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Chungará (Arica)

versión On-line ISSN 0717-7356

Chungará (Arica) vol.52 no.4 Arica dic. 2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562020005002701 

ANTROPOLOGIA E HISTORIA

DE TIEMPOS Y DE MAREAS: CONSTRUCCIÓN SOCIAL DEL TIEMPO ENTRE PESCADORES ARTESANALES DEL SUR DE CHILE. EL CASO DE CHILOÉ

OF TIMES AND TIDES: SOCIAL CONSTRUCTION OF TIME AMONG SMALLSCALE FISHERMEN IN THE SOUTH OF CHILE. THE CASE OF CHILOÉ

Guadalupe Valencia García1 

Asunción Díaz Álvarez2 

Francisco Ther-Ríos3 

Gonzalo Saavedra Gallo2 

1 Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades CEIICH, Universidad Nacional Autónoma de México, México DF. valencia@unam.mx

2 Instituto de Estudios Antropológicos IEA, Universidad Austral de Chile, Valdivia, Chile. gonzalo.saavedra@uach.cl.

3 Departamento de Arquitectura, Universidad de Los Lagos, Osorno, Chile. fther@ualgos.cl

Resumen:

Partimos de la idea que el tiempo, en tanto representación social y forma de ordenación colectiva de la existencia, expresa las maneras en las que los pescadores artesanales de Chiloé organizan y garantizan su sobrevivencia como un grupo social diferenciado a partir de una memoria común y de ciertas orientaciones temporales hacia el futuro. Analizamos sus formas de percibir, organizar y vivir el tiempo como estrategias para enfrentar creativamente las nuevas condiciones de vida derivadas de la acelerada transformación de su entorno. El resultado que mostramos está organizado en dos apartados. En el primero, mostramos el tiempo-espacio chilote como un binomio que alcanza una enorme riqueza en la vida fronteriza del borde-mar. En el segundo, analizamos las principales narrativas que ordenan temporalmente la existencia de las y los pescadores artesanales chilotes.

Palabras claves: tiempo; memoria; pasado; futuro; pesca artesanal; Chiloé

Abstract:

We believe that time as a social representation and a form of arranging collective experience can express the ways in which small-scale fishermen from Chiloé organize and ensure their survival as a defined social group. To this purpose, they use a common memory and time-related orientations towards the future. In this paper, we aim to analyze how they perceive, organize, and experience time as strategies to creatively confront new conditions of life, fostered by accelerated transformations of their environment. The results that we present here are sorted out into two sections: one showing how the time-space conceptual coupling in Chiloé gains great richness in the bordering life of the shores; the other analyzing the main narratives that organize the existence of small-scale fishermen and fisherwomen in Chiloé timewise.

Key words: Time; memory; past; future; small-scale fishing; Chiloé

Mucho se ha hablado sobre el modelo chileno como el laboratorio del neoliberalismo en América Latina. Un experimento en donde los mercados triunfan plenamente gracias al tránsito de un Estado-benefactor a otro plenamente mercantil cuyo objetivo central es, en palabras de Tomás Moulian, “librar de intromisiones a los mercados, garantizar que el papel de cada factor de producción sea el que le fija la competencia y asegurar que las mercancías realicen su ciclo” (Moulian 1997). No se trata, cabe aclararlo, de un Estado que deje la economía al “libre juego del mercado”, cuanto de uno que interviene con acciones estratégicamente planeadas para dar lugar a privatizaciones, procesos de desregulación, concesiones, atracción de inversiones, etc. Una buena cantidad de estudios sobre el Chile actual, y en particular sobre su zona sur-austral, han puesto de relieve las aceleradas transformaciones de una región, en el sur del continente, convertida en el epítome del modelo económico de la modernidad globalizada (Camus e Hidalgo 2017; Sáenz y Rodríguez 2015). La instalación y rápido crecimiento de la industria salmonera, concentrada básicamente en la Región de Los Lagos, Aysén y, más recientemente, Magallanes, impulsado por una inversión muy importante de capital japonés, noruego y español, se convirtió en la principal actividad de exportación y situó a Chile como el segundo productor mundial de salmón después de Noruega (Fløysand et al. 2010). La modernización capitalista más lucrativa no se produce, como podría pensarse, en los sectores de punta de la economía sino, sobre todo, en aquellos en los que las actividades tradicionales-primarias-artesanales, casi siempre de subsistencia, eran el común denominador hasta hace relativamente poco tiempo.

A la transformación demográfica por el crecimiento acelerado de la población en las zonas costeras en la que se instaló la industria salmonera, se añaden dos características que resaltan visiblemente: la precariedad del empleo y de las condiciones laborales y la debacle ambiental que la salmonicultura deja a su paso (BustosGallardo e Irarrázaval 2016). En este contexto, cabe hablar de por lo menos dos temporalidades que se vinculan dando lugar a múltiples formas de adoptar y adaptar los proyectos modernizadores. De un lado, las temporalidades de la salmonicultura; del otro, los tiempos locales que se expresan en las maneras y los ritmos de vinculación de las comunidades tradicionales a los proyectos del capital multinacional que paulatinamente se apropia de los territorios.

En el presente artículo fijamos la atención en las formas de decir-vivir el tiempo de los pescadores artesanales. Consideramos que en ellas se expresan poderosamente las sutiles, ingeniosas, y a veces sorprendentes, maneras mediante las cuales las mujeres y hombres del bordemar negocian -ante su propia tradición, ante su memoria y frente a un futuro que no necesariamente auguran promisorio- su sobrevivencia individual y colectiva como artesanos del mar.

Los Estudios del Tiempo en Antropología

Émile Durkheim (1982) y Marcel Mauss (1979) son considerados los pioneros de los estudios antropológicos del tiempo, responsables de desvincular tal concepto de los valores abstractos otorgados por la especulación científica y filosófica, para aterrizarlo dentro del campo de las relaciones humanas y de su capacidad generativa. El tiempo como construcción social y principio organizador de la experiencia humana, los calendarios rituales como maneras de dar significado a los ciclos de la naturaleza o como dispositivos de poder para disciplinar las sociedades, las recuperaciones selectivas del pasado que dan consistencia a identidades nacionales y étnicas y encauzan el camino hacia el futuro, son desde entonces temas recurrentes dentro de la reflexión antropológica. Sin embargo, solo en los últimos años se empezó a hablar explícitamente de una antropología del tiempo, impulsada por un lado por el enfoque posmoderno sobre representaciones e imaginarios como hechos sociales -entre ellos el pasado y el futuro (Rabinow 1986, 2008)- y por el otro por las críticas postestructuralistas a los patrones temporales impuestos por el sistema de producción capitalista (Deleuze 1969; Lefebvre 2007, 1974). El trabajo de Gell (1992) se impone como referencia imprescindible en delinear las modalidades de abordaje antropológico al tema, proponiendo un modelo epistemológico de comprensión del tiempo. Según este autor, los grupos humanos desarrollan mapas temporales (time-maps) donde se combinan, en distintas medidas, las tres formas de existencia del tiempo, il tempo non-human (como phenomenon físico espacio-temporal), la experiencia personal del tiempo, y el tiempo socialmente enmarcado. Estos mapas son las representaciones sociales a través de las cuales los humanos navegan en el mundo orientando sus acciones. Las intuiciones de Gell en cuanto a la multiplicidad de representaciones temporales que informan nuestro actuar social son profundizadas en tiempos más recientes por distintos autores, cuyas contribuciones resultan pertinentes para comprender el caso analizado en este artículo. Iparraguirre (2011, 2015), basándose en la filosofía de Kant y de Heidegger, hace hincapié en la distinción entre tiempo y temporalidad, siendo el primero la manifestación fenomenológica y, el segundo, la conceptualización que de esta se hace en un especifico contexto socio-histórico. A lo largo de historia, sigue Ipaguirre, Occidente ha sabido imponer una temporalidad hegemónica, naturalizando una conceptualización parcial como la única manera posible de pensar el phenomenon tiempo. Frente a ella siguen existiendo temporalidades originarias, distintas nociones del tiempo propugnadas por pueblos indígenas y comunidades rurales, que conviven con representaciones hegemónicas. Para poder entender la temporalidad propia de los Mocoví del Chaco argentino y sus interacciones con las temporalidades del Estado y de la economía de mercado, Iparraguirre propone y aplica la metodología de los cultural rythmics (rítmicos culturales), entendidos como el repertorio de ritmos vitales de un grupo social, cuyas manifestaciones, observables etnográficamente, sacan a flote los patrones de su organización socioeconómica y de su visión del mundo (Iparraguirre 2015:9-14). Por otra parte, el trabajo etnográfico en Calcuta (India) de Bear (2014) permite evidenciar una situación parecida: diversas representaciones, técnicas y ritmos del tiempo humano y no-humano conviven dentro de la praxis ritual del Durga Puya hindú, que revela un eficaz mecanismo para pensar y representar los recientes acontecimientos económico-industriales que han afectado la vida de la ciudad. Si bien las dinámicas a través de las cuales los dispositivos neoliberales imponen representaciones y usos del tiempo que impulsan la desigualdad y el sufrimiento social son bien documentadas (entre otros, Arora 2015; Auyero 2012; Bastian 2014; Han 2011; Hann 2015; Helgesson 2014; McGowan et al. 2017), Bear considera que el “tiempo moderno” no se puede reducir a eso. La modernidad global y neoliberal no se caracteriza solamente por una idea linear, abstracta y homogeneizante del tiempo, un cronotopo totalizante de velocidad, compresión y escasez. Para comprender su composición múltiple propone enfocarse en la “técnicas del tiempo” (Bear 2016), es decir, en las instituciones (incluyendo desde los rituales religiosos hasta la burocracia del Estado) entendidas como mediadoras entre diferentes temporalidades y como lugares concretos donde se deconstruye la dicotomía especulativa entre un tiempo abstracto y uno subjetivo y experiencial. El objetivo es mapear (p.ej., Gell) campos complejos de representaciones, tecnologías y disciplinas sociales del tiempo (Bear 2014:13). Este “giro temporal” (Bear 2016) dentro de los estudios antropológicos es asumido también por Vigente y Kärrholm (2016) que plantean dedicar mayores esfuerzos al estudio del tiempo en los procesos de territorialización, frente a la variable espacial. Tiempo y espacio -o, mejor dicho, timing and spacing, como verbos, para evidenciar su naturaleza procesual y creativa- son estructuras desempeñadas por los actores sociales en su ineludible tarea de estabilizar los eventos, darles significados y territorializarlos. El tiempo es, por ende, parte integrante de la producción de la localidad (Appadurai 1995) y como plantea Munn (1992:116), es un proceso simbólico continuamente producido en la práctica cotidiana, campo de conflicto político y negociación social. Partiendo de estas reflexiones, Ringel (2016a, 2016b, 2014) ofrece una propuesta metodológica que se enfoca en las prácticas, como instancias que incorporan saberes y políticas que se construyen alrededor del tiempo. En línea con otros trabajos recientes (Knight 2015; Slama 2017), su enfoque apuesta además por el presentismo, pues las prácticas del presente, observables etnográficamente, serían necesariamente las únicas referencias tangibles para comprender qué tipo de temporalidades el hombre atribuye a sus productos. Su propuesta se opone explícitamente al que el autor define como una “fijación sobre el pasado (past-fixation)” (Ringel 2016a:400-401) propia de la antropología, desde que ésta se reencuentra con la historia a partir de los años ochenta, dando lugar por un lado a una idea esencialista de temporalidades otras y, por el otro, a una visión excesivamente determinista del pasado sobre el presente. En particular se opone a las fórmulas que llevan los prefijos post (moderno, colonial, socialista) y neo (liberal), debido a que imponen explicaciones de realidades etnográficas presentes como primariamente determinadas por su pasado y, por ello, muy reductivas (Ringel 2016a:395). En su estudio sobre Hoyerswerda, una ciudad de la ex Alemania Oriental en su proceso de despoblación y reconversión urbana, Ringel buscó alejarse del determinismo temporal introduciendo la perspectiva del futuro. Si bien pasado y futuro son ambas dimensiones imaginarias creadas en el presente, la segunda ha sido largamente olvidada, por esto se hace menester comprender como los imaginarios de futuro orientan la acción de los actores. Este énfasis sobre el futuro está en línea con una consistente bibliografía reciente (Haukanes y Trnka 2013; Nielsen 2014; Pels 2015; Telban 2015; entre otros). Dentro de los estudios isleños también se ha abordado el tema del tiempo y de su producción social. Vannini (2012) se ha enfocado en el rol de los ferries como tecnología de movilidad a través de la cual los habitantes de los archipiélagos de la costa oeste de Canadá se desplazan y con ello entretejen distintas temporalidades y crean un sentido temporal propio de la región. Por último, cabe mencionar que Pugh (2018) propone integrar la perspectiva del Antropoceno a las realidades archipelágicas, tomando en consideración como entidades que tienen una distribución temporal de amplio alcance, como el calentamiento global, los desastres naturales y otros fenómenos afines, ejercen una presión sobre entidades que tienen ciclo vital corto (como humanos y animales) y con ello interfieren en las relaciones que ellos pueden establecer con el medio ambiente.

Metodología

Para abordar las formas de vivir-narrar el tiempo se puso atención en la dimensión cultural de la pesca artesanal, ya que “toda materialidad es también una construcción cultural, y si se prefiere, semánticamente condicionada” (Saavedra 2011:22). También se consideró al tiempo social como un discurso que puede decantarse del propio lenguaje coloquial mediante el cual “se narra la vida” para reconocer, en él, una riqueza metafórica en la cual el tiempo puede ser visto principalmente como recurso, como entorno, como horizonte (Ramos Torre 2008).

Los resultados que se muestran derivan del trabajo de campo realizado entre marzo del 2012 y enero del 2013 en el archipiélago de Chiloé, Región de Los Lagos, específicamente en las localidades de Quellón, uno de los principales puertos de desembarque de productos marinos de la Región, y Dalcahue, Achao y Quinchao, ubicadas en el centro del archipiélago, que por tener las condiciones geográficas idóneas para el cultivo salmónideo han recibido mayor impacto de esta industria (Figura 1). Allí, además de la observación de los ritmos de la vida colectiva de los pescadores y de los pobladores, se aplicaron siete entrevistas a líderes sindicales de la pesca artesanal, pescadores artesanales, buzos mariscadores y mujeres recolectoras de algas, todos trabajadores de mar, representantes de sus comunidades y organizaciones, y que han sido parte de los procesos de transformación de la pesca artesanal en Chiloé. Por otra parte, se realizaron dos entrevistas a historiadores locales, considerados por la comunidad como “cultores”, esto es, hombres chilotes dedicados a la salvaguarda de la cultura chilota de borde-mar.

Diseño cartográfico: Zamir Bugueño. Cartographic design by Zamir Bugueño.

Figura 1 “Mapa del Archipiélago de Chiloé”. “Chiloe Archipelago Map”. 

Resultados

Vivir en el borde, surcar los mares…

Podemos señalar que en Chiloé el tiempo se concibe y se nombra como entorno, como ritmo cíclico, como horizonte. Pero en esta apartada región del mundo cada una de estas metáforas forma parte de otra, más integradora, que asimila definitivamente al tiempo con el entorno natural y con el clima. Distintos microambientes, mar, río, costa y bosque, han generado un territorio subjetivado, un habitar en el que modos de vida reúnen “en un todo complejo al ambiente con la cultura” (Ther 2008:68). Estamos ante lo que EvansPritchard llamaba un “tiempo ecológico” constituido por sucesiones temporales que se vinculan directamente con el entorno natural (Evans-Pritchard 1972). Es por ello, que en el binomio tierra-mar, el espacio se torna cadencia marina: los ritmos de las mareas marcan las horas de mariscar y de zarpar o de regresar a tierra. El binomio del borde-mar se multiplica en diversos espacios que están perfectamente bien asimilados a la subjetividad del poblador insular. La orilla es bisagra entre la agricultura y la pesca, entre los cultivos de tierra y los de mar, entre el mar-adentro y el mar-afuera, entre el mar interior y el mar abierto. El mar puede conocerse, incluso a profundidad, pero es muy difícil dominarlo. La caleta y el monte, en caso de maremoto, parecen lugares seguros: refugios frente a la caprichosa presencia de mares agitados.

Si la tierra se vuelve espacio, territorio, lugar, y podemos reconocer en el lugar la historia por las huellas que en él encontramos; el mar se torna maritorio, y a los referentes que el Chiloé insular o el continente ofrecían como guías para la navegación hoy se suma la división visible de un mar mensurado, parcelado, cuadriculado, enjaulado. Un mar dividido en su superficie, que se asemeja a esos sembradíos en los que es posible distinguir las cuadrículas que dividen las posesiones o los tipos de cultivo.

Mar-silvestre: que dispensa, en sus orillas, mariscos y algas para ser recogidas, consumidas y comercializadas por recolectores, casi siempre mujeres, conocidas como algueras y marisqueras. Mar-sembradío: intervenido, tatuado, masa de agua parcelada en la cual se siembra y se cultiva. Marfábrica: producción de salmones, hacinados en enormes jaulas en las que crecen, en cautiverio, de la misma forma que las aves de corral en los criaderos. Marprisión: que da lugar a la pesca clandestina de aquéllos salmones prófugos que lograron escapar del cautiverio y a la distinción entre el salmón cultivado y el salvaje, cuya libertad le da un lugar en los mercados y en los circuitos locales ilegales de comercialización. Marmaritorio: disputado, intervenido, tatuado, parcelado, contaminado, degradado (Figura 2).

Figura 2 “Dinámicas del Maritorio”. La dinámica del Mar-Maritorio (MM) en cuanto a uso ya sea como Mar-Silvestre (MSv), Mar-Sembrado (MSb), Mar-Fábrica (MF) y Mar-Prisión (MP), metáforas que dan cuenta de las diversas racionalidades de actores que operan en el territorio, implica también transformaciones dinámicas del sector pesquero artesanal1. “Dynamics of the Maritorium.” The use of Sea.Maritorium (SM), involving either Wild-Sea (WS), Sown-Sea (SS), FactorySea (FS), and Prison-Sea (PS), metaphors that account for various rationales of actors who operate in the territory, also implies effective transformations of the small-scale fishing industry. 

Desde la embarcación, el maritorio se trabaja de múltiples formas: en ocasiones el pescador artesanal se comporta como el cazador que debe acorralar a su presa hasta capturarla; a veces se parece al campesino que siembra, espera y cosecha, particularmente en el caso de los cultivadores de mitílidos (Mytilus chilensis) en algunas áreas específicas del mar interior. Por temporadas, el pescador artesanal pasa a ser obrero del mar y contribuye a la cría, engorde y procesamiento de peces, en una dinámica que se asemeja mucho más a la producción fabril que al oficio artesanal.

La vida en el bordemar, en la frontera entre la tierra y el océano, convierte a los habitantes de Chiloé en seres fronterizos con habilidades para transitar entre el territorio y el maritorio. El primero, aunque siempre modificado, mantiene su fijeza ante nuestra vista para hacernos saber en dónde estamos parados, y también si ese locus fue diferente para nuestros padres y abuelos. El segundo, móvil y recóndito, se muestra en parte a los ojos expertos de los buzos que recorren sus profundidades, pero se oculta insondable para quienes sólo imaginamos la belleza que esconden los recursos de esa enorme masa de agua salada, o bien, alarmados, nos escandalizamos por la cadena de destrucción y muerte que, según narran los buzos-mariscadores, ha dejado la industria en un fondo marino otrora lleno de vida y que hoy luce desolado. Arriba de las barcazas, los chilotes cruzan de las caletas a las islas del mar interior y, constantemente, de la punta norte de la isla al continente que es referente terrenal permanente y visible.

Decir los tiempos: narrar los mares

Como toda sociedad, la chilota, cuenta con sus propias maneras de narrar los tiempos, de expresarlos, de significarlos. En sus imaginarios y narrativas temporales, es posible apreciar las maneras mediante las que los isleños se las arreglan para re-organizar las formas de ordenación de la existencia colectiva, en un entorno de transformación y de incertidumbre. Maneras que incluyen nuevos cálculos sobre el futuro y renovadas interpretaciones sobre el pasado inmediato y lejano.

Tres metáforas o temporalidades, en el sentido planteado por Iparraguirre (2015), destacan en las formas de decir el tiempo de los pobladores y pescadores artesanales. La primera dota de contenido al imaginario según el cual el tiempo es un entorno; en este caso entendido como un contexto, una nueva realidad, que se impuso por la vía de la acelerada transformación en la dinámica económica y demográfica de la isla que llegó de la mano de la industria y, en especial, de la salmonicultura. La segunda alude a la naturaleza cíclica de un tiempo ligado a las mareas y a los ciclos propios de las especies que dan sustento a la vida del pescador. La tercera ubica al tiempo como un horizonte que se extiende hacia un ayer lejano y tradicional, hacia un pasado más cercano y caracterizado por un enorme dinamismo y que mira al futuro con recelo, con desconfianza, con desazón.

Estas tres narrativas están precedidas, integradas en realidad, en una de mayor calado que alude al hecho que en Chiloé el clima sea tiempo y el tiempo sea clima. A continuación, exploraremos cada una de estas metáforas colectivas, comenzando por esta última en tanto resulta la más abarcativa.

De tiempos y de mareas: el clima como imaginario fundante de la temporalidad chilota

Entre los pescadores artesanales de la isla de Chiloé, los días se asocian al ritmo marino hasta identificarse con él. Los pescadores llaman marea a cada jornada de trabajo, a cada día, en el que la supervivencia puede o no estar asegurada. A la familiar cadencia de las mareas anuales y diarias, se añaden los ritmos cambiantes del clima, y de algunos fenómenos de la naturaleza no previsibles ni siquiera para el pescador más experimentado. En cada trayecto, en cada marea, la vida se arriesga. Cada regreso a tierra firme marca el inicio de una nueva marea, de un nuevo día, de la continuidad de la existencia.

Se trata de un tiempo estrechamente ligado a la naturaleza y que además se expresa en una cultura robusta y con una gran reserva de memoria y tradición. En efecto, varios autores han dado cuenta de la fortaleza cultural de esa tierra insular nutrida de tradiciones populares, de mitos, de rituales, de historias comunes, de memorias compartidas (León 2007; Urbina 2002; Weisner 2003; entre otros).

Desde los primeros años los de Chiloé tuvieron siempre una vocación de campesinos y navegantes. La madera fue fundamental en el desarrollo de Chiloé… Y ¿cuál era el otro camino que tenía el chilote?: el mar, el mar fue siempre la fuente del sustento diario… y al mismo tiempo fue el elemento de la comunicación, todo se hacía por mar, el transporte, la comunicación, todo… (Entrevista a Armando Bahamonde, enero 2013).

El tiempo chilote alude de manera fundamental al entorno, a la naturaleza. El tiempo se asimila al clima y el clima se asocia a la palabra tiempo de manera natural. No es gratuito que en el Manual del Pensamiento Mágico y la Creencia Popular -en el cual R. Cárdenas y C. Hall consignan los significados de aquellas palabras que conforman el imaginario chilote-, la palabra tiempo sea la que cuenta con mayor número de referencias. Así, se sabe que “al invierno lluvioso, verano caluroso”, o que “para hacer llover en tiempos secos hay que quemar sargazo en la playa” (Cárdenas y Hall 1991:9495). Las habilidades desarrolladas para predecir el tiempo, o bien para invocar “buenos tiempos”, son amplias y su conocimiento generalizado, en especial en aquellas zonas -urbanas y rurales- donde los sistemas “tradicionales” de pesca, de recolección de orilla o de cultivos agrícolas continúan prevaleciendo.

El tiempo como naturaleza, como condición climática, que se muestra estable o “temperamental”, guía así la acción de los pobladores, de los campesinos-pescadores y hoy pescadores-obreros. No hay, frente al clima queja o enojo posible. El clima, siempre se sabe, puede sorprender, pero la tradición ha enseñado a una lectura previsora, como acabamos de mostrar en el párrafo anterior.

En todo caso, el pescador artesanal es percibido como un ser fuerte, recio, dispuesto al sacrificio. A decir de un joven descendiente de familia de pescadores, éste es:

…una persona muy sacrificada, porque tiene que trabajar con tiempo bueno o con tiempo malo... el pescador llega hasta que tiene su cuota de su pesca, puede estar fuera un mes, y si le va bien puede estar en una semana de vuelta. Tiene que ir lejos de su casa, pasando hambre, frío (entrevista a Manuel Alejandro Paredes, enero 2013).

El clima, además, tiene una doble lectura para el poblador del borde-mar. En ocasiones el temporal impide la faena marina, pero garantiza buena cosecha.

Siempre el campesino fue también pescador al mismo tiempo, es una dualidad. Los palafitos, las casas que se levantan en las orillas de los mares (…) detrás (…) tiene una huerta, atrás tiene la madera y su huerto y por delante tiene el bote amarrado, la embarcación amarrada para ir a pescar, a mariscar, el hombre de bordemar, la cultura ribereña, y que lo resume en el curanto que va a llevar el marisco, los pescados y todo y en el mismo curanto va a llevar las papas, va a llevar la carne y todo lo demás (entrevista a Armando Bahamonde, enero 2013).

El tiempo como entorno…

Ya señalábamos que los pobladores de Chiloé, de la isla grande y del archipiélago conformado por pequeñas islas habitadas y conectadas desde los canales y golfos marinos, organizan su existencia en torno al mar, a la mar. Calendarios anuales, lunares y diarios se ven modificados por la acción de la naturaleza o de otros actores que intervienen el medio marino, y con ello la disponibilidad de los recursos necesarios para la vida.

Con la promulgación de la Ley General de Pesca y Acuicultura en 1991, la pesca artesanal consagra su carácter regulado, básicamente por dos tipos de mecanismos: las cuotas de pesca permitidas y la cantidad de millas en las que puede desarrollarse la actividad. Pero la transformación más importante de las últimas décadas ha venido de la mano de la industria salmonera que se instala, con sus enormes jaulas de cultivo, para producir peces casi como se producen otros objetos manufacturados y que, desde entonces, no deja de expandirse. En todo caso, para los pescadores, la instalación de las salmoneras marca una ruptura fundamental -un antes y un después- en las formas de resolución colectiva de su existencia.

Muchas mujeres que combinaban las labores del hogar con la agricultura de patio y la recolección de mariscos, hoy laboran como obreras en las plantas procesadoras de productos del mar. La presencia de la mujer en las plantas de procesamiento de salmón puede representar 70% o más de los trabajadores (Aravena 2009). Los buzos mariscadores que siempre trabajaron por su cuenta (aunque a trato pactado con intermediarios), hoy son contratados para realizar inmersiones a fin de limpiar las jaulas de cultivo de salmones, retirando a los ejemplares muertos por enfermedades provocadas por el hacinamiento y el abuso en la medicación (Saavedra 2011).

Así, con las salmoneras se instaura dos tipos de transformaciones muy importantes en la percepción temporal de los pobladores insulares:

(a) La restricción de los tiempos -y lugares- de pesca que antes solo el clima podía limitar y que hoy se ofrece como un espacio de restricciones espaciales y temporales para la faena.

(b) La que viene de la mano de la incorporación de los chilotes a las fábricas ligadas a los productos marinos:

…familias completas comenzaron a trabajar… sometidos a toda una regla, a todo un reglamento, a horarios, etc… empezamos a olvidar cuál era nuestro quehacer diario, nuestra siembra, nuestra pesca… (Entrevista a Ramón Yáñez, enero 2013).

La percepción sobre las salmoneras es paradójica: se les culpa del deterioro, de la escasez del recurso, de la contaminación, de la pérdida de la tradición. Pero, en palabras de la dirigente de la federación de sindicatos de pescadores de Dalcahue, “hemos tenido que permitirlas, para mejor la calidad de vida de las personas” (entrevista a Carola Barría, enero 2013).

Permítasenos una larga cita que expresa, de manera detallada, un razonamiento generalizado en la población chilota sobre la presencia de las salmoneras:

Yo no estoy en contra de las salmoneras, jamás he estado en contra de las salmoneras porque vino a crear empleo, vino a crear nuevas culturas, pero hay que tomar las lecciones y que sea algo que te de trabajo pero que sea permanente, no que sea momentáneo. Nosotros podemos convivir entre pesca artesanal y salmoneros durante muchos años pero siempre y cuando se les coloquen las restricciones correspondientes (….) porque no podemos llegar e instalar una salmonera encima de un banco natural, así se han ido matando montones de bancos naturales porque no había ningún tipo de restricción o fiscalización, si autorizaban las concesiones donde la pedían sin hacer un estudio previo, ver si hay un banco natural debajo, o cerca de la salmonera que podría perjudicar. Y se llegaba y se autorizaba la concesión así, y mataron un montón de bancos naturales porque la salmonera trae mucha contaminación y porque no tenemos control, hoy día yo creo que está más fiscalizado, controlado por el tema que pasó (…) Nosotros queremos seguir trabajando y que la salmonera también siga porque nuestra gente está ahí y queremos crecer como país como región, pero con normas (entrevista a Luis, abril 2012).

Al ritmo de las mareas: ciclos naturales e impuestos en la vida del pescador chilote

La vida del chilote, ya lo decíamos, está coloreada por los ritmos del mar. Los tradicionales calendarios de actividades anuales han estado, desde siempre, ligados a los ciclos de reproducción de las especies que les brindan sustento. A las épocas de secas, de lluvia, de fríos, se suman las de la merluza (Merluccius gayi), el congrio (Genypterus) o los recursos bentónicos; o bien la de la abundancia o escasez de recursos y las épocas de esperar, sembrar en la tierra o en el mar, pescar, recolectar algas y mariscos.

Pero a los ciclos de la naturaleza se oponen otros, disonantes, que la han modificado de una manera que se juzga irreversible. En casi todos los lugares del planeta, la desconexión entre los ritmos que caracterizan al tiempo ecológico y aquellos en los que se desarrolla el tiempo socio-histórico, provoca una colisión espacio-temporal, caracterizada por la disociación entre los ciclos de reproducción de la naturaleza, de larga duración, frente a los frenéticos ciclos de rotación del capital, cada vez más acelerados y depredadores (Harvey 2004; Leff 2000; Reichman 2004).

Lo anterior es claro en los atinados diagnósticos que los propios pescadores han elaborado. Ante lo que consideran una debacle ambiental sin precedentes -que se expresa en la disminución notable de la biomasa, el deterioro biológico de los fondos marinos, y la escasez y menor talla de varias especies- algunos pescadores coinciden en señalar que de aquí a pocos años -tal vez cinco- ya no quedarán más recursos para la pesca y la recolección. La industria salmonera, señalan, operaba hasta hace poco con plazos de aprovechamiento de diez años; pasados los cuales, se moverá a nuevos lugares dejando una huella de depredación y muerte en zonas que, con un cálculo optimista, tardarán otros 10 años en recuperarse. La coincidencia en el plazo señalado, muestra que un escenario futuro signado por un plazo fatal, se ha instalado en el imaginario de los pobladores. Ahora bien, este pesimismo puede relativizarse más allá de las percepciones y de los tiempos vividos. En las palabras de un pescador:

… hay almejas (venus antiqua) hay de todo, pero todo lo están matando (…) le están cambiando el hábitat al marisco, entonces yo digo que de aquí a diez años más nos vamos a quedar con los brazos cruzados, Quellón va a ser un pueblo fantasma, hubo pesca artesanal en Quellón y ahí van a empezar a buscar los culpables (entrevista a Chile Hernández, abril 2012).

En la actualidad se están implementando nuevas regulaciones en los sistemas de cultivo. Entre ellas los denominados “barrios salmoneros”, con rotaciones de menor alcance -uno o dos años-, pero obligados por la extrema presión que hasta hace muy poco estuvo sujeto el espacio marino, lo que puso en evidencia la “racionalidad” fragmentaria, destructiva y autodestructiva de la industria. Aun así, la lógica de la maximización de los rendimientos sigue prevaleciendo en la salmonicultura.

Yo soy totalmente negativa a las salmoneras, no me gustan. Claro, como digo le dan trabajo a la gente, pero es pan para hoy y hambre para mañana porque uno está viendo que contaminan una enormidad, y si siguen así, por ejemplo, acá en el estero estuvieron como dos o tres años, y durante ese tiempo los choritos no engordaban, no crecían y decían que era debido a las mismas cosas que les tiran a sus salmones y que abajo el fondo, dicen los buzos que está horrible abajo, el fondo marino (entrevista a Mabel, enero 2013).

Hace apenas unas décadas el mar se ofrecía por entero al pescador, al buzo mariscador, a los recolectores de orilla. Había tiempo de sardina (Strangomera bentincki), de congrio (Genypterus) o de merluza (Merluccius gayi), tiempo de jurel (Trachurus murphyi), de choritos (Mytilus chilensis), de erizos (Loxechinus albus). Se sabía cuándo ocurría el desove y también cuando la talla de una especie era la adecuada para su captura. Lo que impedía la pesca o la recolección era la presencia o amenaza de temporal y lo que regulaba la cantidad a capturar era el cálculo del costo-beneficio. Luego vendrían los booms, las “fiebres” que hacían que una especie se subastara a tan buen precio que valía la pena su captura sin límite, en tanto existía la fantasía de una ganancia también ilimitada.

Hoy en día, la pesca se ha tornado en un mundo repleto de leyes, de reglamentaciones -aunque también de desregulaciones pro-mercado-, de pesos y de medidas. Prohibiciones, vedas, cuotas, áreas de manejo, zonas protegidas. Los ciclos se imponen cuantitativos y reglamentarios, por la vía de la inspección constante y de la fiscalización sin fin.

Es común escuchar la queja sobre los tiempos de veda. No corresponden, dicen los pescadores y los buzos, al tiempo de desove. Como en otros temas, los saberes tradicionales y locales se oponen a conocimientos que provienen de esferas poco o nada vinculadas con la práctica de la pesca.

Las vedas están mal hechas porque la mayoría del pescado desova en noviembre, y las vedas están al revés… igual que los desoves del marisco, son todos en tiempo de verano, de noviembre en adelante (entrevista a Fredy Paredes, enero 2013).

El tiempo como horizonte: memorias y futuros del bordemar

El imaginario temporal chilote se expresa como horizonte que se extiende hacia varios pasados y apenas vislumbra, si acaso, un futuro incierto que podría no existir más.

Sin ser los únicos, dos tipos de pasado aparecen en las narrativas temporales que se encargan del ayer chilote. Por un lado, la que narra la tradición para situar en un tiempo casi mítico, una existencia que era, a una sola vez, de pobreza, limitaciones y restricción pero que parecía colmada de cultura, tradiciones, valores, y armonía con la naturaleza. Una memoria ligada al mar, a las embarcaciones, a mitos, creencias y costumbres propias, viene a cuento cuando se habla del Chiloé insular e incomunicado, de la “frontera cerrada” y con gran fortaleza cultural. La expresión folclorizada sobre un supuesto “Chiloé mágico”, denota la configuración de una cosmovisión peculiar construida y enriquecida por un mestizaje de insularidad que la diferencia notoriamente de otras identidades.

Según Armando Bahamonde:

El deterioro cultural de Chiloé es dramático... la cultura tradicional que durante tantos años nos distinguió… se ha deteriorado por la estrecha relación que tiene con la destrucción del medio ambiente. Que más sintomático que hablar de esa riqueza de los mitos de Chiloé… creer en el Trauco que cuidaba los bosques, creer en la Pincoya que era la que regaba en el mar las semillas de los pescados y mariscos, creer en el Caleuche que era que cuando naufragaban los pescadores no estaban muertos, estaban vivos, estaban en el Caleuche (entrevista a Armando Bahamonde, enero 2013).

De otra parte, la historia inmediata es narrada a partir de varios hitos que permiten reconstruir la “gran transformación” y las diversas etapas que se han sucedido en la vida de Chiloé: el sismo de 1960, el golpe militar de 1973, la llegada de la industria, los sucesivos booms y fiebres marinas, la crisis de la industria salmonera como consecuencia del virus ISA y su relativa e incierta recuperación, la debacle ambiental, y las perspectivas en el futuro inmediato.

El gran terremoto-maremoto de 1960 transformó el paisaje costero colmando de agua salada costas y veredas antes transitables a pie. La historia reciente, desde 1960 hasta el año 1973 en el que el Presidente Allende es derrocado por un golpe militar, es narrada por Armando Bahamonde en la entrevista de enero de 2013, de la siguiente forma:

El año 60 para nosotros es un año bueno y malo, marca, para Chiloé un antes y un después… El 22 de mayo de 1960 se produce el maremoto-terremoto más grande que tenga la historia humana, fue de 9.5° casi no quedó nada acá… fue un inmenso maremoto que mató a mucha gente pero que cambió absolutamente la vida, por que cambió el paisaje, cambió la historia porque (…) se produce una nueva vida, más moderna, comienzan otras costumbres, mucha gente comienza a venirse a vivir a Chiloé, en fin, es una época de ese tipo…

Cuando es el golpe militar en 1973, en Chile surge un nuevo sistema de mercado, un nuevo sistema económico y político, que es abrir más todavía Chiloé al mundo ¿Cómo? A través del sistema de concesiones se entregan grandes territorios marítimos, se les entregan a empresas extranjeras fundamentalmente, prácticamente la mayor parte de nuestras costas entregadas en concesión a la empresa salmonera fundamentalmente y esto crea un auge marítimo, por un lado, pero también un desorden y una destrucción que llega a casi un colapso, tanto del mar como de nuestras riberas.

Las fiebres y los booms, marcan la historia reciente de la isla de Chiloé. Sobresalen en particular la fiebre del loco (Concholepas concholepas) en los ochenta y noventa, y de la merluza (Merluccius australis) en los noventa y parte del siglo actual. Una abundancia de recursos que, bien colocados en el mercado, dieron lugar a ganancias nunca vistas, también al derroche y la “buena vida” y, en muy pocas ocasiones, al cálculo mesurado, a la compra de bienes para el trabajo, al ahorro, a la previsión. El boom es metáfora del estallido y aparición de un nuevo escenario económico, por lo general repentino y presentado como revolucionario y positivo. La fiebre, al parecer, tiene relación con una reacción alterada de los sujetos producto de una serie de transformaciones, ya sea demográficas, económicas, sociales o culturales (Morales 2011:111). Cabe aclarar que las fiebres marinas se produjeron en épocas en las que la pesca era libre. Los pescadores vendían lo que pescaban, sin ningún tipo de restricción (Brinck 2011:172).

El boom duró unos cinco años… Dalcahue era chico, pero comenzaron a llegar pescadores de todas partes… muchos se quedaron, por eso creció tanto Dalcahue… antes eran 2.500 la comuna completa. Ahora son 13 o 14 mil habitantes… (Entrevista a Fredy Paredes, enero 2013).

Mi familia es de origen muy humilde, mi papá es pescador…Cuando hay abundancia uno nota el cambio… Por ejemplo, del dinero que mi papá manejaba en la última loqueada, cuando la fiebre del loco, mi papá llevó fardos, es un recuerdo muy intenso…

Hay familias en Dalcahue que hicieron su fortuna en aquellos años y otras malgastaron… dos o tres familias que tienen las barcazas, transbordadores que prestan servicios, hay otros que compraron tierra, que entonces no valía nada (entrevista a Carola Barría, abril 2012).

En términos generales, podemos hablar de un imaginario generalizado que mira a un pasado perdido, en el cual la abundancia se correspondía con un entorno limpio y una población que vivía alegremente sus tradiciones. “¿Cómo estás Chiloé?”, pregunta el cantaautor y defensor de la cultura tradicional chilota Ramón Yáñez, para responder en su canto: “ya no eres lo de ayer. Tus riberas, tus esteros, la utilizan extranjeros. Y el isleño pescador, sólo está de observador”. “Los mariscos y pescados, están siendo exterminados y los pobres de mi tierra, sufriremos angustiados” (Soto 2007:63). Las narrativas sobre el pasado refieren DE LA a formas de vida en las que la libertad de acción AUTORA.: estaba mediada solamente por razones climáticas o por fenómenos naturales. Pescadores, recolectores, algueras y marisqueras no tenían, sino que atrapar o recolectar los recursos para el autoconsumo y para la comercialización. Hoy en día, las cosas son muy diferentes. La presidenta de la Federación de Sindicatos de Pescadores de Dalcahue, lo expresa de esta manera:

Yo nací en una época donde mariscar era una costumbre, una tradición, la señora, la dueña de casa, la viejita que quería comer su curanto, bajaba a la playa a recolectar sus mariscos, se iba a su casa a hacer su curanto.

Hoy día no dejan ni a los vecinos, venir a recolectar. Toda la orilla es área de cultivo… toda la orilla es área de acuicultura, el chorito se va al mercado europeo, la merluza también, el chorito o el mejillón tiene el mismo estándar… tú vas a una costa en donde antiguamente se mariscaba y los camiones han destrozado la playa, una mortandad de todo… (Entrevista con Carola Barría, abril 2012).

Dos horizontes temporales destacan en la narrativa temporal del pescador artesanal chilote. Se trata de horizontes cruzados por el lamento; de un lado, lo que fue mejor y no regresará, del otro, lo que no podrá ser más. Un pasado más lejano en el cual se destaca la tradición y la abundancia. Una abundancia que encuentra eco en muchos pobladores. Baste con estos testimonios:

… Yo trabajé más de 20 años de buzo, uno a la orilla de la playa cuando bajaba la marea y uno se iba para la orilla, en cualquier isla y veía uno el manchón de erizos… y veía si era bueno, lo cargaba, 400, 500 cajas, pero puro erizo bueno… grande (entrevista a Fredy Paredes, enero 2013).

Había mercadería de más… 25 sacos de almejas se sacaban en cada marea…hace 45 años. En tres o cuatro horas… porque el buzo de escafandra trabajaba muy pocas mareas... Eran como unos pozos de mariscos, todas esas playas estaban llenas de mariscos, se sacó no hubo control, al no haber control… todo lo que es recursos marinos fue terminándose… hubo una época que Chile era primero en el mundo (entrevista a Juan Barría, enero 2013).

La abundancia de mariscos era enorme, mucho pescado, mucho marisco, incluso esos choritos que ahora son ya de cultivo, eran algo que no importaba… era algo que tu pisabas, ni siquiera lo consideraban, lo iban a buscar para los cerdos (entrevista a Ramón Yáñez, enero 2013).

Aquí en Dalcahue se desembarcó durante 8 o 10 años jurel… yo estuve a cargo de esa pesca de investigación, yo cerraba tres rampas diarias de 19 mil kilos cada rampa, las embarcaciones jureleras se iban a 15 o 20 minutos y cerraban un camión, esa fue una época en donde yo vi como todo Dalcahue consumía pescado, un jurel llegó a costar 30 pesos (entrevista a Carola Barría, abril 2012).

Al recuento de la abundancia se suma el discurso de la queja por lo que se considera el gran desastre ambiental dejado por las industrias salmoneras. Es un discurso paradójico porque, a pesar de su lamento, reconoce en la presencia de la industria un beneficio económico asociado a la creación de empleos.

Desde que llegaron las salmoneras acá a mucha gente le ha cambiado la vida, se han arreglado en los sueldos, han arreglado sus casitas, han aprovechado el dinero como también hay otros que se la han tomado toda. Pero a mí a veces me da una rabia porque es una contaminación grande la que están haciendo, pero no se dan cuenta, porque claro están dando trabajo y está bien eso, pero saquémoslos a una sola parte, porque si no como digo yo de aquí a diez años esto va a morir va a quedar peor que Ancud, ¿ha visto la caleta de Ancud? Está muerta (entrevista a Chile Hernández, abril 2012).

Por eso nosotros no estamos en contra de las salmoneras, pero lo que queremos es que sea acorde a lo que es la ley, porque una cosa es lo que dice la ley y otra que se haga regir, es muy distinto. Tuvimos en la comuna de Quellón hace dos años atrás la cesantía más grande en la historia, fue la comuna más pobre del país y yo te digo Quellón hace 10 u ocho años atrás era el paraíso de Chile, porque todos migraban a Quellón porque se ganaba más plata, pero por este tema del ISA cayó todo, porque cayó la salmonera y no pudo seguir dando empleo, pero eso no fue todo, el mar estaba contaminado, los cultivos de chorito se fueron a pique, estaba cada sector donde habían cultivos de chorito, las normas internacionales para vender para el consumo humano son de menos de 80 microgramos, y estaban sobre 300, sobre 500 y algunos sectores sobre 2.000 y algunos sectores sobre 5.000 entonces ¿cómo se iba a poder consumir eso? Entonces vino todo a través de una sola cosa: el mal manejo de la salmonera, la mala fiscalización (entrevista a Luis, abril 2012).

Del otro lado, un imaginario que se alarga hacia el futuro se centra en una narrativa que difumina el mañana porque, al parecer, no tiene mucho que esperar de él. Es un futuro sin relevo generacional: ¿quién será pescador el día de mañana si los jóvenes se han ido a la ciudad, si no les interesa ser pescadores?

Mira, primero hubo un bajón una decepción muy grande hacia la salmonera porque desde que entraron aquí era como una esperanza que había, de que la gente iba a tener trabajo por mucho tiempo. Y la gente se organizó y se programó de aquí a 10 años, y yo te digo, en Chiloé se perdió la agricultura, todo lo que era el trabajo en los terrenos, en el campo se perdió porque como vino el boom de la salmonera y se ganaba plata la gente se fue toda allá, y perdió el hábito de sembrar (…) que aquí en Chiloé nadie siembra papa, porque resulta que como pasaron 10 años, la juventud no sabe sembrar papas. Porque como vino la salmonera con un trabajo bueno, la gente abandonó sus actividades tradicionales y lo mismo estaba pasando con la pesca artesanal, la gente estaba abandonando las lanchas (…) Y pasa esto y hoy recién se está dando cuenta la gente de que, si sabemos conservar la pesca artesanal, controlarla, cuidarla, vamos a tener para muchos años más. El salmón es un pez depredador que sale de la jaula y no deja nada de lo que está a su alrededor, por ejemplo, el robalo, la corvina ha migrado muy afuera. Antes tú salías en un bote con una red en la noche y la llenabas de robalo y ya no hay porque arrancó, porque el salmón de cautiverio todo lo que pilla se lo come al arrancar de una jaula (entrevista a Luis, abril 2012).

Yo creo que para el día de mañana la juventud no va a tener que sacar, no va a tener con qué sobrevivir, el artesanal por lo menos (entrevista a Juan Barría, enero 2013).

El futuro en que uno se queda pensando yo le digo cuando yo le hablo que hoy día nuestros pueblos para poder vivir tienen que salir a cinco o más horas a capturar pescado, mariscos, ello habla de que no estamos hablando ya del futuro sino de un presente realmente caótico… el futuro yo solamente lo veo a (muchos) años. Aquí vamos a tener que esperar a lo mejor dos generaciones (entrevista a Armando Bahamonde, enero 2013).

A Manera de Conclusión

Tiempo y espacio constituyen, sin duda, más que parámetros o dimensiones de ubicación de la vida del pescador artesanal del sur chileno. Se trata de dimensiones que se alzan como escalas, mapas, trazos territoriales, cadencias y ritmos reconocibles y que dan origen a narrativas en las que tiempo y espacio se tornan metáforas para dar lugar al cultivo, al abandono, la defensa, la lucha y, otras muchas formas de apego afectivo con un borde-mar tatuado por la historia en común.

A partir de las entrevistas realizadas a los pescadores, líderes sindicales, mujeres recolectoras, buzos mariscadores y cultores en las localidades de Dalcahue, Quellón, Achao, Quinchao, entre el 2012 y el 2013, logramos acceder a las narrativas que sobre tiempos y mareas expresan la vida insular y de borde-mar. El panorama que deriva de dichas narrativas dista mucho de proyectar un horizonte de esperanza. Por el contrario, muestra un horizonte de incertidumbres, producto del riesgo latente que representa el crecimiento de la industria salmonera en aquella región. En este marco, es necesario situarse en un escenario en donde la salmonicultura no constituye un evento particular que constriñe formas de vida tradicional, como la pesca artesanal o más ampliamente la diversidad de economías borde-marinas. Su desarrollo es una expresión, entre otras, de vectores de modernización capitalista tardía signada por las lógicas del neoliberalismo y la economía transnacional. Ciertamente, en el curso de los últimos 30 años, el mar interior de Chiloé y del sur-austral en general, ha cambiado notablemente. La salmonicultura, como los cultivos industriales de mejillones o la pesca de mediana y gran escala, condicionan también la sociabilidad y los proyectos de existencia colectiva. Tal vez las fuentes laborales, principalmente para mujeres jóvenes, y los servicios asociados a la producción de salmones -que se expresan en una serie de emprendimientos locales-, sean los ejes más notorios de ese cambio. Ahora bien, consignemos que es precisamente la lógica de ese proceso, su despliegue, la que ha derivado en horizontes de incertidumbres y riesgos. Como se advierte en las investigaciones referenciadas más arriba y también en nuestro trabajo de campo, las condiciones precarias del empleo y las consecuencias ambientalmente erosivas de la modernización acuícola no reportan noticias optimistas.

Para los pobladores chilotes la tensión entre mantener el oficio de pescador o incorporarse a las fábricas -a los centros de cultivo- se entiende como un riesgo que deben asumir si quieren sobrevivir ante los cambios acelerados de la época. Ahora ya no dependen únicamente de un tiempo ligado a los ciclos de la naturaleza, sino más visiblemente a los tiempos de la industria y de sus ciclos de depredación. Para los jóvenes, el futuro aparece como un mañana que ha sido secuestrado. Las nuevas generaciones saben de las épocas de abundancia, de fiebres y de libertad; pero solo han vivido reglamentación, vedas, restricciones, zonas protegidas y contaminación. El mar podría no ser más una opción de futuro para ellos. Entre los pescadores adultos y mayores prevalece un imaginario donde el pasado se asocia con la abundancia y el cultivo de la tradición, y el futuro se ve atraído por el desastre ambiental y la inestabilidad del empleo.

Las grandes transformaciones que trajo consigo la industria salmonera responden a un proyecto modernizador cuyo tiempo es el de la celeridad de la ganancia. Frente a éste se oscurece la dimensión cultural de todo proceso económico y de los tiempos asociados a la tradición de una vida común en torno al bordemar. Tiempos asociados a las condiciones climáticas que se vinculan directamente con las jornadas de trabajo.

La metáfora del tiempo como entorno permite abordar el tema de las salmoneras y la percepción que los pescadores tienen de ellas. De acuerdo con los resultados arrojados en nuestro trabajo de campo, hubo una transformación en la apreciación de los pescadores de este ítem. En primer lugar, entendieron que hubo una restricción de los tiempos y lugares de trabajo. En segundo lugar, y debido a ello, se vieron obligados a incorporarse a las industrias salmoneras, en muchas ocasiones con acuerdos de por medio.

En definitiva, las condiciones actuales de producción y extracción en el mar se han visto cuestionadas desde otros espacios colectivos. Construidos en función de una identidad cultural apegada a ciertas tradiciones y valores, estos espacios están en constante confrontación con las exigencias laborales propiamente modernas. Atendiendo este orden de ideas, es posible verificar la importancia que tiene el imaginario temporal para determinar el status de la pesca día a día. No sabemos si toda la problemática global de la pesca artesanal puede ser estudiada -únicamente- desde un eje socio-temporal. Lo cierto es que se rememora el pasado por lo que nos dejó y se anhela el futuro por lo que nos traerá, siendo la incertidumbre la tensión entre ambas.

Agradecimientos:

Agradecemos especialmente a las mujeres y hombres, habitantes de Chiloé, que nos compartieron sus experiencias y conocimientos, sin los cuales no podríamos haber llevado a cabo la investigación. Agradecemos también, la valiosa colaboración de Dulce María Vélez y Andrea Freddi en la elaboración de este trabajo y el apoyo de Conicyt a través del Proyecto MEC 80110016 “Construcción Social del Tiempo en Territorios Rurales del Sur Austral de Chile: el Caso de los Pequeños Campesinos y Pescadores Artesanales”. Por último, agradecemos a las evaluadoras y evaluadores de este artículo por sus comentarios y aportes.

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Nota

1 El pescador artesanal como actor clave del MM está sujeto a una serie de transformaciones (o adaptaciones) que estarían en función de los requerimientos o tamaño en cuanto a área o intensidad que alcanzan los diferentes usos, ya sea como MSv, MSb, MF o MP. Cada cambio es un proceso o ciclo de retroalimentación tanto positiva como negativa. Así, podemos entender las constantes contradicciones en las valoraciones que las poblaciones locales hacen sobre, por ejemplo, la instalación de los centros de salmonicultura, donde el incremento de este último, retroalimentaría positiva y negativamente al pescador artesanal.

Recibido: Mayo de 2019; Aprobado: Diciembre de 2019

*Autora correspondiente: asuncion.diaz@uach.cl

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