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Revista médica de Chile

Print version ISSN 0034-9887

Rev. méd. Chile vol.131 no.7 Santiago July 2003

http://dx.doi.org/10.4067/S0034-98872003000700016 

Rev Méd Chile 2003; 131: 817-818

Meditaciones en torno a problemas
éticos médicos

Meditations on medical ethics problems

S r. Editor: Al intentar comprender los problemas éticos que el desarrollo tecnológico y la transformación social han significado para la medicina es importante precisar conceptos y definir términos cuya introducción no nos ha parecido del todo adecuada. Términos como bioética a cambio de deontología, derechos, deberes, paternalismo, ameritan una meditación.

Bioética (de bios= vida y ethiké= ética) es la ética relativa a la vida. La vida comprende el reino animal y el reino vegetal. Ambos son interdependientes y permanecen en un equilibrio ecológico mientras el hombre, con su desarrollo tecnológico y sus insaciables ambiciones, no lo altere. La pesca indiscriminada, la tala irracional de los bosques y la contaminación ambiental con el consiguiente deterioro del hábitat de la fauna nativa, han despertado la conciencia en la humanidad en los últimos decenios. Es a esa materia a la cual le calzaría el término bioética pero, por error de concepto, terminó por reemplazar al de deontología médica.

Los derechos. Otro problema fue la casi paranoica sobrevaloración de los derechos humanos. Los derechos fueron puestos en primer plano y no en equivalencia con los deberes que les son correlativos. Se habla, se reglamenta y se legisla sobre los derechos de los enfermos a la salud, a ser informados y a decidir sobre su tratamiento y sobre su vida y no se trepida en coartar la libertad y el derecho del médico como ha ocurrido con el examen del VIH, que no puede pedirse sin el expreso consentimiento del enfermo1. El cambio fue en ciento ochenta grados porque los antiguos textos de ética médica se titulaban Deontología Médica (de deon= deber), que trataba de los deberes de los médicos para con los enfermos y para con sus colegas. Quedaba el deber en primer plano, sin negarse la existencia del derecho correlativo.

Paternalismo. Consecuencia de esta primacía de los derechos fue el repudio al llamado paternalismo, al cual se le dio un significado peyorativo, haciéndolo aparecer como un despotismo, no siendo la actitud paternal otra cosa que la expresión del amor de padre. Un buen padre, que por definición es jerárquicamente superior al hijo, siempre busca el bien del hijo. Cuando éste aún es pequeño, el padre le impone normas y actitudes para guiarlo para su bien, y algunas veces debe coaccionarlo para que entienda. Cuando el hijo ya es capaz de razonar, le da las razones por las cuales le prohíbe o le ordena algo, y cuando ya es plenamente capaz, el buen padre, que ya respeta la libertad del hijo, se limita a aconsejarlo; siempre educando con el ejemplo. Así actúa un médico con espíritu paternal, adecuando su proceder a la capacidad del paciente, respetándolo siempre como persona.

El buen médico bueno. A esta forma de entender el paternalismo va unida la idea de buen médico bueno (el vir bonus medendi peritus de los latinos). La expresión tiene apariencia de redundancia, pero encierra dos conceptos totalmente diferentes. De hecho puede haber, también, un buen médico malo y un mal médico bueno. El buen médico es aquel que tiene los conocimientos y las destrezas necesarias para atender los problemas de salud curativa y preventiva. En general es eso lo que persiguen las escuelas de medicina y los sistemas de acreditación de especialistas: la formación de buenos médicos. El médico bueno se caracteriza por tres cualidades fundamentales: urbanidad, compasión y amor.

0000Urbanidad significa buenos modales, cortesía, amabilidad en el trato, respeto y presentación personal acorde con las circunstancias.

0000Compasión es el sentimiento de lástima y la capacidad de adentrarse en los problemas y sufrimientos del otro para asumirlos y comprenderlo mejor para ayudarlo.

0000Amor significa ese amor a la propia profesión que nos inclina a dignificarla, y el amor al prójimo que nos mueve a servirlo y a demostrarle esa caridad con hechos y de palabra.

El buen concepto de medicina. Entre las actividades del ser humano se destacan aquellas que el sujeto realiza para exclusivo beneficio suyo y aquellas en las cuales también hay otro u otros que participan de los frutos. Por ejemplo, estudiar álgebra para instruirme; turistear para conocer otras regiones y otras costumbres; tocar violín para darme yo el placer de la música, son actividades legítimas que caen en el primer grupo. Pero estas mismas ocupaciones pueden caer en el segundo grupo si estudio álgebra para enseñársela a los escolares, si turisteo para transmitir después esas experiencias a otros o si toco algún instrumento musical para entretener a los que me rodean. La diferencia está en la intención que hay detrás de la actividad: con la primera intención me sirvo yo y con la segunda presto un servicio a otros.

La medicina es, esencialmente, un servicio para otros; estudiar medicina sólo para saberla no tiene sentido.

El problema de la remuneración. Ahora bien, todo servicio subentiende el derecho a una remuneración, aunque no sea más que una expresión de agradecimiento o un aplauso. En esto también se pueden distinguir dos situaciones, a saber: actividades que, siendo servicios, tienen por objeto primario la remuneración, ganar dinero; otras, son las actividades que permiten ganar dinero pero cuyo objetivo primario es servir a los otros y/o a la comunidad. Entre las primeras caen todas las actividades mercantiles, cuya legitimidad no se discute, entre las segundas están la medicina, la abogacía, el magisterio, el sacerdocio y otras. La medicina es un servicio para el que ve su salud dañada; la abogacía para el que se ve amenazado en sus derechos o por la ley; el magisterio, para el que no sabe; el sacerdocio, para ayudar al hombre a encumbrarse a la cúspide de la escala de valores.

La escala de valores. Muchos dicen que se ha perdido. Los valores no son cosas sino cualidades de las cosas tanto reales como ideales. No es éste el momento para entrar en mayores honduras filosóficas. Bástenos recordar que los valores tienen polaridad y jerarquía de menor a mayor. Se describen valores útiles y materiales, vitales, lógicos, estéticos, éticos y religiosos (Max Scheler). Todos son en sí legítimos, pero los superiores priman sobre los inferiores y los modulan. Cuando en una sociedad se invierte la escala, pasando los religiosos, los éticos y los lógicos a la base y los útiles y materiales a la cúspide, el trastorno moral puede llegar a ser tal que la vida social se desintegre; entonces reinarán los criterios: "es bueno lo que me conviene; es bueno lo que me permite alcanzar el fin que persigo (sin importar su valor ético); gana dinero, honestamente si puedes, pero gana dinero porque el hombre no vale por lo que es sino por que tiene". Este es el panorama que nos está mostrando la sociedad actual. Los valores religiosos conmueven menos, los conceptos morales se relativizan y la salud se mercantiliza, tanto en su aspecto farmacéutico como en las prestaciones de tipo médico y previsional.

El público se ha ido percatando de esta deformación de la medicina actual y son muchos los que ya han perdido la fe en ella. Las críticas a los médicos no van dirigidas tanto a los malos médicos como a lo que definimos como médicos malos. Se habla de reformas al sistema, del proyecto AUGE, pero una vez establecida la modificación, su éxito o fracaso dependerá, primordialmente, de los hombres involucrados en su manejo. He querido entregar algunas ideas para meditar sobre la trascendencia que tiene el proceder de los actores según los valores que adopten por guía.

Dr. Ernesto Mundt F.
Casilla 334, Viña del Mar, Chile

REFERENCIAS

1. Mundt E. Examen de VIH y consentimiento informado (Carta al Editor). Rev Méd Chile 2001; 129: 1479-80.        [ Links ]

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