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Chungará (Arica)

On-line version ISSN 0717-7356

Chungará (Arica), ahead of print  Epub Apr 25, 2022

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562022005000701 

Articles

DE CHAURACABÍ A OSORNO: CIUDADES Y ASENTAMIENTOS INDÍGENAS EN LA FRONTERA MERIDIONAL DEL REINO DE CHILE

FROM CHAURACABÍ TO OSORNO: CITIES AND INDIGENOUS SETTLEMENTS ON THE SOUTHERN BORDERLAND OF THE KINGDOM OF CHILE

Simón Urbina1 

Leonor Adán1  2 

Margarita Alvarado3 

Luis Cornejo4 

Ximena Urbina5 

Ricardo Álvarez1 

Aldo Farías6 

1 Escuela de Arqueología, Universidad Austral de Chile, Puerto Montt, Chile. simon.urbina@uach.cl; ricardo.alvarez01@uach.cl

2 Dirección Museológica, Universidad Austral de Chile, Valdivia, Chile. ladan@uach.cl

3 Instituto de Estética, CIIR, Centro de Estudios Interculturales Indígenas, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile. malvarap@uc.cl

4 Departamento de Antropología, Universidad Alberto Hurtado, Santiago, Chile. lcornejo@uahurtado.cl

5 Instituto de Historia, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Valparaíso, Chile. maria.urbina@pucv.cl

6 Instituto de Turismo, Universidad Austral de Chile, Valdivia, Chile. aldo.farias@uach.cl

Resumen:

La arqueología histórica de la ciudad de Osorno y provincia homónima en el sur de Chile constituyen el centro de esta investigación. Mediante el análisis arquitectónico-urbanístico, de distribución de sitios y colecciones museológicas, se evalúan las hipótesis sobre el establecimiento hispano en 1558 y 1796 y la dinámica ocupacional del área desde el periodo Alfarero Temprano (s. IV-XI) hasta tiempos tardíos prehispánicos y coloniales (s. XII-XIX). La discusión sobre la historia ocupacional de larga duración y las relaciones interculturales a partir de fuentes documentales, patrones de asentamiento y tipologías cerámicas, permiten integrar los territorios estudiados en problemáticas arqueológicas e historiográficas más amplias. En este trabajo abordamos las discontinuidades del proceso colonial en la frontera sur del Reino de Chile y la hibridación artefactual que generó la implantación de asentamientos urbanos en territorios indígenas densamente habitados.

Palabras claves: Chile Centro-Sur; periodo Colonial; Osorno; secuencia cerámica; asentamientos

Abstract:

The historical archeology of the city of Osorno and its hinterland in Southern Chile constitute the core of this research. By analyzing urban architecture, site distribution, and ceramic collections, we evaluate the hypotheses surrounding Hispanic settlements between 1558 and 1796 and occupational processes that occurred from the Early Ceramic (4th-11th centuries) to Late Ceramic and Colonial periods (12th-19th centuries). The discussion about long-term history (including archaeological periods) and intercultural relations, based on documentary sources, settlement patterns, and ceramic typology, allows us to integrate the jurisdiction of Osorno into wider archaeological and historiographic debates. In this paper, we deal with discontinuities in colonial processes on the southern border of the Kingdom of Chile and artifactual hybridization that gave rise to urban settlements in densely inhabited indigenous territories.

Key words: South-Central Chile; Colonial period; Osorno; ceramic sequence; settlements

La trayectoria de los núcleos urbanos coloniales fronterizos fue diferente del de las capitales virreinales o sedes de Reales Audiencias (De Ramón 1996; Durston 1994; Guarda 1978; Hardoy y Gutman 2008). De acuerdo con Solano (1996), el proceso de expansión hispana en América, con múltiples fronteras y procedimientos de integración territorial generados por los enclaves coloniales, involucró entre 1573 y 1700 la intensificación del proceso de instalación hispana en territorios indígenas hostiles a la urbanización. Sin embargo, la Real Ordenanza de Población de 1573, la cual normaba la pacificación de fronteras “interiores”, no tuvo la validez ni aplicación en otros territorios del continente, debido a que en la Gobernación de Chile la mayor parte de los fuertes y ciudades fueron fundados antes de ese año. Sin duda, las inestables condiciones geopolíticas durante el periodo Colonial generaron, en muchos casos fronterizos, estructuras urbanas defensivas o influenciadas por el desarrollo de la poliorcética y la arquitectura militar (Guarda 1978) en escenarios de alta densidad demográfica indígena.

En este escenario, el estudio arqueológico de las villas y ciudades presenta varias ventajas para determinar el desarrollo material y envergadura que estas alcanzaron, como complemento a las fuentes administrativas coloniales que comúnmente omiten los “inicios aldeanos” de estos asentamientos (Barros Arana 2000 [1884]:I; 179, 263, 281-283; Chiavazza 2016). De esta manera es posible desarrollar un enfoque más amplio, que incorpore el conjunto de asentamientos indígenas e instalaciones coloniales en sus comarcas, distritos o territorios jurisdiccionales.

Avanzar en el estudio arqueológico histórico en Osorno obliga a reflexionar sobre los ciclos de ocupación-abandono de ciudades fronterizas, en este caso del territorio denominado “de arriba” en el Reino de Chile (Urbina 2009), cuyas historias discontinuas y fuertemente influidas por el contexto bélico y la búsqueda de minerales de oro (Zavala et al. 2020) comprometieron su estabilidad y perfil sociocultural. La valoración de la información documental y arqueológica genera, por ello, diversas lecturas sobre procesos que la historiografía parece haber fijado hace décadas, y que podemos actualizar con nuevas hipótesis sobre la conformación intercultural del territorio circundante.

El emplazamiento de Osorno (41° Lat. Sur) sobre extensas tierras óptimas para la agricultura y la ganadería ocurrió en el centro del mundo mapuche- huilliche meridional, conocido por su diversidad étnica compuesta por llanistas, juncos y chauracahuines (Alcamán 1997; Urbina 2009:66).

La investigación arqueológica en la ciudad ha sido escasa y esporádica1. Fundada en 1558 en el curso medio del Río Rahue, fue establecida en territorio indígena conocido como Chauracabí2 y forma parte de una larga lista de núcleos urbanos desatendidos por la investigación regional a pesar de su papel y trayectoria en los siglos coloniales y republicanos. Por cierto, su historia prehispánica es casi desconocida. Osorno ofrece una singular oportunidad para analizar la configuración y atributos de una ciudad a partir de patrones materiales y asociaciones entre contingentes y grupos diversos (Letelier y Goldschmidt 2019), así como el impacto en la población indígena de dos procesos de colonización temporalmente independientes en un contexto fronterizo americano.

La dinámica ocupacional del área de estudio es analizada a partir de las transformaciones en la trama urbana, los patrones de asentamiento prehispánicos y coloniales y las tendencias de la secuencia alfarera sobre la base del estudio de colecciones museológicas. Este artículo analiza líneas de evidencia independientes para testear las siguientes hipótesis: (a) si la expresión arqueológica y arquitectónica del desarrollo de la ciudad en sus dos fases urbanas de los siglos XVI (1558-1603) y XVIII-XIX (1796-1820) responde a uno o más programas urbanísticos; (b) si existió, en el área donde se fundó Osorno, una sociedad indígena consolidada, distinta o similar en términos materiales a aquella más septentrional del interfluvio Cruces-Callecalle (Valdivia); y (c) si la localización interior o continental de Osorno estimuló un desarrollo autárquico distinto al de las ciudades litorales, expresado en un acceso abierto o limitado a ciertos bienes de amplia circulación en el virreinato peruano.

Debido a que toda esta zona ha sido referida por extrapolación y analogía a otras de más al norte, será útil tomar la discusión y conclusiones que desarrollamos al final como el umbral de nuevos problemas y escalas de investigación arqueológica en ciudades.

Área de Estudio

La actual Provincia de Osorno (41° Lat. Sur) ocupa 9.224 km2 en la sección norte de la región de Los Lagos en el sur de Chile. Su fisonomía comprende cuatro secciones longitudinales: cordillera andina, valle central (depresión intermedia), cordillera de la Costa y planicies litorales estrechas, las que se hallan presentes en toda la región de bosques templados en Chile Centro-Sur, entre los paralelos 35° y 43º (Börgel 1983). La ciudad (Figura 1) fue emplazada en la terraza interfluvial del Río Rahue y su afluente: el Damas. El Rahue forma parte de la cuenca del Río Bueno, que con 17.210 km2 de extensión es la quinta más grande de Chile, destacando en su tercio oriental los cuerpos lacustres precordilleranos del Ranco -origen del Río Bueno-, Puyehue -fuente del Río Pilmaiquén- y el Lago Rupanco, emisario del Rahue- (Niemeyer y Cereceda 1984:90-191). Los términos jurisdiccionales de Osorno, mencionados expresamente en su refundación el 13 de enero de 1796, comprendían: “… por el sur el río Maipue, que lo separa de Chiloé; por el norte el Pilmaiquén [que lo separa de Valdivia], por el oeste la costa entre el río Bueno y el Maipue y por el este la cordillera” (Ávila Martel 1986:31).

Figura 1 Ubicación de Osorno respecto a otros núcleos urbanos fundados en la Gobernación de Chile entre 1550 y 1595. Modificado de Urbina y Adán 2018:146. Location of Osorno and other urban centers founded under the Government of Chile between 1550 and 1595. After Urbina y Adán 2018:146. 

Camus y Solari, basándose en varias fuentes escritas, y en especial en el testimonio de Mariño de Lobera3, sostienen que en los últimos siglos prehispánicos la población se concentraba en las riberas despejadas de ríos (Toltén, Valdivia, Mariquina) y lagos (Villarrica), “como también en los llanos de Osorno [mientras que] Hacia el sur de los llanos, aparentemente, la vegetación y los bosques se hacían más espesos” (Camus y Solari 2008:7-8). Para los siglos XIII y XVI la existencia de praderas y mosaicos (asociación de plantas) en las regiones de la Araucanía y Los Ríos, de acuerdo con los registros de polen de maíz (Zea mays L.) a partir de ~5 ka AP (Abarzúa 2009), sugiere un desarrollo agrícola extendido a tierras irrigadas por ríos, bordes de lagos y rutas de intercambio-comunicación, cuyo patrón debiera extenderse a la Región de Los Lagos (Lara et al. 2012:20).

La implementación de una economía agrícola consolidada en el centro-sur de Chile entre 1300-1500 DC (Dillehay et al. 2020:331) explicaría el volumen demográfico previo al ingreso europeo, la generación de asentamientos aglutinados y las evidencias de despeje del bosque como el uso frecuente de plantas domesticadas, cuyas evidencias más tempranas en la Araucanía se remontarían incluso antes del 900/1000 DC (Adán, Mera, Navarro et al. 2016:431; Campbell et al. 2018:88; Roa et al. 2018:208). Lara y equipo (2012:20-21) estiman hacia 1550 DC una población cercana al millón de personas entre el Maule y Chiloé, quienes en un área de 3,2 millones de hectáreas de mosaicos, praderas y matorrales, alcanzaron una densidad de 0,31 hab/ha4. Ello sería coherente con un patrón de asentamiento dominado por poblaciones sedentarias de economía agroganadera, donde la caza, pesca y recolección constituían actividades complementarias (Dillehay 1990).

Fuentes, Líneas de Investigación y Expectativas

En este trabajo presentamos tres tipos de análisis cuyos marcos conceptuales, procedimientos analíticos e interpretativos han sido implementados en nuestras investigaciones en la jurisdicción de Valdivia en la década previa. Primero, la zonificación arqueológica del Área Fundacional mediante una metodología de seriación planimétrica (Urbina, Adán et al. 2017a; Urbina 2019) considera el crecimiento urbano de Osorno entre 1553 y 1820 basado en fuentes escritas, cartográficas y materiales, permitiendo de este modo comparar la información urbanística local con otros casos americanos.

En segundo lugar, se caracteriza el patrón de asentamiento prehispánico y colonial de Osorno integrando datos de nuestra prospección superficial y del Servicio de Evaluación Ambiental (en adelante SEIA) entre 1999-2019, documentación que sirve de base tanto para el análisis distribucional de estos registros como para la comparación sistemática de Osorno con los nodos arqueológicos de Valdivia, Cruces, Quinchilca y Lago Ranco (Adán et al. 2021). En este ámbito, se utiliza para la clasificación funcional y cronológica de los asentamientos registrados la amplia información catastral disponible para regiones vecinas y la implementación de metodologías que combinan clasificación artefactual, atributos arquitectónicos y envergadura de los sitios, como los antecedentes documentales históricos y etnohistóricos sobre su uso e integración regional (Adán 2014:37-68; Adán et al. 2007:7-15, 2021:163-169).

Por último, el análisis tipológico de la colección cerámica del Museo y Archivo Histórico Municipal de Osorno (en adelante Museo de Osorno) permite identificar componentes y tradiciones en la secuencia alfarera del área de estudio y el centro-sur de Chile (Adán et al. 2005, Adán, Mera, Navarro et al. 2016; Adán, Urbina et al. 2016), sumando antecedentes novedosos al sur del Río Bueno.

Mediante un enfoque teórico-metodológico que privilegia: (a) el contexto regional donde se sitúa la información histórico-arqueológica, (b) el sistema de asentamiento como herramienta para distinguir los patrones y singularidades residenciales en los distintos periodos y (c) las capas y significados del paisaje y sus transformaciones (Adán et al. 2021:171-180), la integración de los resultados que discutimos al final nos permite arribar a una serie de factores determinantes en la configuración urbana de Osorno y aspectos de las relaciones interculturales entre los distintos contingentes (indígenas, criollos y europeos) que se expresan materialmente, como en otros casos (p.ej., para Mendoza: Prieto-Olavarría et al. 2020:466-473) en el surgimiento de cerámicas híbridas y asentamientos pluriculturales en su distrito jurisdiccional o hinterland. De ello surge, como trasfondo de esta investigación, una lectura situada respecto de la hibridación como concepto que permite abordar las dinámicas de frontera, interculturalidad y diversidad cultural en regiones con secuencias ocupacionales de varios milenios (Burke 2017; Deagan 2013), tensionando la perspectiva secuencial y el binarismo europeo- indígena (Lightfoot y Martínez 1995) que predomina en el estudio de los enclaves urbanos coloniales en América.

Arquitectura y Atributos Urbanísticos

El trabajo con archivos documentales y consulta de compilaciones cartográficas (Guarda 1990; Guarda y Moreno 2008, 2010) ha permitido catalogar 11 planos de la ciudad y su comarca, a partir de los cuales hemos transcrito tres (1796, 1911 y 1936) sobre la planta actual de Osorno para representar el crecimiento del polígono o mancha urbana desde el Área Fundacional del siglo XVI hasta el siglo XX.

En consideración a la documentación cartográfica y escrita, durante la primera fase urbana (1558-1603), la extensión de Osorno no habría superado las 50 ha de terreno con siete manzanas en el eje N-S y seis en el eje E-O acomodadas entre el Río Rahue y ribera sur del Río Damas (Figura 2). Utilizando la escala gráfica en varas castellanas5, las dimensiones de las manzanas cuadrangulares de Osorno promedian 170 varas o 510 pies de longitud de cada lado (~142 m), evidenciando manzanas más grandes que el “modelo de Lima” (150 varas promedio) utilizado regularmente en las fundaciones del siglo XVI e incluso sobre el caso de Tucumán (166 varas o 500 pies) (Nicolini 1992-1993:24). Las manzanas testigo en torno a la actual Plaza de Armas confirman longitudes entre 140-142 m, que mantienen las dimensiones de 1558.

Figura 2 Plano de la antigua ciudad de Osorno, 1796. Autor: Ignacio Andía y Varela. Biblioteca Nacional de Chile, Sala Medina, N° 1075250. Plan of the ancient city of Osorno, 1796. Author: Ignacio Andía y Varela. Source: Biblioteca Nacional de Chile, Sala Medina, N° 1075250. 

En términos constructivos, durante el siglo XVI se utilizaron mayormente tapias de barro y techos de teja. La ciudad poseía “Conventos de dominicos, franciscanos y mercedarios y un monasterio de monjas […] un hospital bien dotado y un vecindario abundoso de riquezas” (Ávila Martel 1986:26). Al comparar el plano de las ruinas (Figura 2) y la sobreposición sobre la planta actual (Figura 3), resulta evidente que a pesar de la mantención de las dimensiones de las manzanas, existe una clara discrepancia formal entre las manzanas romboidales actuales, con dos pares de lados opuestos paralelos y ángulos oblicuos-inclinados en el vértice noroeste hacia el poniente-, con aquellas cuadrangulares que esquematiza el plano de Andía y Varela (Figura 2).

Figura 3 Zonificación Área Fundacional de la ciudad de Osorno basada en cartografía histórica (Urbina 2019:25). Zoning of the Foundational Area of the city of Osorno based on historical cartography (Urbina 2019:25). 

Para comprender mejor los atributos urbanísticos y arquitectónicos de esta primera fase, contamos con los testimonios sobre las ruinas de Osorno de fines del siglo XVIII que complementan la información cartográfica (Figura 2), a saber: Tomás de Figueroa (1792) y José Torres (1794), que hicieron sus observaciones previamente a la refundación; y Tomás O’Higgins (1796), quien visitó el lugar meses después de la refundación.

Figueroa (1792) señala que las ruinas ocupaban una circunferencia de dos leguas a la redonda, lo que parece exagerado, y estima que su población había sido considerable “según lo manifiestan lo unidos que cerraban las casas” (AN, FV, Vol. 223, fj. 7-8). Dos años más tarde, Torres (1794:373-393) menciona que la iglesia, por su orientación, parece haber sido convento, cuenta con paredes de adobe que alcanzan hasta siete varas de alto (~ 5,9 m), el suelo cubierto de ladrillos y el techo de tejas. Otros edificios principales tienen de frente 170 a 200 varas (~ 142-167 m), son de piedra cancagua y sus interiores de adobe. Las calles tiradas a cordel alcanzaban las 12 varas de ancho (~ 10 m), con un empedrado que subsiste en 1794 y algunos pozos de agua abiertos en los solares de las casas.

El gobernador Ambrosio O’Higgins comunica al rey en 1796 que la ciudad es un “montón de ruinas de edificios que manifiestan de por si bastante elevación y grandeza, y dejan sin embargo percibir la plaza, calles, casas y conventos que la constituyen” (Escobar 1992:102). El mismo año, y con posterioridad al despeje de la espesa vegetación, Andía y Varela elaboró el plano a escala de las ruinas, con detalle de manzanas, solares, casas, edificios públicos, iglesias y conventos6, que confirman las observaciones de Figueroa y Torres. Para su despeje se destinaron 40 presidiarios de Valdivia (O’Higgins 1942 [1796]:58), que también construyeron las habitaciones provisorias de los primeros pobladores junto al Fuerte Reina Luisa y la confluencia del Damas con el Rahue.

Tomás O’Higgins consigna en diciembre de 1796 que las ruinas permiten observar su extensión y trama: “se conocen las plazas, las calles, las iglesias y todas las casas con sus divisiones; siete cuadras de largo y cinco de ancho tenía esta ciudad” (O’Higgins 1942 [1796]:58), y agrega que existen varias calles flanqueadas por muros de piedra cancagua de más de 3 varas de altura (~ 2,5 m). La iglesia principal situada en la plaza permite reconocer el crucero y en su interior una lápida con su inscripción en que se ve fue dedicada al apóstol San Mateo7; también se halló la pila bautismal de piedra, las bases de las columnas del templo además de numerosos cuerpos que en ella fueron sepultados. En la cuadra al norte de la iglesia describe, para los cuatro frentes, fosos que configuran la fortificación donde se refugiaron “los antiguos españoles cuando fueron invadidos por los indios”. Por todo el radio de la ciudad, menciona el hallazgo de pedazos de ladrillo y teja en abundancia, fabricados con tierra colorada y otros de color amarillo de buena calidad (O’Higgins 1942 [1796]:58).

La nueva ciudad se estableció en la misma planta y sobre los cimientos de la previa (Ávila Martel 1986:31), tal como documenta el plano de Miguel de Atero de 1804 (Figura 4). En esta pieza se aprecia la extensión del asentamiento hacia la confluencia del Damas y el Rahue donde acamparon los presidiarios de Valdivia al momento del despeje de las ruinas. Nuevas manzanas cuadrangulares (romboidales debemos suponer) y otras rectangulares flanquean el camino que conduce a Valdivia. A comienzos del siglo XIX el número de casas sobrepasa las 2508, correspondiendo a pequeños módulos, ya no de tapia de barro, sino de madera y ladrillo, inscritas en los solares con fachadas a la calle y separadas unas de otras. Se les dibuja aisladas o dispersas en predios aún sin deslindar. Las cartas del superintendente Mackenna revelan que hasta 1798 las casas eran más bien chozas de madera aún verde (Bascuñán 1982:235, 240-241), con seguridad con techos de paja, aunque luego se levantaron algunas de adobe (Sánchez-Aguilera 1948:100-101). Si bien las primeras tejas fabricadas resultaron de mala calidad, en agosto de 1798 Mackenna instaló un obraje a un cuarto de legua (~1 km), entre las ruinas de varios hornos, donde “los antiguos fabricaron todo el ladrillo y teja que emplearon en la construcción de la ciudad” (Bascuñán 1982:253). No se conoce si el resultado fue exitoso y su producción masiva.

Figura 4 Plano iconográfico de la nueva ciudad de Osorno, 1804. Autor: Miguel de Atero. Archivo General de Indias, Mapas y Planos, Perú y Chile, N° 155. Iconographic plan of the new city of Osorno, 1804. Author: Miguel de Atero. General Archive of the Indies, Maps and Plans, Peru and Chile, N° 155. 

Esta nueva configuración revela que la reformulación del damero osornino quedó supeditada al objetivo de la nueva colonia y los recursos disponibles a fines del siglo XVIII; en tanto programa urbanístico, en el periodo borbónico, su aplicación se mantuvo, variando en la práctica: la condición de sus vecinos, las materialidades constructivas y la monumentalidad de los edificios públicos y religiosos. En efecto, el contingente repoblador, principalmente de Chiloé y Valdivia, formaría ex novo una colonia de campesinos y artesanos donde quedaba estrictamente prohibido enajenar tierras indígenas y practicar la minería, condición que emanaba de la ausencia de cabildo ordenada por Ambrosio O’Higgins y la concentración del poder hasta 1808 en la persona del superintendente (Ávila Martel 1986:28, 32-33). Su orientación global fue eminentemente productiva -ser el almacén de Valdivia y Chiloé-, careciendo de instituciones civiles y eclesiásticas. A pesar del aprovechamiento del emplazamiento original y el trazado holgado de la plaza, se fomentó desde 1796 un desarrollo material y arquitectónico del todo diferente al de la primera fase urbana.

Arqueología de Osorno y Territorios Circundantes

Recursos arqueológicos

En 1980 Stehberg compiló antecedentes arqueológicos generados desde fines del siglo XIX en adelante para la ciudad y provincia correspondiente (Tabla 1); otros emanaron del estudio de colecciones museológicas años más tarde (Niemeyer y Menzel 1987). La publicación de Stehberg describió la diversidad y dispersión de ocho sitios arqueológicos en el área: cementerios Pitrén y Valdivia, instrumental lítico (puntas, hachas, pipas antropomorfas), petroglifos (Lago Rupanco), así como elementos metálicos de tradición europea (machetes, alfileres y platos).

Tabla 1 Sitios arqueológicos de la Provincia de Osorno en Stehberg (1980). Archaeological sites in the province of Osorno in Stehberg (1980). 

ID Sitio Coordenada Ubicación Hallazgo Descripción Fuente
1 Chanco 40°25’-73°30’ aprox. A unos 40 km al NW de Osorno, cerca de San Juan de la Costa. Punta de proyectil Se halló una punta de proyectil alargada. Medina 1882:137, 417. Stebherg 1980:39.
2 Osorno 40°35’-73°09’ Cerca de la ciudad de Osorno. Sepulturas y cerámica Dentro de una sepultura indígena se extrajo un alfiler de plata de 10 cm de largo, además se encontró un platillo de plata. Jarros desenterrados en la zona con decoración lineal semejantes a los encontrados en el NW de Valdivia. Por último se han identificado cinco hachas pulimentadas con perforación casi cilíndrica y dos bicónicas. Medina 1882:366, 420; Latcham 1924:263 y 1928:210, 218; Guevara 1927:258; Oyarzún-Latcham 1928:lam. 12; Schobinger 1957:101; Stehberg 1980:111-112.
3 Puyehue 40°40’-72°25’ Cercano al Lago Puyehue al SE de Osorno. Cerámica Valdiviana y lítico Se registra un hacha perforada corta de plano convexo y jarro cerámico lineal semejante a la cerámica del NW de Valdivia. Guevara 1927: 258; Schobinger 1957:101; Menghin 1969:212. Stehberg 1980:135.
4 Riachuelo 40°50’- 73°16’ A unos 15 km hacia el W de Río Negro en Riachuelo. Hacha pulimentada Se identificó un hacha pulimentada Schobinger 1957:101; Stehberg 1980:149.
5 Lago Rupanco 40°50’-72°25’ En las riberas del Lago Rupanco al SE de Osorno. Cerámica indígena Se han identificado jarros con decoración lineal similares a la alfarería valdiviana. Se menciona la existencia de un petroglifo. Hacia el S del lago, se identifica un jarro con un asa y un vaso pato con pintura negro sobre rojo [Pitrén?]. Estas vasijas poseen una gran cinta angular sobre todo el cuerpo. Guevara 1927:258; Menghin 1959-60:78; Niemeyer-Montané 1966:438; Stehberg 1980:153-154.
6 San Juan no registrado San Juan Vasos cerámicos Vasos de greda con orejas parecidas a la de la zona atacameña. Latcham 1928:210, 218; Stehberg 1980:156.
7 San Juan de la Costa 40°31’- 73°28’ A 23 km al W de Osorno en San Juan de la Costa. Sepulturas araucanas Se identificó alfarería en sepulturas araucanas coloniales correspondiente a jarros decorados con dibujos geométricos en las asas y alfarería grabada con incisiones. Latcham 1924:263, 290 y 1928:36, 42, 196, 215; Stehberg 1980:157.
8 Tramahue o Tramalhue 40°25’-73°03’ En el margen S del curso inferior del Río Pilmaiquén, cerca de la desembocadura del Río San Pablo en Tramahue. Cachimba antropomorfa Se identificó una cachimba antropomorfa. Bullock 1944:149; Stehberg 1980:175.

Junto con los antecedentes mencionados, los informes almacenados en el SEIA y la prospección de la ciudad9 nos han permitido generar una Base de Datos Unificada (BDU) que reporta 100 recursos arqueológicos10 provinciales: 72 sitios arqueológicos y 28 hallazgos aislados (Figuras 5 y 6). Los resultados de la prospección de 2019 (35 sitios, 21 hallazgos) constituyen cerca del 56% del total y, considerando solo el registro de sitios, la prospección aporta con el 48,6% de los sitios arqueológicos ingresados en la BDU provincial.

Figura 5 Distribución de recursos arqueológicos en la Provincia de Osorno utilizando datos de prospección (2019) y SEIA (1999-2019). Distribution of archaeological resources in the province of Osorno using data from survey data (2019) and the Environmental Assessment Service (SEIA 1999-2019). 

Figura 6 Distribución de recursos arqueológicos en el área urbana de Osorno utilizando datos de prospección (2019) y SEIA (1999-2019). Distribution of archaeological resources in the urban area of Osorno using data from survey data (2019) and the Environmental Assessment Service (1999-2019). 

En este conjunto (N=100), de los recursos arqueológicos monocomponentes, 45 corresponden a la etapa prehispánica (pre 1553) y 25 al periodo Colonial (ca. 1553-1820). Entre los recursos arqueológicos multicomponentes (N=30), 24 presentan cerámica de Tradición Indígena y en los seis restantes este indicador diagnóstico no está presente, predominando ejemplares cerámicos de Tradición Europea asignables al periodo Colonial o Republicano.

La asignación cronológica y funcional de los sitios da cuenta de la diversidad de los asentamientos registrados (Tabla 2). Los sitios domésticos conforman el grupo mayoritario, donde están representados los periodos Alfareros Tempranos y Tardíos. La clasificación como sitios domésticos próximos a sitios funerarios ocurre en dos casos asignados al periodo Alfarero Tardío y Colonial, ambos ubicados en el área urbana de Osorno (Av. Bertín 01 [Pilauco] y San Mateo 01); en un tercero, del periodo Alfarero Temprano, en un sector rural de la comuna de la Unión (Los Baños 01). Otro cementerio (Cancha de Aterrizaje 01), sin componente doméstico, ha sido registrado en las proximidades del anterior (Prado y Vásquez 2002). El único registro de fortificaciones corresponde al fuerte Reina Luisa, construido en 1794, dos años antes de la refundación de Osorno. Temprano, en un sector rural de la comuna de la Unión (Los Baños 01). Otro cementerio (Cancha de Aterrizaje 01), sin componente doméstico, ha sido registrado en las proximidades del anterior (Prado y Vásquez 2002). El único registro de fortificaciones corresponde al fuerte Reina Luisa, construido en 1794, dos años antes de la refundación de Osorno.

Tabla 2 Frecuencia periodo específico y funcionalidad de los recursos arqueológicos de la Provincia de Osorno. Specific period frequency and functionality of archaeological resources from the Osorno province. 

Funcionalidad
Periodo específico Doméstico habitacional Doméstico habitacional / funerario Funerario Fortificación Total %
Alfarero 20 20 20,0
Alfarero Temprano 12 1 1 14 14,0
Alfarero Tardío 10 1 11 11,0
Alfarero Tardío/ Colonial 21 21 21,0
Colonial 23 1 1 25 25,0
Alfarero/ Colonial/ Republicano 1 1 1,0
Alfarero Tardío/ Colonial/ Republicano 2 2 2,0
Colonial/ Republicano 6 6 6,0
Total 95 3 1 1 100 100,0
% 95,0 3,0 1,0 1,0 100,0

Con todo, la ausencia de registros del periodo Arcaico, la alta representación (91%) que en conjunto alcanzan los recursos del periodo Alfarero (Temprano y Tardío) y Colonial, contrasta con los recursos del periodo Republicano o con elementos asignables. En el caso del periodo Alfarero Temprano (350-1000 DC) los registros del SEIA se distribuyen en el contorno urbano actual de Osorno, en la desembocadura del Río Bueno en la costa, el Valle del Pilmaiquén y Rahue, como en las cuencas lacustres precordilleranas de Puyehue y Rupanco, sugiriendo una amplia dispersión regional de comunidades alfareras adscribibles al Complejo Pitrén.

El área urbana en perspectiva

La prospección de Osorno ha permitido relevar información inédita sobre el asentamiento, y mejora la resolución acerca de la historia de la ciudad y sus poblaciones. Fueron prospectados 0,32 km2 desglosados en 78,8 km lineales recorridos en forma pedestre desde la Plaza de Armas hacia los anillos exteriores de la ciudad, documentándose 56 recursos arqueológicos (Tabla 3). La densidad alcanza un valor de 175 recursos arqueológicos por km2 prospectado, comparativamente superior al mismo índice en el caso del “nodo” del castillo de Cruces (151 s-h/km2) y por debajo del mismo valor (231 s-h/km2) considerando el nodo de Lago Ranco (Adán et al. 2021).

Tabla 3 Comparación cobertura prospección radial, frecuencia y densidad de recursos arqueológicos por nodo. Elaborado a partir de Adán et al. 2021. Comparison of radial survey coverage, frequency, and density of archaeological resources per node surveyed. After Adán et al. 2021. 

Nodo de prospección Distancia recorrida (km) Superficie recorrida (km2) N° S-H (Sitios + Hallazgos) S-H/ km recorrido Densidad (S-H/ km2)
Quinchilca 142,0 0,57 53 0,37 93,0
Cruces 162,0 0,65 98 0,60 150,8
Osorno 78,8 0,32 56 0,71 175,0
Lago Ranco 127,1 0,51 118 0,93 231,4
Valdivia 108,6 0,43 134 1,23 311,6

Respecto al tamaño o superficie de los recursos arqueológicos (sitios y hallazgos) registrados en la prospección de la ciudad de Osorno (Tabla 4), 96,4% registran menos de una hectárea y solo dos sitios (3,6%) se ubican en el rango entre 1,1-5 ha; los hallazgos aislados corresponden a sitios domésticos- habitacionales de superficies menores a 0,04 ha. Sitios con superficies superiores a 2 ha - Plaza de Armas de Osorno y Caipulli 01- se ubica el primero en el “km cero” de la prospección y el segundo a 7 km al sur del centro; mientras que, si se considera la información de la BDU, 3 km al sur del centro; características similares presenta el sitio Zanjones en el sector de Ovejería. Como es de esperar en estos casos, áreas rurales menos intervenidas aumentan la posibilidad de registro de asentamientos de mayores dimensiones. Sobre la cantidad de materiales en superficie (cerámicos [vajilla o constructivo], líticos, óseo, metal, vidrio, carbón o malacológico): 16 sitios presentan hasta 10 desechos culturales; 13 sitios entre 11 y 50 desechos; cuatro sitios entre 50-100 desechos; y un sitio (Caipulli 01) más de 2.200 desechos (1.715 fragmentos cerámicos, 543 desechos líticos, tres fragmentos óseos). Considerando el total de elementos recolectados en la prospección (N=2978), el 80% corresponde a fragmentos cerámicos: materiales constructivos como teja y ladrillo (14,6%) y cerámica de Tradición Indígena y Europea (65,2%). Los restos líticos recolectados superan el 18%, mientras que fragmentos de carbón, óseos, vidrio, metales y malacológicos no superan el 1%.

Tabla 4 Frecuencia rangos de tamaño de sitios arqueológicos por nodo prospectado. Size ranges of archaeological sites per node surveyed. 

Nodo de prospección < 0,1 ha 0,11 - 1 ha 1,01 - 5 ha 5,01 - 20 ha > 20,01 ha Sin registro Total
Quinchilca 22 21 4 - 5 1 53
Cruces 60 21 7 1 - 9 98
Osorno 40 14 2 - - - 56
Lago Ranco 51 46 9 4 1 7 118
Valdivia 75 46 6 2 1 4 134
Total 248 148 28 7 7 21 459

El sitio Caipulli 01, ubicado 7 km al SW del centro de Osorno en una plantación de peonías, ocupa un área de 80 x 250 m. Entre los 1.715 fragmentos cerámicos recolectados en superficie, mayormente monocroma y sin torno (Tradición Indígena), destacan dos fragmentos de mayólica blanca que pudieran corresponder a un artefacto para hilar (tortera). De este modo, el sitio supone una ocupación durante el periodo Alfarero Tardío y Colonial, posiblemente previo y contemporáneo con la primera fase urbana de Osorno en el siglo XVI.

En términos estratigráficos, los datos disponibles provienen de estudios de impacto ambiental en predios de expansión inmobiliaria proyectada. El sitio Zanjones (sector Ovejería) corresponde a un sitio doméstico-habitacional de dos hectáreas. Presenta dos concentraciones de materiales en superficie y excavación documentadas por 150 unidades (0,5 m2) donde se recuperaron desechos e instrumentos líticos -entre estos un hacha lítica- y en mayor cantidad fragmentos cerámicos monócromos, pintados rojos e incisos con frecuencias que oscilan entre 1-46 fragmentos por pozo, con un nivel culturalmente estéril, para toda la ocupación, a los 70 cm promedio (Larach 2020:18-25). El segundo sitio es Lomas de Pilauco (HP-01), ubicado en el acceso norte a la ciudad. En 55 unidades de un m2 se registraron depósitos con baja presencia de desechos líticos y fragmentos cerámicos monocromos concentrados en los primeros 30 cm de excavación, con frecuencias inferiores a los 11 fragmentos por pozo y un nivel estéril que promedió 30 cm de profundidad (Contreras 2020:9-10). En ambos casos, y a pesar de la cercanía del centro de la ciudad, llama la atención la completa ausencia de material de Tradición Europea y el hecho de que las ocupaciones se expresan sin hiatos o interfases estériles que permitan segregar dos o más ocupaciones distintas.

Análisis distribucional de los registros superficiales

El análisis efectuado incluyó únicamente sitios registrados en la prospección y SEIA que se encuentran dentro del radio máximo de las prospecciones (Figura 7a-b), para lo cual se han separado los recursos arqueológicos según el criterio cronológico de ocupaciones prehispánicas (n = 69) y posthispánicas (n = 55), incluyendo en ambos conjuntos los sitios bicomponentes.

Figura 7 Distribución y densidad por km2 de sitios prehispánicos (a-c) y posthispánicos (b-d) hasta el anillo 7 km, utilizando datos de prospección (2019) y SEIA (1999-2019). Líneas amarillas: tracks de prospección. Distribution and density per km 2 of pre-Hispanic (a-c) and post-Hispanic (b-d) sites up to the 7 km ring, using data from survey data (2019) and the Environmental Assessment Service (1999-2019). The yellow lines represent survey tracks. 

Para evaluar la densidad de la ocupación de ambos periodos, se trazó una grilla de cuadrantes de 1 x 1 km, generada aleatoriamente11 sobre el área de dispersión de las ocupaciones, lo que permitió contabilizar sus densidades (Tablas 5 y 6) y mapearlas para observar sus propiedades (Figura 7c-d). Estos datos nos permiten concluir preliminarmente que la ocupación de Osorno en tiempos posthispánicos alcanza mayor densidad que en tiempos prehispánicos, llegando a un máximo de 15 sitios por km2 contra seis sitios por km2 de tiempos prehispánicos. Esto es concordante con lo que observamos previamente en torno al nodo urbano de Valdivia, donde la densidad máxima es 13 sitios por km2 en tiempos post-Hispánicos y de siete sitios por km2 en tiempos prehispánicos (Tablas 5 y 6), no existiendo diferencia estadística entre ambos nodos analizados (Prehispánico K-S = 0,081 p>0,05 (K-Sα = 0,376; posthispánico KS = 0,105 p> 0,05 (K-Sα = 0,390).

Tabla 5 Frecuencia de las densidades de sitios por km2 para las ocupaciones prehispánicas de las ciudades de Osorno y Valdivia. Frequency of site densities per km 2 for pre-Hispanic occupations in Osorno and Valdivia. 

Osorno Valdivia
Sitios/km2 n % Sitios/km2 n %
1 13 68,4 1 29 69,0
2 4 21,1 2 9 21,4
3 3 2 4,8
4 4 1 2,4
5 1 5,3 5
6 1 5,3 6
7 7 1 2,4
19 100,0 42 100,0

Tabla 6 Frecuencia de las densidades de sitios por km2 para las ocupaciones posthispánicas de las ciudades de Osorno y Valdivia. Frequency of site densities per km 2 for post-Hispanic occupations in Osorno and Valdivia. 

Osorno Valdivia
Sitios/km2 n % Sitios/km2 n %
1 10 62,5 1 33 66,0
2 2 12,5 2 8 16,0
3 2 12,5 3 4 8,0
4 4 2 4,0
5 5 1 2,0
6 6 0 0,0
7 7 1 2,0
8 1 6,3 8
9 9
10 10
11 11
12 12
13 13 1 2,0
14 14
15 1 6,3 15
16 100,0 50 100,0

Al comparar los planos de densidad de Osorno de las épocas pre y posthispánica vemos que la distribución de las ocupaciones por cuadrante es similar: la mayor densidad ocurre en torno al centro de la ciudad de Osorno (Figura 7). En este contexto, se pueden consignar dos situaciones que matizan esta afirmación en espacios separados del centro de la ciudad y activos en ambas épocas. El primero, aproximadamente a 2.000 m al NE, que se mantiene ocupado en ambas épocas con similar densidad y sin cambios en los cuadrantes que lo rodean; y el segundo, a 1.600 m al sur de la actual Plaza de Armas donde se advierte en tiempos prehispánicos una celda de un km2 de mayor densidad, mientras que en tiempos posthispánicos aparece una segunda celda de un km2 a la misma distancia del centro e igual densidad, pero desplazada al SE.

Esta distribución de los tiempos prehispánicos, que resulta similar a la que se da a partir de la fundación y desarrollo de la ciudad, es un interesante problema que requiere mayor análisis. Sin embargo, se puede considerar geográficamente que estos espacios de mayor densidad están determinados por el interfluvio que forma el Rahue y dos afluentes que desaguan en él desde el SE, el Río Damas y el Estero Ovejería, más al sur. Lo anterior apunta a cierta permanencia y aumento de las ocupaciones en tiempos coloniales, punto sobre el cual volveremos en la discusión.

Pese a esto, hay algunas diferencias observables entre las ocupaciones de ambos periodos. Por un lado, la distancia media en tiempos prehispánicos es mayor casi en 700 m ( = 3030,2 metros σ = 1863,9) que la de los asentamientos posthispánicos ( = 2309,5 metros σ = 1768,4), lo que indica que los sitios posthispánicos están más concentrados, la mayor parte cerca de la Plaza de Armas de la ciudad. Esto se ve ratificado con el índice de vecino más próximo para ambos conjuntos los cuales son claramente distintos (Prehispánico = 0,96; posthispánico = 0,77), mostrándose lo prehispánico, de hecho, prácticamente en la frontera, para afirmar que estas ocupaciones no están agrupadas (punto de corte 1,0)12. Esta conducta es similar a la observada en el caso del nodo Valdivia, cuyo valor del índice de vecino más próximo de las ocupaciones prehispánicas es mayor que el de las post-Hispánicas (Adán et al. 2021; Cornejo 2017, 2020).

Respecto del abandono y reocupación de Osorno, considerando la grilla de 1 x 1 km en que dividimos el terreno, es posible concluir que la cantidad de espacios ocupados en tiempos prehispánicos y que no siguieron siendo utilizados (o que fueron abandonados) en tiempos posthispanos, son relativamente pocos (22,2%). Ello señala, realizando la lectura inversa, una importante tasa de permanencia y reocupación en el área. Este factor diferencia a Osorno de Valdivia, donde los espacios abandonados en tiempos posthispánicos suben a un 31,7%. Por cierto, estos dos núcleos urbanos tienen una proporción de espacios reocupados mucho mayor que los otros nodos en áreas más rurales estudiadas previamente, alcanzando el nodo Río Cruces un abandono de un 51,4%, el nodo de Lago Ranco un 67,3% y el nodo Quinchilca un 85,7% (Adán et al. 2020 y 2021)13.

Tipología y Periodificación Cerámica

La catalogación de la colección cerámica del Museo de Osorno contempló el registro de 189 piezas completas cuyas procedencias señalan, aunque con vacíos en la documentación, las actuales provincias de Osorno y del Ranco, esta última en la Región de Los Ríos. La Tabla 7 demuestra el predominio de ejemplares de los periodos Alfarero Tardío y Colonial. La presencia de piezas adscribibles al periodo Alfarero Temprano o Complejo Pitrén (Figura 8), por sobre el 14%, es significativa y viene a confirmar la presencia de este Complejo al sur del Río Bueno, como ya se había observado en algunos sitios domésticos (Adán, Mera, Navarro et al. 2016). Igualmente importante es el registro de piezas adscribibles a los periodos Colonial y Republicano, con cerca de un 9%, completando la secuencia alfarera regional.

Tabla 7 Cerámicas del Museo de Osorno por período y tipo. Ceramic types from the Osorno Museum collection by period. 

Figura 8 Cerámica del Complejo Pitrén identificada en la colección del Museo de Osorno. Ceramic forms from the Pitrén Complex identified in the Osorno Museum collection. 

En relación con el periodo Alfarero Temprano, la muestra se compone de gran parte del conjunto formal que define la tipología Pitrén (Adán y Mera 1997, 2011), tales como jarros, jarros asimétricos, ollas, botellas con asas de suspensión y cuencos. La documentación de las piezas informa de al menos tres sitios arqueológicos de este periodo: Pilauco Alto-1, en la misma ciudad de Osorno; Entrelagos, en la localidad homónima14; y Purranque 2, al sur, en similar latitud a la de Puerto Octay en el Lago Llanquihue (Figura 9)15.

Figura 9 Ubicación relativa de cementerios identificados en la colección cerámica del Museo de Osorno. Relative location of cemeteries identified in the Osorno Museum collection. 

En el universo de jarros se observa gran variedad, con alturas entre 72 y 195 mm y diámetros correspondientes entre 64 y 170 mm. Lo mismo ocurre en el caso de las ollas, que presentan una importante variación en las alturas, entre 63 y 176 mm. En términos de los tratamientos de superficie, las piezas son mayoritariamente monocromas (sin pintura o engobe) y tan solo en cuatro de ellas se evidencian engobes rojizos en las superficies exteriores. En cuanto a las categorías formales y su valor cronológico, distinguimos la asociación y predominio de jarros, ollas y cuencos, presentes a nivel regional desde el periodo Alfarero Temprano (ca. 350-1000 DC) (Adán y Mera 1997:35-36; Adán, Mera, Navarro et al. 2016:416).

La presencia de jarros asimétricos con los modelados “carita antropomorfa” y “figurativo anfibiomorfo naturalista en jarros asimétricos” (Figura 8j-m) sería característica de la subclase de las agrupaciones tempranas (ca. 300-800 DC), en las que además dominan los tipos monocromos, mientras están menos representadas las modalidades en técnica negativa16. No obstante, tal suposición cronológica debe manejarse con cautela, pues los datos aún son escasos y la variabilidad podría explicarse por razones no necesariamente cronológicas. Asimismo, debe destacarse hasta ahora la inexistencia de piezas decoradas con técnica negativa rojo-negro, que por su misma singularidad pudieran no llegar a las colecciones museales y mantenerse en colecciones particulares aún no identificadas.

El conjunto monocromo (Tabla 8) es el más abundante y preferentemente, de acuerdo con los rasgos formales, incluye piezas del periodo Alfarero Tardío (1000-1550 DC) hasta siglos recientes (s. XIX-XX), sin descartarse que, en el caso de algunas ollas, estas pudieran corresponder al periodo Alfarero Temprano. Respecto de los estilos alfareros pintados, se reconocieron piezas Valdivia y Tringlo, además de pintadas rojas, las cuales en total agrupan cerca de un 40% de la muestra analizada. Formalmente las piezas Valdivia (Figura 10) son todas jarros, más una pieza asimétrica correspondiente a la del conjunto Pucopiense mencionado por Menghin (1962:42) (Figura 10c). Entre las modalidades decorativas destaca la presencia del Tipo 2 de “Bandas superpuestas de triángulos y zig-zag múltiple” (Adán et al. 2005:404), cuya concentración meridional se confirma ahora con los antecedentes recopilados en Osorno (Figura 10f-h).

Tabla 8 Cerámicas del Museo de Osorno por tipo y forma general. Ceramic forms from the Osorno Museum collection by type. 

Tipología/Forma Jarro Plato Olla Contenedor Taza Vaso Cuenco Florero Indeterminado Total %
Pitrén 18 1 5 3 27 14,3
Valdivia 14 14 7,4
Tringlo 1 10 11 5,8
Pintado Rojo 23 23 1 3 50 26,5
Monocromo 34 3 21 1 1 1 61 32,3
Monocromo incisa 1 1 2 1,1
Meshen 6 6 3,2
Contenedor Europeo 1 1 0,5
Con incrustaciones (mayólica) 1 1 0,5
Con incrustaciones (loza) 2 2 1,1
Etnográfico 9 2 1 1 1 14 7,4
Total 102 39 29 7 4 2 4 1 1 189 100,0
% 54,0 20,6 15,3 3,7 2,1 1,1 2,1 0,5 0,5 100,0

Otra de las modalidades identificadas se corresponde con el Tipo 1 de “Dos bandas de triángulos opuestos” (Figura 10d-e). Se registraron igualmente algunos jarros con barras en el cuerpo, que confieren configuraciones tripartitas, separando las superposiciones de triángulos en bandas (Figura 10b). Entre las procedencias se documentan los sitios Ilihue- 2 en el Lago Ranco, Lago Ranco-2 y Pucopío-1, este último al sur del Río Bueno (Figura 9).

Figura 10 Cerámica Estilo Valdivia identificada en la colección del Museo de Osorno. Valdivia Style ceramic identified in the Osorno Museum collection. 

En el caso de Tringlo, se reconocieron 11 piezas (5,8% de la muestra), correspondientes a platos (Figura 11a-j) y solo en un caso a un jarro (Figura 11j), el cual conserva una decoración singular que recrea los motivos lineales a los que se añaden puntos gruesos, similar a variedades ya descritas (Adán, Mera, Munita et al. 2016:318). Entre los platos se identifican las modalidades Tringlo Borde Rojo, Tringlo Estrellado Simple, Tringlo Estrellado con Triángulos rellenos17. Estas piezas con decoración Tringlo provienen de Lomas de Pilauco-1, en plena ciudad; Rofuco-1 en La Unión; e Ilihue-3, en el borde sur del Lago Ranco. Fuera de la colección del museo, cabe mencionar la pieza antropomorfa decorada blanco sobre rojo publicada por Niemeyer y Menzel (1987:8) hallada en 1935 “junto a otros ceramios quebrados” en el patio de una casa (a 2 m de profundidad) en pleno centro de Osorno (Figura 11k), el único registro funerario inmediatamente “bajo” el Área Fundacional.

Figura 11 Cerámica Estilo Tringlo identificada en la colección del Museo de Osorno, excepto (k) en Niemeyer y Menzel (1987:8). Valdivia Style ceramic identified in the Osorno Museum collection, except (k) in Niemeyer and Menzel (1987:8). 

Por último, algunas variedades mayormente adscritas a los periodos tardíos e históricos involucran la presencia de una pieza con incrustaciones de mayólica (blanca) (Figura 12a y l)18 y dos con incrustaciones de loza británica (una lisa y la otra con fragmentos decorados por transferencia) (Figura 12k), así como piezas “etnográficas” (Figura 12) propias de la tradición mapuche reciente (Alvarado 2019). También, seis grandes contenedores clasificados como meshen (Alvarado 1997; Latcham 1928:199-200,219), lamentablemente todos sin procedencia (Figura 13). Sus tamaños oscilan entre 470 y 510 mm de altura y el diámetro máximo del cuerpo, entre 325 y 361 mm de diámetro. Algunos de ellos han incorporado una base aplanada. Por último, destaca una pieza con una marca incisa precocción la cual correspondería a una numeración o firma a la usanza de los contenedores de transporte (botijas) de Tradición Europea (Figura 13e). La caracterización de las piezas “etnográficas” (7,4% de la muestra) propias de la tradición mapuche reciente comprende piezas monocromas que, más allá de sus significaciones actuales, muestran en sus formas, tipos de artefactos y técnicas, rasgos particulares propios de los cambios que han tenido las tradiciones alfareras del sur de Chile, indicando para Osorno la extensión de las tradiciones cerámicas conocidas para el centro-sur de Chile.

Figura 12 Cerámica Colonial y Etnográfica identificada en la colección del Museo de Osorno. Colonial and Ethnographic ceramic identified in the Osorno Museum collection. 

Figura 13 Meshen (contenedor indígena) identificados en la colección del Museo de Osorno. Meshen (indigenous container) identified in the Osorno Museum collection. 

Algunas piezas monocromas pueden ser adscritas a prácticas cerámicas actuales, considerando los términos del diccionario de Augusta (1916), como los jarros -charru- pertenecientes al dominio de los recipientes con asa (Figura 12a-e, h, k-l): chingawe charru, jarro con un asa para guardar bebida; chochowün charru, jarro con un asa y vertedero; y wütrametawe charru, jarro con un asa, sin vertedero y “barriga” grande o cuerpo ovoidal voluminoso (Alvarado 2006). Respecto de las ollas -challa- (Figura 12j), artefacto para cocer alimentos, también se observan algunas piezas que muestran una variabilidad de formas y tamaños: monka challa (olla pequeña) y una füchakuwe challa (olla grande), las cuales cumplen diversas funciones en la cocina.

Destaca, por inusual en colecciones museales, pero aún en uso en algunas casas mapuche en comunidades rurales, un “florero” de 150 mm de alto, con cuello troncocónico que corona un cuerpo globular (Figura 12i). Conocido etnográficamente como anümflor metawe o elanflor metawe, literalmente en mapudungun: asiento para flor o dejar la flor, es un pequeño metawe donde las mujeres mapuche colocan flores al interior de sus hogares (Alvarado 2006).

Finalmente, se documentan jarros asimétricos con modelados zoomorfos (Figura 12a-e), particularmente con rasgos de ánade conocidos como ketrumetawe, jarro pato.

En la colección analizada se verifica la representación de diversos animales que en la cerámica mapuche tienen una larga data arqueológica e histórica, variando en el tiempo las especies zoomorfas representadas, desde los animales de las selvas del sur, como aves y anuros, a los animales domésticos introducidos en el periodo Colonial, como el ganado vacuno, bovino y caballar, y especialmente los cerdos (Alvarado 2019).

Discusión

Continuidad y discontinuidad de los asentamientos

Siguiendo el orden de las hipótesis de trabajo, discutimos aquí la integración de las distintas líneas de evidencia y resultados presentados en un nivel más amplio de reflexión. En primer lugar, el estudio de colecciones indica la ocurrencia de varios cementerios en el área urbana de Osorno -uno con piezas Pitrén (Pilauco Alto 1) y una decena del periodo Alfarero Tardío (s. XII en adelante)- de tal modo que los asentamientos prehispánicos privilegiaron la confluencia de los ríos Rahue y Damas.

Para profundizar en la definición del patrón de asentamiento, el cálculo de los polígonos de Voronoi permite representar el espacio interocupaciones para ambas épocas (pre y posthispánico), comparando los nodos urbanos de Osorno, Valdivia, y aquellos de características rurales como Cruces, Quinchilca y Lago Ranco. A partir de ello se concluye que el espacio vacío promedio en torno a las ocupaciones prehispánicas de Osorno es casi el doble que el de tiempos posthispanos (Prehispánico = 2,23 km2 σ = 2,77; posthispánico = 1,12 σ = 1,59). Estos resultados contrastan con lo registrado en el nodo de Valdivia (Cornejo 2017), donde el espacio interocupaciones prehispánico y posthispánico no es demasiado distinto (Prehispánico = 5,18 km2 σ = 8,08; Colonial = 4,21 σ = 8,89; Republicano = 5,81 σ = 8,81) y lo alejan significativamente de los nodos rurales mencionados (Cornejo 2017), donde en todos los casos el tamaño medio del espacio intersitio en tiempos precolombinos es siempre menor a los momentos posteriores. Estas aproximaciones pueden ser analizadas como conjunto por medio de un Análisis de Componentes Principales, considerando variables como distancia media entre los sitios, valor del índice de vecino más próximo, media de los polígonos de Voronoi y densidad de sitios.

Como resultado, se observa una dispersión que, considerando los factores 1 y 2 (81,6% de explicación de la dispersión), ubica a las dos épocas de Osorno en una agrupación individual separada del resto (Figura 14) y que, con los datos analizados, señala en tiempos prehispánicos un patrón de asentamiento agrupado. El análisis, además, indicaría un gradual aumento de las ocupaciones en Osorno a partir de la fundación de la ciudad, que se habría sostenido posterior al alzamiento indígena de 1598, de tal modo que los datos indican complementariamente la recuperación de estos terrenos contiguos a la ciudad por parcialidades indígenas luego del abandono hispano en 1603.

Figura 14 Dispersión nodos de Osorno, Quinchilca, Valdivia y Cruces, de acuerdo con Factores 1 y 2 del análisis de componentes principales. Dispersion nodes of Osorno, Quinchilca, Valdivia and Cruces, according to Factors 1 and 2 obtained from the of principal components analysis. 

Desde este punto de vista, el patrón de asentamiento del nodo de Osorno es distinto a los otros nodos analizados, singularidad basada en la configuración del asentamiento prehispánico -diversos caseríos y cementerios existentes en el lugar-, que incidió tanto en la instalación de la ciudad en 1558 como en aquellos procesos bélicos y políticos posteriores a su abandono y refundación. El Área Fundacional dispuesta, como indica Mariño de Lobera (1865 [1580]:231, 258), en el territorio de lebo de Chauracabí, combinaba atributos como la navegabilidad, tierras agrícolas, recursos mineros y forestales próximos, y ahora podemos documentar arqueológicamente que también una agrupación de asentamientos donde habitaban linajes y familias que conformaban dicha unidad política.

Siguiendo los rangos de tamaño definidos por Adán et al. (2021:165:Tabla 2), el predominio de sitios pequeños y medianos (> 2 hectáreas) y piezas del periodo Alfarero Tardío configuran un proceso relativamente continuo y creciente de instalación de asentamientos domésticos (y funerarios) desde el siglo XIII en el sector, a juzgar por las variedades alfareras monocromas, pintadas y decoradas (Valdivia, Tringlo), las cuales, como ocurre en las provincias al sur del Río Toltén, siguieron produciéndose hasta el siglo XVIII (Adán, Mera, Munita et al. 2016; Aldunate 1989; Lumbreras 1981:108), incluso con cambios e hibridaciones en su morfología, decoración y uso producto de la ocupación colonial temprana y las relaciones fronterizas de los siglos posteriores.

Relaciones territoriales

Al integrar los datos de Osorno a una escala territorial y sociocultural mayor, cobra relevancia la identificación de cementerios y sitios habitacionales del Complejo Pitrén en la costa, valle y precordillera, alcanzando con los cementerios de Purranque los afluentes meridionales del Río Rahue (Río Negro y Forrahue) y las cercanías del Lago Llanquihue; aserto que también es válido para cementerios tardíos que presentan una distribución similar.

La relación de similitud entre las ocupaciones alfareras de las cuencas del Cruces-Callecalle y Rahue-Bueno habría supuesto la temprana (siglo IV en adelante) conformación de comunidades con antecedentes y vínculos que luego, en el periodo Alfarero Tardío, involucraría nodos poblados “alrededor de asentamientos permanentes ocupados durante un largo periodo de tiempo como ejes principales en las redes regionales” (sensu Nielsen et al. 2019:48), arqueológicamente representados a partir de cementerios extensos o por localidades con “secuencia de cementerios” próximos, los que incluyen ofrendas cerámicas Pitrén y Valdivia: Fundo Santa María (Río Cruces), Tringlo (actual Lago Ranco) y las áreas urbanas de Osorno, Valdivia, Río Bueno y Los Lagos (Adán y Mera 1997, 2011; Adán et al. 2005, 2007)19.

La relevancia de las conexiones regionales mediante rutas terrestres y fluviales navegables parece significativa aun si se supera la esfera de los registros Pitrén, Valdivia y Tringlo, que hemos confirmado traspasan al sur el Río Bueno. También, hallan eco en la descripción de Vivar, quien compara las poblaciones entre los ríos Bueno y Maullín, con las de más al norte:

Solamente difieren en el traje de la cabeza a los demás, que traen una manera de sombrero muy bien hecho de lana tejida y peludo como un paño como tocado, y por encima se ponen una chaquira. Traen unos coralejos pequeños en unos hilos ensartados y desviado de uno de otros dos dedos. Estos que acostumbran estos sombreros paréceme que los traen por la mucha agua que llueve (Vivar 1979 [1558]:249).

Expresiones de la interculturalidad

El plano artefactual estudiado es el más fértil para la discusión sobre hibridación cultural y relaciones interculturales. Siguiendo la reflexión de Deagan (2013), la cultura material híbrida implica la integración de tradiciones materiales con antecedentes múltiples y reconociblemente distintas y, del mismo modo, un producto de la vinculación y entrelazamiento multicultural. Los objetos híbridos manifiestan diferentes atributos tecnológicos y sociales a escalas locales específicas, pero comparten un significado expresivo más amplio para las comprensiones relacionadas con el intercambio cultural y la creatividad, que dependen, a su vez, de las relaciones de poder, los contextos de producción y uso (Deagan 2013:272-274). En el caso de la cerámica, ya hemos mencionado atributos o adición de elementos formales europeos: platos hondos de base plana y bisel, tazas, jarros con incrustaciones de mayólica y contenedores (meshen) con formas de botijas.

Elocuente es el caso de los meshen y los contenedores de transporte o botijas en las colecciones de Osorno y en las provincias del Ranco (Río Bueno y Lago Ranco) y Valdivia (Valdivia y Malihue) (Tabla 9). Como ya habíamos apuntado (Urbina, Villablanca et al. 2017), entre las botijas Tipo 1 y 2 vemos varios atributos que parecen transferidos a los meshen: los golletes reforzados y evertidos (Figura 15c-e) de perfil triangular (Figura 15a,f) y las marcas incisas pre y postcocción que en algunos meshen se ejecutan en “sobrerrelieve” (Figura 15b) o mediante motivos decorados en pintura rojo sobre blanco. La mayor parte son monocromos, pero otros meshen están completamente pintados blanco o rojo (Figura 15a). Aunque muy excepcionales en colecciones de museos, también hemos registrado con decoración roja sobre blanco (Figura 15c); las bases son mayormente convexas (Figura 15a-b,d-f), tal como las botijas, o planas.

Tabla 9 Comparación contenedor indígena (meshen) y español (botijas). Elaborado a partir de Urbina et al. 2017. Measured variations of indigenous (meshen) and Spanish (botijas) containers. After Urbina et al. 2017. 

Tipología Procedencia* n Variación altura (mm) Variación diámetro (mm) /
Meshen Valdivia (M) 4 380-480 443 300-380 335
Meshen Malihue (CP) 8 465-536 502 350-375 361
Meshen Lago Ranco (M) 4 292-464 380 227-312 276
Meshen Río Bueno (M) 13 360-521 455 260-349 308
Meshen Osorno (M) 6 470-510 490 325-361 348
Botija Tipo 1 Valdivia (M) 4 295-486 415 250-360 313
Botija Tipo 2 Valdivia (M) 6 590-900 797 340-500 422
Total 45
* M: Museo; CP: Colección Particular

Figura 15 Contenedores de transporte indígena e hispano. Mehen (a) Museo UACh-Valdivia; (b-c) colección Malihue; (d) Museo Tringlo de Lago Ranco; (e) Museo de Río Bueno; (f) Museo de Osorno. Botijas Tipo 1; (g-h) Museo UACh-Valdivia; (i) Lago Puyehue (Mera y Munita 2007:11). Botija Tipo 2; (j-k) Museo UACh-Valdivia. Indigenous and Hispanic shipping containers. Mehen (a) UACh-Valdivia Museum; (b-c) Malihue collection; (d) Tringlo Museum of Lago Ranco; (e) Río Bueno Museum; (f) Osorno Museum. Botijas Type 1; (g-h) UACh-Valdivia Museum; (i) Puyehue lake (Mera and Munita 2007:11). Botija Type 2; (j-k) UACh-Valdivia Museum. 

Más específicamente, notamos que la asimilación formal ocurriría entre los meshen y botijas Tipo 1 (Figura 15), de perfil ovoidal o “egg form”, que Goggin (1960:28) clasifica dentro del Estilo Medio (Forma B) y Estilo Tardío (Forma A y B) y cuyas dataciones, basadas en naufragios (contextos cerrados) y colecciones de museo, serían previas a 1580 (James 1988:58). Los meshen pueden asimilarse también al Tipo A o botijas “peruleras” analizadas por Marken (1994:53), cuyos ejemplos del siglo XVI presentan alturas que varían entre 437 y 441 mm y diámetros entre 306 y 317 mm, del todo comparables con los promedios de nuestro Tipo 1 (Tabla 9).

La información escrita confirma la introducción de contenedores de transporte de distinta factura a partir del siglo XVI, tanto en las ciudades portuarias como en las interiores del tipo de Osorno o Villarrica, involucrando posiblemente ciertos asentamientos indígenas e instalaciones productivas de los encomenderos fuera de la ciudad. En el caso de Osorno, uno de sus vecinos y encomenderos, Julián Carrillo, poseía tributarios del cabi Quilacabi, sector Pitoy, y del cacique Guenauca, que trabajaban como lavadores o cultivadores en varios lugares de “Los Llanos” (Góngora 1970:14-15, 23). En este caso, el tributo indígena contemplaba actividades mineras, ganaderas, manufacturas (textil) y agrícola en lavaderos, chacras, sementeras, corrales, casa de mita y obrajes de su propiedad, distantes de Osorno; y un importante papel

jugaba también la miel: los de Guenauca daban 5 botijas cada año, en 1580-85, y los de Pitoy 2 botijas de miel o 1 y media; los corregidores de pueblos llevaban su salario en tales botijas, fácilmente comercializables. A causa de la vegetación arbórea de todo el sur, la miel parece tener cierta importancia en todas sus ciudades: la tasación de la isla de Maquegua [Arauco], en 1573, comprendía 3 botijas peruleras de miel, junto a1 oro y a 1os cereales (Góngora 1970:24).

El conocimiento de la estacionalidad de los bosques y fertilidad de la tierra que rodeaban Osorno, “mui regalada de miel de abejas, que se da en gran abundancia sin cuidado en beneficiar las colmenas” (Mariño de Lobera 1865 [1580]:231), debió ser clave para la actividad apícola ligada a la encomienda, y que en este caso, planteamos, requería para su manejo la amplia disposición de contenedores hispanos (p.ej., Estilo Medio, Tipo A o nuestro Tipo 1) o de contenedores indígenas de volumen equivalente en su reemplazo. Los meshen, como ya sugerimos, debieron también prestar servicios en diversas ceremonias como contenedores de chicha y en el transporte de otros bebestibles (aguardiente) y alimentos (granos, miel), por lo tanto podemos derivar que estos grandes envases, estética y morfológicamente híbridos, participaron activamente del comercio y relaciones políticas a lo largo de los siglos coloniales. Su posesión, además, funcionaría como indicador de la capacidad de conservar volúmenes considerables de alimentos e insumos para ceremonias y juntas, y como un elemento de prestigio económico de los linajes y autoridades, asociado a la capacidad agrícola y de intercambio con otras poblaciones (Adán 2014; Alvarado 1997).

Arqueología histórica del asentamiento

Este trabajo demuestra que la fundación de Osorno ocurrió sobre tierras y asentamientos indígena preexistentes y vigentes en 1558. El contorno inmediato de las ruinas permaneció habitado entre 1603-1796, tal como lo documenta la distribución de sitios arqueológicos ribereños y la sucesión de juntas y parlamentos que permitieron sostener las relaciones interculturales y fronterizas entre las comunidades indígenas osorninas y emisarios o agentes de las plazas Valdivia y Chiloé -donde destaca el papel del gobernador de Chiloé, Francisco Hurtado-, quienes perseguían recuperar el territorio intermedio “perdido” entre ambas (Urbina 2012:276-296; Urbina 2009:173-190).

La nula evidencia cerámica de Tradición Europea de los siglos XVII-XVIII, hasta ahora, parece relacionarse con el aislamiento o falta de trato con enclaves fortificados más al sur. Calbuco (fundado ca. 1602), Carelmapu (ca. 1603) y Maullín (ca. 1621), este último 120 km al sur de Osorno, si bien fueron poblados por contingentes osorninos entre 1602 y 1603, y también, habitantes de Chiloé20 (del cual dependieron jurisdiccionalmente en los siglos XVII y XVIII), no traspasaron regularmente al norte del Río Maipue.

De acuerdo con las fuentes escritas, existieron contactos esporádicos e intermediados: las acciones de hostigamiento (malocas y entradas punitivas) conducidas desde Valdivia a mediados del siglo XVII (Urbina 2017:19-21); la misión circular jesuita desde mediados del siglo XVIII (Guarda 2001); los intentos de apertura de caminos para conectar Chiloé con Valdivia impulsados por Francisco Hurtado (Urbina 2009:271-276); la expedición militar conducida por Garretón desde Valdivia (1759) y aquellas que buscaban los “césares osorneses” (1777); por último, el establecimiento de misiones franciscanas en Río Bueno (1778), Cudico y Daglipulli (1787), Coyunco y Quilacahuín (1794) (Guarda 2001). Solo tenemos noticias referidas al vadeo del Río Bueno de sur a norte, en 1755, por parte de huilliches que participaban del conchabo de ganado vacuno y caballar que finalmente se conducía a Valdivia (Urbina 2009:206), confirmando las relaciones entre parcialidades de los llanos de Osorno y Valdivia.

Luego de la expedición de Figueroa (1792), aumentó el ingreso de personas hacia los alrededores de Osorno: los misioneros con una “bolsa de baratijas, y tras ellos los conchabadores” y capitanes de amigos, quienes refuerzan la política de “amistamiento” mediante juntas, parlamentos y paces donde se consumían grandes cantidades de comida y bebida (chicha y aguardiente) y se intercambiaban agasajos, se practicaba el comercio, se impartían bautizos y matrimonios y se avanzaba en la adquisición de terrenos (Urbina 2009:194, 203). En medio de estos encuentros, los agasajos (regalos y sueldo a los caciques amigos) constituían la expresión material de la amistad entre españoles e indígenas. El flujo de obsequios a los caciques incluía chaquiras, cascabeles, telas, bastones, sombreros, tabaco, cuchillos y aguardiente (Urbina 2009:204-205), esta última, ya está dicho, requería para su traslado, trasvase y conservación en numerosos contenedores y grandes recipientes (botijas o meshen). Tales movimientos de personas y bienes requerían de alianzas o “enlaces” entre las parcialidades del norte y sur del Río Bueno, como menciona Ascasubi en 1789 entre los caciques de Cudico y Daglipulli con aquellos de Copihue, Trumao, Quilacahuín y hasta los alrededores de Osorno, así como con los Juncos y demás por el lado de la costa (Alcamán 1997:35; Ascasubi 1997 [1789]:81). Además, la continuidad de las ocupaciones adyacentes a las ruinas de Osorno se expresa con claridad en la mención a caciques que participan de las negociaciones respecto de los terrenos donde se encontraban las ruinas (Ávila Martel 1986:27).

La distinción de las dos fases urbanas en Osorno (1558-1603 / 1796-1820) que ha guiado nuestra discusión (Ávila Martel 1986; Guarda 1978; Sánchez-Aguilera 1948) mantiene, en el caso de la segunda fase, problemas de resolución debido a los escasos registros superficiales, sitios excavados y colecciones cerámicas correlacionables con la información documental disponible. La persistencia de fragmentos de tejas curvas o musleras en 23 de los 56 recursos arqueológicos documentados, mayormente de color amarillento como describió O’Higgins entre las ruinas en 1796, nos inclina a pensar que estas representan la primera fase en correspondencia con el área delimitada por el plano de Andía y Varela. Quedará por confirmar si registros de este tipo de materiales, al norte del Río Damas (Villa Olímpica) y hacia el sur (Cochrane) y este (Colegio Alemán de Osorno), alejados en promedio 700 m de la plaza, informan de la transición urbano-rural entre las manzanas fundacionales y el ejido circundante destinado a huertos, viñas y corrales en el siglo XVI o, alternativamente, la reactivación de los hornos de teja y su uso a fines del siglo XVIII, como refiere el intendente Mackenna en sus cartas.

Considerando el escaso registro de mayólicas reportado y la representación y distribución de materiales constructivos, la ciudad manifestaba una intensidad edificatoria relevante en el siglo XVI, pero un mínimo acceso a vajilla de estatus (mayólicas y cerámica delgada [búcaros]) provenientes de la zona central de Chile, el área Andina o Panamá. Entre 1603 y 1792 la nula representación, hasta ahora, de mayólicas con decoración pintada en los contextos estudiados, tanto superficiales como estratigráficos, supone la suspensión de los intercambios de este tipo de objetos a pesar de su marcada abundancia en la vecina Valdivia (Urbina y Adán 2018). A partir de la refundación, un cuadro de austeridad domina a la colonia la que parece prolongarse hasta inicios del siglo XIX a juzgar por la ausencia de loza británica. Con todo, la situación continental y la distancia de los puertos marítimos parece gravitante en el contraste entre los registros cerámicos de las Áreas Fundacionales de Osorno y Valdivia (Adán, Urbina et al. 2016; Brooks et al. 2019; Urbina y Adán 2018), aun cuando entre ambas ciudades existió tráfico y circulación durante las décadas en que se mantuvieron vigentes. A partir de estas reflexiones hemos documentado arqueológicamente las redes territoriales de los grupos indígenas de Osorno con otras unidades políticas situadas al sur del Río Toltén desde tiempos prehispánicos y hasta el siglo XVI. Por otra parte, y a pesar del aislamiento de los circuitos comerciales virreinales, antes de la refundación de Osorno (siglos XVII y XVIII), las poblaciones indígenas siguieron habitando esta zona con amplias relaciones regionales y extrarregionales y generando una “frontera permeable” a objetos y bienes que venían desde o iban hacia el área valdiviana, mientras otras herramientas y artefactos que “permanecieron” luego del abandono en 1603 fueron reclamados de entre las ruinas, reutilizados y recontextualizados en los siglos posteriores21. Finalmente, las relaciones interculturales22 luego de la refundación se materializaron en la hibridación de contenedores y otras piezas cerámicas de uso cotidiano en las viviendas y en las practicas ceremoniales de la sociedad contemporánea y posterior a la instalación primera de Osorno en las tierras del Chauracabí.

Reflexiones Finales

La arqueología histórica de una ciudad de desarrollo discontinuo como Osorno genera un marco metodológico comparativo para estudiar a futuro otros núcleos urbanos fronterizos meridionales como Villarrica, La Imperial [Carahue] y Castro (Guarda 1978; Thayer 1911). Las condiciones que generaron la temprana fundación de una red de ciudades que “se dieran la mano” en los confines australes de América al promediar el siglo XVI, como la búsqueda de rearticular los territorios perdidos al sur del Biobío luego de la destrucción de las “siete ciudades”, y especialmente en el siglo XVIII tomar posesión de las ruinas de Osorno para reconectar Chiloé y Valdivia, el “antemural” que defendía al virreinato peruano (Adán et al. 2021:179; Guarda 1990), pueden ser valoradas en el contexto histórico, territorial y antropológico que propone una “arqueología de y en la ciudad” (Chiavazza, 2010:1047; Chiavazza y Cerutti 2010) y que desde luego la excede en términos temporales y espaciales. Avanzar en esta línea interpretativa supone integrar otros registros materiales, urbanísticos y documentales de Osorno, mediante vínculos argumentales y empíricos, como hemos sostenido en la discusión previa, y también ampliar la mirada hacia territorios trasandinos adyacentes (Hajduk et al. 2011).

La colaboración interdisciplinaria debe fomentar la reflexión sobre la traductibilidad de las fuentes en los estudios coloniales; vale decir que ciertos datos arqueológicos pueden tener una lectura histórica, y viceversa (Hidalgo y Focacci 1986:137), y superar el mero intercambio de datos y conclusiones (Cruz 2013:56-64). Siguiendo el trabajo de Daniel Schavelzón en Buenos Aires, en el estudio de las ciudades “hay algo más grande que necesita transformarse” para comprender el “mosaico de objetos, locales, llegados de afuera, llegados de cerca, incluyendo muchos hechos antes o que siguieron haciéndose con el mismo sistema” (Schavelzón 2020:15, 18), y reevaluar los modos de hacer y los paradigmas de investigación comúnmente utilizados en arqueología histórica. Esperamos sea este trabajo sobre la ciudad de Osorno un paso en esta dirección.

Agradecimientos:

Este trabajo es resultado del proyecto FONDECYT 11180981 y 1171735. A toda/ os las/os colegas y estudiantes que han participado y colaborado en la prospección, estudio de colecciones y archivos documentales. Al Consejo de Monumentos Nacionales por autorizar la prospección (Ord. N°4126- 19). A Gabriel Peralta, director del Museo de Osorno y todo su equipo. A Paulina Chávez por las figuras 8, 10-13. A los tres evaluadores anónimos cuyos comentarios permitieron mejorar sustantivamente la primera versión de este trabajo.

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1Solo se conocía un puñado de sitios alfareros reportados sin estudios sistemáticos (Stehberg 1980) y en toda la provincia aún no se han efectuado dataciones absolutas (C14 o TL) para los periodos alfareros o coloniales.

2Este topónimo es primeramente mencionado por Mariño de Lobera (1865 [1580]:231) en alusión al lebo de Chauracabí (hoy Chauracahuín) encomendado por Pedro de Valdivia desde la ciudad de Valdivia en 1552 y luego reconocido por García Hurtado de Mendoza como apto para la fundación de Osorno en 1558. El área fue explorada en 1553 por Francisco de Villagra (Vivar 1979 [1558]:207) por orden de Valdivia, quien planeaba fundar una ciudad al sur de Valdivia que llamaría en honor a su esposa Santa Marina de Gaete (Sánchez-Aguilera 1948:14). Testigo de la fundación en 1558, Vivar menciona que García Hurtado desde el seno de Reloncaví “dio la vuelta y llegó al río de las Canoas y le pasó. Riberas de él, en un llano de muy hermosa vega y en buena comarca, pareciéndole que era muy buen sitio y convenible, fundó una ciudad y [creó] alcaldes y cabildo, y la intituló la ciudad de Osorno … [Está] 13 leguas de la de Valdivia y 15 leguas del lago. Está 6 leguas de la mar. Tiene muy gentil llano. Tiene cerca leña y madera para casas. Es tierra fértil, dase buen trigo y cebada, y se dará todas las semillas y árboles de nuestra España que se pusieren” (Vivar 1979 [1558]:250).

3Vivar, dice que el gobernador Hurtado de Mendoza “repartió caciques y principales de toda aquella comarca en sesenta conquistadores ” (Vivar 1979 [1558]:249), y unas décadas más tarde, Mariño sobre el mismo número de encomenderos agrega que en aquel “distrito […] había más de 130.000 indios visitados” Mariño de Lobera 1865 [1580]:232).

4En la última década, la Provincia de Osorno sostiene una densidad de 0,25 habitantes por hectárea, considerando las 922.400 hectáreas de superficie (9.224 km2) y los 234.122 habitantes censados en 2012.

5Hemos agregado la conversión al sistema métrico universal utilizando como medida de la vara castellana el guarismo 0,836 m (Nicolini 1992-1993).

6La leyenda ubica los principales vestigios de Osorno: (A) Plaza mayor, (B) Iglesia parroquial, (C) Tres iglesias y conventos de religiosos, (D) Iglesia y convento de monjas, (E) Casa y fundición de moneda, (F) 4 Bóvedas subterráneas como silos, (G) Siete pozos de agua con brocales de piedra, (H) Dos acueductos de lluvias, (I) Manzana foseada en que parece se hicieron fuertes los españoles en tiempo del asedio de esta ciudad, año de 1602, (J) Tapias con que entonces cortaron las calles, (K) Río de las Damas, (L) Río de las Canoas, (M) Estero del molino, (N) Bosques que se están rozando, (O) Fuerte construido por S.E. el año de 1793, (P). Llano en que se han construido varios ranchos para alojar las familias pobladoras.

7 Pape (2008:33-35) discute la ubicación de esta lápida, con fecha inscrita de 1577 y dedicada a San Mateo, en 1796 en el lugar del templo mayor de Osorno y que se halla perdida hoy. También indica que los cimientos del templo mayor del siglo XVI fueron hallados junto a “numerosas osamentas humanas en las sepultaciones que allí se hicieron” en las excavaciones para construir el Banco Español-Chile a mediados del siglo XX, 20 metros al norte de la actual iglesia parroquial de Osorno (Pape 2008, nota 45:35).

8Ocho años antes, Tomás O’Higgins describe: “100 casas que han levantado 93 pobladores y 7 soldados casados, que componen esta colonia, en la cual […] se ven, sin embargo, muy bonitas huertas de papas, frijoles, arvejas, garbanzos y otras varias hortalizas que prometen una cosecha regular” (AN, FV, Vol. 224).

9La prospección sistemática se basó en un muestreo radial (Urbina y Farias 2019), que siguió los lineamientos utilizados previamente por Munita (2016) en Cruces, Quinchilca, Valdivia y Lago Ranco.

10Seguimos a Munita y colaboradores (2010:255-258) quienes definen “recurso arqueológico” conformado por dos categorías empíricas de registro superficial: (a) hallazgo aislado: evidencias de restos arqueológicos (uno a cinco elementos) en un diámetro aproximado de 20 metros sin asociación con otros materiales; y, (b) sitio arqueológico: concentración de restos arqueológicos que supere los cinco elementos en una superficie igual o superior a la mencionada. Por otra parte, en esta investigación, el carácter mono o multicomponente se define en acuerdo a los elementos diagnósticos registrados (p.ej., cerámica, líticos, materiales constructivos, metales, vidrios, otros) y su cronología específica (p.ej., alfarero temprano, alfarero tardío, colonial y republicano).

11Esta grilla, así como todo el análisis espacial presentado se realizó en el software QGIS 3.14.

12En términos convencionales, cuando el valor del estadístico más próximo cercano se mueve entre 0 y 1,0 se concluye que hay agrupación y cuando el valor sobrepasa 1,0 se considera al conjunto no agrupado (Cornejo 2017, 2020).

13La prospección radial en Osorno se concentró en la ciudad, siendo muy poco los espacios rurales prospectados, factor que puede incidir en la diferencia que estos datos presentan con el nodo de Valdivia. Aunque, como en todo, los resultados expuestos aquí deben ser considerados como provisionales, a la espera de nuevos estudios que confirmen o amplíen las inferencias aquí expresadas, podemos indicar que ha sido el mismo diseño de prospección radial el que permite aquí una misma base de comparación.

14Colección expuesta en el Museo Histórico Entrelagos, comuna de Puyehue.

15Más del 83% de las piezas no dispone de datos de procedencia o donatario. El 17% restante (32 piezas) permite apreciar la distribución de algunos cementerios alfareros en la zona lacustre precordillerana y del valle central.

16Los jarros asimétricos provienen de Pilauco Alto 1 y Purranque 2. En el primer caso se aprecia la modalidad “caritas antropomorfas” en el gollete falso y en Purranque el “anfibiomorfo naturalista” también en el falso gollete. Una tercera pieza ha sido registrada en Entrelagos y corresponde a la misma modalidad de “carita antropomorfa”.

17Los 10 platos de Estilo Tringlo analizados presentan diámetros que oscilan entre 62-86 mm (Diámetro promedio: 74 mm; DS: 0,8 mm ), en tanto que el diámetro máximo oscila entre 132-225 mm (Diámetro promedio 198 mm; DS: 27 mm) (Figura 15a-j).

18Inmediatamente al sur del Río Bueno este tipo ha sido reportado sólo en Cocule (Adán et al. 2016b; Van de Maele 1968). En su tesis, Calzadilla señala sobre este cementerio: “se encontraron, junto a los esqueletos humanos, aros de cobre similares a los usados por los incas y tupus de estilo incaico puro asociados a la ordinaria cerámica temprana Valdivia (Van de Maele, comunicación personal en Dillehay y Gordon 1998)” (Calzadilla 2020:64-65).

19Eugenio Alcamán (2017:20), siguiendo a Diego de Rosales, precisa que: “En las inmediaciones de tales fuertes [Maullín, Carelmapu y Calbuco] estaban radicados algunos conglomerados mapuche-williches provenientes de los alrededores de la antigua Osorno que habían acompañado a los españoles escapados de la destrucción de Osorno en 1603. Éstos recibían el nombre de “indios reyunos” o indios del rey, perteneciendo a un estamento social superior a la población mapuche-williche no sometida”.

20Considerando la evidencia proveniente de Puyehue y Purranque podría extenderse al sur (Osorno y Río Bueno) la validez de la hipótesis según el cual la cerámica temprana en valle central “pareciera ser una derivación de los conjuntos, típicamente lacustres en que dominan las piezas monocromas y la decoración por modelado” (Adán et al. 2007:18).

21Se conoce de modo fehaciente una campanilla de bronce, fundida en 1539, de 500 gr cuya fotografía publica Sánchez- Aguilera (1958:32-33) y la mención de dos piedras de moler de 1 m de diámetro halladas en 1797 en tierras indígenas y que el superintendente Mackenna indica las recuperará para dos molinos nuevos (Bascuñán 1982:234).

22En este trabajo utilizamos el término “interculturalidad” para referir a las relaciones e interacciones sincrónicas y diacrónicas entre agentes y poblaciones de distintos orígenes, tradiciones y filiación cultural, valoradas en el análisis de las evidencias documentales y arqueológicas en términos ecuánimes. Esta definición considera que dichas “relaciones interculturales” pueden regular y generar nuevas expresiones materiales, organizacionales, ideológicas, lingüísticas y modos de vida, entre otros, a medida que, como señala Van Valckenburg (2013:315), distintos grupos de interés compiten por definirlos. La arqueología ha comenzado desde los últimos 20 años a definir y analizar contextos y materialidades interculturales, plurales o híbridas, en términos de procesos de recombinación y mezcla cultural; enredo material o enredo relacional; ambigüedad simbólica; choque ontológico; tensiones dialógicas; donde diferentes tipos de significados ocurren en los mismos momentos de práctica y donde la cultura material se encuentra constantemente sujeta a redefinición mediante hibridación, reificación, purificación y normalización (Van Valckenburg 2013:305-306, 315). En perspectiva, dentro de los procesos de colonización estudiados, la conceptualización de estas “relaciones interculturales” se aleja del enfoque de las “relaciones fronterizas” (Villalobos 1982) que privilegia una visión asimétrica y unidireccional desde el dominador hacia el dominado (Föerster y Vergara 1996) y observa aquel de “relaciones interétnicas”, en tanto visibiliza la sociedad indígena como sujeto histórico, atendiendo a la dinámica del encuentro de identidades con su correspondiente correlato político y territorial. Los enfoques teóricos las últimas cuatro décadas transitaron desde la visión de una sociedad indígena salvaje y atrasada que simplemente se diluía en la interacción y el mestizaje, a otros que hicieron patente la agencia de las sociedades indígenas y su posición como sujetos históricos, así como la complejidad de los procesos analizados (Adán et al. 2021:173). Con todo, desde la perspectiva de la arqueología histórica se ha destacado la necesidad de desarrollar enfoques multiescalares y más “granulares”, evitando perspectivas esencialistas que simplifican la heterogeneidad social entre colonizadores y colonizados, como estáticos grupos monolíticos y, por supuesto, concebir la cultura material y el paisaje como dominios activos y actuantes del proceso (Bianchi-Vellelli 2011:97; Buscaglia 2017:642,659-666). Así, la diversidad de modelos de interacción en contextos fronterizos ha sido renovada y relevada como elemento fundamental al análisis (Hudson 1977, en Rice 1989; Martínez 1994).

Recibido: Enero de 2021; Aprobado: Octubre de 2021

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