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Historia (Santiago)

versão On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.46 no.1 Santiago jun. 2013

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942013000100015 

RESEÑAS

 

MARIANNE GONZÁLEZ LE SAUX, De empresarios a empleados: clase media y Estado docente en Chile, 1810-1920, Santiago, Lom Ediciones, 2011, 387 páginas.

 


 

Además de establecer líneas de interpretación acerca del pasado y de fomentar el pensamiento histórico, uno de las propósitos centrales del trabajo historiográfico consiste en cuestionar las premisas interpretativas sobre las cuales se han sustentado los estudios de quienes examinan el pasado histórico bajo determinadas prerrogativas políticas o ideológicas, ya sea para encontrar refugio a sus cavilaciones existenciales como también respuestas a los dilemas del tiempo presente. Dicho ejercicio revisionista, léase obligación profesional en la medida en que el trabajo del historiador consiste precisamente en abordar los modos en que se construye el conocimiento histórico, se ampara en la necesidad de desmontar el aparato heurístico, teórico y analítico sobre el cual se han construido los relatos fundacionales de la historiografía. Aceptar esta premisa exige hacerse cargo de la existencia del mito que la sustenta y, en consecuencia, de su desarticulación. En efecto, encontrar el mito y decodificarlo, a sabiendas de la dificultad de abatirlo por completo bajo el entendido de que la fuerza del mito se apoya en su carácter insondable, además de la capacidad penetrativa que posee, es posiblemente uno de aquellos desafíos cuya urgencia apremia más que nunca en el conocimiento histórico. Y es que el mito, qué duda cabe, ejerce una capacidad explicativa de la realidad que excede cualquier fundamento racional, y a la vez actúa como acicate popular en el ámbito social.

Hecha esta advertencia, cabe plantearse ahora qué tipo de relación existe entre mito e historiografía en la obra de Marianne González Le Seaux De empresarios a empleados: clase media y Estado docente en Chile, 1810-1920, en la cual la autora se propone indagar en los orígenes, características y evolución de la clase media chilena, y específicamente en el papel de la educación como base de promoción social y de las formas de reproducción de las desigualdades sociales en Chile. Dicha motivación se sustenta en la urgencia de cuestionar el mito construido por la historiografía chilena que asigna a la educación pública decimonónica un papel fundamental en el surgimiento de la clase media emergida desde los sectores populares, cuestionando, asimismo, la idea de una temprana movilidad social vertical promovida por la enseñanza pública. Para González, tal como la concibieron las autoridades educacionales y políticas chilenas durante el siglo XIX y las dos primeras décadas del siguiente, el Estado docente no alentó la promoción social del mundo popular urbano y rural hacia profesiones universitarias, en la medida en que los liceos fiscales se concibieron como instancias orientadas a fomentar en ellas un tipo de formación académica vinculada a distintas actividades empresariales y productoras.

En efecto, dicho sector heterogéneo, gestado desde inicios de la República y conformado por artesanos, comerciantes, mineros y propietarios rurales, fue la base social de la "nueva" clase media surgida a fines del siglo XIX, que experimentó un proceso de movilidad social horizontal al transitar desde la condición de productores a empleados públicos o privados, irrumpiendo en la escena política a comienzos de la siguiente centuria. Por consiguiente, González cuestiona el surgimiento de una clase media de la mano de la expansión del empleo público en los sectores populares y que, asimismo, habría sido forjada en el liceo fiscal gratuito, en la medida en que, advierte la autora, el sistema escolar chileno diferenciaba entre una educación elemental para los pobres y una educación que conducía a los estudios universitarios, donde quienes lograban terminar los seis años de humanidades podían ingresar a la universidad, mientras que habiendo cumplido la mitad del tiempo estaban en condiciones para obtener un empleo burocrático. La existencia de ambos modelos, si bien coexistentes, aunque segregados y discontinuos, revelaba la conformación de un sistema educacional donde fueron los productores-comerciantes y sus descendientes, y no los sectores populares, quienes se convirtieron en la "nueva" clase media chilena devenida mayoritariamente en empleados asalariados, reconversión causada por el proceso de modernización capitalista finisecular que obligó a la clase media tradicional de productores y comerciantes, que desde mediados de aquella centuria se enfrentó a un escenario cada vez más adverso, a reconvertirse económicamente para devenir en grupo de empleados asalariados.

Haciéndose cargo de uno de los problemas medulares que afectaron a la sociedad chilena decimonónica, esto es, la relación entre Estado y educación, a propósito de la implementación de mecanismos de inclusión y ascenso social acorde al sistema pedagógico prevaleciente en Chile durante el siglo XIX, González advierte la existencia de un "fundamental malentendido" (p. 12) sobre el cual se sustentó la educación pública, a saber: mientras los productores y comerciantes reclamaban una educación "útil", que les permitiese promover sus actividades empresariales, la educación recibida en los liceos, originalmente destinada a las élites, implicó que aquellos se convirtiesen en empleados asalariados por intermedio de la "tercerización". Esto significó, en definitiva, escapar de la pauperización que los conduciría a una desmedrada condición económica y social debido al avance de la industrialización primaria. Pero, al mismo tiempo, esto se tradujo en renunciar a lo que Gabriel Salazar denomina el proyecto de "desarrollo hacia adentro", capaz de fomentar estrategias productivas acorde a los mecanismos de comercialización y a las posibilidades crediticias de artesanos, comerciantes, mineros y agricultores, restringiendo, en consecuencia, cualquier iniciativa para potenciar un modelo desarrollista endógeno, autónomo y sustentable.

Organizado en una introducción, seis capítulos y una conclusión, y haciendo uso de un amplio corpus bibliográfico, amén de abundantes fuentes primarias impresas, entre ellas censos, memorias, estadísticas y documentación ministerial, el libro de González, que tiene su origen en su tesis de pregrado en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, afronta el siguiente desafío historiográfico: explicar el nacimiento, desarrollo y características de la clase media chilena, poniendo atención en el papel del Estado y la educación pública. Para ello recurre a los aportes de historiadores de variadas tendencias políticas, entre ellos Mario Góngora, Alberto Edwards, Hernán Ramírez Necochea, Fernando Silva Vargas, Alfredo Jocelyn-Holt, Leonardo Mazzei, Julio Pinto, Germán Urzúa, César Cerda, Jaime García Covarrubias y, especialmente, el ya nombrado Gabriel Salazar, de quien toma la idea de la existencia de una "clase media empresarial" anterior a 1880, incluso gestada durante las primeras décadas del ochocientos, lo que le permite a González indagar en torno a si la "nueva clase media" de profesionales y burócratas de comienzos del XX estaba vinculada con la "vieja clase media" de productores y comerciantes, equivalente a la "clase media empresarial" identificada por Salazar.

Cuestionando la supuesta relevancia ejercida por el Estado docente en la formación de la clase media chilena, asignada por algunos miembros de la historiografía local, como también el origen "popular" de los empleados y profesionales fiscales, además de tratando de responder la pregunta acerca del origen social de los individuos que accedieron a funciones burocráticas por intermedio de la educación pública, para González las explicaciones acerca de la existencia de una "nueva" clase media proveniente de la clase alta "venida a menos" y de la relevancia asignada a los inmigrantes (italianos, españoles, británicos, alemanes) en el potenciamiento de sectores mesocráticos no se fundamentan en argumentos consistentes para explicar el crecimiento de los nuevos grupos de clase media chilena vinculados a actividades comerciales y productivas.

Recogiendo los aportes de la educadora Amanda Labarca, esbozados en un artículo publicado en la revista Atenea en 1950, acerca de que los integrantes de la "nueva clase media" que se incorporaron a los liceos y a la burocracia estatal provenían de grupos de empresarios independientes y no de sectores populares, como también la idea bosquejada por García Covarrubias en El Partido Radical y la clase media en Chile12, sobre la existencia de una movilidad social horizontal entre grupos de clase media, aunque ambos autores no explican por qué gran parte de los sectores populares quedaron excluidos del sistema educacional, y sin desconocer, por cierto, los aportes de Salazar al estudio de productores y comerciantes independientes, González advierte vacíos e imprecisiones en el análisis de la clase media chilena. Entre ellos, la necesidad de precisar quiénes formaban parte de ella. Junto con señalar que no todos los "empresarios" analizados por Salazar pueden identificarse con la clase media, pues muchos se confunden con el mundo popular, para González hay sectores de clase media no considerados como tales por la historiografía social, debido a que han sido confundidos con sectores de élite, como medianos propietarios rurales y medianos comerciantes.

En relación al marco teórico-conceptual otro de los aspectos que para González representa uno de los puntos débiles de las propuestas historiográficas chilenas acerca del estudio de la clase media local, en la medida en que no ha existido preocupación para definir el concepto de clase media y utilizar un aparato teórico-conceptual apropiado, el principal referente de su investigación es el sociólogo francés Pierre Bordieu. Partiendo de la base de que una de las cuestiones epistemológicas más relevantes en el ámbito de los estudios históricos se refiere a que las clasificaciones teóricas no pueden expresar realidades históricas absolutas, y que el uso del concepto de clase es más adecuado que la noción de estratos, entre otros aspectos, González se aleja de las posiciones marxistas o weberianas y opta en cambio por un concepto multidimensional de clase expuesto por Bordieu, específicamente el concepto de "clase objetiva", que supone la existencia de "campos", caracteres "secundarios" y actores. Haciéndose cargo de un análisis de los principales componentes de los campos cultural, económico, social y simbólico, como también de los factores determinantes de la condición de clase (origen étnico, religión, posición política o geográfica y orientación sexual), González afirma que las clases no son entidades esenciales o fijadas en el espacio social, sino que son variables y dinámicas. Por ende, resalta el carácter esencialmente heterogéneo de los grupos medios y la diversificación de las sociedades en su composición de clase.

Pues bien, el libro de González, que según ella misma puede considerarse una "historia de la transformación social de la clase media" durante el siglo XIX, y que también puede leerse como una historia del sistema pedagógico chileno decimonónico, centrándose en la relación entre movilidad social y educación, constituye un valioso aporte historiográfico, al proponer una nueva mirada sustentada en la idea de que las condiciones de existencia de la sociedad chilena decimonónica hicieron factible la instalación de estrategias de reconversión desde las "antiguas" hacia las "nuevas clases medias" y no, como han afirmado otros historiadores, la creación de "nuevas clases medias" a partir del ascenso de sectores de las clases bajas. Por consiguiente, agrega González, el sistema educacional chileno no fue capaz de promover un ascenso social vertical sustentado en el aumento de capital poseído, poniendo en entredicho el supuesto papel primordial ejercido por el Estado docente en la promoción social de la sociedad chilena entre 1810 y 1920. Por todo lo anterior, y considerando además el profesionalismo y rigurosidad asumidos por la autora, la investigación de González se convierte en referencia obligatoria para quienes inicien estudios en esta materia o bien para los que ya tengan algún tipo de recorrido en el análisis de la clase media chilena.

Nota

12 Jaime García Covarrubias, El Partido Radical y la clase media en Chile: la relación de intereses entre 1888-1938, Santiago, Editorial Andrés Bello, 1990.         [ Links ]

SANTIAGO ARÁNGUIZ PINTO
Universidad Diego Portales

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