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EURE (Santiago)

versión impresa ISSN 0250-7161

EURE (Santiago) v.27 n.82 Santiago dic. 2001

http://dx.doi.org/10.4067/S0250-71612001008200005 

Sociedad informacional y nuevas
tecnologías urbanas.
Entre la competencia y la cooperación1

Aída Quintar2 , Marcela Vio3 y Federico Fritzsche4

Abstract
Even though information and communication technologies have contributed to the deconcentration of productive activities, they have also led to the territorial concentration of the production of knowledge-based information. In this context, a growth of cities has been identified as the prevalent mode of human settlement. Supposedly, the interaction of this process with the development of information and communication technologies should bring about an increase in the proximity among people, thus developing more fluid social ties. However, this interaction cannot escape the dispersing effects generated by capital globalization. This paper deals precisely with this paradoxical development of informational society.

Key Words: Informational society, information and communication technologies, growth of cities, socio-territorial fragmentation .

Resumen
Si bien las tecnologías de la información y la comunicación (TIC’s) contribuyeron a la desconcentración de las actividades productivas, a la vez indujeron una concentración territorial de la producción de información basada en el conocimiento, así como de la gestión de la producción informatizada. En el marco de estos fenómenos se verifica un crecimiento de las ciudades como modo dominante de asentamiento humano. Supuestamente la convergencia de ese proceso con el despliegue de las TIC’s tendería a aumentar la proximidad entre las personas, facilitando el desarrollo de los vínculos sociales. Sin embargo, esta convergencia no logra escapar a los efectos disgregadores que genera la globalización del capital. Es acerca de ese desarrollo paradojal de la sociedad informacional que trata este artículo.

Palabras clave: Sociedad informacional, tecnologías de la información y la comunicación, formas metropolitanas, fragmentación socio-territorial.

1. Introducción

La creciente presencia de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC’s), íntimamente ligada al proceso de globalización del capital, parecería ser irreversible en el mundo contemporáneo. En tal sentido, cabe señalar que si bien las TIC’s contribuyeron a la desconcentración de las actividades productivas, a la vez indujeron a una fuerte concentración territorial de la producción de información basada en el conocimiento, así como de la gestión de la producción informatizada. En el marco de estos fenómenos, que acompañan al proceso de concentración y globalización del capital, se verifica un crecimiento generalizado de las ciudades como modo dominante de asentamiento humano5 .Esto, que supuestamente tendería a aumentar la proximidad entre las personas, facilitando el desarrollo de los vínculos sociales, converge con el despliegue de un conjunto de tecnologías de la información y la comunicación que potencialmente contribuirían al desarrollo de dichos vínculos. Sin embargo, esta convergencia no logra escapar a los efectos disgregadores que genera la globalización del capital.

En efecto, por una parte, se asiste a una creciente fragmentación del tejido social que se manifiesta territorialmente en una estructura urbana desarticulada, caracterizada por la coexistencia de territorios desvinculados que conforman lo que algunos autores definen como "archipiélagos urbanos" (De Mattos, 1997, 1998). Por otra parte, se detecta una forma de difusión de las TIC’s que profundiza las desigualdades sociales generadas por la expansión del capital. Sin embargo, también es posible encontrar en muchas prácticas colectivas que hoy la internet y los medios audiovisuales están siendo una útil forma de estimular el diálogo y generar nuevos espacios –rebasando los límites locales– para concertar iniciativas y desarrollar esfuerzos de acción conjunta en sus reivindicaciones y protestas.

El objetivo de esta presentación es explorar en ese desarrollo paradojal de la sociedad informacional y en los indicios de prácticas colectivas que buscan reapropiarse y resignificar a las TIC’s con la intención de invertir ese sentido fragmentador que las mismas adquieren en el proceso de globalización del capital.

El texto se organiza de la siguiente manera: en primer lugar, se describen los rasgos centrales de la nueva organización territorial gestada en el marco del proceso de globalización del capital, considerando la incorporación de las TIC’s en las actividades productivas y poniendo el énfasis en las formas metropolitanas de la sociedad informacional que resultan de la localización selectiva de los flujos de capital. En segundo término, se realiza una somera caracterización de la nueva revolución tecnológica, concebida no sólo como nuevos aparatos tecnológicos sino también como nuevos intercambios humanos. A su vez, se describen los mecanismos de generación y transmisión de la información que asumen las TIC’s y las tensiones presentes en las dinámicas de estos intercambios. Asimismo se especifica, para el caso de la Argentina, este fenómeno de las TIC’s en el que se combinan formas de comunicación horizontal con formas oligopólicas de difusión de la información. En tercera instancia, se exploran en nuestro país algunos indicios de apropiación y resignificación de las TIC’s que potencian la construcción de sociedades de cooperación orientadas a revertir, al mismo tiempo, el efecto principalmente fragmentador que han manifestado hasta hoy. Finalmente, se presentan algunas reflexiones a modo de conclusión.

2. Nueva jerarquía global de producción: las formas metropolitanas de la sociedad informacional

En el pasaje a la economía informacional (Castells, 1998) el conocimiento, la información y la comunicación cobran creciente importancia. El modelo de red guía la nueva organización territorial de la producción. En este sentido, disminuye la importancia relativa de las distancias, la cooperación productiva y la eficiencia dejan de depender de los grados de proximidad y de la centralización territorial. Esta tendencia es aún más pronunciada en el proceso de trabajo inmaterial que involucra la manipulación de conocimiento e información. En el trabajo de producción informacional (tanto de servicios como de bienes) se le otorga un rol central a la comunicación de conocimientos e información entre trabajadores sin que ello implique su presencia, y hasta pueden ser desconocidos o conocerse sólo a través del intercambio de información productiva.

En este nuevo escenario surgen un conjunto de actividades cuyo insumo principal es la información basada en el conocimiento. Esas actividades están contribuyendo a que se diluyan los tradicionales límites entre sectores de la economía, sea porque aparecen en las zonas fronterizas entre industria y servicios, por ejemplo, o porque transforman el núcleo de actividades tradicionales existentes. En el conjunto de las actividades vinculadas al nuevo paradigma, entre las que se destacan las telecomunicaciones y la informática, también se incluyen las denominadas "industrias culturales" que están asociadas a los medios masivos de comunicación tales como la producción de televisión, video, cine, música digital y diseño gráfico e impresión, entre otras (Vio, 1997). Así, la competencia entre regiones por alcanzar las posiciones relativas de nivel medio en la jerarquía global no es conducida ya a través de la industrialización sino de la informatización de la producción.

Las diferencias geográficas en términos de la economía global no plantean etapas en el desarrollo económico sino líneas de la nueva jerarquía global de producción. Grandes países con variadas economías (tales como la India o el Brasil) pueden sostener simultáneamente todos los niveles de los procesos productivos: producción de servicios basados en la información, producción industrial moderna de bienes, artesanía tradicional, agricultura y producción minera. No se trata de una progresión históricamente ordenada entre estas formas sino que más bien todas ellas se mezclan y coexisten dentro de las redes del mercado mundial y bajo la dominación de la producción informatizada de servicios (Hardt y Negri, 2000).

El modelo industrial fordista que acompañó al proceso de modernización, provocó la intensa agregación de fuerzas productivas y de masas migrantes de fuerza de trabajo hacia centros que se tornaron ciudades-fábricas. La eficiencia de la producción industrial masiva dependía de la concentración y proximidad de elementos para crear sitios fabriles y facilitar el transporte y la comunicación. Por el contrario, la informatización de la industria y el dominio de los servicios a la producción ya no requieren de esa concentración. El tamaño y la eficiencia ya no están linealmente relacionados y de hecho la gran escala en muchos casos se ha tornado en impedimento más que en ventaja. Los avances en las tecnologías de la telecomunicación y la información han potenciado la desconcentración de la producción que ha dispersado los grandes establecimientos manufactureros y ha evacuado las ciudades-fábricas.

En los procesos productivos, la comunicación y el control pueden ser eficientemente ejercidos a distancia y en algunos casos los productos inmateriales pueden ser transportados a través del mundo con mínimos gastos y retrasos. Sin embargo, tal como lo analizaremos más adelante, las principales áreas metropolitanas siguen concentrado (incluso cada vez más) grandes proporciones de población y actividades productivas.

Las tendencias hacia la desconcentración de la producción y el aumento en la movilidad del capital están acompañados por una concentración territorial del control sobre la producción, en especial si consideramos este proceso desde una perspectiva global. Según Castells (1998) nos encontramos ante la construcción de un nuevo orden económico que se despliega de manera desigual y de forma contradictoria en todas las áreas del mundo. En este marco, las nuevas tecnologías constituyen el principal soporte material para la integración de los procesos económicos a nivel mundial, al mismo tiempo que cobra mayor importancia el rol de las ciudades como soporte material de los procesos productivos estructurados e integrados globalmente.

2.1. Flujos de capital y discontinuidad territorial La concentración territorial del capital es una de las consecuencias más claras de la nueva dinámica económica. A su vez, su concentración y localización selectiva podría explicarse por niveles distintos de fertilidad de los territorios (De Mattos, 1997). De esta manera, los más fértiles son y serán los que concentren mayores volúmenes de capital circulante. En este mismo sentido, el capital no tiende a localizarse en los lugares más desregulados y con costos salariales más bajos sino que resulta atraído por factores que están estrechamente vinculados a la historia productiva del lugar y que parecen contribuir mejor a su reproducción. Entre estos factores, De Mattos (1997) destaca: el ambiente económico, entendido como la multiplicidad y profundidad en la disponibilidad de insumos, tecnologías, conocimiento, mano de obra calificada, servicios, información, nuevos conocimientos, etc.; la infraestructura física, determinada por la presencia de electricidad, agua, disposición de desperdicios, sistemas de transporte y comunicación, entre otros; la infraestructura pública provista por la presencia de un sistema judicial, administrativo y regulatorio; los patrones motivacionales y culturales de interacción social; la infraestructura social (educación, seguridad social, etc.), y finalmente, la estabilidad política, institucional y económica. Así, la localización conjunta de estos factores es determinante –tanto en la escala global como local– en la distribución territorial de la producción y, consecuentemente, de los respectivos mercados de trabajo que finalmente orientan los movimientos de población.

A partir de este proceso de organización territorial, se produce lo que podría definirse como un círculo vicioso, en el cual la presencia de los factores antes mencionados atrae la localización de actividades económicas y de población. A su vez, esto determina una mayor acumulación de capital por parte de estos lugares, con el consecuente incremento de las potencialidades de la fuerza de trabajo, de la producción de conocimientos y de la capacidad empresarial. Todo esto tiende a perpetuar e incrementar la aptitud que estos territorios tienen para atraer al capital circulante, acentuando su concentración y produciendo una mayor discontinuidad territorial.

Esta nueva organización territorial presenta formas urbanas bien definidas que se distinguen de aquéllas que caracterizaron al proceso de modernización. Quizás la más relevante sea la metropolización, que consiste en el avance de la mancha urbana sobre áreas rurales y semirurales, incorporando, además, otros centros urbanos preexistentes, próximos a las áreas metropolitanas en expansión. De esta manera, la estructura urbana resultante presenta una ciudad central densa y compacta con una periferia que incorpora subcentros y va disminuyendo progresivamente su grado de consolidación, fundiéndose sus límites con el entorno rural y semirural "no metropolitano". Algunos autores identifican a esta forma de organización metropolitana con una geografía urbana de archipiélagos, en la cual la metrópolis es susceptible de ser leída como un conjunto de territorios insulares.

Esta situación de aislamiento es la manifestación territorial de los procesos de segregación social como el correlato local de la inclusión selectiva del capital y como espejo de los procesos de concentración discontinua del capital a escala global. Por ejemplo, en la Región Metropolitana de Buenos Aires (RMBA) la apropiación privada del espacio público en las últimas décadas, constituye un mecanismo de segregación espacial urbana no generada por la marginación a la que son sometidos los pobres (como en las villas de emergencia), sino como nuevas formas de autodiferenciación de los sectores sociales ubicados en los estratos socio-económicos más altos.

Estos mecanismos de segregación están propiciados por los desarrolladores inmobiliarios (developers), que encuentran en la producción de suelo urbano tasas de rentabilidad extraordinaria que superan a las generadas por otros emprendimientos (Rodríguez, 2000). Este fenómeno inmobiliario instala pautas culturales de comportamiento que se expresan en distintas acciones de la vida social como son: la residencia en los barrios cerrados y countries, el consumo en los shopping centers o el entretenimiento en los show centers. A este fenómeno se une la política de privatización de la red vial de accesos rápidos a las ciudades centrales de las regiones metropolitanas. Estas nuevas pautas de consumo de la cultura dominante permearon las diversas capas de la estructura social, extendiendo estos mecanismos de autodiferenciación a los estratos socio-económicos medios y bajos que pugnan por su inclusión en este nuevo modelo excluyente, destruyendo antiguos vínculos de solidaridad. Ejemplo de esto último son las disputas entre las poblaciones de barrios organizados y los asentamientos producidos por la erradicación de las villas de emergencia.

3. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC’s)
como formas de intercambios humanos

En relación a la evolución de las tecnologías de la comunicación, Castells identifica distintas instancias que podrían sintetizarse, en primer lugar, como el pasaje de la comunicación telegráfica, "un sistema de comunicaciones dominado por la mente tipográfica y el orden fonético del alfabeto" (Castells, 1998: 377) a la hegemonía de la televisión como medio dominante de comunicación social. En este sentido, el autor destaca que si bien los antiguos medios no desaparecieron con el surgimiento de la televisión, peredieron importancia en un proceso que otorgó centralidad a la televisión y marginó, por ejemplo, a las radios. En esta etapa se conforma un nuevo espacio identificado como el de la comunicación masiva que reconoce dos momentos diferentes: el primero, el de la constitución de la sociedad de masas, y el segundo, el de la diversificación y/o segmentación de la audiencia de masas.

Muy brevemente, el primer momento se caracteriza por una concepción homogénea de la audiencia sustentada en el control y el dominio ejercido por los gobiernos y los grupos empresariales oligopólicos sobre la nueva tecnología de la comunicación. Esta concepción de la audiencia como masa conlleva, además, la potenciación de una forma social comunicativa que le otorga al receptor un papel pasivo y le confiere al emisor el poder de la acción, siendo éste el único capaz de dar significado al mensaje. Sin embargo, los aportes sucesivos que realizaron las investigaciones acerca de los medios refutaron el carácter pasivo del receptor bajo el argumento, y en algunos casos la evidencia, de que el receptor es interactivo desde el momento en que interviene, otorgando un nuevo significado al mensaje que recibe. Este nuevo posicionamiento del receptor en el vínculo comunicativo mediado condujo a que las investigaciones sobre medios desplazaran del centro del problema el estudio de la producción para orientarlo al de la recepción, lo que implica, además, una transformación del análisis del proceso de producción (Verón, 1995).

El segundo momento es identificado por Castells como el de diversificación de la audiencia, asociado a la gran explosión de la oferta televisiva vinculada a la expansión de la TV por cable. Este fenómeno trajo aparejado no sólo la multiplicación de canales sino la atomización de la oferta (en términos de productos televisivos), facilitando la formación de un vínculo más individualizado entre receptor y emisor, confiriéndole al primero un rol determinante en la definición del medio.

Las TIC’s se inscriben en el marco de la evolución de los medios masivos de comunicación e introducen cambios cualitativos en las formas sociales de la producción y la comunicación. El trabajo inmaterial asociado al desarrollo de estas tecnologías, que como señalamos anteriormente, incluye la producción de conocimientos científico-técnicos y la manipulación de afectos, es decir, de contactos humanos (reales o virtuales), implica cooperación e interacción. Al respecto Hardt y Negri (2000) plantean que el aspecto cooperativo del trabajo inmaterial no es impuesto u organizado desde afuera, como lo era en las formas previas de trabajo, sino que la cooperación es completamente inmanente a la propia actividad laboral. Señalan, asimismo, que hoy la creación de excedente social toma la forma de interacción cooperativa a través de redes lingüísticas, comunicativas y afectivas. En este sentido es que señalamos que el desarrollo de las TIC’s involucra nuevos modos de intercambios humanos.

En la misma línea, Wellman (2001) plantea la consideración de la tecnología en tanto soporte de interacción humana y como generadora de nuevas subjetividades. Desde esta perspectiva, señala que un cambio significativo que se da en la comunicación es el pasaje de grupos a comunidades en función de afinidades por compartir unidades de sentido, de pertenencia o de identidad.

En relación a la internet, destaca que en la estructura de la red los vínculos se tornan personalizados, posibilitando la coexistencia de diversos circuitos y diferentes recorridos que se expresan en la continua constitución y reconstitución de comunidades diversas. En estas comunidades de red el carácter personalizado de los vínculos no alude al individuo aislado sino que rescata las multiplicidades de un conjunto heterogéneo. Estas vinculaciones reticulares se contraponen a la interacción entre grupos en la cual las diversidades son neutralizadas, en tanto la búsqueda de homogeneidades orienta al fortalecimiento de identidades fijas preconstituidas. Hardt y Negri (2000) destacan que el ciberespacio, en contraposición a los medios de comunicación (mass-media), se caracteriza por ser una estructura no jerárquica ni controlada de manera centralizada en la que se interconecta una cantidad de nodos indeterminada y potencialmente ilimitada. Por el contrario, en el mecanismo representado por los medios de comunicación masiva, existe un punto de emisión relativamente fijo y una cantidad de receptores potencialmente infinita y territorialmente indefinida. En tal sentido, destacan que la infraestructura global de información, en términos políticos, es la resultante de la combinación de un nuevo mecanismo democrático (internet) y uno oligopólico (mass-media) que opera a través de distintos modelos de redes. Los autores plantean, sin embargo, que estamos asistiendo a una creciente competencia entre corporaciones transnacionales para establecer y consolidar cuasi monopolios sobre esta nueva infraestructura de modo tal que el mecanismo oligopólico avanza sobre el democrático, no sólo creando nuevas líneas de desigualdad y exclusión sino también poniendo un límite al propio significado que tiene hoy la producción, es decir, la construcción de comunidades de cooperación y comunicación.

Son los aspectos ambiguos de estos intercambios –en tanto pueden posibilitar la construcción de estructuras sociales, económicas y culturales cooperantes, pero también conducir a la profundización de mecanismos competitivos propios de prácticas sociales más individualistas– los que nos interesan abordar en este trabajo.

3.1. Las TIC’s en la Argentina: posibilidades y limitaciones En este escenario, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en la Argentina se caracterizan por la emergencia de múltiples proyectos de sitios y portales de internet y por la multiplicación de proveedores de acceso en el marco de un proceso de privatización de todos los medios de comunicación masiva que han quedado en manos de grandes conglomerados multimedia.

El criterio privatizador impuesto por el gobierno de Menem, llevó a mantener bajo la órbita estatal sólo a las emisoras dependientes del Servicio Oficial de Radiodifusión. La iniciativa fue aprobada por mayoría en el Congreso, consolidando la propiedad de los multimedios en manos de conglomerados de capitales argentinos. Así, quedó conformada una estructura de oligopolios que dominan en forma integrada diversos medios gráficos, de televisión y radio, entre los que se destaca el Grupo Clarín por su importancia.

Por otra parte, las principales empresas del sector audiovisual argentino –con apoyo de capitales norteamericanos en management, tecnología y financiamiento– han planteado su desarrollo en dos ámbitos diferenciados pero complementarios: por una parte, en la producción y distribución audiovisual, apuntan a mantener competitivas las pantallas de televisión abierta, generar un paquete de señales de televisión satelital, comercializar los derechos de emisión de otras señales satelitales, y producir nuevos servicios (audiotextos, futuros servicios informáticos vía cable, diarios electrónicos, etc.). En relación al soporte audiovisual, los multimedios más relevantes han realizado importantes inversiones para ampliar el ancho de banda por fibra óptica de sus operadoras de televisión por cable (Rossi, 1995)

En la Argentina el desarrollo significativo de internet fue posible gracias al carácter urbano de su población. Sólo en la RMBA residen más de 13 millones de personas, un tercio de la población del país. Sin embargo, la discontinuidad territorial que se produce como consecuencia de la concentración de inversiones en infraestructura en las áreas urbanas de mayor centralidad en detrimento de otras, incide de manera determinante en el acceso desigual a estas tecnologías. De aquí que la performance del espacio urbano guarde estrecha relación con estos esquemas de conexión diferenciada, considerando que la infraestructura constituye el soporte físico para el tráfico de los flujos de información. Un ejemplo de estas limitaciones es la desigual distribución de conexiones a la red para las distintas provincias argentinas, dado que la mayoría está en las de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, disminuyendo drásticamente a medida que nos alejamos de esas jurisdicciones (www.argenguide.com.ar). De acuerdo al Circuito de Ciudades Argentinas, en el país hay 222 localidades con sitios, de las cuales 166 tienen su portal local enlazado a dicho Circuito, mientras que el resto cuenta con portal propio. La distribución de esas conexiones es la siguiente: Buenos Aires (incluida Capital Federal) concentra el 24 %, Entre Ríos y Santa Fe, el 17%; Córdoba presenta el 15 %, La Patagonia (es decir, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego) participa con el 24%; y el resto del país apenas suma el 20%.

Asimismo, el grado de vinculación de internet a través de la red se ve restringido por las características que tiene el mercado de las comunicaciones. En particular, nos referimos tanto a la escasa cantidad de servidores a través de los cuales se hace posible el acceso a la red como al dominio de las telecomunicaciones por parte de pocas empresas con rentabilidades oligopólicas que impiden la baja de las tarifas telefónicas.

Por otra parte, el alto costo telefónico se incrementa, además, por la falta de servidores locales de internet que exige llamadas de larga distancia y por la lentitud con la que se comunican, dado que muchos pueblos carecen de ciertos elementos de infraestructura claves (por ejemplo, banda ancha).

Resulta ilustrativo, al respecto, el testimonio de un usuario de Gobernador Gregores (provincia de Santa Cruz) para quien el servidor más cercano está a 200 kilómetros, lo que implica que cada llamado telefónico es de larga distancia y cada hora de conexión cuesta entre 9 y 15 dólares según el horario. "Además es lentísimo –explica–. Abrir una página demora varios minutos. Creo que nos comunicamos a una velocidad de 9.600 Kbps". La misma fuente señala: "el pueblo tiene 3.000 habitantes y cualquier cosa que llega por cable no llega nunca. Las vías del ferrocarril no llegan. La fibra óptica, menos" (García, 2001: 3).

Habíamos señalado al comienzo de este apartado que nos interesaba analizar los medios de comunicación masiva y la internet no sólo en tanto infraestructura tecnológica sino también como formas de intercambios humanos. En tal sentido, una primera gran diferencia entre los mecanismos mencionados es lo que surge del papel que tienen el emisor y el receptor de información y el carácter que asume en cada caso la comunicación.

La internet, a diferencia de los medios de comunicación masiva, tiene una estructura en red en la que fluye la información en una multiplicidad de sentidos y en la que es posible establecer una comunicación horizontal, es decir, sin distinción de estructuras jerárquicas. Esa estructura reticular, que torna difuso el límite entre el emisor y el receptor, unida a su carácter universal, posibilita una capacidad de crecimiento exponencial de los vínculos de conexión y, por otra parte, permite que desde "adentro" mismo de esa estructura se puedan construir espacios contra-culturales de debate y de articulación de propuestas de lucha y resistencia al modelo hegemónico.

En ese sentido, los resquicios de internet por los cuales se conforman espacios de contra-información, operan como líneas de penetración y avance de los mecanismos democráticos sobre los oligopólicos representados por los medios masivos de comunicación. Cabe destacar, sin embargo, la presencia creciente de grandes conglomerados multimedia y su avance sobre internet a través de sitios y portales. Entre otros, podemos citar: el portal de Clarín, Terra (vinculado al grupo Atlántida y a Telefónica de Argentina), Ciudad (asociado al grupo Clarín), America On Line (ligado a la CNN) y Hot Mail (del sitio MSN, vinculado a la cadena NBC). Este hecho podría estar marcando una tendencia hacia una apropiación oligopólica de internet que plantearía serias limitaciones a esa interacción horizontal entre receptor y emisor, distorsionando sus potenciales ventajas democráticas.

Los medios de comunicación masiva, por el contrario, tienen un esquema de funcionamiento que separa en forma tajante al emisor del receptor. Y si bien no existe un receptor meramente pasivo, su capacidad de resignificar la información recibida se restringe por la influencia que ejercen sobre él la invasión de información proveniente de múltiples medios que, sin embargo, responden a una única voz que es la del orden político-cultural dominante. Por esa razón, la posibilidad de crear resquicios de resistencia debe plantearse desde fuera del sistema multimedia, generando formas alternativas como son las experiencias de video y de radios comunitarias. En la sección que sigue presentaremos algunas experiencias en tal sentido.

4. Algunos indicios de formas alternativas de apropiación social de las nuevas tecnologías Los medios de comunicación masiva y la internet son recursos que han cobrado creciente importancia como herramientas para vincular y articular a los diversos colectivos que ocupan hoy el espacio de la protesta social. Como señala Nun, (2000: 175) "la consecuencia no querida de los avances tecnológicos es que su uso difícilmente pueda restringirse a una mera preservación del sistema que los produjo y abre a menudo posibilidades de lucha, de organización y de negociación tan novedosos como potentes". La apropiación de las nuevas tecnologías, por parte de numerosos movimientos sociales surgidos en las últimas décadas, ha permitido que sean utilizadas no sólo para disponer de mayor información sino también para articularse en redes cooperantes y solidarias de información con otros movimientos semejantes. En este sentido, Santos (2000: 21) plantea que estamos ante el surgimiento de una "cultura popular que se sirve de los medios técnicos antes exclusivos de la cultura de masas, ejerciendo sobre esta última una verdadera revancha o venganza".

En términos de Hardt y Negri podría interpretarse que lo que hacen esos movimientos es aprovechar en un sentido contra-hegemónico las nuevas tecnologías desarrolladas por la tercera revolución industrial –es decir, la informática– con el objeto de tejer una red de trabajo vivo inmaterial que no sólo tiene un papel defensivo, en tanto procura neutralizar la manipulación de la información que hacen los multimedios, sino también un papel ofensivo que pasa por la creación de un nuevo espacio de comunicación horizontal abierto al mundo. Ejemplos contundentes en este último sentido son los usos de estas nuevas tecnologías por parte de movimientos como el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN, Chiapas, México), o el de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y luego Hijos por la Identidad, la Justicia, contra el Olvido y el Silencio (HIJOS, Argentina).

En los últimos años también asistimos al crecimiento del movimiento contra la globalización del capital (iniciado en Seattle a fines de los noventa) que a través de su presencia en el ciberespacio no sólo permite difundir los objetivos de sus luchas sino que también logra articular las acciones de una militancia global que viene entorpeciendo los diversos encuentros convocados por los que lideran el nuevo orden económico capitalista a nivel mundial.

El ciberespacio también viene siendo utilizado, en la Argentina, por otras modalidades de prácticas colectivas como son los diversos tipos de organizaciones sociales de base, Organizaciones No Gubernamentales (ONG’s), asociaciones de comunicación alternativa y movimientos como el de los trabajadores desocupados, los "piqueteros", llamados así por el método de lucha que adoptan en el último quinquenio de la década de 1990 y que se viene generalizando como forma de expresión de la protesta social.

La difusión del uso de internet en estos sectores no minimiza, sin embargo, las restricciones impuestas por la discontinuidad territorial como consecuencia de la concentración de inversión en infraestructura en las áreas urbanas de mayor centralidad en detrimento de otras. De hecho, dichas limitaciones inciden de manera determinante en el acceso desigual a estas tecnologías, afectando particularmente a las organizaciones localizadas en áreas deprimidas en las que se registran los niveles más altos de pobreza. Pero quizás esto mismo es lo que mueve a muchas organizaciones a articularse o integrarse en red, sumando sus esfuerzos en forma solidaria y cooperativa.

De acuerdo a un relevamiento realizado a unas 300 asociaciones localizadas en la RMBA a fines del año 2000, detectamos que cuando la asociación es más precaria (en términos organizativos) y está más centrada en las relaciones locales, atendiendo a demandas de asistencia específica, menor es el nivel de informatización y de utilización de estas tecnologías. Por el contrario, el uso de las TIC’s está incorporándose en forma creciente en aquellas organizaciones de base que a partir de la demanda inicial que las autoconvoca buscan expandirse tanto en el número de miembros participantes como en el tipo de demandas a las que intentan dar respuesta.

También es creciente la incorporación de internet en el caso de las ONG’s extralocales y más articuladas con otras organizaciones semejantes a nivel provincial y nacional. En todos los casos mencionados parecería que la internet, a pesar de las limitaciones que tiene, permite una comunicación más horizontal respecto de la que imponen los otros medios masivos (principalmente la televisión), contribuyendo a revertir tendencialmente la gran fragmentación que existe en el actual tejido de nuestra sociedad.

En relación a los medios de comunicación masiva ya habíamos planteado que, dado el monopolio de la información por parte de los conglomerados multimedia, a pesar de tener una pluralidad de medios gráficos y audiovisuales de difusión no existe una multiplicidad de discursos disponibles sino más bien uno dominante que se va imponiendo como sentido común, debilitando la capacidad de resignificación que pueden hacer los receptores. En ese marco, sin embargo, también se crean resquicios de resistencia contra-hegemónicos o alternativos que se plantean a través de las radios comunitarias y populares, y también a través de los medios audiovisuales.

Se podría afirmar que si bien la divisoria no es tajante son distinguibles tres tendencias entre las radios comunitarias de la Argentina: en primer lugar, la que considera a la radio comunitaria como un instrumento para la difusión de los hechos locales que no llegan a los grandes medios; en segundo lugar, la que busca retomar la idea de que los medios de comunicación son un servicio público –expulsada de la órbita estatal cuando se generaliza el proceso privatizador y se consolidan los grandes conglomerados multimedia–, y por último, la que plantea a las radios comunitarias como espacios alternativos de articulación y organización de prácticas colectivas tendientes a producir una transformación social, promocionando el pensamiento crítico prácticamente desmantelado en los discursos de los multimedios.

Respecto de los medios audiovisuales, también hay una búsqueda de formas alternativas y es en relación a esto último, que nos interesa traer a esta discusión el caso de la "Sociedad de Fomento del Video Alternativo" (SOFOVIAL), una organización social que se creó en 1989 y que se localiza en el partido de San Miguel, en el noroeste de la RMBA. A través de distintos trabajos con vecinos y comunidades que comenzaron a convocarla, SOFOVIAL se va constituyendo en un espacio para la discusión, para la libre expresión y, de esta manera, representa un acceso sin jerarquías a un medio de comunicación masivo.

A partir de un análisis crítico de los medios masivos de difusión que desvirtúan el sentido último de la comunicación erigiéndose paradójicamente como medios de desinformación, manipulación hacen del oyente, del lector, del televidente un sujeto pasivo, ajeno a su propia realidad SOFOVIAL se plantea la búsqueda y apertura de nuevos canales de comunicación más democráticos, entendiendo por éstos una comunicación horizontal y más participativa. Esta asociación está interesada en aprovechar la potencialidad de las TIC’s para construir estructuras y comunidades cooperantes. Con su trabajo pretenden revertir las resistencias que se tienen a las nuevas tecnologías, las que por su origen y propiedad, no han hecho partícipes a la sociedad en su uso, ni menos en la producción de sus propias creaciones. Su objetivo es que la comunidad se integre a todo el proceso comunicacional, investigue, opine, genere con la práctica una estética propia, sin remedar los modelos ajenos, opere las cámaras, conozca la isla editora y participe medularmente de la edición de todo lo que se produzca. Pretenden que el receptor sea a la vez protagonista y responsable del producto que percibe, favoreciendo su capacidad de expresión, incentivando la necesidad de organizarse, apostando en definitiva al enriquecimiento y profundización de la democracia (SOFOVIAL, 2000).

Lo más significativo de la experiencia de trabajo de SOFOVIAL deviene del hecho de que la tecnología que esta organización utiliza para su acción (la cámara de video manual) es resignificada de manera tal que logra revertir el esquema rígido, vertical y estático del punto fijo del emisor, característico de los medios de comunicación masiva. En tal sentido, plantean su interés por despertar una visión crítica del mensaje televisivo prefabricado, dirigido, ajeno. La idea es que el vecino deje de ser receptor pasivo y busque reflejarse a través del video que le es propio, participando del mensaje que siempre gobernaron otros, buscando lo alternativo porque es su única oportunidad de expresión (SOFOVIAL, 2000).

En relación a esta dinámica de la comunicación, SOFOVIAL no sólo plantea la apertura de un nuevo canal de comunicación, sino también la construcción de un nuevo orden interactivo en el que tanto emisor como receptor entablan un vínculo que posibilita una forma de comunicación más horizontal caracterizada por una situación de intercambio inexistente en el antiguo esquema antes descrito.

5. Reflexiones finales

El énfasis puesto en el potencial de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en tanto soportes de los procesos que se estructuran globalmente, ha orientado el debate en torno a la revolución tecnológica y al proceso de globalización del capital, colocándolas en el centro de la escena.

A lo largo de este trabajo hemos planteado algunas cuestiones que nos parecen relevantes en esta discusión. Por una parte, nos referimos al carácter excluyente que presenta la nueva infraestructura global de información, ya que depende de la infraestructura física urbana. Asimismo, se hace hincapié en las modificaciones que las TIC’s introducen en las formas sociales de la comunicación y en la capacidad que tienen algunos movimientos sociales recientes de utilizar las TIC’s para articularse en redes cooperantes y solidarias de información.

En relación al primer aspecto planteado se observó en el desarrollo de este análisis cómo el despliegue de las TIC´s, con especial referencia a la internet, no puede superar las limitaciones impuestas –en algunos casos– por la ausencia de infraestructurta urbana adecuada.

En este sentido señalamos, a modo de reflexión final, que a pesar de los avances tecnológicos producidos en el marco del desarrollo de las TIC’s –tales como el aumento del volumen de información que puede ser transmitido así como el incremento en la velocidad de flujo de información– el territorio constituye un factor determinante en la conformación del ciberespacio en tanto presenta fricciones (ausencia de infraestructura, características físico-geográficas, etc.) que neutralizan la conectividad en el espacio virtual que las TIC’s generan.

De esta manera, el proceso de informatización que atraviesa la producción (en todas sus dimensiones: social, económica, política y cultural) se materializa en la ciudad, la cual tiene la capacidad de inhibir o potenciar los alcances de las TIC’s que sustentan este proceso.

En este sentido es que creemos que pese a la desconcentración territorial de la producción, su gestión informatizada sigue estando centralizada sólo en algunas metrópolis que presentan condiciones propicias. Más aún, en el interior de esas regiones metropolitanas las discontinuidades que se observan como resultado de procesos de segregación espacial (sustentados por mecanismos de autodiferenciación de grupos dominantes) también conducen a un despliegue desigual de las TIC’s que reproducen en el espacio virtual, rasgos de la insularidad territorial. Esto, lejos de estimular la construcción de un ciberespacio democrático, deja a éste sujeto a los procesos de mercantilización que afecta a la producción y construcción del espacio urbano, tal como se produce en la Región Metropolitana de Buenos Aires (Catenazzi y otros, 2001).

Respecto a internet, como nueva forma de comunicación, destacamos como característica significativa su estructura de red como forma de contención de los vínculos sociales. De esta manera, es posible pensar en dos tipos de redes paralelas: una que se desarrolla a nivel del territorio, que enlaza y articula comunidades que se expresan políticamente de manera solidaria y cooperante, y otra que se desarrolla a través de la infraestructura global de comunicación, internet, que puede incluir a las anteriores y a otras, en la cual circula información producida por trabajo cooperante. Esto facilita, por un lado, la articulación de comunidades con ciertas especificidades locales y, por otro, la posibilidad de atravesar fronteras que tornen infinitos a estos vínculos.

En ese sentido, Sassen (2001) distingue dos tipos de movimientos políticos en la red. Uno, centrado en la ciudad y conectado con otros movimientos de otras ciudades, regiones y naciones a través de la red, y otro en el cual todos los intercambios se realizan a través de la red que luego pueden converger o no en el territorio. Ejemplo de lo primero sería el caso de algunas de las organizaciones sociales de la RMBA que mencionamos en este trabajo y ejemplo de lo segundo es el difundido movimiento antiglobalización.

Sin embargo, en este marco se observa también que los intercambios humanos que resultan de la utilización de las TIC’s presentan ambigüedades y contradicciones, ya que si bien pueden posibilitar el desarrollo de modalidades de apropiación y resignificación que plantean el desafío de contrarrestar la fuerza del poder hegemónico –tratando de rescatar y potenciar los resquicios de resistencia– también pueden conducir a la profundización de mecanismos competitivos. Tal como lo afirma Milton Santos (2000: 20) al referirse a la perversidad del proceso actual de globalización, a través de la "adhesión desenfrenada a los comportamientos competitivos que caracterizan a las acciones hegemónicas". En un sentido semejante Negri y Hardt conceptualizan la infraestructura global de comunicación, como la combinación de un mecanismo democrático como el de internet, que se desarrolla en una estructura no jerárquica ni centralizada, desplegándose en múltiples direcciones, con otro oligopólico como el de los multimedios, estructurados verticalmente a partir de núcleos centrales de producción y difusión de la información.

El interrogante que entonces surge es si los indicios de resignificación podrán neutralizar la potencia del mensaje hegemónico que permea la comunicación social a través de todos sus medios, abriendo el camino a la constitución de comunidades cooperantes y solidarias en un proceso de construcción de una nueva sociedad.

1 Trabajo presentado en el XXIIIer Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS), bajo el título de "Sociedad informacional y nuevas tecnologías en la ciudad: ¿competencia o construcción de comunidades de cooperación?". Comisión Nº 11: Ciudades, redes urbanas y servicios a la población. Antigua, Guatemala. 29 de octubre al 2 de noviembre de 2001.

2 Socióloga (Universidad de Buenos Aires), Maestría en Ciencias Sociales (Universidad Nacional Autónoma de México), Doctora. en Ciencias Políticas (Universidade de São Paulo). Investigadora-docente Asociada del Instituto del Conurbano (ICO), Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS). Argentina. aquintar@ungs.edu.ar.

3 Arquitecta (UBA) y Master en Economía Urbana (Development Planning Unit, University College of London), candidata a Doctora en Economía (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales). Investigadora-docente Asistente Principal del ICO, (UNGS). Argentina. mvio@ungs.edu.ar.

4 Profesor de Geografía (UBA). Investigador-docente Asistente Principal del ICO, UNGS; Profesor Adjunto del Departamento de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Luján. Argentina. fritzsch@ungs.edu.ar.

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