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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile vol.148 no.8 Santiago ago. 2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872020000801121 

Comunicación Breve

Salud mental en trabajadores de la salud durante la pandemia por COVID-19 en Chile

Mental health problems among health care workers during the COVID-19 pandemic

Alfonso Urzúa1  a

Antonio Samaniego2  b

Alejandra Caqueo-Urízar3  a

Antonio Zapata Pizarro4 

Matías Irarrázaval Domínguez5 

1Escuela de Psicología, Universidad Católica del Norte. Antofagasta, Chile.

2Universidad Nacional de Asunción. Asunción, Paraguay.

3Instituto de Alta Investigación, Universidad de Tarapacá. Arica, Chile.

4Facultad de Medicina, Universidad de Antofagasta y Hospital Regional de Antofagasta. Antofagasta, Chile.

5Facultad de Medicina, Universidad de Chile & Jefe de Salud Mental, Ministerio de Salud. Santiago, Chile.

ABSTRACT

Background:

COVID-19 has effects on the mental health of health care workers.

Aim:

To explore the presence of symptoms associated with mental health problems and associated risk factors in health workers.

Material and Methods:

The questionnaires PHQ-9 for depression, GAD-7 for anxiety, ISI-7 for insomnia and IES-R-22 for psychological distress were applied to 125 health care workers aged 18 to 67 years (32 physicians, 22 nurses and 71 of other professions) laboring in hospitals and primary care facilities along Chile.

Results:

Sixty five percent reported depression symptoms, 74% anxiety, 65% insomnia and 57% distress. Physicians had lower median scores in all scales than nurses and other health professionals. Professionals attending patients with respiratory infections or with COVID-19 had higher median scores in the scales that their counterparts.

Conclusions:

The frequency of mental health problems among these professionals is high and preventive measures should be taken.

Key words: Anxiety; Coronavirus; Coronavirus Infections; Depression; Health Occupations; Mental Health

El 31 de diciembre de 2019, la Comisión Municipal de Salud de Wuhan (China) notificó la existencia de un conjunto de casos de neumonía en la ciudad, reportando tiempo después como causa un nuevo coronavirus, el SARS-CoV-2, causante de la enfermedad COVID-19. El 13 de enero de 2020 se confirmó el primer caso fuera de China1. Al 10 de agosto de 2020, la ya declarada pandemia había ocasionado más de 700 mil muertos y más de 19 millones de casos confirmados, de los cuales 10,5 millones son de las Américas y cerca de 370 mil en Chile2.

A la fecha, las investigaciones principalmente han evidenciado los efectos del virus en la salud física, ya que alrededor de 1 de cada 5 personas que contraen el virus desarrollan una enfermedad grave y dificultades respiratorias1, colapsando los sistemas de atención y generando mayores cargas de trabajo y estrés en los equipos de salud. Los efectos de esta sobrecarga y estrés, sumados a los de trabajar en constante riesgo de infección, evidentemente generan problemas de salud mental. Reportes iniciales en China han informado que cerca de 39% de los trabajadores sanitarios presentan problemas psicológicos, principalmente los que ya habían pasado por aislamiento y contagio a familiares o colegas3. Estudios que centren su interés en los efectos del COVID-19 en la salud mental de los equipos de salud aún son escasos, entre ellos uno realizado en China, donde se encontró que más de 50% de los encuestados reportó síntomas de depresión y 45% de ansiedad, siendo las enfermeras, las mujeres, los trabajadores de la salud de primera línea, y aquellos que trabajaba en Wuhan, China los que informaron más severidad en todas las mediciones de salud mental4. En Latinoamérica, solo se conoce un estudio presentado en Paraguay, donde los porcentajes de participantes que reportaron síntomas clasificables como moderados y severos fueron de 32,2% para depresión, 41,3% en ansiedad, 27,8% en insomnio, 38,9% en distrés y 64,3% en fatiga por compasión5.

En este contexto de urgencia sanitaria, esta investigación reporta datos exploratorios sobre la salud mental en funcionarios de salud en Chile.

Material y Método

Participantes

Se recolectaron datos de 125 trabajadores de Atención Secundaria (80%) y Atención Primaria en Salud (20%), entre 18 a 67 años (M = 39,59; DE = 11,08) a través de encuestas online realizadas durante las dos últimas semanas de abril de 2020.

De estos, 32 (25,6%) son médicos, 22 (17,6%) profesionales de enfermería y 71 (56,8%) correspondientes a otras profesiones. El 62,2% había atendido infecciones respiratorias y 36,8% casos de COVID-19. El 62,4% no contaba con equipos de protección individual. En su mayoría fueron mujeres (88%).

Instrumentos

Depresión

Se utilizó el PHQ-9 (9-ítem Patient Health Questionnaire, rango de 0 a 27 puntos), en su versión en castellano6 y validado en Chile7,8. Este cuestionario permite categorizar en normal (0-4), leve (5-9), moderado (10-14) y severo (15-21).

Ansiedad

Para medir esta variable se aplicó el GAD-7 (7-item Generalized Anxiety Disorder, rango de 0 a 21 puntos)9, en su versión en castellano10. Permite establecer cuatro categorías de acuerdo al puntaje obtenido: normal (0-4), leve (5-9), moderado (10-14) y severo (15-21).

Insomnio

Se utilizó el ISI (7-item Insomnia Severity Index, rango de 0 a 28 puntos)11, en su versión en castellano12. El puntaje obtenido permite categorizar en normal (0-7), insomnio subumbral (8-14), insomnio clínico de moderada severidad (15-21) e insomnio clínico severo (22-28).

Distrés

Para evaluar síntomas de distrés se aplicó el IES-R (22-item Impact of Event Scale–Revised, rango de 0 a 88 puntos)13, en su versión adaptada para Chile14. El puntaje total puede ser categorizado en normal (0-8), leve (9-25), moderado (26-43) y severo (44-88).

Procedimiento

Trabajo aprobado por el comité de ética institucional. Respetando la normativa de Helsinky, se solicitó el consentimiento informado online de los participantes previa recolección de datos, y su participación no incurrió en ningún tipo de riesgo. Los datos fueron completamente anónimos. Se calculó la proporción de participantes para los diferentes niveles de severidad de los síntomas de depresión, ansiedad, insomnio y distrés y se compararon las proporciones de los factores asociados por medio de la prueba χ2 de Pearson. Se empleó la prueba U de Mann Whitney para la comparación de dos grupos. El puntaje de corte para detectar síntomas de depresión mayor, ansiedad, insomnio y distrés fue de 10,7,15 y 26, respectivamente, de acuerdo a lo utilizado en el estudio de Lai4, basado en estudios previos con similares instrumentos1518.

Las puntuaciones obtenidas en los cuatro instrumentos aplicados se correlacionaron con la edad, la probabilidad de contagio en los próximos meses, la probabilidad de que otros se contagien y la cantidad de días desde el primer caso confirmado. Para este análisis se calculó el coeficiente de correlación de Spearman.

Resultados

La mediana (IQR) de las puntuaciones en el total de participantes, fue de 4 (1,0 a 5,5) para depresión, 6 (2,0 a 8,0) para ansiedad, 6 (3,0 a 12,0) para insomnio y 4 (0,0 a 14,0) para distrés. La Tabla 1 muestra la mediana obtenida en cada instrumento según los distintos grupos de análisis.

Tabla 1 Puntuaciones de las mediciones de depresión, ansiedad, insomnio y distrés en los subgrupos 

Sexo Profesión
Mediana (IQR) Mediana (IQR)
Hombres Mujeres p Medicina Enfermería Otros pa pb pc
PHQ-9 4 (1,0-5,5) 7 (4,0-12,0) 0,000 4 (2,0-5,0) 9 (6,0-12,0) 7 (4,0-12,0) 0,000 0,001 0,218
GAD-7 6 (2,0-8,0) 9 (5,0-13,0) 0,000 6 (3,0-9,0) 10,5 (6,0-13,0) 7 (4,0-12,0) 0,001 0,051 0,072
ISI 6 (3,0-12,0) 11 (7,0-16,0) 0,000 5,5 (3,0-8,0) 13,5 (9,0-16,0) 12 (7,0-16,0) 0,000 0,000 0,409
IES-R 4 (0,0-14,0) 21 (5,0-32,0) 0,000 5 (0,0-15,0) 22 (8,0-30,0) 16 (4,0-31,0) 0,001 0,002 0,420
Atención de infecciones respiratorias Atención de casos COVID-19 Protección individual
Mediana (IQR) Mediana (IQR) Mediana (IQR)
No p No p No p
PHQ-9 5 (3,0-10,0) 7 (5,0-10,0) 0,057 5 (3,0-10,0) 8 (6,0-12,0) 0,025 5 (4,0-12,0) 7 (3,0-10,0) 0,688
GAD-7 7 (3,0-11,0) 8 (6,0-12,0) 0,258 7 (4,0-11,0) 9 (6,0-13,0) 0,106 9 (5,0-13,0) 6 (4,0-10,0) 0,013
ISI 9 (4,0-13,0) 12,5 (7,0-16,0) 0,035 9 (4,0-14,0) 14 (9,0-16,0) 0,027 10 (5,0-16,0) 9,5 (5,0-14,0) 0,525
IES-R 8 (2,0-22,0) 22 (5,0-28,0) 0,021 9,5 (2,0-26,0) 22 (20,0-26,0) 0,024 17 (4,0-31,0) 13 (1,0-24,0) 0,246

GAD-7: 7-item Generalized Anxiety Disorder; IES-R: 22-item Impact of Event Scale-Revised; IQR: Rango intercuartil; ISI: 7-item Insomnia Severity Index; PHQ-9: 9-item Patient Health Questionnaire.

La mediana de las puntuaciones de las mujeres fue significativamente mayor que la de los hombres en depresión, ansiedad, insomnio y distrés (p = 0,000 en todas ellas).

La mediana de las puntuaciones de los profesionales de enfermería fue significativamente mayor que la de los médicos en depresión (p = 0,000), ansiedad (p = 0,001), insomnio (p = 0,000) y distrés (p = 0,002). Al comparar a los profesionales de medicina con los demás profesionales de la salud (odontología, paramédicos, kinesiología, entre otros), la mediana de las puntuaciones de estos fue significativamente menor en depresión (p = 0,001), insomnio (p = 0,000) y distrés (p = 0,002).

La mediana de las puntuaciones de quienes atendieron infecciones respiratorias versus los que no, fue significativamente mayor en insomnio (p = 0,0035) y distrés (p = 0,021). De igual manera, la mediana de las puntuaciones de quienes atendieron casos COVID versus los que no fue significativamente mayor en depresión (p = 0,025), insomnio (p = 0,027) y distrés (p = 0,024).

Por último, al comparar los profesionales que no contaban con protección individual con quienes sí, la mediana de estos fue significativamente mayor en ansiedad (p = 0,013).

Severidad de los síntomas

Del total de participantes, una mayor proporción presentó síntomas de depresión (82[65,6%]), ansiedad (93[74,4%]), insomnio (81[64,8%]) y distrés (71[56,8%]).

En comparación a los hombres, las mujeres presentaron una proporción significativamente mayor de casos con síntomas severos de depresión (p = 0,013), ansiedad (p = 0,000), insomnio (p = 0,004) y distrés (p = 0,001). Al comparar con los profesionales de medicina y enfermería, quienes pertenecían a las otras categorías (odontología, paramédicos, kinesiología, entre otros) presentaron mayor proporción de síntomas severos de depresión (p = 0,025), ansiedad (p = 0,033), insomnio (p = 0,001) y distrés (p = 0,045).

En comparación a quienes atendieron infecciones respiratorias, quienes no realizaron esta atención presentaron mayor proporción de síntomas severos de ansiedad (p = 0,012), insomnio (p = 0,029) y distrés (p = 0,022). Por otro lado, al comparar quienes atendieron casos de COVID-19 con quienes no atendieron estos casos, estos últimos presentaron mayor proporción de síntomas de insomnio (p = 0,037) y distrés (p = 0,005) (Tabla 2).

Tabla 2 Categorías de gravedad de las mediciones de depresión, ansiedad, insomnio y distrés en los subgrupos 

Sexo Ocupación Estado civil
Total Hombres Mujeres p Medicina Enfermería Otros p Solteros Casados p
PHQ-9, síntomas de depresión Normal 43 (34,4) 19 (51,4) 24 (27,3) 0,013 19 (59,4) 5 (22,7) 19 (26,8) 0,025 11 (26,2) 32 (38,6) 0,271
Leve 45 (36,0) 14 (37,8) 31 (35,2) 9 (28,1) 7 (31,8) 29 (40,8) 14 (33,3) 31 (37,3)
Moderada 20 (16,0) 2 (5,4) 18 (20,5) 2 (6,3) 6 (27,3) 12 (16,9) 9 (21,4) 11 (13,3)
Severa 17 (13,6) 2 (5,4) 15 (17,0) 2 (6,3) 4 (18,2) 11 (15,5) 8 (19,0) 9 (10,8)
GAD-7, síntomas de ansiedad Normal 32 (25,6) 15 (40,5) 17 (19,3) 0,000 12 (37,5) 2 (9,1) 18 (25,4) 0,033 10 (23,8) 22 (26,5) ,912
Leve 48 (38,4) 19 (51,4) 29 (33,0) 14 (43,8) 7 (31,8) 27 (38,0) 18 (42,9) 30 (36,1)
Moderada 29 (23,2) 3 (8,1) 26 (29,5) 5 (15,6) 10 (45,5) 14 (19,7) 9 (21,4) 20 (24,1)
Severa 16 (12,8) 0 (0,0) 16 (18,2) 1 (3,1) 3 (13,6) 12 (16,9) 5 (11,9) 11 (13,3)
ISI, síntomas de insomnio Normal 44 (35,2) 21 (56,8) 23 (26,1) 0,004 22 (68,8) 4 (18,2) 18 (25,4) 0,001 13 (31,0) 31 (37,3) ,219
Subumbral 50 (40,0) 13 (35,1) 37 (42,0) 8 (25,0) 10 (45,5) 32 (45,1) 15 (35,7) 35 (42,2)
Moderado 29 (23,2) 3 (8,1) 26 (29,5) 2 (6,3) 8 (35,4) 19 (26,8) 14 (33,3) 15 (18,1)
Severo 2 (1,6) 0 (0,0) 2 (2,3) 0 (0,0) 0 (0,0) 2 (2,8) 0 (0,0) 2 (2,4)
IES-R, síntomas de distrés Normal 54 (43,2) 25 (67,6) 29 (33,0) 0,001 21 (65,6) 6 (27,3) 27 (38) 0,045 17 (40,5) 37 (44,6) 0,972
Leve 38 (30,4) 10 (27) 28 (31,8) 9 (28,1) 8 (36,4) 21 (29,6) 13 (31,0) 25 (30,1)
Moderada 19 (15,2) 2 (5,4) 17 (19,3) 1 (3,1) 4 (18,2) 14 (19,7) 7 (16,7) 12 (14,5)
Severa 14 (11,2) 0 (0,0) 14 (15,9) 1 (3,1) 4 (18,2) 9 (12,7) 5 (11,9) 9 (10,8)
Atención de infecciones respiratorias Atención de casos COVID-19 Protección individual
No p No p No p
PHQ-9 Normal 33 (41,8) 10 (21,7) 0,133 41 (39,4) 2 (9,5) 0,068 17 (36,2) 26 (33,3) 0,455
Leve 26 (32,9) 19 (41,3) 34 (32,7) 11 (52,4) 15 (31,9) 30 (38,5)
Moderada 10 (12,7) 10 (21,7) 16 (15,4) 4 (19,0) 6 (12,8) 14 (17,9)
Severa 10 (12,7) 7 (15,2) 13 (12,5) 4 (19,0) 9 (19,1) 8 (10,3)
GAD-7 Normal 26 (32,9) 6 (13,0) 0,012 30 (28,8) 2 (9,5) 0,079 8 (17,0) 24 (30,8) 0,060
Leve 25 (31,6) 23 (50,0) 38 (36,5) 10 (47,6) 16 (34,0)} 32 (41,0)
Moderada 15 (19,0) 14 (30,4) 21 (20,2) 8 (38,1) 13 (27,7) 16 (20,5)
Severa 13 (16,5) 3 (6,5) 15 (14,4) 1 (4,8) 10 (21,3) 6 (7,7)
ISI Normal 32 (40,5) 12 (26,1) 0,029 42 (40,4) 2 (9,5) 0,037 16 (34,0) 28 (35,9) 0,782
Subumbral 33 (41,8) 17 (37,0) 39 (37,5) 11 (52,4) 17 (36,2) 33 (42,3)
Moderado 12 (15,2) 17 (37,0) 21 (20,2) 8 (38,1) 13 (27,7) 16 (20,5)
Severo 2 (2,5) 0 (0,0) 2 (1,9) 0 (0,0) 1 (2,1) 1 (1,3)
IES-R Normal 41 (51,9) 13 (28,3) 0,022 51 (49,0) 3 (14,3) 0,005 19 (40,4) 35 (44,9) 0,491
Leve 20 (25,3) 18 (39,1) 27 (26,0) 11 (52,4) 12 (25,5) 26 (33,3)
Moderada 8 (10,1) 11 (23,9) 13 (12,5) 6 (28,6) 9 (19,1) 10 (12,8)
Severa 10 (12,7) 4 (8,7) 13 (12,5) 1 (4,8) 7 (14,9) 7 (9,0)

Datos expresan Frecuencia (%).

Discusión

Los efectos del COVID-19 han sido graves en el ámbito de la salud, ligados a millones de contagiados, miles de muertes e indicadores de colapso de los sistemas de atención sanitaria. Lamentablemente, muchas de las consecuencias empezamos a detectarlas recién ahora, después de afrontar las demandas más urgentes. Algunas de ellas serán los efectos a mediano y largo plazo de la salud mental de la población, pero también de los principales actores directos en la lucha contra la pandemia, como son los profesionales de la salud.

Los resultados del presente estudio muestran efectivamente que, al igual que otros estudios en personal de salud en otros países tan distantes como Paraguay5 y China19, un gran porcentaje del personal de salud encuestado presenta en la actualidad algún grado de sintomatología en ansiedad (74%), distrés (56%), depresión (66%) e insomnio (65%). Aun cuando es sabido que el equipo de salud podría tener mayor riesgo de problemas de salud mental por el tipo de trabajo, estos porcentajes superan ampliamente a lo reportado en otros estudios en personal de salud, como por ejemplo lo evidenciado por Ansoleaga20 en trabajadores de un hospital pediátrico de alta complejidad (23% sintomatología depresiva y 34% distrés elevado) o en investigaciones anteriores en trabajadores no clínicos de un hospital público21 (depresión 10%, ansiedad 30%). Aun cuando no ha sido posible encontrar datos actuales en salud mental previos a la pandemia en personal de salud, al compararla con estudios recientes, es indudable que hay un mayor reporte de casos con sintomatología tanto en estrés y ansiedad como en depresión, donde en esta última patología, es incluso muy superior a lo registrado en población general en el país, donde la sospecha de depresión alcanzaría 15,8% y la depresión como tal 6,2%22.

En el caso específico del insomnio, 65% de la muestra reportó algún tipo de sintomatología asociada a trastornos del sueño, siendo este porcentaje muy superior al reportado a nivel de población general en Chile (26%), lo más probable debido a la alta relación existente entre trastornos del sueño y la presencia de sintomatología ansiosa y depresiva23. En estrés, sobre 57% de la muestra presentó alguna presencia entre leve a severa de síntomas asociados a este, posiblemente asociado al aumento del riesgo psicosocial laboral dado por las exigencias y consecuencias de la pandemia, ya que se ha aportado evidencia a que en personal de salud, una alta demanda psicológica asociada a una escasa latitud emocional sostenida en el tiempo conlleva a 2,5 veces mayor probabilidad de presentar sintomatología depresiva y 3,3 mayor chance de presentar distrés muy elevado20.

Al estratificar el análisis, fue posible observar diferencias entre hombres y mujeres, donde estas últimas tenían medias más elevadas que los hombres en todas las variables evaluadas. El hecho de que las mujeres tengan prevalencias más altas de problemas de salud mental ya ha sido reportado previamente en estudios nacionales, donde por ejemplo las mujeres presentaban mayor sintomatología depresiva en un hospital de alta complejidad en Chile20, o en estudios recientes en China que evalúan el impacto del coronavirus4,19. Aun cuando analizar esta diferencia escapa a los objetivos de este trabajo, esta diferencia probablemente tenga que ver con construcciones sociales y culturales, donde existen diferencias aprendidas en la manera de interiorizar y manifestar las emociones y los síntomas, además de una mayor vulnerabilidad de la mujer dada por las desigualdades del sistema, constituyéndose el género en una determinante estructural de la salud24.

Igualmente, se encontró que los médicos tenían menor presencia de síntomas ansiosos y depresivos (carácter leve a severo), que las enfermeras y otros profesionales de la salud, al igual que menor sintomatología asociada a insomnio y estrés. Una posible explicación la sugiere Lai4, quien ha encontrado que en el actual brote de COVID-19, las enfermeras presentaban mayor sintomatología, vinculado posiblemente a que su trabajo implicaba un contacto más cercano y frecuente con el paciente, además de una mayor sobrecarga de trabajo que implicaba muchas veces trabajar más horas de lo usual.

De igual manera, los datos aportan evidencia a que los profesionales expuestos al tratamiento y abordaje de pacientes con problemas respiratorios o con COVID-19, presentaron mayor sintomatología negativa que otros profesionales, especialmente en insomnio distrés. Similar tendencia es reportada en brotes similares como el SARS, por Lai4 y Lin et al.25, quienes reportaron que fueron los profesionales que estaban en contacto directo con pacientes los que reportaban peores indicadores de salud mental y en estudios recientes en China, donde se ha reportado que aquellos médicos y enfermeras expuestos al coronavirus se veían más afectados en su salud mental, pudiendo incluso afectar su percepción de salud física19, principalmente aquellos que trabajan en contacto estrecho con pacientes infectados26.

Un análisis interesante sobre las posibles causas de ansiedad al interior del equipo de salud lo presenta Shanafelt et al.27, siendo estas el acceso a equipo de protección personal apropiado, estar expuesto a COVID-19 en el trabajo y llevar la infección a casa y a la familia, no tener acceso rápido a las pruebas si desarrollan síntomas de COVID-19 y el miedo a propagar la infección en el trabajo, la incertidumbre de que su organización apoyará / se hará cargo de sus necesidades personales y familiares si desarrollan la infección, el acceso al cuidado de los niños durante el aumento de las horas de trabajo y el cierre de la escuela, el apoyo a otras personas y las necesidades de la familia a medida que aumentan las horas de trabajo y las demandas (comida, hidratación, alojamiento, transporte), poder brindar atención médica competente si se despliega a una nueva área (por ejemplo, enfermeras que no pertenecen a la UCI deben funcionar como enfermeras de la UCI), y la falta de acceso a información y comunicación actualizadas.

Es sabido que, si estas condiciones permanecen por un tiempo prolongado como ya ha ocurrido, empezarán a aumentar las condiciones severas en salud mental y salud física28. Peor aún, ya contamos con evidencia recientes de situaciones similares donde se ha reportado que los profesionales de la salud acuden menos a pedir ayuda psicológica o asesoramiento debido a los prejuicios y discriminación29, a pesar de presentar problemas psicosociales entre los trabajadores de la salud en dichos entornos y con necesidad real de necesidad de apoyo en salud mental30,31.

Los datos del presente estudio, más los reportados en la literatura sobre el tema, aportan evidencia a la necesidad urgente de implementar estrategias de abordaje y prevención específica para los profesionales de la salud con el fin de prevenir y aminorar consecuencias a mediano y largo plazo32. Un listado de recomendaciones puede ser revisadas en la literatura publicada33,34.

Trabajo no recibió financiamiento.

Referencias

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Recibido: 05 de Mayo de 2020; Aprobado: 21 de Agosto de 2020

Correspondencia a: Dr. Alfonso Urzúa, Escuela de Psicología UCN, Avenida Angamos 0610. Antofagasta, Chile. alurzua@ucn.cl

Los autores declaran no tener conflictos de interés.

a

Psicólogo, Doctor en Psicología Clínica y de la Salud.

b

Psicólogo, Magíster en Psicología Clínica.

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