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Revista médica de Chile

versión impresa ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile v.131 n.8 Santiago ago. 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872003000800015 

Rev Méd Chile 2003; 131: 935-938

Artículo Especial

Maestros de la Medicina Interna
Chilena

Eduardo Rosselot J1.

Master of Internal Medicine

 

 

 

 

 

Master of Internal Medicine is the highest award granted by the Chilean Society of Internal Medicine (Sociedad Médica de Santiago) to its members. This article outlines the sense and transcendence of this award and provides an abridged, certainly incomplete, data of the recipients since 1981 when this award was first given. Those who have received it are not the only ones that have the attributes to deserve such distinction. There are many members with similar or even better merits, and therefore the Directory of the Society is usually exposed to a very hard decision when facing each new nomination. When a member is awarded, he becomes a model to be emulated or surpassed by the future generations; thus assumes the great responsibility of maintaining the spirit, the prestige and the projection of Internal Medicine into the future .

(Key-words: Awards and Prizes; Internal Medicine; Societies, medical)

Recibido el 3 de julio, 2003. Aceptado el 8 de julio, 2003.

1Ex-Presidente de la Sociedad Médica de Santiago (Sociedad Chilena de Medicina Interna);
Miembro de Número, Academia Chilena de Medicina; Profesor Titular de Medicina, Universidad de Chile.

Es muy propio de las colectividades más esta-bles y consolidadas, cuyas acciones son trascendentes en el medio en que desarrollan su actividad, que distingan de manera privilegiada a aquellos de entre sus miembros que mejor hayan representado su identidad y gracias a quienes llevan a cabo o han realizado obras relevantes, como fidedigna expresión de su espíritu y de la cultura que las informan. Destacar tales cualidades cumple sin duda, además, el propósito de definir modelos y valores que, junto con suscitar respeto y admiración, llamen a ser emulados, para concurrir al logro de los objetivos fundamentales previstos por la institución, producto de su misión y sus programas.

De modo muy especial y con un hondo sentido paradigmático, la Sociedad Médica de Santiago, legítima institución nacional que por historia y tradición ha liderado y exaltado la disciplina que se conoce como medicina interna, estableció en 1981 la dignidad de Maestro de la Medicina Interna. Con esta distinción se ha pretendido, justamente, honrar a los médicos que se hayan «destacado por su sobresaliente aporte a la enseñanza o al progreso de la medicina interna»1, reconocer a expertos en esa área de especialización que en su saber, en su quehacer y en su compromiso profesional hayan contribuido al perfeccionamiento, sea en el ámbito de la docencia y de su aprendizaje, en la incorporación de nuevo conocimiento trascendente o en el desarrollo de sistemas innovadores de su ejercicio, especialmente al promover un mejor acceso para quienes requieren cuidados más efectivos, pertinentes y otorgados con la mayor dedicación.

Así como otras sociedades científicas nacionales han establecido esta designación honorífica que constituye prácticamente la máxima distinción a sus miembros, de la misma manera el Directorio de la Sociedad Médica ha querido, a semejanza de su congénere norteamericano, el American College of Physicians, que sean acreedores de la denominación de «Maestros» «un selecto grupo de sus miembros, por tener el reconocimiento en medicina de una preeminencia en su práctica y en la investigación, que hayan detentado posiciones de alto honor o hecho significativas contribuciones a la ciencia médica y al arte de la medicina»2.

La denominación de Maestro, guarda estrecha relación con el significado que el Directorio de la Sociedad Médica ha querido conferir a este homenaje. Para esta designación, se han tenido en cuenta dos acepciones3: «1) la adquisición de una maestría, como culminación de un largo proceso en el cual se llega a dominar a fondo una ciencia o una profesión. Se reconoce por la soltura, la seguridad con que se expresa y por la capacidad de elaborar conceptos en torno a ella, aportando no sólo experiencia sino ideas; 2) la capacidad de transmitir conocimientos y experiencias a las nuevas generaciones, de formar seguidores que reconozcan la maestría y continúen su obra, lo que significa casi siempre, labor universitaria».

Se tiene por característico de un Maestro de la Medicina Interna que haya dejado en pos de sí una obra trascendente, en cualquiera de las áreas relevantes de su quehacer y, no excepcionalmente, en el conjunto de sus actividades, de tal forma que en sus acciones, en su práctica clínica, en sus escritos, en quienes lo han tenido de modelo y continúan su línea, en los que han sido animados a reconocerlo como maestro y prosiguen con su labor, es posible ponderar sus realizaciones y documentar sus logros y contribuciones. La irradiación de su quehacer y la importancia de sus cometidos es de regla que excedan el ámbito nacional, siendo también reconocido como autoridad, en su área del conocimiento, fuera de nuestras fronteras. Se supone que, como paladín de la medicina interna, no ha sido ajeno a su disposición y a su personalidad el caracterizar con las más altas expresiones valóricas su vocación médica, el servicio altruista a los demás, privilegiando la acción pública, y en un marco de calidad con fundamentos y aplicación técnica y ética sobresalientes. Tenemos que concluir que a la dignidad de Maestro de la Medicina Interna se aplica, por antonomasia, la más alta jerarquía profesional como expresión acabada y particular de la excelencia en el ejercicio médico, tal como se preconiza hoy universalmente4-6.

Valga aquí rescatar y reiterar la anécdota ya clásica en nuestro ambiente médico, que cuando al Dr. Hernán Alessandri (a quien, seguramente, le habría sido conferida con absoluta propiedad esta distinción si se hubiera otorgado antes del año 1981), alguno de sus discípulos lo llamaba «Maestro», rechazaba enérgicamente el apelativo alegando «me consideran un gásfiter (de la medicina, supongo)». El Dr. Raúl Etcheverry le explicaba: «lo llaman Maestro, pero con mayúscula, igual que a aquel otro Maestro que enseñaba la verdad con palabras doctas y santas a sus discípulos y apóstoles. Se lo dicen con veneración».

Sin duda, salvando las distancias, hay en esta denominación societaria el reconocimiento al modelo, al formador, al abridor de caminos, para la mejor realización del hombre, de la comunidad y de la disciplina que ha sido su quehacer. En este espíritu, cada vez que la Sociedad Médica ha otorgado tales distinciones, desde la implantación de la iniciativa, ha existido una total consecuencia entre estos planteamientos y los atributos de quienes han recibido el nombramiento. El listado siguiente da mérito a esta constatación, señalándose adicionalmente, alguno de los rasgos más característicos de los Maestros de la Medicina Interna nacionales, en orden sucesivo según año de obtención de esa calidad.

Maestros de la Medicina Interna (1981-2002)

1981: Rodolfo Armas Cruz. Clínico ejemplar, cuando estaban aún en ciernes las especialidades derivadas de la Medicina Interna que contribuyó a desarrollar; inquieto y riguroso investigador clínico con una asertiva visión del servicio público en salud. Profesor Titular de Medicina de la Universidad de Chile. Miembro de Número de la Academia Chilena de Medicina del Instituto de Chile. Presidente de la Sociedad Médica de Santiago (1942-1944). Fue autor de importantes publicaciones de alta originalidad para la época («Esplenomegalias Crónicas No Leucémicas», «Lupus Eritematoso Diseminado», entre 1947 y 1967), destacándose las efectuadas en Francia (Semaine des Hopitaux) y en los Estados Unidos de Norteamérica (Am J Med).

1983: Ramón Valdivieso Delaunay. Profesor Titular de Medicina de la Universidad de Chile. Miembro Honorario de la Academia Chilena de Medicina del Instituto de Chile. Ministro de Salud Pública (1964-1970), creador del Formulario Nacional de Medicamentos, del Consejo Consultivo de Salud y de la Ley de Medicina Curativa de Empleados.

1985: Luis Hervé Lelievre. Pionero de la electrocardiografía en Chile, Socio Fundador de la Sociedad Chilena de Cardiología. Jefe de Clínica de la Cátedra del Profesor Alejandro Garretón S. Profesor Titular de Medicina de la Universidad de Chile. Decano de la Facultad de Medicina de la Sede Sur de la Universidad de Chile (1972). Presidente de la Sociedad Médica de Santiago (1969-1971). Miembro de Número de la Academia Chilena de Medicina del Instituto de Chile. Profesor Emérito de la Universidad de Chile. Caballero de la Legión de Honor de Francia (1958).

1987: Francisco Rojas Villegas. Cardiólogo clínico, uno de los más decididos impulsores de esa especialidad en el país, siendo autor del libro «Enfermedades del corazón y de los vasos», que completó varias ediciones. Profesor Titular de Medicina de la Universidad de Chile. Ministro de Salud. Miembro de Número de la Academia Chilena de Medicina del Instituto de Chile. Organizador y Presidente de la Fundación de Cardiología de Chile.

1989: Arturo Atria Ramírez. Destacado endocrinólogo, organizó y dirigió el primer Departamento de Endocrinología del país, en el Hospital del Salvador, donde desarrolló toda un área clínica en relación con las enfermedades del tiroides y formó, como especialistas, a distinguidos médicos chilenos y de otros países de Latinoamérica. Profesor Titular de Medicina de la Universidad de Chile. Miembro Honorario de la Academia Chilena de Medicina del Instituto de Chile.

1992: Mario Plaza de los Reyes Tapia. Uno de los iniciadores de la Nefrología en Chile, Socio Fundador de la Sociedad Internacional de Nefrología (1960). Profesor Titular de Medicina de la Universidad de Chile. Presidente de la Sociedad Médica de Santiago (1963-1965) y de la Sociedad Chilena de Nefrología (1971-1973). Decano de la Facultad de Medicina, Sede Norte de la Universidad de Chile (1973). Doctor Honoris Causa de la Universidad de París.

1994: Roque Kraljevic Orlandini. Legítimo representante de la Infectología como especialidad derivada de la Medicina Interna. Presidente de la Sociedad Médica de Santiago (1959-1961). Miembro Honorario de la Academia Chilena de Medicina del Instituto de Chile; en palabras del Dr. Armando Roa en su recepción en esa Academia: «avezado científico y hombre humanizado, unidad vital que marca su altura». Profesor Emérito de la Universidad de Chile y de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

1996: Fernando Valenzuela Ravest. Líder de la Reumatología en el Hospital San Juan de Dios, en el país y en Latinoamérica, para cuyas Escuelas de Medicina especialmente, ha formado docentes en esa especialidad. Profesor Titular de Medicina de la Universidad de Chile. Autoridad mundial en artropatías por cristales, dentro de cuya temática realizó importantes investigaciones sobre la condrocalcinosis en la isla de Chiloé. Fue Presidente de la Liga Panamericana para el Reumatismo (1970) y miembro del Comité de Educación de la Liga Internacional y su Vicepresidente entre 1969 y 1973. Miembro de Número de la Academia Chilena de Medicina del Instituto de Chile.

1998: Esteban Parrochia Beguin. Gastroenterólogo que nunca dejó de ser internista, motor de la regionalización docente asistencial (Temuco-Hospital San Juan de Dios), pionero de la docencia ambulatoria y la atención primaria, legítimo sucesor del Profesor Armas Cruz en el Servicio de Medicina del Hospital San Juan de Dios. Creador del Boletín del Hospital San Juan de Dios (1954). Profesor Titular de Medicina de la Universidad de Chile. Miembro de Número de la Academia Chilena de Medicina del Instituto de Chile.

2000: Guillermo Ugarte Manterola. Clínico e investigador, especialista en enfermedades hepáticas, Jefe del Servicio y del Departamento de Medicina en el Hospital San Borja. Presidente de la Sociedad Médica de Santiago (1977-1979). Profesor Titular de Medicina de la Universidad de Chile.

2002: Raúl Etcheverry Barucchi. Pionero de la Hematología nacional, en 1976 fue nombrado «Padre de la Hematología Chilena», por la Sociedad respectiva, en virtud de haber formado una pléyade de discípulos en su especialidad, incluyendo los provenientes de otras fronteras, por encargo de la Organización Mundial de la Salud.
Profesor Titular de Medicina de la Universidad de Chile. Miembro de Número de la Academia Chilena de Medicina del Instituto de Chile.

2002: Camilo Larraín Aguirre. Prominente hematólogo, jefe del grupo de Hematología del Hospital Clínico de la Universidad de Chile donde, entre 1950 y 1970, lideró la investigación clínica en la disciplina en el país. Presidente de la Sociedad Médica de Santiago (1971-1973). Profesor Titular de Medicina de la Universidad de Chile. Maestro de la Hematología Chilena (1989). Master del American College of Physicians (2002).

Referencias

1. Larraín C. La Sociedad Médica de Santiago y el Desarrollo Histórico de la Medicina Chilena. Salesianos. Santiago, Chile 2002; pág 314.         [ Links ]

2. American College of Physicians. Convocation Program. 2003.         [ Links ]

3. Bases conceptuales para el nombramiento de Maestro de la Medicina Interna Chilena. Actas del Directorio de la Sociedad Médica de Santiago. 1992.         [ Links ]

4. Medical Professionalism in the New Millenium: A physician charter. Project of the ABIM-ASIM Foundation and European Federation of Internal Medicine. Ann Intern Med 2002; 136: 243-6.         [ Links ]

5. Rosselot E. Reivindicando la medicina como profesión científico humanista. Rev Méd Chile 2003; 131: 454-6.         [ Links ]

6. Documento: Profesionalismo médico en el Nuevo Milenio: Un estatuto para el ejercicio de la medicina. Rev Méd Chile 2003; 131: 457-60.         [ Links ]


Correspondencia a: Dr. Eduardo Rosselot J, Director Departamento de Educación en Ciencias de la Salud,
Facultad de Medicina, Universidad de Chile. Independencia 1027, Santiago de Chile.

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