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Acta literaria

versión On-line ISSN 0717-6848

Acta lit.  n.26 Concepción  2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-68482001002600010 

Isla de Vera Cruz,
Tierra de Santa Cruz, Brasil

Clicie Nunes A.


Universidad de Concepción

Aguas
son muchas, infinitas. Y en tal manera es graciosa que, la queriendo aprovechar, en ella se dará todo, por bien de las aguas que tiene. Pero el mejor fruto, que de ellas se puede sacar, me parece que será salvar esta gente. Y esta debe ser la principal semilla que Vuestra Alteza en ella debe lanzar1.

Así, De Caminha, el escribano oficial de la expedición de descubrimiento de Brasil, sugiere al rey de Portugal expandir sus dominios hacia América. El sometimiento casi inmediato de los indígenas y las condiciones climáticas favorables, genera un texto que describe al litoral brasileño como un territorio paradisíaco, principalmente en lo que concierne al amerindio, presentándolo como una "gente dócil" y "lista para la conversión". La naturaleza, a su vez, es motivo más que suficiente para que el rey invierta en esta tierra: "territorio inmenso, pleno de arboledas". Bautizar y explotar el "palo brasil" pasan a ser, entonces, los objetivos portugueses en Brasil.

Sin embargo, en esa misma visión edénica se dibujan los rasgos de una humanidad "bárbara". El autor compara los indígenas con animales, a través de un signo cultural europeo: la "falta de educación" o de civilidad y la falta de reconocimiento de la autoridad del conquistador representado por el capitán Pedro Alvarez Cabral. Junto a ello, la "confusión lingüística" de los amerindios introduce, por lo tanto, la visión infernal de Brasil:

Allí,
entonces, no hubo más habla ni entendimiento con ellos, por la barbarie de ellos ser tanta que no se entendía ni se oía a nadie2.

Desde el alto de los navíos los portugueses encontraron, más allá del Monte Pascoal, "tierras planas, con grandes arboledas". No obstante, las dimensiones todavía ignoradas de la "Tierra de los Papagayos", provocan en De Caminha la idea de haber llegado a un territorio pequeño y cerrado. El "río de mucho agua" será el límite hasta donde llegan los portugueses, una frontera que corre paralela al mar, dibujándose, al mismo tiempo, como frontera entre el espacio conocido y explotado y aquél desconocido del sertón, visto solamente desde lo alto de los navíos. El texto narra la impresión que marcó a los integrantes de la empresa portuguesa: ellos pensaron que la tierra era una isla. Este relato no es, con todo, el único documento sobre la expedición de Cabral. Solamente tres testimonios se conservan. La Carta de De Caminha, la carta de Mestre João (maestro Juan), ambas dirigidas a D. Manuel desde Puerto Seguro, Bahía, y la Relación (Relação) del piloto anónimo, divulgada en italiano y publicada por primera vez, en 1507, en la colección de Montalboddo, Paesi Nuovamente Ritrovati. De los tres testimonios, solamente la Relación del piloto anónimo fue conocida en el siglo XVI.

A pesar del carácter completo del texto de De Caminha, los tres documentos concuerdan en una cosa: describen la tierra descubierta como una isla. En De Caminha esta referencia se encuentra en el final de la relación, después de haber bautizado el lugar como Tierra de Vera Cruz: "Al monte alto el capitán puso nombre ­el Monte Pascoal­ y a la tierra ­la Tierra de Vera Cruz". Pero, al cerrar la carta, escribe: "Beso las manos de Vuestra Alteza. De este Puerto Seguro, de vuestra Isla de Vera Cruz, hoy, viernes, primer día de mayo de 1500". En la carta del bachiller mestre João, la isla también está mencionada:

Cuanto,
Señor, al sitio de esta tierra, mande Vuestra Alteza traer un mapamundi que tiene Pero Vaz Bisagudo y por ahí podrá ver Vuestra Alteza el sitio de esta tierra, pero aquel mapamundi no certifica si esta tierra es habitada o no; es mapa de los antiguos y allí encontrará Vuestra Alteza escrita también la Mina. Ayer casi entendimos por las señales que era una isla, y que eran cuatro, y de otra isla vienen aquí almadías a pelear con ellos y los llevan cautivos3.

Sin embargo, un viaje hasta el norte de Porto Seguro mostrará que la tierra descubierta no es una isla ni un archipiélago. En 1502, en el planisferio de la Casa D'Este conocido como Cantino, ella surge ya como una tierra firme. En este mapa, el territorio situado al sur de Porto Seguro es una tierra incógnita.

Las varias islas conocidas en el mar océano, en Asia y en el Mediterráneo provocaron en los navegantes la idea de que los descubrimientos, tal vez por prudencia, eran relativos a islas, las que, imaginadas o reales, fueron enormemente buscadas, muchas veces nunca encontradas. Como ejemplo, en enero de 1473, D. Alfonso V hacía merced a la infanta doña Britis (madre del futuro rey D. Manuel) y a sus hijos, de una isla que surgió a occidente de la isla de Santiago. La infanta la "mandó buscar" varias veces. De esa búsqueda, ha surgido un documento: Carta de la infanta D. Britis sobre las islas perdidas4. Así, había la convicción de la existencia, en el océano, de islas perdidas, o que se perdían, islas que se encontraban y que se perdían, que se volvían a ver y que de nuevo desaparecían. Este movimiento de encuentros y pérdidas de las tierras está inscrito en el Libro de conocimiento, del siglo XV, que generó la popularización del término "islas perdidas", utilizado también en el Auto de fadas (Auto de hadas) de Gil Vicente, a comienzos del siglo XVI: "Va luego a las islas perdidas/ En el mar de las penas oídas/ Trae tres hadas madrinas/ Que sean muy escogidas"5.

Las "islas perdidas" eran, también, lugar de condena. Eran condenados al exilio a estas islas aquellos individuos acusados de delitos de poca gravedad, quedando ellos en cualquier isla encontrada y perdida, pero posible de ser, de nuevo, buscada y encontrada. La pena máxima era de dos años. Así, el condenado queda expuesto al movimiento de las navegaciones y al acaso de los descubrimientos. Cortesão observa que, dadas las dificultades de precisión de las coordinadas marítimas, hasta el siglo XVIII, todas las islas fueron, unas más, otras menos, "islas perdidas" en el océano. Según el autor, "la designación debería estar tanto más en el espíritu y radicada en el lenguaje común, cuanto correspondería a la frecuente realidad de sus navegaciones en aquel tiempo"6.

En el caso de Brasil, la atribución de De Caminha sobre la tierra, considerándola como isla, parece también amoldarse a los conceptos políticos de Portugal. Interesados en el tesoro indiano, ya conocido, los portugueses no veían en Brasil un botín mayor a ser considerado. En una carta a los reyes españoles sobre el hallazgo de la Tierra de Santa Cruz, don Manuel define el territorio como conveniente y necesario a la navegación para la India. Brasil se configura, entonces, como punto de pasaje intermedio entre Europa y Asia, una isla donde abastecerse.

En ese sentido, tanto la isla como sus habitantes se constituyen en una misma figura. De carácter doble, flotando entre las representaciones del "paraíso terrenal", poblado por el "buen salvaje" y del "infierno" habitado por el "bárbaro antropófago", el hombre de la tierra imaginada como isla por los portugueses representa una incógnita evidente en la Carta de De Caminha.

LAS IMAGENES SE ALTERNAN

Los grupos tribales descritos por los cronistas y que formaban la nación llamada Tupinambá ocuparon, del siglo XVI al XVII, el litoral brasileño, desde el territorio que actualmente corresponde a los estados de São Paulo y Rio de Janeiro. Poseedores de una variada experiencia en los contactos étnicos, tanto entre portugueses y franceses como entre otros grupos indígenas, los Tupinambáes ocupaban un espacio cuyas fronteras lindaban con otros grupos tribales, con los cuales mantenían una continua guerra. Limitados al norte por los goitacazes, era, sin embargo, con los tupiniquins que tenían mayores problemas, por su amistad con los portugueses, enemigos de los tupinambáes. En ese momento, tres naciones disputaban el territorio brasileño: los tupíes, los portugueses y los franceses.

Se podrían distinguir, por lo tanto, las interpretaciones sobre el Brasil colonial en tres visiones generales, las más importantes: la visión laica predominante entre aquellos europeos que se han comprometido más con una causa política o económica y menos religiosa sin, entretanto, abstenerse de su creencia, que serían los colonos, los funcionarios reales y los traficantes de esclavos. La visión jesuítica, que sigue el tratado de la Segunda Escolástica de "plegar a toda criatura", en que se inscriben los representantes de la iglesia. Y la interpretación calvinista y luterana, donde la conversión del indígena americano estaba basada en la conversación y en el ejemplo, propagada por quienes huían de Europa en el período de la persecución religiosa.

El libro Viaje a la tierra de Brasil 7, es el relato de Jean de Léry, calvinista que llega a Brasil con la expedición de Durant de Villegagnon, quién venía a América con el objetivo de implantar una Francia en el Nuevo Mundo. Instalados en una isla frente a la Bahía de Guanabara, a raíz de una disputa entre Villegagnon (papista) y los calvinistas, estos últimos tuvieron que exiliarse en el continente, o la "tierra firme", entre los tupinambáes. Sin embargo, el objetivo de implantar una Francia en América resultó en una experiencia fracasada.

Léry relata una experiencia en la cual los peligros y las dificultades significan las luchas contra los indígenas enemigos como contra los portugueses, describiendo, también, las particularidades observadas de la cultura amerindia.

Estas observaciones describen a Brasil en sus aspectos etnológicos, a pesar de las referencias a los aspectos edénicos:

(...) que los salvajes de Brasil, habitantes de América, llamados tupinambáes, entre los cuales residí durante casi un año y con los cuales traté familiarmente, no son mayores, ni más gordos que los europeos; son más fuertes, más macizos, más animados y menos sujetos a las enfermedades, existiendo entre ellos muy pocos cojos, deformes, minusválidos o enfermizos. A pesar de que muchos llegan a 120 años (saben contar la edad por las fases de la luna), pocos son los que en la vejez tienen los pelos blancos o canosos (...). Y, de hecho, ellos no toman de esas fuentes lodosas y pestilenciales que corrompen nuestros huesos, debilitan la medula, consumen el espíritu, envenenan y matan que son la desconfianza y la avaricia, los procesos y las intrigas, la envidia y la ambición. Nada de eso los inquieta y, menos aún, los apasiona y domina, como más adelante mostraré. Y parece que toman todos ellos de la fuente de Juventud8.

Diferentes fueron la experiencia y el consecuente relato del alemán Hans Staden entre los tupinambáes. Viajes y cautiverio entre los caníbales9 describe su vivencia desde el punto de vista de la víctima del cautiverio en constante peligro de muerte. Instalado en territorio enemigo, su espacio es infernal. La naturaleza posee en Viajes y cautiverio la negatividad propia de esta situación: tempestades, aislamiento, falta de alimento y la dificultad para conseguirlos. La práctica del ritual antropófago deviene, a veces, en hábito alimenticio:

Estando
acabada la fiesta, volvimos otra vez para nuestras casas y mis amos trajeron consigo un poco de carne asada. (...) Venía un niño que había llevado una canilla del prisionero, y en ella había aún carne que él comía. Yo dije al niño que tirase fuera el hueso. Se irritaron conmigo y dijeron que esto era su verdadera comida, y quedó en eso10.

La alternancia entre las imágenes infernales y paradisíacas en la mayoría de los textos de la colonización americana difícilmente ocurre en Staden. A través de un relato "científico", "objetivo", tal como está descrito en el prólogo, se construye un discurso negativo de las costumbres y de la naturaleza de Brasil. Viajes y cautiverio entre los caníbales contiene un prólogo que trata de confirmar la integridad del autor, a través de la mención que hace el Dr. Dryander de los antecedentes personales y familiares del autor. Además, el autor del prólogo utiliza su autoridad de académico para mantener la tesis científica sobre los antípodas, el clima tropical, la fe cristiana, y atender al tema de la disputa religiosa entre católicos y protestantes, y el consecuente nuevo perfil de Europa. El relato de Staden no obstante se divide en dos partes: la primera se refiere a los dos viajes de Staden hacia América. La segunda sobre las costumbres amerindias y los aspectos naturales como fauna y flora de Brasil. Descripciones semejantes a las contenidas en Viajes y cautiverio se encuentran tanto en Léry como en Thevet, autor de Les singularités de la France Antarctique11, y en otros. Léry mismo, en cita a Staden, observa la concordancia en cuanto a los hechos narrados:

Lo
le así con gran placer, pues ese Hans Staden, que estuvo en este país por aproximadamente ocho años, en dos viajes, fue hecho prisionero por los tupinambáes y amenazado de ser devorado varias veces por aquellos mismos que conocí personalmente en las cercanías de Rio de Janeiro y que eran nuestros aliados y enemigos de los portugueses, con los cuales se hallaba Staden al ser prisionero. Y muy contento quedé en verificar que a todo se refirió como lo hice, ocho años antes de conocer su obra, y que a tal punto coincidía lo que escribimos ambos tanto acerca de los salvajes de Brasil como de las cosas vistas en el mar que parecía habernos concertado para hacerles nuestras narrativas12.

EL CAUTIVERIO EN LA AMERICA PORTUGUESA

La figura del cautivo en la América portuguesa se particulariza porque está íntimamente ligada a la práctica de la antropofagia. La antropofagia ha ocupado todos los relatos de aquellos que, cautivos o no, han vivido entre los indígenas. Algunas de estas experiencias en Brasil muestran una perspectiva diferente sobre el tema. Como el destino de los prisioneros era, en general, la antropofagia, son pocos los relatos sobre la experiencia directa del cautiverio.

Sin embargo, Viajes y cautiverio, de Hans Staden, ocupa ese vacío. Después de la caída de su jefe militar, el príncipe Phillip II, el soldado alemán se encuentra sin trabajo. Como alternativa, programa el viaje hacia el Nuevo Mundo, en 1548. Staden parte dos veces para América. La primera, en dirección a Brasil, es un viaje de conocimiento ("resolví, caso Dios quisiese, visitar la India"), cuando trabaja de artillero en un navío. El segundo viaje hacia Perú resultó frustrado desde el punto de vista del conquistador. Fueron seis meses en el mar a raíz de los vientos contrarios, además de la pérdida del navío principal por causa de una tempestad. Solos, Staden y sus compañeros vagaron por el océano hasta que los vientos les permitieron seguir rumbo al sur de América. Una vez más tuvieron que enfrentar varias tempestades y una búsqueda desesperada por encontrar las señales del puerto donde deberían reunirse con los otros navíos de la expedición. Después de algunas islas desiertas, ensenadas amenazadoras y la pérdida definitiva del navío principal que había sido recuperado, los europeos quedaron dos años "en medio de grandes peligros y sufriendo hambre". El grupo de exploradores debería juntarse en la isla de San Vicente, antes de seguir viaje hacia Perú. Su búsqueda significa una serie de peligros y sacrificios que resultaron en naufragio.

Tanto Hans Staden cuanto André Thevet, Jean de Léry y Claude d'Abanville, por ejemplo, han dejado relatos sobre la experiencia con los indígenas. Los franceses llegaron alrededor de 1555 para fundar en Brasil la Francia Antártica. Entre ellos, estaban refugiados y misioneros protestantes. Estos relatos, publicados casi simultáneamente al de Staden, poseen una cierta unidad de información sobre las costumbres de los tupí.

La participación de otras nacionalidades europeas en el territorio luso- brasileño (principalmente la francesa) posee una significación importante para la experiencia de Hans Staden. En el período de 1500 a 1530, la importancia de la colonia se limitaba a las informaciones sobre las potencialidades de la tierra, a los arrendamientos para la extracción de palo brasil, a la utilización del territorio como lugar de pasaje para el oro y la plata de la América hispánica y la represión a los traficantes franceses. El litoral extenso y la falta de indicios de la existencia de metales preciosos ocasionó el abandono que permitió la actuación de corsarios internacionales interesados en la extracción del palo brasil. Durante este período, Brasil significaba solamente la faja del territorio atlántico, desde el actual estado de Pernambuco hasta el Río de la Plata.

Sin embargo, la relación de Viajes y cautiverio narra los infortunios de Staden y describe las características naturales de la tierra y las costumbres de los indígenas que en ellas habitaban, convirtiéndose en el primer estudio importante sobre América portuguesa. El libro se divide en dos partes: "Verdadera historia y descripción de un país" y "Verdadera y breve narración del comercio y costumbres de los tupinambáes, cuyo prisionero fui. Habitan en América. Su país está situado en los 24 grados, en el lado sur de la línea equinoccial. Su tierra confina con un distrito, llamado Rio de Jennero".

América surge aquí desmitificada como "paraíso terrenal", además de presentarse singularizada y diferenciada radicalmente del referente europeo. Los síntomas de esta particularidad del territorio americano están sensiblemente expuestos en el relato del cautiverio de Staden. En él se percibe la brusca metamorfosis del europeo en un botín de la guerra de los indígenas contra el invasor blanco. Desnudado, transformado en presa y futuro sacrificado en el ritual de la antropofagia, Staden asiste a su propia transformación en el escenario colonial. Los tupinambáes eran, en esa época, enemigos de los portugueses, para quienes trabajaba.

La cancelación del discurso de la maravilla americana y la transformación del conquistador en sobreviviente empieza en el naufragio del navío en el cual viaja Staden. El naufragio rompe con el objetivo inicial (búsqueda del oro del Perú) y lo sustituye por el trabajo de defensa del fuerte portugués, donde Staden sirve por dos años como artillero. Así, junto al cambio de objetivos, ocurre también el cambio de expectativas. La riqueza generada por el metal precioso es sustituida por la promesa de reconocimiento de los servicios prestados a la corona lusitana. El trabajo colinda, intermitentemente, con el peligro. Bajo la amenaza de ser tomado prisionero y del peligro de muerte, Staden se defiende a sí mismo y a la comunidad. Pero, en América el descuido es el elemento fundamental para la muerte: en busca de comida el artillero alemán se torna prisionero de los indios tupinambáes.

Los cronistas de los quinientos, así como los estudios antropológicos modernos, nos dicen que las antiguas tribus tupís practicaban el ritual de antropofagia. Tupinambáes y tupiniquins también combatían con el objetivo de capturar prisioneros vivos, quienes, después de un cierto período, solían ser sacrificados y comidos. Luego de su captura, el enemigo vencido se convierte en esclavo de un amo particular y es obligado a trabajar para su cautivador. Sin embargo, el prisionero destinado a la antropofagia goza de algunos privilegios. Debe engordar, es bien tratado por su amo, y tiene el permiso de desplazarse con cierta libertad dentro de los límites de la aldea. Frecuentemente se le entrega una mujer, con la cual puede casarse al término de una semana de cautiverio, y tener hijos. Los hijos de este matrimonio son sacrificados luego de la muerte del cautivo. La ceremonia de la antropofagia es preparada con mucha antelación e implica una organización del trabajo según normas preestablecidas. Para los cronistas del siglo XVI el ritual representa una fiesta anárquica, el caos primigenio. Para el indígena, por el contrario, significa una complejidad de reglas y procedimientos que deben ser cuidadosamente respetados.

Los grupos locales están en un estado de guerra endémica en el momento de la llegada de los europeos. La antropofagia es un aspecto fundamental de esta guerra, condición normal del sistema sociocultural indígena. Según Florestan Fernandes13, es necesario entender la antropofagia en este contexto, pues dentro del campo de batalla la masacre del cráneo del enemigo "atraía para los protagonistas honores semejantes y abstenciones idénticas a aquéllas provocadas por el sacrificio ritual"14.

Las guerras endémicas amplían su radio hacia las guerras contra el extranjero invasor, quien sacó partido de las disputas internas de los indígenas americanos. Portugueses y tupiniquins guerrean contra franceses y tupinambáes formando una extraña alianza entre invasores e invadidos. Esta alianza permite, por un lado, que los naturales desarrollen sus guerras en el ámbito de la nueva realidad y a pesar de la presencia extranjera; por otro lado, los europeos continúan sus disputas haciendo del espacio colonial la prolongación de una Europa en guerra.

HANS STADENS, CAUTIVO

La mejor descripción del cautiverio de Staden se encuentra en los grabados esparcidos por el libro, el cual contiene 50 grabados que corresponden a los dos viajes de Hans Staden al continente americano. En la primera parte del libro, en que Staden relata su experiencia, los grabados se refieren al viaje marítimo, donde están representadas las tempestades, los peces voladores, la travesía por la zona tórrida, los enfrentamientos con los indígenas, el naufragio, su captura, el cautiverio, las guerras endémicas, el testimonio de la práctica antropófaga, la vuelta para Europa.

En la segunda parte del libro, los grabados están relacionados con las descripciones etnográficas de los tupinambáes, la flora y la fauna de Brasil. Se dividen en la representación de los indígenas con sus adornos corporales e instrumentos ceremoniales, la distribución de las chozas y de las protecciones de la aldea contra los ataques de los enemigos, hábitos de lo cotidiano, escenas de caza y pesca y el ritual antropófago. Tales dibujos han sido diseminados a través de Europa y varios autores han basado sus trabajos ilustrativos en los de Staden para singularizar a los indígenas americanos; estos grabados cuentan la historia por sí mismos. Dispuestos en un orden secuencial, es posible "leer" en ellos la experiencia personal de Staden.

Esta experiencia está marcada por un cautiverio y por las escenas rituales de canibalismo presenciadas por Staden. Tanto el relato como los grabados marcan una diferencia fundamental en el discurso sobre Brasil. Publicado en 1557, pocos años después de la ocupación del territorio brasileño, Viajes y cautiverio mina la imagen frecuentemente propagada. El territorio de las riquezas fáciles, la tierra abundante y gentilmente apta para la colonización presenta su lado infernal. La extrema barbarie indicada de forma clara en los grabados representa al indígena brasileño como un destructor innato de sus enemigos. Junto a ellos, la figura de Staden surge, siempre, con los rasgos que distinguen no solamente al hombre americano del europeo, sino que ficcionalizan como figuras paralelas y radicalmente distanciadas.

Como ejemplo está el grabado en que Staden es conducido por los indígenas para dar continuidad al proceso de preparación del ritual antropófago. Este dibujo contextualiza la práctica del canibalismo. En él está representada, también, la aldea indígena. Amarrado, Staden figura en dos planos: uno, en que es conducido hacia el centro de la aldea; en otro, está sentado mientras una mujer le rapa las cejas. A pesar de hacer referencia a la figura del ejecutor y su pintura de color gris, y de observar el honor que le otorga el acto, enfatiza mucho más la figura del sacrificado.

La visión de Staden es el punto de vista de la víctima, la del posible sacrificado. Por esta razón, el ritual es narrado desde esta perspectiva, privilegiando la posición del cautivo quien puede, en cualquier momento, ser sacrificado. Entretanto, los modernos estudios antropológicos afirman que el complejo sistema del ritual de la antropofagia incluía etapas omitidas por Staden. En el caso del ritual antropófago, el momento de la ejecución del cautivo es clave para toda la tribu. También lo es tanto los días que preceden al acontecimiento como los días que siguen a la ejecución. Hay que cerciorarse de que el ejecutor esté bien preparado. De ello depende la buena suerte de todo el grupo. De ese modo, es posible decir que, a pesar de la referencia que Staden hace de sí mismo en la narrativa, la figura relevante en el ritual antropófago es el guerrero que ejecutará el sacrificio.

En el interior del sistema social indígena, las marcas corporales son signos de diferenciación, como, por ejemplo, el grado de cada guerrero dentro de la tribu o las marcas que diferencian a una joven de una mujer adulta o madre. Sin embargo, tales marcas distintivas juegan un papel importante entre los amerindios: son inscripciones corporales que hablan de la condición del individuo dentro de la tribu, pero inaceptables para los europeos. Claude Lévy Strauss habla del testimonio del misionero jesuita Sánchez Labrador, quien vivió entre los indígenas caduveo de 1760 a 1770:

Actualmente
los caduveo se pintan solamente por placer; pero, antes, la costumbre ofrecía una significación más profunda. A partir del testimonio de Sánchez Labrador, las castas nobles llevaban pintadas solamente la frente, y solamente el vulgo ornaba todo el rostro; en esta época, también, solamente las jóvenes mujeres seguían la moda: 'Es muy raro, escribe él, que las mujeres viejas pierdan su tiempo en estos diseños: ellas se contentan de aquellos que los años grabaron en su rostro'. El misionero se muestra alarmado de este desprecio respecto la obra del Creador; ¿ por qué los indígenas alteran la apariencia del rostro humano? El busca explicaciones: ¿será para engañar el hambre que ellos pasan horas dibujando sus arabescos? ¿O será para tornarse irreconocible para los enemigos? Sea lo que sea, se trata siempre de engañar. ¿Por qué? Sea cual sea la repugnancia que él experimente con relación a eso, aún así, el misionero reconoce que estas pinturas ofrecen a los indígenas una importancia primordial y que ellas son, en un sentido, su propio fin15.

Sin embargo, trasladada a la colonia americana, la cultura europea se obligó a una diferenciación radical en lo que concierne a la humanidad del colonizado. Los signos de las finas diferencias sociales entre los amerindios son reducidos a la comprensión cristiana del mundo en el tiempo y en el espacio de la colonia portuguesa. El mundo se resume, entonces, en la frontera entre el bien y el mal.

El conocimiento y el contacto con la cultura antropófaga de los tupinambáes transforman el espacio colonial edénico en un territorio infernal. Sin embargo, este territorio, por antonomasia, está destinado a ser el lugar ideal: el sitio donde la fe cristiana se afirma y se fortifica. El cautiverio representa, para Staden, el poder de la fe cristiana sobre la presencia siempre tangible del diablo. La antropofagia, tal como la muestran sus dibujos, es la forma inversamente negativa de la fe en el Dios cristiano; y para cada representación positiva de Staden surge una, negativa, del indígena. El canibalismo es, por lo tanto, un punto clave en la visión negativa de América. En los grabados, la antropofagia se relaciona con una supuesta falta de espiritualidad de los amerindios quienes, desprovistos de los elementos sagrados del cristianismo, contrastan violentamente con la figura de Staden. En el microcosmos del cautiverio, la visión eurocéntrica de Staden se inmoviliza en la demonización del otro como sujeto antagónico del cristianismo.

EL PARAISO, EL INFIERNO, EL PURGATORIO EN LA COLONIA

Integrar el Nuevo Mundo al círculo de las perspectivas imaginarias del Paraíso terrenal, significa, para el europeo instalado en América, una complicidad con este mundo idealizado. Sin embargo, en la medida que la especificidad de este territorio colonial se hace evidente, la edenización queda amenazada por nuevas visiones, en las que la naturaleza no es prodigiosa sino maléfica, llena de animales feroces y, sobre todo, hombres "bárbaros". No existe, es verdad, un orden cronológico en estas visiones. El tránsito de la visión de un espacio edénico a un espacio infernal corresponde a la migración de la predominancia del tema de la naturaleza al de la humanidad. Así, el indígena es calificado definitivamente como antihumano, muro de fuego impuesto al sistema colonial. Las objeciones a la humanidad indígena siguen bajo el signo de la antropofagia, desestructurando desde adentro su sistema privado. La antropofagia, ritual en que se mezclan objetivos guerreros y mágicos, llega a ser clave, bajo la escritura cristiana, para los detractores de los indígenas. Laicos y religiosos se juntan, entonces, en la tarea de relatar las imágenes del ritual. Los conceptos de Bien y Mal, Cielo e Infierno, Dios y Diablo, pueden tanto tender a una polarización cuanto a armonizarse.

El imaginario del hombre europeo entendió a Brasil simultáneamente como Paraíso e Infierno. Sin embargo, otra visión penetra en el espacio colonial: el Purgatorio. Desmitificado el amerindio como humanidad edénica y "lista para la conversión", edenizada la naturaleza generosa y propicia para el trabajo colonizador y esclavo, la colonia se define, por su relación con la metrópoli, como purgatorio. Imagen-mito de la religiosidad europea, el espacio colonial entendido como purgatorio se torna un "lugar de posibilidades", ofreciendo al colonizador cristiano opciones y liberándolo de elecciones extremas, adhesiones equivocadas o abandonos prematuros que la existencia extremada de los polos negativo y positivo proporcionaban.

Para el hombre cristiano, estar lejos de Europa era como estar lejos de Dios. Europa, tierra de cristianos, debe salvar a los amerindios del pecado, corrigiéndolos. La catequesis es el vínculo de esta función salvadora, mientras la presencia de los sacerdotes en América mantiene vivo en los colonos el sentimiento religioso. Con la llegada de los jesuitas, en 1549, la presencia de la Iglesia fue más constante y la función pedagógica del evangelio más eficaz. La creación de los colegios jesuitas surge, así, como espacio de salvación.

Las percepciones imaginarias de la Colonia como Paraíso, Infierno o Purgatorio no se alejan unas de las otras, sino coexisten en los relatos. La Carta de De Caminha presenta una visión edénica, principalmente en la figura del amerindio, construyéndolo como germen del mito del buen salvaje, dócil y listo para la conversión. Sin embargo, paralelamente a esta idea ya está, también, el germen de una humanidad demonizada, inscrita en la propuesta misma de la conversión. No-cristianos, "bárbaros pecadores", los indígenas necesitan, según el europeo cristiano, recibir la salvación: "lo mejor será salvar a esta gente", dice Pero Vaz de Caminha en carta al rey de Portugal.

El cautiverio de Staden es la visión infernal por excelencia del Brasil colonial. El amerindio es presentado como salvaje y bárbaro. Para ese efecto, Staden utiliza un discurso muchas veces considerado "directo", además del apoyo del pensamiento científico contenido en el prólogo de Viajes y cautiverio entre los caníbales. Este discurso, aliado a los grabados, construye el espacio americano como "demonizado", en violento contraste con una exacerbada cristiandad de Staden. El infierno colonial sería, según el autor, el cautiverio entre los caníbales. Sin embargo, este cautiverio, este "lugar donde no se puede salir", también es purgatorio, pues ha representado una transitoriedad, un espacio de prueba de la fe cristiana, un rito de pasaje para la afirmación de la religiosidad accidental. En ese sentido, Staden se transforma en un símbolo del poder de la fe y de la victoria divina entre los europeos cristianos.

La visión infernal puede llegar a confundirse con la visión de la colonia como purgatorio, a pesar de las promesas de un paraíso terrenal que propaga la vertiente edénica de los primeros relatos. Las leyes del sistema colonial promueven la metamorfosis del purgatorio en infierno o en paraíso terrenal, cuando los colonos europeos, principalmente en los siglos XVII y XVIII, luchan por la independencia de la metrópoli o por una mayor autonomía en relación con la producción colonial, reivindicando más participación en los negocios de la colonia.

De ese modo, el mundo colonial es el escenario de las interpretaciones que la ideología renacentista europea proyectó hacia América. Sin embargo, también es lugar original, donde los habitantes, a través de la acción de transformación crean, ellos mismos, un Nuevo Mundo. A partir de ello, Europa debe incorporar este ser sincrético y mestizo. Para este Nuevo Mundo, una nueva sensibilidad, una nueva mirada.         [ Links ]

2Idem, p. 157.

3Cortesão, p. 224.

4Idem, p. 180.

5Ib.

6Ib. p. 184.

7De Léry, Viagem à terra do Brasil. Sao Paulo, Livraria Martins, 1941.         [ Links ]

8Idem, p. 99.

9Staden, Hans. Viajes y cautiverio entre los caníbales. Trad. María E. Fernández. Buenos Aires, Editorial Nova, 1961.         [ Links ]

10Staden, p. 120.

11Thevet, André. Les singularités de la France Antarctique. Le Brésil des cannibales au XVI siècle. Paris, Éditions La Découverte / Maspero, 1983.         [ Links ]

12Léry, op. cit., p. 43.

13Fernandes, Florestan. Organização social dos tupinambá. São Paulo, Difusão Européia do Livro, 1963.         [ Links ]

14Idem, p. 281.

15Lévi-Strauss, Claude. Tristes tropiques. Paris, Plon, 1984, p. 216.         [ Links ]

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