materiales (n= 80), un 94% tenía correctos los conceptos de comida saludable.

En general, la comprensión del contenido de las cartillas fue buena; sin embargo, se observó distintos grados de dificultad en la comprensión de algunos términos técnicos, como índice de masa corporal, antioxidantes o proteínas de alto valor biológico. Los consumidores indicaron que «pirámide alimentaria», les producía confusión, porque indica que se debe consumir una mayor cantidad de los alimentos que se encuentran en la base (cereales, pan, papas y leguminosas frescas), los que a su juicio aportan un exceso de energía.

DISCUSIÓN

Toda intervención en comunicación educativa requiere de una evaluación clara y objetiva, la cual debe ser planificada desde el inicio del programa con el fin de analizar lo ejecutado, mostrando las debilidades, fortalezas, ventajas y desventajas, y así determinar la continuidad de la intervención o reorientar las acciones para el futuro (10).

Se evaluó el proyecto «Información al consumidor sobre alimentos sanos y seguros. Promoción de estilos de vida saludable», con el fin de optimizarlo. Los consumidores que respondieron la encuesta (n= 898) presentaron una buena disposición frente a ella, lo que permitió caracterizarlos. Esta buena disposición frente a un instrumento de este tipo también se observó en el estudio de Carson y Held, en el cual se evaluó el impacto de un recorrido educativo dentro del supermercado (11). El 80% de los encuestados estaba a cargo de la alimentación familiar, lo que implica que son ellos/as los encargados de seleccionar y comprar los alimentos para sus familias. Wagner y cols (12) demostraron que una intervención educativa en los supermercados influye en la elección de la compra de alimentos de los padres y repercute en las preferencias de sus hijos.

Las motivaciones de la población encuestada para acercarse al mesón, que coinciden con las razones posteriores de llevarse los materiales educativos, fueron las de mejorar la alimentación y nutrición familiar, para mejorar su calidad de vida y el autocuidado. Estos temas despiertan inquietud en la población, tal como lo demostró el estudio de Díaz, P (13) y como se comprobó en este estudio al realizar los grupos focales. Existe interés por parte de los consumidores por disponer de información sobre la alimentación de la embarazada, la nodriza y los adultos entre otros.

El folleto más recordado tanto por los que leyeron como los que no leyeron el material fue «Alimentación saludable para el adulto mayor», lo que reflejaría el impacto de las acciones a nivel nacional para mejorar la calidad de vida de este grupo.

Aquellos folletos que obtuvieron una menor frecuencia de retiro de los mesones, sobre recomendaciones para el manipulador y consumidor de alimentos, coinciden con la baja disponibilidad que se tuvo de ellos en los locales, en tanto los más retirados, como «Importancia del pescado en la alimentación» y el «Desayuno y el rendimiento escolar» fueron también los que estuvieron disponibles en forma permanente.

De los resultados de esta encuesta en 898 consumidores, se observó que sólo un 30% conocía las guías alimentarias y un 60% la pirámide alimentaria, publicadas en Chile en 1997. Este porcentaje debe mejorar, considerando que la Conferencia Internacional sobre Nutrición (CIN, FAO/OMS, Roma 1992) pidió a los países que elaboraran guías alimentarias basadas en alimentos para orientar a los consumidores en el consumo de una dieta saludable.

La mayoría de los consumidores (98%) encontraron que el supermercado es un lugar muy apto para recibir información nutricional, lo que coincide con la opinión de los encargados de éstos, quienes estimaron positivo que esta actividad se realice en sus locales. En EEUU, se observó que la intervención en un supermercado podría afectar más fácilmente los conocimientos nutricionales de los compradores adultos y a su vez las preferencias nutricionales y elecciones del resto de los miembros de sus hogares (14).

Como proponen los expertos de la FAO y la OMS (10,15) es fundamental que la educación en nutrición se realice en un contexto óptimo. La situación ideal, tal como se propone en el estudio de Wagner y cols. (12), es que el mesón se ubique en el lugar donde los consumidores inician su compra. Si bien en este trabajo los encargados de los supermercados aceptaron participar voluntariamente, en algunos casos la ubicación del mesón no fue apropiada o éste no era lo suficientemente llamativo para que el público pudiera visualizarlo fácilmente.

De acuerdo a la opinión de los encargados de los supermercados, la realización de esta actividad en sus locales significó un aumento en las ventas de alimentos sanos, en especial cuando se complementó la información entregada con las promociones de estos alimentos. Por otro lado, estimaron que frente al consumidor, la imagen del supermercado mejoraba al mostrar preocupación por la salud de sus clientes y otorgar este tipo de facilidades (información gratis). Estas personas pudieron dar opiniones objetivas del funcionamiento del proyecto y recepción de los consumidores por ser ajenas al mismo.

En el seguimiento telefónico, se encontró en general una muy buena disposición de parte de los consumidores para responder las preguntas (abiertas), lo que podría atribuirse al interés y motivación por el tema. El 80% del grupo leyó el material entregado. La pirámide es uno de los temas más recordados. Este hecho puede explicarse porque esta imagen está en la mayoría de los folletos entregados; es un contenido de la educación formal a nivel básico y medio; y su imagen está incluida en etiqueta de diversos alimentos. Otros temas recordados fueron la alimentación del preescolar, escolar y del adulto mayor, lo que coincide con las edades y por ende los intereses de las personas que participaron en el proyecto.

La mención del aumento del consumo de frutas y verduras aparece como la conducta más aplicada y/o que se desea aplicar por todos los encuestados por teléfono. Este hecho coincide con el énfasis especial entregado a este concepto en el proyecto. Otras conductas mencionadas corresponden a las guías sobre aumento del consumo de pescado y disminución de las grasas.

La información científica disponible señala que los grupos focales son un método alternativo eficiente para evaluar la efectividad de la entrega de información nutricional a grupos, ya que permiten una educación interactiva, gracias a que se comparten los conocimientos, experiencias y vivencias con los otros participantes del grupo (16,17). Las cartillas presentadas a los participantes de los grupos focales tuvieron una excelente acogida. Los participantes destacaron, además de la claridad de los mensajes escritos, su excelente presentación con ilustraciones a todo color, y el que fueran respaldados por el INTA, una fuente creíble de información nutricional. Wagner y cols. (12), indican que es posible que la apariencia de los mismos se vea influenciada por la credibilidad percibida de los patrocinantes e instituciones presentes en ellos. A su vez, Shwaller y cols. (18) mencionan que los consumidores prefieren los materiales educativos con una gran variedad de colores, ya que de esta forma atraen más la atención que aquellos que carecen de color. Lytle y cols. (19) han destacado la necesidad de agregar imágenes para acompañar los mensajes nutricionales dirigidos a la población infantil, con el fin de mejorar su atractivo y comprensión.

La comprensión de las cartillas fue buena, sin embargo, se observó dificultad para comprender algunos términos técnicos. Díaz (13), al validar el etiquetado nutricional, encontró dificultades semejantes.

Los consumidores sugirieron modificar la pirámide por la confusión que produce el consumo de los alimentos de la base, situando a las verduras y frutas en esta zona, destacándola como zona de mayor consumo con colores y mensajes. Se propuso agregar un mensaje sobre el consumo de agua en las cartillas «Guía de alimentación para una vida más sana» y «Guía de alimentación del adolescente de 11 a 18 años». La OMS recomienda el consumo abundante de agua diariamente (mínimo 2 litros), concepto que fue incluido en los materiales para los otros grupos de edad (20).

Los consumidores sugirieron incluir las cantidades de alimentos a consumir para cada nivel de alimentos en la cartilla «Guía de alimentación para una vida más sana». Lo mismo planteó Yañez, (21) en su estudio con escolares básicos, en que la guía alimentaria: «Aumente el consumo de frutas, verduras y legumbres» fue considerada ambigua y se sugirió precisar las cantidades a consumir.

En la validación de la cartilla «Guía de alimentación del preescolar» los padres comprendieron los mensajes y sugirieron ampliar las tablas de peso/talla. Los hábitos alimentarios saludables son esenciales para el crecimiento y desarrollo normal del preescolar y para prevenir las enfermedades relacionadas con la nutrición en la edad adulta. Los conocimientos y hábitos de alimentación de los niños son adquiridos en sus hogares, y las preferencias alimentarias de ellos son influenciadas por las preferencias de sus padres, por lo que es necesario educar a padres e hijos (22, 23). Cason L. (24) indica que los preescolares son capaces de aprender los nombres de diferentes alimentos, determinar el grupo al cual pertenecen e identificar aquellos que son mejores para su salud.

Los niños que evaluaron la «Guía de alimentación del escolar 6 a 10 años» presentaron dificultades para calcular el IMC y propusieron cambiar la tabla por una con valores directos. Los escolares asociaron el consumo excesivo de sal y azúcar a enfermedades y obesidad y mencionaron como consejos para mantenerse sanos «comer mucha fruta», «comer cosas diferentes al día» y «comer menos azúcar» entre otras. Sin embargo, estos consejos no son cumplidos por este grupo, en especial en las colaciones para el colegio, como lo describen Olivares y cols (25), quienes encontraron que el 41,4% de los escolares llevaban bocadillos como colación al colegio.

Los jóvenes que participaron en la validación de la cartilla «Guía de alimentación del adolescente de 11 a 18 años» comprendieron las etapas de Tanner, sin embargo el cálculo del IMC presentó dificultades para los más jóvenes. Al clasificar la actividad física de los jóvenes todos realizaban una actividad ligera, lo que concuerda con los resultados del estudio CARMEN, que encontró que más del 90% de las mujeres no hacían ejercicio en el tiempo libre a cualquier edad, y que en los hombres este problema aumentaba con la edad (26).
Las observaciones realizadas en estos grupos focales serán útiles para mejorar las próximas ediciones de estos materiales.

Se concluye que el programa de información a los consumidores es efectivo, siempre que se disponga de materiales educativos apropiados, personas entrenadas y con buena disposición para educar en alimentación y nutrición. Es posible mejorarlo con mesones más atractivos y mejor ubicados. Requisito esencial para el éxito del programa es su continuidad en tiempo, lo que requiere de recursos y estimula la necesidad de aunar esfuerzos entre las distintas instituciones que realizan acciones de promoción de la salud. El programa permitirá al INTA mejorar las nuevas versiones de los materiales educativos, al incorporar las sugerencias de los consumidores. Éstas serán útiles también para los grupos técnicos encargados de la revisión de las actuales guías alimentarias y otros materiales educativos para la población chilena.

RESUMEN

El objetivo fue evaluar la efectividad de una acción de promoción de salud, consistente en la entrega de información nutricional, en forma de folletos, a consumidores de 10 supermercados de Santiago. El proceso de entrega del material educativo se evaluó mediante una encuesta a 898 consumidores que recibieron información nutricional. Se aplicó una pauta estructurada para describir el espacio físico y a los actores involucrados. Para evaluar la retención de la información nutricional y la posible actitud de cambio en la conducta alimentaria del consumidor se realizó un seguimiento telefónico a 495 personas. Parte del material educativo entregado fue validado en grupos focales (cartillas: «Guía de alimentación para una vida más sana» y «Guías de alimentación del preescolar, del escolar y del adolescente». Los consumidores que respondieron la encuesta (n=898) presentaron una buena disposición; algunas razones para llevarse el material educativo fueron mejorar la nutrición familiar (42%) y el autocuidado (20%), entre otras. Sólo un 30% respondió conocer las guías alimentarias y un 60% la pirámide alimentaria. Se contactaron 407 personas en el seguimiento telefónico, de los cuales el 80% leyó el material y un 97% indicó su intención de aplicar los contenidos. La mayoría indicó que deseaba aumentar el consumo de verduras y frutas. Esta predisposición al cambio es un primer paso para mejorar los hábitos alimentarios. La comprensión de las cartillas validadas fue buena. Conclusiones: el supermercado es un lugar apto para entregar información nutricional y los consumidores están interesados en el tema. Se sugiere continuar con este tipo de intervención educativa en los supermercados.

Términos claves: Consumidores, información nutricional, guías de alimentación, alimentación saludable.

Dirigir correspondencia a:
Isabel Zacarías
E-mail: izacaria@uec.inta.uchile.cl
INTA, Universidad de Chile
Santiago de Chile
Teléfono: (56-2) 678 1429
Fax: (56-2) 221 40 30

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