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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.42 n.1 Santiago jun. 2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942009000100009 

HISTORIA N° 42, Vol. I, enero-junio 2009: 243-246 ISSN 0073-2435

 

RESEÑAS

 

JUAN CÁCERES MUÑOZ, Poder Rural y Estructura Social Colchagua, 1760-1860. La Construcción del Estado y la Ciudadanía desde la Región. Valparaíso, Ediciones Universitarias de Valparaíso, Instituto de Historia, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, 2007, 208 páginas.

La temática de la construcción del Estado en Chile es una de las áreas deficitarias de la investigación histórica nacional, si uno la compara con los trabajos que nos ha aportado la historiografía mexicana y la argentina, por nombrar los ejemplos más relevantes de Latinoamérica en este tópico. Además, se pueden citar algunos textos que tratan dicha problemática, por ejemplo, el libro del profesor Gabriel Salazar, Construcción de Estado en Chile (1760-1860). Democracia de los pueblos. Militarismo ciudadano. Golpismo oligárquico, que aborda la construcción del Estado desde la premisa de que en Chile se abortó un proyecto liberal y de los pueblos, frente a la propuesta del sector mercantil con asiento en Santiago; el otro texto que se puede citar es de Julio Heise, Años de Formación y Aprendizaje Político, 1810-1833, que busca explicar los contextos más que los procesos que desembocaron en la formulación de la Constitución de 1833 y que posibilitaron el triunfo de las fuerzas conservadoras y centralistas de Chile. En una palabra, la élite de Santiago. Por lo tanto, resulta doblemente interesante el estudio del profesor Juan Cáceres, porque, por una parte, trabaja la temática de la formación del Estado y la ciudadanía en el Chile decimonónico y, por otra, agrega la perspectiva de cómo se evidenciaron los procesos políticos en las provincias, en este caso particular el de Colchagua.

La obra del profesor Cáceres está organizada en ocho capítulos y una conclusión. El primero de ellos se refiere al contexto económico-social de Colchagua; la intención de este es entregar el marco necesario para comprender el espacio-tiempo en donde actuaron las élites provinciales. Los capítulos dos y tres nos entregan elementos de juicio necesarios para aquilatar los basamentos económicos del poder de los hacendados y comerciantes colchagüinos. El capítulo cuatro da cuenta de las estrategias que desplegaron -formas de reproducción social, establecimiento de redes clien-telares, la política de reclutamiento y de cooptación de nuevos sujetos y el tipo de relaciones dadas entre esta élite provinciana y aquellas foráneas (p. 87)- los grupos de poder de Colchagua para el disfrute continuado de sus privilegios sociales, económicos y políticos durante varias generaciones. El capítulo quinto se organiza en torno a la temática de la concentración de poder que realizaron las élites para establecer el dominio político de los nuevos espacios que se abrían con la conformación del Estado Nación en el siglo XIX. Los capítulos sexto, séptimo y octavo dan cuenta de la centralidad del trabajo de Cáceres, pues en estos nos muestra como las élites de cuño colonial se insertaron en la nueva realidad política que generó la instalación del Estado nacional y las estrategias que desplegaron estas en el nuevo escenario, con el fin de perpetuar su poder y además ampliarlo.

El núcleo central del libro in comento nos señala que desde la perspectiva de la problematización histórica, la atención se centrará en el estudio de las élites provincianas, en el papel que ellas desempeñaron durante la Independencia y en el proceso de formación del Estado (p. 26). Por lo tanto, el objetivo de la investigación "es el estudio de la élite de la provincia de Colchagua", localidad ubicada en el valle central de Chile. La hipótesis que guía esta investigación nos plantea que "se establece que las familias y los individuos pudientes de Colchagua ejercieron, en el pasado, el poder local como resultado de la riqueza obtenida o heredada, del prestigio o reconocimiento social y del monopolio de las instituciones políticas coloniales y decimonónicas" (p. 27).

Frente a la propuesta que nos entrega el profesor Cáceres, debemos señalar algunas aprensiones que nos parecen necesarias para poder aquilatar de mejor forma los procesos políticos de aquel período.

Lo primero que se puede apuntar se relaciona con el vector político. No se puede extrapolar una dimensión histórica -poder político de las élites- a situaciones que están fuera del ámbito del Estado nacional, menos aún durante el antiguo régimen, toda vez que esta dimensión se relaciona directamente con los espacios urbanos. Además, se debe recordar que el único espacio en donde se podía ejercer los privilegios era teniendo la posibilidad de integrar el cabildo, no existía ninguna otra instancia para los subditos del rey de España en este período, es decir, no había posibilidad alguna del ejercicio del poder político fuera de la esfera del rey y de la monarquía. Lo anterior se expresa para precisar que no se puede afirmar que en Colchagua la vida política estuvo ligada a la historia de la dominación por parte de la élite, la que empezó con la cesión de tierras y encomiendas en el siglo XVI (p. 103), pues se presta para equívocos. Se debió acotar de forma clara el concepto político, pues en el desarrollo del trabajo se visualiza que fue comprendido en forma restrictiva y que se relacionó solo con el ejercicio del poder. Si es así, valga la acotación. Se debió diferenciar, por otra parte, las etapas históricas desde la perspectiva política para después explicitar las estrategias que desplegaron históricamente las élites de Colchagua. No se debe olvidar que el control que pudieron ejercer las élites provinciales en lo político durante el siglo XIX se relaciona directamente con el control económico y social que desplegaron durante los siglos coloniales.

El segundo elemento que se puede señalar se refiere a que el análisis que se realiza no profundiza en una arista importante y que se relaciona con los mecanismos que se implementaron, por una parte, por las élites locales y provinciales y, por otra, por las nacionales, en cuanto a los ámbitos del ejercicio del poder. En este punto el trabajo presenta una debilidad notable, pues no se puede comprender la articulación de las estrategias locales sin mencionar en forma específica cómo estas se insertaron en esa nueva realidad y qué significó la presencia del Estado al interior de la provincia de Colchagua. No se puede limitar el análisis solo a mencionar en forma genérica que fue el sistema electoral el que posibilitó el control de la élite de Santiago sobre estos espacios políticos. Además, en dos oportunidades, menciona el autor un pacto entre las élites provinciales y nacionales (pp. 116 y 127), sin entregar elementos que nos den cuenta de ese acuerdo intraélites. Lo anterior, se contradice con un juicio que emite el mismo autor a señalar que

"resulta evidente que, hasta ahora, la historiografía nacional ha tendido a enfatizar la relevancia que tuvo la elite de la capital en el proceso político desencadenado después de la independencia. La tendencia ha sido mostrar al grupo como el gran artífice del tipo de Estado que se estableció en el país. Tal visión, uniformadora y generalizadora de la realidad política, no solo ha ignorado -inconsciente o premeditadamente- el rol que pudieron haber jugado los distintos grupos políticos regionales en la discusión de la creación del Estado y la ciudadanía en el siglo XIX, sino también ha trabado la comprensión de los particularismos propios de cada región y la existencia de un sentimiento regional que dio vida y cuerpo a una comunidad de sujetos políticos" (p. 123).

Lo expuesto por el profesor Cáceres no guarda relación con lo planteado en el capítulo sexto ni con la problematización que realiza de la temática en cuestión, pues por una parte afirma algo y luego lo desmiente con lo escrito por él mismo. Esto genera una confusión con respecto a los puentes que se debieron establecer entre las élites provinciales y las nacionales.

Un tercer elemento que se puede mencionar es el espacio de estudio que nos propone el autor. Este no presenta una especificidad propia, es decir, no existen rasgos propios o distintivos que lo transformen en una situación relevante, pues si uno lo compara con la realidad de Aconcagua, no existirían mayores diferencias, por lo tanto, se debió puntualizar cuáles fueron esos elementos que transformaron a Colchagua en una situación especial.

Por último, es necesario señalar que el gran mérito del texto in comento es el haber resituado la temática de las formación del Estado desde la perspectiva de los procesos a nivel provincial. Además, agrega elementos a la discusión historiográfi-ca con respecto de la formación del ciudadano decimonónico.


Leopoldo Tobar Cassi

Universidad Católica Silva Henríquez, Chile