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Estudios filológicos

versión impresa ISSN 0071-1713

Estud. filol.  n.37 Valdivia  2002

http://dx.doi.org/10.4067/S0071-17132002003700013 

 

Estudios Filológicos, N° 37, 2002, pp. 211-224

 

La escritura de la ciudad para el  establecimiento de la nación, y la generación de mitos históricos en El Movimiento Literario de 1842: Bello, Lastarria, Sarmiento

Writing the City and Generating Historical Myth as the Base for Establishing a Nation: The Literary Movement of 1842

 

Ana Figueroa

En la sección histórica supimos que a raíz de las persecuciones religiosas del siglo XIII los ortodoxos buscaron amparo en las islas, donde perduran todavía sus obeliscos y donde no es raro exhumar sus espejos de piedra. La sección idioma y literatura era breve. Un solo rasgo memorable: anotaba que la literatura de Uqbar era de carácter fantástico y que sus epopeyas y sus leyendas no se referían jamás a la realidad, sino a las dos regiones imaginarias Mlejnas y de Tlön... (J. L. Borges "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius").


 

Desde 1840 en adelante, se comienzan a consolidar en Chile, por parte de los intelectuales, maneras, modos de pensar que se representan en un narrarse como individuos pertenecientes a un Estado. Parte de este afianzamiento escritural o discursivo se produce debido a la presencia no sólo de chilenos como Lastarria, Bilbao, Sanfuentes y Jotabeche, sino que también por otros como Andrés Bello, Domingo Faustino Sarmiento y José Mora. Estos escritores, que vienen escapando de las dictaduras de sus respectivos países ­Chile mismo acababa de terminar con una­, se lanzan a la búsqueda de un modelo escritural en que se refleje aquello que les da una singularidad, aquello que les enuncia desde sus propias identidades. Es un proceso de "modernidad" que pretende establecer nuevos territorios. Dentro de estos parámetros es que se encuentran los escritores que tratan de fundamentar un lenguaje que sea capaz de proyectar los ideales de ciudadanía, patria y escritura. Intento ver cómo en este proyecto discursivo se define o se encuentra el imaginario de lo que es un buen ciudadano, qué lo constituye, cuáles son los ideales, en fin, bajo qué premisas se entiende éste.

 

In 1840, Chilean intellectuals began to develop and consolidate ways of thinking about themselves as important and key players in the organization of the State because they have the possibility of create an imaginary community. Thanks to the presence of Andrés Bello, Domingo Faustino Sarmiento and José Mora. These writers came to Chile after escaping dictatorships in their own countries, so they attempted to create a State based on models which reflect their conception of power. It is a process of modernity that tries to generate a language which reflects the ideals of citizenship, homeland, nation and writing. In this work I would like to examine just how the discursive project of the intellectual of 1842 worked.


 

Según afirma Hugo Achúgar en "Parnasos fundacionales, letra, nación y estado en el siglo XIX" (1997), la pertenencia a una tradición, cualquiera que ésta sea, pasa por el reconocimiento como propios de una serie de hechos o mitos históricos que aspiran ­yo diría, a través de los cuales se aspira­ al diseño de un pasado, de un presente y así de un futuro diferenciado de otras comunidades y en las cuales el signo civilizatorio por excelencia es la ciudad. En ella se dan o se proyectan todas la instituciones necesarias para el establecimiento de una clase intelectual y dirigente de la nueva nación. Fundamental en estas creaciones es la organización de un mapa político, social, literario, histórico, moral, etc., en donde la ciudad en sí quede demarcada en el discurso. Discurso en que la historia es uno de los monumentos sobre el que se erigirá el imaginario de las diversas identidades. Los pasados se convierten, así, en el núcleo en el que se basarán las distinciones del ser "americano", pues en éstos se encuentran las narrativas del ser mismo las que posibilitan una rediagramación de un inconsciente colectivo. Según Achúgar, en otro trabajo suyo sobre la ciudad, su construcción y papel de los letrados en ella: "La ciudad como construcción de la memoria o la memoria como constructora de ciudades, ambas posibilidades tienen en común el apuntar no sólo a una interpretación del pasado ­un pasado merecedor o no de ser conservado­, sino también a la construcción de la ciudad como monumento" (1996: 23).

A partir de este presupuesto, se pueden analizar las distintas posiciones intelectuales que se adoptan en la creación de una comunidad, pero también la organización ideológica que hace de eje en una fundamentación patria. Importante es, entonces, desentrañar, mostrar y analizar la posicionalidad con la que el sujeto está emitiendo su discurso, además de la revisión de la ideología que fundamenta su imaginario, para así entender la organización lógica que sirve de base a tales construcciones. La creación de discursos nacionales sirve no sólo para establecer emblemas (himnos, bandera, escudo, etc.), sino también para cimentar un espíritu ciudadano en la construcción misma de estas nuevas polis. En este sentido, la ciudadanía se define por oposición a todo aquello que no se encuentra en el espacio urbano, en la civitas. Su valor está en la transacción desde un adentro (la cultura y el desarrollo económico) hacia un afuera (los márgenes, el campesino, lo no civilizado) y viceversa, pues es en esta tensión que el "uno" se reafirma frente al "otro". La configuración de una ciudadanía ­derechos y deberes del ser humano que la habita­ viene a ser esencial en la especulación o en la ficcionalización1 de los nuevos órdenes. Así entendida la instauración de los discursos nacionales es que puedo leer El Movimiento Literario de 1842 en Chile como uno que creó sus propios discursos en pos de una formalización del ideal civilizatorio, representado en la escritura de la ciudad, en la creación de un corpus literario que dibujara el mapa del espacio urbano que le permitiera hacer el montaje de una nueva forma de ser a la que se le denominará ciudadanía, y que contendrá las bases ideológicas de una estructura mayor llamada nación2.

Los textos que hacen este Movimiento del 42 se presentan en la modalidad de polémicas generadoras de una visión más amplia y más segura de la labor del intelectual, lo que legitimó un discurso propio que estuvo enmarcado dentro de un pensamiento eurocéntrico en combinación con el encuentro de lo "propio". A esta mezcla la reconoció como la base cultural que le permitiría la creación de una/s imagen/es, una/s idealización/es y de un/os modelo/s con los cuales intentar narrar la ciudad (la capital), paradigma mayor de una identidad nacional en tanto se alza como monumento paternal ante las otras provincias de la nación.

Ahora bien, resulta, a lo menos, paradójico que en la necesidad de estabilizar una identidad nacional se encuentren tres pensadores provenientes de países distintos3, y es que, entonces, ¿de qué identidad nacional se está hablando? o ¿cómo puede interpretarse una narrativa identitaria que no es producida desde dentro? y así, ¿cómo se puede definir lo propio ante un grupo de pares heterogéneos? Éstas y otras preguntas complican la idea de sujeto perteneciente a un país en base al jus solis, algo que también se ha hecho presente en la participación de distintos intelectuales en discusiones dentro de América Latina contemporánea. Por el contrario, el Movimiento Literario del 42 permitió el establecimiento de discursos que representaban y modelaban una ciudad ­no importando de cuál ciudad se tratase­, puesto que se trataba de inventar una polis en la que se pudiera proyectar un imaginario colectivo que traspasara los estrechos márgenes de lo local, para así convertir a América en una "copia cultural" de Europa. Como afirma Achúgar, en el tránsito de lo real a lo imaginado se da una sustitución, una traducción "que implica siempre un relato, una narración traducida desde y hacia una estructura narrativa, histórica, personal o colectiva" (1996: 18). Ya no es la tierra la que da derecho a enunciar un discurso fundador, sino que es una colectividad mayor la que traduce la identidad de una región, nada distinto del relato de Borges en donde una colectividad de intelectuales logra crear un nuevo mundo. Unidad y diversidad, asegura, por su parte, Ángel Rama, constituyen algunas de las formas de reconocimiento del "yo" y de lo "mío", que equivale a un "nosotros" y a un "nuestro" en las ideas de Latinoamérica y es, precisamente, a base de la diversidad existente que pueden solidificar las relaciones intelectuales que existieron en el Movimiento del 42 en Chile: "La diversidad es regida, en un primer nivel, por el de los países hispanoamericanos, alguno de los cuales han sido capaces de construir naciones, gracias a factores integradores que otros no han alcanzado. En un segundo nivel la diversidad es acreditada por la existencia de regiones culturales" (1985: 57).

Cualquiera sea la perspectiva desde la que se analice el Movimiento del 42, se aprecia la presencia, la existencia de regiones culturales y de factores integradores que se ven expuestos en las formulaciones de modos de gobierno y, así, en los ideales nacionales que promueven: "Estas regiones pueden encabalgar asimismo diversos países contiguos o recortar dentro de ellos áreas con rasgos comunes, estableciendo así un mapa cuyas fronteras no se ajustan a las de los países independientes" (Rama 1985: 58). De esta forma, Chile ­como territorio­ se formalizó como la cuna de idearios nacionales, puesto que se permitió la creación de políticas que invitaban a una forma de gobierno distinta a la que se tenía en esa época en Latinoamérica a causa de la presencia de las dictaduras en el Cono Sur4. Las diferencias que se dieron entre los escritores y cuyo resultado fueron las llamadas "Polémica literaria o filológica" y "Polémica literaria o del romanticismo" tuvieron sus bases en las distintas percepciones de política cultural que cada uno de los autores participantes en ellas tenían; pero éstas permitieron no sólo una solidificación en el aspecto central de sus discusiones, la cultura, sino también una armonía en cuanto al ideario escritural nacional.

Dentro de estos márgenes, la pregunta base de mi trabajo no se deja esperar: ¿qué es lo que legitima una ciudadanía? La respuesta viene dada en las distintas instancias de acuerdo a la formación intelectual de cada uno de los intelectuales que participan en el Movimiento Literario de 1842:

a.Bello fundamenta la idea de una visión más bien americanista del proceso de independencia, en donde la apreciación viene a darse a nivel continental más que puramente nacional. También hace un rescate de las bondades de la herencia española y propone una singularidad a base de las distinciones regionales recuperando la naturaleza y la geografía. Es una posición de alerta ante los peligros que la tan anhelada modernidad trae consigo.

b.Sarmiento estructura sus planes políticos para Argentina; parte de los contactos que establezca en Chile serán los que le servirán como plataforma política, al mismo tiempo que se interesa por la formulación de estéticas literarias con las cuales reforzar la idea de identidad nacional entendida como una modernidad tecnológica para cada país, acompañada de un desarrollo económico y cultural centrado en la educación, cualquiera que sea el método con el cual se obtenga.

c.Lastarria busca un modelo literario e histórico que le permita una inserción de las letras nacionales más allá de las fronteras, y que sea capaz de mostrar algunas características de identidad, vale decir, donde se reconozca algo de lo propio. Lastarria encuentra este modelo en la escritura de "novelas históricas", pues allí se puede plasmar la historia nacional, lo que permitiría las bases de una escritura con la que lograr idealizar una memoria y consolidar una colectividad.

d.Bilbao, el más rebelde de todos los participantes en el Movimiento Literario de 1842, fundamenta su discurso en la idea de libertad, la que no debería estar centrada en un aspecto económico, pues el manejo de una nación sustentado en el poder económico significa estar en manos de la barbarie.

La aceptación de un trabajo en común por parte de los autores ya mencionados dimensiona los nacionalismos de esa época, que pudieran darse como incipientes juegos que tienden más bien al enriquecimiento de la formación de una cultura que a ataques basados en algún tipo de xenofobia. Por otro lado, el ideario de una construcción nacional (léase citadina) que se planteó en esta época sugiere potenciaciones distintas, más ricas, orientadas a la enunciación de un espacio en donde lo propio y lo ajeno encuentren un apoyo en la solidaridad de las ideas. Se pueden entender estas concepciones desde la perspectiva de Chatterjee: "Nationalism is not the awakening of nations to self-consciousness: it invents nations where they do not exist ­but it does need some pre-existing differentiating marks to work on" (1986: 4). Marcas que los textos intentan borrar si se trata de diferencias referidas a países latinoamericanos, pero tratándose de países europeos ésas sirven de polos entre lo positivo y lo negativo5. Esta percepción de un espacio de creación en común de las respectivas naciones será contrapuesta fuertemente a los extremos nacionalismos y a toda su violencia en la formulación de éstos más de un siglo después, durante las terribles dictaduras de los años 70 en los distintos países de América del Sur6.

Entre los sujetos que elaboran discursos tendientes a la creación de un espacio cívico están los que vivieran fuertes conmociones sociales y escaparon de ellas, por lo cual sus escrituras muestran el desamparo del exilio representado en el estilo romántico de sus textos literarios. Es el caso de Bello y Sarmiento, quienes buscaron refugio en Chile por haber sido expulsados de sus respectivos países. Para Lastarria, por el contrario, se trataba de una forma de resistencia a los ideales del régimen portaliano7. Todos ellos, por otro lado, organizan un mundo en donde la lectura de sus textos se vuelva aporte importante a la incipiente historia literaria de la nación. Desean que sus presencias sean valoradas, lo que les permitiría un lugar en la Historia Nacional y, por lo tanto, la perduración en la memoria colectiva. Es esta apreciación del sujeto la que veo en el texto de Adolfo Valderrama que, si bien está referido directamente a la escritura de la poesía, plantea una lectura analítica de lo que fue el Movimiento del 42 a veinticuatro años de ocurrido el hecho8, algo que puede ser interpretado, también, como un texto histórico que permite conocer la apreciación que se tenía de este Movimiento del 42 como uno de gran importancia y que logra dejar su huella en las letras chilenas: "El año 1842 debía ser año de plácemes para la república; en este año debía probar que cuando Chile pretende alcanzar alguna cosa, no son las facultades lo que le falta; en este año debia dar la constelacion mas brillante que se pudiera imajinar, a los que le reprochaban su impotencia para producir poetas" (1866: 112)9.

Se nota cómo los escritores que participan de este proyecto escritural han logrado permanecer en la escritura histórica de la formación nacional en la medida en que sus obras no sólo estaban orientadas a la creación de una estética literaria, sino que abogaban por una "poética activa", es decir, la fundación de instancias, instituciones y estructuras cívicas que posibilitarían una mayor actividad cultural e intelectual en la ciudad. Veo, en la necesidad de quedar inscritos en la historia, una doble valoración: primero, inventar un espacio que se acomode a sus necesidades de enriquecimiento intelectual y, segundo, perdurar más allá de sus muertes. Éste es también un modo de rebelarse contra del poder establecido, puesto que la escritura que plasma la historia, la memoria, se vuelve sujeto/objeto de subversión, en la medida en que inquieta los límites de normalización y de regulación política que están ejerciendo los gobiernos de turno, desautorizando, así, al poder que pretende imponerse sobre el pasado, el presente y el futuro de una nación. Estos escritores proyectan al futuro una memoria/historia distinta a la que ellos llaman y denuncian como "oficial" y que tiene más bien que ver con el orden establecido, pero también la subversión se da porque esta memoria/historia es distinta al orden "científico", en la medida en que responde a la propia experiencia del sujeto enunciador quien se transforma en testigo activo de los hechos que está narrando. Se están formulando, en esta acción de describir un pasado, los fundamentos de una modernidad10. Así, dentro del discurso civilizatorio del civitas/civitatis, la mirada con que se describe/escribe el entorno se vuelve torcida, ambigua, contradictoria, en cuanto niega la versión "estatal" y, al mismo tiempo, se transforma en el medio a través del cual se re-inscribe el sistema valórico de una ciudad. Hago mía la afirmación de Achúgar: "La determinación del objeto ciudad como una totalidad orgánica implica una representación y una interpretación" (1996: 19). Este Movimiento Literario del 42, entonces, produce sus propias exhibiciones que serán los símbolos y las imágenes aceptadas por el grupo de lectores, es decir, su grupo de pares, los mismos que inventarán otros modos que vayan enriqueciendo lo, hasta ese instante, producido. Desde esta perspectiva, tanto la historicidad del espacio como las representaciones de éste en el discurso se vuelven primordiales: ambas constituyen la frontera en la cual se demarcará la presencia de un "nosotros" versus "otros" , lo que, según Jameson ­en quien encontramos una explicación profunda sobre la identidad y las construcciones psíquicas en el ser humano­, se explica como "all ethics lives by exclusion and predicates certain types of Otherness or evil" (1981: 61). Se necesitan, para un discurso instaurador de políticas sociales en donde la identidad es el centro, representaciones del "self" o del "ego".

Se cuestiona, entonces, la inconsistencia política que se vivía en Chile, para lo cual empiezan (los discursos) a perfilarse hacia espacios ­siempre imaginarios­ de fundamentos y órdenes donde se estabilice el concepto de igualdad y, al mismo tiempo, de pertenencia, dentro de los límites que la ciudad/ciudadanía, y todos los ideales que éstos sustenten, les permitan. Se va construyendo, de este modo, una instancia, un lugar en donde se practican diversos modos de escrituras fundacionales, lo que Ángel Rama denomina "ciudad letrada"11.

Existe un sentimiento de imbricación cultural a través del cual se intenta inventar un entorno, una polis que autorice al sujeto existente en ella como uno que no sienta el desasosiego, la soledad de un no estar, de una no pertenencia12. El fortalecimiento, la concreción de este sujeto escritural y ciudadano se puede entender como la enunciación de una energía de historia vivida basada en la memoria y en la subjetividad13. Memoria que se sugiere a modo de recuerdo individual y, paradójicamente, objetivo: tal es el papel que juega el carácter de erudición con el que se plantean los distintos discursos. Así, por ejemplo, Lastarria, que al dar cuenta de las publicaciones efectuadas por algunos miembros del movimiento, va creando una especie de cadena desde la cual va construyendo los límites del nombrar y, por lo tanto, del aceptar, cuyo caso extremo, en oposición a esta aprobación, se da en los silencios, en el olvido, en la borradura, en aquellos que, por no entrar en su concepción estética e intelectual, no son nombrados. Lastarria crea, a modo de autoridad, una antología, un Parnaso del espacio cultural de Santiago de 1842:

El tímido movimiento literario, que se iniciaba paralelamente con aquel, estaba reducido a un estrecho círculo: en esos momentos la prensa volvia a reproducir libros que eran análogos a los que nos habían enorgullecido en 1843. Don Simon Rodríguez reaparecia dando a luz su Tratado sobre las luces i sobre las virtudes sociales, en el que repetia sus teorías de reforma; el señor Marin daba una segunda edición de sus Elementos de Filosofia; el señor Bello publicaba un Canto elejíaco al incendio de la Compañía y luego el Analisis ideolójico de los tiempos de la conjugacion castellana, que despues juzgaba Aribau en la Revista Hispano-Americana (...) sólo falto que se reprodujera en este año el Chileno instruido, pues, como para que fuera mas completa la analojia, en lugar del Repertorio estadistico de 1835, el celebre impresor Rivadeneira, que era dueño entónces de la empresa El Mercurio, publicaba la Guia de forasteros para 1841, que nosotros compusimos por encargo suyo, acopiando en este librito los datos estadísticos i todos los informes ilustrativos que sobre Chile pudimos entónces procurarnos (1885: 5).

Lastarria no deja de enunciar los detalles que ayudaron a construir un movimiento como ése. Vale la pena hacer notar el hecho de que para 1841 ya existía en Chile una "guía para extranjeros", la que facilitaba la integración de otras culturas en el país; es decir, se estaban dando las primeras narraciones citadinas con las cuales organizar un espacio social. Es el mismo pasado que reconozco en el Canto elejíaco al incendio de la compañía de Andrés Bello, en el que se va estableciendo una conciencia de ciudad, a medida que se describe el incendio y su ubicación geográfica14. Es importante hacer notar que los versos que componen esta elegía muestran distintos lugares del incendio y cómo éste da un aire especial a Santiago. La mirada del hablante lírico se da a modo de cámara aérea que todo lo alcanza y desde la cual puede ver no sólo la estrucura física de la ciudad sino también la anímica. Cito sólo unos versos:

...Aunque el pueblo te circunde, ... Yo te vi en tu edad primera
a socorrerte anhelante, dormida esclava, Santiago,
rápido el incendio cunde, sin que en tu pecho latiera
y hasta el cerro más distante un sentimiento presago
terrífica luz difunde... de tu suerte venidera.
...Ya el techo, alta diadema Y te vi de largo sueño
de fuego, lluvia desciende despertar altiva, ardiente,
ardiente, que alumbra y quema y oponer al torvo ceño
la basta nave, y se extiende de los tiranos, la frente
con voracidad extrema... de quien no conoce dueño... (Alegría 1954: 207).

En el párrafo sobre este poema de las memorias de Lastarria ya citado, hay un yo que recuerda, que re-establece un pasado: reconstituye lo que a él le parece es fundamento "mnémico" de una nación, que, a su vez, está compuesto por otras historias: "La lógica de la memoria es la lógica de una lectura. Una lectura que se autopercibe como memoria y que está sometida a los mismos avatares de toda empresa hermenéutica o interpretativa" (Achúgar 1996: 23). Es precisamente esta idea la que se advierte en la constante recitación de las distintas publicaciones de una época. Estas obras van a construir y solidificar el acervo cultural de un nación, pero también van a mostrar a un país con la capacidad económica suficientemente fuerte como para sustentar las distintas publicaciones; así se juega a dos bandos: la cultura y la modernidad económica de la ciudad. El yo enunciador se muestra como uno capaz de describir con "objetividad" la historia de los otros que participaron en el proceso de instauración patria, porque pertenece al espacio de enunciación. Este espacio reafirmará al yo narrador como centro, como la mirada que autoriza y desautoriza en el orden social de la ciudad. Algo que se puede sustentar en la afirmación de Achúgar sobre la memoria: "La memoria no surge de la nada ni es inocente. Es decir, no se vuelve significativa por su mera excelencia. En la ficción de la ciudad como palimpsesto, las distintas memorias ­política, social, afectiva, literaria, plástica­ construyen una y múltiples miradas, uno y múltiples relatos" (1996: 23).

Es así como en el Movimiento del 42 no sólo se busca encontrar una forma de poetizar la ciudad y, de paso, al sujeto que en ella vive, sino que se intenta inmortalizarla convirtiendo tanto el espacio físico como el escritural en monumentos que retratarían la identidad de quienes habitan la polis. La escritura se convierte en el espejo en donde el habitante de la ciudad debe verse reflejado.

Esta instauración de una civis/civitas y la organización social que en ella se está estableciendo tiene dos fuerzas estructuradoras: por un lado, el gobierno y su poder de organización y de dictación de leyes y normas; y por otro, el grupo de intelectuales (Movimiento Literario del 42) que quiere imponer normas que, si bien no corresponden al ámbito legal directo, impulsan ideas estéticas, modos de conducta y reglas educativas15. Todo este corpus escritural servirá para organizar una sociedad, pues lo escrito se propone como ideal que se repetirá en un corpus humano, cuerpo texto = cuerpo humano. Los ideales que allí (lo escrito) se planteen serán aquellos que se repetirán como realidades históricas en la sociedad concreta. Sujeto escritura/memoria/historia que construye ideales civilizatorios versus sujeto lector/influenciable/idealizable que se transforma en civilizado. Así, el Movimiento del 42 está armando una categoría universal dentro de lo público, que se refuerza como modo de conducta, algo que queda doblemente representado con la anuencia de escritores de otras nacionalidades.

Lo que está haciendo este Movimiento del 42 es un intento por unificar en uno solo las distintas ideologías que se hacían presentes en el círculo intelectual, para así establecer regulaciones estéticas, modos de conducta, etc. Algo que para Achúgar está representado en los "parnasos nacionales", los que vienen a formalizar las ideologías reinantes: "Lo que hacen [los parnasos nacionales] es construir desde el poder el referente de un país donde sólo los hombres libres tienen derecho a la producción simbólica, donde las mujeres, los negros y los indios no son ciudadanos, no lo son de un modo pleno" (1997: 18). Así, las escrituras que se producen en este tiempo no están destinadas para todo el mundo, como hoy se pudiera entender; por el contrario, están referidas a una élite de hombres que manejarán la nación, por lo que el yo narrativo está destinado a otros "yos" que se le parezcan. El juego de la memoria, entonces, es uno en el que el yo escritural propone un modelo en el cual otros "yos" (sólo unos pocos) puedan entender el proceso de subjetivación, asimilarlo, in-corporarlo y repetirlo sin olvidar la fuente de donde procede:

La memoria es un proceso abierto de reinterpretación del pasado que deshace y rehace sus nudos para que se ensayen de nuevo sucesos y comprensiones. La memoria remece el dato estático del pasado con nuevas significaciones sin clausurar que ponen su recuerdo a trabajar, llevando comienzos y finales a reescribir nuevas hipótesis y conjeturas para desmontar con ellas el cierre explicativo de las totalidades demasiado seguras de sí mismas (Richard 1998: 29)16.
Es esta subjetividad de un "yo" que maneja varios hilos del poder y que, por lo tanto, está dirigida siempre desde un centro, la que se alzará como cúspide, punta de la pirámide que va a sustentar el todo mayor llamado Nación.

Los montajes y desmontajes llevados a cabo por los escritores de mi estudio tienen que ver con la in-corporación en sus discursos de una otredad que queda simbolizada por el silencio, por lo no dicho, convirtiéndose en la materia que subyace al texto como su doble contrario. Es decir, la otredad ha sido absorbida, transformada y re-planteada para configurarse como la base opuesta a lo civilizado que se busca. El ideal educativo de las nuevas escrituras está orientado más a la clase instructora que a la aprendiz en la que se están probando, continuamente, distintas teorías educativas. Este es uno de los motivos de que el teatro pase a ser una de las maneras, la más directa tal vez, en que los ideales pretendidos ­para cada clase­ pueden ser enseñados, según expresa Sarmiento en su texto sobre el teatro y la cultura en Santiago17: "El publico en general no sabrá darse cuenta de los motivos; pero aplaudirá y se manifestará indiferente segun que los sentimientos o ideas que se espresen hagan vibrar o no las cuerdas de su corazon" (cit. en Durán 1957: 156). En este género literario ya no sólo valen las palabras ­las que iban dirigidas a aquellos con capacidad de entenderlas­, sino que también los gestos, los movimientos a través de los cuales una sociedad debe sentirse intrepretada18. Así, por ejemplo, Sarmiento en su "estudio" de cómo hacer buen teatro en Santiago plantea la importancia de este género como forma educativa:

El teatro en los pueblos modernos no es un mero pasatiempo, que no merezca llamar la atención del gobierno i de los patriotas. El teatro es un foco de civilizacion, ménos por el espectáculo que ofrece, que por los elementos que concurren a formarlo; todas las artes le prestan su ausilio, i la poesia y las bellas letras han hecho de el su campo de Marte, en que hacen parada de sus progresos y de sus injenios (cit. en Durán 1957: 152).

Sarmiento se piensa responsable de la búsqueda de otros medios a través de los cuales se generen nuevas formas educativas, y considera que el teatro es la mejor manera de acceder al público general para así enseñarles:

No es el teatro una simple diversion pública, o como las riñas de gallos i los circos de equitacion, un mero espectáculo. Mayor y mas encumbrado rango ocupa en la sociedad, puesto que no solo tienden sus exhibiciones al deleite de los sentidos, sino tambien a conmover el corazon i aleccionar el espíritu de los concurrentes (cit. en Durán 1957: 155).

Como he venido diciendo, lo que intentó el Movimiento del 42 no sólo fue inventar una narrativa nacional identitaria, sino también modelos culturales de comportamiento que sirvieron para organizar la ciudadanía. Así, puedo dar como resumen tres formas de "otredades" que fueron ordenadas, estructuradas y así asimiladas en la escritura misma:

a.La lengua y sus múltiples polémicas que llevan al planteamiento de una identidad y que como tal fue construida a través de las variadas resistencias al modelo lingüístico europeo, por lo que se convirtió en una forma de subversión que buscaba un modelo lingüístico sin interferencias de reglas y leyes que dieran cuenta de una realidad distinta americana y que, al mismo tiempo, sirviera como exégesis literaria exacerbando lo narrativo y teatral por sobre la poesía.

b.La incorporación al discurso narrativo de los marginados de la sociedad, como un símbolo: el bandido, el mendigo, el pueblo, con lo que se pretendía hacer una crítica social, una denuncia de las condiciones políticas que mantiene un sistema. No se trataba de una crítica a la condición de marginalidad, puesto que esta última siempre encontrará una explicación en el texto, sino de mostrar la ineficacia gubernamental. El marginado, normalmente, será alguien que, por traspaso, represente al intelectual. Es decir, la figura del marginado era una metáfora en dimensión metonímica de la presencia del autor.

c.Por último, la narración de una tierra, el reconocimiento de un paisaje criollo, de un ambiente que sirviera como escenario de la saga del relato que, como tal, se ve apropiado por el autor. El espacio físico patrio, al igual que el cuerpo del ser marginado, es utilizado en función del establecimiento de proyectos de modernidad. No se trata de lugares imaginados que pudieran ser concretizados en una realidad, sino de espacios claramente identificables. Así, la tierra, la naturaleza, quedan al servicio del que es capaz de narrarla y de inventar un mapa en donde se escriba un territorio.

Estas otredades fueron usadas para (re)crear el pasado nacional; el ensayo que allí se pretendió tuvo que ver más con una re-estructuración del "yo" que con necesidades de estéticas puras. Se trata de ir probando distintos modos de decir. El ser que imagina, que crea, que historiza, que narra, debe estar formado dentro de ciertos márgenes que permitan una sociablidad, la que es definida como el modo de actuar en conjunto y de acrecentar un acervo cultural que quedará definido siempre dentro de los límites de la cultura europea:

No perdais jamas de vista que nuestros progresos futuros dependen enteramente del jiro que demos a nuestros conocimientos en su punto de partida. Este es el momento crítico para nosotros. Tenemos un deseo, mui natural en los pueblos nuevos, ardiente, que nos arrastra i nos alucina: tal es el de sobresalir, el de progresar en la civilización, i el de merecer un lugar al lado de esos antiguos emporios de las ciencias i de las artes, de esas naciones envejecidas en la esperiencia y que levanten orgullosas sus cabezas en medio de la civilización europea (Lastarria 1885: 19).
En conclusión, para poder describir al sujeto que pertenecerá a estos ideales nacionales se recurrirá a crear límites, bipolaridades, dicotomías que estructuran el margen del ciudadano. Angelika Bammer (1995) se acerca a la problemática de narrar al otro y cómo estos discursos se mueven entre una xenofobia rechazo y una xenofilia anulación de la presencia de la otredad. La tensión que se crea en la necesidad de establecer un/os otros a través de los cuales se debe traspasar para poder interpretarse es lo que va a solidificar la estructura de patria. El juego de idas y venidas se da en el acto performativo de las preguntas que se esconden en los textos y que generan el material escritural de afianzamiento de la identidad. La idea de Lastarria de crear o impulsar el conocimiento a niveles de igualación con modelos europeos no se presenta como original, pues pertenecía al imaginario colectivo de la época, pero también la idea de una síntesis entre lo europeo y lo americano puede ser mirada como una respuesta a la pregunta ¿cuál será "nuestra" propuesta literaria y de compromiso ciudadano? y ¿qué distinción existe entre "nuestras" aproximaciones y "sus" conocimientos y experiencias? Otras respuestas a estas preguntas no son sencillas y hacen compleja una concepción de identidad cultural, algo que se viene discutiendo en América Latina por ya más de un siglo.

La ideología del concepto de "nación" tiende también a ser asociada con la proyección de una modernidad, algo que puede ayudar a entender la necesidad de nuevos órdenes ciudadanos. Estos últimos deben responder a modos de conducta que se inscriben en espacios significativos en donde el ser humano que allí exista se sienta perteneciente a un grupo y, por lo tanto, posea una identidad comunitaria y compartida. Esta es una puesta en juego de modelos escriturales y performativos en donde se presente como constante el proyecto de idear una nación, simbolizada en la ciudad, "la capital", y los signos que la componen idealmente. El trabajo al que estaban expuestos los autores era múltiple y variado, poseía diversas direcciones a seguir. Todo estaba por hacerse, pareciera haber sido el lema de este tiempo, algo que se repite hasta nuestros días. En resumen, los intelectuales del Movimiento Literario de 1842, al igual que los del cuento borgeano, se reunieron para inventar un mundo y así inventarse a sí mismos.

NOTAS

1 La palabra "ficcionalización" es la usada por Achúgar para referirse a las narrativas que solidifican el estado nacional.

2 Todas las citas sobre el Movimiento Literario de 1842, a menos que se indique lo contrario, provendrán de la recopilación efectuada por Julio Durán Cerda, en edición que lleva el mismo título del movimiento.

3 Este trabajo se centra en tres grandes figuras: Bello, Lastarria y Sarmiento, pero entre los integrantes de este movimiento se encontraban ­entre otros­ José Joaquín Vallejo (Jotabeche), Francisco Bilbao, Manuel Blanco Cuartín, Carlos Bello, Rafael Minvielle, Manuel Talavera, Salvador Sanfuentes, Guillermo Matta y Guillermo Blest Gana.

4 Me refiero a las dictaduras tanto de Rosas en Argentina como de Portales en Chile. La presencia de Bello en Chile responde a factores más complejos, que normalmente se explican por su "terminación de contrato por parte de la república de Venezuela", motivo que lo lleva a pedir refugio en Chile. Esta situación no deja fuera el problema político institucional que se daba en Venezuela; por el contrario, es un reflejo, motivo por el cual recibe asilo en el país sudamericano. Raúl Silva Castro en Antología de poetas chilenos del siglo XIX (1930) explica la presencia de Bello en el país. Con respecto a la situación política chilena y la renovación de la literatura a partir del año 1842, Adolfo Valderrama afirma: "En efecto, hacia poco tiempo que Chile habia salido de la tutela de la España; tenia que organizarse sólidamente, que perfeccionar sus leyes, que completar , en fin, sus instituciones. Nada hay mas facil que organizar a un pais en que hai un jefe que manda i a quien los demas obedecen; pero cuando se trata de dar estabilidad a un gobierno republicano (...) la obra es mas dificil i necesita tanto de la habilidad de los que gobiernan como de la prudencia de los gobernados" (1866: 110). Con esta afirmación se está reforzando la idea de país democrático, abierto y libre. Atrás han quedado los años de la dictadura portaliana. La historia ha borrado la imagen completa de Diego Portales en la medida en que engrandece la imagen del pueblo.

5 Tanto Bello como Sarmiento en sus escrituras hablan de los chilenos y de la chilenidad usando un "nosotros" comprometido e integracionista, algo que no encuentra fuertes reparos en la comunidad intelectual. Por el contrario, al español Mora se le critica e incluso es expulsado del país, a lo que él responde con un agrio poema A Chile: "Un conjunto de grasa y de porotos, / con salsa de durazno y de sandía; / pelucones de excelsa jerarquía, / dandys por fuera, y por dentro rotos.// Chavalongo, membranas, pujos, cotos; / alientos que no exhaltan ambrosía, / lengua española vuelta algarabía, / erutos que parecen terremotos. // En vez de mente masa tenebrosa, / no ya luz racional, sino pavesa, / que no hay poder humano que la encandile; // Mucha alfalfa, mal pan, chicha asquerosa; / alma encorvada, y estatura tiesa ... / Al pie de este retrato pongo: Chile (cit. en Durán 1957: 870).

6 Uno de los problemas a los que tuvieron que enfrentarse los países del Cono Sur hacia los años 80-90 del siglo XX en sus respectivos retornos a las democracias, fue el extremo nacionalismo que, con su violencia, desestabilizaba una visión más humana del otro. Para una interpretación de la violencia y sus repercusiones en el Chile de la transición, léase Richard 1998.

7 La figura central previa a los años del Movimiento Literario del 42 es Diego Portales, quien asume el poder de forma indirecta, pero maneja ­desde su ministerio­ las acciones del presidente. Aunque Portales había sido asesinado en 1837, se denomina "época portaliana" a la que va desde 1830 a 1891 porque durante todo este período se mantienen los ideales de Portales. Para una profunda explicación de la política portaliana, véase Carlos Foresti et al. (1999: 48) de quien cito: "Las características de la república portaliana son bastante sencillas: orden público, frente al caos creado durante los gobiernos posteriores a Bernardo O'Higgins; gobierno fuerte y centralizador; patriotismo chileno y no chileno-americano como el de O'Higgins, o americano como el de San Martín; moral ciudadana y funcionaria". Portales, hijo de familia aristocrática que se ve perjudicada con los primeros gobiernos democráticos, trata de "reorganizar" al país y crear un "orden" y "limpieza". Se impuso así orden, disciplina y austeridad para equilibrar el presupuesto fiscal y poder pagar la deuda externa. Se protegió la iniciativa privada y se disminuyó el empleo público. La Constitución del 33 se planteó un "estado docente". La educación se pensó para todos y fue impulsada y dirigida por Andrés Bello. La participación de Bello en la dictadura de Portales le trajo desavenencias con parte de la intelectualidad del país, lo que es un fenómeno muy complejo de valorar, puesto que su participación fue un "aporte" para el crecimiento intelectual.

8 Se trata de una tesis, es decir, un estudio para obtener el título de doctor. En ella se hace un recuento y un análisis de lo que ha sido la poesía chilena circunscrita dentro de un proceso histórico.

9 El reclamo que hace Valderrama responde a las afirmaciones que hiciera Sarmiento, en su primera ida a Chile, sobre la falta de poetas en este país; algo de lo que se retractará años más tarde en sus Recuerdos de provincia, en donde también rescata al Movimiento Literario de 1842.

10 Modernidad entendida en términos de Habermas, para quien se trata de un tiempo en que "La memoria histórica es reemplazada por la afinidad heroica del presente con los extremos de la historia (...) Se detecta por la intención anárquica de hacer explotar el continuum de la historia, a partir de la fuerza subversiva de la nueva conciencia estética" (1989: 133). En otras palabras, la modernidad es un proceso a través del cual se intenta narrar un pasado, una historia para consolidar un futuro que viene a dejar atrás aquello que impide la movilidad, como es el anclaje en lo pretérito.

11 Achúgar advierte que Ángel Rama "construye un relato o una ficción de la ciudad latinoamericana en el que se conjuga la lectura de un orden del discurso y la de una serie de formaciones discursivas que modelaron no sólo el espacio físico, urbanístico y cultural de nuestras ciudades, sino también las jerarquías sociales" (1996: 21). Estas formaciones y construcciones funcionaron desde los primeros ideales nacionales en donde mapa y ciudadanía tienen una real importancia.

12 El sujeto, el ciudadano, en el régimen portaliano según la Constitución de 1833, queda definido dentro de los siguientes términos: "la definición de ciudadano se establece de acuerdo al derecho a voto: hombres mayores de 25 años, si son solteros, 21 si son casados, que supieran leer y escribir, que poseyeran un bien raíz o un capital cuyo monto era fijado por ley" (Foresti et al. 1999: 49).

13 Perspectiva que es planteada por Edward Said en su teoría sobre el sujeto postcolonial, en donde éste tiene un sentimiento de pertenencia hacia la tierra. Este sentimiento, en el caso de Chile, no será exclusivo de los seres nacidos en la nación, como ya he mostrado.

14 Se trata del incendio de la iglesia de la Compañía de Jesús, iglesia que dará nombre a la calle ubicada en el centro de Santiago. En su análisis del poema, Fernando Alegría afirma: "Don Andrés Bello intentó producir una poesía romántica original. Se aprovechó de un acontecimiento ocurrido en 1841 que conmovió a toda la nación chilena: el incendio de la Compañía. Bello comprendió que la ocasión se prestaba para interpretar un sentimiento colectivo" (Alegría 1954: 205).

15 Beatriz González hace un importante análisis sobre la escritura y la modelación de los comportamientos humanos en la sociedad, en donde manuales y gramáticas constituyen el campo de vigilancia que rigidiza y controla al ciudadano: "El proyecto fundador de la nación es civilizado en el sentido de darle, por un lado, a la escritura un poder legalizador y normativo de prácticas de sujetos cuya identidad quédase circunscrita al espacio escriturario; y por otro, organizar un poder múltiple, automático y anónimo que controlase sin cesar y discretamente a los individuos" (1996: 19-20).

16 Se trata de la plasmación de una memoria a la que se le pide que no desconstruya el centro generador del poder. Lo que parece increíble es que en el problema de mantención de éste se pueda hacer un paralelo, con más o menos cercanía, entre la configuración de una ciudadanía durante los procesos de formación de naciones (siglo XIX) y los procesos de recuperación de la democracia (siglo XX) después de las dictaduras de los 70. Para una mejor comprensión de los idearios que se manejan en la recuperación de la democracia en Chile, véase Richard 1998.

17 No sólo Bello estuvo preocupado por la estimulación y promoción de la enseñanza, también lo hizo Sarmiento, quien crea la reforma educativa para la enseñanza primaria en Chile. Así es como lo describe Lastarria en sus Recuerdos literarios: "El hombre realmente era raro: sus treinta i dos años de edad parecian sesenta, por su calva frente y sus mejillas carnosas (...) nos habló, con el talento i la esperiencia de un institutor mui pensador, sobre instruccion primaria, porque aquel hombre tan singular era don Domingo Faustino Sarmiento, el entónces maestro de escuela i soldado, tenia el talento de embellecer con la palabra sus formas casi de gaucho. (...) comenzamos desde entónces a allanarle el camino para la dirección de la escuela normal de preceptores que tenia en proyecto don Manuel Montt, quien era a la sazon ministro. (1885: 7).

18 El teatro para Sarmiento no sólo era una forma de arte sino un medio educativo como asegura en su texto "Teatro como elemento de cultura": "El teatro actual, si bien no puede entre nosotros ser la espresion de nuestra literatura, i la arena a que el injenio americano descienda a obtar a la ovacion con que el aplauso general premia el acierto" (cit. en Durán 1957: 155).

 

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105 George St.
New Brunswick, NJ 08901-1414, USA
E-mail: afiguero@rci.rutgers.edu

 

OBRAS CITADAS

Achúgar, Hugo. 1996. "Ciudad, ficción, memoria (primer ingreso a las ciudades sumergidas)". Revista Casa de las Américas 208, jul-sept: 17-24.         [ Links ]

­­­­­.1997. "Parnasos fundacionales, letra, nación y estado en el siglo XIX". Revista Iberoamericana 63, Jan-June: 13-31.         [ Links ]

Alegría, Fernando. 1954. La poesía chilena, orígenes y desarrollo, del siglo XVI al XIX. México: Fondo de Cultura Económica.         [ Links ]

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