SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número57Antoine Compagnon. 2015. El demonio de la teoría. Literatura y sentido común índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Compartir


Estudios filológicos

versión impresa ISSN 0071-1713

Estud. filol.  no.57 Valdivia jun. 2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0071-17132016000100012 

RESEÑAS

 

Daxin, Zhou. 2015. Joyas de plata. China: China Intercontinental Press, 147 páginas. (Jorge Guzmán)


 

Sé muy poco sobre narrativa china actual o anterior, pero tres razones me han decidido a contradecir mis hábitos y escribir un comentario a este texto compuesto por dos nouvelles. Mi primera razón es la excelencia de ambas narraciones; la segunda y decisiva, las sugerencias que una de ellas tiene para un sudamericano como yo; la tercera, el hecho casi increíble de no haber encontrado en la Red ni una sola noticia sobre este autor que en su país es considerado representante destacadísimo de la literatura china joven. Y con mucha razón. Ha recibido en China el Premio Nacional de Novela Corta y varios más de gran importancia. Hay traducciones de trabajos suyos al inglés, francés, alemán, checo y japonés. Hay muchas adaptaciones de obras suyas al teatro, al cine y también a series de televisión. Por último, quiero mencionar que en 1993 la adaptación de una nouvelle suya al cine ganó el Oso de Oro en el festival de cine de Berlín. Todo lo cual hace pensar que ignoramos a un escritor muy destacado de un país de cultura milenaria, actualmente el mayor del mundo en población, y una de las dos mayores economías. El silencio de los medios en este caso es una falta cultural mayor.

Uno de los temas más tratados en nuestro tiempo es el de la homosexualidad femenina y masculina. Da origen a proyectos de ley sobre el matrimonio igualitario o unión civil, a discusiones apasionadas, a lineamientos políticos, y está presente en las redes sociales. Nosotros chilenos tratamos el tema mayormente en relación a lo que llamamos derechos humanos. Pero raramente se trata como relativo a vidas concretas de personajes literarios. En ese sentido, la primera narración, la que le da su nombre al libro, "Joyas de plata", es a mi juicio excepcional. Lo que se cuenta en ella son los problemas reales de un matrimonio joven de clase alta china. Pero incluye asuntos que no he visto aparecer en nuestras narrativas. A la homosexualidad irrenunciable del joven marido se agrega el poderoso deseo sexual de su hermosísima mujer. La combinación es naturalmente explosiva. El varón siente repulsión sexual por ella, y ella siente verdadera detestación por la renuencia física de él. Es decir, se trata de la homosexualidad en concreto, operando en la vida de una pareja que sufre sus efectos dolorosamente. La historia no tiene ubicación clara en el tiempo, pero todo apunta a una sociedad en que rigen los valores de clase y de género tradicionales. El padre de él, cabeza de una familia conocida como la Casa de la Elevada Moral, abomina de los rasgos femeninos del muchacho, que desde muy temprano ansía lucir joyas y vestiduras femeninas. El propio joven hace cuanto puede por quitarse su deseo de ser mujer y recurre a diversos medios médicos y morales que no le sirven de nada. Por su parte, ella, acuciada por su angustioso deseo, trata de acallarlo hiriéndose las piernas. Pero al cabo, ella cede furiosamente a su apetito y se entrega a un joven platero que está enamorado de la fragancia que despide el cuerpo de ella y también de su belleza. El desenlace es, como podía esperarse, trágico. A los ojos occidentales de hoy la historia se ve como una presentación original del actualísimo tema de la homosexualidad, pero en un escenario tradicional que le agrega una dimensión temporal interesante.

Sin embargo, lo que me decidió a escribir estas líneas fue la segunda nouvelle, "Niebla violeta", para mí reveladora o subrayadora de una diferencia enorme entre nuestra cultura relativamente reciente y otra como la china, milenaria. Eso tiene que ver ciertamente con nuestra identidad tanto personal como comunitaria.

Mi generación, o por lo menos yo, teníamos una imagen que era contenido de la palabra "China". Y sus dos componentes esenciales eran Mao y la Gran Marcha por una parte, y la Revolución Cultural por la otra. Para muchos de nosotros, el comunismo chino era simplemente otra manera de entender y llevar a la práctica el pensamiento de Marx. Hubo incluso entre nosotros maoístas devotos y activos. La historia siguió con la conversión de la economía china al modelo liberal; algunos entendimos que no se había detenido allí el movimiento sino que había terminado adoptando la religión neoliberal. Hoy por hoy, claro, es manifiesto que para entender el liberalismo económico chino la noción de 'neoliberalismo' no sirve. Le falta un componente esencial: la reducción extrema del Estado. En China no ha sucedido. El mercado funciona muy libremente, pero con un férreo control del Partido Comunista. Lo prueba la actual crisis de la bolsa china, que lleva ya meses y con la que aún sigue lidiando poderosamente el poder central. Todo este conjunto era lo que, al menos yo, entendía como contenido de la palabra "China". Una historia que empezaba con Mao Zedong y llegaba hasta hoy en una forma nueva.

Pero entonces, he leído "Niebla violeta". A primera vista se trataba simplemente de varias historias de amor con mal desenlace, porque los muchachos de una de dos familias, se enamoraban de las chicas de la otra, y todo terminaba mal, desastradamente. Estas historias de amor me parecieron, a primeras, una variedad china de la enemistad entre Capuletos y Montescos, cuya culminación es la tragedia de Romeo y Julieta. Pero me sobraba un elemento que al encontrarlo no me sorprendió. Lo puse en paralelo con los cuentos occidentales en que alguien explica con una leyenda popular y fantástica los acontecimientos del relato. Sin embargo, terminé dándome cuenta de que el sentido del elemento sobrante era muy distinto.

Hay en la nouvelle un personaje que aparece a lo largo de todo el desarrollo de la historia de los amores desgraciados de tres generaciones sucesivas de las mismas familias. Este personaje es la abuela Wu, que ya es abuela al ocurrir la primera historia y sigue siéndolo aparentemente sin envejecer hasta el final de la narración, cuando los primeros protagonistas están ya deteriorados por la vejez. Es ella quien hacia el final explica la extraña atracción que hace enamorarse a los jóvenes de una familia de aquellas de la familia enemiga, y a ellas de ellos. La explicación de la abuela Wu es que "Las casas de las dos familias están sobre el cuerpo de un dragón amarillo. La de la familia Gong se aposenta en su cabeza y la de la familia Zhou en su cola. La cabeza del dragón a veces se inclina y a veces sube, y también la cola a veces puede elevarse y a veces caer, y por eso las dos han conocido la riqueza y la pobreza [...]. Si el cuerpo del dragón se mueve, entonces la sangre y la energía vital se igualan, y las chicas de la familia Gong buscan por naturaleza a los chicos de la familia Zhou porque son la pareja perfecta" (128 ss.).

En mi primera lectura, que no tomó en cuenta esta explicación, me extrañó la manera en que la historia china de las últimas décadas estaba presente en las historias de amor. Mi pensamiento occidental hubiera esperado que si aparecían acontecimientos políticos tan enormes en la narración, ellos ocuparan un lugar decisivo en el desarrollo de la trama, pero esa expectativa no se cumple. Cierto que la historia china real las influye poderosamente, pero no esencialmente. En verdad, las vicisitudes históricas están en la narración, pero sólo como un elemento que pertenece a la trama de la novela. Para usar una vieja categoría nuestra, la esencia de lo contado son las historias amorosas de los personajes, y los accidentes que la manifiestan son varios otros entre los cuales está la historia real de China, pero es sólo uno. Otros accidentes se presentan al mismo nivel, o quizá a nivel más alto, entre los cuales está un monte que produce la niebla azul que da título a la nouvelle, además de ruidos a veces amenazantes. Las variaciones de la conducta del cerro, de su niebla y sus ruidos se entienden como anuncios de acontecimientos importantes. La abuela Wu parece ser la única que comprende perfectamente los anuncios del monte; a menudo se niega a traducirlos para el pueblo, y cada vez que ocurren se flagela con una ramita hasta sacarse sangre.

Y, de pronto, la explicación de la abuela Wu, se instaló en mi lectura y la enriqueció muchísimo. Porque junto con ella vino la niebla azul y los ruidos del monte. Pensando narratológicamente, no hay ningún elemento en la nouvelle que autorice a interpretar las explicaciones de la abuela Wu o las descripciones del narrador como dudosas. La narración y su autor implícito las entiende verdaderas. El dragón amarillo es real, la niebla azul y los ruidos del monte efectivamente pertenecen al mundo narrado, que se da como verdadero referente, como también lo son dos ratones blancos que aparecen en momentos destacados de la trama y tienen sentido premonitorio. Desde esta lectura se me hizo manifiesto que el libro está escrito desde un punto de vista que trasciende nuestra visión de la República Popular China. Los escritores chinos, o por lo menos Zhou Daxin, entienden la realidad de su patria en términos más extensos de los que a nosotros, especialmente los chilenos, nos permiten escribir narraciones. La cultura profunda en la que tienen sentido los elementos que hallamos extraños en "Niebla azul" abarca muchísimo más tiempo del que a un occidental como yo le sirve como referente real de sus narraciones.

Pero leer esta nouvelle me hizo ver una característica más de la cultura nuestra. El horizonte temporal dentro del cual vivimos es mucho más limitado del que manifiesta esta narración. Y se desvanece a una velocidad que para un chino debe ser asombrosa y quizá triste. Las creencias populares que estaban vigentes en mi juventud y en mi clase social, simplemente se han desvanecido. Los modestos mitos ya no están, por lo menos están ausentes del imaginario de las ciudades grandes como Santiago. Los entes fantásticos en que creían mis padres son inencontrables aquí. No existe la Cueva de Salamanca, ni la calchona, ni los tué-tué, ni los cueros del agua, ni el Trauco, ni siquiera navega el Caleuche por el mar de nuestras islas sureñas. Los ritos de la noche de San Juan a veces se reviven un poco por chiste. Vivimos plenamente solo en el vendaval del mercado, el consumismo y el progreso comunicacional. Y leyendo a Baudrillard, por ejemplo, no parece que otros países occidentales tengan mucho más horizonte cultural que nosotros.

Hacia el final de nuestra narración, sin embargo, parece anunciarse también el término de esa China milenaria. Los últimos anuncios del monte de la niebla azul son risibles para los más jóvenes habitantes del pueblito llamado Liu. Afortunadamente, el narrador parece lamentar que no vean la realidad tal como él la ve: con dragones amarillos, montes incomprensibles que producen niebla azul, ratones blancos, parejas atadas al pasado cultural chino. Parece que nuestra obrita trae al presente cosas que se están perdiendo en China también. Pero es sorprendente que un muy exitoso autor joven actual las invoque y las presente como valederas hoy por hoy para todos sus lectores, que quizá sienten también una suerte de nostalgia, muy distinta de la nuestra.

 

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons