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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.24 Valparaíso  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552002002400027 

Risques Corbella, Manel - Vilanova Vila - Abadal, Francesc - Vinyes, Ricard (ed.), Les ruptures de l'any 1939 (Barcelona, Fundació Carles Pi i Sunyer, Publicacions de l'Abadia de Montserrat, 2000), 218 págs.

El primero de los capítulos (pp. 9 - 33), escrito de la mano de Oriol Pi - Sunyer i Cuberta, Profesor de la Universidad de Massachussetts, comienza con un recuerdo de los exiliados que tuvieron que abandonar Cataluña en 1939, a consecuencia de la dramática Guerra Civil española. Fecha trascendental fue la de 26 de enero de ese mismo año, momento en el que las tropas franquistas entraron en Barcelona. Estos exiliados forzosos tenían como nexo común la propia referencia cultural. El tema de los exiliados, de hecho, llegó a ser una de las peticiones que el Consejo Nacional de Cataluña hizo a la ONU en 1945 (p. 26).

El Consejo Nacional de Londres es objeto de estudio por parte de Francesc Vilanova i Vila - Abadal (pp. 35 - 54), miembro de la Fundación Carles Pi i Sunyer, que analiza la caída de Francia en junio de 1940 que vino a marcar el fin de la primera etapa del exilio catalán. Efectivamente, en territorio francés quedaron atrapados el principal grupo de dirigentes republicanos, comenzando por el Presidente de la Generalitat y una buena parte de parlamentarios, escritores, intelectuales y dirigentes de partidos políticos. En abril de 1939, Carles Pi i Sunyer se encontraba en Londres con la pretensión de crear una delegación de la Presidencia de la Generalitat en Gran Bretaña, pero sin que se rompiera de forma radical con la legalidad anterior. Los interlocutores propuestos para el Consejo fueron Batista i Roca, Pi i Sunyer, discípulos y antiguos colaboradores de la Consejería de Cultura o del Ayuntamiento de Barcelona, junto a otros varios. Su organización pretendía presentarse en forma de federación de Comunidades Catalanas. A finales de 1941 las posiciones de cómo iba a presentarse el Consejo estaban ciertamente enfrentadas. Pero la paralización del Consejo durante casi año y medio supuso un mal irreparable, pues no fue capaz de afrontar la defensa de los exiliados (p. 48). Años más tarde, en 1943, los dirigentes del Consejo de Londres decidieron reactivarlo, pues su situación se encontraba en fase de "impasse". De este modo, el 24 de agosto de 1944 se elaboró la Declaración del Consejo Nacional de Cataluña, que tenía carácter bastante más moderado que la de 1940.

Martí Marín i Corbera, Profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, reflexiona sobre el poder local en el período franquista (pp. 55 - 67). Su estudio le lleva a la conclusión de que el franquismo fue socialmente restaurador, en cuanto que vino a regenerar el orden social perdido progresivamente a partir del 14 de abril de 1931. Una de las principales obsesiones del régimen franquista fue asegurarse la fidelidad del personal funcionario. Por este motivo, comenzó una fase de depuración y de cese de todos aquellos que se manifestaban contrarios al nuevo régimen. Otra medida fue la adopción de una nueva política de distribución de competencias entre la Administración Central, la periférica y la local (p. 57), así como la reducción de los presupuestos locales.

La organización del poder franquista en Lérida en 1938 ha sido el tema propuesto por Joan Sagués San José, Profesor de la Universidad de Lérida (pp. 69 - 93). Lérida fue una de las primeras ciudades catalanas ocupadas por las tropas franquistas. Estos militares causaron numerosos problemas de convivencia y de orden público, que desembocaron en abusos de todo tipo.

La transición de la Guerra Civil española a la Segunda Guerra Mundial fue un período difícil. En esta colaboración de Francis Sureda, Profesor de la Universidad de Perpiñán (pp. 95 - 105), se describen los problemas económicos que plantearon al Estado francés el mantenimiento de los campos de concentración. Por este motivo, en el otoño de 1939 el gobierno emprendió una política de repatriación y de acercamiento de las familias a Francia. Se estima que el número de españoles que trabajaron a finales de 1940 en las empresas francesas y alemanas de Francia fue de unos 200.000 aproximadamente. Por otro lado, surgieron numerosos grupos de resistencia como el de los guerrilleros españoles, que tuvieron una actuación decisiva saboteando las vías férreas, las líneas eléctricas, la recuperación de armas, la difusión de diarios clandestinos, etc.

El deseo de los italianos esperanzados en la guerra, que comenzó en 1939, ha sido descrito con todo detalle por Luciano Casali, Profesor de la Universidad de Bolonia (pp. 107 - 128), que ofrece numerosos testimonios de los sentimientos de los españoles y sus vecinos, los italianos, del apoyo manifestado a Hitler. En realidad, se pretendía convencer a la opinión pública italiana de la superioridad militar, de la expansión europea y mundial de las ideas fascistas, y de que la democracia se encontraba en un período de crisis y decadencia. De este modo, se justificaban las reclamaciones de expansión territorial que estaban representadas por Italia y Alemania. Se utilizaba, de este modo, un lenguaje militarizado, con el ánimo de crear un ambiente bélico y de heroísmo.

Un estudio sobre la Ley de Responsabilidades Políticas del régimen franquista nos lo ofrece Àngel Garcia i Fontanet, Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (pp. 129 - 152). Esta Ley reflejó con total exactitud la actitud de los vencedores ante los vencidos. Tenía una naturaleza penal y procesal, de carácter especial y excepcional, y sin carácter retroactivo, ya que venía a sancionar las actuaciones u omisiones a partir del 1 de octubre de 1934. La Ley de Responsabilidades políticas permitió la condena de acusados ausentes o desaparecidos (arts. 46 - II, 48. Primera, 50, 57). Al mismo tiempo quebró el dogma de que la responsabilidad penal era personal e intransferible y ordenaba que las sanciones económicas impuestas a una persona responsable muerta fuera transmisible a sus herederos. Por otro lado, puede afirmarse la ilegalidad del sistema punitivo de esta Ley, en cuanto que venía a imponer penas muy graves, no previstas en la legislación penal de la época. Garcia i Fontanet afirma que "la Ley de Responsabilidades Políticas va a ser una norma represiva de la posguerra, dictada por un gobierno que representaba la España tradicional, conservadora, integrista, ultramontana y, en cierto modo, fascista" (p. 150).

Manel Risques Corbella, Profesor de la Universidad de Barcelona, hace un estudio documental sobre la ejecución del General José Aranguren en abril de 1939 (pp. 153 - 169). Este personaje fue detenido en Valencia, a principios de abril, y trasladado a Barcelona acusado de rebeldía militar. El proceso se abrió el 10 de abril y fue instruido por el Coronel Roberto Zaragoza. El Consejo de Guerra se celebró cinco días más tarde y la sentencia se dictó el 15, con una pena de muerte que fue ejecutada el día 21. En su defensa, se alegó que él no había actuado contra el ejército y que no se le podía hacer responsable de los desórdenes y abusos cometidos, en cuanto que tenía una categoría subordinada. Valls Taberner tuvo conocimiento de este caso y se le pidió auxilio.

Un análisis económico y político de las clases populares en el régimen franquista nos lo ofrecen Carme Molinero y Pere Ysàs, Profesores de la Universidad Autónoma de Barcelona (pp. 171 - 183). El nuevo régimen nacionalsindicalista tenía como principio la destrucción de las reformas republicanas, así como la libre asociación de los trabajadores. El Fuero del Trabajo, aprobado en 1938, definía el nuevo Estado como nacional y sindicalista. De hecho, los sindicatos franquistas dependían del partido único FET - JONS. En definitiva, el sindicalismo vertical y la legislación laboral franquista aseguraban el control, la disciplina y la subordinación de los trabajadores.

Joseph Corredor - Matheos, escritor y crítico de arte, dedica unas páginas al arte catalán (pp. 185 - 198). El régimen franquista se caracterizó por su "represión cultural" con la muerte y el exilio de numerosos artistas. Pero, además, favoreció la propaganda, lo que determinaba una clara relación entre el arte y la política. En realidad, no se mostró especial interés por la estética, sino como medio de propaganda. La estética se limitaba a las grandes concentraciones con toda la teatralidad, que recordaba a los movimientos nazis o fascistas. Uno de los principales monumentos de la época fue el dedicado a los Mártires de la Diagonal, en Barcelona, inaugurado el 29 de octubre de 1951.

Finaliza el libro Maria Josepa Gallofré Virgili, Profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona (pp. 199 - 211), con un análisis del nuevo lenguaje de esta época, que imbuyó el sistema educativo y los distintos medios de comunicación, escritos y orales, existentes. Con este nuevo lenguaje se pretendía conseguir una meta bastante difícil: la reconciliación de dos Pueblos.

Esta obra conmemora el sesenta aniversario de la caída de Cataluña, en 1939. En ella ha participado la Fundación Carles Pi i Sunyer, que presentó un proyecto ambicioso con el título Les ruptures de l'any 1939 en el Parlamento de Cataluña, y que vino a representar lo que ya se conoce como el "año cero". Detrás de todo está ese destacado especialista en el mundo del exilio catalán que es Francesc Vilanova i Vila - Abadal.

Guillermo Hierrezuelo Conde

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