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Teología y vida

versión impresa ISSN 0049-3449versión On-line ISSN 0717-6295

Teol. vida vol.61 no.3 Santiago  2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0049-34492020000300273 

Estudio

Teoría y práctica de los Ejercicios espirituales según Jorge M. Bergoglio – Papa Francisco

1Facultad de Teología Universidad Pontificia Comillas – Madrid (España). smadrigal@comillas.edu

Resumen:

El Papa Francisco se ha formado en la escuela de los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola. Este trabajo examina las raíces de este aprendizaje espiritual y el influjo de los principales maestros (Hugo Rahner, Miguel A. Fiorito, Gaston Fessard) en su interpretación del carisma de la Compañía de Jesús: el magis, el discernimiento, la charitas discreta, el combate espiritual, la dialéctica inscrita en el famoso adagio Non coerceri maximo, contineri tamen a minimo divinum est. Para ello el autor examina el texto de los Ejercicios espirituales que Jorge M. Bergoglio impartió a los obispos españoles (2006) y la exhortación apostólica Gaudete et exsultate, “sobre el llamado a la santidad en el mundo actual”, donde está muy presente el eco de los Ejercicios espirituales. Por otro lado, este artículo muestra que la espiritualidad ignaciana es una seña de identidad del pontificado de Francisco, de modo que el discernimiento es un instrumento de gobierno y una ayuda en el camino de la santidad para seguir al Señor más de cerca en el combate espiritual de la fe bajo la cruz de Cristo.

Palabras clave: discernimiento; Papa Francisco; Hugo Rahner; Miguel A. Fiorito; Gaston Fessard; Gaudete et exsultate; santidad; combate espiritual

Abstract:

Pope Francis was trained in the school of Saint Ignatius’ Spiritual Exercises. This article develops the roots of this spiritual learning and the infuence of leading teachers (such as Hugo Rahner, Miguel A. Fiorito, Gaston Fessard) in the interpretation of the charism of the Society of Jesus: magis, discernment, charitas discreta, spiritual combat, dialectic inscribed in the adage Non coerceri maximo, contineri tamen a minimo divinum est. The author examines the text of the Spiritual Exercices Jorge M. Bergoglio offered the Spanish bishops (2006) and the Pope's Exhortation on Holiness Gaudete et exsultate. In this way, this study shows that Ignatian spirituality is a hallmark of Francis’ pontificate: so discernment an instrument for government and an aid on the path of holiness to follow the Lord more closely in the spiritual combat of faith under the cross of Christ.

Keywords: discernment; Pope Francis; Hugo Rahner; Miguel A. Fiorito; Gaston Fessard; Gaudete et exsultate; holiness; spiritual combat

Este estudio adopta como punto de partida y como trasfondo las reflexiones del papa Francisco vertidas en la exhortación apostólica Gaudete et exsultate (= GE), del 19 de marzo de 2018, y más en concreto su interpelación de fondo1:

Nos hace falta un espíritu de santidad que impregne tanto la soledad como el servicio, tanto la intimidad como la tarea evangelizadora, de manera que cada instante sea expresión de amor entregado bajo la mirada del Señor. De este modo, todos los momentos serán escalones en nuestro camino de santificación (GE 31).

Creo que no malinterpreto estas palabras si reconduzco los binomios soledad-servicio, intimidad-evangelización a uno de los lemas más característicos de la espiritualidad ignaciana: “contemplativo en la acción”2. De hecho, un poco antes se lee esta afirmación: “Somos llamados a vivir la contemplación también en medio de la acción, y nos santificamos en el ejercicio responsable y generoso de la propia misión” (GE 26). He aquí una polaridad dialéctica muy característica de la espiritualidad de la orden fundada por san Ignacio de Loyola. A la base de esta espiritualidad se encuentran los Ejercicios espirituales, que es una escuela de oración, de discernimiento y de conducción de la propia vida. Son un instrumento que ayuda a vivir a todos y cada uno la propia entrega en un sentido evangélico para identificarse más con Jesucristo y participar en su misión.

1. Combate espiritual y “llamado a la santidad en el mundo actual”

La primera alusión que hace Francisco al texto de los Ejercicios ignacianos en su exhortación Gaudete et exsultate, sobre el llamado a la santidad en el mundo actual, ocurre al describir la misión del cristiano en la tierra “como un camino de santidad”, señalando que “cada santo es una misión, un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio” (GE 19). Ahora bien, esa misión recibe su sentido pleno a luz de Cristo, reproduciendo “en la propia existencia distintos aspectos de la vida terrena de Jesús: su vida oculta, su vida comunitaria, su cercanía a los últimos, su pobreza y otras manifestaciones de su entrega por amor” (GE 20). En el corazón de la experiencia de los Ejercicios san Ignacio propone la contemplación de los misterios de la vida del Señor que “nos orienta a hacerlos carne en nuestras opciones y actitudes”3.

En el proyecto de reforma misionera querido y deseado por el papa Francisco, la espiritualidad ocupa un lugar de excepción en el sentido que indican estas palabras: “En Evangelii gaudium quise concluir con una espiritualidad de la misión, en Laudato si’ con una espiritualidad ecológica y en Amoris laetitia con una espiritualidad de la vida familiar” (GE 28). Efectivamente, desde su escrito programático el Papa argentino llamaba la atención sobre la tarea urgente de nuestro tiempo que consiste en que todo el pueblo de Dios se prepare a emprender “con Espíritu” una nueva etapa de evangelización4.

Desde estas consideraciones preliminares que combinan la exhortación apostólica Gaudete et exsultate con los Ejercicios espirituales de san Ignacio quisiéramos fijar el objetivo genérico de estas páginas: rastrear las raíces espirituales que vienen sosteniendo la empresa reformadora de Jorge Mario Bergoglio a través del tiempo, primero como jesuita de a pie y luego como provincial, después como pastor en una megalópolis como Buenos Aires y, finalmente, como Obispo de Roma.

En el año 2006, el entonces cardenal Jorge M. Bergoglio dio los Ejercicios espirituales a los obispos españoles. Sus pláticas y meditaciones fueron publicadas después en un libro bajo el rótulo En Él solo la esperanza. Vamos a dar una relevancia especial a este texto a la hora de interpretar la espiritualidad del actual Papa. De ese texto hemos tomado la locución que preside este primer epígrafe introductorio, “el combate espiritual”, una idea que “está en el corazón de la hermenéutica misionera del papa Francisco”5:

El Señor nos envía al combate espiritual. Un combate a muerte que Él lleva adelante y en el que nosotros somos invitados a encontrar nuestro lugar de lucha definitivo, conscientes de que la guerra es de Dios. La guerra es “contra el enemigo de natura humana”, como llama Ignacio al Demonio. Y por tanto es guerra del “amigo de natura humana”, del Señor, que quiere conquistarnos para Dios y recapitular todo lo bueno de la creación en sí para ofrecerlo al Padre, para gloria suya6.

Este fragmento sintetiza la herencia ignaciana de Francisco al hilo de una de las contemplaciones más características de los Ejercicios espirituales, la meditación de las Dos Banderas. Decía el P. Jerónimo Nadal que la Compañía de Jesús se originó a partir de dos meditaciones: el Rey temporal y las Dos Banderas7. Ahí aparece la vida cristiana como un combate y el cristiano está llamado a militar bajo la bandera de Cristo, la bandera de la cruz.

Por consiguiente, este trabajo persigue un doble objetivo. En primer término, queremos estudiar cómo ha recibido y asimilado el jesuita Bergoglio el legado espiritual de san Ignacio de Loyola en los años de su formación teológica, que coinciden con el tiempo del primer posconcilio, cuando el Vaticano II había puesto en marcha un movimiento de ressourcement para la vida religiosa, es decir, una dinámica de vuelta al carisma de los fundadores (en la línea del decreto Perfectae caritatis). Todo ello ha ocurrido para el futuro papa en las condiciones particulares de Argentina, en los tiempos turbulentos, tanto eclesiales como políticos, del primer posconcilio. Como vamos a ver, su apropiación de la fuente principal del carisma ignaciano lleva el sello de tres grandes maestros, Hugo Rahner, Miguel Ángel Fiorito y Gaston Fessard. Ellos han marcado su propia interpretación y aplicación de los Ejercicios ignacianos, centrada en el discernimiento, en la elección y en la reforma de vida.

En segundo lugar, quisiéramos mostrar cómo la espiritualidad ignaciana se ha convertido en una seña de identidad del pontificado del primer papa jesuita en la historia8. Para ello, nos adentraremos en la exhortación apostólica Gaudete et exsultate, que ha remozado desde una cláusula muy sencilla, “cada uno por su camino” (GE 11), el llamamiento universal a la santidad que hiciera el Vaticano II. En ese texto, que ofrece un análisis de la situación actual y de los dos enemigos hodiernos de la santidad, el gnosticismo y el pelagianismo, veremos aflorar una lectura dramática de la vida espiritual en su último capítulo, “combate, vigilancia y discernimiento”, de inequívoco sabor ignaciano, donde recalca que el discernimiento “es un instrumento de lucha para seguir mejor al Señor” (GE 169).

2. Al corazón de la espiritualidad ignaciana de reforma: “nuestro modo de proceder”

En el pedestal de la estatua de san Ignacio en la Curia general de los jesuitas en Roma se lee este lema: Ite, inflammate omnia (Id e inflamad todo). Creo percibir reminiscencias de esta máxima en un pasaje del último capítulo de Evangelii gaudium, donde Francisco, después de invitar a vivir el anuncio del Evangelio “sine glossa, sin comentarios”, añade: “De este modo, experimentaremos el gozo misionero de compartir la vida con el pueblo fiel tratando de encender el fuego en el corazón del mundo” (EG 271). Diríase que la metáfora del fuego funde en uno el carisma radicalmente misionero de san Ignacio con el programa y el estilo pastoral del papa jesuita.

San Ignacio había diseñado, bajo el impulso del Espíritu Santo, un camino luminoso para el despliegue de la misión de la Iglesia católica en el momento desafiante en el que se estaban echando los cimientos de la civilización y de la cultura moderna. Y este proyecto, que era la explicitación de aquello que había vivido como conversión interior, abarcaba la formación de los niños y la cultura científica y universitaria, la evangelización de las lejanas Indias orientales y occidentales, la acción social entre los más pobres, la lucha por la unidad católica frente al complejo fenómeno cultural y religioso de la Reforma9. Todo lo que Ignacio ha sentido ser la voluntad de Dios para continuar la misión de Cristo transmitida a la Iglesia en aquella hora histórica ha quedado recapitulado en una sencilla locución: nuestro modo de proceder10.

Este es el proyecto que asumió y en el que fue adiestrado Jorge Mario Bergoglio al ingresar, el 11 de marzo de 1958, en la Compañía de Jesús, que no es –según el lenguaje de la Fórmula del Instituto– sino un “camino hacia Él”. Una fuente decisiva de la experiencia espiritual, del pensamiento teológico y del ministerio del papa Bergoglio, es el carisma fundacional de san Ignacio de Loyola; sin este bagaje no se entiende el estilo misionero de su ministerio como obispo de Roma y el don que representa para la vida y la reforma de la Iglesia al llevar el fuego del Evangelio al mundo de hoy.

2.1. Carisma ignaciano y estilo pastoral de Francisco: el “Maestro Fiorito” y el camino del discernimiento

Empecemos por lo más elemental: ¿qué le había movido al actual Papa a tomar la decisión de entrar en la Compañía de Jesús? Jorge M. Bergoglio ingresó en el seminario de Buenos Aires, situado en Villa Devoto, que estaba confiado a los jesuitas. Aunque le atraían los dominicos, –confiesa biográficamente–, eligió a los hijos de san Ignacio. Tres cosas le habían impresionado de la Compañía de Jesús: “su carácter misionero, la comunidad y la disciplina”11. Ahora bien, ante la pregunta sobre el aspecto de la espiritualidad ignaciana que más le ayuda a vivir su ministerio petrino, responde sin dudar: “el discernimiento”. Y añade a renglón seguido: “El discernimiento es una de las cosas que Ignacio ha elaborado más interiormente. Para él es un instrumento de lucha para conocer mejor al Señor y seguirlo más de cerca”12.

Nos detenemos en este punto, “el discernimiento es un instrumento de lucha, y luchamos para seguir más de cerca al Señor”13, una idea que Bergoglio repite una y otra vez, y que anticipa el núcleo de su comprensión de la espiritualidad ignaciana. ¿Quién le ha aproximado a esta interpretación del carisma ignaciano? ¿Cómo ha accedido a esta formación filosófico-teológica? Ya han puesto de relieve sus biógrafos que durante los estudios de Teología el joven jesuita quedó marcado “por la obra de renovación de la concepción ignaciana llevada adelante por su profesor de filosofía, el padre Miguel Ángel Fiorito”14, que buscaba un retorno (ressourcement) al carisma primitivo y fundacional de la Compañía de Jesús como fundamento de una verdadera reforma eclesial capaz de estar a la altura de los desafíos de los nuevos tiempos.

Recientemente, el 13 de diciembre de 2019, Francisco participó en la presentación de los cinco volúmenes de los escritos de Miguel Ángel Fiorito (1916-2005), que tuvo lugar en la Curia General de la Compañía de Jesús15. Allí hizo la siguiente afirmación: el “Maestro Fiorito” –así le llamaban en la provincia jesuítica argentina– “nos enseñó el camino del discernimiento”. En tono biográfico añadía estos testimonios16:

Conocí a Fiorito en el año 1961, al regreso de mi juniorado en Chile. Era profesor de Metafísica en el Colegio Máximo de San José, nuestra casa de formación en San Miguel, en la provincia de Buenos Aires. Desde entonces comencé a confiarle mis cosas, a dirigirme con él. Se encontraba en un proceso profundo que lo habría llevado a dejar de enseñar Filosofía para dedicarse totalmente a escribir de espiritualidad y a dar ejercicios. El volumen II, de los años 1961 y 1962, incluye un solo artículo: “El cristocentrismo del Principio y Fundamento de San Ignacio”17. Uno solo, pero que para mí fue inspirador. Allí comencé a familiarizarme con algunos autores que me acompañan desde entonces: Guardini, Hugo Rahner, con su libro sobre la génesis histórica de la espiritualidad de san Ignacio18, Fessard y su Dialéctica de los Ejercicios19.

Conviene resaltar varias cosas al hilo de estas breves noticias sobre sus autores favoritos. En primer lugar, los estudiosos han señalado cómo las lecturas de Romano Guardini han contribuido a la formulación de los cuatro principios bergoglianos con la asunción de la teoría de la “oposición polar”, idea directriz en Der Gegensatz (1925)20; por otro lado, algunos pasajes de la encíclica Laudato si’ se apoyan en El ocaso de la Edad Moderna. Sin embargo, bajo el influjo de Fiorito, habían entrado otras obras del teólogo ítalo-alemán en su campo de interés, como El Señor: meditaciones sobre la persona y vida de Jesucristo (1949), La esencia del cristianismo (1953) y, especialmente, La imagen de Jesús el Cristo en el Nuevo Testamento (1953). Y comentaba el Papa que “Fiorito hacía notar «la coincidencia de la imagen del Señor, sobre todo en san Pablo, tal cual la explicaba Guardini, y la imagen del Señor, tal cual creemos nosotros encontrarla en los Ejercicios de san Ignacio»”21.

Por otra parte, Francisco ha confesado la gran influencia que sobre él ha ejercido Gaston Fessard; dice haber leído “muchas veces La dialéctica de los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola” (1956); el primer contacto con el jesuita francés, seguidor de Maurice Blondel y buen amigo de Henri de Lubac, debió tener lugar en el bienio 1962-196422. Por lo demás, como vamos a ver, existe una gran convergencia entre la interpretación de los Ejercicios de Fiorito y la de Fessard, de modo que ambos son de importancia decisiva en la biografía intelectual y espiritual de Bergoglio23.

En este punto ha insistido también Jacques Servais en su estudio sobre los teólogos que han modulado la lectura que Francisco ha hecho de los Ejercicios espirituales: quien inició al joven jesuita Bergoglio en el estudio de los Ejercicios ignacianos fue Fiorito, que a su vez promovía y patrocinaba la interpretación de Gaston Fessard (1897-1978), con su idea de la dialéctica, es decir, la tensión entre gracia y libertad, que –frente a Hegel– encuentra una reconciliación en el Misterio de Dios que actúa en la historia. Volveremos enseguida sobre ello. A los nombres de Romano Guardini, de Henri de Lubac y de Hans Urs von Balthasar, Servais añade el de Erich Przywara, con su monumental obra Deus semper maior, una teología de los Ejercicios que Bergoglio cita a través de la síntesis abreviada, Teologúmeno español (1962), de Alfonso López Quintás24.

Volviendo al testimonio biográfico que hemos citado más arriba, hay que completar este listado con el nombre del padre Hugo Rahner (1900-1968). De hecho, Bergoglio pone un énfasis muy especial en la figura de este jesuita alemán, porque él fue quien marcó la conversión de Fiorito a la espiritualidad y marcó también “toda una etapa de la vida de nuestra provincia y marca lo que en mi pontificado tiene que ver con el discernimiento y el acompañamiento espiritual”25. Hugo Rahner vino a imprimir –seguía explicando Francisco– estas tres gracias en el alma del maestro y de sus discípulos:

la del magis ignaciano, que era la marca de la capacidad anímica de Ignacio y el margen sin límites de sus aspiraciones; la del discernimiento de espíritus, que le permitía al santo encauzar esa potencia, sin tanteos inútiles ni tropiezos. Y la de la charitas discreta, que así afloraba en el alma de Ignacio como contribución personal en la lucha que se venía trabando entre Cristo y Satanás; y cuya línea de combate no estaba fuera del santo, sino que pasaba por medio de su misma alma, dividida así en dos yos, que eran las dos únicas alternativas posible para su opción fundamental26.

En la lectura del libro de Hugo Rahner, La génesis de la histórica formación espiritual de S. Ignacio, Fiorito descubrió los elementos sustanciales de la espiritualidad ignaciana, que en su dinámica más profunda ha quedado recapitulada en la máxima Non coerceri maximo, contineri tamen a minimo divinum est: “No amilanándose uno ante lo más grande, se preocupa de lo más pequeño […]. Tendiendo siempre a lo que está más allá, atiende también a lo de acá”27. Volveremos enseguida sobre lema o elogio sepulcral ignaciano, cuyo auténtico origen fue esclarecido por el investigador alemán: no se trata, como pensaba y escribió Hölderlin, de una frase grabada en el sepulcro de Ignacio de la Iglesia del Gesù de Roma, sino un fragmento del Elogium sepulcrale S. Ignatii, de autor anónimo, recogido en la monumental obra Imago primi Saeculi, editada en Amberes (1640) para conmemorar el primer centenario de la Compañía de Jesús28.

Por otro lado, Fiorito afirmaba una verdadera “cristología en germen” en el Principio y fundamento de los Ejercicios, apuntando que “cuando Ignacio usa la expresión «Dios nuestro Señor», está hablando concretamente de Cristo, del Verbo hecho carne, Señor no solo de la historia sino de nuestra vida práctica”29. En una palabra, Fiorito formaba parte del grupo pionero de intérpretes de los Ejercicios que ha intentado desarrollar la cristología del Principio y fundamento para señalar que el hilo de la elección es la guía de toda la experiencia espiritual. Así se lo reconoció Hugo Rahner, que en esta misma línea escribió: “Todo el proceso de los Ejercicios es, en lo más profundo, un «discernimiento de espíritus», una «separación de espíritus», una lucha entre Cristo y Satanás”30.

Bergoglio, que se confiesa discípulo del “maestro Fiorito”, se ha beneficiado ampliamente de este magisterio, comenzando por la interpretación cristológica del Principio y fundamento de los Ejercicios espirituales (EE 23). Así se percibe ya de manera eminente en el texto de los Ejercicios que impartió a los obispos españoles, que obedece a este título: “Mirar al Señor”. Su comentario registra los ecos de M. A. Fiorito, de H. Rahner y de R. Guardini:

En este Principio y Fundamento, cuando nos habla de cuáles han de ser nuestras actitudes de criaturas salvadas y que buscan su salvación, Ignacio nos da la imagen de Cristo, creador y salvador nuestro. Y cuando nos presenta el programa de la indiferencia y de la discreta generosidad para elegir “lo que más nos conduce”, nos presenta al “Cristo siempre mayor”, al “Deus semper maior”, al “intimior intimo meo”. Esta imagen del “Deus semper maior” es la más propia de Ignacio, es la que nos saca de nosotros mismos y nos eleva a la alabanza, a la reverencia y al deseo de más seguimiento y de mejor servicio. Por este Señor y para él “el hombre es creado”31.

En el corazón de este breve fragmento resuena el Deus semper maior inculcado por E. Przywara en su monumental Teología de los Ejercicios. En la misma línea se sitúa Bergoglio que la considera como la imagen de Dios “más propia de Ignacio”. Así lo corroboran otras reflexiones, de su época de superior, cuando señalaba cuál era la herencia jesuítica que había que transmitir a las futuras generaciones: “El Dios que hemos heredado es Jesús, manifestación y ocultamiento del «Dios siempre mayor». En Él, la trascendencia divina ha desposado nuestra inmanencia. En Él halla su fundamento el lema del jesuita: Non coerceri maximo, contineri tamen a minimo divinum est32.

Nos interesa subrayar en este momento que estas reflexiones están tomadas de un trabajo publicado en 1981 con el título de Responsabilidad como Provincia frente a las futuras vocaciones, donde lo más sobresaliente es que Bergoglio señalaba, en nota a pie de página, su doble fuente de inspiración, que son dos trabajos de Fiorito: por un lado, La opción personal de S. Ignacio, que arranca de su lectura de la obra de H. Rahner, San Ignacio de Loyola y la génesis histórica de su espiritualidad, y, por otro, Teoría y práctica de los Ejercicios según G. Fessard, esto es, el análisis del libro sobre La dialéctica de los Ejercicios espirituales. Se perfila así una sustancial coincidencia entre Fiorito y Fessard en la interpretación de los Ejercicios que cuaja en torno a la famosa máxima ignaciana. Decía Fiorito del elogio fúnebre que, en su primera parte “pretende señalar una característica fundamental de la espiritualidad ignaciana, que merece el epíteto de divina, pues expresa dialécticamente –por oposición de contrarios– el dinamismo fundamental del alma santa de Ignacio, que apunta siempre al ideal más alto, Dios, y se preocupa empero de los detalles más pequeños del plan divino”33. Veamos, seguidamente, cómo la dialéctica de lo grande y de lo pequeño, la oposición de contrarios, que caracteriza la espiritualidad de Loyola, se ha convertido –vía Gaston Fessard– en un punto fundamental de la concepción bergogliana.

2.2. Gaston Fessard y el descubrimiento de la dialéctica espiritual: la libertad del hombre y la gracia de Dios

Como señala M. Borghesi, “Fiorito y Fessard le habían hecho intuir la ‘polaridad’, la oposición de contrarios, que guía el alma ignaciana”34. En su artículo “Teoría y práctica de G. Fessard” (1957), el maestro Fiorito había hecho una amplia y pormenorizada recensión de la obra del jesuita francés, señalando que La dialéctica de los Ejercicios espirituales es en realidad una exégesis de estos tres textos: el libro de los Ejercicios propiamente tal, el Elogium sepulcrale S. Ignatii, y la sentencia ignaciana de Gabriel Henevesi, un jesuita húngaro del siglo XVIII35. Empecemos dando unas pinceladas sobre el tema mayor: los Ejercicios espirituales desde la perspectiva del pensamiento dialéctico de Hegel.

Fessard ha sabido colocar la espiritualidad de san Ignacio en el marco de una interpretación teológica de la historia y de las relaciones entre la libertad humana y la gracia divina. Su estudio de los Ejercicios, que aúna teoría y praxis, pone en primer plano su punto central, esto es, la elección de vida o estado, “como punto de coincidencia de la libertad humana y de la divina, y acto cuya dialéctica constituye la historia del hombre en la tierra”36. En este horizonte se entiende que el jesuita francés haya prestado una atención especial a las reglas de discernimiento de espíritus, que es uno los puntos-clave en su interpretación de la dinámica de los Ejercicios. El otro punto-clave en esta lectura estriba en la consideración de la elección como “la situación característica de la libertad humana”.

La centralidad de la elección determina la división de los Ejercicios en cuatro semanas, cuyos temas son, respectivamente, la meditación del pecado, la contemplación de los misterios de la vida pública del Señor, la Pasión y cruz, la contemplación de la resurrección y gloria. La elección está situada estratégicamente al final de la segunda semana. Los misterios de Cristo se distribuyen antes y después de la elección personal, de manera que constituyen la trama objetiva de los Ejercicios. Por tanto, Fessard adopta el esquema dialéctico de la elección con sus dos antes (primera y segunda semana) y dos después (tercera y cuarta semana)37. Piensa además que san Ignacio ha rechazado el esquema tradicional de las tres vías, purgativa, iluminativa y unitiva, para adoptar la división personal de las cuatro semanas. “El esquema temporal de las cuatro semanas –comentaba Fiorito– resulta más práctico que el esquema espacial de las tres vías; y también más cómodo en la dirección espiritual de toda clase de almas, porque no crea el falso problema del punto de perfección a donde se ha llegado –purgación, iluminación o unión–, sino que siempre plantea el verdadero problema del punto de perfección hacia donde se debe tender”38.

Cuadra bien esta apreciación con el Dios que san Ignacio quiere hacer presente en el espíritu del ejercitante, el Deus semper maior. Existe una unidad interna férrea, una “circularidad de los Ejercicios espirituales”, desde el Principio y fundamento hasta la Contemplación para alcanzar amor, ya que se trata de llegar a vivir plenamente la gracia en un único acto de libertad del hombre en la plenitud del Espíritu Santo. La circularidad de los Ejercicios encierra el significado del término “dialéctica”: “El carácter esencialmente intelectual y eminentemente sintético del acto por el cual Ignacio, a través de la lucha de los espíritus, discierne y al mismo tiempo capta, en Cristo y en la Iglesia, la conexión de todas las cosas y de todas las verdades, tanto naturales como sobrenaturales, con la Majestad de la Trinidad”39. En este sentido, Fessard ofrece una visión sintética de los Ejercicios, ya que quedan reducidos a un instante: el encuentro de la libertad humana con la voluntad de Dios que interviene en mi historia personal. Este instante no se circunscribe al tiempo de los Ejercicios, sino que se repite y actualiza en la vida cotidiana.

En la conclusión del libro, que está dedicada a la Contemplación para alcanzar amor, Fessard recurría al elogium sepulcrale para establecer una conexión histórica entre san Ignacio y Hegel, y explicar cómo esta máxima resume el objetivo supremo de los Ejercicios y sintetiza la espiritualidad ignaciana en su tensión dialéctica:

Non coerceri maximo, contineri tamen a minimo. Este doble impulso contrario es el alma, en todo momento presente de los Ejercicios, porque el problema de mi libre decisión –id quod volo– es su centro, como lo fue en lo más íntimo de la inquietud de Ignacio40.

Divinum est. Esta divina síntesis de contrarios, Ignacio no se contenta con desplegarla en el inmenso panorama que engloban sus cuatro semanas. Hasta en los más mínimos detalles, su pedagogía se inspira en ella, siempre cuidadosa de equilibrar el uno por el otro: nuestro impulso infinito hacia la transcendencia y nuestra necesidad no menor de inmanencia41.

Antes de pasar a los usos y aplicaciones que de la máxima ha hecho el papa Bergoglio, digamos una palabra sobre la sentencia ignaciana de Gabriel Hevenesi, que ocupa el estudio final en La dialéctica de los Ejercicios. La sentencia reza así: “Esta es la primera regla que debemos observar en las obras que Dios nos pide: confiar en Dios, como si todo el éxito dependiera de ti y nada de Dios; y, sin embargo, dedicarse a ellas de lleno, como si tú no tuvieras nada que hacer y Dios lo tuviera que hacer todo”42. Fessard, que ofrece un largo comentario y explicación de esta sentencia que también sintetiza la dialéctica de la espiritualidad ignaciana, recurre a las palabras de otro jesuita, Baltasar Gracián. Este sabio aragonés enunciaba la máxima en estos términos: “Hanse de procurar los medios humanos como si no hubiese divinos, y los divinos como si no hubiese humanos”; a continuación, añadía una advertencia que le sirvió a Fessard para poner fin a su libro: “Es el precepto de un gran Maestro; y no hacen falta comentarios”43.

Ahora bien, la sentencia de Hevenesi invita a una nueva meditación y a una aplicación cotidiana desde la llamada “teología del como si”, que pone en juego la gracia de Dios y la libertad del hombre. En los recuerdos biográficos de Francisco esta “teología del como si” va asociada al pensamiento de Gaston Fessard44. De forma muy sencilla la lógica del “como si” aparece en la estructura de las contemplaciones, donde se recomienda al ejercitante introducirse en las escenas evangélicas “como si presente me hallase”. Ahora bien, hay algo de mayor alcance, ya que la categoría del “como si” lleva inscrita la tensión polar que sostiene la teología espiritual ignaciana.

Fessard concluye que en la sentencia de Hevenesi se concentra en toda su intensidad la vida misma de los Ejercicios en su totalidad. Así como en las meditaciones y contemplaciones de los Ejercicios, la gracia y la libertad se enlazan y compenetran, de la misma forma se deja traslucir la circularidad viva que late a partir de un dinamismo inagotable: “el de Dios que se hace hombre para que el hombre se haga Dios”45. Por tanto, la relación entre gracia y libertad, entre acción divina y humana, siempre se da en forma de pregunta abierta, un interrogante imperecedero llamado a actualizarse de continuo en la relación entre Dios y su criatura en el horizonte de la historia. En la teoría dialéctica de la espiritualidad de san Ignacio diseñada por Fessard, el método de la elección está arraigado en la libertad humana y es, por ello, una situación constante en la vida humana. Esta es la lógica que asiste al discernimiento de espíritus y que palpita en la otra máxima: Non coerceri maximo, contineri tamen a minimo divinum est.

2.3. Non coerceri maximo, contineri tamen a minimo divinum est

Bergoglio ha hecho diversos usos y aplicaciones del elogio sepulcral ignaciano. Ya hemos mencionado una explicación que se sitúa en la secuela de Fiorito y de Fessard para subrayar, por un lado, que el fundamento del lema jesuítico es cristológico, porque Jesucristo es “la manifestación y ocultamiento del ‘Dios siempre mayor’”, y, por otro lado, para imprimirle una indicación muy precisa, “la tarea del discernimiento: decisivo camino para descubrir, sin confundirse, a Quien se caracteriza por estar siempre más allá de toda carne, refugiándose precisamente en la humildad de esta carne, al Verbo de Dios «así nuevamente encarnado»” (EE 109)46.

Este lema fue glosado por Bergoglio en una reflexión espiritual (publicada originalmente en 1981) que lleva por título Conducir en lo grande y en lo pequeño. En aquella ocasión tradujo la máxima de esta forma: “No amilanarse por lo grande y sin embargo tener en cuenta hasta lo más pequeño, eso es de Dios”; y declaraba de entrada que esta consigna va más allá de una regla de conducta “para situarse en un modo de sentir las cosas de Dios y desde el corazón de Dios”47. El Papa jesuita indagaba en la mente de san Ignacio y apelaba al criterio de gobierno que propone en las Constituciones de la Compañía de Jesús, a saber, que los grandes principios deben ser concretados según los diversos “lugares, tiempos y personas”. La razón es que la ambigüedad de la vida solo puede ser rescatada para Dios por medio del discernimiento. Esta máxima encierra una lógica paradójica a la hora de tomar una decisión: que no nos asuste el horizonte de las grandes empresas, pero tampoco despreciemos las cosas pequeñas. Podemos elaborar grandes planes sin atender a las mediaciones concretas para realizarlos, o podemos quedar enredados en las pequeñeces de cada momento sin ser capaces de trascenderlas hacia el plan de Dios. Por eso, quien conduce a un grupo humano debe saber valorar “lo pequeño” desde los grandes horizontes del Reino, y debe animar al crecimiento y a la audacia apostólica.

Volvemos a encontrar la máxima en el texto de los Ejercicios impartidos (en 2006) a los obispos españoles por el entonces arzobispo de Buenos Aires48. Es interesante situar el lema en su contexto preciso. El marco general es la presentación de las contemplaciones sobre la vida de Jesús, que tienen como pórtico la meditación del Reino, según la lógica del llamamiento del Señor que provoca nuestro seguimiento. En la visión de Ignacio, realista con respecto al combate espiritual, el camino del seguimiento lo marcan las bienaventuranzas. Seguir a Jesús en la invitación del Reino es seguirlo en el trabajo apostólico: “quiero, deseo, es mi intención deliberada” (EE 98)49. Este deseo se opone al vicio anti-apostólico de la acedia, que describe como un “no hacernos cargo de los ‘tiempos, lugares y personas’ en que se enmarca nuestra acción pastoral”; unas veces “se presenta en la elaboración de grandes planes sin atender a las mediaciones concretas que los van a realizar; o, por el contrario, enredada en las pequeñeces de cada momento sin trascenderlas hacia el plan de Dios”50. Así se apolilla la misión de los pastores en medio del pueblo fiel.

En perspectiva biográfica es interesante la reflexión que Francisco ofrece en la entrevista con Spadaro, en agosto de 2013. Cuando el diálogo se concentra en el tema del discernimiento y del ministerio del sucesor de Pedro, aflora este lema:

Me ha impresionado siempre una máxima con la que suele describirse la visión de Ignacio: Non coerceri maximo, contineri tamen a minimo divinum est. He reflexionado largamente sobre esta frase por lo que toca al gobierno, a ser superior: no tener límite para lo grande, pero concentrarse en lo pequeño. Esta virtud de lo grande y lo pequeño se llama magnanimidad, y, a cada uno desde la posición que ocupa, hace que pongamos siempre la vida en el horizonte. Es hacer las cosas pequeñas de cada día con el corazón grande y abierto a Dios y a los otros. Es dar su valor a las cosas pequeñas en el marco de los grandes horizontes, los del Reino de Dios51.

Como venimos observando, Bergoglio trueca el epitafio sepulcral en un criterio de discernimiento fundamental, especialmente útil a la hora del ejercicio de la autoridad: seamos conscientes de que al ir buscando siempre lo que más nos conduce hacia Dios, eso no se identifica ni con lo más grande ni con lo pequeño. Es un principio no mencionado explícitamente en la exhortación apostólica Evangelii gaudium; sin embargo, deja sentir su eco en el pasaje donde explica que el todo es superior a la parte: “No hay que obsesionarse demasiado por cuestiones limitadas y particulares. Siempre hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiará a todos. Es preciso hundir las raíces en tierra fértil y en la historia del propio lugar, que es don de Dios. Se trabaja en lo pequeño, en lo cercano, pero con una perspectiva más amplia” (EG 235).

Según el estilo de gobierno de san Ignacio, hay que saber encarnar los grandes principios en las circunstancias de “lugar, tiempo y personas”. Francisco desconfía de las decisiones tomadas improvisadamente y se muestra convencido de que los cambios y las reformas necesitan de ese tiempo de discernimiento: “El discernimiento en el Señor me guía en mi modo de gobernar”52. Estamos ante un pilar de la espiritualidad del Papa Bergoglio que es expresión de su identidad de jesuita.

2.4. Dialéctica y mística de los Ejercicios espirituales: elección y reforma de vida

Llegados a este punto, vamos a hacer una presentación del texto de los Ejercicios que Francisco impartió a los obispos españoles, puestos bajo el rótulo “En Él solo la esperanza”. Antes que nada, conviene recordar que, como jesuita, Bergoglio fue maestro de novicios (1972-1973), provincial (1973-1979) y rector de una casa de estudiantes jesuitas (1980-1986) en San Miguel. Estas tareas implican una intensa dedicación y familiaridad con la espiritualidad ignaciana. En segundo lugar, además del texto de Ejercicios mencionado, disponemos de otras versiones de Ejercicios impartidos por Bergoglio que nos ayudarán a establecer la gramática profunda y sus líneas directrices53. El texto de los Ejercicios de 2006 ofrece una estructura mucho más consolidada. En todo caso, no nos interesa tanto detallar de forma minuciosa los contenidos cuanto establecer la estructura de fondo que refleja el estilo propio de quien da los Ejercicios al realizar la tarea que san Ignacio le asigna: proponer “modo y orden para meditar”. En otras palabras, intentamos responder a estas cuestiones: ¿cómo se percibe en la teoría y en la praxis la lectura de los maestros? ¿Se pueden identificar los principios de una lectura dialéctica de los Ejercicios espirituales? Con todo, antes haremos unas consideraciones previas, empezando por el título: En Él solo la esperanza. ¿De dónde procede?

En el marco de una meditación sobre el Magníficat, la plática introductoria invitaba a los obispos españoles a pedir “el don de la esperanza, que nos da el Padre de la Verdad”, “la esperanza que discierne entre el bien y el mal”, “una esperanza combativa que es obra del discernimiento”. Un poco más adelante, Bergoglio recurría a un pasaje de las Constituciones de la Compañía de Jesús que se puede aplicar a la Iglesia toda: para la conservación y aumento de la Compañía (Iglesia), “es menester en Él solo poner la ESPERANZA de que Él haya de conservar y llevar adelante lo que se dignó comenzar”54. Por tanto, el proceso de los Ejercicios es un caminar en esperanza.

Una segunda consideración afecta al planteamiento característico del Principio y fundamento que exhibe, bajo el influjo de Hugo Rahner y de Miguel Ángel Fiorito, una decidida opción por su acento cristológico. Es altamente significativo que los tres textos de Ejercicios que venimos cotejando convienen en un mismo título para dicha sección: “El Señor que nos funda”55. En este sentido explicaba en otro lugar que, “al comenzar los Ejercicios, san Ignacio nos pone frente a este Dios verdadero, Dios Nuestro Señor, Jesucristo, Testigo de Verdad. Y nos hace considerar verdades sobre nuestra vida, esas verdades elementales, a las cuales nos hará recurrir en los momentos más decisivos de la elección”56. Bergoglio insistía en este punto: “El Señor, al darnos la misión, nos funda […]. Jesús nos funda en su Iglesia, en su santo pueblo fiel, para gloria del Padre”57. Ese Señor que nos funda nos evoca “la imagen del Señor siempre mayor que san Ignacio nos propone en el Principio y Fundamento”58. Cristo nuestro Señor es, en los Ejercicios, el punto central de la historia personal y de la historia de la salvación.

Desde aquí podemos echar una mirada de conjunto al capitulario, donde lo más llamativo es que el enunciado de las secciones principales ostenta siempre, salvo en una ocasión, el mismo sujeto, “El Señor” (¿un guiño a R. Guardini?). Veamos la secuencia en su conexión con los temas básicos de los Ejercicios:

  1. El Señor que nos funda (Principio y Fundamento);

  2. El Señor que nos reprende y nos perdona59;

  3. El espíritu del mundo o el “Antirreino60 (meditación de los pecados);

  4. El Señor que nos llama61y nos forma;

  5. El Señor que nos forma (meditación del Reino)62;

  6. El Señor que combate por nosotros y con nosotros63;

  7. El Señor que nos misiona (las Dos banderas);

  8. El Señor que nos reforma (los tres binarios)64;

  9. El Señor que nos unge (las tres maneras de humildad)65;

  10. El Señor, muerte66y resurrección nuestra67;

  11. El Señor que nos transforma con su amor (Contemplación para alcanzar amor)68.

Estos enunciados permiten hacer el recorrido por los momentos básicos de las cuatro semanas de los Ejercicios: pecado; contemplación de la vida pública del Señor desde la meditación del Reino; pasión, cruz y muerte; pascua y contemplación para alcanzar amor. Hemos podido comprobar, –y así lo indicamos en nuestras notas a pie de página–, que el texto de los Ejercicios impartidos a los obispos españoles (15-22 de enero de 2006) comparte prácticamente la mitad de su contenido con el texto de los Ejercicios a jesuitas recogido en Meditaciones para religiosos (1982). Es digno de señalar que el documento magisterial que les sirve de referencia es la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi de san Pablo VI.

Aparte del gusto por las fórmulas polares (el Señor que nos reprende y nos perdona; el “Antirreino” y el Reino; el Señor que combate por nosotros y con nosotros), la estructura del capitulario pone un acento especial en las contemplaciones típicamente ignacianas, Reino, Banderas, Binarios, Maneras de humildad. La razón de fondo estriba en la importancia dada a la elección, como centro de la experiencia espiritual de los Ejercicios, siguiendo los pasos de Fiorito y Fessard. Sin embargo, a la hora de buscar un principio de fondo son determinantes las observaciones que ese director de Ejercicios que es Bergoglio hace bastante al final, cuando considera que se ha traspasado el momento decisivo de la experiencia:

Una vez hecha nuestra elección o reforma de vida nos vamos a los pies del Señor junto al madero de la cruz para pedirle que nos fortalezca para llevarlo adelante, siguiendo el antiguo adagio acerca de la dinámica de los Ejercicios: “Deformata reformare”, reformar lo que había sido deformado por el pecado; “reformata conformare”, lo reformado configurarlo con la vida del Señor; “conformata confirmare”, lo configurado fortalecerlo frente a la Pasión y la Cruz del Señor; “confirmata transformare”, lo confirmado transfigurarlo a la luz de la resurrección69.

Por lo pronto, hemos de notar que “el antiguo adagio acerca de la dinámica de los Ejercicios”, con sus cuatro oposiciones clásicas, se encuentra asumido y explicado en La dialéctica de los Ejercicios Espirituales de G. Fessard70. A su juicio, como ya hemos señalado más arriba, resulta capital la decisión de san Ignacio al abandonar el esquema tradicional de las tres vías, purgativa, iluminativa, unitiva, para adoptar la división personal de las cuatro semanas, que jalonan estos cuatro movimientos: deformatareformataconformata - confirmata. Por consiguiente, en la secuela de Fessard, Bergoglio asume el esquema dialéctico que establece “dos antes” y “dos después” en razón de la elección: los “dos antes” previos al acto de libertad corresponden, de manera sucesiva, al tiempo espiritual de la primera semana –reformar lo deformado por el pecado: El Señor que nos reprende y nos perdona–, y de la segunda semana –configurar lo deformado con la vida del Señor: El Señor que nos llama y nos forma–; los “dos después” tras la elección apuntan en la doble dirección que establece, primeramente, la tercera semana –confirmar lo configurado por la pasión y cruz del Señor: El Señor, muerte nuestra–, y finalmente, la cuarta semana –transfigurar lo confirmado a la luz de la resurrección: El Señor que nos transforma con su amor–.

Añadamos una última observación. Las cuatro meditaciones, Reino, Dos banderas, Tres binarios, Tres grados de humildad, componen la estructura que acompaña a la contemplación de los misterios de la vida y muerte del Señor. Los Tres grados de humildad resumen el proceso seguido por el ejercitante hasta ese momento, y el tercer grado, en concreto, resume el antes y anuncia el después. Francisco le ha dado este título: El Señor que nos unge. Se unge lo que debe ser perfeccionado, ser ungido es participar en la sabiduría de la cruz de Cristo71.

En esta reconstrucción de la teoría y de la práctica de los Ejercicios espirituales de Jorge M. Bergoglio se pone de manifiesto que ha sido un asiduo lector de G. Fessard. Ya hemos indicado que una importante fuente de inspiración de estos Ejercicios es la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi. De ahí está tomado ese lema que el Papa Bergoglio utiliza con gusto, “la dulce y confortadora alegría de evangelizar”72. Esta apelación a la alegría nos deja situados ante la exhortación apostólica Gaudete et exsultate.

3. Llamada universal a la santidad: la exhortación apostólica Gaudete et exsultate

Desde esta presentación de la espiritualidad ignaciana podemos acercarnos a la exhortación apostólica de Francisco sobre la santidad cotidiana, que es al mismo tiempo una “santidad misionera”73. No es el objetivo de este documento trazar un tratado sobre la santidad, sino “hacer resonar una vez más el llamado a la santidad” (GE 2), eso sí situándolo en el contexto actual, con sus dificultades y sus oportunidades. En nuestra lectura, que está orientada a comentar el último capítulo: “combate, vigilancia, discernimiento”, vamos a dar los siguientes pasos previos: a modo de introducción, señalamos la conexión con la doctrina conciliar; en segundo lugar, ejemplificaremos la santidad en la figura del jesuita más admirado por el Papa Bergoglio, san Pedro Fabro; en tercer lugar, reparamos en la problemática de los enemigos de la santidad, el gnosticismo y el pelagianismo.

3.1. El eco del Vaticano II: “Cada uno por su camino”

Cuando hablamos de santos, el Papa nos invita a no pensar únicamente en los ya beatificados y canonizados. En este sentido echa mano de uno de sus conceptos eclesiológicos preferidos, “el santo pueblo fiel de Dios”, que pone en conexión con el texto que abre el capítulo segundo de la constitución dogmática Lumen gentium: “Fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente” (LG 9).

Este texto conciliar es glosado con ideas ya expuestas en la exhortación Evangelii gaudium: “Nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que supone la vida en una comunidad humana” (GE 6; cf. EG 113). No está de más recordar que la noción eclesiológica de “pueblo fiel” remonta sus orígenes a su etapa de provincial de los jesuitas argentinos. Indagando en las raíces ignacianas del actual Papa hay que prestar atención a estas palabras pronunciadas en la apertura de la Congregación provincial, el 18 de febrero de 1974:

Cuando estudiaba teología, cuando revisaba el Denzinger, me admiró mucho una formulación de la tradición cristiana: el pueblo fiel es infalible “in credendo” –en el creer–. De ahí saqué mi propia fórmula: cuando quieras saber lo que cree la Madre Iglesia, andá al Magisterio; pero cuando quieras saber cómo cree la Iglesia, andá al pueblo fiel74.

Insiste el Papa en que “no existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo”. En este contexto apela a la santidad del pueblo de Dios paciente, de la gente sencilla, hombres y mujeres, “los santos de la puerta de al lado”, “la santidad de la Iglesia militante”, “la clase media de la santidad”. Esta apreciación queda corroborada con ese texto de la constitución sobre la Iglesia que dice que todos los miembros de pueblo de Dios “participan de la función profética de Cristo, difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad” (GE 8; cf. LG 12).

Una tercera cita de Lumen gentium sirve para enmarcar la intención de esta exhortación, a saber, el Señor hace un llamado a la santidad a todos y cada uno de nosotros: “Todos los fieles cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre” (GE 10; cf. LG 11). De estas frases, Francisco entresaca y comenta la locución “cada uno por su camino”. El Señor llama y cada creyente ha de discernir su propio camino, siendo “buenos administradores de la multiforme gracia de Dios” (1 Pe 4, 10). Y el Papa no pierde la ocasión para subrayar dentro de esas formas variadas aquella que tienen que ver con los “estilos femeninos de santidad” (GE 12).

Se podría esperar que Francisco, en continuidad con el Vaticano II, pasara a hacer una glosa del capítulo quinto de Lumen gentium, que está dedicado precisamente a la llamada universal a la santidad. Sin embargo, sigue otros derroteros que se ajustan a la línea expuesta en Evangelii gaudium, a saber, la condición misionera de todo bautizado: “La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Yo soy una misión en esta tierra, y para esto estoy en el mundo” (EG 273; cf. Christus vivit, 254). En otras palabras, Francisco recupera el binomio discípulos y misioneros a la hora de hablar de la santidad75. En este sentido escribe que la propia misión es un “camino de santidad” y que “cada santo es una misión” (GE 19).

Ahora bien, esta misión alcanza su pleno sentido en Cristo, porque la santidad consiste en vivir en unión con Él los misterios de su vida, asociarse a su muerte y resurrección, a los distintos aspectos de su vida terrena (vida oculta, vida comunitaria, cercanía a los últimos, pobreza y otras manifestaciones de amor). Este es el sentido profundo de la contemplación de los misterios a la que nos invitan los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola (GE 20). Así modelamos nuestra vida con la suya.

3.2. Un modelo místico de santidad: san Pedro Fabro (1506-1546)

A la hora de reconocer cuál es la palabra que el Señor nos quiere decir a través de un santo, lo más conveniente es contemplar el conjunto de su vida, su camino entero de santificación, la totalidad de su persona. Al hilo de estas recomendaciones (cf. GE 22), centremos la mirada en un jesuita de primera hora, compañero de san Ignacio de Loyola y de san Francisco Javier en la época de estudios en París, que el Papa Bergoglio canonizó (en diciembre de 2013) y considera como un modelo de santidad.

En la entrevista ya citada varias veces, A. Spadaro le preguntó por los rasgos de este hombre que más le llamaban la atención. Bergoglio, que, siendo provincial había encargado a Miguel A. Fiorito y a Jaime H. Amadeo una edición del Memorial, es decir, los escritos espirituales de Pedro Fabro76, lo describió con estos siete rasgos: “El diálogo con todos, aun con los más lejanos y con los adversarios; su piedad sencilla, cierta probable ingenuidad, su disponibilidad inmediata, su atento discernimiento interior, el ser un hombre de grandes y fuertes decisiones que hacía compatible con ser dulce”77.

De esta conversación Spadaro sacó la impresión de que Fabro, el “sacerdote reformado” (M. de Certeau), le ha servido a Bergoglio como un verdadero modelo de vida que inspira además un tipo de reforma estructural fundada en una profunda experiencia interior. Fabro le resulta especialmente atrayente porque era, al igual que san Ignacio, “un místico”. Por su parte, M. Borghesi señala que esa descripción de rasgos y ese modo de proceder “parece un autorretrato del Papa Francisco, que, evidentemente, se mira en el espejo del jesuita de Saboya”78.

A decir de san Ignacio, Fabro tenía el primer lugar en dar los Ejercicios. Por otro lado, ha sido el primer jesuita que ha entrado en contacto con la Reforma protestante en Alemania, participando en los Coloquios de Worms (1540) y en la Dieta de Ratisbona (1541). Este hombre vive en el cruce de dos tensiones que le solicitan de continuo: el habla secreta con su Dios y el afán apostólico79. Su estilo de orar es el del recuerdo y el discernimiento cuidadoso del movimiento de espíritus80. Así lo refleja su diario espiritual, el Memorial. Este libro, que Bergoglio ha leído con asiduidad, obedece al objetivo de anotar, para recordarlos siempre, los dones y las gracias espirituales que le ha concedido el Señor. Es un tipo de oración que coincide esencialmente con el colofón de los Ejercicios espirituales, la Contemplación para alcanzar amor. En otro lugar he señalado que la caracterización de peregrino que se aplica al santo de Loyola vale igualmente para el jesuita saboyano, siempre a la búsqueda de Dios: él mismo habla de su “caminar por el camino de Dios”81. En este punto existe, a mi juicio, una gran sintonía con la espiritualidad de Bergoglio, que nos ha dejado estas confesiones:

En la experiencia personal de Dios no puedo prescindir del camino. Diría que a Dios se lo encuentra caminando, andando, buscándolo y dejándose buscar por Él. Son dos caminos que se encuentran. Por un lado, el nuestro que lo busca, impulsado por este instinto que fluye del corazón. Y después, cuando nos encontramos, nos damos cuenta de que Él nos buscaba desde antes, nos primereó. La experiencia religiosa inicial es la del camino: “Camina hasta la tierra que te voy a dar”. Es una promesa que Dios le hace a Abraham (…). Por eso digo que mi experiencia con Dios se da en el camino, en la búsqueda, en dejarme buscar. Puede ser por diversos caminos, el del dolor, el de la alegría, el de la luz, el de la oscuridad82.

En respuesta a la crisis moral y religiosa de la Iglesia de su tiempo, profundamente mundanizada, Fabro aboga por el ideal de volver “a las antiguas obras, de los primeros cristianos y de los santos Padres”, desde un auténtico testimonio de fe y de caridad. En suma, el peregrino saboyano ansiaba una reforma de la Iglesia a través de una reforma personal en la línea de los Ejercicios espirituales.

3.3. Sutiles enemigos de la santidad: gnosticismo y pelagianismo

Estas últimas reflexiones nos dejan situados ante el tema que aborda el capítulo segundo de Gaudete et exsultate: dos sutiles enemigos o dos falsificaciones que nos pueden desviar del camino de la santidad, “el gnosticismo y el pelagianismo” (GE 35-39). No es la primera vez que Francisco se refiere a estas dos formas antiguas de herejía, pero de alarmante actualidad. En su exhortación apostólica programática había hablado de la “mundanidad espiritual”, como una de las tentaciones que podía afectar a los agentes pastorales y una de las peores lacras del cristianismo (cf. EG 93-97). La expresión, que está tomada de las últimas páginas de la obra de Henri de Lubac (1896-1991), Meditación sobre la Iglesia, viene a desenmascarar esa perversa actitud con la que un cristiano, laico o religioso, sacerdote u obispo, aparenta entregarse a Dios, pero en realidad lo que busca es una posición de poder, prestigio y reputación en el mundo83. En este contexto señalaba que esa mundanidad podría alimentarse de estas dos maneras: la fascinación del gnosticismo y la del neopelagianismo autorreferencial y prometeico, “manifestaciones de un inmanentismo antropocéntrico” (EG 94)84.

Hay que afrontar esas dos falsificaciones de lo cristiano como lo que son: como tentaciones. “En los dos casos, escribe Francisco, ni Jesucristo ni los demás interesan verdaderamente” (GE 35; cf. EG 94). El gnosticismo encierra en el subjetivismo, en la inmanencia de la propia razón y de los propios sentimientos, de modo que el misterio de la encarnación de Dios queda profundamente distorsionado, hasta el punto de llegar a ser “incapaz de tocar la carne sufriente de Cristo en los otros”, para preferir “un Dios sin Cristo, un Cristo sin Iglesia, una Iglesia sin pueblo” (GE 37). Por tanto, no confundamos la experiencia del misterio cristiano de Dios con un conjunto de elucubraciones alejadas de la frescura del Evangelio.

Por su parte, el pelagianismo se aferra a la propia voluntad, a las propias fuerzas y capacidades, para bloquear y negar la primacía de la gracia divina, sin saber reconocer los propios límites, pues “en el fondo solo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico” (GE 49; cf. EG 94).

Por tanto, esta exaltación del yo, en sus mejores potencias, la inteligencia y la voluntad, favorece un distanciamiento de Dios. En realidad, estas dos falsificaciones de la santidad no son sino la perversión radical de una genuina comprensión del cristianismo. De estas dos formas desvirtuadas de cristianismo no puede brotar un auténtico dinamismo evangelizador que arranca precisamente de esta enseñanza: no somos justificados por nuestras obras o por nuestros esfuerzos, sino por la gracia de Dios que toma la iniciativa, mediante la fe en Cristo. En palabras de san Juan Crisóstomo: “Dios derrama en nosotros la fuente misma de todos los dones antes de que nosotros hayamos entrado en el combate” (GE 52). En el lenguaje de los Ejercicios espirituales decimos que somos enviados al “combate espiritual”. Esta es la temática espiritual que afronta el último capítulo de Gaudete et exsultate. Desde sus coordenadas haremos una recapitulación de estas reflexiones.

3.4. Recapitulación: “Combate, vigilancia, discernimiento”

En esta lectura de la exhortación vamos a dejar a un lado dos secciones de fuerte impronta meditativa: el capítulo tercero, que está dedicado a las bienaventuranzas, y el capítulo cuarto, que presenta los rasgos o notas de la santidad en el mundo actual85, para ir a su conclusión. No obstante, hagamos constar cómo palpitan en ellos poderosas reminiscencias de los Ejercicios espirituales. En primer lugar, a la hora de hacer la exégesis o comentario del primer macarismo, “Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”, Francisco echaba mano del Principio y fundamento:

Esta Pobreza de espíritu está muy relacionada con aquella “santa indiferencia” que proponía san Ignacio de Loyola, en la cual alcanzamos una hermosa libertad interior: “Es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás (GE 69; EE 23).

En segundo lugar, cuando Francisco explica que la santidad debe estar edificada sobre “una apertura habitual a la trascendencia” y en una oración permanente, apela a san Juan de la Cruz, a santa Teresa de Ávila, a san Bernardo de Claraval y a san Ignacio de Loyola. El recurso al fundador de la Compañía de Jesús quiere servir de ejemplo para destacar la presencia de la historia en una oración que “debería ser siempre memoriosa”, es decir, “tejida de recuerdos”, recuerdo de la acción de Dios en la historia, recuerdo de la Palabra revelada, recuerdo de la acción de Dios en la propia vida y en la vida de su Iglesia. Es el modo de oración plasmado en el Memorial de Fabro. Es el tipo de oración preferida del Papa86. En esta línea, para combatir eso que en otras ocasiones ha denominado “el alzhéimer espiritual”87, es decir, la pérdida de memoria del pasado y de las propias raíces, el olvido de la identidad personal o colectiva en nuestro encuentro con Dios, el Papa jesuita recurre a la meditación que pone el broche a los Ejercicios, la Contemplación para alcanzar amor: “Es la memoria agradecida de la que también habla san Ignacio de Loyola, cuando nos pide que traigamos a la memoria todos los beneficios que hemos recibido del Señor. Mira tu historia cuando ores y en ella encontrarás tanta misericordia” (GE 153).

Al recuperar estos aspectos de la espiritualidad ignaciana dejamos preparado el terreno para presentar el último capítulo de Gaudete et exsultate: “Combate, vigilancia, discernimiento” (cf. GE 158-177), cuya afirmación inicial, “la vida cristiana es un combate permanente”, hunde sus raíces en el corazón de la visión ignaciana de la historia de la salvación. Esta idea preside la teoría y la praxis de los Ejercicios según Jorge Mario Bergoglio: “La esperanza en Él nos pone en pie para combatir el buen combate de la fe y de la caridad”88. Porque “la esperanza discierne entre el bien y el mal, y es combativa”89. Y añade un poco más adelante que “nuestra fe es revolucionaria, es una fe combativa, con la combatividad de un proyecto discernido bajo la guía del Espíritu para un mayor servicio a la Iglesia”90. Ahora bien, hay que estar sobre aviso porque esa fe será continuamente tentada por el enemigo, para debilitarla, para hacerla inoperante, para apartarla del contacto con el Señor.

El núcleo de esta visión agónica de la vida espiritual recibe su inspiración de la meditación programática de las Dos Banderas, que Bergoglio explicaba en los términos siguientes: “Estamos frente a la lucha de las «Dos Banderas». La de Cristo, Señor nuestro, que nos propone un camino de pobreza, de deseos de oprobios y menosprecios y humildad. La del Demonio, enemigo de la naturaleza humana, que nos seduce con riquezas, vanagloria y soberbia”91. La vida del cristiano –recordaba Bergoglio a los obispos españoles– “es lucha continua contra el poder de los ídolos, contra Satanás y su esfuerzo para llevar al hombre a la incredulidad, a la desesperación, al suicidio moral y físico”92.

Por tanto, este combate espiritual tiene que ver con “la opción personal de san Ignacio: Cristo o Satanás”, para decirlo con el título del trabajo de M. A. Fiorito que fue decisivo en la gestación de formación espiritual del joven jesuita. La opción fundamental en la espiritualidad de san Ignacio abarca dos aspectos que encuentran su plasmación en Gaudete et exsultate: por un lado, el llamado personal, siempre actual que Cristo hace a cada uno, invitándole a entrar en esta lucha; por otro, el combate con el enemigo personal de Cristo y de cada cristiano93. En consonancia con la meditación de las Dos banderas, “nuestro camino hacia la santidad es también una lucha constante” (GE 162). Y Francisco insiste en este punto, fiel al texto ignaciano: “Es una lucha constante contra el diablo, que es el príncipe del mal” (GE 159). Y refuerza esa actitud de vigilancia recurriendo a la advertencia que hace Pedro frente a ese enemigo que “como león rugiente, ronda buscando a quien devorar (1 Pe 5, 8)” (GE 161).

En medio de este combate y de esta vigilancia, “el discernimiento es un instrumento de lucha, y luchamos para seguir más de cerca al Señor. Por ello no nos fiamos de cualquier espíritu y buscamos si vienen de Dios. Hay una relación muy estrecha entre el seguimiento del Señor y el conocimiento que tengamos de Él”94. El discernimiento de las idolatrías nos permitirá un avance sustancial en el conocimiento interno del Señor. En la vida cristiana se trata de “buscar y hallar la voluntad divina” (EE 1). De ahí que en el camino de la santidad, siempre hay que estar atento a las advertencias de la primera carta de Juan: “No os fiéis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios” (1 Jn 4, 1). En su exhortación sobre la santidad Francisco ha explicado con palabras sencillas en qué consiste ese discernimiento: se trata de proceder a un sincero examen de conciencia, es decir, de “preguntar al Espíritu qué espera Jesús de ti en cada momento de tu existencia y en cada opción que debas tomar, para discernir el lugar que eso ocupa en tu propia misión” (GE 23)95.

Añade que el discernimiento es una necesidad imperiosa en nuestro tiempo, un hábito particularmente necesario, “un instrumento de lucha –repite de forma insistente– para seguir mejor al Señor”:

Nos hace falta siempre, para estar dispuestos a reconocer los tiempos de Dios y de su gracia, para no desperdiciar las inspiraciones del Señor, para no dejar pasar su invitación a crecer. Muchas veces esto se juega en lo pequeño, en lo que parece irrelevante, porque la magnanimidad se muestra en lo simple y en lo cotidiano (Non coerceri a maximo, contineri tamen a minimo divinum est). Se trata de no tener límites para lo grande, para lo mejor y lo más bello, pero al mismo tiempo concentrados en lo pequeño, en la entrega de hoy (GE 169).

Volvemos así al corazón de la dialéctica espiritual ignaciana. Ahora bien, para ser fieles al mensaje del Papa jesuita es oportuno recordar que la opción personal por Cristo acaece en el servicio a la Iglesia, la “sancta madre Iglesia hierárquica”, según la expresión cara a san Ignacio. Con un comentario a esta idea de sentir con la Iglesia Bergoglio ponía el broche final a sus Ejercicios96. Esta locución eclesiológica evoca y aúna tres conceptos ligados entre sí: el de la santidad, porque fuimos engendrados en un cuerpo santo, el de la esposa del Señor; el de la fecundidad, que es la constatación del “paso del Señor” que nos consuela y nos fortalece; el de la disciplina, que corresponde a la caritas discreta en nuestra adhesión al mensaje del Reino. Esta es la Iglesia que quiere seguir actualizando las palabras del Concilio: Dei Verbum religiose audiens et fidenter proclamans.

1Francisco, Exhortación apostólica Gaudete et exsultate, sobre el llamado a la santidad en el mundo actual (Mensajero, Bilbao 2018).

2El P. Jerónimo Nadal contó de san Ignacio, que “en todas las cosas, acciones y conversaciones, sentía y contemplaba la presencia de Dios y la atracción de las cosas espirituales; era contemplativo en la acción, lo que él solía expresar ordinariamente con estas palabras: hay que encontrar a Dios en todas las cosas” (In examen annotationes, MHSI 90, 162).

3Cf. S. Arzubialde, Ejercicios espirituales de S. Ignacio. Historia y análisis (Mensajero – Sal Terrae, Bilbao-Santander 1991) 559-583. G. Uríbarri, “Los misterios de la vida de Cristo como epifanía de la voluntad de Dios”, en Íd. (ed.), Dogmática ignaciana. “Buscar y hallar la voluntad divina” (Ej 1) (Mensajero - Sal Terrae, Maliaño 2018) 177-204.

4Cf. S. Madrigal, “Aproximación a una mística eclesial: evangelizadores con Espíritu desde el espíritu del Vaticano II”, en Íd., El giro eclesiológico en la recepción del Vaticano II (Sal Terrae, Maliaño 2017) 455-477.

5E. J. Echeverría, El Papa Francisco. El legado del Vaticano II (Desclée de Brouwer, Bilbao 2017) 267.

6J. M. Bergoglio (Papa Francisco), En Él solo la esperanza. Ejercicios espirituales a los obispos españoles (BAC, Madrid 2013) 63 (n. 44).

7Cf. J. Nadal, Las pláticas del P. Jerónimo Nadal. La globalización ignaciana, ed. y trad. M. Lop Sebastiá (Mensajero-Sal Terrae, Bilbao-Santander 2011) 167.

8Cf. J. Corkery, “Francisco, heredero e innovador: un papa argentino y jesuita en la tradición posconciliar”, en M. Tenace (ed.), Del clavo a la clave. La teología fundamental del papa Francisco (BAC, Madrid 2018) 105-117. S. Kiechle, Grenze überschreiten. Papst Franziskus und seine jesuitische Wurzeln (Echter, Würzburg 2015). M. Sievernich, “Das theologische Profil von Papst Franziskus / Pater Jorge Mario Bergoglio SJ”, Theologsich-Quartalschrift 163 (2015) 20-29. Íd., “Der neue Stil des Papstes. Jesuitische und lateinamerikanische Quellen seiner Patoral”, en K. Bieberstein – J. Bründl (eds.), Der Papst, der alles anders macht? (Lit-Verlag, Berlín 2016) 23-41.

9Véase: “¿Qué son los jesuitas? Origen, espiritualidad, características propias”, en J. M. Bergoglio, Reflexiones espirituales sobre la vida apostólica (Ed. Diego Torres, Buenos Aires 1987) 245-262.

10Cf. J. Nadal, Las pláticas del P. Jerónimo Nadal, 172: “Este instituto o modo de proceder, que así lo llama el Padre Ignacio, va siempre enderezado a buscar la mayor gloria y honra de Dios nuestro Señor”.

11A. Spadaro, “Entrevista. Papa Francisco: Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos” en Razón y Fe 268 (2013) 249-276, 252. M. de França Miranda, A reforma de Francisco. Fundamentos teológicos (Paulinas, Sao Paolo 2017) 174-195: “A herança inaciana de Francisco”.

12A. Spadaro, “Entrevista. Papa Francisco”, 253-254.

13J. M. Bergoglio, Meditaciones para religiosos (Ed. Diego Torres, Buenos Aires 1982) 193. Cf. A. Spadaro, “La reforma de la Iglesia según Francisco. Las raíces ignacianas”, en A. Spadaro – C. Galli (eds.), La reforma y las reformas en la Iglesia (Sal Terrae, Maliaño 2016), 33-50, 36-45.

14M. Borghesi, Jorge Mario Bergoglio. Una biografía intelectual. Dialéctica y mística (Encuentro, Madrid 2018) 37. A. Ivereigh, El gran reformador. Francisco, retrato de un papa radical (B ediciones, Barcelona 2015) 116.

15M. A. Fiorito, Escritos I-V, Edición preparada por J. L. Narvaja (La Civiltà Cattolica, Roma 2019).

16Francisco, “Miguel Ángel Fiorito, maestro del diálogo”: La Civiltà Cattolica Iberoamericana: https://www.civiltacattolica-ib.com/miguel-angel-fiorito-maestro-del-dialogo/ (consulta: 25/4/2020), 5.

17M. A. Fiorito, “Cristocentrismo del Principio y Fundamento de San Ignacio”, en Escritos II, 27-51.

18Íd., “La opción personal de S. Ignacio: Cristo o Satanás”, en Escritos I, 162-183, 164.

19G. Fessard, La dialéctica de los “Ejercicios espirituales” de san Ignacio de Loyola (Mensajero-Sal Terrae, Bilbao-Santander 2010).

20M. Borghesi, Jorge Mario Bergoglio. Una biografía intelectual, 139-182.

21M. A. Fiorito, “Cristocentrismo del Principio y Fundamento”, en Escritos II, 51, nota 88. La grabación de audio del 3 de enero de 2017 ofrece estos datos: “Antes del ochenta y seis me había ocupado de Guardini, sí, pero en la lectura espiritual, sobre los libros El Señor, La madre del Señor, etc. Mi lectura asumió una importancia diferente cuando tomé en mis manos Der Gegensatz (El contraste, la obra de antropología filosófica publicada por Guardini en 1925)”. Cf. M. Borghesi, Jorge Mario Bergoglio. Una biografía intelectual, 139. M. Sievernich (ed.), Papst Franziskus. Texte, die ihn prägten (Lambert Schneider, Darmstdt 2015) 115-130.

22Papa Francisco, grabación de audio (3 de enero de 2017), cf. M. Borghesi, Jorge Mario Bergoglio. Una biografía intelectual, 40.

23Cf. J. C. Scannone, “La filosofía dell'azione di Blondel e l'agire di papa Francesco”, La Civiltà Cattolica 3969 (2015) 216-233, 216.

24J. Servais, “Jorge Bergoglio and the theologians who shaped his readings of the Spiritual Exercises”, Gregorianum 99, 3 (2018) 483-507, 488.

25Francisco, “Miguel Ángel Fiorito, maestro del diálogo”, 5.

26Cf. M. A. Fiorito, “La opción personal de S. Ignacio: Cristo o Satanás”, en Escritos I, 163-164.

27Cf. M. A. Fiorito, “La opción personal de S. Ignacio: Cristo o Satanás”, en Escritos I, 175.

28H. Rahner, “Die Grabschrift des Loyola”, Stimmen der Zeit (1947) 321-339.

29Francisco, “Miguel Ángel Fiorito, maestro del diálogo”, 5.

30H. Rahner, Ignacio de Loyola: el hombre y el teólogo (Mensajero-Sal Terrae, Bilbao-Santander 2019) 227; 229-231 (nota 18).

31J. M. Bergoglio (Papa Francisco), En Él solo la esperanza, 10 (n. 7). En Meditaciones para religiosos, 265, insiste en esta misma idea. Cf. J. Servais, “Jorge Bergoglio and the theologians”, 490.

32J. M. Bergoglio, Meditaciones para religiosos, 35.

33J. M. Bergoglio, Meditaciones para religiosos, 35, nota 1. La cita puede verse en: M. A. Fiorito, “Teoría y práctica de los Ejercicios espirituales según Gaston Fessard”, Escritos I, 233-250; aquí: 249.

34M. Borghesi, Jorge Mario Bergoglio. Una biografía intelectual, 46.

35M. A. Fiorito, “Teoría y práctica de los Ejercicios espirituales según Gaston Fessard”, Escritos I, 233-250, 235.

36M. A. Fiorito, “Teoría y práctica de los Ejercicios espirituales según Gaston Fessard”, Escritos I, 235.

37G. Fessard, La dialéctica de los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola, 33-53.

38M. A. Fiorito, “Teoría y práctica de los Ejercicios espirituales según Gaston Fessard”, 239.

39M. A. Fiorito, “Teoría y práctica de los Ejercicios espirituales según Gaston Fessard”, 240-241.

40G. Fessard, La dialéctica de los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola, 221.

41G. Fessard, La dialéctica de los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola, 221. 223.

42G. Fessard, La dialéctica de los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola, 383-456.

43G. Fessard, La dialéctica de los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola, 456.

44Para más detalles, evaluando el influjo de K.-H. Crumbach, véase: M. Borghesi, Jorge Mario Bergoglio. Una biografía intelectual, 46-53.

45G. Fessard, La dialéctica de los Ejercicios espirituales, 427.

46J. M. Bergoglio, Meditaciones para religiosos, 35-36.

47J. M. Bergoglio, Meditaciones para religiosos, 114-127, 114.

48J. M. Bergoglio (Papa Francisco), En Él solo la esperanza, 51 (n. 34).

49J. M. Bergoglio (Papa Francisco), En Él solo la esperanza, 47 (n. 32).

50J. M. Bergoglio (Papa Francisco), En Él solo la esperanza, 51 (n. 34).

51Cf. “Papa Francisco: Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos”, Razón y Fe 268 (2013) 253.

52“Papa Francisco: Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos”, Razón y Fe 268 (2013) 254.

53Véase: J. M. Bergoglio, Meditaciones para religiosos, donde la sección 2, titulada genéricamente “Ejercicios” (p. 137-251), ofrece el texto de unos Ejercicios completos para jesuitas, cuya fecha desconocemos; por otro lado, la sección 3 del libro, “Ejercicios para superiores” (p. 255-311); ambos textos ofrecen muchas páginas coincidentes con los Ejercicios impartidos en Madrid, en 2006, como vamos a tener ocasión de comprobar. También se pueden ver meditaciones de Ejercicios en J. M. Bergoglio – Papa Francisco, Mente abierta, corazón creyente (Editorial Claretiana, Madrid 2012).

54J. M. Bergoglio (Papa Francisco), En Él solo la esperanza, 6 (n. 5). La cita de las Constituciones de la Compañía de Jesús corresponde al artículo 812. Este comienzo está anticipado en términos literales en: “Ejercicios”, Meditaciones para religiosos, 137-141.

55Véase: En Él solo la esperanza, 9 (n. 6-7); “Ejercicios”, 142; “Ejercicios para superiores”, 265.

56J. M. Bergoglio, Reflexiones espirituales sobre la vida apostólica, 17.

57En Él solo la esperanza, 14 (n. 12); “Ejercicios”, 145-146; “Ejercicios para superiores”, 267. Con una larga cita de Evangelii nuntiandi establece los criterios de fundación que Jesús quiso para su Iglesia. Cf., 14-15 (n. 13); “Ejercicios”, 149-150.

58En Él solo la esperanza, 15-16 (n. 14); “Ejercicios”, 150-152.

59En “Ejercicios para superiores” son dos capítulos diferentes, 269-275; 276-281. En “Ejercicios”, corresponde a tres secciones “Nuestra fe”, 153-162; “El pecado”, 163-165; “Pecado y desesperanza”, 166-171.

60Cf. “Ejercicios”, 172-177. En En Él solo la esperanza estas páginas están reproducidas literalmente.

61Cf. “Ejercicios para superiores”, 282-287.

62Cf. “Ejercicios”, 178-185.

63Cf. “Ejercicios”, 189-197.

64Cf. “Ejercicios”, 205-211. En En Él solo la esperanza estas páginas están reproducidas literalmente.

65Cf. “Ejercicios”, 217-222. En En Él solo la esperanza estas páginas están reproducidas literalmente.

66Cf. “La cruz del Señor”, en “Ejercicios”, 223-228. En En Él solo la esperanza estas páginas están reproducidas literalmente. Aquí concluyen los “Ejercicios para superiores”, 307-311.

67Cf. “La paz”, en “Ejercicios”, 229-231. En En Él solo la esperanza estas páginas están reproducidas literalmente.

68Cf. “La Memoria”, y “La esposa del Señor”, en “Ejercicios”, 232-238; 239-245. En En Él solo la esperanza estas páginas están reproducidas literalmente.

69J. M. Bergoglio (Papa Francisco), En Él solo la esperanza, 101 (n. 73).

70Cf. G. Fessard, La dialéctica de los Ejercicios espirituales, 52-53; 245-259.

71J. M. Bergoglio (Papa Francisco), En Él solo la esperanza, 97-98 (n. 71).

72J. M. Bergoglio (Papa Francisco), En Él solo la esperanza, 80-81 (n. 56).

73Cf. G. Uríbarri, Santidad misionera. Fuentes, marco y contenido de Gaudete et exsultate (Sal Terrae, Maliaño 2019) 131-166.

74Meditaciones para religiosos, 46-47.

75Cf. S. Madrigal, “Huellas del Documento de Aparecida en la exhortación apostólica Evangelli gaudium”, en Íd., El giro eclesiológico en la recepción del Vaticano II, 295-320, 306.

76A. Alburquerque, En el corazón de la Reforma. “Recuerdos espirituales” del Beato Pedro Fabro (Mensajero-Sal Terrae, Bilbao-Santander 2000).

77Cf. Razón y fe 256 (2013) 256-257. Véase la homilía de la misa de canonización: AAS 106 (2014) 9-11. S. Kiechle, Grenze überschreiten. Papst Franziskus und seine jesuitische Wurzeln, 55-60.

78M. Borghesi, Jorge Mario Bergoglio. Una biografía intelectual, 279-287.

79S. Madrigal, Eclesiología, reforma y misión. El legado espiritual de Ignacio de Loyola, Pedro Fabro y Francisco de Javier (San Pablo, Madrid 2008) 143-208.

80J. M. Bergoglio, Reflexiones espirituales, 54 (cf. Memorial, 300-302).

81S. Madrigal, Eclesiología, reforma y misión, 156-162.

82J. M. Bergoglio – A. Skorka, Sobre el cielo y la tierra (Debate, Barcelona 2013) 17.

83F. Torralba, Diccionario Bergoglio. Las palabras clave de un pontificado (San Pablo, Madrid 2019) 241-252.

84En nota remite al documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Placuit Deo, sobre algunos aspectos de la salvación cristiana (22 de febrero de 2018). Francisco se había referido a estas perversiones del cristianismo en varias ocasiones. La más remota en el tiempo sería la Relatio post disceptationem en la X Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, el 12 de octubre de 2001. Cf. D. Fares, El olor del pastor. El ministerio pastoral en la visión del papa Francisco (Sal Terrae, Maliaño 2105) 49. Más recientemente, en sus palabras al Comité de Coordinación del CELAM, el 28 de julio de 2013, en Río de Janeiro. Cf. E. Cuda, Para leer a Francisco. Teología, ética y política (Manantial, Buenos Aires 2016) 255. Asimismo, en la alocución al V Congreso de la Iglesia italiana, en Florencia, el 10 de noviembre de 2015.

85Cf. J. Cervantes, “La santidad desde la perspectiva bíblica o las raíces bíblicas de Gaudete et exsultate”, Corintios XIII 171-172 (2019) 8-37.

86Cf. “Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos”, 276: “La oración es para mí siempre una oración ‘memoriosa’, llena de memoria, de recuerdos, incluso de memoria de mi historia o de lo que el Señor ha hecho en su Iglesia o en una parroquia concreta (…). Pero, sobre todo, sé que el Señor me tiene en su memoria”.

87Véase la voz “Alzhéimer espiritual”, en F. Torralba, Diccionario Bergoglio, 25-32.

88J. M. Bergoglio (Papa Francisco), En Él solo la esperanza, 3 (n. 1).

89J. M. Bergoglio (Papa Francisco), En Él solo la esperanza, 4 (n. 1).

90J. M. Bergoglio (Papa Francisco), En Él solo la esperanza, 28-29 (n. 23). Cf. Meditaciones para religiosos, 154.

91J. M. Bergoglio (Papa Francisco), En Él solo la esperanza, 75 (n. 53).

92J. M. Bergoglio (Papa Francisco), En Él solo la esperanza, 65 (n. 44).

93Cf. M. A. Fiorito, “La opción personal de S. Ignacio: Cristo o Satanás”, en Escritos I, 175-183.

94J. M. Bergoglio (Papa Francisco), En Él solo la esperanza, 69-70 (n. 48).

95Para más detalles, véase: J. L. Martínez, Conciencia, discernimiento y verdad (BAC, Madrid 2019) 137-186.

96J. M. Bergoglio (Papa Francisco), En Él solo la esperanza, 120-128 (n. 77). La misma reflexión se lee en Meditaciones para religiosos, 239-245.

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