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ARQ (Santiago)

On-line version ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.111 Santiago Aug. 2022

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962022000200014 

Diálogos

Decrecimiento, suficiencia o ambientalismo radical. Alejandro de Castro en conversación con Marcelo López-Dinardi

Alejandro de Castro1 

Marcelo López-Dinardi2 

1 Postdoctoral Researcher, Leibniz Institute of Ecological, Urban and Regional Development, Dresden, Germany. a.decastro@ioer.de

2 Assistant Professor, Department of Architecture, Texas A&M University, Texas, USA

Resumen:

El decrecimiento es una idea asociada a la economía, sin embargo, algunos la han abordado desde una perspectiva ecológica y ambiental. En esta conversación, el decrecimiento se discute en términos de suficiencia, un concepto que ayuda a definir quién puede practicarlo y en qué medida. A partir del trabajo académico en torno a cuestiones de vivienda informal e incremental en América Latina, la evaluación de proyectos arquitectónicos contemporáneos bajo un lente de decrecimiento, hasta una investigación sobre quién puede permitirse la suficiencia contra el consumo excesivo, la discusión abre marcos para ayudar a situar el decrecimiento en múltiples territorios y geografías.

Palabras clave: ecología; práctica; recursos; entrevista; decrecer

Fuente: © European Space Imaging, GeoBasis-DE/BKG, GeoContent, Maxar Technologies, Kartendaten © 2022 (izquierda); © Alejandro de Castro, RKA Architekten, David Hick and Johanna Amtmann (derecha)

Figura 1 Estado actual (izquierda) y propuesta “lo pequeño es bonito” para el centro urbano de Schuttrange (derecha) 

Marcelo López-Dinardi (MLD): Alejandro, hay varias razones por las que pensé en tu trabajo en relación con el tema del decrecimiento. Para empezar, ¿podrías contarnos algo sobre tu investigación?

Alejandro de Castro (ADC): Gracias, Marcelo. Mi mayor interés es cómo la arquitectura puede integrar la justicia social a su práctica. Esto me llevó inicialmente a trabajar con informalidad urbana y autoconstrucción, y, más recientemente, a tratar de entender cómo la arquitectura y la planificación podrían trabajar en una relación más estrecha con cuestiones de clima y justicia ambiental. Como investigador postdoctoral en el Instituto Leibniz de Desarrollo Ecológico, Urbano y Regional en Dresde, Alemania, me interesa explorar cómo la justicia ambiental global puede integrarse a prácticas espaciales, ya sea planificación urbana o arquitectónica. Esta pregunta apunta a problemas espaciales conectados por el consumo excesivo de recursos en contextos de altos ingresos y por injusticia ambiental en los de bajos ingresos.

MLD: Mi interés en hablar contigo parte de tu trabajo previo sobre la informalidad, en particular en Brasil, donde trabajaste. Lo que llamas justicia climática es una excelente manera de expandir nuestra comprensión de la informalidad más allá de las nociones de precariedad o incluso como modelo. Espero que puedas contarnos más sobre los desafíos, complejidades y contradicciones del concepto de informalidad. Esto incluye ideas de prácticas autoproducidas, autocrecimiento, crecimiento orgánico y muchos otros conceptos en torno a la informalidad o a la autoconstrucción no planificada.

ADC: Primero me fijé en las prácticas arquitectónicas dominantes que han tratado de “resolver los problemas” de los asentamientos informales. Luego revisé casos de estudio contemporáneos - en Brasil, como dijiste, pero también en Chile -, para explorar soluciones a estos desafíos. En ambas etapas, encontré un problema epistemológico en la cultura arquitectónica al ver la informalidad: hay confusión en cómo percibe la espacialidad de los sitios autoconstruidos. Los problemas de los asentamientos informales difieren de aquellos que los causan, sin embargo, la cultura arquitectónica reduce las causas a lo visible. Históricamente, esto se aprecia en proyectos significativos y exitosos para la cultura arquitectónica convencional, como PREVI en Perú o Quinta Monroy en Chile. Al mirar el devenir de estos proyectos, notas que su éxito es muy ambivalente, por decir lo menos, o simplemente no es tal. En mi opinión, la causa de este problema es la fijación de la cultura arquitectónica en el espacio cartográfico. No reconoce que los problemas sociales en contextos urbanos no son de un área espacial, sino que se basan en relaciones conflictivas entre humanos a través de distintas áreas: los problemas sociales son relacionales. Te doy un ejemplo para aclarar esto.

Una vez estudiamos la comunidad de Rio Das Pedras junto a la Lagoa da Tijuca, en Río de Janeiro. Rio das Pedras es un área informal construida hace décadas para recibir a trabajadores de la construcción del área de Barra da Tijuca. Las torres residenciales, formales y ricas, de Barra da Tijuca están, de hecho, al otro lado de la laguna. Hoy, algunos de los problemas en Rio das Pedras se relacionan con la prevalencia de enfermedades infantiles causadas por la contaminación del agua que fue ‘invadida’ por el asentamiento informal.

El punto interesante es que ni los asentamientos informales ni los formales de la Lagoa tienen sistema de alcantarillado sólido, lo que significa que todos, ricos y pobres, contaminan la laguna directamente. Y, sin embargo, todas las soluciones para los problemas de Rio das Pedras discutidas con varias instituciones, se enfocaban en formalizar Rio das Pedras y no en mejorar el sistema de alcantarillado de las torres residenciales adineradas. Esto muestra la falta de perspectiva relacional dada a los asentamientos informales, que vincularía los problemas de justicia ambiental y los de decrecimiento en el contexto de fuerzas desiguales de riqueza.

MLD: Una de las principales cosas que tomo de tu ejemplo es el nivel desigual con que, por defecto, tendemos a evaluar los lugares. No solemos mirar los barrios más ricos. Tendemos a arreglar lo informal, pero no miramos problemas que no sean visibles. Así, al traer el concepto de un conjunto desigual de relaciones, infraestructuras y aguas residuales, en este caso, inevitablemente llegamos al concepto de economía. Si no se cuestiona la economía política, nunca podríamos preguntarnos cuál es el límite de pensar en esas posibles soluciones. Parece que estamos llegando al borde de cuánto más podemos sostener esa idea de mejorar las cosas poco a poco dentro del dentro del colapso del clima y la economía política. Por lo tanto, si no pensamos en las implicaciones más significativas de estas estructuras político-económicas, parece más difícil pensar en cualquier forma de mejora. Mejorar las situaciones que impactan a los barrios ricos y a los asentamientos informales, claramente los afectará de manera desigual. Con esto en mente, quería preguntarte cuánto de la discusión política y económica es parte de tu trabajo. ¿Entra esa discusión? ¿Es paralizante pensar en superestructuras económicas? ¿Cómo has enfrentado este desafío al pensar en la informalidad?

ADC: Esa es una gran pregunta. Creo que hay un problema crítico, que es precisamente la división ficticia entre problemas macro (asociados a la economía política) y micro (relacionados a prácticas espaciales) que se ha creado en el discurso arquitectónico. Esta división refuerza la maquinaria de una economía política que conduce a la crisis climática. En mi opinión, lo que conecta estas dos escalas es el argumento que los arquitectos hacen sobre los proyectos espaciales. Así que el problema no es que un proyecto no pueda resolver nuestro panorama político y económico actual, sino que los argumentos de los proyectos conectan muy superficialmente estas escalas. Es el caso del proyecto incremental de Elemental en Iquique que reduce la alternativa global para asentamientos informales a una vivienda de densidad media y de autoayuda que no puede generalizarse sino que es más bien excepcional. Como en muchos otros casos, los argumentos para celebrar este proyecto toman soluciones anecdóticas o únicas como paradigmáticas.

En este sentido, creo que la narrativa dada a proyectos que abordan desafíos en asentamientos informales debe cambiar. Esto ayudaría a situar mejor su contribución y reconocer las limitaciones de las intervenciones espaciales. Ahora, la pobreza y la desigualdad, el cambio climático, los techos verdes, la rentabilidad económica y la justicia social se mezclan siendo finalmente evaluados con una imagen. Por supuesto, la cultura arquitectónica debe influir en el contexto político y económico donde se establece, pero para eso, debe aprender a argumentar.

MLD: Pienso en cómo cambiar o ajustar la narrativa y reconocer los límites del lenguaje. Debemos pensar en eso, particularmente en lo que respecta a la sostenibilidad. Esa es una palabra que, como educador, no permito que los estudiantes usen en el aprendizaje y el diseño de proyectos. No porque las ideas de sostenibilidad sean erradas, sino porque se han movilizado a través de una imagen de las cosas. Y esa imagen no es realmente transformadora porque no habla de realidades de trabajo, extracción de materiales, ubicaciones, fuentes, etc. Si no incorporamos esa realidad, creo que perderemos el gran potencial de crear una arquitectura sostenible. Es decir, no creo que la sostenibilidad sea cumplir algo, sino una forma de tomar conciencia de los recursos materiales, la infraestructura, la mano de obra, etc.

Aquí es cuando llegamos al decrecimiento. Este concepto relativamente joven proviene de la economía y se desarrolló en Francia, lo que es una importante nota al calce, pues implica una crítica a la forma en que nuestro modelo de crecimiento se ha aplicado básicamente en todo el mundo, extendiéndose en relaciones completamente asimétricas de poder y riqueza.

Creo que la arquitectura es casi antitética al decrecimiento porque se trata de construir. Sin embargo, en tu trabajo reciente, has intentado analizar proyectos arquitectónicos y conceptos que pudieran asociarse con el decrecimiento. Dado que el decrecimiento proviene de la economía, no necesariamente hemos desarrollado los conceptos exactos que lo traducen arquitectónicamente. Aún no sabemos lo que significa practicar el decrecimiento a través de la arquitectura. En ella, el decrecimiento no tiene marco. ¿Podrías contarnos un poco más sobre cómo creaste una definición aplicable a partir de un concepto que es, en principio, económico, visto a través del lente de la arquitectura, siendo capaz de evaluar las obras arquitectónicas en ese sentido, y si están alineadas o no con los principios de decrecimiento?

ADC: El decrecimiento se ha definido de varias maneras, pero tomo la caracterización de Giorgos Kallis, quien lo declara una forma radical de ambientalismo. Esa no es una definición económica en sí misma, aunque se basa en la crítica de las economías basadas en el crecimiento. Así que veamos cómo la arquitectura puede definirse desde esta perspectiva ambiental. ¿Qué quiere decir Kallis con ecologismo radical? Responde a críticamente el discurso del crecimiento verde, también llamado ecomodernismo, que asume que el crecimiento económico y el deterioro ambiental se desacoplan a largo plazo. La idea es que las primeras fases de desarrollo industrial generan mucha contaminación. Aún así, cuanto más se desarrollan los países con tecnologías verdes, más benignos se vuelven, al punto de poder generar resultados ambientales ‘positivos’ de los procesos industriales. La revisión empírica de Thomas Picketty de este paradigma desde una perspectiva económica, y la de Kallis desde una ambiental, muestran que el crecimiento verde, basado en lo que se conoce como curva de Kuznets (Figura 2), es ficción.

Fuente: ScienceDirect

Figura 2 La curva ambiental de Kuznets (EKC) se refiere a la hipótesis de una relación de U invertida entre la producción económica per cápita y algunas medidas de calidad ambiental  

El decrecimiento se aleja de esta idea y plantea un paradigma ambiental distinto: los beneficios ambientales sólo pueden producirse al reducir la producción de materiales y las tasas de material utilizado por humanos. En esta crítica, los teóricos del decrecimiento han demostrado que aun cuando las tecnologías verdes aumentan la eficiencia de los materiales, recirculan más materia más rápido debido a su dinámica impulsada por el crecimiento.

Así que el decrecimiento trata de recircular la materia a un ritmo menor, y concuerdo en que la arquitectura es antitética porque hasta ahora no ha podido reducir su rendimiento por debajo de cero. Lo que intentan los estudiosos del decrecimiento es preguntarse: ¿cómo la producción de la ciudad podría reducir al mínimo la tasa de uso de la materia? En este sentido, lo que he hecho en mi investigación es indagar en textos de decrecimiento que describen futuros radicales de desarrollo urbano e intentar encontrar qué tipo de características espaciales o urbanas identifican. He encontrado indicios de cómo los materiales medioambientales radicales pueden funcionar en la práctica - por ejemplo, con sistemas de construcción reversibles y compostables. A escala de diseño urbano, el decrecimiento puede ocurrir al modernizar y renovar un area urbana sin promover con ello su gentrificación. Y a una escala de ciudad, las ideas sobre desurbanización, renaturalización y los sistemas de movilidad pública también se alinean con el decrecimiento.

MLD: Es interesante que hayas pasado de los conceptos de crecimiento económico a una forma de ecologismo radical y cómo la economía no se puede desacoplar con el medio ambiente y los recursos que la componen. Es una forma poderosa de vincular la noción de decrecimiento de los principios económicos abstractos a las ideas arquitectónicas. Pero quería interponer el concepto de ciudad como el escenario principal donde estas situaciones pueden o deben mejorarse.

Una de las intenciones de este número es descentralizar indirectamente la idea de que las ciudades son el lugar central para pensar en todo lo demás. Principalmente porque una de las cosas que vinculaste, el beneficio desigual en la Lagoa da Tijuca respecto a la contaminación, la ubicación de extracción de recursos y la riqueza contra el destino de sus productos, y cómo se transforma y explota, y así sucesivamente. También podemos pensar en las tecnologías actuales y la ubicación de la minería y los elementos para computadoras, incluidas las ‘tecnologías verdes’, eléctricas, con extracción de litio, que también crean otro modelo extractivo.

Así que me pregunto si este ecologismo radical nos obliga a cuestionar la ciudad. Si entendemos las ciudades como lugares donde se acumula riqueza, pero los recursos que la hacen posible se extraen lejos de las ciudades, podemos preguntarnos qué sucede con los lugares intermedios. Me gusta la noción de ecologismo radical, pero supongo que nos obligará a preguntarnos cómo pensamos la ciudad. Y no porque debamos ignorar las ciudades, sino porque la forma en que, como arquitectos, hemos pensado históricamente las ciudades ya es casi inexistente. Las ciudades ahora se forman mediante la unión de parámetros complejos, y donde la figura del arquitecto ya no es tan relevante como podría haber sido, si es que lo fue, en el pasado.

Creo que la forma en que vinculas la arquitectura y el decrecimiento es muy apropiada porque hace preguntas fundamentadas, muy materialistas, sobre de dónde vienen las cosas. En ese proceso, somos capaces de desafiar lo que pensamos sobre las ciudades. Entonces, ¿cómo ves el papel de las ciudades en estos problemas de decrecimiento y ecologismo radical?

ADC: Concuerdo. En un sentido material, las ciudades no son lo que eran. Permíteme hacer una observación personal. Cuando camino al aire libre todos los días, me pregunto cuánto de lo que veo pertenece a, digamos, un radio de 50 a 500 km, y muy seguido, mi respuesta tentativa es que muy poco. Hace un tiempo, le pregunté sobre esto a mi padre, que creció en un pequeño pueblo del sur de España, y su respuesta fue la contraria: casi todo lo que vestía, comía o construía, venía de allí. Creo que la deslocalización de la materia acaecida a lo largo del siglo XX cambió la forma en que vemos los lugares y la constitución de su imagen.

El decrecimiento no puede tomarse, y no debería, tomarse como una teoría universal, y en la práctica se asocia con los lugares de consumo o desarrollo excesivos en cualquier geografía en que existan. En realidad, en el desarrollo histórico del concepto de decrecimiento, el problema del consumo excesivo en contextos de altos ingresos se combina con la crítica al desarrollo neocolonial y la extracción de recursos en los países de bajos ingresos, siguiendo la tesis de Arturo Escobar. El decrecimiento puede verse, en este sentido, como un concepto complementario a la justicia ambiental - la cual describe la distribución desigual de las cargas ambientales en los lugares de extracción de recursos.

En mi opinión, un concepto ambiental que ayuda a situar espacialmente el decrecimiento es la suficiencia. Bajo el paradigma de crecimiento verde, la sostenibilidad se basa en la idea de eficiencia y se mide con el creciente valor económico de cada unidad de masa producida gracias a innovaciones tecnológicas. El acero es cada vez más ligero, las ventanas mejores, etc. El concepto medioambiental de suficiencia, que complementa al de la eficiencia, no significa autarquía. Una ciudad es suficiente cuando satisface las necesidades de sus ciudadanos con acciones o alteraciones mínimas. Vista de este modo, una ciudad verde no se hace con actualizaciones tecnológicas continuas, sino con simples intervenciones que llevan a la emancipación. El punto crítico es preguntar cuánto necesitamos cambiar nuestras ciudades para satisfacer nuestras necesidades. Así, cosas como tener césped muy verde o árboles colgando de los edificios se vuelven irrelevantes. Y la imagen de las ciudades se hace mucho más sencilla. Se podría decir que las ciudades del llamado ‘sur global’ ya aplican principios de decrecimiento, aunque decirlo así es una forma paternalista de romantizar la pobreza. Por ello, la discusión sobre el decrecimiento debe enfocarse sólo en los lugares donde hay un consumo material excesivo.

MLD: Creo que ese es un punto crucial. Valoro el concepto de suficiencia como un lente para observar ciudades y lugares sobredesarrollados. ¿Pero suficiencia para quién? Es una idea muy desafiante en términos de quién merece qué nivel de suficiencia. Pero, de nuevo, estoy pensando en esto en el largo arco de tiempo. ¿Cómo pensamos acerca de las prácticas que han impactado territorios y lugares por décadas o siglos y que ahora se les pide que sigan siendo suficientes frente a otras formas de existencia más nuevas, exuberantes o desarrolladas?

Creo que ayuda a fundamentar el concepto y reconocer que el decrecimiento no necesariamente puede aplicarse en todas partes y ni siquiera puede enmarcarse de una forma de uso uniforme. En parte de la literatura sobre el movimiento decrecentista - con argumentos evidentemente bien pensados, en el libro The Case for Degrowth, por ejemplo - hay ideas sobre cómo estos conceptos pueden aplicarse a territorios menos desarrollados. Parece que debemos reconocer que no necesitamos obligatoriamente conceptos universales para coincidir con todos y con todas partes, incluso si reconocemos que a veces el problema está en algún lugar donde no se manifiestan las consecuencias.

Para continuar, quería preguntarte sobre tu experiencia con los proyectos arquitectónicos y urbanos que has analizado y estudiado mediante el lente del decrecimiento. ¿Puedes contarnos más sobre estos proyectos?

ADC: El análisis que hice reveló que, a nivel teórico, se puede encontrar un buen número de autores que hacen una crítica frontal al desarrollismo e incluso al ecomodernismo, pero muy pocos que crean una agenda para formas alternativas de urbanismo. Así, a nivel práctico, es posible encontrar proyectos alineados con principios de decrecimiento, pero muy pocos lo explicitan. Por ejemplo, a nivel de materiales de construcción, hay muy pocos ejemplos de tecnologías que hagan que los materiales sean compostables y reversibles. Algunos proyectos arquitectónicos reutilizan elementos usados de carpintería, particularmente Rotor en Bélgica, intentando crear un mercado para materiales de construcción recuperados. El problema no es la oferta de estos materiales, sino la demanda, y están intentando llevarla a una escala tal que su visibilidad los haga entrar en el mercado de la construcción. Otros ejemplos de trabajos con tierra intentan utilizar materiales compostables. Pero básicamente, aún usan la tierra como material de revestimiento, y no para estructuras. Por supuesto, fuera quedan los ejemplos de tejados y fachadas verdes porque suelen ser sólo elementos decorativos puestos en una losa de hormigón hecha para el greenwashing.

A nivel de retrofitting, hay ejemplos buenos de proyectos de arquitectura que minimizan el trazo de las intervenciones, lo que creo se alinea implícitamente con el decrecimiento. El estudio de arquitectura N’Undo trabaja en base a la premisa de intervenciones negativas (desarme y desconstrucción), y encuentro su trabajo extremadamente interesante; diseñan restando elementos construidos y, a veces, reubicándolos. Han ganado varios concursos, pero aún tienen muy pocos proyectos arquitectónicos realizados o pertenezcan a esquemas de planificación.

El proyecto de Lacaton y Vassal para la Plaza de León Aucouc en Burdeos es reconocido como uno de los primeros en apuntar a ideas de decrecimiento. Es una renovación del espacio público donde la solución fue reconocer el valor de la plaza y literalmente no hacer nada más que mover los contenedores de basura y quitar los estacionamientos. Su historia es algo compleja: el proyecto se llevó a cabo y, luego, los autos regresaron, así que no tuvo un final feliz, pero señaló la dirección correcta. A escala de ciudad, diría que el proyecto de supermanzanas en Barcelona es en definitiva un ejemplo de cómo desurbanizar la ciudad para ganar espacios verdes, peatonales y sociales. Pero se ha mantenido en un nivel anecdótico. Muchos ejemplos de áreas urbanas han reverdecido sitios eriazos con soluciones con la naturaleza de base, pero son muy heterogéneos.

Fuente: © Lacaton & Vassal

Figura 3 Lacaton y Vassal. Place Léon Aucoc, Bordeaux, 1996. 

Fuente: © Lacaton & Vassal

Figura 4 Lacaton y Vassal. Place Léon Aucoc, Bordeaux, 1996. 

MLD: Esto trae otra idea emocionante sobre cómo, desde el campo de la arquitectura, nos gusta abrazar y construir conceptos que luego podríamos agarrar y trabajar en su respaldo. Me pregunto si el decrecimiento es uno de esos conceptos que tal vez no debería existir en arquitectura, y sólo debemos dejarlo ir y abrazar el ecologismo radical en su lugar.

Me preocupa que el concepto se mercantilice, como pasó entre fines de los noventa y principios de los dos mil con todo lo relacionado a la construcción ecológica. Ese concepto se mercantilizó rápidamente convirtiéndose en una especie de activo por el que se producirían edificios mucho más caros que otros, desarrollándose precisamente en instituciones financieras, bancos y otros que harían edificios gigantescos siguiendo esos estándares para parecer sostenibles o verdes.

Supongo que podríamos deshacernos de la necesidad de encontrar otro concepto y llamar a las cosas simplemente por lo que son: recursos, extracción, ambientalismo radical y prácticas laborales justas; apelando así a un lenguaje común para todos, uno que no es un campo o disciplina específica, sino un concepto social. ¿Qué piensas al respecto? ¿Qué piensas sobre aplicar nuevos conceptos, como el decrecimiento, en todos los ámbitos, como otra idea general? Por ejemplo, ¿es el decrecimiento sólo un concepto para naciones o territorios altamente desarrollados? ¿O deberíamos ser específicos sobre dónde se aplican ciertos conceptos?

ADC: Creo que planteas una pregunta importante, y concuerdo con tu punto de vista. Creo que traducir un concepto utilizado principalmente en un contexto político-económico puede llevar a los mismos errores. Hemos traducido literalmente otros conceptos como deconstrucción, que extrapolaba una idea filosófica a su forma material al pie de la letra. Hacer eso sería un error, estoy de acuerdo.

Creo que el decrecimiento puede ser una teoría interesante como fondo, pero no que tenga las propiedades espaciales que necesita la práctica arquitectónica y urbana. En mi opinión, la suficiencia se vincula tanto con dimensiones materiales y ambientales como para utilizarse en nuestras profesiones (arquitectura y urbanismo). La pregunta sería simple para mí. Si preguntas cómo un proyecto utiliza la cantidad mínima de materia para cumplir objetivos sociales dados, tienes una pregunta estrictamente de diseño arquitectónico y urbano. Y creo que puede llevar a una verdadera estrategia innovadora de diseño arquitectónico, de construcción y materiales que definan los roles laborales y las distribuciones económicas. En ese sentido, la suficiencia, ligada al ecologismo radical, es un concepto paralelo a la eficiencia que sería útil en la práctica.

Recientemente he participado en dos concursos de diseño urbano usando los conceptos de suficiencia y decrecimiento. En ellos, intenté responder la pregunta del consumo mínimo de materiales mediante un proyecto arquitectónico, y me fascina la riqueza en cómo me hizo repensar el espacio, el edificio y qué es lo necesario. Como dijiste, me hizo cuestionar el estándar de necesidades. ¿Dónde lo pongo? Estas son preguntas muy materiales, ambientales y sociales. ¿Necesitamos cambiar el pavimento de una carretera, por ejemplo, cuando la hacemos peatonal? ¿Necesitamos poner césped cuando tenemos un área verde? ¿De verdad necesitamos una cierta altura para las habitaciones, etc.? Por supuesto, no gané esos concursos. Aún así, me di cuenta de que la cuestión de cómo minimizar el rendimiento de los materiales en estos proyectos conduce a un desarrollo profesional prometedor y complejo que creo es profundamente arquitectónico y radicalmente ambiental.

MLD: Valoro este último concepto y la discusión sobre la suficiencia, las premisas y prácticas materiales, y cómo centran algunos de nuestros futuros desafíos sociales compartidos. Creo que apuntan a los flancos principales que nos permiten cuestionar la noción de crecimiento. En la discusión sobre cómo pensarla más a fondo en las prácticas arquitectónicas, es interesante que, tras tu significativo trabajo asociado al tránsito entre informalidad y decrecimiento, uno de los aspectos que destacas sea la naturaleza material de las cosas. Sus vínculos con el medioambiente y el clima, y desde luego, el colapso climático, donde parece que estamos parados mientras las noticias globales informan sobre incendios forestales, inundaciones y olas de calor sin precedentes.

Referencias:

DE CASTRO MAZARRO, Alejandro. “Slums. Disassembling the concept”. ARQ 98 (2018): 80-91. [ Links ]

DE CASTRO MAZARRO, Alejandro. “Environmental rehabilitation of the informal city: The case of Rio das Pedras in Rio de Janeiro”. Materia Arquitectura 11 (2015): 66-73. [ Links ]

HICKEL, Jason; KALLIS, Giorgos. “Is Green Growth Possible?”. New Political Economy vol. 25, no. 4 (2020): 469-486. [ Links ]

PIKETTY, Thomas. Capital in the Twenty-First Century. Cambridge MA: The Belknap Press of Harvard University Press, 2014. [ Links ]

Alejandro De Castro

Arquitecto, Universidad de Sevilla, España, 2007. Máster en Ciencias en Diseño Arquitectónico Avanzado, Columbia University, Estados Unidos, 2009. Doctor en Arquitectura, Universidad de Alcalá de Henares, España, 2014. De Castro investiga las dimensiones espaciales locales de desigualdades producidas a nivel global por medio de investigación empírica y diseño experimental. De Castro es investigador postdoctoral en el Instituto Leibniz de Desarrollo Ecológico Urbano y Regional, y profesor en la Universidad Técnica de Dresde en Alemania. Además, es profesor visitante en la Universidad Internacional de Catalunya en Barcelona, España.

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