SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.22 issue3Oral probiotics reduce the incidence and severity of necrotizing enterocolitis in very low birth weight infants author indexsubject indexarticles search
Home Pagealphabetic serial listing  

Services on Demand

Journal

Article

Indicators

Related links

Share


Revista chilena de infectología

Print version ISSN 0716-1018

Rev. chil. infectol. vol.22 no.3 Santiago Sept. 2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-10182005000300014 

  Rev Chil Infect 2005; 22 (3): 282-284

NOTA HISTÓRICA

 

Anotaciones sobre la parotiditis epidémica ("paperas")

Notes about epidemic parotitis (mumps)

 

ENRIQUE LAVAL R.

Ex Director del Hospital de Enfermedades Infecciosas. Santiago de Chile.


Durante los tres años en que Hipócrates (¿460-380? A.C) estuvo en la isla de Thasos, realizó importantes estudios clínicos y epidemiológicos, describiendo la parotiditis epidémica con una concisión notable, en su libro "Sobre las Epidemias": "intumescencia pre-auricular, algunas veces unilateral, más a menudo bilateral, diferenciándola de las tumefacciones supuradas del cuello; la enfermedad se presenta en los niños y jóvenes que concurren a la palestra o al gimnasio. Con frecuencia aparecen a continuación en los testículos flegmasias dolorosas; todo termina sin fenómenos críticos"1-9.

No obstante después de Hipócrates, se la confundía con las adenopatías del cuello, escrófulas cervicales o con la otitis2.

Aulo Cornelio Celso ("De Medicine". Libro VI. Cap. VII) insiste sobre la diferencia que es preciso hacer entre las parotiditis "que se producen en el individuo sano, seguidas de una inflamación", de las que aparecen al final de las fiebres prolongadas, porque en estas glándulas se efectúa un depósito de materia mórbida. Agrega que "siempre es preciso abrir estas últimas lo más pronto posible, mientras que se puede tratar las primeras con expercusivos". Pero "los enfermos no teniendo necesidad de recurrir a los cuidados de la farmacia" parecen desdeñar el estudio de la parotiditis, que Forestus "sacó del olvido" en 1567. Sin embargo, en esta época se continúa confundiendo bajo el nombre de "parotiditis" todas las tumefacciones de la región parotídea, sobre todo las adenitis específicas o no, las que Ambrosio Paré define así: "todo tumor contra natura que compromete las glándulas y las zonas vecinas que están debajo de las orejas".

Esta enfermedad ha recibido numerosas denominaciones: parotis maligna polymorpha, cynanche parotidea-maxillaris, angina externa parotidea, sialadenitis psyetica, catarrhus bellinsulanus, angina acuosa, fiebre urleana, cornes, paperas, etc. La sinonimia más utilizada en los países de habla española es la de paperas y en Francia, de fiebre urleana (de "ourlet" que significa "dobladillo")5.

En el siglo XVIII, Laghi y Mangor fueron los primeros en manifestar la naturaleza contagiosa de la enfermedad y hasta la segunda mitad del siglo XIX, la localización parotídea era todavía poco reconocida. En esta época, Trousseau, Rillier y Grisolle, establecen definitivamente la sintomatología y la especificidad de esta entidad nosológica. Ya en 1752, Pratolongo había recalcado su carácter epidémico2,3.

Hamilton en 1790, destacó la frecuencia de la orquitis como complicación de la parotiditis. Otras son señaladas en el curso de las descripciones de epidemias del siglo XVIII, pero sólo en la época contemporánea se las individualiza netamente. Se señala por una parte la diversidad de los compromisos glandulares, llamando la atención la localización sobre "esta glándula salival" que es el páncreas. Por otra parte, se insiste sobre la frecuencia y la posible gravedad de las localizaciones nerviosas señaladas bajo la denominación francesa de "oreillon cérébral" Chauffard y Boidin, muestran la gran frecuencia de la meningitis urleana2-4,8.

Alrededor de 1870, los médicos hablaban de la parotiditis como una enfermedad local, del tipo de una inflamación "a frigore" y Niemeyer en su tratado encuentra "que es ir muy lejos el pensar que la parotiditis es una enfermedad general, como lo quiere Rilliet"5.

Debería pasar algo más de 60 años para que en 1934, Johnson y Goodpasture probarán la etiología viral de la parotiditis: es un Paramyxovirus, emparentado con los influenza y parainfluenza, aislado por primera vez en 1945, por Habel, en cultivo de embrión de pollo, que se localiza en las glándulas salivales, eliminándose con la saliva, se disemina a través de la sangre, ubicándose en otras glándulas y en el sistema nervioso. De tal manera que se tiende a hablar más bien de distintas localizaciones del virus, que de complicaciones de la enfermedad parotídea3,10.

Pese a las numerosas localizaciones y a los síntomas, a veces alarmantes, su pronóstico es bueno. La mejor prueba está en la estadística de Catrin: "de 42.747 casos ocurridos en el ejército francés entre 1888 y 1893, sólo se registraron cuatro defunciones". Las encefalitis y la pancreatitis aguda, en todo caso, son situaciones graves. Así mismo deben valorarse entre las secuelas, la sordera y la esterilidad permanente3.

En el Códice Telleriano-Rennensis, que data de 1561, estudiado por Prem, se informa que en el año 1550, hubo una epidemia de parotiditis en Méjico, que sería la más antigua de América. La primera epidemia que se conoce en Norteamérica, se produjo en Boston, Massachussets, en el mes de mayo de 1699, en la cual no hubo letalidad. En 1895, se presentó en forma epidémica sarampión y parotiditis en Costa Rica11.

En la Historia de la Medicina en Chile, del doctor Eduardo Salas Olano, publicada en 1894, se lee: "a las epidemias de viruela, alfombrilla o sarampión, la influenza o garrotazo, las amigdalitis, también se agrega las parotiditis que se habían aclimatado, se puede decir, en nuestro país, en los últimos años del siglo XIX"12. En la estadística del año 1889, del Hospital San Juan de Dios, se menciona "que ese año ingresaron al hospital 198 enfermos, de los cuales cuatro figuraron con el diagnóstico de parótidas"13.

En el diario El Mercurio de Santiago, del día 6 de diciembre del año 1900, se escribe "que la Sociedad Médica se ocupó de la epidemia de alfombrilla y de otras enfermedades que simultáneamente aparecen en los niños, como las paperas"14.

En 1938, Antonio Tamargo y Eduardo Fritis, comunican el caso de un hombre de 26 años, con sordera absoluta en la evolución de una parotiditis epidémica, sin mejoría, quedando como lesión definitiva15.

Con posterioridad, Mario Rojas, Luis Jiménez y José Salazar efectuaron una revisión de 200 enfermos de parotiditis epidémica y sus complicaciones, atendidos en el Hospital de Enfermedades Infecciosas de Santiago, entre 1962 y septiembre de 1965, la mayoría con edades entre 10 y 29 años. Las localizaciones más frecuentes fueron la orquitis (32%), meningitis (22%), pancreatitis (10,5%) y ooforitis en cinco mujeres (2,5%). La evolución fue satisfactoria y no hubo letalidad, constituyendo la casuística más importante analizada en el país sobre aquella patología16.

La susceptibilidad al virus es alta, con tasas de ataques superiores al 85%, en individuos no inmunes, en contacto íntimo, propagándose la infección por las gotitas respiratorias contaminadas, desde un individuo infectado.

Si bien la notificación de la parotiditis epidémica es obligatoria, su omisión habitual, al igual que en otros países, no permite la información disponible para cuantificar la magnitud real de la infección. La enfermedad es endémica, intercalada por brotes que ocurren cada 2, 3 a 7 años, preferentemente a fines del invierno y comienzo de la primavera. La infección subclínica es frecuente (30%), siendo la inmunidad adquirida definitiva. El 85% de los casos clínicos se presentan bajo los 15 años y el 90% de los adultos es inmune14.

Las tasas de morbilidad varían de año en año, sobrepasando, en general, algo más de 200/100.000 habitantes, con menos de cinco muertes anuales.

En Chile, al comparar dos decenios: 1977-1986, con 171.647 casos notificados y 1995-2004 (hasta 16 de octubre de 2004), con 21.306, se observa que hay una disminución de la morbilidad del orden de 44,17%. En el primer decenio la tasa más alta fue de 227,7/100.000 en 1985 y en el segundo 19,4/100.000, correspondiente a 199517-20.

En 1948, Thomas Weller y John Enders cultivaron el virus parotídeo en el tejido de un embrión de gallina y, más tarde, trasladándolo de unos embriones a otros, obtuvieron una vacuna viva atenuada21.

Desde 1990, en que se inició la vacunación trivírica en Chile, contra sarampión, rubéola y parotiditis (cepa Jeryl Lynn) la tasa de incidencia se ha reducido progresivamente hasta estabilizarse entre 15 y 20/100.000, en los últimos años.

Debido a que el único reservorio del virus es el hombre infectado y a la disponibilidad de una vacuna eficaz, de fácil administración y virtualmente libre de riesgos, la parotiditis epidémica es una infección potencialmente erradicable14.

 

Referencias

1.- Bariety M, Coury Ch. Histoire de la Médicine. Ed. Librairie Artheme Fayard. París. Francia. 1963; p 94-113.

2.- Laignel-Lavastine. Histoire Générale de la Médicine. Ed. Albin Michel-París. Francia. 1952; p 124.

3.- Pedro-Pons A. Patología y Clínica Médica. Tomo VI. Enfermedades Infecciosas. Barcelona. España. 1952; p 572-81.

4.- Laveran A, Teissier J. Nuevos elementos de Patología y Clínica Médicas. Ed. Tipografía La Academia de Evaristo Ullastres. Barcelona, España. 1880; p 181-91.

5.- Debove G M, Achard Ch. Manuel de Médicine. Tomo VIII. Maladies Infectieuses. Ed. Rueff et. Cie. París. Francia. 1897; p 529-50.

6.- Top F H. Communicable Diseases. Ed. The C V Mosby Company. St. Louis. USA. 1955; p 679-91.

7.- Brugsch, Th. Tratado de Medicina Interna. Tomo I. Ed. Pubul. Barcelona, España. 1934; p 435-8.

8.- Sergent E. Infecciones a gérmenes desconocidos. Ed. Pubul. Barcelona, España. 1934; p 285-90.

9.- Bergmann V, Staehelin G R. Tratado de Medicina Interna. Enfermedades Infecciosas. Tomo II. p 758-65. Ed. Labor. Barcelona, España.

10.- Baum S G, Litman N. Mumps virus. En Mandell, Douglas and Bennett's Principles and Practice of Infectious Diseases. Fifth edition 2000. Churchill Livingstone, Philadelphia, USA. p. 1776-81

11.- Guerra F. Epidemiología americana y filipina. 1492-1898. Ministerio de Salud y Consumo. Madrid, España. 1999; p 620.

12.- Salas Olano E. Historia de la Medicina en Chile. Imprenta Vicuña Mackenna. Santiago de Chile. 1894; p 284-90.

13.- Laval M E. Historia del Hospital San Juan de Dios de Santiago. Imprenta Stanley. Santiago de Chile. 1949; p 223.

14.- Repetto D G. Enfermedades Infecciosas Inmunoprevenibles. Ed. Universidad Católica de Chile. Santiago de Chile. 2003; p 255-61

15.- Tamargo A, Fritis E. Sordera absoluta por parotiditis epidémica. Rev Méd Chile 1938; 66: 282-3.

16.- Rojas M, Jiménez L, Salazar J. Parotiditis epidémica y sus complicaciones. Revisión de 200 casos. Rev Méd Chile 1966; 94: 215-20.

17.- Ministerio de Salud de Chile. Boletín Epidemiológico de Chile 1987; 14-27.

18.- Ministerio de Salud de Chile. Enfermedades de Notificación Obligatoria. El Vigía 2000; 13: 28.

19.- Ministerio de Salud de Chile. Enfermedades de Notificación Obligatoria. El Vigía 2003: 18: 44.

20.- Ministerio de Salud de Chile. Enfermedades de Notificación Obligatoria. El Vigía 2004; 21: 47.

21.- Laboratorio Bayer. Crónica de la Medicina 1995; 8: 482.

 

Recibido: 11 abril 2005
Aceptado: 15 abril 2005

 

Creative Commons License All the contents of this journal, except where otherwise noted, is licensed under a Creative Commons Attribution License