El estudio de la dimensión espacial del registro arqueológico permite inferir procesos de organización social y/o identitaria, que tiene implicancias más allá de lo estrictamente local, e identificar continuidades y cambios en la construcción de los paisajes culturales en una larga secuencia temporal (Anschuetz et al. 2001; Criado-Boado 1999).
La región de Guandacol, localizada en el suroeste de la Provincia de La Rioja (Argentina), presenta variaciones ambientales y altitudinales contrastantes.
Se distinguen, por un lado, en la parte occidental cordillerana de los Andes, un conjunto de serranías separadas por cuencas y quebradas longitudinales, y por otro, en las zonas bajas, el piedemonte y fondo de valle conformado por depósitos eólicos-fluviales de los conos de deyección de los cursos hídricos (Furque 1963; Rosa y Mamaní 2002) (Figura 1). Los antecedentes de estudio se centran principalmente en la Tambería de Guandacol, ubicada en el piedemonte a 2 km al sur de la localidad homónima y que manifiesta por sus construcciones edilicias, estilos cerámicos y cronología, dos ocupaciones sucesivas adscritas al periodo Tardío (ca. 1300 DC-1480 DC) y Dominación Inca (ca. 1480 DC-1660 DC) (Bárcena 2010; Callegari y Gonaldi 2007-2008; De la Fuente 1973a). Asimismo, se identificaron los sitios arqueológicos San Bernardo, Santa Clara, Guandacol norte, colindantes a la Tambería, y en el fondo de valle sobre los márgenes de los ríos La Troya/Guandacol y De La Vuelta, numerosas concentraciones de materiales cerámicos y líticos, sin estructuras arquitectónicas visibles, cuyos tiestos datados por termoluminiscencia se ubicaron entre el 1585 DC-1780 DC. En la Quebrada La Salina, sector cordillerano, se reconocieron concentraciones de restos arqueológicos donde se obtuvo la datación cerámica más antigua del área, que se ubicó en el 1220 DC (Iniesta y Bárcena 2014).

Figura 1 El área de estudio y su ubicación en el contexto meridional del Noroeste argentino; y locaciones arqueológicas mencionadas en el texto. The study area and its position in the meridional sector of Northwest Argentina together with archaeological locations mentioned in this paper.
El conjunto de evidencias arqueológicas permitió formular un primer modelo de ocupación a escala regional y que se enmarca desde el punto de vista arqueológico en el sector meridional del Noroeste argentino (en adelante, NOA), que abarca desde el suroeste de la Provincia de Catamarca hasta el noroeste de la Provincia de San Juan. El esquema señala la existencia de grupos Sanagasta asignables al período Tardío en la zonas bajas de Guandacol, cuya estructura socioespacial sería diferente a la atribuida en los principales centros sociopolíticos del NOA como lo son la Quebrada de Humahuaca (Provincia de Jujuy), Santa Rosa de Tastil (Provincia de Salta) y otros (Nielsen 2001; Tarragó 2001). Para estos nodos se infirieron focos de tensión por el acceso a los recursos y se identificaron arquitecturas defensivas como los pucaras y conglomerados semiurbanos.
La dominación incaica en Guandacol si bien significó la introducción de nuevos estilos alfareros, arquitectura imperial, trazado del camino, entre otros, en el fondo de valle ya contaba con manufacturas alfareras de momentos previos y posteriores que se muestran en forma de palimpsesto hasta bien entrado el 1700 DC (Carosio e Iniesta 2017). El Río Guandacol/Bermejo habría actuado como área de interconexión norte-sur con zonas altamente pobladas durante tiempos prehispánicos y coloniales, como Paso del Lámar, Puesto El Quemado y Las Juntas, al norte de la Provincia de San Juan (Bárcena 2010-2012; Montes 1959) (Figura 1).
En el escenario regional y macrorregional las características del periodo Tardío mostrarían más un continuum con la etapa previa del Formativo que cambios disruptivos (Ratto 2013; Spengler y Callegari 2010). Este último periodo arqueológico ha sido generalizado como una época de desarrollo de comunidades aldeanas sedentarias, de base agraria y pastoril, que manejaban tecnologías en las que plasmaron una fuerte identidad familiar y doméstica, y que en algunos casos construyeron relaciones que superaron los límites de parentesco sobre la base del manejo y significación de espacios públicos utilizados de forma comunal (González y Pérez 1972; Korstanje 2005; Olivera 2001; Scattolin 2006, entre otros). Desde el punto de vista crono-cultural se lo ha asignado al primer milenio de la era, con una segmentación en Formativo Inferior y Superior marcado este último por el surgimiento de las sociedades Aguada hacia el ca. 500 DC (Raffino 2007 [1988]). No obstante, para el sector meridional del NOA los fechados absolutos indican cronologías más tardías que demuestran una larga tradición formativa que habría perdurado más allá del 1000 DC (Callegari y Gonaldi 2006; Gordillo 1997-1999; Ratto 2013).
En Guandacol, la manifestación material del Formativo es escasa. Las evidencias se corresponden a la última parte de este periodo a partir de tiestos que por sus características estilísticas fueron definidos como Sanagasta pasta compacta y Aguada (Carosio e Iniesta 2017; Garrote y Callegari 1996) y que proceden, primordialmente, de las locaciones ubicadas en los recodos de la Quebrada La Salina en el oeste del valle (Figura 1) (Iniesta y Bárcena 2014).
Con base en la información disponible, en este trabajo se caracterizan las ocupaciones formativas en la región. En primer lugar, y teniendo en cuenta que los antecedentes indican la existencia de poblaciones del Formativo en el sector cordillerano, se espera encontrar evidencias similares en otras quebradas aledañas a Guandacol. Y en segundo lugar, si el Río Guandacol/Bermejo actuó como conector de las microrregiones de la porción meridional del NOA, las quebradas debieron funcionar como vías de circulación y tránsito, manifestado en el patrón de asentamiento, explotación de recursos, estilos cerámicos y representaciones rupestres. De este modo, se intenta validar estas hipótesis mediante el estudio de dos zonas geográficas hasta ahora inexploradas: quebradas El Yanso y de La Flecha. Los objetivos son identificar los procesos sociales internos de estas nuevas microáreas desde épocas formativas y determinar el rol que cumplieron a través de las afinidades en el registro arqueológico. Con ese fin se buscará distinguir la diversidad o uniformidad de los restos materiales con los sitios arqueológicos próximos de Guandacol y otros localizados en la macrorregión. Para ello, se identificaron las locaciones arqueológicas y se analizó su distribución; y se caracterizaron los conjuntos alfareros y las representaciones rupestres como indicadores contextuales. Desde una perspectiva espacial más amplia, la evaluación de la función de las quebradas para la circulación humana en el área de estudio permitirá, además, definir de manera más precisa la integración del sector austral del NOA en la dinámica social de los Andes meridionales.
Metodología
Prospecciones pedestres y excavaciones
Hacia el sector noroccidental de Guandacol se realizó un recorte superficial de 50 km2, donde se diseñaron polígonos en microáreas determinadas para llevar adelante tareas de prospecciones pedestres mediante técnica de transectas. Se delimitó un polígono de 6 km2 en una quebrada próxima al pueblo de Guandacol, 5 km2 en la Quebrada El Yanso, que se localiza a 10 km del valle, y 6 km2 en la Quebrada de La Flecha ubicada a 18 km. A estas geoformas se accede por un camino que atraviesa la región desde el pueblo de Guandacol hasta la localidad de Zapallar en la cordillera. En cada sector de estudio, las prospecciones siguieron el sentido oeste-este de los afluentes, los que confluyen cuesta abajo con el Río La Troya. Se trazaron transectas lineales de entre 4 y 6 km de extensión según las dificultades y obstáculos del terreno, con la intervención de dos personas a una distancia de 50 m una de la otra.
Una vez reconocidas las locaciones arqueológicas, se procedió al posicionamiento a través de un receptor GPS (Global Positioning System) georreferenciado con el sistema de proyección Gauss- Kruger. Seguidamente, se definieron distintas categorías de locaciones arqueológicas: sitio, definidos como lugares de gran extensión, con presencia de arquitectura y alta densidad de restos materiales (Iniesta 2016); concentración artefactual (pequeña: de 2 a 50 elementos, mediana: de 51 a 100 y grande: más de 101), hallazgo aislado (un solo artefacto) y representación rupestre. En todos los casos, se delimitó la dispersión de materiales para calcular densidades. El intervalo de dimensiones superficiales se clasificó en reducida, de 0 a 500 m², y extensa, de 501 m² en adelante. En cada locación arqueológica se recolectó la totalidad de los materiales arqueológicos y en las de alta densidad se diseñaron unidades de muestreo de 5 m x 10 m (=250 m2), a excepción de una que abarcó 500 m2 en total. En los lugares considerados con mayor potencial informativo se realizaron excavaciones de 1 m2 con niveles artificiales de 10 cm y se identificaron diversos depósitos sedimentarios.
Análisis espaciales
Se utilizaron herramientas del software Past 3.02 (paleontological statistics software) (Hammer et al. 2001) para análisis de distribuciones de materiales arqueológicos como Kernel density estimation (densidad=fragmento por m2) e interpolación estadística Kriging. Esta última permite transformar una superficie discontinua de distribución de puntos en una continua valoración de la intensidad espacial de restos arqueológicos. Para el caso de la cerámica, solo se consideró el fragmento y no la Unidad de Análisis (UA) o familia de fragmentos (Orton et al. 1997) como elemento analítico distribucional. El método ofrece una buena representación gráfica de los patrones de mayor concentración artefactual. El propósito fue exclusivamente evaluar la intensidad de los espacios ocupados y su potencial funcionalidad. Además, debido al grado de pendiente del terreno (inclinación promedio de 13,7%), en esta etapa fue dificultoso manejar números en UA debido al desplazamiento de los materiales.
Se emplearon herramientas del soporte ArcGis 10.1 para la elaboración de la cartografía digital. Se utilizó un modelo digital de elevaciones (ASTERGDEM 2), imágenes satelitales (Landsat 7 ETM y QuickBird), fotografías aéreas (vuelo fotograma del Instituto Foto-Topográfico Argentino, escala 1:12.500), cartas topográficas y de vegetación del Instituto Geográfico Nacional (a escala 1:100.000) y carta geológico-económica del Servicio Geológico Minero Argentino (a escala 1:200.000: Hoja 17b).
Análisis de los materiales cerámicos
Se realizó un primer estudio cualitativo y cuantitativo de la alfarería de superficie y excavación a partir de una observación macroscópica y submacroscópica (con lupa binocular hasta 40X). Las cerámicas poseen en general un buen estado de conservación, sin registrar evidencias de rodamiento, desconchado o sustancias adheridas producto de alteraciones postdepositacionales. Se efectuó una cuantificación y remontaje de tiestos, y se los agrupó en Unidades de Análisis (UA) o familia de fragmentos, que en cada caso corresponde a una vasija, de acuerdo a las características macroscópicas de pasta y superficies (tonalidad, composición), tratamientos decorativos y partes diagnósticas de los recipientes (bordes, bases, cuerpos y asas) (Orton et al. 1997). El uso de UA en esta instancia metodológica respondió a la necesidad de simplificar el ordenamiento cerámico de La Flecha como base operativa para comparaciones con otros sitios regionales, fundamentalmente la Tambería de Guandacol. Cada UA fue caracterizada morfológicamente según su perfil en abierta, cerrada e indeterminada (Balfet et al. 1992). En las primeras se reconocen formas como cuencos (o pucos), vasos y platos; mientras que en las cerradas, ollas y jarras. En ciertos casos, a partir del remontaje y la medición de espesores, del largo y ancho de tiesto, y los diámetros de bases y bordes, se estimó el tamaño y forma geométrica de las piezas (Rice 1987). Por otro lado, para cada UA se reconocieron y describieron tratamientos de superficies, la tonalidad de engobes y pinturas, y los elementos de diseño (Cremonte y Bugliani 2006-2009; Rye 1981). Una vez realizada esta tarea, se conformó lo que denominamos arbitrariamente como Componentes Morfoestilísticos (CME), grupos tecnotipológicos cerámicos basados en sus diversos atributos (composición y tecnología de pastas, morfologías y tratamientos decorativos), y que desde nuestra perspectiva forman parte de diferentes estilos tecnológicos (sensu Lechtman 1977) de la región (Carosio e Iniesta 2017; Gambier 2000; González 1977, entre otros).
Finalmente, se efectuó un análisis submacroscópico de pastas mediante lupa binocular (KYOWA OPTICAL SDZ-PL) sobre 10 fragmentos de cada CME (90 tiestos en total), abarcando la variabilidad de formas en cada conjunto. Se describió la matriz, considerando el color a ojo desnudo y según la cartilla Munsell (1994), la textura, dureza y fractura (Urteaga y Amundaray 2003). Para los constituyentes no plásticos se consideró el color, tamaño, distribución, densidad, y desgaste o grado de esfericidad. El mismo procedimiento se realizó con respecto a las cavidades (Orton et al. 1997; Rye 1981). A partir de ello se conformaron estándares de pastas cerámicas, los cuales fueron relacionados con las clasificaciones morfológicas y decorativas de las UA (Cremonte y Bugliani 2006-2009).
Relevamiento de las representaciones rupestres
El relevamiento y registro de las manifestaciones rupestres incluyó la medición de las rocas intervenidas (entendidas como unidades topográficas de relevamiento), paneles y motivos. Para la caracterización de las figuras se tuvo en cuenta los tipos de motivos, las técnicas de ejecución, el tratamiento de la forma y la superposición de motivos (Aschero y Martel 2003- 2005). El dibujo digital de los motivos fue realizado a partir de las fotografías con el software Sketchpad 5.1. y Adobe Photoshop. Algunas imágenes fueron tratadas variándose los atributos de brillo y contraste para potenciar la visualización de las representaciones.
Resultados
Distribución espacial de los sitios arqueológicos y excavaciones
La quebrada próxima al pueblo no arrojó evidencias arqueológicas, a diferencia de las otras dos restantes. Sobre la Quebrada El Yanso, en el margen noreste del río homónimo, se localizaron dos rocas con grabados situadas a S29°27.033’ W68°35.409’ (bloque 1) y S29°27.055’ W68°35.342’ (bloque 2). En la Quebrada de La Flecha se contabilizaron 12 locaciones arqueológicas en total, entre ellas 10 concentraciones superficiales de materiales cerámicos y líticos, un hallazgo aislado (un tiesto) y una roca con grabado (bloque 3) ubicada en el extremo del sector noreste (S29°23.480’ W68°36.345’) (Tabla 1 y Figura 2). En ninguno de los casos se detectaron recintos arquitectónicos.
Tabla 1 Descripción y datos cuantitativos sobre las locaciones arqueológicas de la Quebrada de La Flecha. Description and quantitative data about the archaeological locations of the Quebrada de La Flecha

Figura 2 (a) Locaciones en la región de Guandacol; (b) Locaciones arqueológicas de la Quebrada de La Flecha y Quebrada El Yanso. (a) Archaeological locations in the Guandacol region; (b) Archaeological locations in La Flecha and El Yanso quebradas.
Se relevaron tres concentraciones de materiales cerámicos grandes, una mediana y seis pequeñas. Seis de ellas presentan artefactos líticos. Además se identificaron dos canchones de cultivo antiguos y sobre una de sus superficies, una acequia de riego moderna (Figura 3). Estas evidencias se dispersan en el ingreso a la quebrada entre relictos de algarrobo.

Figura 3 (a) Vista de la Quebrada de La Flecha desde las locaciones; (b) vista del cono de deyección del Río La Flecha con la Sierra de Maz al fondo; (c) acequia revestida que llega a la LF1 (y puesto moderno); (d) conana fragmentada. (a) View of Quebrada de La Flecha from the archaeological locations; (b) view of the alluvial fans of La Flecha river with the Sierra de Maz in the background; (c) covered ditch up to LF1 (and modern farm); (d) fragmented stone mortar.
Las locaciones se distribuyen fundamentalmente en el margen noroeste del Río La Flecha (n=7) y, en menor medida, en la banda noreste (n=4). En la orilla suroeste se sitúa una, mientras que en el sector sureste no se identificó ninguna locación. En su mayoría las concentraciones son de tamaños reducidos (n=6) y en menor medida extensos (n=4).
La mayor intensidad en el uso del espacio se muestra en LF5 y LF2, seguido de LF8 y LF11 de acuerdo a los resultados de los análisis Kriging del total de materiales arqueológicos en el área (Figura 4). El análisis de densidad cerámica alcanza su pico en 2,58 frag/m² en la unidad de muestreo G de la locación LF5, seguido de la unidad A de LF2 con 2,4 frag/m². Por su parte, la densidad más alta registrada de materiales líticos fue en la LF2 sobre la unidad A con 0,92 lítico/ m², seguida de la unidad B con 0,74 lítico/m² y la unidad G de LF5 (Tabla 1 y Figura 4).

Figura 4 Análisis Kriging total de los materiales arqueológicos y por unidad de muestreo en la LF2, LF5, LF8 y LF11; total cerámico y total lítico de las locaciones de la Quebrada de La Flecha. Kriging analysis of de La Flecha materials by sampling unit in LF2, LF5, LF8 and LF11; total number of pottery and total lithic artifacts from locations at the Quebrada de La Flecha.
Las locaciones LF5, LF6, LF7 y LF8 se distribuyen a no más de 100 m de distancia una de la otra, por lo que se infiere que conforman en conjunto un único asentamiento. Este complejo que se muestra de manera agrupada se asocia a tierras aptas para cultivo. A medida que nos alejamos de este núcleo hacia el este, los sitios disminuyen y se dispersan hasta 500 m uno del otro. Se encuentran, en general, muy próximos al Río La Flecha, con distancias que oscilan entre los 100 m (LF1), 300 m (LF2, LF3, LF4, LF9, LF10) y 500 m (LF5, LF6, LF7 y LF11).
Entre los asentamientos se destaca LF2 por presentar una alta frecuencia de materiales líticos (Tabla 1). En una aproximación preliminar, este conjunto se compone de núcleos, variedad de instrumentos y desechos de talla. Respecto a las materias primas, se registra el uso de nódulos y rodados de basalto y sílices. Si bien, hasta el momento, no se han realizado relevamientos para la detección de lugares potenciales de aprovisionamiento, de acuerdo a la información geológica de la región, es posible que las materias primas líticas hayan sido extraídas de los lechos de los ríos próximos al sitio. El material representa los estados iniciales e intermedios del proceso de producción lítica, constituidos por desechos de talla externos, principalmente lascas secundarias y de dorso natural, e internos. Los núcleos registran morfologías discoidales, piramidales irregulares y de lascados aislados. En la mayor parte de las piezas se registran tres a cuatro extracciones y se presentan restos de corteza. Por su parte, entre los instrumentos formatizados se registran una variedad de grupos tipológicos como cuchillos y raspadores, manufacturados principalmente con técnicas marginales y unifaciales. Además, se presentan en el conjunto artefactos picados y/o abradidos, pasivos y activos como conanas, molinos de mano y manos de moler (Figura 2d).
Se realizaron excavaciones de 1 m² en locaciones que contaban con un alto número de materiales arqueológicos en superficie, y dentro de ellas se seleccionaron determinadas unidades de muestreo. Se realizó un sondeo en LF5 sobre la unidad de muestro G (sondeo 1), en el que se llegó a 60 cm de profundidad. En LF8, se seleccionaron dos puntos equidistantes en el terreno según el grado de la pendiente con el propósito de establecer comparaciones en la formación de sitio y evaluar posibles alteraciones del registro arqueológico. Sobre la unidad de muestreo E, se llevaron a cabo dos sondeos, uno de ellos hasta 90 cm de profundidad (sondeo 2) y el otro hasta el 1,30 cm (sondeo 3) (Tabla 2).
Tabla 2 Materiales arqueológicos por niveles del sondeo 1 (LF5); sondeo 2 y sondeo 3 (LF8). Defined morpho-stilystic components of the Quebrada de La Flecha
De acuerdo a los perfiles de excavación, la secuencia estratigráfica se comporta de manera similar en los sondeos, observándose un primer depósito sedimentario de 0/40 cm suelto y arcilloso con materiales arqueológicos, entre ellos cerámicas sin decorar (CM3) y decoradas (CM2), algunos líticos y huesos indeterminados. En LF8 se identifica un depósito fluvial entre los 30 cm y 70 cm de profundidad y otro eólico entre los 70 cm y 90 cm, sin restos materiales (Figura 5). No podemos interpretar la magnitud de estos últimos eventos climáticos en el área, ya que no disponemos de estudios paleoambientales. Por último, entre los niveles 1,10 cm y 1,30 cm emerge un estrato arcilloso y pedregoso con materiales líticos, pocos huesos y carbones sueltos.

Figura 5 Sondeos 2 y 3 de la LF8 y la referencia de los depósitos sedimentarios descriptos en el texto: (a y b) suelto y arcilloso; (c) fluvial; (d) eólico; (e y f) compacto, arcilla endurecida; (g) pedregoso. Test pits 2 and 3, LF8, and sedimentary units described in the paper: (a and b): loose and clay soil; (c) fluvial; (d) wind event; (e and f) compact and hard clay; (g) stony.
Análisis del material cerámico
El conjunto alfarero se compone de 834 fragmentos, los cuales pudieron ser agrupados en 268 UA. El registro es semejante en todas las locaciones arqueológicas y concentraciones superficiales del área, por lo que desde el punto de vista de la tecnología cerámica, la Quebrada de La Flecha constituye una unidad común de análisis. Los estudios permitieron ordenar el registro en nueve Componentes Morfoestilísticos (CME) (Tabla 3 y Figura 6). Buena parte de las UA se hallan decoradas (44,02%), manifestada en los CME 1, 2, 4, 6, 8 y 9. Todos los conjuntos poseen un tratamiento de superficie primario alisado, aunque las cerámicas del CME 3 se advierten alisadas de manera irregular. Las técnicas decorativas varían esencialmente en el tipo de tratamiento secundario de superficie, siendo los CME 2 y 4 los únicos que presentan inciso y/o exciso. Los motivos -muchas veces combinados- son geométricos, esencialmente puntos, chevrones y bandas paralelas. Los CME 6 y 7 presentan tratamiento pintado y pulido, en el segundo caso sobre un engobe ante o naranja marrón. CME 7 presenta variabilidad de motivos como bandas, escalonados y puntos. En CME 9 solamente se halla tratamiento de engobe rojo pulido.
Tabla 3 Componentes morfoestilísticos definidos para la Quebrada de La Flecha. Defined morpho-stilystic components of the Quebrada de La Flecha

Figura 6 Componentes morfoestilísticos de la Quebrada de La Flecha. (A) CME 1. Marrón pulido, (B) CME 2. Marrón-grisáceo inciso/exciso, (C) CME 3. Marrón-grisáceo alisado, (D) CME 4. Naranja inciso/exciso, (E) CME 5. Naranja alisado, (F) CME 6. Rojizo oscuro pintado, (G) CME 7. Naranja engobado, pintado y pulido, (H) CME 8. Gris pulido, (I) CME 9. Naranja-rojizo engobado pulido. Morpho-stylistic components of the Quebrada de La Flecha. (A) CME 1. Marrón pulido, (B) CME 2. Marrón-grisáceo inciso/exciso, (C) CME 3. Marrón-grisáceo alisado, (D) CME 4. Naranja inciso/exciso, (E) CME 5. Naranja alisado, (F) CME 6. Rojizo oscuro pintado, (G) CME 7. Naranja engobado, pintado y pulido, (H) CME 8. Gris pulido, (I) CME 9. Naranja-rojizo engobado pulido.
En relación con las formas, la mayor parte de las UA son de perfil abierto (n=167, 62,3%), fundamentalmente cuencos esféricos/elipsoides (n=125) de tamaño pequeño y mediano. Poseen perfil continuo, sin punto de inflexión, bordes levemente evertidos, invertidos y rectos con labios convexos. El diámetro de boca de estas piezas es entre 10 y 25 cm, aunque en los CME 1, 5, 6, 7, 8 y 9 no superan los 10 cm. Las pocas bases registradas (16 fragmentos) son menisco-cóncava y menisco-convexa, tienen un diámetro promedio de 6 cm y un espesor de 0,8 cm. En algunos casos se advierten con asas de tipo mamelón. Por otro lado, los CME 2 y 4 son los únicos que presentan, además, vasos (n=15) hipérboles/ ovales, de tamaño pequeño y mediano, con perfil continuo, paredes delgadas (espesor promedio de 0,6 cm), bordes rectos, labios convexos, y diámetro promedio de boca de 12 cm.
Las UA de perfil cerrado (n=61, 22,7%) refieren principalmente a ollas esféricas (n=56) de tamaño pequeño, mediano y grande, de perfil continuo. Se hallan exclusivamente en los CME 3, 5 y 7. Se advierten con bordes levemente evertidos, con un diámetro de boca entre 8 y 15 cm, y labios convexos. Algunas poseen paredes gruesas (espesor promedio de 1,5 cm), asas de cinta en el cuerpo, bases planas y menisco-convexas con un diámetro entre 8 y 10 cm. Por otro lado, dentro de CM3 se encuentran jarras (n=5), de paredes con perfil continuo, bordes levemente invertidos y rectos, labios convexos, y diámetro promedio de 12 cm. Se reconocen con pequeñas asas en arco adheridas al labio. Finalmente, se hallan 40 UA que por el tamaño muy pequeño de fragmento han sido categorizadas como indeterminadas.
En cuanto al estudio de pastas, se reconocieron ocho estándares. Algunos de ellos (B y F) son compartidos por CME decorados y no decorados (CME 2, 3 y 7) (Tabla 4 y Figura 7). No se advierten particularidades de estándares para las diversas formas reconocidas. En general las pastas no registran cambios de tonalidad, excepto pocos recipientes del estándar B. Desde el punto de vista composicional, las cerámicas presentan constituyentes comunes como cuarzo, mica (excepto B, C y D) y litoclastos grises y azules (excepto F y G), con formas similares (esférica y subredondeada/subangulosa), aunque variando en el tamaño. En ese sentido, muestran una granulometría que varía de muy fina (0,05 mm) a media (0,3 mm). La distribución y densidad de inclusiones a nivel general es pobre/muy pobre y entre el 10% y 20%.
Tabla 4 Estándares de pastas de las cerámicas de la Quebrada de La Flecha. Ceramic fabrics of the Quebrada de La Flecha
Análisis de las representaciones rupestres
Se identificaron tres bloques con representaciones rupestres distribuidos dos en la Quebrada El Yanso (bloques 1 y 2) y uno en la de La Flecha (bloque 3). Se trata de basaltos que presentan pátina del desierto, localizados sobre la margen noreste de los ríos homónimos. Al encontrarse en las afueras de los recodos montañosos, en sectores abiertos, tienen un amplio dominio visual del entorno que los rodea. En todos los casos la técnica de ejecución del grabado fue por raspado, entendido como una abrasión superficial, y picado (sensu Falchi et al. 2011). El soporte de estos bloques presenta signos de termoalteración, desprendimientos, fisuras y orificios provocados por la acción de agentes naturales, situación que dificulta la visualización de los motivos. Entre la iconografía abstracta se incluye línea sinuosa, curvada y ondulada; círculo-espiral; espiral/voluta y segmento lineal. Dentro de la figurativa se encuentran antropomorfos y zoomorfos. No se observan superposiciones de motivos (Tabla 5 y Figura 8).
Tabla 5 Características de las representaciones rupestres de las Quebradas El Yanso y de La Flecha. Features of rock engravings at the El Yanso and de La Flecha quebradas.
Discusión
La configuración espacial del registro arqueológico: de lo micro a lo macro
Se registraron concentraciones de materiales cerámicos y líticos en la Quebrada de La Flecha (n=10) a una altitud promedio de 1.350 msm, que se disponen de manera agrupada entre sí, fundamentalmente sobre el sector noroeste de la quebrada. Las mismas se reducen y dispersan hacia el extremo noreste del afluente homónimo, donde se ubica el único bloque con grabado de esta microárea y que se vincula con el mismo complejo de asentamientos. Sobre la margen sur se identificó solamente una concentración (LF1), que fue relevada parcialmente por encontrarse en cercanía a un puesto moderno definido como una unidad familiar productiva (Sales 2020). Es importante resaltar que más allá de este caso, a diferencia de lo que ocurre con la Tambería de Guandacol (Carosio et al. 2017), estos sitios arqueológicos no muestran alteraciones antrópicas.
El patrón de asentamiento de La Flecha refleja locaciones, con ausencia de recintos habitacionales, distribuidas en tierras de uso común, a escasos metros del curso fluvial y de los bosques de algarrobos (Prosopis sp.), tal como se ha señalado para otros sitios arqueológicos de Guandacol y áreas cercanas (Iniesta y Rojas 2016; Spengler y Callegari 2010; Villagra et al. 2005). El tamarugo ha sido explotado largamente en el tiempo por las comunidades de ambientes áridos debido a que proporcionan bebidas y alimentos (vainas), combustible, y sombra para el ganado (Lema et al. 2012). En este sentido, el registro arqueológico del área de estudio apunta a la existencia de prácticas cotidianas que se corresponderían con actividades de subsistencia basadas en la explotación de recursos locales y el mantenimiento de los grupos.
El material lítico evidencia el desarrollo de actividades orientadas a la producción y el uso de instrumentos relacionados al corte y raspado (cuchillos, raspadores) y la molienda (conanas, molinos de mano y manos de moler). Es posible que estos instrumentos hayan sido utilizados en las tareas vinculadas al procesamiento de diversos recursos vegetales, entre ellos cultivos, dada la proximidad de canchones agrícolas en desuso y una acequia de riego moderna cuyas aguas han sido canalizadas y conducidas desde una zona más alta de la quebrada. Estos conjuntos líticos muestran similitudes con las tendencias observadas tanto en la puna como en los valles del NOA. Las sociedades agroalfareras desde el primer milenio portaron una tecnología lítica caracterizada por una baja inversión de tiempo y energía en la confección de los instrumentos y un amplio uso de las materias primas locales (Carbonelli 2011; Carbonelli y Gaál 2015; Escola 2004). Esta tendencia se manifiesta en los periodos posteriores y en áreas aledañas, como es el caso de la Tambería de Guandacol durante el periodo Tardío (Borgo y Carosio 2019) o el norte de la Provincia de San Juan (Durán et al. 2014).
La Quebrada de La Flecha presenta un patrón de emplazamiento que difiere del identificado en las zonas bajas de Guandacol atribuido fundamentalmente al periodo Tardío e Inca (Bárcena 2010; Callegari y Gonaldi 2007-2008; Carosio e Iniesta 2017), aunque muestra similitud con la Quebrada La Salina, sector montañoso del valle, donde se registraron cerámicas atribuidas al Formativo Superior. Lo mismo se interpreta en una escala espacial mayor, donde los asentamientos ubicados en las zonas bajas del sector central de Vinchina (noroeste de La Rioja) se asocian cronológicamente con el periodo Tardío, mientras que en las zonas altas se registran instalaciones de tipo residencial y defensiva vinculadas con las poblaciones Aguada (ca. 950 DC-1400 DC) (De La Fuente 1973b; Spengler y Callegari 2010). Por su parte, el Valle de Abaucán (suroeste de la Provincia de Catamarca) para el primer milenio de la era no registra ocupación en el fondo de valle, debido a lapsos de inestabilidad ambiental que causaron la desocupación de las tierras bajas y el desplazamiento hacia ambientes de mayores altitudes cuyas tradiciones formativas perduran hasta el año 1300 DC (Ratto 2013).
En el noroeste de San Juan, se observa esta tendencia ocupacional en los sitios arqueológicos de Punta del Barro y Bauchaceta. El registro arqueológico en las laderas de los cerros se caracteriza por la presencia de pequeñas viviendas semisubterráneas circulares y/o chozas de material perecible (quincha) y/o de planta rectangular (Gambier 1988; García 2010). También se hallan superficies para la labranza, regadas mediante sistemas de canales y el desvío de agua de las vertientes y arroyos de los sectores más elevados. Este patrón se ha vinculado a las poblaciones del Formativo Inicial y en menor medida al Formativo Superior (Gambier 2000). En este sentido LF1, ubicado en la margen suroeste del Río La Flecha, refleja características similares a este tipo de regadío. Algo parecido sucede en Gualcamayo, 25 km al SW de Guandacol. En el sitio ARQ-43, a unos 1.700 msm, se registró una vivienda semisubterránea fechada en 2300±70 años AP, similar a las descriptas para el oeste de San Juan pero diferente a las del periodo Tardío, construidas en las tierras bajas orientales junto a grandes obras de irrigación (Durán et al. 2014:176). La elección de las quebradas protegidas para el asentamiento parece ser el patrón recurrente entre diversos grupos que habitaron las microrregiones del sector meridional del NOA. Se trata de pasos obligados en el tránsito precordillerano y cordillerano de todos los tiempos, que en nuestro caso de estudio implican vías aptas para acceder por el oeste, vía Sierra de la Punilla, al área de lo que hoy es el Parque Nacional y Reserva de la Biósfera San Guillermo (noroeste de San Juan), y más al norte la Reserva Provincial Laguna Brava (oeste de La Rioja). Estas áreas, en las que se han desarrollado abundantes estudios arqueológicos (Bárcena 2018; Gambier y Michieli 1986, entre otros), permitieron comprobar una ocupación humana desde unos 8000 años atrás a la época de dominación hispánica, pasando por evidencias del Formativo Inicial y Superior, la de los periodos Tardío e Inca. Estos ambientes de altura cordilleranos (ca. 3.000 a 4.500 msm) cuentan con una población de camélidos relevante para actividades cinegéticas y, según el contexto cronológico, para la adquisición de recursos como el pelo de vicuña para textiles.
Las locaciones como las descriptas en el área de estudio, y sin que por ahora se tenga demasiada evidencia, podrían haber estado relacionadas con ese tránsito para, entre otros, el aprovechamiento económico de recursos de mayor altura y el intercambio (De Feo 2015; Olivera 2001, entre otros); y asimismo, a partir de las manifestaciones rupestres, reafirmar el “simbolismo del camino” y lazos socioculturales, como se ha propuesto para otras vías similares de la región austral del NOA en el contexto de las dinámicas sociales de los Andes meridionales (Schobinger 1997).
La tecnología cerámica: diversidad y semejanzas regionales
La cerámica de La Flecha refleja un registro heterogéneo, con una variabilidad de formas, tratamientos superficiales y tecnología de pastas congruente con diversas tradiciones alfareras regionales. La mayor parte de los componentes morfoestilísticos no han sido registrados en la Tambería de Guandacol ni en sitios de fondo de valle o zonas bajas (Carosio e Iniesta 2017).
Entre las formas sobresalen cuencos y ollas, y en menor proporción platos, jarras y vasos. Algunas de estas son exclusivas de determinados CME, como los vasos (CME 2 y 5), jarras (CME 3) y platos (CME 5 y 7). En ningún caso, y a diferencia de lo que ocurre en la Tambería de Guandacol, se han registrado piezas de gran porte como tinajas o recipientes con restos de hollín producto de exposición de recipientes al fuego, aunque cabe la posibilidad de que esto sea resultado de procesos de formación postdepositacional de los conjuntos cerámicos de superficie. El registro reflejaría esencialmente funciones vinculadas con el servicio y el traslado de productos, y muy posiblemente con el intercambio. Si bien la mayor parte de los CME conformados abarcan piezas decoradas que involucran gran diversidad de tratamientos decorativos, los dos CME más numerosos de La Flecha (CME 3 y 5) incluyen recipientes no decorados, con tratamientos superficiales alisados irregulares. Esta heterogeneidad sugiere que La Flecha era un área destinada a actividades múltiples, fundamentalmente domésticas.
En cuanto a la tecnología de pastas, los estándares presentes en los CME más numerosos exhiben constituyentes comunes como cuarzos y rocas de tonalidad azul y gris (estándares A, B, C, D y E). Sin embargo, existen diferencias en otras inclusiones, así como en la textura, granulometría, redondez/esfericidad y cavidades. Los CME 2 y 3 poseen las mismas características de pastas, el estándar B, mayoritario en el sitio. Si bien esto es resultado de una observación submacroscópica y es necesario realizar estudios arqueométricos para reconocer la composición de las materias primas empleadas, la variabilidad de estándares podría deberse a la utilización de diferentes fuentes de aprovisionamiento para las diversas tradiciones cerámicas de la Quebrada de La Flecha, a una heterogeneidad en las prácticas de manufactura y/o a una polifuncionalidad de las piezas. Las características de los constituyentes de pastas podrían implicar que para la fabricación de la mayoría de los estándares (A, B, C, D y E) se mezclaron sedimentos arcillosos y antiplásticos, probablemente procedentes de arenas de los cauces fluviales cercanos. Para el resto (F, G y H), es posible que no se hayan mixturado sedimentos y se emplearan arcillas levigadas y tamizadas, o bien que se hayan mezclado con arenas de tamaño muy fino (Rice 1987).
Por la tonalidad gris de los CME 2, 3 y 8, se advierte que la cocción se efectuó en atmósfera reductora, aunque la variabilidad en la textura, dureza y fractura también sugiere variaciones en las temperaturas alcanzadas. El resto de los conjuntos cerámicos reflejan cocciones oxidantes, e igualmente diferencias en las temperaturas de cocción (García Rosselló y Calvo Trias 2006).
El palimpsesto de los CME presentes en la superficie de La Flecha dificulta la interpretación respecto a la diacronía y sincronía de los conjuntos cerámicos (Figura 6). Sin embargo, buena parte del registro está conformado por los CME 2, 4, 6, 7 y 8, que remiten claramente a estilos reconocidos en el norte de San Juan y oeste de La Rioja para inicios del Formativo (ca. 0 - 500 DC), como la cerámica de Fase Punta del Barro (Durán et al. 2014; Gambier 1988; García 2010; Sacchero 1974-1976) y Ciénaga Gris (Callegari y Campos 1996:190; De la Fuente 1973 a y b), y del Formativo y momentos transicionales al periodo Tardío (ca. 500 DC - 1500 DC) como el estilo Aguada (Bicolor o Tricolor) (Callegari y Campos 1996; Callegari y Gonaldi 2006; Carosio e Iniesta 2017), Aguada interior negro (Callegari 1997:132; Gambier 2000:48) o Polícromo Ahumado (sensu González 1964:211-212). Si a esta información se suma que el CME 3 presenta las mismas características macroscópicas de pastas que el CME 2 y formas similares, podría inferirse que corresponde a la misma tradición estilística, dentro de un contexto espacio- temporal, muy probablemente de mediados del primer milenio de la era. Tipos cerámicos similares han sido constatados en el Nivel III de la cueva El Peñoncito (norte de San Juan) (Berberián y Calandra 1984), el cual corresponde a un periodo entre el 400 DC-460 DC (Berberián et al. 1968: 362). También en el sitio Punta del Barro: “Basurero 4: 70-90 cm” (50 ± 100 DC), Basurero 4: 1,90- 2,10 cm (320±120 AC) y Rectángulo mayor 1,20-1,40 cm (320±60 DC)” (García 2017:67). Es posible que muchas de las tradiciones alfareras hayan coexistido en un periodo específico. Las excavaciones realizadas en La Flecha sugieren por lo menos dos momentos temporales diferentes: a) uno más moderno, probablemente Formativo, representado en los primeros 40 cm de los sondeos y caracterizado por un registro cerámico correspondiente a CM2 y CM3, y b) uno más antiguo, que aparece debajo de sucesivos eventos fluviales y eólicos, como se observa en el sondeo 3 de LF8 donde aflora un piso arcilloso a unos 1,15 cm de profundidad con artefactos líticos, huesos, poco carbón y sin cerámica1.
De cualquier manera, considerando la presencia de tiestos de momentos incaicos (CME 9) y de alfarería que se asemeja a piezas de contextos Tardíos en la Tambería de Guandacol (CME 1 y 5) (Bárcena 2010; Carosio e Iniesta 2017), es probable una continua ocupación de La Flecha en momentos posteriores al 1300 DC2.
Las representaciones rupestres: variabilidad y afinidades iconográficas
Entre las figuras identificadas en los soportes de La Flecha y El Yanso aparecen antropomorfos descriptos en varios sitios de La Rioja y norte de San Juan. En Los Colorados (Independencia, La Rioja) se han registrado dos subtipos de figuras humanas de cuerpo completo y en vista frontal, uno sin los brazos en alto y otro con los brazos en alto (Falchi et al. 2013). El primer subtipo guarda similitudes morfológicas con la figura humana del bloque 3 de La Flecha y la figura humana más pequeña del panel A del bloque 2 de El Yanso, sobre todo en la representación del torso. Y el subtipo B de Los Colorados a las representaciones del panel A (brazos en alto) y del panel C (brazos en alto y terminación de la extremidad en tridígito) de la misma roca. Incluso, este antropomorfo podría portar un arco en una de las manos (Falchi et al. 2013; Martel 2006)3.
Bárcena (2010-2012) documentó zoomorfos (zorros) grabados por abrasión y picado en el sector GR2 y GR4 del sitio La Chilca Pintada (al sur de Guandacol). La morfología y el tamaño de estas representaciones se asemejan al motivo ubicado en el panel B del bloque 2 de El Yanso, aunque este último se orienta hacia la derecha. En este sentido, hay similitudes en la orientación y morfología de un zoomorfo no identificado registrado en el sitio Palancho (Chilecito, La Rioja) como parte del Grupo 2 vinculado a la cultura Aguada (Falchi et al. 2011), y a otro localizado en Los Chañares I y II (sur del Parque Nacional Talampaya) (Ferraro et al. 2015).
Representaciones de camélidos (Evans 2019; Van Hoek 2011) y otros motivos geométricos como círculos y trazos (Callegari 2001) han sido descriptos para el Formativo en Banda Florida (Villa Unión, La Rioja). Resultan sugerentes las figuras de llamas atadas, cargadas o montadas que en esta área fueron adscritas al contexto hispano-colonial (Evans 2019), pero que para las quebradas precordilleranas del norte de San Juan fueron asignadas cronológicamente al primer milenio (García 2010). En el caso de La Flecha el bloque que contiene una figura humana completa sobre un camélido, sin sombrero, guardaría similitud con lo registrado en el sector sanjuanino (bloque 3) (Figura 8).
En el caso de la Tambería de Guandacol y áreas aledañas (San Bernardo y Santa Clara), los motivos figurativos identificados como los ofidios remiten al contexto temporal del Tardío e Inca (Bárcena 2010).
Conclusiones
Se presentaron los resultados integrales de los estudios realizados en microáreas desconocidas desde el punto de vista arqueológico: las quebradas El Yanso y de La Flecha. El interés inicial fue identificar los procesos sociales que se desarrollaron a escala local desde momentos formativos y plantear el rol que cumplieron estos espacios geográficos dentro del esquema de ocupaciones para la región de Guandacol y la porción meridional del Noroeste argentino.
Desde el punto de vista micro, las quebradas analizadas presentan trayectorias culturales fuertemente arraigadas al Formativo Inicial y Superior, con una continua y menor intensidad de ocupación hasta momentos incaicos. La distribución del registro arqueológico en términos de su estructura temporo- espacial muestra una homogeneidad en el patrón de asentamiento y tipos de materiales arqueológicos. En una escala regional, se distinguen diferencias en cuanto a la elección de los espacios para el asentamiento y las tecnologías cerámicas representadas, principalmente, con la Tambería de Guandacol y los sitios próximos de las zonas bajas del valle asociados casi exclusivamente a los periodos Tardío e Inca. Igualmente, en la Quebrada La Salina, sector occidental del valle, se registra el fechado más antiguo atribuido al Formativo Superior. De este modo, las hipótesis sobre las ocupaciones formativas en las áreas de quebradas según los modelos espaciales planteados previamente para Guandacol son sostenidas en función de las evidencias arqueológicas disponibles y analizadas.
En una perspectiva macrorregional, la disposición espacial de los sitios arqueológicos, explotación de recursos, las representaciones rupestres y componentes morfoestilísticos cerámicos correspondientes al Formativo en el norte de la Provincia de San Juan y del oeste de la Provincia de La Rioja (Fase Punta del Barro y/o Ciénaga y Aguada) muestran similitud con nuestro sector de estudio. Además, las quebradas El Yanso y de La Flecha parecen constituir un espacio integrado a una red de lugares interconectados y pasos de tránsito que se vinculan entre sí de norte a sur y de oeste a este con otras microrregiones del contexto meridional del NOA. Representan un área de articulación fluida en la que las sociedades habrían compartido semejantes tipos de instalaciones, ambientes y recursos explotados, conocimientos tecnológicos y creencias socioculturales durante el Formativo. Más allá de estas particularidades, el valor de su estudio en una escala de aproximación mayor radica en que los indicadores arqueológicos muestran condiciones análogas de uso como vías de circulación y movilidad con otras quebradas distribuidas a lo largo de mundo andino. Igualmente, existen grandes hiatos de información que se irán completando a medida que se incorporen otros sectores geográficos y excavaciones, análisis arqueométricos de los registros cerámicos y se aumenten los fechados radiocarbónicos.

















