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Revista chilena de infectología

versión impresa ISSN 0716-1018

Rev. chil. infectol. v.20  supl.notashist Santiago  2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0716-10182003020200028 

Rev Chil Infect Edición aniversario 2003; 82-83

Escarlatina en Chile

ENRIQUE LAVAL R.

Scarlet Fever in Chile


En el año 1827 se menciona por primera vez en Chile, la aparición de la escarlatina, en un informe del Protomedicato, publicado en los Archivos de la Facultad de Medicina.

Con posterioridad, en los años 1831 y 1832, hubo una epidemia, que comenzó en Valparaíso, pasando luego a Santiago, dejando 3.705 cadáveres en el primer año y 3.013 en el segundo. A propósito de ella, el doctor Guillermo Blest señalaba dos causas como productoras de la escarlatina: 1) "Un miasma específico engendrado por las grandes acumulaciones excrementicias estancadas que existían en las quebradas y otros parajes, por la ausencia total del agua y los vientos ordinarios del sur. 2) un estado o temperamento particular de la atmósfera, que predispone a la mayor parte de la población a ser afectada por aquel miasma". (El Araucano 4-1-1832).

Diez años después se produjo una nueva y grave epidemia de escarlatina. A requerimiento del Gobierno, en su calidad de Protomédico, el doctor Nataniel Miers Cox indica las normas para la curación de la enfermedad, a fin de divulgarlas en el pueblo. En su informe, publicado en el diario El Araucano del 4 de noviembre de 1842, el doctor Cox dice: "que es imposible detallar un método curativo de la fiebre escarlatina en general, respecto a que dicha enfermedad se presenta de diversos modos y que cada uno de ellos exige un tratamiento especial y diverso uno de otro, modificados éstos por la edad, sexo, complicaciones con otras enfermedades, complexiones especiales del sujeto, etc.

Que para dar una idea práctica de servir de guía en la asistencia de dicha enfermedad debe tenerse presente que la escarlatina en la epidemia reciente, suele presentarse de tres modos:

Simple, en que sólo hay un ligero dolor de garganta, alguna indisposición poco notable y en 30 a 40 días la erupción aparece más o menos extendida y formada de unas manchas coloradas en especial por el pecho, rostro y los brazos, de un color rojo subido: esta erupción se hace más o menos general y termina al 30 ó 40 día de su aparición. En este período basta sólo guardar un abrigo moderado para favorecer la erupción y tomar algunos ligeros atemperantes o bebidas frescas, cuando aquélla es algo fuerte y se siente mucho acaloramiento.

La segunda especie es la anginosa: el dolor de garganta es mucho más activo; suelen aparecer algunas manchas blancas en el interior de la garganta, la fiebre es fuerte, los dolores del cuerpo considerables y la hinchazón de la cara y de las manos casi siempre se nota. El método generalmente adoptado es: suaves cocimientos sudoríficos y algunos atemperantes como el agua de palqui, peros, sauco, borraja, etc. Suaves naranjadas o bebidas efervescentes hechas con el carbonato de soda o potasa. Gárgaras de malva con sauco y leche, lavativas dos o tres veces al día de agua de linaza con aceite. Si marchan bien los enfermos se sigue este plan, pero si las inflamaciones generales o parciales son activas, se recurre también a las sangrías locales o generales, aliviando infinito las sanguijuelas aplicadas a la garganta en número competente o bien en cualquier punto donde aparezca un dolor permanente más o menos agudo. Pero cuando la fiebre es fuerte, hay delirio, modorra o mucha dificultad de respirar, con dolor al tiempo de verificarlo y mucho encendimiento y ardor general del cutis, una sangría en proporción con las fuerzas del paciente es absolutamente indispensable.

La escarlatina maligna que es la tercera especie, de ordinario se presenta con fiebre y postración general, fatiga al estómago, arcadas y vómitos repetidos; en otras ocasiones con diarreas muy frecuentes, extremidades inferiores muy frías, sed, semblante abatido y aniquilamiento general de fuerzas. En tal estado lo primero es tratar de sujetar los vómitos y la diarrea, y volver el calor a la superficie: una infusión de té cargado, manzanilla y azafrán de Castilla, podrá ser ventajosa; algunas tazas de agua con claras de huevo batidas, lavativas de almidón con yemas de huevo y azafrán, aplicaciones de un sinapismo al estómago con mostaza y cominos, la repetición de estos a diversas partes del cuerpo, son auxiliares ventajosos donde se carece de médico. En donde existan profesores, el uso de mixtura alcanforada con licor de acetato de amonio y jarabe de azafrán, es el medicamento que ha dado mejores resultados

El doctor Guillermo Blest era más drástico para el tratamiento de la escarlatina, ya que aconsejaba en todas las formas clínicas "sangrías generales y tópicas y que estas se repitan junto con el baño tibio, vomitivos y purgas frecuentes y repetidas".

En la segunda mitad del siglo XIX, continúan produciéndose epidemias en el país de diversas enfermedades infecciosas: viruela, difteria, sarampión, fiebre tifoidea, tifus exantemático, etc. También el cólera constituyó un grave problema sanitario, sobre todo en los veinte o treinta años finales del siglo pasado.

Respecto de la escarlatina hay, en general, menos referencias, pero se sabe de brotes epidémicos en diversas zonas del territorio nacional. Por ejemplo, existe una relación del doctor José Serapio Lois, que es parte de una conferencia intitulada "Del clima de Copiapó, bajo el punto de vista higiénico", dada en la Sociedad de Caridad del Liceo de Copiapó, en 1876, publicada en el tomo V de la Revista Médica de Chile (1876-1877), en la que refiere una epidemia de escarlatina en dicha ciudad nortina. Dice así: "por el mes de mayo de 1875 se desarrolló una epidemia de escarlatina frecuentemente acompañada de angina diftérica, pero de carácter tan benigno como no podía esperarse. No tengo noticia de que haya muerto alguna persona, aun cuando se complicaba de angina membranosa y esto mismo me han asegurado mis colegas de profesión. Mas, por lo que toca a los accidentes consecutivos desarrollados en los riñones, los ha habido con la misma frecuencia y gravedad que suelen sobrevenir regularmente en las epidemias de escarlatina y me consta que han muerto algunos por estos accidentes. La epidemia de que tratamos terminó en Copiapó, según parece a fines del mismo año, pues no he vuelto a encontrar más enfermos de escarlatina sino en Caldera, a principios del 76".

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