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Revista de estudios histórico-jurídicos

versión impresa ISSN 0716-5455

Rev. estud. hist.-juríd.  n.24 Valparaíso  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-54552002002400017 

Galván Rodríguez, Eduardo, El secreto en la Inquisición española (Servicio de Publicaciones de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Las Palmas de Gran Canaria, 2001), 228 págs.

Entre el numeroso conjunto de estudios relativos a la Inquisición española que han ido apareciendo en los últimos años, dentro de lo que sin duda es uno de los más destacados fenómenos historiográficos de las pasadas décadas, llama poderosamente la atención el poco interés que han levantado en ellos los aspectos procesales. Este desinterés, especialmente llamativo en cuanto la Inquisición como tribunal se vertebraba precisamente a través del proceso, ha comenzado no obstante a ser superado gracias a la labor de algunos jóvenes historiadores del Derecho que, bajo el magisterio de José Antonio Escudero López, director del Instituto de Historia de la Inquisición de la Universidad Complutense de Madrid, han tomado conciencia de la relevancia que dichos aspectos tienen para la completa comprensión de la institución inquisitorial.

Fruto de esta nueva preocupación ha sido la reciente publicación en España de dos obras interesantes, La sentencia inquisitorial de María del Camino Fernández Giménez, y el libro que ahora recensionamos de Eduardo Galván Rodríguez que, centrándose de lleno en uno de los caracteres más importantes del proceso inquisitorial -el secreto- coloca a su autor, profesor de Historia del Derecho y de las Instituciones en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en la peligrosa tesitura de escribir sobre un aspecto que por su propia envergadura podría resultar excesivo para quien, pese a sus ya indiscutibles méritos en el campo de la investigación iushistórica (y ahí se encuentra para confirmarlo su valioso estudio de la Diputación Provincial de Canarias), inicia en realidad sus primeros pasos por la oscura y compleja senda de la Inquisición.

Ciertamente realizar un estudio sobre el secreto en la institución inquisitorial era, por diversos motivos, una elección llena de riesgos. "Arma y alma de la Inquisición española", como el propio Galván reconoce en su libro, la propia generalidad del sigilo con el que desde un primer momento quiso dotarse al proceso inquisitorial (fundamentalmente por equipararse el delito de herejía con el de lesa majestad) y que rápidamente se filtró en todo el procedimiento, podía convertir la obra de Galván en un mero cúmulo de generalidades que a nadie interesase, o lo que es peor, en un pretencioso ejercicio de especialidad científica que por artificioso (en cuanto tratase de dar especificidad a lo que sólo adquiere significado en un sentido amplio) resultase también de completa inutilidad. La inexistencia de una concreta historiografía sobre el sigilo, salvo algún artículo aislado como "Consideraciones sobre el secreto del proceso inquisitorial" de Enrique Gacto Fernández (que no de otro modo se coloca en el vértice temático del presente estudio) o las necesarias referencias al mismo en obras generales como las de Kamen o el mismo Escudero, suponía también un arma de doble filo y un riesgo añadido, en cuanto que una obra que de modo específico tratase de cubrir las lagunas que existiesen sobre un aspecto de tal relieve como es el secreto, podría ser mirada a priori con cierto recelo por quienes de alguno u otro modo han convertido la materia inquisitorial en tema predilecto de sus investigaciones.

El resultado de la empresa no ha podido ser, en cualquier caso, más positivo. Galván no sólo ha conseguido evitar correctamente los diversos riesgos que amenazaban su trabajo sino que, haciendo gala de un talante cartesiano, ha sabido enfrentarse a ellos superándolos gracias a una bien meditada concreción tanto del objeto perseguido en la investigación (no sólo el marco normativo del secreto en el proceso inquisitorial sino también la consecuencia de su incumplimiento) como en la forma en la que, a lo largo de los tres capítulos que integran la obra, va desgranándolo con notable maestría. De modo que no podemos decir sino que la intención de Galván de colmar en lo posible las lagunas de conocimiento existentes sobre el secreto inquisitorial, bien meditadas y expuestas con humildad científica en la Introducción (y que eran entre otras cómo se traducía el secreto en la acción concreta de los tribunales, cómo se regulaba o quiénes y en qué medida estaban obligados a guardar secreto) se ha realizado cumplidamente. Por supuesto, no por agotar el tema estudiado (es ridículo que pueda pensarse que temas de tal envergadura como el secreto en el proceso inquisitorial puedan colmarse con una sola obra) pero sí porque supone, sin lugar a dudas, una aportación valiosísima que puede abrir un amplio campo de investigación hasta ahora poco cultivado.

También porque trata, como ya se ha apuntado, junto al tema del secreto la cuestión de su incumplimiento (el delito de quebrantamiento del secreto), un aspecto que al menos de cara a quien esto escribe ha resultado mucho más novedoso y enriquecedor que el secreto mismo, y al que no casualmente (pues aquí está su mayor aportación) Eduardo Galván dedica la mayor parte del libro logrando armonizar con habilidad ambos objetos. Sigue para lograr esta coherencia temática el autor una estructura de "capas de cebolla", tratando en cada uno de los tres capítulos en que se estructura la obra de ofrecer cada vez más luz sobre lo previamente enunciado, yendo desde lo general a lo particular, desde el secreto a su incumplimiento, para desde allí terminar por dotar de plena coherencia a su discurso, no siendo irrelevante como elemento de unidad, de argamasa, en este empeño el gusto del autor por la anécdota y la referencia al hombre como único protagonista histórico.

Así el primer capítulo es el más general, ocupándose en él de realizar el marco normativo del secreto inquisitorial. Para ello señala primero de manera cronológica las distintas normas que a lo largo de la vida de la Inquisición lo regularon y luego, entrando en otra capa, el secreto en la acción inquisitorial donde el sigilo se muestra en la vida concreta de los tribunales, estudiando el secreto en las causas de fe, en las informaciones de limpieza y, en general, en todas las actuaciones del Santo Oficio.

Dentro de este capítulo, el primer bloque, dedicado al estudio cronológico de las normas, resulta en todo caso especialmente destacable y útil para los investigadores, además de especialmente meritorio en cuanto es conocido lo difícil que resulta hacer este tipo de estudios en relación con la Inquisición dada la dispersión normativa (la no existencia de un «corpus iuris» inquisitorial) y el propio sigilo que se tenía con ella, moviéndose el autor desde las normas de la Inquisición medieval donde el secreto tenía aún naturaleza extraordinaria (el concilio lateranense de 1215, la carta apostólica Cum negotium de 1254, etc.), hasta la normativa sobre el sigilo en el siglo XVIII y las postrimerías del Santo Oficio (con un secreto tan debilitado como la propia Inquisición en aquellos tiempos), pasando por las disposiciones de los Reyes Católicos que convirtieron el secreto de medio extraordinario en ordinario o la Instrucción de Valdés de 1561.

Por su parte, el capítulo segundo y el tercero se centran en algo aún más particular, concretamente del quebrantamiento del secreto y las consecuencias que éste conllevaba; en el segundo tratando específicamente el tipo delictivo del quebranto del secreto siguiendo un criterio propio de la dogmática penal (bien jurídico protegido, sujeto activo y pasivo, formas comisivas y la pena), mientras en el tercero y último se ocupa del tribunal competente para conocerlo, siendo éste especialmente interesante en cuanto lo haría el propio tribunal inquisitorial aunque no se tratase de una causa de fe.

De este modo Galván concluye una obra interesante, compleja y correcta científicamente pero también de lectura sencilla y amena (por el gusto ya señalado del autor por la anécdota y su interés por el individuo, lo que le permite intercalar por ejemplo diversos fragmentos de la Cornelia de Dufour); una obra de profundo conocimiento archivístico (concretado en el buceo de diversos archivos provinciales y nacionales) muy recomendable para todo interesado por el tema inquisitorial.

Ciertamente algún lector se podrá sentir defraudado en algunos aspectos que el autor no trata con demasiado detalle (como por ejemplo la mera referencia que hace sobre ciertos aspectos institucionales o sociales, como las oposiciones de diversas Cortes castellanas y aragonesas al sigilo) pero en líneas generales es una obra que ofrece nueva luz sobre un tema (el secreto) que, quizás por obvio o general, carecía del suficiente análisis y del que Eduardo Galván, como si de un inmenso puzzle se tratase, ha colocado un marco riguroso; marco que ahora, por supuesto, ha de completarse, siendo sin duda el propio Eduardo Galván quien mejor y con más activos cuenta para llevarlo a cabo.

Emilio Lecuona Prats

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