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Teología y vida

Print version ISSN 0049-3449On-line version ISSN 0717-6295

Teol. vida vol.63 no.2 Santiago June 2022

http://dx.doi.org/10.7764/tyv/632/9/299-302 

In memoriam

Tony Mifsud Buttigieg, sj (02 de mayo de 2022)

CAROLINA MONTERO-ORPHANOPOULOS1 

1 Instituto de Teología Egidio Viganó . Universidad Católica Silva Henríquez

Tony Mifsud nació el 12 de septiembre de 1949 en Hamrum, Malta. Al terminar el colegio, a los 15 años de edad –en febrero de 1965– ingresó a la Compañía de Jesús. En 1974, acogiendo el llamado misionero del Padre General Pedro Arrupe, aterrizó como joven sacerdote en Chile, país convulsionado y atravesado por las violaciones a los derechos humanos en la recién instaurada dictadura. Sirvió con sencillez y profunda humanidad, en años difíciles y de riesgo vital para tantos y tantas.

En 1977 partió a Madrid a realizar una Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Pontificia de Comillas, España (1977-1979). Es aquí donde se encuentra con Marciano Vidal CSSR –el afamado moralista español–, quien fue para él un verdadero maestro, inspirador y amigo. Terminó la licenciatura canónica y el doctorado en cuatro años. Tenía una capacidad de trabajo fuera de lo común, la que siempre fue puesta al servicio de la misión que se le encomendara.

El resultado de sus estudios y de su regreso a Chile como académico de la Pontificia Uni-versidad Católica de Chile fueron los cuatro tomos del manual de teología Moral de Discernimiento , algunos de los cuales tuvieron hasta seis ediciones en la editorial San Pablo, dada la aceptación y demanda que tuvo en Ibero-américa. Los actualizó riguro-samente durante veinte años (1984-2002) debido a lo que él llamaría un “sentido de pater-nidad responsable” ante los cons-tantes cambios sociales, la evo--lución del magisterio en algunas materias y la necesidad de estar atento a los signos de los tiempos. Fue el primer moralista –pro-bablemente el único hasta hoy– que en el tiempo del post Con-cilio Vaticano II ofrecía una visión global de la teología moral completa (moral fundamental, moral sexual, moral de la vida y moral social) desde una perspec-tiva latinoamericana. Con esto, ha marcado una huella imborra-ble en las generaciones que tuvie-ron acceso a una ética teológica contextualizada y aggiornada, se-gún la riqueza del Concilio Vati-cano II. Su impronta ignaciana es evidente: para Tony, la moral cristiana tenía su corazón en el discernimiento personal y comu-nitario.

Tuvo diversos cargos de responsabilidad en el apostolado intelectual. Trabajó en el Centro de Investigación y Educación Superior (Cide) y fue director del Instituto Latinoamericano de Estudios Sociales (Ilades). Como hemos señalado, fue también profesor de la Facultad de Teología de la Pontificia Univer-sidad Católica de Chile entre 1981-1995, 1999-2008 y 2011-2015, formando múltiples genera-ciones de religiosos/as, presbí-teros y laicos/as.

Enseñó moral en el Seminario Pontificio Mayor de Santiago por más de quince años, y asumió a petición del Celam como rector del Instituto Teológico-Pastoral para América Latina (Itepal-Celam). Fue director del Centro de Ética de la naciente Univer-sidad Alberto Hurtado y director de la revista Mensaje, aportando en cada editorial –desde la perspectiva cristiana– elementos de discernimiento frente al acontecer nacional, eclesial e internacional. Asesoró con discreción y prudencia a múlti-ples autoridades civiles y ecle-siásticas en temáticas de moral, lo que, junto con su trabajo en Ilades, mostró su faceta más política y de servicio público en la sociedad civil y en la Iglesia.

Le atraía mucho la reflexión conjunta de cara a la realidad contingente, así como también escribir, participar en diálogos académicos y en foros con otros especialistas, poniendo la ética siempre en relación con la actualidad. Tenía el don de la escucha, la verdadera habilidad de suspender el juicio propio en pos de comprender lo que planteara quien tenía por delante.

Estas cualidades serían determinantes para su posterior creación de los “Informes Ethos” –de publicación trimestral entre 1999 y 2016–, otro de sus grandes legados. Con ellos instauraba un método de discernimiento de las problemáticas éticas, con relación a la vida, a lo social, a la justicia y a la realidad en su conjunto. Estos textos, dada su amplia acogida, fueron recogidos posteriormente en los libros Ethos Cotidiano. Un proceso de discernimiento (2006), Decisiones responsables. Una ética del discernimiento (2012), y por último, Realidad que interpela. Decisiones responsables (2017).

Una lectura atenta de estos informes nos muestra que trabajan en varias capas, comen-zando por un retrato de la realidad del país, del mundo globalizado y de los problemas éticos que acontecieron a lo largo de estos años (desde la píldora del día después hasta el conflicto mapuche, desde el sistema carcelario en Chile al cuidado de la ecología mundial). Además, ofrece el método creado desde la espiritualidad ignaciana –adap-tando el ver, juzgar y actuar de los documentos magisteriales latinoamericanos– para que tan-tos y tantas pudiesen, de manera informada, llegar a tomar deci-siones responsables: (a) delimitar el hecho; (b) comprenderlo cabalmente; (c) descubrir sus implicaciones éticas y recibir elementos para el discernimiento; para, después, (d) tomar una decisión ética.

Con el pasar del tiempo, fue acercando cada vez más su aproximación a la teología moral hacia aspectos de la espíritua-lidad, entendiendo por esta última “la búsqueda de un camino por el sentido de la vida, sea a nivel personal o en términos de la historia humana, porque son dos dimensiones insepa-rables”. Esta afirmación se encuentra al inicio de su publi-cación de 2014, Una espiritualidad desde la fragilidad . En 2018 hace el ejercicio académico de exponer las consecuencias éticas de dicha espiritualidad con la publicación de Una ética desde la Fragilidad . Como si intuyera el camino que le esperaba –y de la mano de su experiencia con la Pastoral de Diversidad Sexual (Padis+)– manifiesta de manera lúcida, proactiva y vigorosa su interés por lo frágil, por la experiencia de quienes estaban en los márgenes, de quienes padecían dificultad. Así, en plena pandemia de COVID-19, estando él mismo afectado durante un periodo prolongado por este virus, escribió Coronavirus, ¿una oportu-nidad ética? La ética teológica, la realidad y su propia experiencia estuvieron siempre unidas en su profundo reflexionar.

Durante todo este trayecto académico mantenía contacto sencillo y siempre amable con una inmensa cantidad de personas que se acercaban a él para acompañamiento, consejo o amistad. La Padis+ fue una instancia que lo transformó pro-fundamente y que lo impulsó a escribir al final de su enferme-dad. Tiempo también en el que se dedicó a pensar en la Iglesia que soñaba para aquellos y aquellas que con tanto respeto y cariño había acompañado. Nace así, el 2022, su último libro: Homosexualidad: una nueva comprensión desde el ethos cristiano .

Pero Tony fue muchísimo más que un intelectual fecundo, con dones diversos. Fue un hombre auténticamente humano, gene-roso y compasivo, con notable sentido del humor, capacidad de hacer amistades nuevas de todas las edades, relacionarse con personas provenientes de diver-sos espectros sociales, ideoló-gicos y económicos. Fue un hombre libre y agudo, que disfrutaba de ser tildado por algunos de conservador y por otros de progresista. “Así tiene que ser”, decía. “Eso te mantiene libre para pensar. La libertad es el don más grande del amor”. Así, respetó profundamente la libertad de otros y otras, y se esforzó toda su vida por hacer del discernimiento ignaciano una herramienta que nutriera esa libertad de cara a Dios.

Hombre brillante, trabajador, generoso y simple, murió el 2 de mayo a los 72 años. Ejerció el sacerdocio por 42 años y durante 57 fue miembro de la Compañía de Jesús. Descansa en paz, Tony. Nos harás falta y te extrañaremos hasta el reencuentro.

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