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Estudios filológicos

versión impresa ISSN 0071-1713

Estud. filol.  no.46 Valdivia nov. 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0071-17132010000200010 

ESTUDIOS FILOLÓGICOS 46: 173-182, 2010

DOCUMENTOS

 

Homenaje a la profesora María Catrileo con ocasión de la presentación de su libro La lengua mapuche en el siglo XXI, en el acto organizado por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral de Chile, el jueves 19 de agosto de 2010.

I. Discurso de la prof. María Catrileo

La historia bíblica de la Torre de Babel demuestra que la utilización de diferentes lenguas divide a los grupos humanos. En la actualidad, esta observación es también válida entre los usuarios de una misma lengua que dominan códigos con diversos grados de fluidez que fluctúan entre la formalidad y la informalidad, dependiendo de factores y contextos geográficos, familiares, socioeducacionales, profesionales o laborales, entre otros.

Todas las lenguas poseen un sistema de reglas que combinan secuencias de sonidos en lexemas, frases y estructuras de nivel superior. En ocasiones he escuchado preguntas acerca de la real existencia de la lengua mapuche, pensando que ésta, tal vez, forma parte de un dialecto informal del español. Grande ha sido la sorpresa de muchos estudiantes de mapudungun al encontrarse con estructuras aglutinantes y también de tipo analítico, las cuales continúan vigentes en el habla de muchos mapuche en la actualidad. Existen estructuras que categorizan, por ejemplo, nominalizaciones y procesos sobre la base de clases complejas de significados determinados por la forma, la textura y la utilización de los objetos, como asimismo el contexto, el estado de ánimo, el tipo de comportamiento y las actitudes humanas, en general. La conversación en mapudungun consiste en unidades multiformes que no constituyen simplemente palabras aisladas, pues las reglas de su morfosintaxis describen las posibilidades de coocurrencia en el ordenamiento de cada uno de sus constituyentes. Aunque el cambio de orden de los elementos en un enunciado, generalmente, no altera el significado fundamental de las oraciones, ello puede marcar otros tipos de significado o usos, tales como la cortesía, el énfasis, la formalidad, la ironía u otros tipos de preferencias estilísticas.

Tal como lo observaron los primeros estudiosos de las lenguas y posteriormente Boas, Sapir, Whorf y otros investigadores en el área de la etnolingüística, la lengua como un complejo de símbolos que refleja el entorno físico y social compartido por un grupo de seres humanos, está influida materialmente por el entorno y la experiencia que de él obtienen sus hablantes. El léxico refleja más claramente el medio físico y social, pues el inventario de objetos, ideas, rituales, intereses y ocupaciones permite inferir el medio ambiente físico y los componentes espirituales de la cultura de un grupo determinado. Las fuerzas sociales más importantes, tales como las normas de vida, la religión, el arte y las formas de organización sociopolítica están contenidas en este reservorio lingüístico cultural.

El entorno físico siempre está caracterizado a la perfección en las lenguas. Ciertamente, y a manera de ilustración, una persona que no es especialista en botánica, o no posee un interés especial en las plantas, no cuenta con los elementos lingüísticos apropiados para referirse a las innumerables especies vegetales que permanecen en su entorno. Sin embargo, la lengua de un grupo indígena en contacto con la tierra y sus componentes posee términos precisos dentro de la taxonomía herbaria, incluyendo la identificación y el desarrollo de sus formas, tamaños y colores. Por otro lado, el (la) chamán encargado de la medicina maneja el conocimiento cultural y lingüístico acabado para referirse a su clasificación y utilización en los rituales y el tratamiento de las enfermedades.

La lengua se desarrolla en combinación con la cultura de un grupo formando así un estrecho paralelo entre ellas. En este sentido, no solamente las palabras aisladas del vocabulario de una lengua funcionan como símbolos de una forma de vida, pues la actividad cultural se refleja, también, en el sistema gramatical de la lengua. Las categorías y los procesos lingüísticos simbolizan tipos de pensamiento y actividades de significación propia. En este sentido, la cultura y la lengua mapuche han estado en un constante estado de interacción y asociación a través de la historia de este pueblo. La fuerza de la tradición mantiene una tendencia conservadora que controla los cambios provenientes de la influencia de la cultura mayoritaria y las interferencias del español como lengua oficial, incluyendo el plano fonológico, morfosintáctico y léxico-semántico del mapudungun.

En relación con lo anterior, el carácter subconsciente del ordenamiento gramatical de la lengua no permite un cambio fácil en el reordenamiento de los elementos lingüísticos que pertenecen a sus estructuras profundas, las cuales son prácticamente perennes. Dentro de su situación socioetnografica, la lengua mapuche mantiene la vigencia del pilar principal de los elementos culturales tradicionales del grupo. Por ejemplo, el concepto y práctica del Ngillatun constituye un ceremonial de reagrupa-miento, agradecimiento a Ngünechen, negociación y renovación de los lazos de unión comunal original. El sello y la expresión de estos conceptos indican un ritual que convoca a los miembros del grupo, tanto residentes como no residentes, a revivir la espiritualidad, los lazos de amistad y la comunión con la familia de dioses creadores junto a la tierra y los ancestros, destacando la importancia del reforzamiento cultural y lingüístico.

La forma de vida en la ciudad y los cambios producidos por la tecnología y los medios de comunicación, en general, han acelerado el proceso de cambio de código lingüístico en un alto porcentaje de los miembros del grupo mapuche. No obstante, el mapudungun, con su enorme riqueza gramatical, sigue perdurando a través del tiempo. Como lengua polisintética mantiene sus estructuras de intrincada elaboración y refinamiento que son capaces de coexistir en un complejo medio de subsistencia.

La lengua mapuche en el siglo XXI constituye un testimonio de la vigencia de este medio de comunicación en diferentes espacios rurales del centro sur de Chile y en algunas ciudades que concentran grupos de hablantes de mapudungun.

II. Reseña del prof. Gilberto Sánchez, de la Universidad de Chile

Esta obra constituye, sin lugar a dudas, un importante aporte al conocimiento de la lengua mapuche hablada actualmente, pues incluye no solo aspectos estructurales de la misma, sino también otros de carácter socio- y etnolingüístico, con abundante ejemplificación.

El libro consta de cinco capítulos, más una considerable bibliografía pertinente.

Capítulo I. Contiene una reseña de los estudios realizados sobre el mapudungun desde comienzos del siglo XVII por parte de los misioneros hasta las primeras décadas del siglo XX. Muy importantes fueron, por ejemplo, los estudios realizados por el Dr. Rodolfo Lenz. También las obras del misionero capuchino R Félix José de Augusta, sus Gramática Araucana (1903), Lecturas Araucanas (1910) y el Diccionario Araucano-Español Español-Araucano (1916). Según la autora, "Estas obras [...] constituyen un material de incalculable valor lingüístico y etnográfico para el conocimiento y el estudio de la lengua y cultura mapuche" (p. 26). También considera el aporte del misionero R Ernesto Wilhem de Moesbach, quien recopiló y editó las memorias del anciano cacique Pascual Cofia, y publicó otras obras (en colaboración con Walterio Meyer Rusca). La autora trata, en particular, la situación del dialecto mapuche-huilliche entre los siglos XIX y XX. Considera importante, al respecto, el texto proporcionado por Domingo Quintuprai, un huilliche de la zona de Osorno, al Dr. Lenz ("Viaje al país de los manzaneros"). Del examen de dicho texto, la profesora Catrileo concluye: "El testimonio de Domingo Quintuprai transcrito fonéticamente por Lenz a fines del siglo XIX muestra claramente las mismas estructuras fonológicas y morfosintácticas del mapudungun central con sus correspondientes variaciones alofónicas. Actualmente, este dialecto ha sido modificado por el español en todos sus planos. Tanto así, que han desaparecido la categoría de número dual y otras particularidades de la gramática mapuche ampliamente vigentes en los hablantes nativos de esta lengua entre la VIII y IX Regiones de Chile" (p. 33).

Capítulo II. Consigna las variaciones del mapudungun en Chile (pewenche, mapudungun central, laflcenche y huilliche) y algunas argentinas (manzanero, mapuche de Neuquén, ranquel [en la provincia de La Pampa] y Colitoro [en la provincia del Río Negro]. Luego se refiere a los trabajos realizados sobre diferentes aspectos de la lengua y cultura mapuches, durante los siglos XX y XXI, por estudiosos, tanto chilenos como extranjeros. Incluye también los nombres y obras de poetas mapuches. El capítulo trata también de la población mapuche actual y del número de hablantes, el cual puede oscilar entre 300.000 y 350.000. Según su conocimiento, "La población no es homogénea en sus características culturales y lingüísticas. Es posible encontrar niños y adultos monolingües en español, bilingües de distinto tipo y algunos monolingües de mapudungun. No se sabe cuál es la competencia real que estas personas tienen en ambas lenguas. Muchas de ellas hablan también una interlingua que consiste en una mezcla fonética y gramatical de español y mapudungun" (p. 38). "Se puede afirmar -concluye- que la situación sociolingüística de la lengua mapuche o mapudungun se ha mantenido estable a través del tiempo. Aunque su utilización ha disminuido entre los niños y los jóvenes, existe una permanente motivación en la mantención de la vigencia impulsada por algunos líderes sociopolíticos y ancianos, principalmente.

Los estudios teóricos y prácticos sobre el tema, realizados por especialistas mapuche y no mapuche desde diversas perspectivas disciplinarias, son pilares que sustentan la valoración y permanencia de nuestro patrimonio lingüístico chileno. Estos trabajos y actividades, junto a otras obras de creación lingüística, literaria y sociocultural mapuche pueden contribuir en el desarrollo de un curriculum multicultural que incluya temas indígenas en sus contenidos" (p. 44).

Capítulo III. Trata de la fonología actual de la lengua mapuche. Consigna los fonemas vocálicos y consonanticos del mapudungun, con sus variantes alofónicas, y las dificultades que algunos estudiosos han encontrado en la identificación de algún fonema consonantico. Se refiere principalmente a los alófonos del mapuche central, que es su dialecto natal. Incluye cartas de fonemas, con su representación ortográfica.

Una contribución importante es la variación estilística que conlleva la fluctuación de fonemas, relacionada con la afectividad. Al respecto, la autora señala "[...] dentro del contexto social está el valor afectivo que nos muestra la forma como la lengua refleja los sentimientos personales del hablante hacia su interlocutor o hacia algo sobre lo cual está hablando. Esto se manifiesta claramente a través del contenido conceptual o connotativo de las palabras en el discurso. También existen formas menos evidentes para demostrar nuestra actitud y tratar de obtener reacciones en nuestro interlocutor. Los factores tales como las características de nuestra pronunciación, incluyendo los segmentos (vocales y consonantes) y los suprasegmentos (acento, tono, entonación) son de gran importancia en las lenguas. En mapudungun, una actitud de cortesía expresada a través de la lengua puede tornarse emotiva, despectiva o sarcástica cuando se utiliza un modo de pronunciación que difiere de los patrones habituales aceptados para la ocasión" (p. 51). De entre otros, dos ejemplos: Si el fonema fricativo interdental leí no se realiza con el alófono [e], sino con el fricativo prepalatal áfono [s] expresa una connotación estilística especial, de mucho cariño: [Oeumálen] significa 'prepare, prepara esto para mí', pero [seumálen] significa 'por favor, haga, esto para mí'. "Esto lo dice preferentemente un adulto, anciano (a) a un niño, dirigiéndose a otro niño, o a un adulto para conseguir algo favorable" (p. 52). Si el fonema dental nasal sonoro /n/ se sustituye por el nasal palatal sonoro /ji/ se expresa una connotación especial: [namuntu] significa 'ir a pie', pero Ijiamuntu] significa 'a piecito o caminando a piececito (pobrecito, pobreci-ta)'. "Pero si se pronuncia con dentalización enfática indica desagrado: se fue a pie y no me importa" (p. 53). La expresión de valores de tipo afectivo se realiza mediante la fluctuación de sonidos [perceptibles normalmente para un hablante nativo]; en español, en cambio, con recursos morfosintácticos.

También el acento en las palabras conlleva connotaciones. Hay sílabas que el hablante enfatiza o estiliza. "Esto depende del contexto en el cual las utiliza y el sentido específico del mensaje dentro de la situación comunicacional". Ejemplo: kím-kim-tuy: 'sí, trató de aprenderlo'; kim-kím-tuy: 'trató de aprenderlo, pero sin interés'; kim-kim-táy: 'trató de aprenderlo, pero, al parecer, no continuó'; kím-kim-tuy ama: ¿en verdad, trató de aprenderlo en esa ocasión? (p. 50).

Capítulo IV. Es el más extenso del libro. En primer término trata de la lexicaliza-ción o formación de palabras. La autora afirma al respecto: "La lengua es una parte integral de la cultura mapuche. Las distinciones que encontramos en ella reflejan los rasgos culturalmente importantes de los objetos, las instituciones y las actividades de sus hablantes. La lexicalización consiste en la representación de las nociones y la distinción de los significados por medio de términos individuales" (p. 61). Y agrega: "Las lenguas no solo difieren en la forma de estructuración de un determinado enunciado, sino que también en cuanto a la clasificación de la realidad extralingüística para obtener los elementos que formarán parte de ese enunciado. Esta división da origen a las unidades del léxico o lexemas. Cada lengua organiza sus lexemas según los elementos extralingüísticos que pueden permanecer estáticos o en movimiento. Es aquí donde las diferentes lenguas muestran diferencias en la estructuración y selección de términos para indicar una misma realidad" (p. 62). Aquí cabe recordar lo postulado por Wilhelm von Humboldt, a saber, que las lenguas se diferencian fundamentalmente en la categorization de la realidad, es decir, en la 'visión de mundo' que contienen. El capítulo trata de las categorías de persona, número, tiempo verbal. La estructuración de palabras es tratada en detalle, mediante la modificación de términos primarios. Es dable reproducir, de entre varios cuatro morfemas sufijados que conllevan connotaciones especiales:

-püda- o -pura- "indica arrepentimiento o inutilidad de llevar cabo la noción expresada por el lexema verbal original". Ejemplo: kintu-püda: 'buscar en vano o arrepentirse de buscar' (p. 72).

-rume-: "indica una decisión repentina de llevar a cabo la noción expresada por el lexema verbal. También indica remordimiento o reproche, dependiendo del contexto de su realización". Ejemplo: ramtu-rume: 'preguntar de improviso, o reprocharse a sí mismo o a otra persona por hacer una pregunta que causa molestia' (p. 74).

-se- "indica la repetición presente de una determinada conducta que causa cansancio o desagrado". Ejemplo: ramtu-se: 'preguntar varias veces, causando molestia en el interlocutor'. Dungu-se-y ti wentru: 'Ya está hablando ese hombre otra vez o ya todos conocemos su discurso' (p. 75).

-nkepi- "convierte la noción del lexema verbal original en pluralización con orden alternativo o secuencial". Ejemplo: tripa-nkepi: 'salir uno después del otro' (p. 76).

El capítulo trata, además, de la transformación de sustantivos en verbos; de verbos en sustantivos; de adjetivos en verbos; de preposiciones en verbos; de interrogativos en verbos; de los procedimientos para formar palabras, de la formación de nuevos términos a base de préstamos del español, de los direccionales, de los elementos cuantificadores, etc.

Capítulo V. Trata de la interrogación y sus tipos, con entonación ascendente y descendente; el marcador de duda e interrogación -pe-, también cuando ocurre seguido de negación; las preguntas alternativas y el disyuntivo kam, las preguntas retóricas; las preguntas con marcadores al final de la oración; el marcador de solicitud -/-. En cada caso se entregan ejemplos. Según la autora, "La interrogación en mapudungun se indica a través de patrones cuya forma y contenido se expresan mediante el uso de rasgos suprasegmentales, términos interrogativos y marcas interrogativas. De esta manera se indican nociones de solicitud de información con diversos grados de interés por parte de la persona que interroga, como también de la influencia que puede ejercer sobre su interlocutor" (p. 143).

Por último, la obra trata del discurso y el texto en mapudungun. Al respecto, la autora expresa: "La comunicación lingüística o interacción verbal en la cultura mapuche incluye varios tipos de discurso y texto dependiendo de la situación o contexto en que estos ocurren, el foco o intencionalidad de la interacción, la oralidad, la escritura, el sexo, la edad y el estatus del hablante. Dentro de este marco, la clasificación del discurso mapuche, en general, es la siguiente: el discurso de encuentro y solidaridad, el discurso informativo, el discurso de identidad social y poder, el discurso ritual y discurso didáctico y de entretención. Cada una de estas categorías involucra una determinada motivación y un cierto tipo de relación entre el hablante y el auditorio.[...] En concordancia con lo anterior, el hablante debe manejar muy bien los recursos estilísticos de la lengua y los conocimientos necesarios para mantener el interés del auditorio. Así, en el contexto mapuche, la falta de conversación puede indicar prudencia, escasez de conocimientos, pesadumbre o también falta de sinceridad. La conversación es señal de conocimiento y destreza en el manejo lingüístico. En base a esto, es importante mantener las formalidades de respeto que, entre otras, indican escuchar atentamente, evitar la interrupción y respetar el turno del próximo interlocutor" (p. 144). Estos aspectos son muy significativos para llegar a conocer la cultura mapuche.

En conclusión:

1. El texto es muy completo y no solo da cuenta de la estructura del mapudungun, sino también de la cultura asociada a él, con abundante ejemplificación. Contiene información que otros autores de textos no han tratado en profundidad (como es el caso de los significados connotacionales). En este aspecto, M. Catrileo posee, comparada con otros estudiosos de la lengua del pasado y del presente, la ventaja de ser hablante nativa. Por eso puede dar cuenta, en su libro, de finos matices semánticos que a un no mapuche le costaría mucho percibir y describir con exactitud. Tal condición le ha permitido, a la vez, consignar rasgos de la cultura mapuche que también son vivenciales. La estructura fundamental del mapudungun es conocida desde comienzos del siglo XVII (1606). Con el paso del tiempo han cambiado los nombres de los constituyentes de la lengua: los que ahora denominados 'morfemas' fueron llamados antes, por ejemplo, 'partículas (intercalares)'. Pero las obras antiguas no informan sobre sus funciones estilísticas, las cuales escapan a quien no es hablante nativo. Esto vale para cualquier lengua. Acceder a la 'visión de mundo' -sobre todo en profundidad- de un grupo humano es algo muy difícil para un 'afuerino' que no ha nacido y se ha criado en una comunidad lingüística..

2. El texto demuestra que el mapudungun es una lengua que posee todos los recursos que le pueden permitir desarrollarse. Por ejemplo, puede generar léxico para expresar nuevas creaciones culturales, a base de su propio acervo o de préstamos del español. Las denominadas tradicionalmente "grandes lenguas" o "lenguas de civilización" cuentan también con muchos préstamos léxicos (inglés, español, etc.).

3. El mapudungun es, desde luego, apto para ser empleado en la educación de sus hablantes, si se tiene el propósito.

4. En el texto se emplean términos lingüísticos (fonema, morfema, lexicalización, cuantificadores, etc.), pero no dificultan la comprensión de los contenidos por parte de un lector no especialista.

5. En definitiva, se trata de un excelente texto que será de mucha utilidad para quienes estén interesados en aprender el mapudungun, y también para quienes ya lo conocen y desean profundizar en su estudio.

III. Gramática y cultura en La lengua mapuche

EN EL SIGLO XXI Presentación del profesor Rodrigo Moulian T., de la UACH

Bajo el título La lengua mapuche en el siglo XXI nos llega la más reciente obra de María Catrileo Chiguailaf, editado por la Universidad Austral de Chile el presente año. Este libro nos ofrece una visión panorámica del estado del mapudungun, la lengua indígena con más hablantes de las que se mantienen vigentes en nuestro país. Sus páginas muestran un esfuerzo de síntesis y sistematización de saberes adquiridos a lo largo de una vida dedicada a la investigación, enseñanza, difusión y formalización de la lengua mapuche, que la autora domina como hablante nativa. Desde Mapudunguyu como se titulan sus lecciones básicas para el aprendizaje de este idioma, hasta su Diccionario Lingüístico Etnográfico, sus obras previas, vemos una constante preocupación por el cultivo del mapudungun, que se consolida en su nuevo trabajo. El suyo no sólo es un gesto académico, sino un acto en el que se expresa el compromiso con su pueblo y con su gente. Su aporte no se restringe al enunciado de los contenidos, sino se despliega en el gesto de la enunciación, pleno de valor cultural, que descansa en el principio de reciprocidad. A través de éste, la autora distribuye los frutos del saber que ha cultivado, devolviendo los bienes que le fueron concedidos por el trabajo de sus mayores. Es el cierre de un ciclo que se origina en la fertilidad de esta tierra y se encuentra destinado a la gente de la tierra, para contribuir a que el mundo mapuche continúe hablando a través de ella.

María Catrileo fue profesora de lingüística del mapudungun en la Escuela de Antropología de la Universidad Austral de Chile, ejerciendo una poderosa influencia sobre varias generaciones de estudiantes de esta disciplina, entre los que me cuento. Desde la Facultad de Filosofía y Humanidades organizó un grupo de estudios mapuche, desde el que impulsó numerosas iniciativas interdisciplinarias en el campo de la educación intercultural. Su retiro ha dejado un vacío que aún no se ha podido llenar. No obstante, la edición de este libro bajo el sello de nuestra Universidad muestra que la vinculación no se ha perdido y ella sigue siendo, espiritualmente, parte de nuestra academia. La productividad que hoy muestra en su línea de trabajo expresa un ejercicio que va más allá del desempeño especializado de la profesión, pues es resultado de su vocación de vida y se encuentra anclado en la propia identidad. Mi lectura del libro que hoy nos regala destacará los aportes que éste ofrece al desarrollo de la investigación de la antropología cultural del pueblo mapuche, área de estudio en la que trabajo.

El trabajo de María Catrileo destaca la vigencia y vitalidad del mapudungun como lengua, pero constata también su retroceso desde el punto de vista del número de hablantes. A modo de ejemplo, en las regiones de Los Ríos y Los Lagos sólo un 6,7 de la población mapuche tiene una competencia idiomática alta. Quien se desplace por este espacio puede encontrar nguillatun(es) que se realizan en castellano, lo que implica una pérdida de la capacidad de acceso de sus cultores aparte de los contenidos trascendentes de su cosmovisión; longko(s) que no hablan en mapudungun y son discriminados por sus pares de más al norte; peñi(s) que no conocen el significado vernáculo de los nombres de sus comunidades o, peor, ignoran el sentido de sus apellidos. Si bien se ha perdido el habla, la lengua se mantiene aquí como una estructura semántica latente en las prácticas culturales, inscrita en los nombre de sus habitantes y localidades, asociada al paisaje, como un universo a explicitar. Parte de nuestro trabajo en los últimos años ha sido estimular y acompañar los procesos de reetnificación, devolviendo parte de los campos semánticos a las prácticas culturales de las comunidades para reconfigurar el mundo de sentido ancestral. El libro de María Catrileo es un insumo que aporta a esta tarea, pues no sólo constituye una rica fuente de información, sino constituye un estímulo para que los miembros de las comunidades mapuches cultiven el conocimiento de su lenguaje-mundo.

La voz 'mapudungun' habitualmente se traduce como 'lengua de la tierra' y designa al idioma mapuche. No obstante, la visión endocultural trasciende esta idea, pues en su perspectiva no es sólo el hombre el que habla, sino el universo completo el que se expresa a través de las palabras. El mapudungun es la lengua a través de la que el mundo mapuche nos habla. El libro de María nos muestra de forma exhaustiva pero concisa el sistema expresivo a través del que éste se articula. En capítulos sucesivos, su obra pasa revista a las principales dimensiones de análisis de éste: historia, situación sociolingüística, fonología y fonética, lexicalización y morfosintaxis, discurso y texto. Cada una de estas secciones realiza aportes dignos de destacar. No obstante, en la perspectiva de una antropología cultural interesada en la configuración del universo de sentido mapuche, la lexicografía, la conformación, transformación y función de las palabras, aparece como la dimensión más importante. En el caso de una lengua polisintética como la mapuche, la semántica se perfila a partir de una gramática componencial, que refiere a las estructuras de sentido del mundo.

En su detallado análisis lexicográfico María Catrileo nos sitúa ante la anatomía de la lengua, mostrándonos la fisiología de sus órganos fundamentales. Lo interesante para la antropología es constatar cómo las reglas de constitución del lenguaje expresan rasgos culturales. Así, por ejemplo, las formas pronominales dan cuenta de la importancia de las relaciones interpersonales en el tejido social mapuche. La abundancia de marcadores de situación en el verbo expone una semántica de las relaciones sociales. La infinidad de variantes en los sustantivos compuestos o adjetivados que designan los espacios de agua, como también a los montes y ríos, muestran un pensamiento particularista.

A través de su arqueo de las palabras, María Catrileo nos ofrece una cartografía de este lenguaje-mundo. Su inventario propone una guía de campo para transitar los derroteros del universo mapuche, también un programa de investigación para escudriñar el sentido codificado de sus términos, de la mano del análisis de las series paradigmáticas. Por ejemplo, las relaciones léxicas entre los términos rewe, renü, relmu expresan vínculos en el campo de las representaciones que se pueden constatar en el trabajo de campo etnográfico, porque forman parte de un sistema cosmovisionario. La voz 'rewe' se compone de las partículas semánticas 're' que significa, 'puro', 'auténtico' y 'we' que significa 'lugar' u 'objeto'. Rewe es, por lo tanto, un 'lugar u objeto puro', y designa al espacio o medio de interacción entre los hombres, los espíritus ancestrales y divinidades. El término 'renü' (re/nü) significa 'capturado o prendado por lo puro' y designa a ciertos espacios que se consideran puertas dimensionales entre el 'nag-mapu' la tierra de aquí y el 'wenumapu', la tierra de arriba, donde los espíritus de las personas pueden ser abducidos. Cuando así sucede, éstos quedan en una situación de tránsito, se constituyen en mediadores sagrados y son objeto de culto. En contraste, los traductores religiosos definieron el término como 'cueva de hechiceros'. La voz 'relmu' designa al arcoiris que allí donde se forma abre una puerta dimensional que permite acceder al wenumapu, lo que podría traducirse como 'ir hacia lo puro'.

Series paradigmáticas como éstas muestran los trazos que componen el tejido de la cultura mapuche. El trabajo de María Catrileo nos ayuda a identificar los puntos que dan forma a su urdimbre y nos permiten comprender la lógica subyacente a su entramado. De este modo su libro despliega en su telar las estructuras del lenguaje-mundo.

IV. Cierre del prof. Iván Carrasco M., Director de Estudios Filológicos

Nuestro libro de María Catrileo

Hay libros que son el resultado de extensos o breves procesos de actividad inves-tigativa y que requieren simplemente trabajo para ser redactados, editados e impresos y pasar a formar parte de bibliotecas, librerías y centros educativos; en otras palabras, que cualquier persona estudiosa, seria u oportunista puede escribir.

Pero también hay otros que solo ciertas personas, con una determinada cultura global, intercultural y lingüística, con una particular experiencia de vida y sensibilidad por lo propio y lo ajeno, con una profunda necesidad de dejar un texto testimonial elaborado a través de muchos años de paciencia, amor y dedicación, que necesitan responder a las expectativas, esperanzas e ilusiones de muchos semejantes, son capaces de escribir.

Unos requieren nada más que trabajo y una cierta facilidad para redactar; otros necesitan una persona especial y una vida fundada en el compromiso por valores inalienables y una existencia destinada a escribirlo. Son el resultados de múltiples esfuerzos de memoria, de audición atenta, reflexión autocrítica y consulta oportuna, de confrontación con teorías lingüísticas, socioculturales y literarias, de toma de difíciles decisiones para proponer la forma exacta que sea capaz de construir distintos significados y sentidos denotados y connotados, coloquiales y artísticos, personales, grupales y ancestrales. Estos libros no son producidos únicamente por procesos intelectuales, sino también vitales.

La lengua mapuche en el siglo XXI de María Catrileo es uno de estos libros, un libro que solo María podía escribir y que, gracias a Dios-Ngünechen, ha escrito para que la sobreviva a través del tiempo, las generaciones y las circunstancias.

María Catrileo es mapuche fidedigna, de familia, comunidad y cultura, pero también ha asumido una dimensión winka que la completa y la amplía, ha cultivado un saber integrada pero distintivo con las formas y procesos winkas que le han permitido aprender lo necesario para conocerse mejor a sí misma y a los demás, para reconocer lo significativo de las personas, los acontecimientos y las instituciones que le pertenecen y que le pertenecen a otros. Pero su aprendizaje no ha sido un mero repetir lo que enseñan las metrópolis, autoengañándose con las promesas de la descolonización y la desurbordinación, sino el inteligente uso del mecanismo de incorporación selectiva, tal como lo explicó Ximena Bunster, otra mujer sabia, que consiste en la capacidad de aceptar los préstamos culturales en función de su propia y sólida cultura, evitando una aculturación masiva.

María Catrileo ha sido académica con particular brillo y merecimiento, ha sido amiga de jóvenes, adultos y ancianos, ha compartido con sus lammien, sus machi y sus poetas.También con personas chilenas y extranjeras, investigadores, docentes y estudiantes chilenos y extranjeros, y a todas los nombra y agradece lo que ha aprendido de ellos. En ese nombrar caso a caso, en el prólogo y el texto mismo, se reconocen las redes de convivencia fraternas y de investigación y estudio.

De una manera u otra, todos estamos en este libro, citados, nombrados, referidos, entendiendo todos por quienes en algún momento nos convertimos a la belleza, sabiduría y discreción del pueblo mapuche, nos transformamos por la dulzura y la arrogancia de sus ül, la singular visión de sus epeu, la practicidad de sus nütram, soñamos con entretenernos con los awarkudewe y comunicarmos diariamente con el mapudungun. Y participar en los innumerables y variados procesos en busca de reivindicación, dignidad, respeto e igualdad en la vida social con los winka, en el mapa que todos habitamos con mayor o menor derecho.

Y en tal sentido, este libro en que María Catrileo ha dejado el destilado de sus conocimientos, sus experiencias mayores y su amor por su lengua, su familia y su pueblo mapuche, es también nuestro, en la medida en que hayamos aprendido con su ejemplo a reconocer, respetar y querer nuestra sociedad interétnica e intercultural. Nuestra Universidad Austral de Chile debiera ser el modelo de este tipo de sociedad y, si así fuera, podríamos celebrar la aparición de muchos otros libros que mostraran formas más humanas, solidarias y fraternas de convivir, de estudiar, de investigar y de publicar otros textos luminosos para la humanidad, como escribiera el valdiviano Camilo Henríquez.

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