Las areniscas son litologías muy abundantes en todo el mundo (Young et al. 2009), generando relieves de gran espectacularidad. Los procesos de alteración que afectan a estas rocas son comunes a los existentes en otras rocas compuestas de granos (granitos, calcarenitas, calizas oolíticas, etc.) y han sido descritos por diversos autores (Clark y Small 1982; Ollier 1984; Smith 1994; Twidale 1976, 1982; Young et al. 2009). Su estudio ha ido cambiando de escala de observación desde macroescala a microescala (Viles 2001), especialmente cuando estas rocas sirven de soporte para grabados y pinturas rupestres. Conocer el funcionamiento y consecuencias de los procesos de alteración es de vital importancia para promover medidas para su conservación y para proporcionar una protección adecuada ante la acción de los agentes naturales e incluso ante la actuación humana (Benito et al. 1993; Montes 2012; Peña-Monné y Longares 2015; Sancho et al. 1994).
Por otra parte, el estudio de las representaciones rupestres mediante nuevas técnicas de levantamiento fotogramétrico y scanner láser 3D (Barnett et al. 2005; Lerma et al. 2013; Plets et al. 2012; Ruiz et al. 2012) ha dado como resultado no solo un mejor conocimiento material de este patrimonio tan valioso, sino que además ha conducido a un necesario alejamiento de las antiguas técnicas invasivas de dibujo y calco (Angás Pajas et al. 2013; Chandler et al. 2005; Domingo et al. 2013; Sebastián López et al. 2010).
En este contexto, el objetivo de este trabajo es evaluar el grado en que los procesos de alteración afectan a las pinturas de los aleros Ricci-Quitilipi (Cerro Colorado, Córdoba, Argentina).
Para ello se seguirá la propuesta metodológica de Sampietro-Vattuone y Peña-Monné (2021) enfatizando la aplicación integral de técnicas digitales no invasivas, especialmente mediante levantamiento fotográfico detallado para la construcción de mapas de alteración, modelos 3D, la reconstrucción microtopográfica 3D del soporte, la creación de modelos de zonificación de la alteración, caracterización y previsión de la progresión de los procesos de alteración. La aplicación sistemática de este tipo de metodologías de bajo costo permite realizar una gestión más eficiente de los recursos patrimoniales con la implementación de medidas protectoras eficientes y desarrolladas específicamente para cada caso.
Área de Estudio
Los aleros Ricci-Quitilipi se encuentran ubicados en la Reserva Cultural Natural Cerro Colorado, dependiente del gobierno de la Provincia de Córdoba, en el área urbana de Cerro Colorado. Se trata de dos abrigos rocosos formados en un escarpe de arenisca e incluyen diversos motivos: zoomorfos, antropomorfos, fitomorfos y geométricos pintados en blanco, negro y rojo (de acuerdo a los criterios descriptivos propuestos por Recalde (2015)). Entre los motivos más emblemáticos están las figuras antropomorfas denominadas “arqueros” (González 1963; Pérez Gollán 1968).
La latitud de las sierras de Cerro Colorado está en torno a los 30º S y sus altitudes varían entre 540 y 830 msm. El clima es templado subtropical. Sus precipitaciones medias anuales (periodo 2000-2018) son de 578 mm, pudiendo calificarse como clima subhúmedo, aunque son lluvias de una gran irregularidad interanual variando en ese periodo entre 417 mm y 814 mm (años 2012 y 2015, respectivamente, del periodo tomado como referencia). Las lluvias se producen entre octubre y abril principalmente (93%) y el invierno es seco (mayo-septiembre), siendo frecuentes los registros de 0 mm entre junio y agosto, lo que determina un importante déficit hídrico estacional. En la clasificación de Köppen-Geiger (1936) correspondería a un clima de tipo Cwa, es decir, subtropical con invierno seco. Por otra parte, en la zona de Cerro Colorado se producen heladas durante el invierno y también son frecuentes las nieblas, siendo estos dos factores climáticos de gran importancia en determinados procesos de alteración.
Los relieves de areniscas de Cerro Colorado forman parte de las Sierras Pampeanas cordobesas. Esta unidad montañosa corresponde a un macizo muy aplanado por superficies erosivas antiguas y posteriormente reelevado en forma de bloques, con basculamientos internos que dejan depresiones o bolsones intermedios. Las areniscas se apoyan discordantes sobre un basamento compuesto de granodioritas y monzogranitos porfíricos del Complejo Ígneo Sierra Norte (Candiani 2008; Candiani et al. 2001); corresponden a la unidad geológica Areniscas Cerro Colorado (Candiani et al. 2001) y se conservan formando una estrecha alineación alargada de N a S debido a la tectónica y a la erosión posterior (Figura 1A y 1B). Cronológicamente se las ha relacionado con el Cretácico del Grupo El Pungo (Candiani 2008). Su sedimentación se produjo en ambientes continentales fluviales en forma de abanicos aluviales y canales fluviales que transportaron los materiales erosionados desde los macizos montañosos graníticos. Debido a las deformaciones postsedimentarias, las capas de arenisca buzan al este entre 4 y 15º y mantienen un rumbo NNE en la estratificación. En conjunto constituyen una formación rocosa muy compacta, aunque muy afectada por fracturación, que mantiene planos verticales y oblicuos con varias direcciones. Estas fracturas se encuentran en muchos casos selladas con sílice, por lo que componen -en principio- un conjunto muy resistente a la erosión.

Figura 1 (A) Mapa de ubicación de la localidad Cerro Colorado (Córdoba, Argentina), con los principales relieves y la localización de los aleros Ricci y Quitilipi; (B) esquema geológico de la zona de estudio. (A)Location map of Cerro Colorado (Córdoba, Argentina), main reliefs and location of the Ricci-Quitilipi rockshelters; (B) geological scheme of the study area.
El arte rupestre de Cerro Colorado
La primera descripción somera sobre el arte rupestre de Cerro Colorado data de comienzos del siglo XX (Lugones 1903); posteriormente se realizaron registros más sistemáticos de las representaciones (Gardner 1931; González 1940; Pedersen 1959, 1961; Serrano 1945, entre otros). Desde mediados del siglo XX los estudios en la materia ampliaron el campo interpretativo proponiendo análisis comparativos (Berberián y Nielsen 1985; Pedersen 1961; Schobinger y Gradín 1985) o hipótesis contextuales funcionales (González 1977; Pedersen 1961; Pérez Gollán 1968). Hasta el momento se han registrado 55 sitios con arte rupestre -en general pinturas- situados mayoritariamente en abrigos rocosos y farallones (75%) de las formaciones de areniscas, mientras que el resto están en zonas bajas (Colqui 2016; Recalde 2015). Las evidencias de recurrencia en el uso de los abrigos brindadas por las investigaciones arqueológicas permiten inferir que la ejecución de los motivos representados no son producto de un solo acto, sino que se realizó el agregado de motivos y temas a lo largo del tiempo (Recalde 2018). Los fechados obtenidos permiten asignar una edad mínima a las representaciones en 1181 ± 23 AP, que continuaron realizándose hasta tiempos hispanos (Recalde 2019). En total se han caracterizado tipológicamente 3.974 motivos que se agrupan en figurativos -antropomorfos, zoomorfos, objetos e hispánicos-, no figurativos -geométricos-, e indefinidos -imposible establecer un referente real por su diseño o condiciones de preservación (Recalde 2019). Respecto a la problemática del deterioro y estado de preservación de las pinturas, se destacan los aportes de Bolle (1987), quien documentó daños antrópicos y naturales en algunos abrigos rupestres. También es de gran importancia en este aspecto el trabajo realizado por Herrero (1999) sobre los procesos de formación de tafonis y alteración en los aleros con pinturas rupestres.
Metodología
Para la presente investigación se siguió la propuesta metodológica realizada por Sampietro-Vattuone y Peña-Monné (2021). La primera aproximación al objeto de estudio fue mediante el reconocimiento de la zona donde se ubican los aleros, ubicación topográfica relativa, orientación geográfica, registro de la insolación y humedad que reciben (directa por lluvias o nieblas e indirecta por infiltración). Además, se analizó el estado general del afloramiento rocoso y su entorno, presencia de fracturas que faciliten la infiltración y flujo interno de agua, y la presencia y tipo de vegetación.
A continuación, se procedió a la toma sistemática de imágenes fotográficas para crear modelos 3D basados en visión artificial (Carrero-Pazos et al. 2018). Junto al registro fotográfico se ingresaron referencias geográficas utilizando un GPS de precisión para marcar puntos de referencia sobre el frente de areniscas, conjuntamente con una cinta métrica utilizada para tener referencias verticales en algunas fotografías que permitan incrementar modelos a escala en la reconstrucción fotogramétrica utilizando la técnica de Structure from Motion (Carrivick et al. 2016). Los modelos fueron procesados con Agisoft Metashape Professional v.1.5.1. Para ello, se seleccionaron 773 fotografías por su calidad, que fueron preprocesadas con Adobe Lightroom CC 2019 -para optimizar la exposición y color- y luego introducidas en Agisoft Metashape v.1.5.1. y procesadas como un solo bloque.
Una vez terminados los modelos 3D, se realizaron cortes verticales de los mismos para obtener las siluetas definitivas del soporte rocoso, especialmente en las zonas críticas donde los tafonis tuvieran máximo desarrollo afectando las pinturas, o zonas donde las viseras ocultan los motivos.
Para el análisis de alteración se identificaron los paneles de interés en cada caso y se realizaron panorámicas generales de alta definición procesadas con Panorama Maker v.6. A partir de las mismas, mediante análisis visual de las imágenes y de las reconstrucciones obtenidas con ayuda de Agisoft Metashape, se identificaron los procesos activos e inactivos que han actuado sobre el soporte y las pinturas. En cada caso, se desarrolló una leyenda interpretativa ad-hoc para concretar representaciones gráficas explicativas de los procesos y el grado de afección que presenta cada sector, indicando además cuáles son los más vulnerables. Con el objeto de identificar cambios superficiales basados en los principios de visión artificial (computer vision), se aplicó sistemáticamente el software ImageJ (Image Processing and Analysis in Java) con el complemento DStretch, que realiza una decorrelación entre las bandas de imágenes multibanda con alto grado de homogeneidad (Cerrillo-Cuenca y Sepúlveda 2015; Harman 2008). La aplicación de los algoritmos permite mejorar la visualización de pinturas, superposición de motivos, áreas difuminadas, etc. (Cerrillo-Cuenca y Sepúlveda 2015; Fraile et al. 2016; Gunn et al. 2014, entre otros) y, conjuntamente, mejorar la percepción de los procesos de degradación tales como veladuras de polvo, diversos tipos de pátinas (incluyendo biológicas), grietas, fracturas, descamaciones e incluso, en algunos casos, también permite diferenciar entre pigmentos, costras y pátinas.
Las reconstrucciones panorámicas de alta resolución, conjuntamente con los datos topográficos del modelo 3D, sirvieron como fondo cartográfico donde, además, están situados los motivos rupestres. La reconstrucción fue introducida en un software de sistema de información geografica, en nuestro caso QGIS 3.14, y referenciada métricamente para obtener parámetros espaciales adecuados. Las imágenes incorporadas a QGIS fueron tratadas como imágenes de base cartográfica y se definieron capas vectoriales conteniendo información temática, obtenida por interpretación visual con apoyatura de las notas de campo, sobre: (a) zonificación de sectores de la roca con características homogéneas (areniscas, microconglomerados, conglomerados) y de estructuras sedimentarias (planos de estratificación, estratificación cruzada, formas canalizadas, anillos de Liesegang, capas blandas interestratificadas, etc.); (b) red de fracturación y otras deformaciones que afectan a la roca; (c) ubicación de las representaciones rupestres, se trate de motivos individuales o conjuntos; (d) vías de entrada de humedad y trayectoria del escurrimiento/ humedad; (e) frentes de alteración, identificando la línea frontal, las aureolas de progresión y diferenciando la intensidad de progresión de la alteración (baja o alta); (f) indicadores de alteración mecánica (descamaciones, desplacaciones, disgregación granular); (g) indicadores químicos (eflorescencias salinas, costras, pátinas, crecimientos botroidales, etc.); (h) indicadores biológicos (costras y pátinas biológicas); (i) morfologías de alteración (tafonis, honeycombs, etc.); (j) otros (actividad de animales y humana, crecimiento de plantas). Tras el procesamiento en QGIS los resultados fueron exportados a un formato raster adecuado para terminar su procesamiento en Freehand 11.
Las ventajas del registro 3D sobre el predecesor (2D) radican en: (a) la posibilidad de contar con imágenes tridimensionales de alta precisión en el laboratorio para corroborar y/o mejorar las observaciones de campo; (b) permiten modificar los puntos de vista de los sectores de interés, incluyendo representaciones en perspectivas inalcanzables en el campo; (c) permiten la representación de cualquier sector con la incorporación de las características de rugosidad del soporte, representando o no el lienzo en colores reales, lo cual da una idea más acertada de las cualidades texturales, estructurales y el estado de integridad del soporte; (d) facilita la sectorización del universo de estudio de acuerdo a las variables específicas que componen cada zona; (e) no se realiza ningún contacto ni con el soporte ni con las representaciones, obteniéndose calcos de alta resolución y fidelidad directamente a partir de las representaciones 3D; (f) promueve la recolección de datos para la generación de representaciones de realidad aumentada mediante el uso de dispositivos personales (celulares y tabletas), mejorando las posibilidades de exhibición; y (g) permiten simular la visibilidad de las representaciones con diversa intensidad, tipo y ángulo de iluminación mediante la generación de visualizaciones de imágenes digitales inmersivas para la gestión del patrimonio (Blanco- Pons y García 2021; Martínez 2013; Ruiz et al. 2012; Sampietro-Vattuone y Peña-Monné 2021).
Resultados
La roca y los procesos de alteración en los aleros Ricci-Quitilipi
Las areniscas de Cerro Colorado son de color gris a rosadas y rojas, dispuestas en estratificación laminar y cruzada, con intercalaciones de canales de gravas y gravillas en numerosos puntos. Los granos son subredondeados, predominando el cuarzo con cemento silíceo principalmente, aunque también presentan cementaciones menores de carbonato y ferruginosas. Hay nódulos de hierro también dispersos en la arenisca cuya oxidación otorga el color rojizo que caracteriza esta roca, ya que su color original es grisáceo. La estructura interna no es uniforme debido a la presencia de discontinuidades sedimentarias, estratificación cruzada, cambios granulométricos, anillos de Liesegang, interferencia entre canales fluviales, red de fracturación, etc.
Los factores que pueden activar los mecanismos de alteración de la Arenisca Cerro Colorado son muy diversos, dependiendo principalmente de la composición y estructura de la roca y de las condiciones ambientales. A esto hay que añadir la existencia de macromorfologías de alteración heredadas de fases climáticas previas caracterizadas por mayor humedad.
Los principales mecanismos de alteración observados se relacionan con la acción mecánica, sumado a actividad secundaria de los procesos químicos y cierta importancia de la alteración de origen biológico. Las paleoformas heredadas actúan como receptoras de las nuevas alteraciones al crear microambientes especiales en donde desarrollarse, como es el caso de los profundos aleros, que incluso llegan a tener circulación de agua dirigida por las discontinuidades lito-estructurales. Predominan los procesos de descamación, desplacación y disgregación granular debido a mecanismos de hidroclastía y haloclastía. Las sales pueden provenir de la roca, lo cual es mínimo en las areniscas de Cerro Colorado, pero es más frecuente que provengan de la evaporación en áreas de alta salinidad, como los salares cercanos, llegando a la roca a través de la lluvia o directamente del aire (sales higroscópicas). La huella más visible, indicadora de la presencia de sales como agente de alteración, la encontramos en forma de eflorescencias salinas en la roca, ya sea en el interior de los tafonis o como frentes de alteración.
En los aleros Ricci-Quitilipi las formas resultantes de la alteración dominantes son los tafonis y algunos alveolos menores (honeycombs). El modelo de reconstrucción 3D muestra la morfología general de los dos aleros, situados en un escarpe rocoso de unos 8 m de altura separados por un saliente intermedio que rompe la continuidad morfológica (Figura 2). Se puede observar en ambos la existencia de un alero central cuyo desarrollo fue favorecido por una discontinuidad entre las capas de arenisca, que constituye la principal zona de entrada de agua y en cuyo techo aparecen las principales pinturas. Sin embargo, la morfología de detalle del resto de la pared es muy distinta entre ambos aleros.
Los modelos 3D
Las vistas frontales del alero Ricci, obtenidas mediante la reconstrucción 3D (Figura 3A) permiten clasificarlo como un alero de tipo mixto debido a la existencia de una discontinuidad intermedia generada por la combinación de erosión diferencial y también procesos de alteración de la roca, con formación de tafonis en el techo del alero. La reconstrucción microtopográfica del escarpe (Figura 3A) muestra cinco unidades superpuestas verticalmente (A a E); lateralmente podemos diferenciar dos sectores que hemos denominado 1 (sector sur) y 2 (sector norte) (Figuras 2, 3A), cuyos perfiles verticales quedan reflejados en la Figura 3B. El primero se caracteriza por presentar un escarpe superior muy masivo (unidad A), excepto en algunos puntos en que se han formado tafonis de pequeño tamaño alineados siguiendo contactos sedimentarios (unidad B) (Figura 3A, 3B.1). En el sector 2 (norte) es menor la presencia de tafonis en el escarpe superior, de manera que la diferenciación entre A y B es menos apreciable (Figura 3A, 3B.2). Todo este escarpe superior presenta una pátina negra de origen biológico y en su superficie hay abundantes líquenes activos. La unidad C también presenta cambios, ya que mientras en el sector 1 se desarrollan numerosos tafonis de fuerte crecimiento vertical hacia la unidad B, en el sector 2 el alero es más profundo (Figura 3A, 3B.2) y está menos subdividido por tafonis, aunque con numerosas irregularidades internas debidas a la alteración. Hacia abajo, otras dos unidades sedimentarias dan lugar a un primer saliente compacto (unidad D) y a una rampa que se va verticalizando hacia el norte (unidad E), quedando separados por una discontinuidad sedimentaria (Figura 3A).

Figura 3 (A) Vista frontal de la microtopografía del alero Ricci destacando las unidades estratigráficas que lo componen (A - E) y los sectores en los cuales fue dividido para su estudio; (B) cortes verticales del abrigo indicando las unidades estratigráficas. Las flechas y líneas rojas señalan la ubicación de las representaciones rupestres. A) Frontal view of the Ricci shelter’s microtopography, highlighting the stratigraphic units (A-E) and differentiated sectors; (B) vertical cross sections showing stratigraphic units. Arrows and red lines show the rock art location.
Longitudinalmente, el alero Quitilipi presenta dos sectores (Figura 4A): el sector 1 se extiende desde su inicio al sur hasta el primer gran tafoni con pinturas de la unidad B. A partir de este tafoni se inicia el sector 2 hasta el extremo norte (Figura 4A). Aunque este alero se configura con las mismas unidades que Ricci (Figura 4A), presenta cambios importantes, como un mayor crecimiento vertical de grandes tafonis. Su morfología irregular en algunos casos nos indica que son resultado de coalescencia lateral, ascendiendo desde la unidad C hacia la B, separados por estrechas divisorias por donde se prolonga la cornisa superior y que están cubiertas por una pátina biológica negra. Los perfiles verticales (Figura 4B) muestran que el alero propiamente dicho (unidad C) está menos desarrollado en profundidad que en Ricci, especialmente en la parte sur (Figura 4B.1), con menor espacio para contener pinturas en los techos de los tafonis. En la parte central (Figura 4B.2) los tafoni de la unidad B conservan paneles con pinturas, mientras la base del alero muestra una fuerte alteración. En la parte N, nuevamente se conservan representaciones en el espacio reducido del techo saliente (Figura 4B.3). Por último, la unidad D presenta un buen desarrollo de tafonis alineados siguiendo discontinuidades sedimentarias de la roca.

Figura 4 (A) Vista frontal de la microtopografía del alero Quitilipi con las unidades estratigráficas que lo componen (A - E) y los sectores diferenciados; (B) perfiles verticales del abrigo con las unidades estratigráficas. Las flechas y líneas rojas indican la ubicación de las representaciones rupestres. (A) Frontal view of the Quitilipi shelter’s microtopography, highlighting the stratigraphic units (A-E) and differentiated sectors (B) vertical cross sections showing stratigraphic units. Arrows and red lines show the rock art location.
Mapas de alteración y DStretch
En el alero Ricci, la mayor concentración de pinturas corresponde al sector 2 (Figura 3B.2), que además es la zona con mayores problemas de alteración de la roca y de conservación de las pinturas. Se ha elaborado una cartografía de alteración de este sector para tener una visión general del problema (Figura 5a).

Figura 5 (a) Mapa de distribución de la alteración de los paneles más degradados del sector 2 del alero Ricci; los rectángulos blancos delimitan la situación de los detalles mostrados en las siguientes figuras (b y c) y sus correspondientes imágenes DStretch con filtros ac-lab (b’ y c’); (b) gran desplacación generada por escurrimiento desde la visera; (c) frente de alteración producida por infiltración en discontinuidades del techo del tafoni. (a) Alteration maps of the Ricci shelter’s most degraded panels from Sector 2; white rectangles showing the location of Figures b and c and their DStretch images using ac-lab filters (b’ and c’); (b) large flaking produced by runoff from the overhang; (c) alteration front produced by infiltration across lithological discontinuities from the tafone roof.
Las pinturas, al menos las que han llegado hasta la actualidad, ocupan la franja central del techo del alero, formando un panel alargado de N a S, en el que se conservan algunas pátinas rojizas que han servido de soporte a las representaciones rupestres. Arriba del mismo, la alteración presenta frentes de avance importantes causados por la entrada de humedad de forma difusa desde la visera superior (Figura 5a). En la parte inferior, la discontinuidad que favoreció la formación del alero sigue aportando agua que asciende por capilaridad a causa de las abundantes líneas de capa, formas canalizadas y estratificaciones cruzadas de la arenisca. Ambos avances comprometen la conservación de las pinturas y llegan a afectar a algunas de ellas (Figura 5a).
Además, hay dos puntos con alteración muy activa correspondientes a una gran desplacación funcional (zona b en Figura 5a, detalle en Figura 5a) y a un tafoni, con funcionalidad interna (zona c en Figura 5a, detalle en Figura 5c). Una aproximación en detalle permite apreciar mejor algunos de estos problemas. La primera zona (Figura 5b, 5b’) está situada en la parte frontal del techo y se compone de una escena de pinturas a la que parece dar unidad la presencia de una línea con una orla superior de semicírculos. La escena se asienta sobre una costra roja que queda limitada arriba por el frente de alteración, sobre el cual se dibujaron algunos de los semicírculos mencionados. Abajo, es bien visible la gran desplacación, en cuyo interior está muy activa la disgregación granular con presencia de eflorescencias salinas y descamaciones en sus márgenes. En la derecha, la desplacación alcanza hasta un flechero que prácticamente ha desaparecido, quedando solamente los ornamentos de la parte dorsal y lo que parece ser parte de la cabeza. Esto ha sucedido con posterioridad a 1931, ya que la figura aparece entera en el trabajo de Gardner (1931). Esta macrodesplacación y los procesos activos parecen estar relacionados con dos fracturas que se prolongan hacia derecha de la escena, que pueden ser el germen de una futura ampliación de la desplacación hacia varios motivos situados más arriba.
La segunda área activa (Figura 5c, 5c’) corresponde a un tafoni del techo de forma más o menos elíptica, en cuyo interior y márgenes hay pinturas. Se aprecia un frente de alteración muy activo en la parte superior, propiciado por la entrada de humedad desde la parte alta y que se prolonga bordeando el tafoni. El frente se sitúa muy cerca de una de las figuras de flecheros afectando parte de sus ornamentos dorsales. Lo mismo ocurre en su límite derecho, donde se inicia un frente de avance que ha afectado a algunas de las figuras hasta prácticamente hacerlas invisibles. Entre este frente de alteración y el que desciende desde el techo, quedan restos de figuras también profundamente degradadas (Figura 5c, 5c’).
Los dos sectores del alero Quitilipi presentan pinturas, pero nos centraremos en la alteración del sector 2, el más septentrional, por contener mayor cantidad de pinturas y exhibir problemas más importantes de alteración. Una serie de tafonis asciende desde el alero principal (unidad C) hacia la unidad B penetrando en el escarpe de areniscas. Los espacios entre los tafonis aparecen cubiertos de la pátina negra biológica y los procesos de alteración son muy activos, especialmente en las zonas altas de los tafonis (Figura 6a). Todo el sector recibe humedad de la parte alta del escarpe, cubierta además por un buen recubrimiento vegetal. Las pinturas ocupan principalmente los espacios internos de los tafonis y están realizadas sobre algunas pátinas rojas más resistentes. Los tafonis centrales son los más activos, con aureolas de avance de alteración muy visibles (Figura 6a), destacando el gran tafoni de la derecha, que presenta varias cabeceras de crecimiento vertical, posiblemente como resultado de la coalescencia de varios tafonis. En su interior hay una entrada de agua visible con depósitos de barros carbonatados que afectan notablemente tanto a las pinturas del tafoni como a las del pequeño alero de la unidad C que hay más abajo. Para analizar en detalle hemos seleccionado tres ejemplos (Figura 5a). En el detalle B hay diversas pinturas, entre las que destacaremos una figura blanca con cuatro apéndices superiores que presenta importante disgregación granular y descamaciones en el cuerpo central (Figura 6b y 6b’). En el extremo superior de la figura se encuentran concreciones de estructura botroidal que llegan a afectarla. Se da la circunstancia de que estas figuras están en un sector por donde circula agua de escorrentía desde la parte superior (Figura 6a). Por debajo de este gran tafoni, se extiende el alero propiamente dicho (unidad C) que se inicia en su base por la presencia de varias discontinuidades entre formaciones de arenisca con pinturas en diversos estados de conservación (Figura 6a). Así, hacia la derecha (detalle c en Figura 6a) hay un sector muy afectado por estructuras botroidales que afectan a un cóndor, junto con alguna desplacación (Figura 6c y 6c’). Hacia el ala izquierda del cóndor quedan restos de una pintura roja muy difuminada. Todo el conjunto presenta un recubrimiento de polvo adherido, pero la repisa le protege parcialmente del escurrimiento de agua proveniente desde el gran tafoni superior. A la izquierda del cóndor de referencia se observan la representación de otro cóndor muy degradada, donde solo es posible distinguir con claridad el cuello, la cabeza y parte del ala izquierda y del cuerpo (Figura 6c y 6c’). En el primer tafoni de zona central (detalle d en Figura 6a), la entrada de agua ha generado la presencia de veladuras de carbonatos y pequeñas desplacaciones que afectan al pigmento y decoloraciones de dos diseños negros (Figura 6d y 6d’). De tal manera que es difícil distinguir algunas pinturas que aparecían en Gardner (1931). Todavía es posible ver, bajo la veladura del carbonato, unos trazos blancos y, en el límite con la unidad C, un diseño abstracto horizontal afectado tanto por los carbonatos como por desplacaciones (Figura 6d y 6d’). A la izquierda del gran tafoni, bajo el saliente marginal cubierto de pátina negra, hay otras pinturas con colores mejor conservados, pero situadas entre desplacaciones muy activas (Figura 6d y 6d’). De nuevo, la línea de discontinuidad de tránsito entre las unidades C y D se convierte, en este sector, en área de intensa alteración por la llegada de humedad, quedando algunas pinturas dispersas.

Figura 6 (a) Mapa de distribución de la alteración de los paneles más degradados del sector 2 del alero Quitilipi. Los rectángulos blancos indican las zonas de detalle mostradas en las siguientes figuras (b, c y d) y sus correspondientes imágenes DStretch con filtros ac-lab (b’, c’ y d’) (ver referencias en Figura 5); (b) desplacaciones sobre motivo blanco; (c) crecimientos botroidales alrededor de cóndor; (d) veladuras de polvo y carbonato.(a) Alteration maps of the most degraded panels from the Sector 2 of Quitilipi shelter; white rectangles showing the location of Figures b, c and d with their DStretch with ac-lab filters (b’, c’ and d’); (b) flaking over white motif; (c) botryoidal growth surrounding a condor representation; (d) dust and carbonate veils.
Discusión
Los estudios de alteración del arte rupestre han cobrado cada vez más importancia debido al creciente interés conservacionista (Hall et al. 2007; Hoerlé 2005; Meiklejohn et al. 2009; Mol y Viles 2010; Sumner et al. 2009, mencionando algunos de los trabajos realizados en areniscas). Sin embargo, en Argentina las investigaciones de arte rupestre se centran principalmente en cuestiones de índole estilístico, técnico, cronológico, social e identitario (Gheco et al. 2013; Martel et al. 2012; Pastor 2012; Troncoso et al. 2017, entre otros), con algunas excepciones (Bolle 1987; Herrero et al. 1998; Rolandi de Perrot et al. 1996).
En los últimos 10 años, se han presentado propuestas metodológicas sistemáticas interesantes incorporando los aportes de la tecnología digital que involucran diversos tipos de registros orientados esencialmente a aplicaciones digitales (i.e. De Reu et al. 2013; López-Montalvo 2010). Existen antecedentes muy importantes de avances en la materia en Argentina (Acevedo y Franco 2012; Ávido y Vitores 2015, 2016; Vitores y Ávido 2016, entre otros), entre los que destaca el trabajo de Rodríguez Curletto (2018) sobre diagnósticos parietales para la conservación; sin embargo, no hay aportes sistemáticos que se enfoquen en el registro profundo de la alteración.
En nuestro caso, la metodología aplicada (Sampietro-Vattuone y Peña-Monné 2021) integra el análisis geológico/geomorfológico no solo de la cavidad que se estudia, sino también del entorno donde esta se ubica. La integración de los factores ambientales a los cuales está sujeto el conjunto analizado excede con creces lo que ocurre a cada motivo o panel en particular (Pope et al. 2002), pero condiciona su conservación. Las particularidades del soporte, tales como estratificaciones cruzadas, canalizaciones, cambios granulométricos, entre otras, en conjunto con la exposición a los factores ambientales marcan las características del deterioro de los diversos sectores de los aleros estudiados. Esto realza la importancia de iniciar el estudio de alteración desde el exterior de la cavidad.
La etapa de registro digital panorámico 2D se aplicó para generar las áreas de alteración cartografiadas que integran el conjunto de las variables de alteración, considerando cada panel o sector de la cavidad como unidad de análisis discreta que en conjunto engloban los factores determinantes en el soporte y sus representaciones. Las definiciones de tales sectores y/o unidades están condicionadas por el diagnóstico preliminar realizado mediante el conocimiento de la estructura de la cavidad y la presencia de los paneles pintados. Consideramos que el análisis de alteración no puede estar desvinculado de la recuperación de la información de los motivos rupestres presentes, ya que los procesos de alteración condicionan su presencia, visibilidad y posibilidades de permanencia. La cartografía de los sectores de interés dentro de cada cavidad proporciona una vía de acceso sencilla para tener una visión de conjunto de los procesos activos a nivel local, permitiendo prever cual será la eventual evolución de tales procesos y las magnitudes relativas con que se presentan, así como los sectores potencialmente más expuestos o vulnerables. Este análisis es significativo para poder monitorear el progreso de las afecciones a lo largo del tiempo y proponer medidas de mitigación que propendan a la conservación de los paneles. El relevamiento sistemático de los paneles a intervalos regulares permitirá establecer las tasas de deterioro y cambios en las zonas críticas. Por otra parte, la implementación de medidas de mitigación y su seguimiento mostrará la efectividad de las acciones aplicadas.
En los casos analizados existen algunas situaciones críticas, tales como el panel del sector 2 del alero Ricci (Figura 5a), donde la filtración del agua que escurre por la visera mantiene activo un frente de alteración que compromete la estabilidad de las pinturas presentes. A esto se suma otro sector de gran alteración, en el techo propiamente del tafoni, debido a filtración por contactos entre fracturas de la roca que generan una gran desplacación (Figura 5b) y una zona de cierta meteorización debido a la misma (Figura 5c).
Por otra parte, existen indicios, a través del análisis de alteración, que dan pautas de momentos de mayor actividad degradativa que favorecieron el desarrollo de los tafonis alternando con periodos de estabilidad que permitieron el desarrollo de costras parietales. En el caso del tafoni de techo del sector 2 de Ricci (Figura 5a), el frente de alteración activo presenta pinturas sobre la zona alterada en continuidad con la no alterada, dando pautas de una ralentización en la evolución de la alteración posterior a la ejecución de las pinturas citadas en ese frente en particular. La presencia de pátinas rojas en el fondo del tafoni del sector 2a del alero Quitilipi (Figura 6a) sobre las cuales se han pintado motivos dan pauta de estabilidad previa a las intervenciones prehispánicas sobre los mismos.
La aplicación sistemática de los algoritmos de decorrelación (DStretch) sobre representaciones/paneles individuales permitió diferenciar entre motivos y pátinas de la roca que a ojo desnudo es muchas veces confuso, así como muchos ejemplos de microdegradación; tal es el caso de desplacaciones (Figura 6b), crecimientos botroidales (Figura 6c), disgregación del soporte (Figura 6b), veladuras de polvo (Figura 6d) y de carbonatos (Figura 6d).
La integración de todas las variables, en conjunto con las representaciones 3D de sombras de la estructura de la roca y las representaciones cartográficas de los rasgos de meteorización permiten inferir las causas de los procesos observados y realizar un diagnóstico detallado de los factores intervinientes, favoreciendo la aplicación de medidas de mitigación adaptadas.
Conclusiones
Este constituye el primer aporte desde la determinación de detalle de la alteración del arte rupestre de Cerro Colorado. Los resultados obtenidos permiten identificar que gran parte de los problemas que presentan los paneles con arte rupestre de los aleros Ricci-Quitilipi están directamente relacionados con las características de la roca cuyas líneas de debilidad favorecen el flujo de humedad e incluso de agua.
Entre los procesos más conspicuos se destacan la desplacación, descamación, crecimiento de estructuras botroidales, veladuras de polvo y carbonatos. Parte de estos procesos están momentáneamente detenidos, mientras que otros sectores de los aleros necesitan de la adecuación de medidas urgentes que promuevan su conservación.
Para mitigar el avance de la degradación, sería recomendable evitar o limitar el escurrimiento de agua desde las viseras superiores del alero y desviar las zonas de escurrimiento. Como consecuencia del desvío se limitará el desarrollo de veladuras de barro y carbonatos. También sería adecuado eliminar el polvo y los sedimentos adheridos que afectan a algunas de las pinturas. La discontinuidad basal de los aleros representa otra zona de riesgo, ya que proporciona humedad que asciende por capilaridad hacia las pinturas y favorece la formación de crecimientos botroidales, lo cual es un problema difícil de solucionar dada la propia porosidad de la roca. Finalmente, es necesario minimizar la llegada del sol directo con la aplicación de medidas protectoras que no impliquen limitaciones en la circulación de aire. También es necesaria la realización de seguimientos sistemáticos de los frentes de alteración activos e inactivos para establecer las tasas de alteración y valorar la efectividad de eventuales medidas de mitigación que se apliquen.
La metodología propuesta se presenta como una alternativa viable para el registro sistemático de los procesos de alteración con el uso de medios de bajo costo, accesibles y que son factibles de ser aplicados desde oficinas patrimoniales con escasos recursos económicos. El conocimiento profundo y sistemático del estado de alteración y su evolución constituyen la clave para la conservación y facilitan la ulterior realización de estudios relacionados a los aspectos sociales y estéticos del bien patrimonial.










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