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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.24 Valparaíso  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552002002400022 

Melkevik, Bjarne, Réflexions sur la Philosophie du Droit (Québec, Les Presses de l'Université de Laval y Éditions L'Harmattan, 2000), 214 págs.

Con esta obra, que se cuenta entre las últimas del noruego Bjarne Melkevik, Catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad de Laval, el autor pretende determinar el mismo fundamento y la razón de ser de la Filosofía del Derecho, a que tantas discusiones ha dado lugar. Hace un planteamiento con elementos novedosos, y con ello contribuye a una actualización continua del proyecto jurídico en cuestión. De ahí que estas Reflexiones representen un hito en la ciencia iusfilosófica más reciente, y para ello parte de la premisa de que el individuo es un actor autónomo del proyecto jurídico moderno en cuanto que la autonomía de los sujetos de derecho tienen una importancia vital en este análisis (pp. 1 - 2). No faltan alusiones a autores de la talla intelectual de Ronald Dworkin o John Rawls, que le atribuyen un carácter de naturaleza ética a esta nueva concepción de la Filosofía jurídica, por la que aboga Melkevik, y viene a introducir en este nuevo concepto, el análisis del mercado, la globalización y otros aspectos monetarios, a los que no se les han dedicado muchas páginas por parte de la moderna Filosofía. No se trata de un "derecho ético", sino de superarlo, en palabras del propio B. Melkevik, para introducir un concepto que denote el carácter democrático del mismo (pp. 2 - 3). En el primero de los capítulos comienza haciendo unas reflexiones sobre la enseñanza de la Filosofía del Derecho y el por qué de proceder a su estudio (pp 7 - 16), cuestión que consideramos inoportuna en cuanto que, como ciencia que es, no necesita justificar la necesidad de su existencia, ya sea de naturaleza técnica o social. Una de las aportaciones más importantes en este nuevo planteamiento es que viene a ofrecer una concepción democrática del Derecho, en cuanto que ésta es una de las principales funciones a la que debe aspirar esta disciplina que representa "un valor en sí misma" (pp. 15 - 16).

Relaciona la Filosofía del Derecho también con la solidaridad (pp. 17 - 33, en el cap. 2). De forma previa define su concepto desde el punto de vista ético, a la vez que la entiende por un lado como un "hecho social" y como "cohesión social", al mismo tiempo que un "deber". B. Melkevik encuentra el fundamento de esta solidaridad en una moral de toda la humanidad y no sólo de unos pocos de sus miembros, y la concibe como un proceso de socialización y de personificación de cada uno de nosotros (p. 21). En los últimos lustros han surgido numerosos movimientos solidarios que proclaman a voces la defensa de la solidaridad; la mayoría de los mismos se sitúan a partir de 1960. Concepto éste que entra en crisis con la problemática en la que se encuentra imbuido el Tercer mundo, con la guerra de Vietnam, con la tensa realidad de Palestina, y otros conflictos por todos conocidos en la actualidad. Lo que se impone en estos momentos es que toda la legislación moderna esté inspirada en procesos democráticos, que tengan su antecedente más inmediato en la Revolución francesa de 1789, verdadero hito en la cultura occidental. Esto, claro está, según Melkevik, lo que consideramos un lugar común, con el que no se ha debido romper demasiado la cabeza.

La identidad, la autodeterminación, la Ley, la afirmación son algunas de las cuestiones que se reseñan en el tercer capítulo (pp. 37 - 60). La primera de ellas se caracteriza por la nota de la universalidad, a la vez que hay que diferenciar entre la narrativa, la interpretativa, la argumentativa y la reconstructiva. Los nacionalismos ha sido otra de las temáticas que se tratan, dedicándole algunas páginas al conflictivo caso de Québec, que serán ampliadas en los dos últimos capítulos.

Algunos aspectos sobre la ampliación del Derecho autóctono canadiense son tratados en el capítulo 4, al mismo tiempo que se refiere el A. a la cuestión de la "identidad" en la Filosofía jurídica liberal contemporánea (pp. 61 - 78). Se analiza la neutralidad como uno de los principios fundamentales sobre los que se debe asentar el Estado, con la única y exclusiva finalidad de proteger las libertades individuales. En 1969 el primer Ministro de Canadá, Pierre E. Trudeau, elaboró un proyecto para abolir cualquier estatuto "autóctono" para estos territorios, que no llegó a fructificar en texto definitivo a consecuencia de las múltiples oposiciones. A modo de conclusión se niega a aceptar un liberalismo que rechace la idea de un Derecho autóctono colectivo (p. 78).

En el quinto de sus capítulos se definen conceptos tan abstractos como la dicotomía entre "culture légale" y "coutumière autochtone" (pp. 79 - 87) que viene a reconocer que el Derecho autóctono, una Nación o un Pueblo autóctono, debe estar formado por los descendientes actuales de los habitantes que ocuparon esos territorios en un determinado momento o por las gentes de otras culturas o de otros orígenes étnicos que llegaron posteriormente. La estimación que hace el autor asciende a unos 264 millones de personas de estos Pueblos autóctonos en todo el mundo, casi el 4% de la población mundial atendiendo a datos de 1991 (el Pueblo Amerindio en las Primeras Naciones de América del Norte y del Sur, los aborígenes de Australia, los pueblos de la montaña de Asia, las minorías nacionalistas de China, los pueblos de Siberia, etc.). De hecho, en Estados Unidos y Canadá las reivindicaciones de estos pueblos han supuesto el reconocimiento oficial de las culturas legales autóctonas, al mismo tiempo que los pueblos indígenas de América del Norte han reclamado la propiedad de determinados territorios; planteamiento que se remonta al s. XVI, época en la que filósofos y teólogos como Francisco de Vitoria (1492 - 1546), Francisco Suárez (1548 - 1617) y Bartolomé de las Casas (1484 - 1566) defendían los derechos autóctonos de estos territorios de la América septentrional al tiempo que consideraban a los indios con entidad suficiente para reconocerles derechos humanos.

Al referirse a la apreciación filosófica de la Metafísica y el Derecho, el cap. 6 (pp. 91 - 98) determina que la Filosofía del Derecho debe inscribirse actualmente en el ámbito de las perspectivas metafísicas en su relación con el "hiperrealismo" del pensamiento jurídico chino en un análisis comparativo con la cultura occidental. A continuación se refiere al pensamiento del que fuera profesor de la Universidad de París, Michel Villey, en su obra Les Carnets, publicada en 1995 (pp. 99 - 123). La Filosofía de Villey representa ante todo una reconciliación entre Derecho y Filosofía, y viene a concebir al hombre como hijo de Dios, que ama profundamente al Verbo. En el pensamiento de Villey hay que distinguir varias etapas: la que comprende desde 1961 a 1968, en donde existía un equilibrio entre Derecho y verdad, representada en Dios; y una segunda que se inicia el mismo año de las revueltas estudiantiles en la Francia de finales de los 60 y que implicó una pérdida de valores divinos. Los años de más significativo desarrollo de las teorías de Michel Villey fueron, sin embargo, entre 1970 y 1982, y fundamentalmente con la publicación de su obra Précis de Philosophie du droit, que venía a resumir toda su Filosofía y hacía un estudio de la sociedad estudiantil del momento. De retiro y desolación en cuanto a su obra pueden calificarse los últimos años del período comprendido entre 1982 y 1988, año de su desaparición física. El octavo de sus capítulos, siguiendo en la línea de los dos últimos, comenta la influencia de Villey en Québec y en el Canadá francófono (pp. 124 - 129 y 177 y ss.).

A la Filosofía de Friedrich A. von Hayek, y principalmente en su aspecto epistemológico, le dedica el capítulo noveno (pp. 133 - 151), por representar uno de los pensadores políticos y económicos más controvertidos de este siglo a consecuencia de sus particulares razonamientos y digresiones sobre fenómenos globales. La principal de sus obras Law, Legislation and Liberty, que recoge una trilogía, se refería a la racionalidad. Ante el temor de un abuso de la razón, que representa el fundamento epistemológico de Hayek, hace planteamientos antiracionalistas. Se tacha de moralista, al mismo tiempo que introduce un modelo de racionalidad "evolucionista", partiendo de Popper. Hayek explica su forma de entender el evolucionismo haciendo un análisis análogo al darwinismo clásico, y en base a ello entiende la evolución como la selección de aptitudes que se transmiten cultural y socialmente. Una vez que ha manejado estos conceptos llega a introducir la noción de justicia. Al mismo tiempo, parte de que los tres pilares centrales del pensamiento epistemológico están representados en los juristas, los legisladores y el juez (pp. 143 y ss.). La crítica de Melkevik a Hayek es oportunista y no tan profunda como cabría esperar. En cualquier caso el noruego ha intentado entender y criticar a Hayek, mientras con casi total seguridad Hayek no se habrá enterado todavía ni siquiera de que existe Melkevik.

La concepción de Derecho intersubjetivo, material y normativo en el pensamiento de Marx (pp. 152 - 169), así como su pensamiento crítico sobre la economía política constituyen el centro del capítulo 10. Para K. Marx el Derecho es una creación del hombre y, en consecuencia, un producto de origen social; y los sujetos, sus actores y lectores. En definitiva utiliza el concepto de "socialización del Derecho", lanzando una dura crítica contra las ideologías que impedían adquirir una nueva conciencia de lucha y actuando de esta manera en defensa del marxismo histórico. Otro de los autores comunistas objeto de estudio es Bronislavovich Pasukanis (o Pashukanis, 1891 - 1937) y su teoría del intercambio de mercancías (pp. 170 - 173), que tiene su origen en la tesis de Estado de Melkevik defendida en la Univesidad de París II. La principal de sus obras, La théorie générale du droit et du marxisme: une tentative de critique des concepts juridiques fodamentaux, publicada en 1924, y cuyo tema principal lo constituía la reflexión sistemática sobre la epistemología jurídica, analiza conceptos jurídicos como la norma jurídica, la relación jurídica, el sujeto jurídico, etc., así como económicos, como el de economía política clásica, al igual que Marx hiciera en su obra El Capital. Pasukanis proponía, para alcanzar el desarrollo social que propugnaba, que los conceptos jurídicos fundamentales se dotasen de un estatuto de abstracción, de universalidad y de sistemática; al mismo tiempo que rechazaba toda la tradición marxista desde Friedrich Engels, que venía a asociar el derecho al concepto de ideología de clase y de interés. Todo el pensamiento epistemológico de Pasukanis se encuentra asumido en su teoría de fetichismo jurídico, estableciendo una similitud con la teoría marxista del fetichismo, y llegaba a declarar que los conceptos jurídicos fundamentales explicaban las condiciones y las relaciones sociales en aquellos que hoy conforman la sociedad. En una palabra, el fetichismo jurídico viene a significar la teoría sobre cómo el derecho funciona en la sociedad, anteponiéndola frente a la tradición liberal del individualismo.

Esta obra conforma el segundo de los tomos que B. Melkevik ha dedicado estos últimos años a la Filosofía jurídica. Anteriormente, con sus Horizons de la philosophie du droit (Paris/Québec, 1998, 248 pp) analizaba el lugar que ocupaba esta nueva Filosofía en la sociedad actual. La valoración que podemos hacer de esta obra es la de su carácter general, tratando temas más de naturaleza sociológica y de Ciencia Política que encuadrables en esta nueva concepción de la Filosofía del Derecho, como los nacionalismos, centrándose en el caso particular de Québec, la globalización, la solidaridad o aspectos monetarios. En cualquier caso, destacamos la buena voluntad de Melkevik al escribir estas páginas, y su defensa de la Filosofía del Derecho, que por otro lado no necesita, por ser ciencia perfectamente consolidada, de ser defendida, aunque no vislumbramos, tras la lectura de este libro especiales sagacidades, que seguramente le suponemos al profesor Melkevik, pero que da la impresión de haberlas reservado para mejor ocasión.

Guillermo Hierrezuelo Conde

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