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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.40 n.1 Santiago jun. 2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942007000100012 

 

Instituto de Historia
Pontificia Universidad Católica de Chile
HISTORIA N° 40, Vol. I, enero-junio 2007: 190-192
ISSN 0073-2435

RESEÑAS

 

INÉS QUINTERO. El sucesor de Bolívar. Biografía política de Antonio José de Sucre. Colección Histórica. Caracas: Bid & Co. Editor, 2006.

 


Esta obra de la reconocida historiadora venezolana Inés Quintero contiene varias novedades, empezando por una serie de datos biográficos que ilustran el alto costo que pagaron quienes se vieron sumidos en el proceso de independencia. Criados en el ambiente entre propicio y arbitrario de la monarquía borbónica, muchos actores del período debieron efectuar una serie de ajustes y transformaciones tanto personales como políticas a raíz de la crisis imperial que estalla en 1808. Con apenas quince años, pero ya cadete de la Noble Compañía de Húsares de Fernando VII, Sucre vivió los eventos del 19 de abril de 1810, que instaló en Caracas la primera junta protectora de los derechos del rey cautivo. Como muchos, pero no todos, el joven derivó en un leal soldado de la causa de la independencia. Lo hizo sin grandes pronunciamientos ni estridencias, pero su entrega se prueba en las campañas militares en las que participó bajo el mando de Francisco de Miranda, Santiago Marino y José Francisco Bermúdez. Esto es, hasta que se sumó a las filas de Simón Bolívar, con quien su destino quedará indisolublemente unido hasta el final y más allá de sus días.

En el proceso, y en su corta vida de 35 años, Sucre debió padecer un odisea que Inés Quintero relata con equilibrio y sensibilidad: la pérdida de sus familiares más cercanos en los avatares de una lucha o más bien guerra civil en donde todavía no hay nortes claros; los desplazamientos constantes por la enorme y montañosa masa continental sudamericana; la separación de su prometida quiteña y la corta vida de familia, con una hija que no vio crecer; los padecimientos físicos producto de la guerra, que dejaron cicatrices dolorosas y permanentes como las de un brazo derecho cruelmente maltrecho. Pero más aún, el terrible dolor de la derrota política, cuando a Sucre le resulta claro que ninguna buena intención (y la suya era la de la lealtad a Bolívar y su proyecto político) podía satisfacer las demandas, justas o mezquinas, de aquellas regiones que tenían otras prioridades que las del Libertador y su ejército.

Y es que en gran parte la tragedia de Sucre es que no pareció entender, o siquiera comparar, su autopercepción con la de aquellos que lo observaban y seguían sus movimientos. Él se veía a sí mismo como un militar disciplinado, y no aquilató en su justa medida la manera en que otros lo veían: por el lado positivo, como un gran ejecutor y heredero del proyecto político de Bolívar o, por el negativo, como el agente nefasto, extranjero e invasor, de cambios no deseados en las relaciones de poder de los diferentes escenarios en que se desarrollaba el proceso de independencia. O, como señala el acertado título del libro, simplemente como el sucesor de Bolívar. Su asesinato en la selva de Berruecos el 4 de junio de 1830, mientras viajaba a solas y sin protección militar, demuestra cuan poco comprendía la intensa personalización de lo político en la era de la independencia, lo que es quizás explicable por su convicción en la propia altura de miras. Sucre fue víctima de los impresionantes odios, recelos y sospechas generados por quienes buscaban una nueva fórmula de poder luego del colapso irreversible del orden monárquico en hispanoamérica, y quienes además detestaban a Bolívar y lo veían como su continuador.

Uno de los valores más importantes de esta obra de Inés Quintero, que ya tiene muchos en el aspecto biográfico, es que ubica la figura de Sucre en el contexto de una independencia que ya no es gloriosa lucha anticolonial, ni desastroso colapso imperial, sino que una desesperada busca del orden en momentos en que no hay ninguno perdurable. Son las alternativas de poder, con actores y propuestas diferentes, que se enfrentan en un mundo caótico en el que solo puede afirmarse que se logra la separación política respecto de España, pero en donde la tarea principal, un nuevo orden, es aún una meta inalcanzable. Y Sucre es una de sus principales víctimas.

El examen de la tragedia personal, sin embargo, no deriva en la mistificación de la figura del Mariscal de Ayacucho. De hecho, Quintero se propone reorientar una tradición historiográfica que crea héroes allí donde no hubo sino individuos sometidos al enorme peso de la desintegración social y política del periodo. Al enfatizar que "el problema central del continente suramericano no es ganar la guerra sino organizar la paz" (p. 185), Inés Quintero cumple con su objetivo de superar aquella historiografía que privilegia los temas bélicos y el heroísmo individual, para proporcionar una relación más fiel a la realidad histórica.

Padre fundador de la historiografía apologética sobre Sucre es Simón Bolívar mismo, cuya escueta biografía sobre el Mariscal se incluye como anexo en esta obra. Redactado en Lima en 1825, este interesante documento habla de las proezas de los patriotas, en las que tiene una papel principal Sucre: "La Grecia no ofrece prodigios mayores", dice el Libertador, y agrega que "Él [Sucre] era el alma del ejército en que servía... El General Sucre quedaba en la tempestad semejante a una roca, combatida por las olas, clavados los ojos en la patria...". Sus virtudes humanas y militares son impecables y ejemplares, e inspiran los excesos retóricos de los que a veces hacía gala Bolívar: "El general Sucre es el padre de Ayacucho: es el redentor de los hijos del Sol: es el que ha roto las cadenas con que envolvió Pizarro el imperio de los incas". No es de extrañar, entonces, que posteriormente Alfredo Jáuregui titulara su obra Antonio José de Sucre, héroe y sabio, mártir y santo (1928), o que Ángel Grisanti titulara la suya Vida ejemplar del Gran Mariscal de Ayacucho (1952).

Inés Quintero pertenece a una tradición historiográfica venezolana que, desde los tiempos de Laureano Vallenilla Lanz, ha enfatizado el conflicto civil, las divisiones políticas y las realidades socioeconómicas para contrarrestar la literatura triunfalista en torno al proceso de independencia. Esta línea de investigación, que han sostenido los destacados historiadores Germán Carrera Damas y Elias Pino Iturrieta, ha formado la notable generación de historiadores a la que pertenece Quintero, quien ya ha publicado obras fundamentales como La conjura de los mantuanos (2002) y La criolla principal (2003), sobre Ana Antonia, la hermana realista de Bolívar. Iniciado ya el bicentenario de la independencia, Inés Quintero nos entrega este otro aporte que invita a la reflexión crítica y a evitar renovadas mistificaciones.

IVAN JAKSIC
Pontificia Universidad Católica de Chile y Universidad de Stanford