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Teología y vida

versión impresa ISSN 0049-3449versión On-line ISSN 0717-6295

Teol. vida vol.61 no.3 Santiago  2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0049-34492020000300397 

Presentación de Libro

Teología urbana. Prácticas de espiritualidad popular

Ricardo M. Mauti1 

1Seminario Nuestra Señora de Guadalupe Santa Fe Argentina

Azcuy, Virginiacoord.. Teología urbana. Prácticas de espiritualidad popular. Agape, Buenos Aires: 2018. 258 pp.p. ISBN: 978-987-640-537-9.

Una de las características de la teología actual es la justificada y necesaria pluralidad de “teologías” que, apoyadas en diversos enfoques metódicos y contextuales, intenta ofrecer razones de la esperanza desde un universo de realidades. La teología urbana (Urban Theology) surgida en el mundo anglosajón refleja uno de estos modos particulares de hacer teología interdisciplinaria, en cuanto permite escuchar, en diversos espacios de la ciudad, distintas experiencias de Dios interpretándolas en los concretos contextos socio-culturales.

La obra que presentamos, coordinada por Virginia Azcuy, se inscribe en esta corriente y refleja uno de los frutos pioneros en ámbito latinoamericano. El trabajo realizado por cuatro teólogas argentinas se vale del aporte de las ciencias sociales y utiliza métodos cualitativos de interpretación para el abordaje de los espacios seleccionados. El subtítulo de la obra señala una vertiente de la relación entre teología y etnografía, y revela el interés por rastrear la espiritualidad popular en diversas experiencias vividas en la urbe.

El libro se articula en ocho capítulos, distribuidos en cuatro secciones, que recogen estudios de caso realizados en dos ciudades de Argentina. En la primera sección, el estudio teológico de caso: Parroquia “Natividad del Señor” (pp. 18-88) por Virginia Azcuy, aborda un fenómeno religioso-popular singular que tuvo su inicio en la ciudad de Rosario (Barrio Rucci) a mediados de los 90’. En el primer punto se describe el relevamiento empírico con una exposición detallada de sus elementos fundamentales: la configuración histórico-pastoral de la parroquia, la figura del padre Ignacio Peries y el fenómeno del Vía Crucis. El segundo punto focaliza la reflexión en el análisis teológico, condensado en tres tópicos: presencia de las multitudes, relectura joánica del fenómeno a partir del pastor y las ovejas y centralidad de la bendición de la cruz.

El Vía Crucis del viernes santo de “Natividad del Señor” es uno de los fenómenos religiosos populares más impactantes en la Argentina de las últimas decadas. Su influjo creciente regional y nacional se advierte no solo en lo cuantitativo (250 mil personas según los registros del año 2015), sino en lo cualitativo del extraordinario poder de transformación misionera de una comunidad barrial. Virginia Azcuy profundiza en las raíces sociológicas, bíblicas y teológicas del fenómeno, y descubre cómo el hecho de las multitudes dolientes que viven su fe, muchas veces más allá de la pertenencia intitucional, va de la mano del carisma del trato personal y compasivo de un pastor. La ‘sanación’, no siempre física y tangible, es uno de los rasgos típicos del padre Ignacio, y ella se sitúa en un nivel más interior y teologal que suscita en las multitudes una petición constante de salud. En el caso de Natividad del Señor la devoción a la cruz tiene la dimensión de multitudes y suscita inmediatamente la pregunta sobre el porqué de este movimiento de sanación que ha logrado cambiar el paisaje religioso de una ciudad. El hecho ofrece varios niveles de respuestas: históricas, sociológicas, antropológicas y teológicas. La pregunta de Azcuy, al final de su estudio, acerca de cómo se manifiesta este fenómeno en el vía crucis y la bendición de la cruz, pone un acento nuevo en la lectura interpretativa, en donde los mismos fieles ofrecen la clave hermenéutica: “Cristo preside por el amor que salva: Jesús en cruz es el buen pastor del rebaño” (pp. 38, 50). El fenómeno se inscribe en el ethos religioso de los pueblos de América latina, donde el sufrimiento, generado por la injusticia y desigualdades sociales, marcan la búsqueda de una esperanza enraizada en la fe de un Dios crucificado que, como buen pastor resucitado, atrae a todos, sin excluir a nadie, y ofrece a cada uno salvación y consuelo por caminos que solo él conoce. Un tratamiento puntual sobre la espiritualidad popular y los aportes de la teología argentina del pueblo completa el estudio de caso de Natividad del Señor ofreciendo un marco más amplio para su lectura e interpretación.

En línea con la recepción de la eclesiología conciliar y a través de Medellín y Evangelii Nuntiandii los miembros de la COEPAL supieron abrir nuevos caminos para el discernimiento y valoración de la pastoral popular. Los aportes de teólogos como Lucio Gera, con su pensamiento de integración y catolicidad encarnada, fueron momentos decisivos para ayudar a superar la disociación entre teología, espiritualidad y pastoral, que se ha visto reflejada en el posconcilio en la separación entre lo religioso y lo secular.

En la segunda sección de libro (pp. 89-138), el estudio pertenece a Gabriela Di Renzo y trata sobre el Instituto de Recuperación de mujeres, Unidad 5 (Rosario). El objeto de observación y análisis se desplaza, en esta sección, a un espacio social de «doble marginalidad»: la pobreza de las mujeres privadas de libertad. El contexto vital lo constituye “la cárcel”, que lleva en el inconsciente colectivo una importante carga de negación y rechazo. La «invisibilidad de estas mujeres», según destaca la autora, se manifiesta en que pocos saben en la sociedad dónde se encuentran estas cárceles. Las mujeres pobres, excluidas socialmente, en la cárcel terminan por ser excluidas aún más; se visibiliza aquí la magnitud que adquiere la feminización de la pobreza. Di Renzo se sirve de estudios sociológicos, relevamientos estadísticos y análisis de la legislación penal vigente, como así también de entrevistas con internas y miembros de la pastoral, para presentar en una visión amplia y articulada los dos mundos que representan la cárcel de mujeres: el exterior (espacio físico, población, situación social y penal) y el interior (creencias, religiosidad y valores). Dentro las figuras comunes que destacan entre las mujeres privadas de libertad se encuentran las detenidas por el tráfico de drogas, el nivel más bajo y débil de esta cadena delictiva. La mayoría de estas mujeres son madres, jefas de familias monoparentales, que traen consigo un origen socialmente desfavorecido habiendo sufrido una larga cadena de abandonos: situaciones familiares problemáticas, abandono de sus parejas, falta de vivienda, adicciones, enfermedades, violencia de género. Estas mujeres, en su mayoría madres, sufren la tremenda desproporción entre el delito cometido y la vulnerabilidad que les genera la privación de la libertad; y en muchos casos el abandono de sus hijos, que dejan de visitarlas, constituye el ápice de su exclusión y sufrimientos.

El «acto de fe» de las mujeres detenidas reviste un interés particular en el estudio. La entrevista cualitativa arroja datos que posibilitan un análisis antropológico/teológico por medio del cual se puede arribar a la representación de una ‘forma’ propia de vivir la fe: la creencia de las mujeres privadas de libertad se apoya en un Dios del cual pueden confiarse, que ‘intercederá ante los jueces o el gobernador y que se hará cargo de sus vidas’ (p. 106). En las mujeres privadas de libertad lo que cuenta no es tanto el contenido objetivo de la fe (fides quae) sino el hecho mismo de creer (fides qua). De allí que en la experiencia de la visita de evangélicos y católicos no se destaquen las diferencias de credos, marcadas mucho más por los agentes pastorales que por las mismas detenidas, ya que ellas no hacen diferencia entre ellos. Un capítulo sobre la ‘debilidad del creer en los escritos de Michel de Certeau’ profundiza el estudio de caso. Basada en los escritos del notable jesuita francés, Gabriela Di Renzo aborda diversos núcleos temáticos, tales como: el acto/gesto de creer, los lenguajes simbólicos, la disociación entre creencia y práctica, todo lo cual constituye, desde los aportes de la psicología y antropología, una nueva mirada a la estructura interna del acto de fe. El estudio ofrece un aporte sustantivo a la comprensión de la fe vivida en estas ‘marginalidades’ socialmente tan desconocidas como negadas, como también un develamiento crítico del sistema carcelario.

La tercera sección (pp. 140-190) presenta una semblanza de las prácticas pastorales en la Vicaría Sagrado Corazón del barrio Ludueña (Rosario) desde la temática transversal de la inseguridad y su acción transformadora de la cultura urbana argentina. El estudio teológico-pastoral de caso realizado por Carolina Bacher Martínez articula dos temas: la figura y estilo del sacerdote salesiano Edgardo Montaldo, con sus prácticas de pastoral inclusiva, y un trabajo sobre el pecado social de la inseguridad en las tramas urbanas.

El padre Montaldo, en 1968, dejó el magisterio en los colegios salesianos y ‘comenzó como alumno’ en los barrios, donde aprendió la lección más importante de su vida: trabajar “no para la gente sino con la gente”. A lo largo de 48 años su presencia en barrio Ludueña se enmarca dentro de cinco referentes episcopales diocesanos, jalonados con encuentros y desencuentros; y acompañamiento e incomprensiones de su congregación. Su estilo pastoral sencillo y cercano, de curioso cuño propio, se visibiliza en la ‘capilla-vecinal’, un lugar para las celebraciones religiosas, pero también, para festejos familiares, encuentros comunitarios, bailes, peñas y centro de salud. Cuando, en cierta ocasión, le preguntaron qué sentía siendo un sacerdote sin templo, respondió: ¿sin templo?, ¿qué hace el templo?, ¿los ladrillos o las personas? El lema de su acción pastoral “encarnación, ecumenismo, vasos comunicantes”, lo vivió Montaldo en un abanico de iniciativas tendientes a la promoción humana arraigadas en la savia evangélica. De ese modo llevó adelante una tarea que supo contagiar y movilizar a generaciones de personas, integrando a organismos barriales, municipales, nacionales e internacionales. En sus testimonios, el padre Moltaldo da cuenta de que la Palabra de Dios le sirvió de clave para interpretar la realidad, y bajo esa órbita de fidelidad al Jesús del evangelio se forjaron innumerables testigos, muchos de los cuales murieron transitando el camino del compromiso social y político durante los años de la dictadura. No es extraño que, en el contexto de inseguridad que caracterizó su pastoral barrial, una de las actividades con más repercusión hayan sido las marchas del silencio ‘por la vida y en contra de la violencia’. Sin embargo, Montaldo supo también asumir el tema de la violencia de manera inclusiva; después de un robo, al ser entrevistado por canales que buscaban estigmatizar el delito en los pobres, respondió: “las cosas que él se llevó yo las puedo reponer, pero al pibe ¿quién me lo repone?”.

El capítulo sobre ‘el pecado social de la inseguridad’, que completa el estudio de caso, es abordado por Carolina Bacher desde un enfoque teológico-pastoral interdisciplinario siguiendo el método ver, juzgar y actuar. Para un primer enfoque en el relevamiento del tema se sirve de fuentes múltiples de diversos niveles epistemológicos: informe del ODSA (Observatorio de la Deuda Social Argentina), tratamiento de la inseguridad en los ‘medios de comunicación social’, análisis de los ‘discursos cotidianos sobre la inseguridad’. Una lectura reflexiva de los datos muestra cómo la cuestión de la inseguridad, con su relevancia social, ocupa el centro de las preocupaciones públicas que afectan no solo la integración social y el desarrollo humano, sino que generan un deterioro del bienestar y salud de las personas, instalando el miedo como un estado permanente de malestar psicológico. En este contexto, la autora enumera algunas respuestas que los cristianos vienen realizando en la historia de la pastoral reciente: la práctica de consolar y acompañar a las víctimas de violencia y a sus familiares, tanto en el dolor como en los reclamos de justicia y prevención, como p. ej., la comunidad de la parroquia Nuestra Señora de la Candelaria (Buenos Aires) ante la llamada masacre de Floresta; la concientización y el reclamo ante situaciones de abusos, explotación, trata y tráfico de personas, especialmente de niños y niñas, que realiza la Hna. Martha Pelloni junto a un equipo de profesionales de la Red Infancia Robada; la experiencia de Juan Carr, fundador de la Red Solidaria; y tantos otros. El relevamiento empírico y la lectura crítica de la inseguridad observada desde algunas prácticas pastorales se completa con la reflexión teológica de la relación sobre dimensión social del pecado y gracia. Articulando dos categorías que se corresponden en el horizonte de la fe responsable: ‘la inseguridad urbana como pecado social’ y ‘la gestión pastoral de la inseguridad que incluya como estilo una confianza inclusiva’, la autora enumera algunas acciones pastorales concretas que permiten visibilizar el amor misericordioso de Dios en una sociedad marcada por la violencia, la exclusión y el desprecio por la vida humana.

La cuarta sección (pp. 191-258) pertenece a Marcela Mazzini que desarrolla su estudio teológico de caso sobre el Hospice San Camilo (Olivos, Buenos Aires). En la primera parte aborda temas como el acompañamiento espiritual al final de la vida, la naturaleza de los cuidados paliativos, y recoge el relevamiento de las experiencias tenidas en la “Casa de la Esperanza”, cuyos huéspedes provienen en su mayoría de sectores sociales vulnerables. Con la presentación histórica del origen y desarrollo del cuidado hospice, que tuvo en Cicely M. Saunders a la artífice en su configuración moderna con la creación del St. Christopher's hospice en Londres a mediados de los 60’, se tiene una comprensión completa de la fisonomía humana, médica y espiritual de estos centros.

El cuidado hospice puede definirse como “competente y compasivo”, abarca las múltiples maneras de acompañamiento con que puede aliviarse y rodearse de misericordia a los huéspedes y sus familiares, unidas a la compasión que es la actitud y capacidad de sentir y comprometerse en el amor con el que sufre. M. Mazzini dedica un sugestivo punto al modelo de acompañamiento espiritual competente y compasivo al trazar una semblanza del ‘sanador herido’: “no es posible aceptar la fragilidad y ayudar a curar o cuidar las heridas de los demás sin haber antes reconocido y cuidado nuestras propias heridas, nuestra propia vulnerabilidad y fragilidades” (p. 224). El último capítulo: “Vivir la muerte. Algunas reflexiones sobre el proceso de morir y su acompañamiento”, completa desde una mirada a los aspectos clínicos, psicológicos, emocionales y espirituales, la comprensión de ese momento único e intransferible de todo ser humano al final de su biografía. La realidad de la muerte viene observada y analizada desde la conjunción que ofrecen los datos que suministran las ciencias médicas junto a una lectura fenomenológica y teológica del morir según el paradigma cristiano.

Los cuatro estudios que componen la obra representan una ‘teología aterrizada’, que no solo ha leído, sino que ha oído, visto, contemplado y tocado la Palabra de Dios en los actores y escenarios de la vida cotidiana. El estilo y el método, en diálogo, del que se sirve la teología urbana al asumir relatos vividos como lugares teológicos permite que la ciencia de la fe se abra a las nuevas interpelaciones de Dios en lo concreto de la vida de los pueblos. En este sentido es una oportunidad y un desafío para que la teología académica y sistemática, tantas veces tentada de quedarse en el atrio cuando no en el santuario, salga a caminar por las calles de la ciudad, donde Dios quiere hacer escuchar otras voces y plantear nuevas preguntas.

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