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Historia (Santiago)

versión On-line ISSN 0717-7194

Historia (Santiago) vol.48 no.1 Santiago jun. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0717-71942015000100023 

RESEÑAS

 

RAFAEL SAGREDO BAEZA, Historia mínima de Chile, Madrid / México D.F., Turner / El Colegio de México, 2014.

 


 

Dentro de la camisa de fuerza o del rígido marco de lo que entendemos por "historia de Chile" y de las paginas que debiesen contener una "historia mínima", Rafael Sagredo nos ofrece una versión refrescante, informada y ponderada, que, con una pluma amena y transparente, entretenida, que no se pierde en hechos y detalles que desdibujen el cuadro general, logra incorporar a su estructura narrativa buena parte de los resultados de sus investigaciones y también de los trabajos más recientes del medio académico nacional e internacional.

En esta breve reseña no es nuestro objetivo dar un detalle de la obra capítulo por capitulo sino, más bien, analizar algunas de las propuestas historiográficas que podemos hallar en esta Historia mínima de Chile. Así, por ejemplo, el autor se suma a la discusión sobre la hegemonía difícil de contrarrestar que ejerce la historia nacionalista decimonónica, asociada a la epopeya y a la gesta épica, con sus mitos y héroes, todos, por supuesto, muy útiles para cohesionar la nación y dotar de contenido unificador a la naciente república. Plantea, al respecto, que esta historia oficial, que fue concebida casi como un acto de pedagogía cívica al ser parte importante de los planes de estudio de la enseñanza escolar primaria y secundaria, no habría permitido comprender a cabalidad algunos de los acontecimientos y procesos que han condicionado significativamente el desarrollo histórico del espacio que llamamos Chile, además de la vida material, el carácter y la mentalidad de sus habitantes.

Incorpora, en su narrativa, en este sentido, al relato oficial de la historia nacional, aquellas perspectivas que han cuestionado que la "historia oficial" represente a todos los habitantes de este territorio, planteando que no existiría, entonces, una sola historia nacional, pues, a juicio de Rafael Sagredo, la heterogeneidad y fragmentación social y cultural también serían parte de la identidad de esta comunidad denominada Chile y la valoración de la pluralidad y la aceptación de las diferencias sería, quizá, la principal transformación que está experimentando el país en la transición que nos lleva del siglo XX al XXI.

Se detiene, también, en problemáticas que no son abordadas con frecuencia por la historiografía tradicional, menos en un compendio, tales como: las relaciones cotidianas y las costumbres sociales, los hábitos alimenticios y las formas de vestir e, inclusive, analiza el papel de la geografía y de la expansión territorial del transporte ferroviario en los cambios en las estructuras de la sociedad chilena y de sus prácticas políticas en la segunda mitad del siglo XIX. Asimismo, incorpora temas relacionados con la medicina y la salud pública, destacando problemas muchas veces olvidados por la historiografía, que interesan en la actualidad y que revelan una dimensión distinta de los procesos históricos que han condicionado el desarrollo material de los habitantes de Chile. Los estudios sobre los sujetos concretos y sus condiciones de vida, los testimonios sobre la salud de la población y la idea de Chile como un "vasto hospital" le permiten ofrecer al lector una perspectiva bastante más sombría y desoladora de la "gloriosa" y "edificante" historia nacional institucional oficial que termina, para el autor, asociada a aquellas estrellas extintas, tan distantes que su luz todavía nos llega y apreciamos, pero que hace tiempo han dejado de existir o que, incluso, jamás existieron salvo como aspiración, programa o efecto placebo que habría permitido a las elites criollas justificar y legitimar el proceso de independencia y de organización del Estado nacional chileno.

En este sentido, nos interesa destacar algunos de los problemas abordados por Rafael Sagredo que intentan complementar las versiones más tradicionales de la historia de Chile al incorporar y poner en relieve noticias e interpretaciones no solo de los aspectos políticos, económicos y sociales del desarrollo histórico del territorio que denominamos Chile sino que, también, de aquellos aspectos más relacionados con geografía, la cultura y las mentalidades. Plantea, en este contexto, por ejemplo, que la sociedad chilena ha estado marcada históricamente por un constante "acontecer infausto" que se materializa en la sucesión de catástrofes que han asolado el territorio y que han ido templando el carácter y la forma de ser de los chilenos, exigiéndoles periódicas muestras de solidaridad social para intentar superar los efectos de los desastres. Por otra parte, con un buen manejo de los viajeros como fuente histórica, atribuye la mentada hospitalidad del chileno a un mecanismo de compensación colectiva frente a una difícil geografía asociada a la serie de amenazas naturales, a la precariedad de lo material y al enclaustramiento propios de la sociedad chilena colonial. El comportamiento de las mujeres frente al forastero, indicaría, por ejemplo, sus afanes de seducir a los extranjeros y cautivarlos con su presentación y el movimiento de los cuerpos, lo que habría sido finalmente una de las estrategias que idearon las mujeres para superar la incomunicación y la soledad en que vivían los habitantes de los confines del imperio español.

Rafael Sagredo destaca, también, el papel de los naturalistas en el conocimiento del territorio y en la construcción del estado nacional complementando, de este modo, la versión más clásica centrada esencialmente en los sucesos políticos y jurídicos o, bien, económicos y sociales. Tal como habría ocurrido con otros naturalistas en otros países latinoamericanos, dice el autor, la obra de Claudio Gay en Chile habría sido un instrumento fundamental de la administración estatal y una herramienta invaluable para la integración territorial de la nación y para el surgimiento de la noción de territorio nacional. De este modo, sus trabajos cartográficos habrían permitido representar, delinear y establecer los contornos espaciales de la nueva nación, sus estudios zoológicos y botánicos identificar, nombrar y ubicar sus insectos, plantas y animales, y sus trabajos históricos dotar de un pasado común y homogéneo a la naciente comunidad imaginada cuyo territorio ha sido llamado Chile desde tiempos inmemoriales.

En este ámbito, a mi juicio, por ser un tema de interés contemporáneo, también hubiese sido interesante y pertinente que, además de analizar la influencia del medio geográfico y de los naturalistas en la conformación y construcción de la identidad histórica de los habitantes del territorio que entendemos por Chile, el autor se hubiese detenido también en el análisis de la influencia que el hombre y la construcción de la "sociedad nacional" ha tenido en los profundos impactos y transformaciones ecosistémicas y ambientales que han ocurrido en el territorio nacional, en especial en los últimos doscientos años, que se expresan, finalmente, en la estructura del paisaje actual del territorio nacional.

Hacia el final de la obra, motivado tal vez por la experiencia autoritaria que vivió durante la dictadura del general Augusto Pinochet, el autor realiza algunas reflexiones en torno al papel del autoritarismo en el desarrollo histórico de Chile. A juicio de Rafael Sagredo era evidente que, por lo menos desde el siglo XVIII, Chile ha mostrado ciclos históricos conformados cada uno de ellos por tres etapas perfectamente identificables que se asocian a periodos de expansión, crisis y autoritarismo, aun cuando era obvio también que la historia no se repite. A los periodos de expansión y crecimiento, como lo fueron el siglo XVIII, el Chile del siglo XIX entre 1830 y 1891 y el lapso que va entre 1930 y 1970, le siguieron una etapa de crisis, motivadas por los cambios a que dan lugar las expansiones nacionales, y de restauración autoritaria. Así habría ocurrido con las dictaduras de Diego Portales, Carlos Ibáñez y Augusto Pinochet. Al respecto plantea la idea de que tal vez la verdadera modernidad -progreso, desarrollo o, sencillamente, convivencia republicana- consista en poder crear las capacidades para superar los momentos de crisis sin quebrar la institucionalidad y sin llegar a las armas.

Tal vez esta problemática lleva al autor a reflexionar, al finalizar su trabajo, acerca del papel de la educación y de las expectativas que genera en la sociedad chilena, planteando que las demandas por su mejoramiento son históricas y son el reflejo del drama de una sociedad marcada por la jerarquía, la desigualdad y la violencia que, sin embargo, promueve mediante la educación la igualdad, la democracia y muchos otros valores y derechos adecuados para las salas de clases, pero que al final no se materializan efectivamente en el desarrollo histórico de la sociedad que denominamos Chile. Destaca Rafael Sagredo, en este sentido, que aun hoy día la educación no asegura nada y que los sujetos pese a haber completado sus estudios se ven expuestos al escrutinio no de sus capacidades técnicas y profesionales, sino de sus cualidades sociales relacionadas con su origen, aspecto físico, lugar de residencia y otras características que aluden más al estrato social del cual provienen que a lo que son como profesionales e, incluso, personas, generándose así un sistema de discriminación de origen racial y genético basado en las características físicas y psíquicas existentes en los diferentes estratos socioeconómicos que componen la sociedad chilena.

La obra de Rafael Sagredo es sugerente y actualizada, su narrativa recoge en forma breve y nítida los aspectos más tradicionales de la historia oficial de Chile y, a la vez, incorpora los debates historiográficos contemporáneos al problematizar en torno a los alcances éticos de la denominada historia nacional y proponer un reconocimiento a la historia subalterna, que no es suficientemente conocida aún, pero que de todos modos nos ha entregado ya otras perspectivas y miradas acerca de la vida más material y cotidiana de las personas que habitan este territorio denominado Chile.

 

PABLO CAMUS GAYÁN
Instituto de Historia
Pontificia Universidad Católica de Chile

 

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