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Revista chilena de enfermedades respiratorias

versión On-line ISSN 0717-7348

Rev. chil. enferm. respir. v.19 n.2 Santiago abr. 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73482003000200005 

Rev Chil Enf Respir 2003; 19

TRABAJO ORIGINAL

Tributo a los 170 años de la creación del
Primer Curso de Ciencias Médicas en Chile*

MANUEL OYARZÚN G.**

TRIBUTE TO THE 170TH ANNIVERSARY OF CREATION OF THE FIRST
COURSE OF MEDICAL SCIENCES IN CHILE

The first course in Medicine was inaugurated in 1833, even before the University of Chile (1843) the oldest in the country. Since 1833 the development of Chilean Medicine has been difficult but constant. The outstanding developments in medical education that have occurred during these 170 years are mentioned. Most of these milestones have had the active participation or have had place at the School of Medicine, which was begining to grow and to develop after the pioneer course of 1833. After a very modest beginning with a very small number of students and professors this School of Medicine was spread over most of Santiago public hospitals, introducing in Chile the scientific and technological advances of biomedical sciences. During these 170 years this institution has substantially contributed to the development and progress of Chilean Medicine. Looking at present and past, it is surprising how this School of Medicine has been able to adapt to the huge changes that have taken place in our country, as well as in the whole world. A adaptative problem in its immediate future is how to succesfully face the huge scientific, technological, social and economical challenges of the present century, preserving the most preciated and traditional principles of our university.

Key words: Medical education; Chilean Medicine; History of Medicine.

RESUMEN

El primer curso de medicina en Chile fue inaugurado en 1833, mucho antes que la Universidad de Chile (1842) la más antigua del país. Desde 1833, el desarrollo de la Medicina Chilena ha sido difícil aunque constante. Se citan los hechos más sobresalientes ocurridos en educación médica en Chile en estos 170 años. La mayoría de estos hitos han ocurrido con la participación activa o han tenido lugar en la escuela de medicina, que comenzó a crecer y a desarrollarse con el curso pionero realizado en 1833. Luego de un muy modesto comienzo con un pequeño número de alumnos y profesores, esta escuela de medicina se expandió en la mayoría de los hospitales públicos de Santiago, introduciendo en Chile los avances científicos y tecnológicos de las ciencias médicas. Durante estos 170 años esta institución ha contribuido substancialmente al desarrollo y progreso de la Medicina Chilena. Mirando al pasado y al presente, es sorprendente cómo esta escuela de medicina ha sido capaz de adaptarse a los enormes cambios que se han producido en nuestro país, como también en todo el mundo. Un problema adaptativo que se plantea en su futuro inmediato es cómo enfrentar exitosamente los enormes desafíos científicos, tecnológicos, sociales y económicos del presente siglo, conservando los más preciados y tradicionales principios de nuestra universidad.

Motivados por el deseo de promover el estudio de las ciencias médicas y considerando que éste había sido descuidado en Chile a pesar de su importancia para la conservación de la vida, el 19 de Marzo de 1833 el Presidente D. Joaquín Prieto y su ministro del Interior y Relaciones D. Joaquín Tocornal, firmaron el decreto de creación del primer curso de ciencias médicas en Chile con sede en el Instituto Nacional1. Esta determinación gubernamental significó que la Escuela de Medicina precedió en su creación en una década a la Universidad de Chile, a la que se integró como una de sus facultades iniciales.
La necesidad de contar con una escuela de medicina en Chile había sido representada en un notable documento elaborado en 1826 por el Dr. Guillermo C. Blest titulado: "Observaciones sobre el estado actual de la Medicina en Chile con la propuesta de un plan para su mejora"2. Ese documento describe el deplorable estado en que se encontraba la educación médica de Chile y propone un programa de carácter tutorial para la formación de médicos, elevando con ello la dignidad de la profesión. El decreto de 1833 se inspiró en este documento, acogiendo sus ideas; más aún el propio Dr. Blest fue designado director de esta iniciativa. El plan de estudios abarcaba 6 años, divididos en dos ciclos de 2 y 4 años respectivamente3. El primer ciclo estaba a cargo del Dr. Pedro Morán y se iniciaba con "Anatomía especulativa y práctica" a la que se agregaba en el 2º año Fisiología e Higiene. El segundo ciclo constaba de 4 años de estudios abarcando: "Principios y práctica de la Medicina" y "Medicina Clínica en los Hospitales" ambos a cargo del Dr. Blest, en el 2º año de este ciclo se dictaba otro curso titulado "Materia Médica" a cargo del profesor José Vicente Bustillos, quien era farmacéutico. El 3er año del ciclo contemplaba "Los principios prácticos de la Cirugía y Cirugía Clínica", en tanto que el último año se programó "Obstetricia y enfermedades incidentes a la niñez". Estas asignaturas aun no contaban con profesor, por lo que más adelante se contrató en Francia al Dr. Lorenzo Sazié, quien inició sus clases en Chile en 1835 y ulteriormente al incorporarse la naciente escuela de medicina como facultad a la Universidad de Chile, asumió como su primer decano.

El Dr. Guillermo Cunningham Blest (1800-1884)3,4, era descendiente de irlandeses, recibió su título de médico en la Universidad de Edinburgo a los 21 años y pocos años más tarde se trasladó a Chile con su familia. Cuando llegó a nuestro país, la situación sanitaria era muy deficiente, las epidemias diezmaban a la población y los hospitales eran insalubres. En esa época ejercían en Santiago sólo 9 médicos, la mayoría de ellos extranjeros. En 1827, un año después de publicar sus observaciones sobre el estado de la Medicina en Chile, fue nombrado inspector general de medicina y luego titular del protomedicato. En 1828, publicó un ensayo sobre las causas más comunes de enfermedad en la población de Santiago, en el que con una visión de Salud Pública describió descarnadamente los problemas sanitarios de Santiago en esa época. En 1831, adoptó la nacionalidad chilena siendo luego elegido diputado por Rancagua (1831-34) y ulteriormente senador de la República. Estos antecedentes fundamentan que su nombramiento como director del primer curso de medicina en 1833 se debió a su prestigio profesional y espíritu de servicio, constituyendo la culminación de sus esfuerzos para mejorar el desarrollo de las ciencias médicas en su país de adopción.

Las clases de medicina se iniciaron el 17 de Abril de 1833 en el Instituto Nacional con 11 alumnos. En la ceremonia de inauguración del primer curso de Medicina el 27 de Abril de 1833, G. Blest pronunció una notable alocución5 en que hace referencia a algunos sólidos principios de la medicina, previniendo a sus estudiantes de las creencias dogmáticas de muchos autores que no estuviesen substanciadas por serias observaciones y los dirige hacia el estudio de la anatomía y fisiología. Luego de exponer el plan de estudios termina su discurso haciendo consideraciones sobre ética médica plenamente vigentes en nuestros días. En el curso de la carrera varios estudiantes fallecieron por contraer enfermedades infectocontagiosas. Diez años más tarde, cuatro de los 11 alumnos ingresados al primer curso de medicina se graduaban en el mismo año en que se creaba la Universidad de Chile, que estuvo constituida por cinco Facultades, siendo medicina una de ellas. G. Blest fue nombrado miembro de la Facultad de Medicina y aunque más tarde llegó a ser su decano por un corto período, su señero papel pionero y fundacional en la historia de la medicina chilena ya había sido cumplido.

Al conmemorarse el primer centenario de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, la Revista Médica de Chile rindió un emotivo homenaje a este acontecimiento en su editorial6 del cual transcribimos los siguientes conceptos: "El balance de un siglo de vida médica oficial acaba de hacerse con el cumplimiento del extenso programa de festividades organizados por los distintos núcleos médicos del país... Numerosas colaboraciones de orden histórico, sin hablar de la contribución en el orden clínico y experimental, trazan por sí solas la trayectoria de cien años, en que la constancia, la fe y un alto concepto de la dignidad de la profesión, han dado a nuestro país una medicina organizada y pródiga en frutos de bienestar nacional".

En ese año (1933) las Sociedades médicas realizaron diversos actos de homenaje. A las Jornadas Médicas Nacionales se agregaron la V Reunión Anual de Medicina, el I Congreso Nacional Pediátrico y una reunión especial de la Sociedad de Cirugía de Chile. La Sociedad Chilena de Tisiología fundada en 1930, adhirió entusiastamente a la celebración de este centenario dedicándole una sesión especial en la que participaron los profesores Drs. Héctor Orrego P. (presidente de la Sociedad), Sótero del Río G. y Armando Alonso V.7

Al celebrarse el sesquicentenario de la creación del primer curso de ciencias médicas en Chile, el editorial conmemorativo de la Revista Médica de Chile8 colocaba este acontecimiento en una perspectiva histórica, afirmando que desde 1833 la medicina chilena había experimentado un progreso dificultoso pero constante. Luego de un comienzo difícil, logró alcanzar cierta solidez en los primeros decenios del siglo XX, unido al hecho que las universidades chilenas dejaron de ser profesionalizantes para convertirse lentamente en centros de estudio, de creación y de investigación8.

En su marcha y progreso incesante, la educación médica chilena ha marcado muchos hitos, los más destacados según esa perspectiva histórica8 para el período 1833-1983, se resumen a continuación (Tabla 1).



Este análisis de los primeros 150 años de educación médica formal en Chile finalizaba con la seria preocupación planteada en el ambiente académico por la situación que enfrentaba la educación superior en 19838. En efecto, la Reforma Universitaria iniciada en 1968 significó un cambio substancial en el manejo administrativo y académico de las universidades9,10. Los cambios fundamentales introducidos por la Reforma Universitaria incluyeron la elección de las autoridades universitarias con la participación de todos los miembros de la comunidad: docentes, alumnos y funcionarios, lo cual significaba cogobernar la universidad. Las antiguas cátedras fueron reemplazadas por los departamentos como unidades disciplinarias básicas y se creó un nuevo sistema de carrera académica, basado en un reglamento de evaluación10. Todos estos cambios producidos por la reforma no habían alcanzado aún a consolidarse cuando luego del 11 de septiembre de 1973 tuvo lugar la intervención militar de las universidades. La pérdida de la autonomía universitaria, la falta de una carrera académica adecuadamente estructurada, la progresiva disminución del aporte financiero estatal a las universidades que se inició con el pago obligatorio de la enseñanza de los estudiantes que hasta entonces era gratuita, las limitaciones de recursos e infraestructura para docencia e investigación, entre muchos otros factores, provocó la sensación generalizada que en la gran mayoría de las escuelas de medicina, la enseñanza de la disciplina presentaba un estado de estagnación o incluso de recesión. Esta sensación era apoyada por una serie de hechos negativos, entre los que destacaban la reducción de jornadas completas, la migración de académicos hacia el extranjero y hacia sectores con mejores expectativas, carencia de estímulos académicos y salariales, falta de ingerencia de los profesores en la política académica. Toda esta situación era especialmente preocupante, ya que como pronosticaba el editorialista8, lo que se había omitido de realizar o de prever en esos años, tendría serias consecuencias en la formación de estudiantes que ejercerán la medicina en el siglo XXI, es decir en nuestros días, debido a la natural latencia de los procesos educacionales.

A contar de 1986, la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile comenzó a recuperar su autonomía universitaria11 y paralelamente se han ido realizado sucesivos esfuerzos, a través de la adopción de diversos planes de desarrollo y de reestructuraciones, para enfrentar los problemas derivados del deterioro institucional de las universidades en general y de situaciones que han estado afectando directamente el funcionamiento de esta Facultad, entre ellas las secuelas de su división en 1972, el deterioro del sector salud que incidió en el entrenamiento clínico de los estudiantes que utilizan establecimientos del Ministerio de Salud, e incluso llegó a ser cuestionado un aspecto tan crucial en educación médica, como lo es la relación docente-asistencial. Estos esfuerzos, que han debido superar diversas dificultades tanto internas como externas, han logrado algunos avances positivos en tanto que otros cambios por estar en pleno desarrollo, deberán ser cuidadosamente evaluados cuando el proceso haya concluido.

Las principales modificaciones y avances llevados a cabo en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile en los últimos años representan también una respuesta a los nuevos es cenarios que han enfrentado y están enfrentando tanto la medicina práctica como la académica12. Estos nuevos escenarios están determinados por una parte por las modificaciones que han inducido en las prestaciones de salud los cambios demográficos y epidemiológicos, como también los avances tecnológicos y especialmente el modelo de atención médica que se está imponiendo en el país. Estos han llevado a poner más énfasis en la enseñanza clínica de la atención ambulatoria en los consultorios externos, considerando que tradicionalmente la enseñanza clínica se efectuaba casi íntegramente en la atención cerrada al interior de los hospitales. Otro factor nuevo en escena son las demandas de campos clínicos generados por el progresivo aumento de nuevas escuelas de medicina, compitiendo por los recursos siempre escasos del sector salud. En este contexto la descentralización del Sistema de Servicios de Salud ha dejado a criterio de los directores de estos Servicios las decisiones sobre la relación docente-asistencial, lo que ha hecho que estos convenios de asociación hayan debido repactarse entre los servicios de salud y las universidades. Por su parte, el Hospital Clínico de la Universidad de Chile ha sido también afectado por los cambios en la política asistencial pública. En efecto, dicho hospital dejó de estar integrado orgánicamente a las programas asistenciales públicos, pasando a ser un prestatario eventual de servicios a ese sector, lo que lo ha estimulado a volcar sus prestaciones hacia el sector privado.

En este sucinto análisis no podemos dejar de señalar que los intereses y las exigencias de los alumnos universitarios también han cambiado. En el pasado la obtención de un título profesional universitario era una meta final para la mayoría de los estudiantes universitarios. Actualmente el acceder al título de médico-cirujano no es una meta final, sino un medio para alcanzar una meta educacional superior que se traduzca en la obtención de un título en una especialidad primaria o secundaria de la medicina, como también en la obtención de un grado académico superior, como lo es el doctorado.

La principal respuesta a esta necesidad de cambios adaptativos institucionales en función del entorno ha sido el cambio curricular de los estudios de pregrado de la Escuela de Medicina que se inició formalmente en 1998, resultando por ahora muy aventurado emitir un juicio acerca de sus resultados, pues aún no ha egresado ningún alumno que lo haya completado.

La elaboración de este nuevo currículo estuvo basada en cuatro principios13: a) el perfil profesional que debería tener el médico a comienzos del siglo XXI, es decir condiciones personales, científicas y técnicas que le permitan enfrentar las enfermedades prevalentes y a la vez facilitar el desarrollo de especialistas altamente calificados; b) las características del equipo de salud, permitiendo el trabajo multidisciplinario con otros profesionales en la atención y en la docencia; c) una educación basada más en el cómo aprender que en el qué aprender y sustentada en la autonomía académica de los estudiantes y en la flexibilidad de los temas; d) las modificaciones tanto en el currículo como en las metodologías de enseñanza están orientadas a lograr un aprendizaje activo, responsable y actualizado13.

El cambio curricular ha sido considerado una necesidad no sólo por la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, sino que también por las principales Facultades de Medicina del país14, tal es así que en la mayoría de ellas se encuentra en diversos grados de desarrollo un cambio curricular que considera los antecedentes ya descritos y la situación institucional.

A pesar de este aparente consenso en que el cambio curricular es necesario, llevarlo a efecto no es una tarea fácil. Una buena parte de las recomendaciones realizadas ya en 1960 por las Facultades de Medicina de Chile no han sido aún puestas en práctica, lo cual parecería radicar en las culturas institucionales y en la vitalidad de las comunidades académicas respectivas15. Por su parte, es una experiencia compartida con otras universidades15, que los mecanismos de implementación del cambio curricular entre los que se cuentan mayor valoración de la docencia, reestructuraciones administrativas, cambios en la infraestructura física, etc, terminan afectando todos los aspectos de la vida académica y especialmente su cultura organizacional.

En el caso de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, la creación del Instituto de Ciencias Biomédicas (ICBM) ha sido un cambio importante y quienes lo promovieron consideran que ha facilitado la implementación del nuevo curriculo. El ICBM fue creado en 1997 y resultó de la fusión de diez departamentos básicos y preclínicos, que dieron origen a similar número de "Programas Disciplinarios", que se definen como propuestas conceptuales y de acciones académicas en un área del conocimiento. En base a estos programas se constituyen académicos activos y expertos en una misma disciplina o en disciplinas afines, que formulan y ejecutan proyectos de desarrollo en un área del saber. En los programas de este instituto radican las actividades de investigación y docencia que se aplican tanto en el pre como en el postgrado y que idealmente permiten el logro de altos estándares académicos, la renovación de sus recursos humanos y la integración interdisciplinaria -entre los diversos programas del instituto- como con el resto de los organismos académicos de la Facultad12. La denominación oficial de esta unidad académica es "Instituto de Ciencias Biomédicas Dr. Eduardo Cruz Coke Lassabe", se rinde así un merecido homenaje a la memoria de quien fuera profesor de esta facultad y figura señera de la medicina chilena. Se espera que la creación de este instituto logre potenciar aún más las actividades académicas de la facultad, especialmente en investigación, docencia de pre y postgrado y en sus vinculaciones nacionales e internacionales.

A nivel de postgrado y postítulo también han habido avances notables en los últimos 20 años. Se ha producido una diversificación de la especialización de postítulo con la creación de nuevos programas de especialidades y la reacreditación de los centros formadores de especialistas por la Asociación de Facultades de Medicina de Chile (2002). En los programas de postgrado se dio un paso inicial importante con la creación de los programas de magíster en ciencias biológicas y médicas en 1983, con 16 menciones a las que se han agregado sucesivamente otras, algunas de ellas interdisciplinarias y con la participación de otras facultades. Más recientemente se han iniciado los programas de doctorado en ciencias biomédicas (1989), en ciencias médicas (1994) y en el presente año el doctorado en salud pública. Además, la Facultad está impartiendo otros dos programas de doctorado -Nutrición y Farmacología- en conjunto otras unidades académicas de la Universidad de Chile.

Entre los avances de la educación médica en Chile en los dos últimos decenios, es justo mencionar la creación y los valiosos aportes hechos por la Asociación de Facultades de Medicina de Chile (ASOFAMECh) tanto a nivel de pre como de postítulo y por la Comisión Nacional Autónoma de Certificaciones Médicas (CONACEM)16. A nivel de pregrado merecen también una mención especial el proceso de acreditación de las Escuelas de Medicina que está llevando a efecto el Ministerio de Educación y el proyecto de Examen Médico Nacional, estas dos importantes iniciativas intentan constituirse en un necesario control de la calidad de la enseñanza médica y de los médicos egresados de las diferentes escuelas de medicina del país.

Al dar una mirada al pasado y al presente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, sorprende su capacidad de adaptación institucional a los enormes cambios que se han producido en el país y en el mundo en sus 170 años de existencia. Se inició modestamente con un número muy pequeño de alumnos y profesores en dependencias del Instituto Nacional y luego en un local propio a un costado del antiguo hospital San Juan de Dios ubicado entonces en la calle San Francisco. Se expandió progresivamente por la mayor parte de los hospitales públicos de Santiago, introduciendo en Chile los avances científicos y tecnológicos que provenían de los países más desarrollados. Actualmente está integrada por 1.600 académicos, 600 funcionarios y más de 3.500 alumnos en ocho carreras de la salud distribuidos en sus cinco campos clínicos y en el edificio de su sede central en Avda. Independencia17, reconstruido en el mismo histórico lugar que ocupó la Escuela de Medicina desde fines del siglo XIX hasta ser completamente destruida por el incendio ocurrido el 2 de diciembre de 1948.

En su luminosa trayectoria han contribuido los más destacados investigadores, clínicos y salubristas que ha producido nuestro país, como también destacados hombres públicos en el ámbito social y político. En el ámbito académico, la Facultad de Medicina ha contribuido no sólo a formar nuevas facultades en la Universidad de Chile sino que también ha colaborado generosamente a la formación de Facultades de Medicina de otras universidades. Su capacidad en investigación se puede evidenciar por la productividad en publicaciones científicas generadas en esta facultad y por la cantidad substantiva de proyectos concursables obtenidos por sus académicos tanto en fondos nacionales como internacionales, además en sus laboratorios trabaja y ha trabajado un número muy significativo de académicos que han obtenido Premios Nacionales en Ciencias, así como también investigadores de relevancia. Mención especial merece la contribución de la Facultad y de su Escuela de Salud Pública a la investigación epidemiológica y a la formulación de políticas públicas en salud de Chile, a lo que se agrega su valiosa contribución a la formación de especialistas en salud pública para América Latina. Notable también ha sido su participación en la formación de especialistas en las diversas ramas de la medicina, estimándose que actualmente se forman en ella el 70% de los especialistas nacionales17.

Una particular demostración de su fortaleza institucional ha sido el haber sobrevivido a epidemias, reconstrucciones, restauraciones, reformas e intervenciones y al devastador incendio de 1948. Como en toda actividad humana, en estos 170 años ha habido aciertos y desaciertos, éxitos y fracasos, vicisitudes y certezas. A pesar de todo ello, el balance acumulativo con el que llegamos a este nuevo aniversario es francamente positivo. El aporte que esta Facultad ha hecho al país es superlativo, cumpliendo cabalmente y por largos períodos en forma brillante no sólo su misión académica, sino que colaborando generosa y decisivamente en el desarrollo y progreso de la Medicina Chilena y del país. Sin embargo, la conmemoración de estos 170 años de vida institucional lejos de hacernos caer, a quienes trabajamos en esta institución, en una peligrosa complacencia, debería hacernos reflexionar acerca de la gran responsabilidad que tenemos por delante y que es nada menos que hacer frente a los grandes desafíos tecnológicos, científicos y económico-sociales del siglo XXI conservado las más preciadas tradiciones de nuestra universidad.

BIBLIOGRAFÍA

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3.- Costa-Casaretto C. Presentación del Dr. Guillermo Blest. Rev Méd Chile 1983; 111: 364-7.

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6.- El I Centenario de la Facultad de Medicina de Chile. Rev Méd Chile 1934; 62: 1.

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9.- Jadresic A. La reforma universitaria y la renovación de la enseñanza médica. Rev Méd Chile 1970; 98: 113-23.

10.- Jadresic A. La Facultad de Medicina en el período 1968-1972. Rev Méd Chile 1973; 101: 787-96.

11.- Goic A. Educación médica: una empresa intelectual y moral. Rev Méd Chile 1987; 115: 253-8.

12.- Rosselot E. La reorganización institucional asociada a los cambios curriculares en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Rev Méd Chile 1998; 126: 322-32.

13.- Rosselot E. Cuatro orientaciones y una estrategia para las modificaciones previstas en la educación médica. Rev Méd Chile 1995; 123: 1292-6.

14.- Reyes H, Kauffmann, Andresen M. Las Escuelas de Medicina chilenas, en los albores del siglo XXI. Rev Méd Chile 1997; 125: 781-2.

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16.- Oyarzún M. XVII Aniversario de la Corporación Nacional Autónoma de Certificación de Especialidades Médicas: CONACEM. Rev Chil Enf Respir 2001; 17: 81-4.

17.- 170 años de la Facultad de Medicina: Tradición a la vanguardia. Boletín Informativo. Facultad de Medicina. Univ. de Chile. 2003; 4: 1-2. www.med.uchile.cl


** Facultad de Medicina, Universidad de Chile. * Con la publicación de este artículo la Sociedad Chilena de Enfermedades Respiratorias se adhiere al homenaje a los 170 años de la creación de la primera Escuela de Medicina de Chile.

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