SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.39 número1Historia de la vida cotidiana en México. Dirigida por Pilar Gonzalbo AizpuruMónica Kast Ritt. Testimonios de los sobrevivientes. Chile y la Segunda Guerra Mundial índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

Compartir


Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.39 n.1 Santiago jun. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942006000100012 

 

Instituto de Historia
Pontificia Universidad Católica de Chile
Historia No 39, Vol. I, enero-junio 2006: 277-282
ISSN 0073-2435

RESEÑAS

 

RENÉ MILLAR CARVACHO, Pasión de servicio. Julio Phillipi Izquierdo. Santiago, Ediciones Universidad Católica de Chile, 2005, 461 pp. Fotografías

La publicación de este libro vuelve a poner de relieve la "importancia del actor". Sin duda en los últimos tiempos, y a lo mejor justificado por la ingente cantidad de información a que tenemos acceso con facilidad, el trabajo historiográfico vuelve a centrarse en personas, en actores, que encarnaron momentos decisivos o que tuvieron participación destacada en esos acontecimientos. En este sentido la biografía permite una doble aproximación: una, directa, respecto del personaje, y otra, más sutil, pero menos directa al tiempo en que vivió. Desde este punto de vista es posible afirmar que por medio de la biografía de Philippi, accedemos al más completo estudio que, hasta ahora, se ha elaborado sobre el gobierno de Jorge Alessandri. Y se trata de un efecto muy bien logrado, que da cuenta prácticamente de todas las políticas públicas aplicadas en ese gobierno con un exhaustivo acopio de antecedentes. Junto a una abundante y completa bibliografía, el autor ha consultado al menos ochos fondos de archivos, la prensa periódica y realizado más de 40 entrevistas.

El resultado es un trabajo de gran profundidad, que se propone simultáneamente "reconstruir con detalle [...] su vida pública y de manera especial el aporte que realizó como servidor del país", así como "penetrar en otros aspectos de su vida, ya sea de carácter familiar o vinculados a su desarrollo personal y profesional.

El trabajo se presenta en doce capítulos. El primero, sobre el hogar paterno y la vida colegial es interesante aunque demasiado breve, sobre todo si se tiene presente que Philippi ya en esa época tuvo contacto con gente muy determinante de la elite, tanto a nivel familiar como en ambiente escolar.

El capítulo segundo da cuenta de "Los años universitarios". Como resume el autor son tiempos decisivos: "descubrirá su vocación docente, asumirá un compromiso social muy fuerte; conocerá una espiritualidad que… estará presente en los años venideros; consolidará su amor a la naturaleza; hará nuevas amistades; tomará conciencia de su capacidad de liderazgo; elegirá su camino para hacer realidad sus inquietudes de servicio público, y, por último, contraerá matrimonio y formará un hogar…" (p. 35). Se trata de su ingreso a la Facultad de Derecho de la Universidad Católica y del desarrollo de sus estudios, interrumpidos por un viaje a Alemania en busca de atención médica para la enfermedad de su padre; su participación junto a otros jóvenes en la Asociación Nacional de Estudiantes Católicos y en la Liga Social con la cual pretendían "renovar el espíritu decaído con tantas claudicaciones, derrotismos y oscurecimiento de ideales" (p. 54). Y es también la época en que se vincula con el pensamiento milenarista y aparecen sus primeros escritos en la revista Estudios dedicados a la doctrina corporativista.

El capítulo tercero está dedicado a la familia. Da cuenta del nacimiento de sus hijos, de la prematura muerte de su hijo Vicente a la edad de 6 años, de las costumbres y las fiestas familiares tanto en el hogar como en las vacaciones en las localidades de Nos e Illapel, o en la larga serie de excursiones y campamentos en diversos lugares del país. En este ámbito se echa de menos la confección de un árbol genealógico que ayude a entender el mapa familiar en el que se repiten muchos nombres y apellidos, y que haría más fácil comprender las vinculaciones.

El capítulo cuarto está dedicado a mostrar los diferentes intereses y preocupaciones intelectuales del personaje: temas de botánica, zoología y entomología; historia, humanidades y ciencias sociales; relatos de viajeros, literatura y autores clásicos; todo lo cual queda reflejado en sus escritos y en su biblioteca.

En cuanto a sus creencias, la religión católica tiene un papel decisivo y definitivo. No solo es hombre de creencias sino de ferviente oración personal y familiar. Respetuoso de la jerarquía pero preocupado por la destrucción y modificación de las estructuras y temeroso de la Teología de la Liberación. Juntó la fe con las preocupaciones intelectuales: los ángeles y los demonios ocuparon un lugar privilegiado entre sus preocupaciones religiosas que se plasmaron en su libro Ángeles y demonios de 1995.

En materia de política contingente fue distante de la política partidista aunque fue ministro de Estado durante seis años. Contrario a Ibáñez; colaborador estrecho y directo de Alessandri, crítico y desconfiado de Frei Montalva. En 1969 participó activamente en la segunda campaña de Jorge Alessandri y la derrota de su candidato le significó un "duro golpe". Vio en forma muy negativa a la coalición de la Unidad Popular y consideró el golpe de septiembre de 1973 como una salvación de última hora. Valoraba la obra del gobierno militar, pero estaba consciente "de que se habían cometido abusos y errores y de que existieron problemas con los derechos humanos" (p.112), y desde el Consejo de Estado y del Tribunal Constitucional "hizo todo lo posible para que el marco jurídico que regularía la transición y el nuevo régimen resguardara de manera efectiva los derechos de las personas…" (p. 113).

El capítulo quinto da cuenta brevemente de las actividades y avatares de su estudio de abogado, de sus funciones como árbitro y de su participación en la administración de justicia como abogado integrante de la Corte Suprema por casi 20 años.

El capítulo sexto está dedicado a su larga y prolífica actividad académica. Fue por más de 30 años profesor en la Facultad de Derecho en las cátedras de Derecho Civil y Filosofía del Derecho; colaboró en numerosas iniciativas editoriales… y por un tiempo largo se desempeñó en la Dirección Superior de la Universidad y en el Consejo Superior de la misma. Desde ahí colaboró en la "institucionalización de la gestión universitaria" y en la modificación de las estructuras de casi todas las Facultades hasta los inicios del proceso de reforma en agosto de 1967, aunque continuó con la cátedra hasta 1974. En 1978 la Universidad le concedió el grado académico honorífico de Doctor Scientiae et Honoris Causa.

El capítulo séptimo es especial, y ciertamente el más extenso. Está dedicado a la participación de Philippi en el gobierno de Jorge Alessandri de quien fue ministro durante los seis años de su gobierno en carteras tan diferentes como Justicia, Tierras y Colonización, Economía y Relaciones Exteriores, convirtiéndose en "el ministro universal" como lo llama el autor (p. 16).

Respecto a la labor realizada en cada uno de estos ministerios, los antecedentes entregados son abundantes. En su paso por el Ministerio de Justicia hay que destacar su preocupación por la reforma del Código Penal, y las materias referidas al indulto y al régimen carcelario. Asimismo, se destacan los intentos por redactar un Código Tributario, por realizar los nombramientos del personal de los Tribunales considerando los méritos de los postulantes, por la modernización del Instituto Médico Legal y por la creación de juzgados de menores.

En el caso del Ministerio de Tierras y Colonización que ocupó en dos oportunidades la labor fue ímproba, abordando temas tan variados como el saneamiento de los títulos de las tierras magallánicas, la legislación indígena y lo que el propio Alessandri llamó "una eficaz reforma agraria" a través de la Caja de Colonización Agrícola (p. 194). A lo anterior hay que agregar la urgente labor de reconstrucción a raíz de los terremotos de mayo de 1960 que afectaron prácticamente a toda la zona centro-sur de Chile.

El segundo período en el Ministerio de Tierras "buena parte de la labor de Julio Philippi … se centró en la aplicación de la legislación dictada en período anterior" (p. 234), intentando sanear el problema de la propiedad en Magallanes, de solucionar la situación de muchos campesinos de la zona sur que carecían de títulos de dominio. Lo propio sucedió en los terrenos de algunos valles del norte del país, ligado al Plan Arica; en la zona de San Pedro de Atacama y en las "comunidades agrícolas históricas" de Coquimbo y Atacama. A todo ello hay que sumar la preocupación por las tierras de los indígenas en La Araucanía.

Asunto relevante de este segundo paso por el Ministerio de Tierras es lo relativo a la dictación de la ley de reforma agraria (Nº 15.020) en noviembre de 1962, cuyos objetivos eran "dar acceso a la propiedad de la tierra a quienes la trabajaban, mejorar el nivel de vida de la población campesina y aumentar la producción y la productividad del suelo" (p. 257).

También en dos oportunidades Philippi ocupó la cartera de Economía. En la primera, a partir del 15 de septiembre de 1960, le correspondió hacerse cargo por designación presidencial de las tareas de reconstrucción de la zona comprendida entre Ñuble y Aysén afectada por el terremoto que tuvo lugar ese mes. Para ello fue necesaria una ley especial que se promulgó en octubre de 1960 que establecía los procedimientos para poder operar con la rapidez requerida, asignaba los fondos necesarios y vinculaba a la CORFO en el proceso. La implementación de todo ello significaba la presencia casi semanal del ministro en terreno.

Igualmente debió ocuparse de las negociaciones internacionales que tuvieron lugar con ocasión de la firma del Tratado de Montevideo en febrero de 1960 que constituía una zona de libre comercio en América Latina

En septiembre de 1963 y por un breve período, volvió a ocupar el cargo de ministro de Economía, pero "este segundo y breve paso por el Ministerio… no resultó especialmente interesante y tampoco grato para Julio Philippi. El grueso de su labor se centró en la tarea de fijar precios a los productos o servicios que… tendían a experimentar alzas significativas que incidían negativamente en los índices inflacionarios" (p. 266).

Por último, a partir de diciembre de 1963, Philippi asumió la cartera de Relaciones Exteriores. En esa calidad, además de las funciones permanentes de la Cancillería, le correspondió recibir a diversas delegaciones extranjeras; participar en la conferencia interamericana de Alta Gracia y coordinar las actividades de la participación chilena en la primera Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo. En asuntos americanos tuvo que "contrarrestar la acción de propaganda y desprestigio llevada a cabo por las autoridades bolivianas" a raíz de la utilización de las aguas del río Lauca (p. 275) e implementar la ruptura de relaciones diplomáticas con Cuba de acuerdo a lo acordado por la OEA. Finalmente también tuvo que intervenir en la controversia con Argentina sobre la zona de Palena que terminó siendo sometida al arbitraje británico de acuerdo al trabado de 1902. Por su parte el gobierno argentino comunicó la intención de someter a la consideración de la Corte Internacional de Justicia el caso del canal Beagle.

En directa relación con este paso de Philippi por el Ministerio de Relaciones Exteriores se sitúan los contenidos de los tres capítulos siguientes.

El capítulo octavo da cuenta de su participación como asesor en "El Caso Palena" y que se zanjó en diciembre de 1966 con el laudo de S. M. Británica que Philippi consideró "muy bueno para Chile" (p. 308).

El capítulo nueve se refiere al "caso del Beagle" que fue bastante más complejo. Los intentos por llevar la controversia a La Haya fracasaron reiteradamente hasta que en diciembre de 1967 el gobierno chileno invitó al gobierno británico a intervenir en su calidad de árbitro. Solo en febrero de 1972 ambos países lograron ponerse de acuerdo y se designó la corte arbitral. En diciembre de 1971 Philippi se incorporó a la Comisión de Estudios que, a tal efecto, creó la Cancillería chilena, en la que se prepararon las memorias y contramemorias, la visita del tribunal a la zona del litigio y los demás pasos del proceso. Recién en abril de 1977 se entregó a las partes el fallo y pocos días después Chile se "comprometió a cumplir fielmente la sentencia" (p. 343). Sin embargo, en enero de 1978 el gobierno argentino declaró la nulidad del laudo.

Una serie de alternativas y negociaciones fracasaron reiteradamente hasta que en enero de 1979 las partes aceptaron la mediación papal. A ella está dedicado el capítulo décimo. De inmediato se iniciaron los trabajos para las presentaciones que debían hacerse al mediador y en las que a Philippi le cupo especial participación, hasta noviembre de 1984 en que se firmó un nuevo tratado de Paz y Amistad entre Chile y Argentina con el que se resolvía la controversia austral, y "también concluyó… la participación de Julio Philippi como asesor del Ministerio de Relaciones en los asuntos limítrofes del país. Habían sido más de 30 años dedicados en cuerpo y alma a esas labores" (p. 384).

El conjunto de estos tres capítulos dan cuenta, con gran e interesante acopio de antecedentes de la gran contribución de Philippi a Chile. Inevitablemente las labores ministeriales responden a los intereses del gobierno de turno. Las negociaciones limítrofes en cambio constituyen políticas de Estado. En ellas el aporte de Philippi fue permanente, contundente y desinteresado.

El capítulo undécimo nos informa de otras negociaciones diplomáticas, que tuvieron que ver con el cobre y el corredor boliviano.

Desde los años 60 el cobre y las compañías que explotaban las minas habían constituido una preocupación política muy importante, y habían pasado por el proceso de chilenización asociado al gobierno de Frei Montalva, y de nacionalización asociado al de Salvador Allende. En la normativa de la nacionalización, aprobada por unanimidad en el Congreso Nacional, se consultaba la indemnización a las compañías nacionalizadas que tenía que fijar el Contralor. Después de estudiar los antecedentes el Contralor determinó que no correspondía pagar indemnización a ninguna de las tres más grandes compañías. Naturalmente estas sintieron vulnerados sus derechos y apelaron a un Tribunal Especial del Cobre (TEC), que la propia ley había establecido, el que terminó declarándose incompetente. En virtud de esta situación las compañías "perdieron todo interés en continuar litigando" (399).

En noviembre de 1973, con el aparato productivo en crisis, con la incertidumbre que generaba la represión del gobierno que había provocado adversas y airadas reacciones en el exterior, el deterioro progresivo de las relaciones de Chile con casi con todos los países del mundo, con el crédito internacional cerrado y con el Club de París renuente a renegociar la deuda externa, el Estado debió enfrentar "numerosas demandas judiciales ante tribunales de diversos países interpuestas por las compañías nacionalizadas" (388). Fue en estas circunstancias que el gobierno militar recurrió a Philippi, quien procedió a conformar un equipo de trabajo y fijar una estrategia que consistió fundamentalmente en respetar el texto constitucional que había consagrado la nacionalización, y a partir de esa premisa se negoció con las compañías y con la aseguradora. El autor dedica numerosas páginas al análisis de cada caso entregando valiosa información tanto en cifras como en los procesos mismos de negociación. Cada caso, en verdad, constituyó una situación especial, y en su conjunto "los resultados de las negociaciones fueron altamente convenientes para el país..." (p. 412).

Otras gestiones diplomáticas de Philippi tuvieron que ver con las conversaciones con Perú a propósito de la oferta chilena de un corredor para Bolivia en 1975, pero que tenía que ser consensuado con Perú de acuerdo a lo dispuesto en el protocolo del Tratado de 1929. Durante las negociaciones el Perú insistió en una fórmula que significaba la internacionalización de Arica, cuestión que a Philippi le parecía inadmisible. Y como Bolivia negara la posibilidad de un canje territorial, las conversaciones definitivamente fracasaron.

El último capítulo de la obra está dedicado a "las últimas responsabilidades" que, dando cuenta nuevamente de la variada gama de intereses profesionales e intelectuales que el personaje asumió a lo largo de su vida, tuvieron que ver con la Fundación de Sergio Larraín para la creación, en conjunto con la Municipalidad de Santiago, del Museo Precolombino y en la cual se desempeñó como secretario por trece años; con su calidad de miembro del directorio de la Editorial Universitaria; con el cargo de vicepresidente del Centro de Estudios Públicos y con el de miembro del Consejo Superior de la Universidad Finis Terrae.

A lo anterior es necesario agregar su participación en la Comisión de Reforma del Código Civil en la que participó desde 1975 y hasta 1979; en el Consejo de Estado establecido por la junta militar entre 1976 y 1979; y en el Tribunal Constitucional desde 1981 a 1987 año en el que tuvo que cesar en sus funciones al cumplir 75 años. Diez años más tarde falleció.

Tal como señala el autor en la introducción, la lectura del libro permite apreciar y conocer "una persona que se destacaba por poseer de manera muy desarrollada determinadas cualidades naturales, como la inteligencia, la memoria y la curiosidad; y otras adquiridas, como la responsabilidad, la tenacidad y la laboriosidad, unidas a una sencillez en el actuar. ... una persona moralmente excepcional" (p.16).

Matías Tagle Domínguez

Pontificia Universidad Católica de Chile