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Literatura y lingüística

versión impresa ISSN 0716-5811

Lit. lingüíst.  n.14 Santiago  2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-58112003001400009 

Literatura y Lingüística Nº14

"Matar al padre": Análisis discursivo
de dos textos de la sociología
chilena en período de dictadura

Dr. Miguel Alvarado
Dr. Pedro Santander
Universidad Católica de Valparaíso

Resumen

Este artículo presenta una visión panorámica de las transformaciones de la sociología chilena durante el período de dictadura militar. Específicamente, desde una perspectiva lingüística se comenta el discurso escrito de la sociología chilena durante el período 1975-1989, tiempo durante el cual la producción escrita de esta disciplina se reconstituye bajo la influencia de las transformaciones del contexto sociocultural nacional, latinoamericano y mundial. Nuestra hipótesis de trabajo consiste en que dicha redefinición significó para estos discursos el paso desde un canon centrado en el concepto de la estructura social, hacia otro que enfatiza el concepto de cultura, asumida ésta como un sistema de valores. Lo anterior se demuestra por medio del análisis de dos textos fundamentales del período: Cultura y modernización en América Latina, de Pedro Morandé y El espejo trizado de José Joaquín Brünner.

Palabras claves: análisis del discurso - cultura - sociología

Abstract

This article presents a panoramic view of the metamorphosis of Chilean sociology during the period of military dictatorship (1973-1989). The production of texts in Chilean sociology for the purpose of this investigation will be approached from a linguistic perspective. The written production of this discipline in this particular moment in history 1975-1989, demonstrates a reconstruction under the influence of the national, Latin American and international sociocultural context. Our work hypothesis is that the reconstruction of discipline oriented discourse meant that there was a movement from the general rule of viewing the social structure as the object of study towards one that emphasized culture, and accepting it as a system of values. The prior statement is demonstrated through the analysis of two texts of the period: Culture and Modernization by Pedro Morandé and The Broken Mirror by José Joaquín Brünner.

Keywords: discourse analysis - culture - sociologie

1. Introduccción

Mucho del Chile de la década presente se pensó en los setenta y ochenta. Ello desde actos de ruptura, de desconcierto, de apuestas radicales y paradójicas, desde búsquedas que sobrepasaban lo académico y tenían que ver con lo valórico, con lo ideológico, con la vida misma. En este proceso muchos padres fueron muriendo, asumiendo aquello, desde la metáfora psicoanalítica, que nos describe el acto de ruptura y de emancipación necesario para generar identidad y autonomía. Aniquilamiento de un padre sostén de la función simbólica y figura de la ley (Lacan, 2002: 267).

Según pensamos, en esas décadas la sociología fue un discurso de la reconversión, que como expresión de nuestras elites intelectuales fue sucesivamente magnificada, perseguida y reflotada, en una búsqueda de sentido, en ocasiones infructuosa, que en paralelo a otras formas de expresión como la literatura o la plástica, se vio en la necesidad de reconstruirse, superando muchas muertes posibles, infringidas y autoinfringidas, en un viaje-desplazamiento cuyo itinerario involucra algún infierno, algún purgatorio, y como hemos dicho, grandes parricidios. Ello determinó la transformación de un canon discursivo como forma pulsional de reedificación del sentido. Es en este contexto que este ensayo dará cuenta del discurso escrito de la sociología chilena entre los años 1975-1989, período en el cual el canon, es decir, el discurso de esta disciplina se reformula. Ello desde un análisis lingüístico empírico de algunos textos seleccionados, siguiendo la metodología del Análisis del Discurso.

2. Nuestra específica opción metodológica

En este trabajo analizamos dos prólogos de libros cruciales de la sociología del período estudiado: El espejo trizado de J.J. Brünner (1987) y Cultura y modernización en América Latina de P. Morandé (1984). Nuestro acercamiento a dichos textos es desde la perspectiva de la Lingüística Funcional, es decir, aquella que atiende a la función comunicativa del lenguaje. La aproximación analítica específica se realiza desde el Análisis del Discurso (Lavandera, 1984, 1985, 1995; van Dijk, 1996). El Análisis del Discurso, como perspectiva teórica y metodológica, nos permitirá reconocer la manera en que la sociedad chilena por medio de la producción escrita de un segmento específico de intelectuales -sus sociólogos- genera esquemas interpretativos para superar y explicar un contexto con entropía creciente y, desde allí, articular un canon que le posibilite situarse en una nueva discusión académica en general y sociológica-disciplinaria en particular.

Debido a lo extenso de esta producción, hemos distinguido, con fines operativos, dos principales agrupaciones discursivas, definidas desde sus campos semánticos esenciales:

1. Aquella perteneciente al subcampo científico de las ONGs y que caracterizaremos de manera preliminar como «textos críticos», en función de su postura cuestionadora directa del gobierno militar imperante en esta época. La institución productora de estos textos con un mayor grado de representa-tividad es FLACSO Chile, por el volumen, periodicidad e influencia social y científica de sus publicaciones: a esta pertenece El espejo trizado.

2. La «corriente interpretativa» se ubica en el sistema universitario tradicional y su determinante semántico y pragmático fundamental es la elaboración de un esquema que interprete los cambios sociales vividos por el país y el continente en las décadas inmediatamente anteriores. El Instituto de Sociología de la P. Universidad Católica es la institución cuya producción académica tuvo mayor influencia científica y social en este ámbito: a esta corriente pertenece Cultura y Modernización en América Latina.

Nuestra investigación se basa en la suposición de que existe una correspondencia entre un tipo de producción textual y una práctica social determinada, en términos de relaciones sociales y, particularmente, en lo relativo a las relaciones de poder. Entenderemos esta relación como la que se establece entre un orden social y un orden del discurso (Foucault,1968, 1993; Fairclough, 1992, 1997); en otras palabras, entre una práctica social y una práctica discursiva, lo que quiere decir que las cambiantes relaciones sociales se manifiestan en los discursos y viceversa (Halliday, 1994). Lo anterior, proyectado a nuestra investigación, significa reconocer una interrelación entre los textos escritos de la sociología chilena en el período 1975-1989 y el contexto y las restricciones macro-sociales en que estas prácticas discursivas se desenvuelven (Brünner, 1988; Fairclough 2002; van Dijk, 1999).

3. Texto y contexto de la sociología chilena

Sostenemos que a partir de mediados de la década de los ´70 se produce en Chile una mutación en la práctica discursiva sociológica, asociada a los efectos sociales y culturales de diversos fenómenos, entre los cuales los más significativos son:

En primer lugar, el Golpe de Estado que como fenómeno histórico da lugar tanto a una marginación de la disciplina sociológica (Brünner, 1990) en este período, como a una crisis ideológica en un número considerable de sus practicantes. En segundo lugar, la crisis del desarrollo latinoamericano (Morandé, 1984) que, simultáneamente a la crisis de las democracias en la región y la subsiguiente cadena golpista que afecta al subcontinente en el período de los setenta y ochenta, se convierte en una problemática tanto práctica como teórica para la disciplina sociológica. Finalmente, las reformulaciones del pensamiento social occidental y de la sociología como marco interpretativo (Giddens, 1987), asociado al cuestionamiento de las visiones totalizadoras de la sociedad que forman parte de la llamada condición postmoderna (Baudrillard, 1991; Lyotard, 1994; Vattimo, 1996). En ese marco, este tercer factor incide en la re-constitución del canon de la sociología chilena, pues dice relación con una mutación cultural de carácter global que tiene ver con la crisis de los discursos sociales que manifiestamente tienen ambición de pensar la totalidad. Entiéndase como aquellas explicaciones globales de la sociedad y la cultura en las cuales se combinan el discurso científico y el ideológico, por ejemplo, el marxismo o el liberalismo clásico. Son los grandes padres proveedores de sentido que luego serán sistemáticamente sacrificados en la desesperada búsqueda de nuevas certidumbres.

Esta reformulación genera un canon centrado en el concepto de cultura, concepto que emerge como nueva categoría central de la sociología chilena, bajo cuya cobertura se abordan tópicos como los de etnicidad, identidad, género, jóvenes, territorialidad, sujeto, actor, etc. Ocurre entonces una trasformación desde un tipo de discurso cuyo tópico central había sido la problemática que se establece desde el vínculo entre desarrollo y estructura social (Hinkelammert, 1970, 1990, 1991), hacia otro centrado en el concepto de cultura, asumida ésta como un sistema de valores (Weber, 1988).

En este período se ensayan categorías teóricas y epistemológicas como la crisis del desarrollo, el diálogo fe y cultura, la pertinencia de los sistemas y aparatos educativos, la redemocratización, etc. Lo anterior requiere de la experimentación con formas discursivas particulares y de rupturas (o de parricidios), para reorientar la reflexión social, así como la tradición sociológica chilena y universal. El intento básico consiste en superar la nomenclatura proveniente de la tradición sociológica cientificista que en nuestro país se expresa en un esquema más próximo al definido por el pensamiento alemán con el concepto amplio de "ciencias del espíritu" (Padrón, 1996) definidas desde la comprensión (verstehen).

Se trata de lo que entendemos como un parricidio discursivo, ruptura con valores y con formas de expresión que alguna vez sinceramente se pensaron y se creyeron legítimas y totalizantes. Emerge así un intento por generar formas expresivas que reduzcan la incertidumbre que paralogiza a sociedad y sociólogos ante las grandes mutaciones socio-culturales antes mencionadas. Todo lo anterior tendrá una expresión lingüística en los textos a estudiar. Esas serán las huellas que la dialéctica de nuestro análisis rastreará en los textos, una huella débil dejada por pies que caminan en la zozobra, rodeados del horror propio de la América Latina de los setenta y ochenta.

4. El amplio contexto de la reformulación del canon sociológico

Este proceso mundial, junto a la situación post Golpe de Estado, tiene un fuerte efecto en la sociología chilena, con lo cual se constituye en propiedad una crisis del paradigma científico. Así, el cambio que se inicia en nuestro discurso sociológico tiene su fundamento en aquello que Kuhn (1982) definió como «crisis paradigmática», en tanto la ciencia normal (la sociología precedente) se demuestra incapaz de interpretar los nuevos escenarios. La sociología se encuentra incapacitada para dar respuesta a necesidades sociales en el campo interpretativo y en el de la transformación de la realidad. Se trata de un proceso que se refleja en los textos de la sociología chilena entre los años 1975-1989. Nuevos modos de interpretación, como también nuevas estrategias metodológicas reemplazarán los esquemas de la sociología funcionalista y materialista histórica precedente. El giro paradigmático definirá una transformación en el lenguaje de la disciplina, siendo este giro el contexto más inmediato que define la transformación de este discurso. Por ello sostenemos que el cambio en la orientación respecto del modo de entender y de hacer la ciencia, genera nuevas formas discursivas y nuevas categorías de análisis. Todo ello se refleja en los textos.

En este camino hacia la pregunta por los valores culturales, es fundamental asumir, parafraseando a Vicente Huidobro, que la publicación y difusión en nuestro país de la encíclica social católica Rerum Novarum significó un «temblor de cielo» para la oligarquía chilena, un cataclismo cósmico que sacudió e invirtió el suelo donde esta clase social hegemónica se situó prácticamente desde la conquista hasta bien entrado el siglo 20. La pérdida de la hegemonía política, por parte de esta oligarquía, se vio aparejada con una pérdida de su preponderancia en campos como el literario y el científico. Nuevos sujetos la suplantarían en el sitial prioritario en el plano cultural que poseía, y justamente desde este plano será desde donde los grupos sociales emergentes desde principios del siglo XX edificarán su poder, poder que poseerá una fuerte equivalencia con los planos simbólico y económico.

En paralelo y con un sentido semejante, el surgimiento primero de corrientes socialdemócratas y anarcosindicalistas, y luego, de partidos marxistas en la primera mitad de ese siglo, suponen un proceso también radical que cambia no sólo la semblanza sino la imagen toda de nuestro subcontinente. Personajes que aunaron el liderazgo político en Chile y en América Latina, junto a una reflexión sistemática, como es el caso de José Carlos Mariátegui, José Vasconcelos, Alberto Hurtado, Luis Emilio Recabarren, Raúl Haya de la Torre, son expresión gráfica de este terremoto social, terremoto que suscita la aparición tanto de nuevos actores como también de nuevos movimientos sociales. Estos difieren radicalmente de los usos y valores de la clase política oligárquica constituida desde el período colonial, definiéndose un perfil nuevo que responde tanto a cosmovisiones como a intereses de clase distintos. Todo ello re-define nuestra sociedad, se perfilan los grandes padres discursivos que cobijarán y proveerán de sentido a estas nuevas fuerzas sociales.

Al referirse a un productor central del discurso sociológico latinoamericano, a saber, la clase media, se producen referencias burlescas, como la de «siútico» dado a esta clase media en nuestro país. Ello significaba una burla respecto de la imitación de las formas culturales de las oligarquías de la segunda mitad del siglo XIX. Significó una suerte de mecanismo de escape para una oligarquía que intuía la amenaza que este nuevo grupo social representaba. La no posesión de tierras o capital económico que constituyera la base del poder social de la oligarquía latinoamericana, hacen a esta clase media buscar otros capitales tanto simbólicos como socioeconómicos, fundamentalmente, en dos esferas.

1.- La universidad y el liceo como crisol pluriclasista, donde lentamente durante la segunda mitad del siglo XIX y con paso firme durante todo el siglo XX, este nuevo actor social va edificando su poder desde el axioma que supone la identidad entre el cambio social y el cambio cultural, es decir, a mayor y más masiva escolarización, mayor desarrollo económico y social.

2.- El abordaje que este estrato medio hace del aparato del Estado, o de aquello que en palabras de Octavio Paz constituye el «ogro filantrópico» (Paz, 1979). Su creciente escolarización hace de esta pequeña burguesía un postulante aventajado al momento de completar los cuadros con los cuales el aparato del Estado definirá y dará vida al proceso modernizador, en tanto intento cultural de constituir lo moderno, como también en tanto modo de modernización socioeconómica.

Líderes como Mariátegui y Recabarren significan una nueva forma de ver nuestro continente desde la óptica de una clase social que, estando en la base social y siendo víctima de una explotación sistemática, lentamente comienza a descubrir lo prioritario de su papel en el sistema capitalista. La huelga, y su posterior represión, significan un laboratorio donde esta nueva fuerza social reconoce y da a conocer sus intereses y desde allí descubre su fuerza. La constitución de partidos de orientación marxista es sólo la consecuencia lógica del papel que este proletariado citadino aspira a tener.

Las grandes preguntas respecto de los efectos de la modernización capitalista estaban ya en la palestra desde mediados del siglo XIX tanto en la sociedad europea y como en la norteamericana. Lo anterior debido a la dependencia económica de los países periféricos y a la necesidad de mano de obra barata y materias primas con que las metrópolis capitalistas viven. El proceso de industrialización latinoamericano replicará esta dinámica, configurándose así una homología y un contexto para el discurso sociológico funcionalista y marxista. Los grandes padres han nacido. La sociología científica en Latinoamérica nace de este proceso.

Asistimos a un intento iluminista encabezado por las elites ideológicas que se define desde el concepto de desarrollo y que económicamente se conforma desde un modelo de industrialización fuerte y protegido. En el plano operativo se hace uso del aparato del Estado para el logro de sus propósitos, sin duda el órgano que realiza esta perspectiva es CEPAL desde el impulso dado a esta por su fundador, Raúl Previsch.

En el proceso de conformación y maduración del padre, el camino seguido por el discurso sociológico ha sido complejo. Ha pasado desde principios de siglo, de una reivindicación del hispanismo a la crítica política al imperialismo, tanto desde los movimientos corporativistas como el peronismo, hasta el cuestionamiento ideológico de la izquierda marxista. Este cuestionamiento no tendrá un desarrollo teórico hasta comienzo de la década de los 60, cuando autores como Teotonio Dos Santos, Vania Bambirria, Andre Gunder Frank y Enzo Faleto, entre muchos otros, comienzan a cuestionar la posibilidad del logro del desarrollo socio-económico desde la copia respecto de los procesos vividos por los países centrales «metropolitanos». En lo fundamental, se plantea que el subdesarrollo no se basa en la especificidad cultural, sino en la dinámica histórica de carácter dialéctico que requiere de países que aporten materias primas y mano de obra barata, frente a sociedades centrales que poseen el capital y la tecnología. La especificidad histórica es entendida por los teóricos de la dependencia como el desarrollo histórico de una estructura productiva y social, asumida como un sistema de clases que produce bienes y servicios, y que en este modo de producción mantienen entre sí una relación tensionada.

Justamente en este contexto, donde la teoría de la dependencia ocupa un papel primordial, la sociología pasa de ser un oficio de cátedra a ser una labor profesional. Así, funcionalismo y marxismo son los dos polos opuestos que coinciden en una misma tarea, modificar las estructuras sociales y productivas desde una reflexión activa sobre la realidad, donde las elites intelectuales aspiran a asumir un rol de manera activa y consciente.

Los movimientos sociales, particularmente el de los sectores proleta-rizados, tendrán su corolario en las propuestas definidas por los intelectuales que intentan representar los intereses de clase específicos de estos sectores. La posición que fusionaba teoría y práctica desde la perspectiva materialista histórica tiene una proyección impensada en la llamada «sociología comprometida» (Maduro, 1986), la que desembocará en propuestas como la investigación social participativa y la investigación-acción.

Esta nueva ciencia social surgida al alero de la revolución cubana y de los movimientos revolucionarios latinoamericanos planteaba la necesidad de fusionar generación de conocimiento y transformación de la realidad. Paulo Freire y su «Pedagogía del oprimido» están en la génesis de este movimiento. Mención aparte merece el Mayo Francés y el impacto que sobre éste tiene La Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt, proceso que impactará América Latina, su disciplina sociológica y su sistema universitario (aunque es un hecho histórico demostrado que ya el año 1967 se inicia la reforma en las universidades chilenas). La épica de este proceso aúna el intento de cambio social junto a la crítica cultural; su real impacto en el plano socio estructural aún es discutible. Su impacto cultural no puede ser desmentido, por ello, representa un vértice fundamental de aquello que luego será refutado.

En este contexto, el caso chileno es prototípico en cuanto el derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular, encabezado por el Presidente Salvador Allende. Tras el golpe de Estado, éste es sucedido por un proyecto refundacional, que no solamente abarca aspectos jurídicos, administrativos y económicos, sino que significa una cambio sustancial de carácter hegemónico y estable. Utilizando el análisis de Gramsci, la oposición entre bloques históricos (Gramsci, 1976) da como resultado no sólo el triunfo de uno sobre otro en el plano político y militar. Además, la construcción de sentido propio del modelo neoliberal se incrusta en el núcleo duro de la conciencia de la sociedad civil, imponiendo una forma de entender la sociedad que sobrepone la participación en el mercado por sobre la democracia y la participación política.

5. Pedro Morandé: una reconstrucción del sentido

El siguiente análisis se centra en el prólogo del libro Cultura y modernización en América Latina, escrito por Pedro Morandé y publicado el año 1982 por primera vez. El prólogo, que también fue escrito por el autor, posee, a nuestro entender, importancia tanto sintáctica como semántica. En cuanto al primer elemento, nos referimos a lo que van Dijk (1980) señala como superestructura textual. Claramente, el prólogo es una instancia bien determinada y establecida en la macrosintaxis de un libro, especialmente en uno científico. Su ubicación es inicial, sintética e introductoria para todo el texto que le sigue. En estrecha relación con lo anterior, y desde un punto de vista pragma-semántico, el prólogo representa una suerte de macroproposición y macroacto (van Dijk, 1980) que reúne, de manera resumida, las proposiciones centrales contenidas en el libro y da cuenta de la necesidad de certidumbre en y del contexto de producción de la obra.

Se trata de un texto en el cual, como veremos, Morandé sintetiza las principales temáticas que abordará luego en su libro y donde da a conocer claramente los puntos de vista ideológicos que regirán parte fundamental de su obra.

Ciertamente, una de las primeras y principales características de este texto que llaman la atención, es el carácter normativo y prescriptivo del mismo. Este se realiza discursivamente mediante tres elementos: la modalización empleada por el autor, la construcción de grupos de pertenencia y de no pertenencia (referido, específicamente a comunidades académicas y corrientes de pensamiento) y las estrategias de construcción de paradigmas positivos y negativos que organizan el prólogo. Como sabemos, el empleo de recursos lingüísticos que configuran una estrategia discursiva se da de manera estrechamente interrelacionada, de modo que las tres categorías anteriormente señaladas no ocurren de manera aislada; además son complementadas con otras estrategias discursivas empleadas por el autor que refuerzan o mitigan aquello que se desea resaltar o minimizar. Lo esencial, sin embargo, es que en el texto podemos reconocer un paradigma que ordena la prosecución y la realización de las estrategias discursivas.

En ese sentido, resalta el empleo por parte de Morandé de lo que Lavandera y Pardo (1986) denominan paradigma textual. De acuerdo a estas autoras, los textos están organizados sobre un número finito de paradigmas, entendiendo este término como «modelo a seguir» (Lavandera y Pardo, 1986:10). Es decir, cuando el hablante construye su texto, realiza elecciones referentes a las oposiciones semánticas que empleará y que usará con función de paradigma: de esta manera se dota de organización y de argumentatividad al texto. Los paradigmas, una vez elegidos, funcionan como moldes que contienen el desarrollo del texto. Dichos moldes contenedores regulan las alternancias posibles, las que, a su vez, construyen los paradigmas. En el caso de Morandé, claramente podemos distinguir ya desde la primera línea, que se presentará un patrón discursivo que se mueve entre lo deseable y lo indeseable, específicamente, entre la sociología deseable para los tiempos actuales y otra sociología que se debe superar. En ese sentido, el uso de las emisiones negativas y de la modalización, jugarán un papel clave en esta estrategia que, como veremos más adelante, redunda en una construcción ideológica de grupos disciplinares: los que hacen la sociología legítima y los que no.

El primer párrafo del prólogo es significativo respecto a lo que estamos señalando. Llama la atención, en primer lugar, la primera línea:

"Toda reflexión acerca de la vida social, por modesta que ella sea, surge de un diálogo con las circunstancias históricas de la época en que se realiza" (Morandé, 1982:9). Estamos aquí ante una suerte de declaración de principios o, en términos lingüísticos, de emisión líder (Pardo, 1996) que, como tal, deja muy en claro y desde un comienzo los límites pragmáticos y semánticos de las emisiones que seguirán. Toda emisión líder es una emisión que actúa como patrón para el resto de las emisiones que componen el texto. Es decir, esta emisión funciona como una constricción discursiva frente a lo que debiera ser la correcta reflexión. Se inicia con el adverbio abarcador "toda" que determina y da valor de plural al sujeto "reflexión". Se logra así, de manera aún sutil una modalización deóntica, especialmente mediante el uso del adverbio que redunda en que el valor de plural del sujeto reflexión sólo sea aparente: en realidad, el autor sólo concibe un tipo de reflexión. Dicha visión se refuerza con la frase preposicional que le sigue (por modesta que ella sea) que indica que prácticamente nada debería salir de esa norma planteada por Morandé.

Como vemos, rápidamente Morandé presenta las estrategias que anunciábamos. El lector es situado desde la primera línea en adelante ante un modelo de paradigmas positivos y negativos. En el primer párrafo, y de manera inicial, conocemos el patrón deseable relacionado con la reflexión. Este lexema (reflexión) es significativo, ya que se convierte en el sujeto gramatical de la emisión líder y, por lo tanto, es actor importante de las constricciones que dicha emisión plantea al resto del discurso. No sólo destaca debido a su alta repetición léxica, además, desde el punto de vista de la cohesión del texto (Halliday y Hasan, 1976) cumple una función de referente principal al que se alude constantemente. En torno a esta macroproposición gira el paradigma de lo deseable y lo no deseable en esta parte del prólogo. De hecho, luego de presentado el sujeto principal (reflexión) éste se convierte en el protagonista de los procesos de diversas cláusulas en las cuales Morandé, siguiendo su estrategia, opta por el empleo seguido de procesos relacionales. Veamos la lista de las oraciones de este primer párrafo en las cuales la reflexión cumple un papel de agente:

Su intención es siempre trascender...
ello es posible sólo a condición de que...
la reflexión es también parte de su contenido
no es mera determinación
pero es parte fundamental del mismo
A través de la reflexión es la época quien se expresa.

Como vemos, el lexema reflexión que es sujeto implícito y explícito- de estas cláusulas se representa con una seguidilla de procesos relacionales que se expresa en el verbo. Como tales, éstos no dicen relación con acciones o eventos, sino con el significado acerca del estado de las cosas (Eggins, 1996). La representación de dicho significado, de lo que debe y de lo que no debe ser, es coherente con el paradigma deseable/no deseable ya identificado en la estrategia de Morandé, sólo que ahora se logra la representación de esa idea mediante el empleo de procesos relacionales. Igualmente significativas son las emisiones centrales que marcamos en negrita. La primera es una frase negativa que mantiene el carácter de proceso relacional. Aquí encontramos lo no deseable y que sirve para refutar otras miradas acerca del estado de las cosas que se aborda. La segunda está encabezada por una conjunción adversativa que precisamente adversa la negación anterior y da paso nuevamente a lo deseable. La aparición de estas emisiones negativas no sólo tienen importancia con relación a la estrategia de construcción de paradigmas que sigue Morandé.

"No es mera determinación exterior al pensamiento ni corresponde tampoco a la totalidad de su contenido (Morandé, 1982:9)" Estamos aquí ante una marca de polifonía que de manera sutil anuncia la existencia de otros que no comparten la representación del estado de las cosas que Morandé propugna. La presencia de adverbios negativos (no, tampoco), sumada a la de la conjunción copulativa (ni) que permite seguir negando, contrasta con el resto del texto que, fundamentalmente, presentaba afirmaciones. El papel que funcionalmente cumplen estos ítemes lexicales es el de operar como negaciones metalingüísticas: como tales, toman dentro de su ámbito a toda la oración y se utilizan para refutar una proposición anterior, presupuesta o efectivamente proferida a la que también afecta como un todo (Sánchez, 1999). Por lo tanto, aquí Morandé está refutando voces que opinan lo contrario, es decir, que afirman lo que Morandé niega. Por ello, sostenemos que estas negaciones introducen voces antagónicas y prefiguran la existencia y la construcción de grupos de no pertenencia respecto del autor y de los puntos de vista que defiende. En ese sentido, la estrategia de cambios paradigmáticos seguida hasta ahora por Morandé entre lo que es y lo que no es deseable para la reflexión acerca de la vida social, comienza a adquirir un matiz ideológico dado por la incipiente construcción de lo que van Dijk (1996) denomina ingroups-outgroups.

Antes de que ello se vuelva completamente evidente, Morandé vuelve a reforzar lo deseable y la correcta reflexión con una emisión que muestra una tajante modalidad epistémica (Ridruejo, 1999):

La adecuada comprensión de este fenómeno es indispensable para apreciar tanto las limitaciones como las potencialidades de la problemática que queremos construir en estas páginas: Cultura y modernización en América Latina. (Morandé, 1982:9)

Así se inicia el segundo párrafo; tiene una estructura similar al primero y, en ese sentido, ambos refuerzan el carácter normativo del texto y abren desde sus posiciones introductorias espacios discursivos que anuncian la emergencia en el texto de discurso ideológico. Si bien el determinante adecuada sugiere más de un caso de compresión, los demás serían menos adecuados, entonces la apertura se cierra inmediatamente y todo ello nuevamente en una representación de un proceso relacional seguido del adjetivo reforzador indispensable. Es igualmente interesante observar por primera vez la emergencia de un recurso que será usado en determinadas y pensadas oportunidades por Morandé: la marca gráfica del doble punto. Se trata de una marca preferentemente orientada al lector, una suerte de señal cognitiva que anuncia que a continuación viene información relevante que el autor desea transmitir de manera preferente a la conciencia del receptor. De este modo, queda en foco una emisión precedida por la marca gráfica, lo que implica un especial énfasis sobre dicho mensaje. Cultura y modernización en América Latina: acerca de este tópico debe realizarse la adecuada reflexión y comprensión.

Ya hemos conocido el qué del asunto, falta ahora saber cómo se reflexiona y se comprenden adecuadamente los procesos culturales y la modernización de América Latina, de acuerdo a Morandé.

6. Construcción de grupos de pertenencia y de no pertenencia

Pedro Morandé construye en el prólogo de su libro gran parte de las estructuras discursivas que van Dijk (1996) describe como propias del discurso ideológico y que se ciñen a un patrón de construcción de grupos de pertenencia y antagónicos. Los antagonismos anteriores ya señalados por nosotros, se manifiestan mediante la alternancia de emisiones negativas/positivas, mediante la representación de procesos relacionales modalizados deóntica y epistémicamente que siguen un paradigma entre lo deseable y lo no deseable. En ese marco discursivo, el sujeto lógico y gramatical principal fue el sustantivo abstracto reflexión.

Cabe ahora fijarse en otra estrategia discursiva de Morandé. Inicialmente, la progresión textual del prólogo avanza sobre la base de cambios paradigmáticos entre lo deseable y lo no deseable. A este paradigma oposicional, se suma ahora otro: la construcción de grupos de pertenencia/ no-pertenencia. Esta estrategia, como muchas otras, ya se anuncia en el primer párrafo mediante el empleo de las emisiones negativas señaladas en el ejemplo anterior.

Esto significa que la situación histórica en la que tiene lugar la reflexión es también parte de su contenido. No es mera determinación exterior al pensamiento ni corresponde tampoco a la totalidad de su contenido. (Morandé, 1982:9)

Ya señalamos que estas negaciones metalingüísticas refutan proposiciones contextuales. Paralelamente, comienza a manifestarse un sujeto principal distinto que reemplaza al sujeto de reflexión. Ahora es acerca de la sociología latinoamericana que se predica. El énfasis está inicialmente puesto en lo negativo: descripciones detalladas, metáforas, opiniones polarizantes, atribución de acciones negativas a otros, etc., son algunos de los elementos propios del discurso ideológico que enfatizan lo negativo del otro y que Morandé usa para manifestar su oposición a una sociología estancada, con letargo intelectual y con horror a la crítica independiente (Morandé, 1982: X). Sintácticamente, lo fundamental de su cuestionamiento queda en foco en la última línea del párrafo, encabezada por una conjunción adversativa que le permite contraponer un concepto afirmativo que especialmente desea resaltar con otro negativo anterior, tal como lo muestra el subrayado.

No es la discusión intelectual interna (...) la causa de una parálisis, sino el abandono de preguntas que tienen por juez a la misma disciplina (Morandé, 1982:10). De ahí en adelante, luego de mostrar diversas características negativas del outgruop, la construcción de su grupo de pertenencia es explícita. Llama la atención, en ese sentido, la primera aparición de la primera persona plural que ocurre luego de una detallada descripción negativa del estado actual de la sociología. Se trata de un nosotros exclusivo que emerge como proceso mental (pensamos). Esta vez, la estrategia del paradigma oposicional entre grupos de pertenencia y de no-pertenencia se prolonga por más tiempo en el texto que el paradigma deseable/indeseable anterior. La culminación de este ciclo, sin embargo, es similar. Coincidentemente, se realiza nuevamente con una marca gráfica que inicia una interesante enumeración de escuelas y corrientes sociológicas. Recordemos que el empleo anterior del doble punto dejó en foco la emisión cultura y modernización en América Latina, ahora queda en dicha posición la modernización norteamericana

Durante todo el período correspondiente a este ciclo, las polémicas teóricamente elaboradas son importadas desde el norte: el tradicionalismo-modernismo norteamericano, el estructuralismo neomarxista francés, el racionalismo crítico antipositivista alemán, y el neoliberalismo norteamericano. (...) Como se ve, y no de mera casualidad, el ciclo se inicia y termina con la recepción del punto de vista norteamericano sobre la modernización. (Morandé, 1982:11)

Seguidamente, comienza una estrategia sobre la base de preguntas retóricas que interrogan acerca de la modernización en América Latina. El propio autor responde a ellas señalando -luego de un tercer doble punto- que el paradigma de la modernización en América Latina prescindía, hasta ahora, de toda reflexión acerca de la cultura propia.

7. Brünner: la fisura como fundamento

La manera en que José Joaquín Brünner presenta su discurso muestra algunas diferencias interesantes en relación con lo que realiza Morandé, pero ello no impide que encontremos una coincidencia en relación al acto de ruptura, de entierro del padre con visiones hasta entonces dominantes en la sociología latinoamericana y, específicamente, la chilena.

Recordemos que Morandé pasa de una inicial sutileza a una progresiva explicitud para mostrar sus planteamientos y, además, organiza claramente su progresión discursiva basándose en paradigmas oposicionales, especialmente aquellos que distinguen entre la deseable y la indeseable reflexión, por un lado, y los grupos de pertenencia y de no-pertenencia, por otro.

Esta estrategia no la vemos en El espejo trizado. La progresión textual, entendida como la construcción y el desarrollo temático de las ideas principales y aquello que refiere al texto como un todo significativo (de Gregorio y Rébola, 1996) es más lenta y menos evidente, especialmente en la primera mitad del texto. Ello se debe, en parte, al estilo discursivo empleado, tanto en lo referente a rasgos de estilo sintáctico y como a las figuras de estilo (Sandig y Selting, 2000) que usan. En ese sentido, resulta crucial para este análisis del discurso analizar el empleo de la metáfora un espejo trizado que se vuelve tanto pragmática como semánticamente estratégica. Cabe notar que ya desde un punto de vista superestructural (van Dijk, 1980), esta metáfora ocupa lugares de importancia: es el título tanto del libro como específicamente del prólogo que es objeto de nuestro análisis.

8. Metáfora y estilo

Esta metáfora es, a nuestro entender, claramente el recurso de mayor importancia del texto, aunque no es la única -aparecen otras como hundir el sol; nos leemos hacia delante; explosión de los sentidos; etc. Asimismo se evidencian diversas figuras retóricas como las comparaciones, las enumeraciones, la iconicidad mediante la combinación de palabras y oraciones (Gill y Whedbee, 2000), entre otras. Todo lo anterior produce una suerte de hibridez textual (Constantino, 2002, Pardo, 1996a), es decir, una cierta anomalía que enfrenta el lector producto de una combinación de elementos propios de diversos géneros. En ese sentido, resulta difícil en El espejo trizado definir categóricamente los límites entre un discurso propio de la narrativa y otro propio del ensayo científico. Existe, por un lado, una penetración en los juegos del lenguaje propia de una búsqueda y acercamiento a los fenómenos (Alvarado, 2002) y, por otro, un compromiso con la defensa de valores bajo la tradicional forma de exposiciones sistemáticas de argumentos que guían la búsqueda de sentido. Está en un canon, pero se balancea libremente en los márgenes del mismo.

La variación estilística es usada por Brünner en forma activa y significativa a lo largo del texto. De hecho, encabeza el prólogo con una cita en verso de Baudrillard. Mediante dicha variación se expresa una actitud hacia la situación que se aborda permitiendo una autopresentación tanto culta como comprometida y sugiriendo marcos interpretativos que se valen de esquemas narrativos experimentales.

9. Metáfora como red semántica

Sin embargo, mucho más importante y decidor nos parece el uso que se hace de la metáfora "un espejo trizado" como elemento ordenador del texto. Un empleo tan frecuente de una metáfora en un libro pensado para la comunidad académica es coherente con la hibridez textual señalada anteriormente; además, el recurso de la metáfora permite relacionar conceptos científicos supuestamente desconocidos con realidades más cercanas al público no iniciado (Cassany et al., 2000). En sus 41 páginas, esta metáfora aparece 16 veces. Sin duda, se trata de la figura retórica más frecuente, pero lo importante radica, más que nada, en que sus apariciones van dando forma al texto y apoyan su progresión global. La metáfora nos conduce a lo largo de estas páginas hacia lo que Pardo (1996b) identifica como punto de llegada que todo texto coherente tiene. En ese sentido, es un elemento que juega un papel clave en el ordenamiento y en la cohesión textual. Pero no sólo eso, con sus apariciones y con los elementos que la rodean cotextualmente y con aquellos que la constituyen -pues ella, en sí misma, experimenta ciertas variaciones- se establece una red semántica (Vasilachis, 1998). Dicha red se aprecia con mayor claridad si graficamos la estructura del texto de la siguiente manera y sobre la base de la metáfora (hemos subrayado los elementos que son especialmente significativos para el análisis).

Ejemplo:

1. 00El espejo está irremediablemente trizado (p.15).
2. 00El poder no puede recomponer el espejo trizado (p.16)
3. 00El espejo, donde la buscamos, está trizado y vuelto a trizar (p.20)
4. 00El espejo de la cultura se ha trizado irremediablemente (p.21)
5. 00Nada sobre ese espejo trizado por los ídolos de la interpretación, tiene el valor absoluto... (p.22)
6. 00Que se constituya precisamente como un espejo trizado, pero reflexivo (p.23)
7. 00Ese espejo trizado (...) nos ofrece las imágenes cambiantes (p.24)
8. 00La cultura, nuestro espejo trizado, es la que da formas a los sentidos (p.25)
9. 00El espejo ya no estaría trizado (p.26)
10. 0La trizadura del espejo es, por tanto, también temporal (p.28)
11. 0No nos miramos en un espejo trizado de las mismas maneras (p.30)
12. 0En suma, nuestro espejo trizado, la cultura en que nos miramos, nos deforma (p.36)
13. 0Las ironías del espejo trizado (subtítulo) (p.37)
14. 0Ambas formas de la ironía no son más que reflejos del espejo trizado (p.37)
15. 0Descubrirnos (...) en el espejo trizado de nuestra cultura (p.39)
16. 0Pensar (...) la trizadura del espejo (última línea del texto) (p.41)
Como vemos, la metáfora sirve para construir una red semántica sobre cuya base se configura una red de significados y se progresa discursivamente. En la primera parte del texto, que abarca desde la primera a la quinta emisión, se enfatiza la trizadura del espejo mediante el empleo oraciones aseverativas, junto a adverbios y verbos modales que refuerzan el valor de verdad de la aserción (irremediablemente; no puede...) y que operan como indicadores de actitud (Kovacci, 1999). De esta manera, se modaliza tanto lógica como discursivamente el texto en pro de la postura que señala que el espejo está trizado.

Luego viene un cuerpo central (emisiones 6 a 12) que, como tal, es el centro, tanto de la red semántica como de todo el texto. Se inicia con una emisión que nos sorprende: "un espejo trizado, pero reflexivo". Lo significativo aquí está indicado, en primer lugar, por la conjunción adversativa (pero) que resalta el carácter reflexivo del espejo por sobre su condición de trizado, adquiriendo el segundo determinante (reflexivo) más importancia que el primero (trizado). De esta manera, este miembro oracional se presenta como atenuador de alguna conclusión que se pudiera sacar del primero (Portolés, 1998); la inferencia que se busca que realice el lector tiene, entonces, que ver con lo reflexivo y ya no con la trizadura del espejo. Sin embargo, este carácter adversativo y atenuador no es sólo oracional, afecta, a nuestro entender, a todo el discurso de Brünner, ya que se trata de una frase que como unidad posee un significado de procesamiento en relación con todo su cotexto anterior. En este caso el pero condiciona la interpretación no solamente de la oración anterior, sino de todo lo dicho hasta ahora acerca del espejo trizado. Destaca, adicionalmente, la posición en foco (Tomlin et al.,2000) con la cual queda enfatizada, y, especialmente, el hecho de que por vez primera se presenta un atributo positivo y mental ligado al espejo (reflexivo), humanizando a este sujeto inanimado que hasta ahora había sido determinado por su condición de trizado.

Asimismo, el carácter central de esta parte de la red semántica está dado por la aparición, por vez primera, del pronombre personal nos, ligado a la metáfora, lo que sucede en la siguiente emisión, la nº7: Ese espejo trizado nos ofrece las imágenes cambiantes.

Esto ocurre en la página 24 y va configurando y anunciando algo que se realiza finalmente en la página 25 y en el octavo uso de la metáfora: la aparición de un nosotros exclusivo: la cultura, nuestro espejo trizado, es la que da formas a los sentidos.

No sólo destaca la aparición de este nosotros exclusivo. Tras un uso reiterado en las páginas anteriores del nosotros inclusivo, resulta especialmente significativo que en esta parte del texto Brünner desambigua, traduce y devela su metáfora. Los lectores sabemos ahora qué es el espejo trizado: la cultura. Seguidamente, en la novena aparición de la metáfora (página 26) resalta el primer uso del condicional (el espejo ya no estaría trizado) que predica acerca del espejo en una dirección opuesta a aquella que hasta ahora nos indicaba que el espejo estaba irremediablemente trizado.

Por todo lo anterior, esta se constituye en la estructura central del nudo semántico de Brünner: la adversatividad, el nosotros exclusivo, el condicional, etc., son todos elementos que contribuyen de manera esencial a la estrategia discursiva. Tras la humanización del espejo y dotándolo de un carácter mental (reflexivo) nos enteramos que el espejo ya no estaría trizado y de estarlo, dicha trizadura sería temporal.

10. Las oposiciones: ideología y cultura

Es en este mismo contexto que aparece por primera vez un uso antagónico de la tercera persona que, al igual como ocurrió en el prólogo de Morandé, construye un grupo de no-pertenencia respecto de los autores.

Para ellos el espejo de la cultura es meramente un espejismo, una fantasmagoría, el reino de una representaciones que nos seduce y nos enredan en los hilos invisibles de la ilusión. Otros, en cambio, pensamos, que ese espejo trizado por la explosión de los sentidos y de sus interpretaciones, por la acción de los ídolos que pueblan la sociedad y nuestro entendimiento, nos ofrece las imágenes cambiantes, cifradas, seductoras también, en medio de las cuales tenemos que construir identidades, proyectarnos, sacar a luz un sentido, hacerlo, creándonos para nosotros mismos... (Brunner, 1987:24).

Este es el cotexto inmediatamente anterior a la octava aparición de la metáfora (la cultura, nuestro espejo trizado), es decir, tras esta adversidad socio-discursiva, aparece el uso del nosotros exclusivo en relación con una metáfora que se devela. Luego de la parte central del nudo semántico analizada más arriba, las oposiciones afloran con fuerza y, de manera similar a lo que ocurrió con Morandé, se vuelven un molde paradigmático que ordena el texto.

Emerge ahora el paradigma oposicional fundamental y en base al cual se estructuran los diversos antagonismos: la tensión entre los conceptos del ideología y cultura. Si en las sociedades capitalistas avanzadas, situadas entre la modernidad y la postmodernidad, la cultura es terreno de la impaciencia y la política de la paciencia, en nuestros países ocurre lo contrario. Situados entre la premodernidad y la modernidad, la política aquí es tierra de vanguardias, de agitación y la cultura de conservación. Si en el centro la cultura moviliza a la política, en la periferia la política es el lugar de las incertidumbres y los proyectos.

Entonces, al mirarnos en el espejo trizado, rodeados de todas esas oposiciones (premodernidad/modernidad/postmodernidad; paciencia/impaciencia; vanguardias/conservadurismo; centro/periferia, etc.) descubrimos la pretensión excesiva de las ideologías (Brunner, 1987:39) y vemos que la divergencia de ritmos que provoca la tensión entre ideología y cultura abre un espacio -una trizadura- que permite vernos, no como tradicionalmente lo hemos hecho en América Latina, con los ojos de la política y su secuela de ideología e ideologismos (Brunner, 1987:39), sino tendiendo un puente entre la paciencia y la impaciencia, entre política y cultura. Sólo una observación desde la trizadura, es decir, desde las tensiones y oposiciones presentadas, permitirá descubrirnos y conocernos. Quienes lo hacen, son parte del grupo de pertenencia, quienes no siguen esa mirada, pueden sumarse al entierro del padre. En ese contexto, Brünner vuelve al nosotros y resignifica la trizadura del espejo. La fisura es el lugar de la nueva mirada que emerge sobre la base de la oposición cultura/ideología, se trata del terreno desde donde, como diría Morandé, se puede hacer la adecuada reflexión.

11. Comentarios finales

Resulta excesivamente ambicioso llegar a conclusiones respecto de un problema tan amplio, complejo e inexplorado como es el de los textos de la sociología chilena producidos durante el período de la dictadura sobre la base de un análisis de dos prólogos, por representativos que éstos sean. No obstante, creemos haber realizado un análisis detallado tanto textual como contextualmente de dos textos que son fundamentales para la disciplina en nuestro país, al igual que sus autores. Ello nos permite esbozar una hipótesis interpretativa fértil para abrir el estudio de este canon a otras disciplinas, superando así la sociología de la sociología, reemplazándola por una propuesta metodológica de carácter socio-discursivo.

Por otra parte, la inclusión de la metáfora psicoanalítica "muerte del padre", que es en realidad su asesinato, la evaluamos como provocadora y, al mismo tiempo fructífera, para dar cuenta de un proceso radical que se vivió y del intento de superación del mismo: la vivencia de la incertidumbre provocada por variables internacionales, latinoamericanas y nacionales. La crisis interpretativa de la sociología chilena es un fenómeno tremendo que deambula entre la explicación de la crisis de sentido global como crisis de la racionalidad occidental, hasta la incertidumbre frente a la situación personal en un ambiente concreto de violencia. En ese marco, la necesidad de matar al padre surge por la creciente entropía de la realidad sociocultural y la escasez de categorías para interpretarla, ya no digamos, cambiarla. Le ocurre a buena parte de la sociología chilena lo que al niño en la adolescencia, intensificado por un contexto de violencia extrema.

Sin embargo, vale la pena en esta convergencia establecer una distinción entre Brünner y Morandé: mientras este último construye discursivamente su certidumbre, Brünner asume una postura de encuentro con los fenómenos que baraja y manifiesta una incertidumbre siempre latente. Ambos aniquilan a sus padres -científicos e ideológicos- para manejar los nuevos contextos, desde diferentes estrategias discursivas.

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