SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.35SOL SERRANO P. (editora). Vírgenes viajeras. Diarios de religiosas francesas en su ruta a Chile, 1837-1874JAIME VALENZUELA MÁRQUEZ. Las Liturgias del Poder. Celebraciones públicas y estrategias persuasivas en Chile colonial (1609-1709) índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

Compartir


Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) v.35  Santiago  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942002003500021 

 

GONZALO VIAL. Historia de Chile (1891-1973), volumen V, De la República Socialista al Frente Popular (1931-1938) Stgo. Editorial Zig-Zag, 2001, 623 págs.

Gonzalo Vial nos entrega otro tomo de su monumental Historia de Chile que pretende llegar hasta 1973. A diferencia de volúmenes anteriores, donde aborda problemas sociales y culturales, este es una narración de la historia política del período, con ciertas referencias a la evolución económica posterior a la crisis de 1929-1935 o 37 y a la recuperación de la economía chilena. La sociedad –como diría Francisco Antonio Encina– "no lleva vela" en este tomo.

En este último volumen, Vial no agrega mucho a la interpretación que ha hecho del período de ochenta años que pretende abarcar en su obra total. Mejor dicho, en el volumen casi no hay interpretación o esta es subliminal. Por ejemplo –como ya lo hiciéramos notar también en el comentario del anterior volumen– en este ya no lapida a la clase media, la "mediocracia" como la llama en los primeros tomos (el corrector automático de computador salta inmediatamente señalando el error apenas se escribe la palabra…) al contrario; ahora encuentra notables cualidades en figuras como Pedro Aguirre Cerda, Jorge González von Marees, Marmaduke Grove, Enrique Oyarzún… hasta Carlos Dávila, a quien antes había tratado duramente. Incluso no usa ya el barbarismo "mediocracia", sino tan solo algunas veces. Gonzalo Vial parece irse convenciendo que la verdadera palabra es "mesocracia". Así la emplea en las pags. 39, 40, 437, etc., lo que no impide que todavía use "mediocracia" en las págs. 157, 171, etc. Tampoco, durante la época que toca en este volumen, ve en la evolución histórica del siglo XX chileno una "honda decadencia" como lo dice explícitamente en el tomo I del volumen I. La clase media tiene cosas malas, pero también hay buenas. Bien por don Gonzalo y su obra.

Tal como en los libros anteriores, el relato es ameno y bastante comprensivo, hasta el detalle ínfimo en algunos trozos. Pero no es tan entretenido como el volumen IV (a mi juicio el mejor de su obra y no solo por lo grato de leer). Este tiene episodios relatados, clara, estructurada, completa y convincentemente, pero otros no. Los mejores –a mi modesto juicio– la "Rebelión de la marinería" (págs. 37-78), la gestión económica de Gustavo Ross (págs. 319-384), y, mejor aún, el episodio de la matanza de los jóvenes nacistas en el edificio del Seguro Obrero (págs. 488-537). Su versión de los sucesos de Ranquil no parece plenamente convincente, aunque está bien relatada. En cambio, se alarga en detalles insignificantes, poco importantes y, a menudo, imposibles de comprobar, cuando trata otros episodios; por ejemplo: la serie de complots y cuartelazos que siguieron a la caída de Juan Esteban Montero, y, en especial, el gobierno de Carlos Dávila. La división por capítulos –los cortes– con que organiza el relato parecen bien pensados y convincentes y en general el volumen está bien cerrado sobre sí mismo, sin perjuicio de su conexión con la obra toda.

Comentario aparte merece la caracterización que hace Gonzalo Vial del fascismo criollo, el MNS y su líder Jorge González von Marees. El autor les otorga gran importancia. ¿La tuvieron? Probablemente por representar el signo de los tiempos, pero en la Historia de Chile dejaron escasa huella, excepto como coletazo indirecto de su trágica aventura del 5 de septiembre de 1938, que permitió la victoria del Frente Popular. Hay, además, una simpatía soterrada por el grupo y su "jefe". Esto se nota en la descripción de la persona de este último. Lo que, sin embargo, no menciona suficientemente, a mi juicio, son sus desequilibrios, su teatral parafernalia y hasta su semi histérica visión mesiánica de la realidad (tan típica de los caudillos fascistas por lo demás). Creo que si el putsch del 5 de septiembre se llevó adelante, no solo fue fruto del contexto electoral que conllevaba el triunfo de Gustavo Ross y de un ingenuo wishful thinking con respecto al apoyo militar y la palabra de Ibáñez; sino que hubo razones más profundas que tienen que ver con los modelos europeos que seguía el MNS y la propia sicología de González y sus seguidores: el sentido heroico de la vida (el que –posiblemente– es uno de los rasgos que ganaron la simpatía de Vial).

Otra caracterización humana bien lograda es la de Gustavo Ross. Con justicia lo muestra como el hombre de la recuperación económica; el gran Ministro de Hacienda de Alessandri. Humanamente, sin embargo –aunque cuando no deja de destacar muchos de los rasgos miserables que lo identificaron– no llega hasta las últimas consecuencias. La mejor y más lapidaria descripción –conocida– del carácter de Ross, que fue la que hizo Rafael Luis Gumucio, no se menciona. Tampoco que Ross posiblemente, al menos en el campo político, tenía mucho de fascista... en todo caso mucho más que el ingenuo González von Marees y su idealista voluntad de poder. La frialdad despectiva y olímpica, el disimulo cínico, su desprecio, fuertemente teñido de elementos raciales hacia casi todo el mundo (los que Vial destaca), recuerdan a Reinhard Heydrich. Su fría confianza en el poder del dinero, aunque no era un elemento fascista, completa el cuadro de su personalidad consecuentemente.

En fin, también el retrato que hace de Juan Esteban Montero, una figura tan olvidada y por ende desconocida hoy, es bueno. Tenía todas las características del chileno medio, correcto, íntegro y respetable. Es posible que la política no esté hecha pare este tipo humano.

Interesante lo que dice Gonzalo Vial sobre el entonces comunista Eudocio Ravinés y su acción en Chile; un personaje fundamental en la historia del período, hasta hoy poco conocido, u ocultado por la nomenclatura beata del comunismo criollo que todavía arrastra las piernas (y la pluma) en nuestro país. Ravinés, después vituperado traidor para los seguidores del Moscú de otrora, fue un personaje notable. Su libro La gran estafa, es uno de los más patéticos que se han escrito sobre lo que fue el aparato comunista mundial en los años de Stalin. solo comparable a La noche quedo atrás, de Jan Valtin, este último debidamente asesinado en su momento y también mencionado por Vial.

Sin embargo, aún estos buenos capítulos, pecan de algo que ha sido uno de los problemas de toda la obra de Vial; se basan en muy pocas fuentes y, a menudo, están construidos sobre la base de una sola y principal monografía. "La rebelión de la marinería" sigue de cerca la interpretación de los libros de Von Schroeders y López Urrutia; el gobierno de Dávila recoge casi "a la pata" el relato de Susana Simonetti. Sobre Ross utiliza el libro de Joaquín Fermandois. El episodio de la matanza del Seguro Obrero, sobre el que demuestra saber mucho, no aparece apoyado en una bibliografía sustancial; la verdad es que oculta las fuentes, aun en el caso de citas textuales; es posible que haya realizado entrevistas o leído memorias con el compromiso de mantener en silencio su existencia.

En contraste, hay temas importantes no tratados o tratados débilmente. Pudo decir mucho más sobre el nacimiento del Partido Socialista, el que ha resultado más importante que el Comunista en la Historia de Chile. Ya dijimos al comienzo que sus referencias a aspectos sociales son en extremo escasas. Sobre ecología nada. Sobre cultura artístico-literaria (en la mejor época de la Mistral y de un Pablo Neruda ya figura mundial), nada.

Pero el problema principal de Vial como historiador es con la bibliografía y las fuentes: escasas las primeras y casi inexistentes las segundas, en las pocas páginas que dedica al aparato crítico, en lo que no es una característica solo de este volumen, sino de la obra toda, es uno de los problemas más serios que presenta esta. Es frecuente que, a lo largo de páginas y páginas, en que Vial entrega un caudal gigantesco de información y de detalles, no existan notas. Esto ocurre hasta el punto que, a veces, se tiene la duda sobre si esta no es una "versión inteligente" que entrega el autor sobre sucesos tomados de fuentes muy conocidas y tan solo "reinterpretadas", de rumores que llegaron hasta él o de su "imaginación creadora" (a lo Spengler). Además, notable es la ausencia, en sus escasas notas y bibliografía, de obras que a otros nos parecen fundamentales para estudiar algunos de los temas que toca en profundidad. No cita nada o casi nada de la copiosa literatura histórica anglosajona sobre el Chile del siglo XX. Ni el libro de Paul Drake (Socialismo y populismo en Chile 1936-1973), ni (en este volumen al menos) las obras de Frederick Nunn o de Timothy Scully, que sin duda le habrían sido útiles. He escuchado a Gonzalo Vial la curiosa opinión de que un yanqui no puede entendernos; pero al menos pudo usar la información, normalmente muy bien recogida y trabajada, que aparece en estas obras de metecos. Pero también una cantidad importante de autores chilenos que han escrito sobre el período no son citados (aunque quizá algunos fueron leídos) por Vial. El conjunto daría para una larga lista. V. gr.: sobre Ibáñez hay fácilmente diez veces más libros o artículos que los citados por Vial… cierto es que recoge a muchos en el tomo anterior, pero también le habrían servido para este. ¿Los usó?

Con todo, no se puede quitar el mérito a este volumen, que tiene la misma cualidad de los otros tomos de esta obra de Gonzalo Vial: el dar una versión comprensible y cuerda de nuestro pasado reciente. El carácter monumental de su trabajo, volumen por volumen o en su conjunto, no se puede desconocer y es pieza fundamental en cualquier estudio del siglo XX chileno. Su influencia, que ya es grande, lo seguirá siendo a futuro. Y el tener esta influencia –lo que quizá fue el propósito político central de Vial cuando comenzó a escribir hace ya veinte años, cuando era firme adherente y colaborador de la dictadura militar– se ha logrado, aun cuando con carácter menos ideológico y político (pues como vimos Vial ahora casi termina por desmentir las aseveraciones y adjetivos que afirmó en el volumen I) y más cultural y propiamente historiográfico. Quien lea este tomo, sin duda queda con una idea relativamente acabada de lo que representó la anarquía de 1932, la segunda presidencia de Alessandri, el Frente Popular, el fantasma ibañista, que existió hasta que, para su desgracia, el fantasma llegó al gobierno y así…

El estilo y el lenguaje, en este como en otros volúmenes merecen párrafo aparte. La mezcla entre la Real Academia Española y el lenguaje coloquial de España: ("tanto y pico..." o un "¡ay!" intercalado –a lo García Lorca– en frases de desilusión; giros y palabras jamás usados en Chile) con los criollismos más puros, es asombrosa. Incluso inventa neologismos. En esto, como en tantas otras cosas, sigue a Encina. Aunque en Vial resulta más artificial lo que al otro le salía del alma huasa.

Vamos a los errores y erratas. Errores de fondo puede haber muchos, pero, como no hay notas, no se puede estar seguro que lo sean o que el autor conozca algún documento o testimonio que avalen lo que dice. Hay algunos sí que resaltan porque son notorios. Los más evidentes los que se refieren a versión de Vial de la Guerra Civil española, un tema vastamente estudiado y conocido. Así nos enteramos de que las tropas de Franco ("El Caudillo", p. 415) desde "mediados" de 1936 estaban en los suburbios de Madrid (p. 408), en circunstancias de que la contienda comenzó el 17 (no el 18 como dice Vial) de julio de ese año. El ejército franquista no llegó a Madrid sino en la segunda mitad de octubre y allí permaneció hasta los primeros meses de 1937. Mal puede considerarse pues el asedio de los nacionales a la ciudad como una de las causas de que los simpatizantes de ese bando, al interior de ella, se asilasen en la Embajada de Chile desde los primeros días de la guerra. Con respecto al mismo tema, Vial se refocila describiendo los asesinatos republicanos de los primeros tiempos del conflicto, algo pudo decir también de los asesinatos nacionales. Era España, eran ambos bandos los que se lanzaban uno contra otra con similar y asesina ferocidad. En fin, hay otros errores notorios respecto a este tema y otros (la evolución, post Primera Guerra Mundial, de las internacionales socialista y comunista, por ejemplo, u omitir que entre los jóvenes nacis que se encerraron en la Universidad de Chile estaba Javier Lira Merino, el futuro diputado agrariolaborista y después simpatizante democratacristiano, quien logró escapar de los carabineros, junto con dos o tres más, por una puerta trasera, evitando el asesinato, siendo la figura más relevante en hacerlo). Errores de forma hay varios: Invergoddon (págs. 75 y 78) es Invergordon; Roehm (p. 272) es –creemos– Ernst Röhm. Suponemos que el "Gibson" (p. 277) que cita buscando el origen de la Falange, es George Grayson; que los "Hulanos" (pags. 229 y V de la galería de fotos) son los "Ulanos". Pero son faltas ciertamente perdonables y que se dan en toda obra.

En síntesis. Otro buen libro de Gonzalo Vial, aunque disparejo, y en cuanto historiografía, metodológicamente cuestionable; no está a la altura de los mejores, pero tampoco de los peores. En todo caso, aquel que pretenda conocer la historia del siglo XX chileno debe leerlo.

CRISTIÁN GAZMURI

 

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons