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Historia (Santiago)

versão On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.42 n.1 Santiago jun. 2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942009000100016 

HISTORIA N° 42, Vol. I, enero-junio 2009: 265-269 ISSN 0073-2435

 

RESEÑAS

 

PEDRO MILOS HURTADO, Frente Popular en Chile. Su configuración: 1935-1938. Santiago, Lom Ediciones, 2008, 346 páginas.

La reciente publicación del historiador Pedro Milos (1953), quien actualmente se desempeña como director del Departamento de Historia de la Universidad Alberto Hurtado, admite varios tipos de lecturas, todos ellos estimulantes, que apuntan a interrogarse sobre los procesos de construcción de la sociedad civil chilena y los sistemas políticos que la acompañan. En ese sentido, la propuesta de Milos apunta a enfatizar la existencia de una línea de continuidad política entre 1938 y 1973 y también apela a dotar de sentido histórico ciertos elementos simbólicos, cargados de una fuerte dosis emocional, vinculados a los programas políticos que representaron Pedro Aguirre Cerda y Salvador Allende y sus respectivos conglomerados partidistas. A su vez, Milos destaca el proyecto democratizador que caracterizó al Frente Popular desde su configuración en 1935 y sostiene que dichos fundamentos democráticos fueron las bases políticas y sociales de la Unidad Popular, existiendo entre ambos momentos (separados por 35 años, la misma cantidad que hay entre el golpe de Estado de 1973 y la edición de este libro) una base política común que se sustentó en un sistema de partidos políticos de izquierda y de centro, en la incorporación de fuerzas progresistas que representaron a la mayoría nacional y en el proyecto democrático que encarnaron.

El trasfondo de la investigación planteada por Milos consistió en reflexionar en torno al concepto de democracia en Chile y sus características, lo que llevó al autor a discutir sobre sus representaciones históricas y analizar el proyecto político democrático que encarnó el Frente Popular, como ejemplo de la existencia en Chile de una propuesta política y social que representó los intereses mayoritarios de la sociedad chilena, expresión de la representatividad de los sectores medios y populares. Resaltando la relevancia que tuvo la democracia en la articulación de las demandas sociales y en el fortalecimiento de la institucionalidad política, Milos reflexiona en torno a las características del sistema político nacional, el rol que cumplieron los partidos políticos en Chile hacia 1930 y los movimientos sociales urbanos. Hacerse cargo de estas interrogantes implica, como lo destaca el propio Milos, afrontar la necesidad de indagar sobre la "experiencia" del Frente Popular, revisar su actualidad y vigencia, analizar los contenidos de su proyecto social y político, y, por último, reflexionar sobre la capacidad de movilización que tuvo dicho conglomerado político y social que auspiciaba la industrialización, el fortalecimiento del sistema electoral y la incorporación de los sectores medios y populares, sentando las bases de un consenso político que se prolongó hasta el quiebre de la institucionalidad democrática en 1973.

En términos metodológicos, la investigación de Milos está sustentada casi exclusivamente en el análisis de publicaciones periódicas de la época, para extraer de ellas tanto información relativa al proceso de conformación del Frente Popular y su contexto, como también material sobre el comportamiento político de los partidos, ya sea editoriales, comunicados o entrevistas. La metodología empleada por este historiador deja en evidencia la importancia que este le asigna a la prensa como soporte de las prácticas discursivas, de la capacidad que esta tiene para instalar temas de discusión en la opinión publica y cómo dichas prácticas movilizaron la participación social en un sistema político caracterizado hasta entonces por ser poco participativo, elitista y de escasa capacidad de convocatoria.

Basado en su tesis de grado de 1985 de la Universidad Católica, el libro de Milos constituye un aporte significativo al estudio de la historia política chilena de la primera mitad del siglo XX, examinada, según el propio autor, desde una historiografía política tradicional donde se detiene en el análisis de los procesos y actores institucionales, siendo este un aspecto importante al momento de considerar la metodología empleada y dónde ubicar esta investigación en el campo histo-riográfico. Desde este punto de vista, la perspectiva analítica empleada por Milos se focaliza en el estudio de la configuración del Frente Popular como un aspecto fundamental en la historia política del país, centrándose en analizar los acontecimientos políticos y sociales que caracterizaron al proceso de democratización de la sociedad chilena, a partir de mediados de la década de los 30 en adelante. Esta mirada acentúa la necesidad de abordar el proceso de configuración del Frente Popular a partir de la institucionalidad política, ya que es ella la que logra articular las demandas sociales de los partidos que adhirieron al llamado del Komintern en 1935, para crear un conglomerado político y social que se erigiera como alternativa política frente a la crisis económica producto del desplome financiero mundial a partir de 1929, que fuera oposición al gobierno de Arturo Alessandri y que asumiera una clara postura en contra de las ideologías fascistas, todos ellos principales agentes obstaculizadores del proceso reformista que demandaban los sectores progresistas de la sociedad chilena.

Asimismo, el trabajo de Milos, respaldado en una revisión exhaustiva de fuentes primarias, provisto de una redacción amena y dotada de un análisis tanto descriptivo como analítico, viene a subsanar varios aspectos que se encontraban escasamente abordados, por no decir ignorados, por los historiadores. No obstante la existencia de numerosos trabajos de investigación sobre el Frente Popular y los gobiernos radicales, ya sea desde los estudios históricos o las ciencias políticas, o bien desde el relato testimonial y las memorias, no se había dado cuenta, hasta ahora, de la "configuración" del Frente Popular, siendo este el aspecto central de su investigación. Si bien la historiografía nacional y extranjera había abordado el estudio del Frente Popular, aunque desde otras perspectivas y destacando otro tipo de temáticas, el trabajo de Milos incorpora dichas investigaciones a sus reflexiones y se hace cargo de la descripción e interpretación del proceso de configuración del Frente Popular, centrándose en el análisis de los actores que participaron en ella y en los orígenes de dicho proceso político. Destaca especialmente la labor que cumplieron en ese sentido los partidos, los cuales asumieron un rol preponderante en la marcha institucional y política de la sociedad chilena, siendo estos los catalizadores de las demandas civiles. Fueron los partidos los que hicieron posible la creación del Frente Popular, sustentada en una política de alianzas que, anclada fundamentalmente en el rol del Partido Socialista, del Partido Radical y del Partido Comunista, e incorporando además a otros actores políticos de menor relevancia (el Partido Radical Socialista, la Unión Socialista, la Alianza Libertadora de Chile y la CTCh), asumieron el desafío de crear un nuevo referente de carácter nacional, mesocrático y popular, en donde los partidos políticos ocuparon un papel de "agentes democratizadores" y de "canales de expresión" de la sociedad civil, siendo estos además las vías de participación y representación política, que tuvieron un comportamiento fluctúan te entre lo ideológico y lo pragmático.

La estructura del libro está organizada sobre el análisis de cuatro etapas a través de las cuales se fue configurando el Frente Popular, fases que dan cuenta de los distintos comportamientos de los partidos políticos en función de sus intereses, propuestas y ambiciones, asumiendo Milos a su vez la necesidad de analizar las trayectorias de cada uno de ellos, sus antecedentes doctrinarios y principales características, con el objetivo de delinear las conductas de los partidos que participaron en dicho proceso político que tuvo su punto de arranque en la estrategia de los "frente populares" establecido por Dimitrov, en agosto de 1935, en el VII Congreso de la Internacional Comunista. Esta estrategia política delineada por las autoridades soviéticas encontró una buena acogida en los partidos políticos de izquierda y de centro chilenos, y su aplicación, lejos de carecer de obstáculos y sobresaltos, debió sortear las particularidades del proceso histórico nacional, generando consigo un proceso de configuración del Frente Popular que adoleció de tensiones y contradicciones en su interior, marcado por disputas de poder y luchas de lideraz-gos, siendo este el elemento transversal que caracterizó la etapa formativa del Frente Popular.

El proceso de configuración del Frente Popular termina de consolidarse como realidad social y política en los meses previos a la elección presidencial, periodo determinado según Milos por sus iniciales "articulaciones políticas", que comprende de mediados de 1935 hasta octubre de 1938, proceso caracterizado en un primera etapa por las posiciones ambivalentes sobre quién debía asumir la conducción de las fuerzas políticas progresistas y qué tipo de conducción aplicar, seguido luego de un carácter de alianza electoral con un predominio del Partido Radical sobre el resto de los partidos, produciéndose posteriormente una fuerte pugna por la hegemonía del Frente, lo que llevó al Partido Comunista a proponer la creación de un partido único de izquierda para ampliar el electorado y garantizar de esta manera el triunfo en las elecciones presidenciales de octubre de 1938. Finalmente, la última fase se caracterizó por el liderazgo ejercido por el Partido Radical y la consiguiente nominación de Aguirre Cerda como candidato presidencial (desplazando a Marmaduke Grove, abanderado del PS), en señal de la unidad que debía imperar en dicho conglomerado, lográndose con ello la consolidación del Frente Popular. Prevaleció ante todo la "defensa de la democracia" como concepto discursivo fundamental, apelando esta idea al hecho de que el objetivo político central de las fuerzas progresistas era combatir a la derecha política representada por Alessandri e impedir la ascensión al poder de Gustavo Ross, haciendo un llamado a la cohesión partidaria, actuando en función de beneficios políticos concretos más que por doctrinarismos.

Los comportamientos políticos de los partidos que conformaron el Frente Popular, los cuales se encuentran inmersos en las fases anteriormente descritas en la medida que tuvieron su manifestación concreta durante el proceso de configuración de este conglomerado político, fluctuaron entre el dogmatismo y el realismo. Para determinados partidos políticos, lo primordial era enfocar a dicho conglomerado en busca de la obtención de resultados favorables en las elecciones parlamentarias de marzo de 1937, siendo esta instancia electoral el objetivo político más inmediato. Para otros, en cambio, el Frente Popular debía obedecer a un lineamento ideológico definido por su antifascismo y su antiimperialismo, siguiendo una conducta política clara y coherente. Lo cierto es que los comportamientos de todos los actores políticos involucrados están entrelazados entre sí y cada uno de ellos estuvo marcado por disputas internas y por conflictos con los demás partidos políticos. Si bien fue el Partido Radical quien asumió el llamado de emprender la unificación política de las fuerzas progresistas de la sociedad chilena, este fue el partido más cambiante de todos, ambivalente e impreciso por momentos, fluctuando desde posiciones de centro hasta adoptar en última instancia un comportamiento asertivo, logrando imponerse frente al resto de los demás partidos. El Partido Socialista, en cambio, asumió un comportamiento más homogéneo y consistente con su propia lógica interna, de carácter militante, teniendo roces continuos con el Partido Comunista, el cual, a diferencia de los partidos anteriores, asumió un rol menos relevante, aunque no por ello menos decisivo, abogando en primera instancia por una apertura y flexibilidad, proponer una política de un amplio frente nacional, apoyar la candidatura de Carlos Ibáñez del Campo, rechazar los sucesos del 5 de septiembre de 1938 y auspiciar finalmente la necesidad de consolidar la democracia, ejerciendo un rol fundamental en el equilibrio de fuerzas y los contrapesos partidistas. Hay en estos comportamientos una señal inequívoca de las contradicciones que marcaron a los partidos políticos que formaron parte del Frente Popular, especialmente en torno a la unidad política y sindical.

Los aportes historiográficos del libro de Milos son múltiples, y todos ellos apuntan a un aspecto central que debe acompañar a toda publicación académica: la destreza para plantear un trabajo de investigación sólido y riguroso, sugerente y reflexivo, sin por ello perder su capacidad de atracción. La propuesta historiográfi-ca planteada por Milos, que reivindica un enfoque analítico tradicional de la historia política nacional, centrado en los actores y los procesos institucionales, constituye desde este punto de vista una renovadora perspectiva de análisis, que instala nuevas preguntas a viejos problemas que cobran una actualidad siempre vigente. Este trabajo tiene la capacidad de abrir nuevos derroteros de estudio a temas que se daban por concluidos e instalar, a su vez, un enfoque interpretativo a problemáticas de la historia política nacional que aún no han sido analizadas bajo la perspectiva de los actores políticos institucionales. Esta valorización de un tipo de historiografía que se preocupa de examinar problemas históricos a la luz de un enfoque que recupera la centralidad de las lógicas institucionales, constituye una excelente oportunidad para repensar otros procesos políticos de la historia chilena del siglo XX y es, a su vez, una invitación para emprender investigaciones historiográficas centradas en las proyecciones institucionales de la historia política chilena y sus relaciones con otros agentes históricos.


Santiago Aránguiz Pinto

Universidad Diego Portales, Chile