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ARQ (Santiago)

On-line version ISSN 0717-6996

ARQ (Santiago)  no.93 Santiago Aug. 2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-69962016000200002 

EDITORIAL

 

Mirando al suelo

  

Francisco Díaz*

* Editor revista ARQ y profesor, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile. fdiazp@uc.cl


El 2 de septiembre de 2015, el mundo entero se conmocionó con la imagen de Aylan Kurdi, un niño sirio de 3 años que apareció ahogado en las costas de Turquía. Junto con su familia y muchos de sus compatriotas, escapaba de la guerra civil en su patria cuando el bote en el que atravesaba el Mediterráneo se hundió. Su viaje hacia un territorio libre de guerras terminó de forma trágica. La imagen de su cuerpo tendido en la playa, mirando al suelo, en el borde entre el mar y la tierra firme, quedó grabada en nuestras memorias para recordarnos que el suelo es más que una mera condición material: es también un constructo abstracto de leyes locales, tratados internacionales, propiedades privadas y valores de mercado que, a pesar de ser invisibles, son tan reales que impulsan flujos de seres humanos –e incluso capitales– en busca de mejores condiciones.

El 31 de enero de 2016, una lamentable recreación de la escena hecha por el artista Ai Wei Wei –quién se fotografió tendido en las costas Lesbos en Grecia mirando al suelo, en la misma posición que Kurdi– no sólo vino a recordarnos la evidente incapacidad del arte para representar estos fenómenos, sino también que la circulación de las imágenes banaliza la reflexión sobre ellas, al punto que hoy parece obsoleto volver a hablar de esta escena.

Pero esta obsolescencia es sólo aparente. Si bien esta imagen ya está archivada como una noticia del año pasado, como material de reflexión aún está fresca, sobre todo en nuestro ámbito. Porque si el campo de conocimientos de la arquitectura incluye el estudio y problematización del suelo, así como la provisión de espacios donde vivir, el que alguien haya perdido la vida tratando de alcanzar un nuevo suelo para vivirla, perfectamente podría convertirse en una preocupación arquitectónica.

Por supuesto que en este número de ARQ no logramos responder todas las interrogantes que deja esta escena. Sin embargo, conscientes de nuestra misión de promover nuevos territorios de conocimiento, nos hemos concentrado en presentar las búsquedas arquitectónicas de nuevos suelos, ya sea en proyectos, ensayos o investigaciones, publicando un abanico de lecturas y problematizaciones sobre un tema que, a pesar de ser antiguo, está muy lejos de estar agotado. Desde las discusiones sobre el valor del suelo (de Martin, Moore y Schindler, y también de Montealegre) a las conceptualizaciones sobre él (de Celedón y de Torrent); desde las disputas territoriales (en Weizman y en Jaque) a las intervenciones proyectuales sobre el territorio (de González y de Design Earth); desde las estrategias para ampliar el suelo público (de Carreño y Sartori) hasta la posibilidad de publicitar los distintos suelos (de Herzog & de Meuron); desde el subsuelo como territorio de disputas geopolíticas (en Belanger) hasta el subsuelo como reserva de sabidurías ancestrales (en Jorquera y Soto); desde el suelo modificado como nuevo programa (de Mayoral y Murray) hasta el suelo modificado como nueva tipología (de OMA). Todas estas aproximaciones abren un mundo de posibilidades que amplían el entendimiento clásico del suelo como el soporte de la arquitectura, ya sea estructural, existencial o simbólico.

Pues si es lógico pensar que el 'suelo' no significa lo mismo para un agricultor que para un topógrafo, un geógrafo, un arqueólogo, un corredor de propiedades o un geólogo, resultaría igualmente lógico asumir que las múltiples formas en las que la arquitectura se desarrolla hoy en día extienden las nociones de suelo más allá del mero soporte físico que recibe a un edificio. Tal vez por eso, conceptos como ‘territorios’, ‘plataformas’, ‘campos’ o ‘fundamentos’ han pasado a formar parte de nuestra conversación habitual, ya que si la arquitectura se ubica en un suelo, entonces tendremos tantas nociones de él como formas de entender la arquitectura.

Aún así, cada día aparecen nuevos desafíos. Hoy en día, por ejemplo, cuando la promesa del mundo globalizado choca de frente con gente dispuesta a defender ‘su suelo’ de la presencia de muchos otros que han dejado el suyo, parece necesario que nos volvamos a preguntar –desde los distintos puntos de vista que puede ofrecer la arquitectura– no sólo por lo que significa el suelo, sino también por lo que implica. ¿Qué nuevos tipos de suelo puede proponer la arquitectura ante estas realidades? ¿Cómo nos imaginamos esos suelos donde no sólo los capitales, sino también las personas –independiente de su procedencia– son aceptadas y acogidas? Es probable que en esta edición de ARQ no se encuentren las respuestas a estas preguntas, pero nos hemos preocupado por reunir a quienes –con menos oportunismo que Ai Wei Wei– están mirando al suelo con muchas otras interrogantes e inquietudes que, idealmente, terminarán por abrir nuevos territorios para la arquitectura.


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