SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número25"Por hurgar en las sepulturas": Una lectura de lo seco y lo duro en Desolación de Grabriela MistralLa entrecomillada poesía de Yanko González sobre Metales pesados Ed. El Kultrún. Santiago, 1998 índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

Compartir


Acta literaria

versión On-line ISSN 0717-6848

Acta lit.  n.25 Concepción  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-68482000002500012 

 

Trilce: devenires de resistencia*

Edson Faúndez V.
Universidad de Concepción

*Este trabajo reúne los momentos centrales de la tesis con la que el autor culminó sus estudios de Magister en literaturas hispánicas (Universidad de Concepción, 2000). Fue su profesor guía Mario Rodríguez Fernández.

INTRODUCCION

Este trabajo desea abordar el texto poético Trilce del poeta peruano César Vallejo. Creo que es posible ingresar a zonas aún no exploradas y ampliamente sugestivas de un texto fundamental como éste. Dicha convicción parece ilusoria, si considerara que la obra en cuestión es referente inevitable al momento de hablar sobre la moderna poesía latinoamericana1; no obstante, prolongar el diálogo con textos tan vigentes me perece un deber agradable. Lo realizo utilizando nociones pensadas fuera del territorio latinoamericano, las que eventualmente podrían cuestionarse ­como lo hace Jorge Guzmán en las conclusiones de su Contra el secreto profesional 2, aludiendo a cierta descontextualización geográfica, histórica, política, ética, etc. Quiero que se aprecie no la imposición violenta de la moda filosófica parisiense, sino un intento de traducción de esas ideas en pro de la comprensión de los deseos y desplazamientos propios del hombre latinoamericano, de la manera en que lo pensó José Martí y hoy lo piensa, entre otros, Néstor García Canclini. Basta, entonces, que produzca un solo sentido de la obra para que me sienta satisfecho y este ejercicio no haya sido en vano.

Me propongo penetrar al texto por una de las múltiples entradas posibles, aproximarme siempre en devenir, nunca fijar, sino ir produciendo sentidos, tan inestable como las pulsaciones de la realidad ficcionalizada. Para esto trazaré un mapa, buscando percibir los rasgos operatorios del texto a partir de sus desplazamientos internos; determinaré la presencia y la trayectoria de líneas configuradoras y reconfiguradoras de una geografía, además de los afectos en su interior; visualizaré la trayectoria de los asentamientos reales y deseados, las capturas/bodas entre heterogéneos y las relaciones de fuerza existentes. Para el cumplimiento de lo anterior, el estudio de los poemas del texto se hará tomando un fragmento o un poema como espacio significativo; en ambas instancias, el análisis no pretende la independencia de un fragmento o de un poema de su relación con las otras zonas de Trilce.

Atendiendo a razones funcionales y pensando estas líneas como una aproximación a la escritura poética vallejiana, he resuelto ocuparme de dos momentos: "La lengua: un devenir de la expresión" y "Los devenires de interioridad: un devenir-niño3". A estas instancias se incorpora una tercera, a modo de anexo, que se preocupa de la detección y de las implicaciones de otros devenires presentes en el texto4.

LA LENGUA: UN DEVENIR DE LA EXPRESION

Aquello que constituye el tormento y la dulzura de mi alma es inexpresable y sin nombre. Y esto es también lo que motiva el hambre de mis entrañas.

(Nietzsche)

Trilce, sin duda, representa una de las creaciones poéticas que singulariza la crisis de la relación del ser con el afuera. El año 1922 ­según Américo Ferrari, los 76 poemas fueron escritos en su mayoría en los años 1919, 1920 y 19215­ ve publicarse un grupo de poemas y con él la pintura más dramática que en Latinoamérica se haya producido sobre las consecuencias generadas por la aceleración física y mental de un mundo social mediado por el desarrollo de la técnica y de la ciencia, además de la fractura producida en el plano metafísico por la pérdida de relatos de sentido que, de alguna manera, plegaban el afuera6.

Carentes de la ilusión de Verdad, los habitantes de los márgenes étnicos, sociales y culturales como Vallejo, debieron haber experimentado la disgregación en el espacio inmediato de los átomos racionales que habían sustentado la modernidad y el sedentarismo de su máquina social, encargada de limitar y dirigir los deseos del individuo.

La escritura tiene su génesis en una problemática de corte existencial; de la traza de la herida fluye sílaba a sílaba el angustiante y tierno canto. Las sensaciones que emanan de la vida en las sociedades modernas de consumo cartografían el cuerpo físico y metafísico, generando un enfrentamiento que prefigura el deseo de instaurar una nueva ética y estética social. Lo que señalo no sólo se insinúa en los fragmentados caminos de la significación en Trilce, sino también en el lenguaje, como lo ha señalado la rigurosa crítica francesa Jean Franco.

El vacío metafísico, que genera la incapacidad de trascender la angustia existencial, tiene su impacto en el lenguaje poético. La lengua tensada de Trilce ­que no creo tenga mucho que ver con la escritura automática del posterior surrealismo7­, doblada y redoblada sobre sí misma, con un número limitado de materiales linguísticos alcanza un número ilimitado de "construcciones gramaticales superpuestas que tienden hacia una expresión atípica, agramatical, como hacia la desaparición del lenguaje" (Deleuze, 1987: 169).

En Trilce el estilo experimenta la mayor disonancia con la estética centralizada de la lengua mayor, políticamente dominante8. La frecuencia de paréntesis, frases intercaladas, puntos suspensivos, neologismos, hipérbaton, la paranomasia, el calembur, la alteración del orden de las letras en la construcción de las palabras, la repetición de letras en la palabra, las interrupciones abruptas de mayúsculas en el interior de las palabras, la presencia de mayúsculas al final de las palabras, la incorrección en la escritura, la personificación de lo abstracto, la transformación del sustantivo en verbo, el cambio de codificación, el desplazamiento del título por números, el verso libre gráfico, la abundancia de encabalgamientos bruscos, representan procedimientos discursivos que evidencian un desequilibrio en la lengua o, más bien, una fuga de los usos mayores de la lengua.

Gran parte de la esencia de la escritura vallejiana radica en los saltos, los puentes, las fisuras, las fugas de su accidentada geografía lingüística. Alcanzar en toda su magnitud esta dimensión, sin separarla de lo que crece, muere y constantemente reaparece en su interior, representa ver en la letra y entre la letra los deseos de un alma riquísima; equivale, en palabras de Vallejo, a detectar "los grandes movimientos animales, los grandes números del alma, las oscuras nebulosas de la vida, que residen en el giro del lenguaje" (Westphalen, 1980: 113). De esta relación entre la forma de expresión y la forma de contenido deriva el carácter intraductible de sus textos.

Julio Ortega plantea que en Trilce se genera una regresión del sujeto al habla infantil, por la cual accede a la dimensión del habla materna, la norma familiar y rural, y, por lo tanto, al sentido, imposible de asir en un universo que ha extraviado el rumbo. El habla materna oficia curativamente, por lo que el sujeto se distancia de una realidad torturante. Lo planteado por Ortega tiene validez, porque comprende la desviación lingüística generada en Trilce; no obstante, creo que no es el habla materna lo que fractura el lenguaje del poder, sino un habla que se ha despojado de las marcas de poder de una lengua políticamente dominante. No es la regresión al tiempo de la infancia ­ni la regresión a la infancia espiritual del pensamiento como señala Bergamín en el prólogo a la edición española de estos poemas­, donde la madre es capaz de codificar el mensaje de amor no encontrado en el exterior negativo, el espacio significativo. La clave está en el presente, donde un niño es producido por una máquina deseante acoplada a una máquina de escritura9; los significantes móviles materializan una resistencia: es el niño devenido10 quien habla a partir del balbuceo interminable.

Trilce, entonces, opera con un procedimiento discursivo disímil, cuya clave es la minorización de la lengua mayor, la que se desestratifica léxica, fonética y sintácticamente. El resultado, una escritura de la sobriedad que resiste la decodificación estándar y quiebra la relación del binomio significante-significado, plegándose sobre sí misma (Foucault), destruyendo el concepto de signo y toda su lógica inmanente (Derrida).

Las palabras se convierten en soplos, fisuras-puentes por donde se desliza una fuga, causada por la negación de los espacios de muerte dominantes y cuyo efecto inmediato es el encuentro con planos de interioridad: el ser en sí pensado como una "despensa energética" para la vida. Acto de rebelión y acto de resistencia, simultaneidad que posibilita la inversión del poder: voluntad que trasunta la escritura vallejiana. En esta dirección resulta interesante la reflexión de Alberto Escobar acerca de la tarea renominadora y liberadora que emprende Trilce. Lo anterior se genera porque la palabra fonética es incapaz de comunicar, sólo imparte consignas ­repetidas y desemantizadas, como la consigna literaria contenida en "Samain diría" del poema LV­, que llegan a unos y otros, situándolos, sitiándolos y haciendo de la inmovilidad existencial su signo distintivo. Es necesario para comunicar, por lo tanto, una nueva forma de expresión, que produzca y reproduzca el deseo en interdicto; un uso lingüístico que no sea el resultado de la codificación de la máquina gregaria social11.

Julio Ortega advierte que la negación de la validez pacificada de la designación y su consiguiente transgresión está contenida en el poema II. Por otro lado, Gutiérrez Girardot lee en este poema, y en este fragmento en particular, la terrible relación hombre-tiempo, hombre-historia. El hondo dolor humano, señala, se origina en la culpa permanente que arrastra cada individuo; el innombrable "Lomismo" origina el sentimiento de culpa, el fatalismo del tiempo y de la historia: instancias que generan que la vida verdadera ­gobernada por la muerte­ no pueda ser vivida12.

(...) ¿Qué se llama cuanto heriza nos?
Se llama Lomismo que padece
nombre nombre nombre nombrE. (II)

El fragmento anterior, me parece, establece la íntima unión entre la negatividad de los actos y el lenguaje con que habitualmente son referidos dichos actos. Lo planteado por estos autores es muy sugestivo; sin embargo, me parece que puede ampliarse esta reflexión si se relaciona el padecimiento inherente a la nominación con la presencia de ciertas marcas de poder en el lenguaje. La letra transfigura fuerza hostil que afecta al hombre, quien como fuerza afectada puede resistir minando las edificaciones de la lengua dominante.

La lengua políticamente dominante se convierte en un instrumento que no permite el recorrido de los devenires contenidos en una vida. Es decir, es necesario un uso lingüístico diferente, propio del carácter evasivo de un devenir: a saber, una lengua en devenir. La lengua políticamente dominante ha estallado, se han destruido sus marcas de poder y saber; en su lugar el trayecto de un nuevo poder y un nuevo saber se instala, mediatizado por una sintaxis en devenir ­un sobreplegamiento de la lengua, diría Foucault­, que hace aparecer una especie de lengua extranjera al interior de la propia lengua, si empleo las palabras de Proust13. La lengua consigue revelar su afuera, donde un hombre puede enfrentar y sortear a la muerte, haciendo bloque con un niño, un indio, una mujer, un animal o lo que fuere: visiones cuya única forma de expresión se genera en un pliegue entre el sonido articulado y el silencio14.

En el poema XXV, la escritura casi no permite ser decodificada; el sentido de las palabras se oculta entre los pliegues de la forma. La interioridad de un alma que padece parece quedar a resguardo en lo accidentado de la enunciación. La Venus de Milo del poema XXXVI me sugiere que en su inacabada forma o en su forma fugada habita un alma que viaja en la prolongación de ese brazo que intenta "encodarse" en la virtualidad de sus momentáneas fugas. De tal manera, un alma se pliega en una fachada fragmentada por el entorno, devenires atraviesan esta lengua del borde, delirante y balbuceante.

La lengua minorizada de estos poemas adviene mediante líneas de fuga que hacen estallar las líneas segmentarias o molares que dotan de poder a determinados enunciados: a saber, los enunciados de la elocuencia modernista y los enunciados de la juvenil transgresión vanguardista. Si se traza una línea de fuga, el territorio se amplía por desterritorialización, por lo que los poemas de Trilce intentan crear un espacio lingüístico apropiado ­es decir, un nuevo territorio­ con la intención de poder desplegar estados y hacer aparecer nuevas zonas de contacto y resistencia. Toda la disonancia entre el lenguaje del poder y esta lengua en devenir y su gramática del desequilibrio obedece a un acto de enfrentamiento profundamente racional.

Trilce se resuelve como texto límite, donde el lenguaje está en constante devenir, única forma de expresión de aquello que se resiste a ser dicho. Es la máquina deseante la que empuja la escritura a esos "bordes espeluznantes" (Vallejo, 1990: 690), asediando las convenciones lingüístico-políticas del ambiente.

La lengua ha devenido, por lo que se encuentra en lucha. La máquina de escritura, activada por la máquina deseante de Trilce, produce el territorio para que opere el deseo y clausura el binomio forma-fondo, interioridad-exterioridad, puesto que un devenir de la lengua es indispensable para un devenir de la interioridad; ambas instancias coexisten complementándose15.

La palabra minorizada, entonces, permite acceder al borde de un pliegue. En el poema XXVII, suerte de poética vallejiana, se lee: "Esta casa me da entero bien, entero / lugar para este no saber dónde estar". Es por el peso de la letra que las fuerzas de la finitud del afuera pueden ser conjuradas al posibilitar el desplegamiento de una realidad-virtual, un devenir. Por la palabra redescubierta en su dimensión comunicativa, el sujeto puede penetrar a los laberintos, a los túneles del alma y enunciar sus pactos demónicos. La escritura menor de Vallejo deviene literatura menor16, enunciación colectiva17, expresión rebelde de la inmensa minoría afectada por el poder.

Trilce, un libro atiborrado de signos, pero en silencio; que desvela y oculta, a la vez, aquello que se dice para no morir; enseña ocultando y oculta enseñando; un espacio abierto que al mismo tiempo es cerrado; llanura y selva, desierto y montañas. Particularidades que singularizan, en definitiva, la imposibilidad hermenéutica del texto o sus infinitas posibilidades.

LOS DEVENIRES DE INTERIORIDAD: UN DEVENIR-NIÑO

Del hecho de que alguien sea un gran hombre no debemos deducir que sea un hombre; tal vez no sea más que un muchacho, o un constante camaleón, o una mujercita embrujada.

(Nietzsche)

Quien deviene en estos poemas se instala en un pliegue, en una zona límite y de intercambios, que une separando y separa uniendo lo real y lo virtual. Posición estratégica que permite la fuga de un estrato, cuyas líneas molares ­éstas definen el comportamiento del hombre adulto en relación a los poderes institucionalizados­ prefiguran un modelo de vida inhumano en una máquina sedentaria ­el sedentarismo inhibe el movimiento deseante por el que reconocemos la vida­. La fuga es desde los dispositivos de control del poder ejercido y su negatividad inmanente, que sitúan el territorio del movimiento vital aparente hacia mundos de interioridad: fuerza afectada que participa de un proceso de apropiación energética en otro plano afectivo.

La zona del pliegue está signada por el dinamismo. Un sujeto peligrosamente camina o levita en un pliegue, arrastrando las afecciones de su involuntaria orfandad existencial. Pero la escritura del pliegue no puede reducirse a una mera posición individual, el registro es colectivo y cultural. Estar en el pliegue es instalarse en el espacio y momento precisos para deslindar la orgánica dual de la máquina social. El poema I señala:

(...) Y la península párase
por la espalda, abozaleada, impertérrita
en la línea mortal del equilibrio. (I)

Esa "línea mortal del equilibrio", donde se instala el sujeto, corresponde a la zona del pliegue, espacio no físico que permite a un cuerpo orgánico enfermo devenir otro cuerpo de atributos cósmicos e inorgánicos, sin dejar de ser él mismo. El sujeto se reconoce en esta zona fronteriza, como lo señala el poema LIII ­"La frontera, la ambulante batuta, que sigue / inmutable, igual, sólo / más ella a cada esquina en ello"­, que activa desterritorializaciones y reterritorializaciones, mediante el influjo de la palabra.

Opuestos como ir-venir, entrar-salir, flujo-reflujo, presentes en los poemas, ayudan a percibir los desplazamientos que se estarían produciendo en los bordes del pliegue. Sin embargo, estos opuestos no significan dualismos, porque se encuentran coexistiendo simultáneamente como despliegue y repliegue de un bloque de devenir. El mundo representado en estos poemas no es un mundo dicotomizado, que implica una lucha de opuestos, una máquina de guerra, en un territorio sedentario.

Este piano viaja para adentro,
______________________
Adelanta. Arrástrase bajo túneles
más allá, bajo túneles de dolor
bajo vértebras que fugan naturalmente (...) (XLIV)

En el fragmento del poema XLIV, la fuga es también captura, boda entre heterogéneos. La matriz de la captura textualizada responde a lo siguiente: un cuerpo enfermo de un individuo especial entre los individuos, marcado por signos de muerte, deviene un cuerpo sin órganos18 que inocula una cura momentánea, trasuntando lo puramente virtual.

Trazar una línea de fuga es ir hacia el amor, esa fuerza centrífuga que nos hace ir hacia el contacto por contagio con lo positivo19. Vallejo no puede afincarse en el amor; el fluido amoroso es discontinuo, porque el devenir es discontinuo ­aunque esta discontinuidad asegura su continuidad como lógica de producción­. Estar en el flujo del amor provoca que el sujeto, en cuanto máquina deseante productora de un cuerpo sin órganos, retorne energizado al mundo, donde el dolor aguarda y la fuga, tarde o temprano, se reinicia. He ahí, creo, la tragedia del yo que no alcanza a ser y que busca su rostro en lo heterogéneo minoritario; he ahí, también, la forma de acceder a la vida.

La noción de viaje en devenir, privilegio del anomal ­designación que Deleuze utiliza para el individuo de borde­ posibilita advertir las marcas de una axiología inherente al despliegue-fuga y al repliegue-retorno. A la partida, al parecer, se le conceden signos de positividad, porque se roza el amor; al regreso, de negatividad. Esta axiología opera no dicotómicamente, sino que más bien como una red de transformaciones perceptivas, que involucra lo objetivo-real con lo subjetivo-virtual, lo que hace imposible la semantización diferenciadora del despliegue y repliegue. Por lo tanto, la movilidad en bloques de devenir instaura una sucesión de pequeñas muertes (las pequeñas muertes de que hablaba Rilke, los olvidos de Cernuda). Felicidad y fatalidad parecen estar imbricados en cada desplazamiento en devenir; perfecta intuición la de Neruda cuando escribe "te quedabas / allí, sujeto /a nada, / con tu vida / y con tu muerte" ("Oda a Vallejo").

El sujeto intenta eludir la negatividad del presente: "Escapo de una finta, pelusa a pelusa. / Un proyectil que no se sabe dónde irá a caer" (XII), su acción evasiva activa el desplazamiento, mediado por la ausencia de amor, hacia lo menor, "que entra por otro lado" (XXII). El poema VI puede ser leído en esta dirección: el presente real que se repliega por efecto de un presente de expectación, que anticipa los afectos de un devenir desplegado. En el verso inicial, el tiempo experimenta la sutura de sus lindes; el poema descose las convenciones temporales, provocando la superposición de instantes aparentemente disímiles. "El traje que vestí mañana" (VI) une el tiempo de la realidad virtual y el tiempo real. El verso y todo el poema se hace coherente, a partir de la certidumbre de que el sujeto está posicionado en un borde y desde él enuncia, percibiendo lo que del otro lado se insinúa. En el poema es visible la expectación que provoca el viaje en devenir; definitivamente existe algo real que traspasa su virtualidad. Devenir un niño representa, entonces, una de las formas de contenido de la escritura vallejiana20. Acceder a la atmósfera que rodea la alianza con un niño significa producir a la figura ausente de la mujer-amada. La mujer de atributos molares (poder y saber), encargada de velar por el hombre-niño, la mujer-amada-madre, puede "Azular y planchar todos los caos" (VI), sólo si se ha devenido niño a partir de una fuga; por lo tanto, ella no es el agente de armonía y amor, sino el yo-Vallejo en cuanto ha hecho alianza con un niño21. Afirmación que se opone a los planteamientos de una parte de la crítica.

La fuga, siempre de lo mayor a lo menor, se convierte en clave textual; detectar la forma de su trayecto y su constelación de afectos, significa trazar mapas de una resistencia, de una desterritorialización.

La escritura se convierte así en un agenciamiento colectivo de enunciación, cuya forma de contenido resultan ser devenires, donde ­repito­ un cuerpo orgánico enfermo puede devenir en cuerpo sin órganos y obtener una cura momentánea. En este contexto, la evasión se realiza a partir de líneas de fuga: hablo de líneas que desterritorializan ampliando el territorio. Por esto, el acto de devenir se convierte en posibilidad de conjuro de las fuerzas negativas que pliegan el afuera.

El sujeto, individuo anónimo en el flujo de "las mayorías silenciosas" (Baudrillard), en cuanto anomal, se ve impulsado por la negatividad de la realidad circundante a una captura y como consecuencia a ser capturado por lo heterogéneo minoritario ­"Caras no saben de la cara, ni de la / marcha a los encuentros" (XVII)­. Trilce es, sin duda, de la obra poética de César Vallejo, el texto paradigmático de un devenir-niño, aunque es evidente la reiteración de instancias discursivas singularizadas por este bloque de devenir en poemas de Los heraldos negros y Poemas humanos22.

El individuo especial de la tribu ­postergada­23 se ha incorporado a otro grupo, mediatizado por el deseo que impulsa este bloque: la búsqueda de amor. El hombre blanco, urbano, culto, que habla un español estándar, o sea la figura dominante, es asediado en Trilce, puesto que de todas sus marcas de poder y saber el sujeto se separa, desacreditándolas, al mismo tiempo, por la pura voluntad trasuntada en un devenir-niño. Esta situación le otorga renovadas fuerzas y permite una lucha entre ­compartida­ contra los poderes inhumanos. No digo que alguien metamorfosea en otro, como pretende Jean Franco desde el influjo lacaniano; por el contrario, la captura es mutua, incompleta y momentánea: el hombre-niño de que hablaba Fedor Ganz (Ganz, 1939: 53-61).

Señalo que lo que se establece es una reterritorialización, tanto de quien deviene como de lo devenido, en un nuevo conjunto real y virtual a la vez.

Esta reterritorialización actúa sobre los afectos: se pertenece a un pueblo molecular más humano, ahora con la voz que históricamente le había sido negada, reenergizado a tal punto que puede minar las formas y las funciones del poder ejercido. Lo anterior me sugiere un acto profundamente político. Una lucha entre, nacida en los pliegues del alma y motivada por el deseo de subvertir la relación con las fuerzas molares, cuyos agenciamientos concretos ­escuela, hospital, milicia, prisión, oficio, etc.­ han molecularizado negativamente la vida del hombre. En fin, un cuerpo enfermo ­"Esta mayoría inválida de hombre" (XVIII)­ que se hace inorgánico para conseguir una cura, no sólo para sí sino que también para el mundo; en este momento parecen escucharse las palabras de Zaratustra: "¡Que todos los que sufren sean mis médicos!" (Nietzsche, 1985: 100).

Por otro lado, en Trilce la idea de futuro como presente de expectación parece quedar en interdicto; no obstante, por los intersticios de la letra y en el carácter político de un devenir-niño se expresa la muda esperanza de las minorías, las que se enfrentan a grandes extensiones de tierra, pero no ven su territorio24. Lo que sí es explícito es el presente de la tragedia y las bodas contra natura ­"Los novios sean novios en eternidad" (V)­ que establece un hombre con un niño ­un hombre adulto, cifra de un pueblo que parece inexistente, que está por hacerse y un niño, contagiados en un acto de amor­. Esto hace de Trilce la más elocuente fisura del binarismo ser del hombre y ser del mundo de que hablaba Bachelard, dada la imposibilidad de fijar el territorio de la diferencia. El niño devenido no es evocación de la infancia, no es recuerdo, puesto que la producción se realiza en un espacio íntimo, atemporal.

Marcelo Coddou, en una aproximación fenomenológica a Trilce, advierte que el recuerdo es una constante temática que activaría la dinámica del texto. El recuerdo entendido como una vía para evadir el estado de tensión actual. Desde esta perspectiva, el sujeto accede a un tiempo mítico-maternal, escapando del tiempo presente de la derrilección. Esta lectura remite el nomadismo de Trilce, su proliferación en lo múltiple, sus devenires, su inminencia política a la pasividad del recuerdo. En el recuerdo, creo, aparecen las mismas marcas de poder que los textos intentan destruir. No es el ayer ­que ya no existe sino como un antiguo presente­, no es la pasividad del recuerdo, sino más bien la hiperactividad actual, la resistencia de lo que virtualmente es producido para persistir. El hombre y el niño, que hacen bloque en Trilce, forman parte de un mismo flujo temporal: son habitantes del tiempo. No hay recuerdos ni tiempo mítico maternal, hay bloques de devenir. Lo que la crítica ha comprendido como eje temático o esencia significativa es sólo un elemento conectivo de un bloque de devenir. Lo "ya sido" está dominado por instancias molares de naturaleza similares a las actuales; sólo al formar un bloque con lo heterogéneo minoritario, el sujeto colectivo produce un territorio que fractura la molaridad. El niño devenido, además, ha anulado la dependencia padre-madre del niño recuerdo; dos fragmentos reafirman lo anterior: "Como si también nosotros / no pudiésemos partir" (III) "Y nos levantaremos cuando se nos dé / la gana, aunque mamá toda clamor / nos despierte con cantora / y linda cólera materna" (LII).

Por lo anterior, la imagen recuerdo, me parece, actúa como un agente que puede impulsar la coexistencia en un devenir de un hombre y de un niño, desplegados en un mismo flujo temporal.

Cuando en Trilce leo "Quien sabe se va a ti madrugada" (XLIII, pienso en una fuga. El verso es cifra de movimiento: estar en la madrugada, traspasar un umbral, hacer pacto con un niño. Esto no es el equivalente a una experiencia infantil evocada, como sostiene Alberto Escobar, sino que la formación de un bloque con esa experiencia. Trilce se fuga del tiempo lineal, dispara sobre los calendarios y los relojes: "(...) Hoy Mañana Ayer / (No, hombre)" (LXIV). El tiempo de Trilce es también un tiempo en devenir, única forma de conciliar los contrarios y desconstruir la arquitectura del error social. El "Mediodía estancado entre relentes" (II), desde donde todos los tránsitos son posibles, no es otra cosa que la yuxtaposición de los tiempos en un tiempo en devenir. El tiempo es todos los tiempos, fluyendo a modo de presencia y "la presencia es la reconciliación de los tiempos" (Paz, 1990: 54).

Dije, la fuga se realiza desde un presente marcado por la negatividad a un presente en devenir. Para corroborar esto, baste un ejemplo:

(...) Vallejo dice hoy la muerte está soldando cada lindero cada hebra
de cabello perdido, desde la cubeta de un frontel, donde hay algas,
toronjiles que cantan divinos almácigos en guardia, y versos anti-sépticos
sin dueño (...) (LV)

La muerte puebla los grandes espacios y los rincones por donde debiera pasar la vida. El hombre es una fuerza afectada: homogeneizada, descolectivizada e impedida de resistir a la máquina social infernal. El arte ­"versos antisépticos"­ es también un territorio oprimido, sobrecodificado por el lenguaje de la sociedad. Trilce no dialoga con la sociedad, la asesina incesantemente. Recuerdo a Octavio Paz; decía que cuando el lenguaje de la sociedad y el lenguaje de la poesía no dialogan, no es la poesía, sino la sociedad la que padece males incurables.

Es por lo anterior que la necesidad de devenir ­renacimiento y muerte­ se hace política. Permite la resistencia, a través de una forma de lucha que no despliega instrumentos concretos específicos, sino más bien una máquina espiritual de guerra que asedia a la máquina social: escribir es resistir (Foucault). La fuerza vital robada al niño posibilita volver a ocupar el espacio de la realidad trágica, permitiendo además su enunciación.

El poema III de Trilce me parece de máximo interés. En él se puede apreciar operando un devenir-niño del agenciamiento colectivo recluso, el que se resuelve como cuerpo orgánico enfermo, postrado por el sufrimiento implícito a su estado. Este para soportar el afuera deviene niño, un cuerpo inorgánico cósmico, incorporando a su fuerza debilitada una "otra" fuerza, que le concede afectos diferentes al de su situación inicial. Mediante este movimiento en interioridad puede ser conjurado el estado de orfandad y la proximidad de la muerte, provocado por la sensación angustiante de saberse parte de la materia formada del dispositivo penitenciario25. Por otro lado, el niño roba ese miedo y se hace condición de la fuerza26. Por supuesto, "Quien sabe se va a ti madrugada" (XLIII).

El poema III permite apreciar un patrón textual recurrente en Trilce. La subjetividad creada por el sujeto implica un distanciamiento crítico de los temores y los crímenes sistemáticos que sobre el espíritu del hombre han provocado las sociedades disciplinarias27. Es por el acto de devenir un cuerpo inorgánico que el plano físico carcelario se subvierte y, por consiguiente, la anulación del dolor que el espacio imprime. El sujeto, desterritorializado y reterritorializado, se carga de positividad, postergando la locura del encierro; sin pesares ni conflictos, hace del juego su ejercicio normal, quizá el mismo que origina la música contenida en los pliegues del alma de Vallejo. Acción curativa que escamotea con sus lágrimas-palabras el miedo.

Al devenir un niño se accede a una zona de cercanía con la institución familiar ­no liberada de marcas de poder y saber­, representada por las figuras de la mujer-madre y los hermanos. Contrariamente a lo que se piensa, la figura de la mujer-madre funciona como un elemento paisajístico del mundo devenido y, es más, tiene carácter molar.

El poema XLII dice: "Estoy niño y otra vez rosa". Un devenir-niño lo aproxima al amor y anula la enfermedad: "Me siento mejor. Sin fiebre y ferviente" (XLII). Acceder a otro territorio donde sólo sea el privilegio de la vida lo significativo. He aquí un bloque, la positividad que cualifica el contagio y la presencia de un sujeto colectivo o de un pueblo, ahora, territorializado. Un pueblo menor, una tribu inventada que se desplaza en busca de asentamiento: la tierra de los hombres-niño. Ellos son los excluidos de los dispositivos maquínicos, donde el poder y el saber se aúnan. Vallejo desea producir un sentido al sinsentido; sería mejor decir, produce el sentido de un pueblo en un devenir: afán revolucionario que erosiona la pregunta "¿Aspa la estrella de la muerte? / o son extrañas máquinas cosedoras / dentro del costado izquierdo" (XLII). Introduce un contrapoder y un contrasaber, una máquina de guerra en un territorio nómade.

El pueblo que inventa Trilce está aprendiendo a hablar, su murmullo apenas se desliza en el flujo del lenguaje, pero llega, conduciendo a un pueblo nómade, incivilizado y disperso. Aquí no sólo está el mestizo, sino que la constelación de marginales que en los extramuros del mundo entero viven su interminable extravío. Etica de la escritura, política de la escritura que hace máquina con un pueblo menor: en el interior del flujo del murmullo el pueblo se despoja de lo que no es o de aquello que la máquina sedentaria con sus dispositivos maquínicos le ha hecho ver y oír. Creo que en esta resistencia se cifra la esperanza y "basta un pequeñísimo grado de esperanza para causar el nacimiento del amor" (Stendhal, 1994: 55). Por cierto, "Esperanza plañe entre algodones" (XXXI).

La tribu, el territorio, el devenir, la vida y el amor, todo fluye en el lenguaje. Una máquina de escritura en conexión con una máquina deseante ha producido este flujo.

ANEXO
NUEVOS CUERPOS SIN ORGANOS: UN DEVENIR ANIMAL, UN
DEVENIR-MUJER, UN DEVENIR IMPERCEPTIBLE

Yo me busco / en mi propio designio que debió ser obra / mía
(César Vallejo)

Me he ocupado hasta aquí de detectar la presencia de un devenir en la forma de expresión y un devenir-niño, como una de las formas de contenido de Trilce. Es necesario señalar, también, que en el texto se producen otros cuerpos sin órganos, los que tendrían similar génesis y objetivo que el cuerpo sin órganos de un devenir-niño. Es mi deseo explicitar, brevemente, el sentido de estas presencias.

Deleuze observa que más allá de los devenires-animales se encuentra un devenir-mujer, un devenir-niño. Debo señalar la presencia de un devenir-animal conectado con el erotismo, que resulta insuficiente para el afán regenerador y reterritorializador del deseo: "esta horrible sutura / del placer que nos engendra sin querer / y el placer que nos DestieRRa" (LV). El amor erótico, reducido a sus actantes, no subvierte la sensación de crisis existencial del yo colectivo, del yo-tribu presente. El "estruendo mudo" del poema XIII es el paroxismo del encuentro suscitado ­según Guzmán, el poema evoca el acto de la masturbación­. La plétora sexual y su violencia inmanente desencadena mecanismos que son ajenos al orden habitual, como lo señala Bataille; genera movimientos, fragmentando la unidad aparente del ser social. Animales van al encuentro del ser quebrado; ellos son el gemido, el grito y el goce. El "estruendo" pertenece a un devenir animal. El humano ha hecho bloque con el reino animal, mientras en la red social domina el silencio28. Con un devenir-animal es producido un nuevo cuerpo sin órganos: su habla, como la de un devenir-niño, es un habla en devenir, propia de los devenires animales que participan del acto, "Odumodneurtse" (XIII).

Por otro lado, es posible visualizar más acá de un devenir-niño, un devenir-mujer, el cual se resuelve como una variante importante de la forma de contenido. Devenir-mujer significa la producción de un nuevo bloque. Implica la alianza entre un hombre-anomal y una mujer en un devenir producido por la máquina deseante del sujeto colectivo de Trilce. Al producir un devenir-mujer el texto aborda y desconstruye los significados políticos de la condición del macho en una sociedad de corte patriarcal. Producir un devenir-mujer significa renunciar y negar las marcas de poder coadyacentes a la información genética de la condición de varón, y, también, producir un territorio que se singulariza por la nueva fuga de las fronteras del estrato social. Al caer las marcas de poder caen los lindes de la ciudad y sus maneras, los lindes del hombre y su pensamiento, los lindes de la vida misma cifrada en la no vida vallejiana.

El poema IX no puede ser limitado a la experiencia sexual solamente. Por él pasan devenires-animales; no obstante, éstos se retiran y un nuevo estado, producido por un devenir-mujer, se actualiza. Es un devenir-animal del humano que se repliega para que se despliegue un devenir-mujer29. Esta indiferenciación hombre-mujer es traición a la especie y al género, trasvestismo del alma que niega la muerte deseando la vida. El nómada anomal de Trilce captura y es capturado en un repentino movimiento que anula el dualismo macho-hembra. Cuando se lee "hembra es el alma mía" (IX) no debe pensarse en la consecuencia íntima de la melancolía que produce la ausencia de la mujer-amada, debe pensarse en una multiplicidad, en el bloque creado entre un yo-múltiple y una mujer. Hombre y mujer comparten sus formantes, sin que esto sea un sueño o una metamorfosis: la mujer deviene una emoción en el hombre y el hombre, una mujer que refuerza su estado existencial.

Un devenir-mujer es un estado por el que el Yo-Vallejo se desliza, por lo tanto un estado por el que toda la tribu del anomal debe pasar. Desde esta perspectiva, la tribu, colectividad excéntrica, ha devenido-mujer, clausurando la molaridad que lo inscribe en el dualismo sexual e instaurando una posibilidad nueva, extraña y humana para sortear las fuerzas negativas del afuera. El poema XXXVI cifra con asombrosa claridad lo expuesto30:

(...) ¡Hembra se continúa el macho, a raíz
de probables senos, y precisamente
a raíz de cuanto no florece! (...)

No hay límites, hay contagio, síntesis disyuntiva, devenir. Las tetillas del macho son los senos de la hembra; el macho es la hembra. Suspendido entre la vida y la muerte, el devenir-mujer31es una producción deseante de una máquina que se desvía y se enfrenta a las máquinas sociales y técnicas. Un devenir-mujer posee además un poder introductorio en Trilce32: segmento de otros segmentos, como un devenir-niño y un devenir-imperceptible.

Más allá de un devenir-animal, más allá de un devenir-mujer, más allá de un devenir-niño, se encuentra un devenir imperceptible. Parece que todos, incluso el devenir de la lengua, se precipitaran a un devenir imperceptible, que todos fueran un segmento de la intensa fuga última de Trilce.

Ser imperceptible, indiscernible e impersonal, significa que la máquina social, sus dispositivos y sus afectos no pueden alcanzar al sujeto. Todo signo de molaridad, aparentemente, ha sido abolido33. No ser reconocido en el tráfago ni habitar un punto en las relaciones de fuerza del poder, no producir el gesto ni la palabra, deplazarse silencioso hacia zonas de infinitas multiplicidades. Así se soluciona el problema del amor, penetrando al más absoluto devenir.

Así se soluciona el problema de la sobrecodificación, puesto que no hay un límite para un devenir-imperceptible que no esté contenido en su propia realización.

El "Nadie me busca ni me reconoce" del poema XLIX es cifra de un devenir-imperceptible. Las categorías de individuo y sociedad han desaparecido, por lo que los afectos negativos que dominaban Trilce se subvierten. La fuga, la desterritorialización se hace completa; el humano codificado por la máquina social queda atrás, en su lugar "otro" humano molecularizado y su deseo. El sujeto se encuentra perplejo por la sensación que despierta el nuevo estado: "hasta yo he olvidado de quién seré". El anomal y la tribu se han despojado de sus vestiduras, las que cuelgan, solas, como mudos testigos del fracaso del sistema social y de las utopías con que pensaron el futuro; las vestiduras cuelgan, testimoniando la clausura de la dimensión molar ­que extrañamente el sujeto parece añorar34­; ahora, contienen el puro vacío de lo que fluyó como tormento.

Devenir-imperceptible es estar a la hora del mundo, dice Deleuze; es decir, devenir todo el mundo, segmento molecular que multiplica los flujos en todas direcciones. Devenir-imperceptible significa estar en todas partes, sin que por ello se haga reconocible. El territorio al cual se accede es también indiscernible, en él no hay poder que prohíba, no hay costumbres (qué pena que Vallejo experimente temor frente a este devenir) y los diminutos migrantes ejecutan los actos de su máquina deseante: has destruido la muerte y es tibia la paz de la morada. El pueblo imperceptible del hombre imperceptible por un instante se eterniza en el amor, revela un rostro e infringe una dura herida a lo social. Es esta la mayor negación al territorio sedentario que Trilce realiza; el devenir-imperceptible es la resistencia más elocuente de una máquina literaria que es máquina de guerra en un territorio inestable.

Todos estos devenires que me he atrevido a señalar como existencias de contenido de la escritura vallejiana son producidos por el deseo que pugna con el socius. El deseo en pugna es en definitiva lo que textualiza Trilce; deseo de encontrarse con los deseos verdaderos ­los mismos que pueden definir el territorio excéntrico latinoamericano y otros más­. En la producción de cuerpos sin órganos se genera la superficie donde el deseo se instala; a partir de esto, se puede comprender que en la vida la muerte ha dejado su huella y que, por lo tanto, la vida es aparente, sólo duración que culmina con otra muerte. Trilce desestratifica todos los planos de un territorio hostil, amplía su territorio por desterritorialización, territorializando rítmicamente el deseo de vivir. La escritura de Vallejo produce el movimiento por el cual se reconoce la vida; sólo por el movimiento, por el devenir, por el deseo advienen actos y emociones ­donde ambas instancias estén, señala Leopardi, está la vida35.

Trilce y sus devenires de resistencia permanecen como una pancarta lanzada al interior de los hombres, a modo de imposición ética que me obliga y te obliga a (re)pensar el sentido de las ataduras sociales. Reconstrucción es lo que pretende y, por cierto, ascenso, pero es necesario recordar "¿No subimos acaso para abajo? (LXXVII). Mientras esto ocurre y el mundo global se deshace "Canta, lluvia, en la costa aún sin mar" (LXXVII).

CONCLUSIONES

He intentado algunas aproximaciones a la determinación del funcionamiento de la obra poética de César Vallejo, explorando en su forma de expresión y en su forma de contenido. Estas pueden sintetizarse de la siguiente manera:

1. La escritura de Vallejo produce una forma de expresión en fuga, que va desde las marcas de poder de una lengua mayor, políticamente dominante, a una lengua menor. Es un devenir de la lengua lo que se establece, devolviendo al lenguaje su poder comunicativo y transfigurándolo en soporte válido para desplegar una interioridad en movimiento. Interioridad y exterioridad, por lo tanto, se exigen mutuamente, anulando la relación binaria, convirtiéndose en una sola instancia de resistencia y vida.

2. Trilce privilegia el borde como zona de estrategia. Dada esta posición es posible iniciar intercambios, encuentros con lo heterogéneo minoritario. De ahí que la escritura sea nómade y que porte devenires como efectos de deseo, los que permiten sortear la negatividad de los dispositivos maquínicos de muerte que pueblan el afuera.

3. Es necesario pensar la escritura vallejiana a partir de la presencia de un agenciamiento colectivo de enunciación. La experiencia de lenguaje es una experiencia de grupo, el poeta es sólo el anomal, figura delantera de una tribu.

4. El cuerpo orgánico enfermo de Trilce deviene cuerpo sin órganos, del cual extrae renovadas fuerzas para resistir ­inclusive para enunciar el presente­. Lo que en este momento se genera es una lucha entre contra los poderes inhumanos: una máquina de guerra espiritual en un territorio nómade que genera una inversión en la relación de poder.

5. En Trilce la forma de contenido resultan ser devenires; uno de ellos es un devenir-niño. Al devenir-niño un agenciamiento colectivo de enunciación se desterritorializa, reterritorializándose en otra dimensión. Por él, se accede a una nueva fuerza, un arma para contrarrestar el afuera, cuya marca fundante lo concede la presencia del amor. Pero el devenir-niño no es la única producción deseante, a su lado se encuentra un devenir-animal, un devenir-mujer y un devenir-imperceptible; este último, sin duda, de gran significación en el texto.

6. La ficción textualizada sugiere pensar al agenciamiento colectivo de enunciación como un sujeto colectivo que deviene médico de sí mismo y de la tribu de la que forma parte.

7. Pero, ¿es sólo eso? ¿Cuál es entonces la dirección política de la resistencia por fuga productiva?. La fuga ha producido un texto y "ésta es la gran liberación del dolor y el consuelo de la vida" (Nietzsche, 1985: 103); sin embargo, me parece que además se instaura un deseo. Me refiero a la voluntad de producir un nuevo pueblo, dar forma y movimiento a una manada doblegada por el socius, territorializarlos. De tal forma, aquellos que ven grandes extensiones urbanas, tierra pero no territorio, descansan, ven su rostro múltiple y se unifican en este nido balbuceante, en esta casa de amor. César Vallejo ha trazado líneas de fuga y en este ejercicio ha devenido voz colectiva, adelantado que inventa un pueblo ­pasando por diversos estados­ y su territorio; a la vez, ha generado la crítica del territorio sedentario, a partir de una lucha aún vigente.

________________________________________

Notas:

1Reseñas, prólogos, ensayos de naturaleza variada, anecdotarios, biografías, síntesis biográfica-ensayística, síntesis obra-pensamiento-universo, deben tenerse en consideración cuando se habla de las formas en que se ha abordado la escritura vallejiana. Todo lo anterior, dependiente de una ideología individual o colectiva que, de alguna manera, dirige los resultados.

2Guzmán señala que es improcedente pensar la obra de Vallejo desde la perspectiva del pensamiento filosófico europeo, por tal motivo él sugiere se empleen las categorías blanco-no blanco que sí dan cuenta de la mesticidad del poeta peruano y del carácter latinoamericano. Diverso es el método de este trabajo: emplea categorías producidas en Europa, las traduce y las utiliza como herramientas que permitan apreciar las fugas que singularizan una obra, una resistencia.

3Si bien Trilce es el texto de un devenir-niño, es posible percibir la presencia de otros devenires ­un devenir-animal, un devenir-mujer y un devenir-imperceptible­, los cuales analizaré brevemente y en conexión con un devenir-niño.

4Devenir significa alcanzar una "zona de cercanía, de indiscernibilidad o de indiferenciación de tal modo que uno ya no puede distinguirse de una mujer, de un animal o de una molécula" (Deleuze, 1994: 6). Además se genera una evolución a-paralela en el bloque de devenir, donde la clave es el robo de información de las partes.

5Américo Ferrari se aparta de los dudosos datos de Espejo Asturrizaga, para quien los textos de Trilce se escribieron entre 1918 y 1922. Sin embargo, la cronología de los textos para este trabajo no es relevante.

6Cuando el proyecto moderno comienza a perder legitimidad, los fenómenos que se visualizan se explicitan en cuanto conjunto con significación: los grandes relatos estructurantes han perdido su sentido y encantamiento social, paganizándose su universo simbólico, perdiendo el aura trascendente de las totalizaciones de significado. Este suceso transformacional debe comprenderse como un paso hacia otra manera de pensar y de actuar. Esto es lo que en abstracto ha venido conociéndose con el nombre de postmodernidad.

7René de Costa en su ensayo "La diferencia de Vallejo" establece que en Trilce se practica una escritura automática, que es anterior a la escritura del surrealismo de 1924. Si bien es elogioso el comentario, me parece que existen notorias diferencias entre una y otra.
El lector puede aproximarse a esta problemática con la lectura de César Vallejo y el Surrealismo de Juan Larrea.

8Según Deleuze no hay una lengua materna, sino una lengua políticamente dominante. Esta se impone como un uso lingüístico que incorpora marcas de poder, las cuales van a prefigurar el comportamiento humano en un determinado contexto social. El distanciamiento del lenguaje del poder, la enunciación de su imposibilidad comunicativa, implica, en situaciones como la de Vallejo, una resistencia creativa: la superficie donde se expresa uno u otro devenir.

9Una máquina, según Deleuze, debe comprenderse como un sistema de cortes. Una máquina produce un determinado flujo que la máquina u otra máquina corta. Una máquina deseante sitúa el deseo, produce el deseo a partir de un código almacenado en su interior y un cuerpo lleno sin órganos, donde se ejecutan las operaciones reales del deseo.

10Roberto Fernández Retamar en su prólogo a las Obras completas de Vallejo, señala que el lenguaje de Trilce es el de un niño. Aunque en un contexto muy diferente, la reflexión de Fernández Retamar se aproxima indiscutiblemente a la que este trabajo, en este punto, propone.

11La máquina sedentaria o social es la encargada de producir ­limitando por selección­ los deseos de la dimensión social. Deleuze señala: "El problema del socius siempre ha sido éste: codificar los flujos del deseo, inscribirlos, registrarlos, lograr que ningún flujo fluya si no está canalizado, taponado, regulado (...) la producción social es también producción del deseo" (Deleuze, 1995: 39). El hombre, la institución molar serán instancias codificadas y codificadoras del deseo; las masas gregarias del "Estáis muertos" (LXXV) vallejiano.

12Higgins escribe: "El tiempo introduce la muerte en medio de la vida y lleva al hombre inexorablemente hacia la muerte. La muerte es la manifestación definitiva y más completa del absurdo puesto que acaba con la vida y la despoja de todo sentido" (Higgins: 1970: 88). Lo señalado por Higgins tiene directa relación con los planteamientos de Gutiérrez Girardot. Creo que esta visión temporal es una de las formas que adopta la muerte en Trilce y que la relación del sujeto con el poder es otra.

13Rafael Gutiérrez Girardot plantea que la nueva literatura universal exige una nueva expresividad. Por ello, la escritura de Vallejo, situada en las lindes del silencio, transfigura gesto: poesía gestual como una experiencia del silencio.

14De ninguna manera reducible a la fusión idiomática ­América y Europa­ del mestizaje como pretende Xabier Abril.

15Martí ya había pensado acerca de la importancia de clausurar este dualismo, cuando la palabra desea alterar las condiciones de la esfera social. De ahí que rebelión de forma y rebelión de esencia sean para Martí una sola y misma entidad: la poesía como resistencia.

16El concepto de literatura menor, que Deleuze entrega en su libro Kafka, por una literatura menor, puede comprenderse como la literatura que un grupo menor hace dentro de una lengua mayor. La lengua menor de la literatura menor implica la desterritorialización de la lengua mayor, la articulación de lo individual en la inmediatez política y pensar la enunciación como colectiva. Esta "categoría" anula el dualismo centro-periferia e invita a establecer cuáles son los rasgos singularizadores de la literatura menor latinoamericana y su proximidad con la literatura menor de otros continentes.

17Una de las características de la literatura latinoamericana es su carácter de enunciación colectiva. La voz del poeta es la de una multiplicidad, de un grupo, de una tribu. La escritura de Vallejo debe ser comprendida en este sentido.

18Deleuze en el Anti Edipo propone que el cuerpo sin órganos no es ni representa la nada original, lo perdido, el cuerpo propio, la imagen del cuerpo, la proyección. El cuerpo sin órganos es producción de una máquina deseante y superficie para el registro de la producción de deseos. El cuerpo sin órganos es el resultado del devenir, está al lado de máquinas deseantes, produce estados, al código lingüístico opone un código delirante. En Vallejo, la presencia de un devenir animal, de un devenir mujer, de un devenir niño y de un devenir imperceptible debe ser comprendida en este sentido, como cuerpos inorgánicos producidos por una máquina deseante en oposición a una máquina social.

19Gutiérrez Girardot sostiene que lo que vislumbran los desplazamientos del sujeto en Trilce es el absoluto. Como éste no puede mantenerse en él, sufre. Por esto define a la poesía de Vallejo como poesía del absoluto. Me parece que es más bien una poesía del devenir y la imposibilidad de permanecer en el devenir es un imperativo de producción ­flujo y corte del devenir­.

20Veo un devenir-niño, porque la mujer-amada es cifra de rasgos molares: ella es quien genera protección, inhibe el movimiento. Por otro lado, un devenir-niño recorre el alma latinoamericana, la que tiende hacia lo molar, en busca de lo estable, del rostro y del nombre.

21San Agustín en sus Confesiones, con toda la profundidad y belleza de su pensamiento, define la relación del niño y sus deseos. Me parece pertinente transcribir este fragmento:
Poco a poco iba también conociendo dónde estaba, y procuraba manifestar mi voluntad y deseos a los que podían cumplírmelos; pero no podía manifestarlos bien; porque mis deseos estaban dentro de mí, y aquellas personas estaban fuera; y por ninguno de sus sentidos podían recibir ni penetrar el interior de mi alma. Por eso me agitaba, daba voces, y hacía aquellas pocas señas y ademanes que podía, para significar mis deseos interiores. (San Agustín, 1964: 9).

22Giovanni Meo Zilio en Materiales para un estudio de estilística cuantitativa señala la frecuencia de la palabra NIÑO y sus derivados en la escritura de Vallejo. Esto acrecienta la pertinencia de este análisis.
La palabra niño (en la obra vallejiana) con sus equivalentes, supera con creces la de madre y sus derivados. En efecto, frente a 78 ocurrencias de ésta, hallamos 50 de niño y derivados, 39 de hijo y derivados, 9 de creatura, 6 de pequeño (sust.), 3 de infante y derivados, 1 de nene, 1 de párvulo, 1 de chico (sust.), para un total de unas 100 ocurrencias, sin contar otras de la misma área semántica como inocencia, inocente, ingenuo, indefenso, implume, nido, pichón, etc... , con los que supera la cifra de 130.

23Para la cultura dominante, Vallejo era un individuo excéntrico, un excluido por su condición de mestizo. El pertenece a la inmensa minoría. Mauricio Ostria en "Gabriela Mistral y César Vallejo, la americanidad como desgarramiento" establece la relación dolor-América postergada. Creo que es posible apreciar en la obra de Vallejo la identidad de una tribu latinoamericana, pero deben sumarse al conjunto aquéllos, lejanos al territorio, e igualmente afectados por el poder.

24Quien accede a un devenir carga con los valores de una ética que difiere de aquella que margina y humilla y es el aura de la máquina social; su unidad ha sido reemplazada por lo colectivo, es sujeto de sujetos; héroe delantero al que sigue la otredad y lo contempla a distancia, cuando éste se enfrenta a la muerte, la mira a la cara y en lengua extraña le habla.

25Coyné señala: "En efecto, era preciso que el poeta de Los heraldos negros conociera las cuatro paredes de la celda para que sellara su experiencia de la condición miserable del hombre" (Coyné, 1965: 117). El lector de Vallejo, conocedor de su vida y de su obra, queda en libertad de extraer sus propias conclusiones.

26La presencia de la figura de la madre ha posibilitado una reflexión psicoanalítica de estos textos, la que desde el enfoque en que analizo constituye una reducción y no una detección de los rasgos operatorios. La madre, creo, funciona como un agenciamiento paisajístico del mundo devenido. En el poema XVIII, por ejemplo, no es la madre quien imprime fuerza a quien deviene un niño, sino que es él mismo en cuanto crea un cuerpo sin órganos, un dispositivo de resistencia.

27El poema XVIII y el poema LVIII pueden ser leídos en este sentido.

28La lectura de Bataille me permite un acercamiento a la noción de devenir. El fragmento que he seleccionado valida lo planteado; en él es posible apreciar la producción de un cuerpo inorgánico por contagio animal, una vez que se genera la anulación del individuo como instancia molar: "(...) Durante esos momentos, la personalidad está muerta; y su muerte, en esos momentos, deja lugar a la perra, que se aprovecha del silencio, de la ausencia de la muerta. La perra goza, y lo hace gritando, de ese silencio y de esa ausencia" (Bataille, 1997: 112).

29No es casual que estos devenires (un devenir-animal y un devenir-mujer) se encuentren conviviendo en este poema de atmósfera sexual, porque "la sexualidad es una producción de mil sexos, que son otros tantos devenires incontrolables. La sexualidad pasa por el devenir-mujer del hombre y el devenir-animal del humano" (Deleuze, 1990: 280).

30La crítica ha visto una suerte de poética de Trilce en este poema. Jorge Guzmán, a partir de un modelo binario sexual, plantea que lo que el poema desarrolla es la idea de una presencia ausente.

31La mujer producida no es una mujer molar como la mujer-amada que aparece en el entorno de un devenir-niño. La mujer producida es molecular y por tal motivo está liberada de la máquina dual que la opone al hombre y determina sus funciones en un determinado estrato social. El devenir-mujer de Trilce exaspera la máquina binaria hombre-mujer en sus aspectos corporales y no corporales; intenta reconstruir el cuerpo a partir de un cuerpo sin órganos.

32Deleuze escribe: "Quizá el devenir-mujer posee un poder introductorio particular sobre los demás, y no se trata tanto de que la mujer sea la bruja como de la brujería, que pasa por ese devenir-mujer" (Deleuze, 1990: 253).

33Devenir imperceptible significa "eliminar todo lo que es exceso, muerte y superfluidad, queja y reproche, deseo no satisfecho, defensa o alegato, todo lo que enraíza a cada uno (a todo el mundo) en sí mismo, en su molaridad" (Deleuze, 1990: 281).

34Es posible percibir operando el mismo deseo de molaridad de la mujer-madre en la relación con las vestiduras. Parece que si bien el devenir libera, existe un impedimento esencial para su total concreción. Tal vez en esto radica el problema de la dependencia latinoamericana.

35Giacomo Leopardi. Diálogos. Buenos Aires, Espasa Calpe, 1948.

BIBLIOGRAFIA

Arroyave, Julio. "Concepción metafísica del miedo y la locura". En Universidad de Antioquía, 92, 1994: 503-524.         [ Links ]

Bataille, George. El erotismo. Barcelona, Tusquets, 1997.         [ Links ]

Cioran, E. M. De lágrimas y de santos. Barcelona, Tusquets, 1994.         [ Links ]

----------------- . Conversaciones. Barcelona, Tusquets, 1997         [ Links ]

Coddou, Marcelo. "El recuerdo en la poesía de César Vallejo". En Atenea, 429-430, 1974: 309-326.         [ Links ]

Coyné, André. César Vallejo. Buenos Aires, Nueva Visión, 1968.         [ Links ]

De Costa, René. "La diferencia de Vallejo". En Revista Chilena de Literatura, 38, 1991: 7-27.         [ Links ]

Deleuze, Gilles. Foucault. Barcelona, Paidós, 1987.         [ Links ]

-------------------- . El pliegue. Barcelona, Paidós, 1989.         [ Links ]

------------------ . Crítica y clínica. Barcelona, Anagrama, 1996.         [ Links ]

------------------- . Nietzsche y la filosofía. Barcelona, Anagrama, 1998.         [ Links ]

------------------- . Kafka, por una literatura menor. Barcelona, Anagrama, 1998.         [ Links ]

Deleuze, G. y Guattary, F. Mil mesetas. Valencia, Pre-textos, 1990.         [ Links ]

Deleuze, G. y Parnet, C. Diálogos. Valencia, Pre-textos, 1990.         [ Links ]

Escobar, Alberto. Cómo leer a Vallejo. Lima, P. L. Villanueba, 1973.         [ Links ]

Espejo, Juan. César Vallejo, itinerario del hombre. Lima, Juan Mejía Baca, 1965.         [ Links ]

Fernández Retamar, R. Para una teoría de la literatura hispanoamericana. México, Nuestro Tiempo, 1981.         [ Links ]

-------------------- . "Prólogo". En Obra poética completa. La Habana, Casa de las Américas, 1970.         [ Links ]

Ferrari, Américo. Trilce. En Obra poética. Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1996.         [ Links ]

Foucault, Michel. De lenguaje y literatura. Barcelona, Paidós, 1990.         [ Links ]

Franco, Jean. "La temática: de Los heraldos negros a los Poemas póstumos". En Obra poética. Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1996.         [ Links ]

Ganz, Fedor. "César Vallejo y la poesía moderna". En Atenea, 169, 1939: 53-61.         [ Links ]

Guzmán, Jorge. Contra el secreto profesional. Santiago, Universitaria, 1991.         [ Links ]

Higgins, James. Visión del hombre y de la vida en las últimas obras poéticas de César Vallejo. México, Siglo XXI, 1970.         [ Links ]

Jaramillo, Humberto. "Grandes enfermos de angustia: César Vallejo". En Universidad de Antioquía, 92, 1949: 465-470.         [ Links ]

Larrea, Juan. César Vallejo y el Surrealismo. Madrid, Visor, 1976.         [ Links ]

Lora Risco, Alejandro. "Revaloración de Vallejo". En Atenea, 39 (396), 1962: 115-127.         [ Links ]

-------------------- ."Revisión de un proceso lingüístico: de Rubén Darío a César Vallejo". En Finis Terrae, 17, 1958: 19-26.         [ Links ]

Meo Zilio, Giovanni. "El lenguaje poético de César Vallejo desde Los heraldos negros hasta España aparta de mí este cáliz (materiales para un estilo de estilística cuantitativa)". En Obra poética. Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1996.         [ Links ]

Monguió, Luis. "César Vallejo; vida y obra". En Revista Hispánica Moderna, 16, 1950: 1-98.         [ Links ]

Morris, David. La cultura del dolor. Santiago, Andrés Bello, 1991.         [ Links ]

Nietzsche, Friedrich. Así hablaba Zaratustra, Madrid, EDAF, 1985.         [ Links ]

--------------------- . El caminante y su sombra. Madrid, M. E. , 1994.         [ Links ]

------------------- . Ecce homo, Madrid, M. E., 1995.         [ Links ]

----------------- . La Gaya ciencia. Madrid, M. E. , 1995.         [ Links ]

Ortega y Gasset, José. "Estudios sobre el amor". Madrid, Rev. de Occidente, 1964.         [ Links ]

Ostria, Mauricio. "Gabriela Mistral y César Vallejo: la americanidad como desgarramiento". En Revista Chilena de Literatura, 42, 1993: 193-199.         [ Links ]

Paz, Octavio. La otra voz. Buenos Aires, Seix Barral, 1990.         [ Links ]

Quiroz, Eduardo. "César Vallejo: adolescente y promisión. Su vida de estudiante". En Cuadernos Hispanoamericanos, 449, 1992: 6-19.         [ Links ]

Roy, Jean-Michel. "El sujeto de la comunicación: reflexiones sobre los fundamentos del antihumanismo contemporáneo". En Ideas y valores, 98-99, 1995: 65-68.         [ Links ]

Stendhal. Del Amor. Madrid, EDAF, 1994.         [ Links ]

Valbuena, Angel. "El nuevo estilo de César Vallejo". En Atenea, 45 (419), 1968: 153-157.         [ Links ]

Vallejo, César. Obra poética (edición crítica), Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1996.         [ Links ]

Vargas Llosa, Mario. "El poder de la mentira". En Diálogo con Vargas Llosa (Ricardo Setti). Buenos Aires, Intermedio, 1989: 225-234.         [ Links ]

Von Engelhardt, D. "El sufrimiento a lo largo de los siglos". En Folia Humanística, 344, 1995: 241-248.         [ Links ]

Westphalen, Emilio A. "Poetas en la Lima de los años treinta". En Otra imagen deleznable. México, Fondo de Cultura Económica, 1980: 112-114.         [ Links ]

Yurkiévich, Saúl. Valoración de Vallejo. Argentina, Universidad Nacional de Nordeste, 1958.         [ Links ]

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons