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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Un penalista en pugna con los lugares comunes: Francisco Grisolía Corbatón (1928-2005). Estudio necrológico]]></article-title>
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</front><body><![CDATA[ <p align="left"><font size="2" face="Verdana">Pol&iacute;t. crim. Vol. 6,  N&ordm; 12 (Diciembre 2011), Doc. 1, pp. 474 - 494.</font></p>     <p align="right"><font size="2" face="Verdana"><strong>TEXTO</strong></font></p>     <p>&nbsp;</p>     <p align="left"><font size="4" face="Verdana"><strong>Un penalista en pugna con los lugares comunes: Francisco Grisol&iacute;a Corbat&oacute;n (1928-2005). Estudio necrol&oacute;gico.</strong></strong></font></p>     <p align="left">&nbsp;</p>     <p align="left"><font size="2" face="Verdana"> <strong>Jos&eacute;  Luis Guzm&aacute;n Dalbora<sup><a href="#**">*</a><a name="*" id="*"></a></sup></strong></font></p>     <p><hr size="1" />     <p><font size="2" face="Verdana">SUMARIO:  1. De los lugares comunes y nuestro autor.&mdash; 2. Linaje, vicisitudes, impronta.&mdash;  3. Formaci&oacute;n y rendimiento hasta el quiebre de 1973.&mdash; 4. Quehacer bajo la  tiran&iacute;a.&mdash; 5. Los &uacute;ltimos a&ntilde;os.&mdash; 6. Balance.</font></p>     <p><hr size="1" />     <p><font size="3" face="Verdana"><strong>1.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; De los  lugares comunes y nuestro autor. </strong></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Llamamos en castellano &ldquo;lugares  comunes&rdquo; a un conjunto abigarrado y sin confines de expresiones triviales, esto  es, vulgarizadas y carentes de importancia, o muy socorridas para casos  aparentemente an&aacute;logos a aquel en que acuden como invocaci&oacute;n. Son, pues,  recursos c&oacute;modos, ordinarios y ayunos de novedad, que abundan en el mag&iacute;n de  las gentes que han desarrollado el h&aacute;bito de no pensar por su cuenta. El  acefalismo intelectual, la ineptitud o pereza de comprender por nosotros mismos  las cuestiones del mundo, trae consigo una dr&aacute;stica limitaci&oacute;n en pensamiento y  &ndash;puesto que se habla y escribe como se piensa&ndash;<sup><a href="#n1">1</a><a name="1" id="1"></a></sup> lenguaje, defecto que es suplido prontamente por t&oacute;picos, a algunos de los  cuales se acaba atribuyendo el car&aacute;cter de f&oacute;rmulas incontrarrestables o  revelaciones inmediatas de los arcanos de la marcha del cosmos y la naturaleza  del hombre. Estos son los lugares comunes.<br />   &nbsp;<br /> Hay quien los atribuye a la  mentalidad propia de la burgues&iacute;a,<sup><a href="#n2">2</a></sup><a name="2" id="2"></a> asociaci&oacute;n que, sin embargo, no hace justicia a la persistencia del fen&oacute;meno en  todos los tiempos y grupos humanos. En verdad, el lugar com&uacute;n hinca sus ra&iacute;ces  en la mentalidad prel&oacute;gica o antecient&iacute;fica, aquella que substituye relaciones  reales por otras simplemente supuestas.<sup><a href="#n3">3</a><a name="3" id="3"></a></sup> De  este reemplazo est&aacute; henchido el &ldquo;sentido com&uacute;n&rdquo;, que no es sino un conjunto  asistem&aacute;tico de prejuicios, o lo que es igual, lugares comunes. Combatirlos ha  sido siempre empresa dificil&iacute;sima para la ciencia, porque a menudo las propias  ciencias han albergado nociones err&oacute;neas, a las que la autoridad de quienes las  formularon <em>in thesi</em> &ndash;pi&eacute;nsese en la  teor&iacute;a aristot&eacute;lica del &ldquo;justo medio&rdquo; o la concepci&oacute;n de la verdad en la filosof&iacute;a  tomista&ndash;, o el inter&eacute;s de poderes ajenos al conocimiento cient&iacute;fico &ndash;como el  sistema geoc&eacute;ntrico ptolemaico&ndash;, confirieron un valor poco menos que  apod&iacute;ctico, rebatir el cual pudo significar, en el pasado, perder la cabeza por  orden de un tribunal y, en el mejor de los casos, el ostracismo acad&eacute;mico y  abandono social del disidente. Por lo dem&aacute;s, el progreso cient&iacute;fico contin&uacute;a  acarreando riesgos profesionales para los hombres que se atreven a cuestionar  fundadamente el saber de sus mayores, cuando &eacute;ste disfruta de arraigo entre  quienes cultivan la disciplina de que se trate.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La Ciencia jur&iacute;dica tampoco  ha permanecido inmune a estos escamoteos de la raz&oacute;n. Incluso los ha reconocido  legalmente, en lo que cabe imaginar que el autor de la ley comparti&oacute; la  creencia de que alguno de estos rudimentos, como en el juego de la pi&ntilde;ata de  los ni&ntilde;os mexicanos, puede dar a veces en el blanco,<sup><a href="#n4">4</a><a name="4" id="4"></a></sup> es  decir, que hizo suya la idea de que lugares y sentido com&uacute;n representan  &ldquo;sublimes ardides del pensamiento humano, nuestros medios de escapar al  desconcierto en medio del irremediable flujo de la sensaci&oacute;n&rdquo;.<sup><a href="#n5">5</a></sup><a name="5" id="5"></a> Sin  embargo, el enclave m&aacute;s persistente de aqu&eacute;llos, antes que en las leyes mismas,  ha sido la doctrina jur&iacute;dica como tal, especialmente en cuestiones de  interpretaci&oacute;n. Prescindiendo de antecedentes antiguos, en que hubo de  degenerar el <em>ius respondendi ex ejus  auctoritate</em> y la Ley  de citas durante el Imperio romano, la &eacute;poca de gloria de los lugares comunes (<em>loci ordinarii</em>) coincide con los &uacute;ltimos  postglosadores, aferrados a la <em>Glosa</em> <em>magna </em>de Accursio (1181-1259),<sup><a href="#n6">6</a><a name="6" id="6"></a></sup> y los  comentaristas y pr&aacute;cticos del Bajo Medioevo y primera Edad Moderna, cuando se  abus&oacute; del argumento de autoridad y de la <em>communis  opinio auctorum</em>. El af&aacute;n de ahorrarse el trabajo de usar la propia Minerva contribuy&oacute;  al anquilosamiento de la doctrina de los postglosadores y desencadenar&iacute;a la  irrisi&oacute;n del <em>mos italicus</em>, cuyos  secuaces ser&aacute;n tildados de <em>&ldquo;verbosi in re  facili, in difficili muti, in angusta diffusi&rdquo;.</em><sup><a href="#n7">7</a><a name="7" id="7"></a></sup> Con  todo, ni la formaci&oacute;n de la   Dogm&aacute;tica moderna ni los prodigiosos adelantos que le  granjear&aacute; la independencia de su estatuto cient&iacute;fico merced a las grandes  escuelas metodol&oacute;gicas de finales del siglo XIX y principios del XX, ha librado  a los juristas de esa tendencia a la verbosidad en los asuntos sencillos, la  imprecisi&oacute;n en los estrechos y el mutismo en los dif&iacute;ciles. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Tal vez sea precipitado  expresarse as&iacute;, porque son los asuntos m&aacute;s complejos donde acostumbran a  instalarse los lugares comunes, a menudo bajo la invocaci&oacute;n del argumento de  autoridad, a prop&oacute;sito del cual la mudez deviene repetici&oacute;n de la opini&oacute;n  ajena. Por cierto, la autoridad corresponde a quien razona aut&oacute;nomamente una  soluci&oacute;n de los problemas. Cuando el razonamiento es completo, convincente y,  sobre todo, acierta con la &uacute;nica respuesta que requiere la cuesti&oacute;n planteada,  el acatamiento de los colegas de especialidad est&aacute; justificado y, al rev&eacute;s, la  discrepancia es s&oacute;lo fruto de un prurito de vanidad, aquella que consiste en  lucir el propio nombre lidiando a un estudioso de prestigio. Semejante  tendencia iconoclasta, muy frecuente en la juventud, se va apagando mano a mano  que el estudioso madura y el engreimiento cede plaza a la humildad, virtud  indispensable en el aut&eacute;ntico investigador. Pero la vena de demolici&oacute;n es  perfectamente leg&iacute;tima, es m&aacute;s, necesaria, si &eacute;ste advierte que la voz  autorizada razon&oacute; o plante&oacute; mal el problema, que otros la oyeron  irreflexivamente y, en fin, que la soluci&oacute;n no es lo que se supone, sino una  simple tesis que ha alcanzado con el coro de los ep&iacute;gonos el honroso puesto de  un lugar com&uacute;n. En la rebeli&oacute;n contra &eacute;stos yace la palanca que mueve el avance  cognoscitivo, sea para despejar de una vez por todas los enigmas antes  recubiertos con la t&uacute;nica falaz de los t&oacute;picos &ndash;como el descubrimiento de la circulaci&oacute;n  de la sangre, que se logr&oacute; a costa de los anatomistas griegos y la vida del que  se atrevi&oacute; a impugnarlos&ndash;,<sup><a href="#n8">8</a></sup><a name="8" id="8"></a> sea  para aproximarse con sucesivos tanteos a su completa aclaraci&oacute;n. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">No estamos en condiciones de  decidir en cu&aacute;l de los miembros de la disyuntiva habr&iacute;a que encasillar la obra  de Francisco Grisol&iacute;a Corbat&oacute;n, enemigo declarado de los lugares en palabra  desde la juventud, pasando por la consolidaci&oacute;n de su pensamiento criminalista,  hasta los d&iacute;as del ocaso. Sin embargo, una cosa par&eacute;cenos segura, a saber, que  &eacute;l obsequi&oacute; a la Ciencia  penal chilena con una disposici&oacute;n que ser&iacute;a recomendable atesorar, por m&aacute;s que  la idiosincrasia local tenga dificultades para desenvolverse con la franqueza y  las actitudes directas. En &eacute;stas solemos divisar, o un ataque personal o  cr&iacute;ticas destempladas, sin darnos cuenta de que al conceder preferencia a la  ambig&uuml;edad, la prudencia rayana en pudibundez, incluso la hipocres&iacute;a, se pasa  por alto propiedades que pueden ser sumamente aprovechables en la expresi&oacute;n que  va sin circunloquios al grano. Queremos decir con esto que tambi&eacute;n en el debate  jur&iacute;dico existe el peligro de comportarnos como quienes abandonan la mesa de  discusi&oacute;n s&oacute;lo porque alguien discrepa de los circunstantes y alza una en&eacute;rgica  voz de protesta. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">A su turno, la independencia de  criterio, la vehemencia en el tono al exponer los puntos cardinales de sus  investigaciones dogm&aacute;ticas y propuestas pol&iacute;tico-criminales, traducen en  Francisco Grisol&iacute;a rasgos t&iacute;picos del alma espa&ntilde;ola. Que parte significativa de  la Dogm&aacute;tica  penal de la Espa&ntilde;a  de hoy, embriagada con la ciencia de pa&iacute;ses cuyo Derecho difiere del ib&eacute;rico y  en muchas facetas no lo aventaja, aparente desconocer el riqu&iacute;simo acervo  aut&oacute;ctono, resulta accidental si se compara con la forma en que este autor,  espa&ntilde;ol de tomo y lomo, supo conservar en su quehacer criminalista lo m&aacute;s  caracter&iacute;stico y granado de esa vieja piel de toro. Esto es digno de atenci&oacute;n,  adem&aacute;s, en otro respecto, provisto de un valor que trasciende las  consideraciones hist&oacute;ricas, esto es, la dependencia del Derecho penal chileno  respecto del espa&ntilde;ol anterior al C&oacute;digo de 1995. As&iacute; como en la mayor&iacute;a de las  cuestiones de inter&eacute;s cient&iacute;fico, as&iacute; tambi&eacute;n para las jur&iacute;dico-penales los  pa&iacute;ses hispanoamericanos seguimos tomando a pr&eacute;stamo de Europa aquello que  esperamos devolverle con creces alg&uacute;n d&iacute;a.<sup><a href="#n9">9</a><a name="9" id="9"></a></sup> Pero  la deuda no ser&aacute; saldada en tanto en cuanto se haga abstracci&oacute;n de la  ascendencia hisp&aacute;nica, con lo que nos referimos, no a adaptaciones espa&ntilde;olas de  teor&iacute;as for&aacute;neas, sino a la matriz genuina, al br&iacute;o singular del Derecho que se  piensa y escribe en la lengua castellana. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Pues bien, Francisco Grisol&iacute;a no  permiti&oacute; que el admirable manejo que posey&oacute; de otros ordenamientos jur&iacute;dicos lo  apartase del surco espa&ntilde;ol. De la apreciaci&oacute;n de su obra y las ventajas  resultantes para el pa&iacute;s que lo acogi&oacute; en la infancia, versa la presente  necrolog&iacute;a, cuyas fuentes principales son los libros, art&iacute;culos, comentarios de  jurisprudencia, recensiones y conferencias impresas que &eacute;l public&oacute;. Habr&aacute; tambi&eacute;n  ocasi&oacute;n de describir fragmentos de la personalidad del creador, seg&uacute;n el  testimonio de personas de su intimidad y compa&ntilde;eros pr&oacute;ximos. Lamentamos no  haber podido conceder a este pliegue del asunto, medular en cualquier  semblanza, la extensi&oacute;n que requer&iacute;a. El defecto nos duele por partida doble,  porque al reconstruir, conforme a los datos disponibles, esta trayectoria  vital, invade el &aacute;nimo la impresi&oacute;n de que el conocimiento personal tiene que  haber sido una experiencia tan estimulante como la lectura de lo que produjo  este jurista.<sup><a href="#n10">10</a><a name="10" id="10"></a></sup>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </font></p>     <p><font size="3" face="Verdana"><strong>2.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Linaje,  vicisitudes, impronta.</strong></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Nuestro biografiado no fue el  primero de su linaje en llevar el nombre Francisco. Lo precedieron su padre,  Francisco de Paula Grisol&iacute;a L&oacute;pez, y el padre de &eacute;ste, abogado y, durante alg&uacute;n  tiempo, agregado de la   Legaci&oacute;n espa&ntilde;ola en Pek&iacute;n. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La continuidad nominal ser&iacute;a  escoltada por el com&uacute;n destino trashumante de la tr&iacute;ada. Nacido en el lejano  oriente, Francisco Grisol&iacute;a L&oacute;pez abraza en Catalu&ntilde;a, regi&oacute;n de sus ancestros,  la carrera de marino mercante. All&iacute; lo sorprende la rebeli&oacute;n franquista. Como  buen republicano, pone lo que est&aacute; en sus medios para defender al gobierno  civil de la sublevaci&oacute;n castrense. Sortea los bloqueos nacionalistas haciendo  pasar armas al ej&eacute;rcito de la   Rep&uacute;blica, que se desangraba en la batalla del Ebro. Esta  actividad lo se&ntilde;alar&iacute;a pronto en la lista negra de los vencedores, con serio  riesgo para su vida. De hecho, cuando las huestes nacionalistas entran en  Tarragona y el p&aacute;nico se apodera de la poblaci&oacute;n catalana, entre el medio  mill&oacute;n de seres humanos que tomaron penosamente la ruta de la frontera con  Francia marchar&aacute;n &eacute;l, su mujer, do&ntilde;a Pilar Corbat&oacute;n Lozano, y un ni&ntilde;o de nueve  a&ntilde;os de edad, nuestro Francisco, que hab&iacute;a nacido en Barcelona el 24 de septiembre  de 1928. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Consiguen cruzar la frontera con  documentos falsos e instalarse provisoriamente en Niza, donde la familia  permanecer&aacute; el &uacute;ltimo a&ntilde;o de la guerra. Aqu&iacute; prosigue la accidentada &eacute;poca  escolar del hijo, en medio del desarraigo y los esperables conflictos con sus  compa&ntilde;eritos en el colegio. Puesto que el desarrollo de los acontecimientos en  el terru&ntilde;o natal hac&iacute;a imposible siquiera pensar en la repatriaci&oacute;n y, por otra  parte, las precarias circunstancias de los refugiados, no pocos de los cuales sufrieron  el cautiverio en campos de concentraci&oacute;n, exig&iacute;an arrojar alguna claridad en la  incierta suerte del trance franc&eacute;s, la familia decide emigrar a Am&eacute;rica. El  padre se las arregla para entrar en contacto con el poeta Pablo Neruda, quien  hab&iacute;a sido nombrado en el &iacute;nterin c&oacute;nsul especial de emigraci&oacute;n en Francia para  traer a Chile a expatriados espa&ntilde;oles, y consigue unos cupos para sus seres  queridos. Los tres abordan el Winnipeg, de cuya azarosa traves&iacute;a el ni&ntilde;o  conservar&aacute; un recuerdo tan traum&aacute;tico como de la dolorosa salida de Espa&ntilde;a y el  embarque en Francia.<sup><a href="#n11">11</a><a name="11" id="11"></a></sup> Como  sea, el 3 de septiembre de 1939, apenas dos d&iacute;as despu&eacute;s de la invasi&oacute;n alemana  de Polonia y el comienzo de la   Segunda guerra mundial, el viejo nav&iacute;o, abarrotado en bodega,  c&aacute;maras y cubierta con su cargamento humano, atraca en el puerto de Valpara&iacute;so.<sup><a href="#n12">12</a><a name="12" id="12"></a></sup>&nbsp; </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">Las vicisitudes no cejaron de  apretar en el pa&iacute;s de acogida. El progenitor se vio en la imposibilidad de  revalidar su t&iacute;tulo como marino, por lo cual hubo de emplearse en distintos  oficios, hasta adquirir mayor estabilidad ejerciendo el periodismo en el diario  La Naci&oacute;n. Por  su parte, el hijo es matriculado en el Liceo Eduardo de la Barra, benem&eacute;rito de la  ciudad, muy ligado a los antecedentes y primeros pasos de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile,  sede de Valpara&iacute;so, luego Universidad de Valpara&iacute;so. Una travesura escolar, la  substracci&oacute;n del libro de clases del curso, que &eacute;l y sus compa&ntilde;eros en la  correr&iacute;a llenaron de palabrotas, le cost&oacute; ser expulsado, ya que el mar, donde  hab&iacute;a arrojado el bot&iacute;n, se tom&oacute; la molestia de devolverlo a las autoridades  del establecimiento. Se dir&iacute;a que el azar, poder tan influyente en los asuntos  humanos, quiso recordarle que entre &eacute;l y el solar donde pas&oacute; la primera  infancia se interpon&iacute;a el oc&eacute;ano, ese pozo de l&aacute;grimas a cuyo borde austral  estar&iacute;a atada su existencia durante un tiempo indefinido. Viaja solo a Santiago  de Chile para continuar en el Liceo de Aplicaci&oacute;n los estudios secundarios.  All&iacute; conoce y traba duradera amistad con Sergio Politoff Lifschitz (1930-2009),  otro inmigrante. Andando los a&ntilde;os, ambos ser&aacute;n compa&ntilde;eros en la Universidad, colegas  penalistas y coautores de una obra de la especialidad. Pero de esto, a su  momento. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Al terminar el liceo con el grado  de Bachiller en Letras, en 1947, ya estaban definidos los rasgos intelectuales  del joven Grisol&iacute;a. Curioso, reflexivo, original, cr&iacute;tico, agudo al discutir y  presto en la respuesta, dispuesto a reconocer los errores en sus razonamientos  y a ajustar su posici&oacute;n, lo mismo que a ponerse en el lugar del pr&oacute;jimo y  entender sus reacciones. Sin embargo, la garra del extra&ntilde;amiento, el dolor por  la patria lejana, peor, la p&eacute;rdida de la nacionalidad espa&ntilde;ola, a que debi&oacute;  renunciar para adquirir la chilena en 1951, los avatares del grupo de trasplantados<sup><a href="#n13">13</a><a name="13" id="13"></a></sup> y  otros elementos que silenciamos en obsequio de la privacidad del &aacute;lbum  familiar, dejar&iacute;an honda e indeleble impronta en la configuraci&oacute;n de su  personalidad. Grisol&iacute;a ser&aacute; conocido en el medio universitario y forense  chileno como un individuo m&aacute;s bien hura&ntilde;o, serio hasta el hermetismo,  impaciente y de genio ligero, casi clausurado a la vida social. S&oacute;lo quienes  supieron vencer la coraza de defensa que dejaron como sedimento los embates  sufridos cuando mozo, advertir&iacute;an que detr&aacute;s del continente en apariencia fr&iacute;o,  distante y malhumorado, yac&iacute;an un temperamento sensible, un coraz&oacute;n generoso,  sentimientos nobles de gratitud hacia quienes lo educaron y apoyaron en los  primeros pasos de la carrera universitaria, capaz de re&iacute;rse de buena gana de s&iacute;  mismo y querer a los dem&aacute;s, apasionado por la historia y la m&uacute;sica cl&aacute;sica, degustador  de la comida espa&ntilde;ola y francesa, apegado a la casa y amante de la familia,  desde cuyo seno &eacute;l edific&oacute; su obra como estudioso.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </font></p>     <p><font size="3" face="Verdana"><strong>3.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Formaci&oacute;n y  rendimiento hasta el quiebre de 1973.</strong></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Por lo pronto, en 1948 se  matricula en la Facultad  de Ciencias Jur&iacute;dicas y Sociales de la Universidad de Chile para cursar la licenciatura  en Derecho. Durante un a&ntilde;o sigue paralelamente la carrera de Medicina, de la  que tuvo que desistir para concentrarse en la formaci&oacute;n jur&iacute;dica.<sup><a href="#n14">14</a><a name="14" id="14"></a></sup> Como  desquite, al egresar del per&iacute;odo lectivo, en 1952, las clases del profesor  Miguel Schweitzer Speisky (1908-1997) inclinaron su vocaci&oacute;n hacia el Derecho  penal.<sup><a href="#n15">15</a><a name="15" id="15"></a></sup> </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">De hecho, emprende el ambicioso  proyecto de preparar su memoria de prueba o licenciatura sobre los delitos de  falsedad documental, numerosos en el C&oacute;digo chileno. Se lo sugiri&oacute; el profesor  &Aacute;lvaro Bunster Brice&ntilde;o (1920-2004), en aquellos a&ntilde;os figura central del  Seminario de Derecho penal y Medicina legal. A&ntilde;os m&aacute;s tarde, el orientador  reconoci&oacute; la euforia de haber estimulado una operaci&oacute;n que sobrepasaba con  largueza las posibilidades de una tesis de licenciatura, incluso lo que se  espera de las de doctorado, aconsejando al alumno que presentase a la Facultad aquello que &eacute;ste  adelant&oacute; del descomunal asunto. Fiel a su proverbial rigor, Grisol&iacute;a hab&iacute;a  invertido un cuadrienio en documentarse y reflexionar sobre las falsedades y  las cuestiones de teor&iacute;a de la infracci&oacute;n criminal involucradas, o sea, pr&aacute;cticamente  todas. Se explica, pues, que el aparato bibliogr&aacute;fico, la estructura y el  desarrollo argumental de la tesis, que &eacute;l comprimi&oacute; al objeto jur&iacute;dico del  delito, revele un conocimiento de la   Parte general del Derecho punitivo de inusual hondura en un aprendiz  de penalista.<sup><a href="#n16">16</a><a name="16" id="16"></a></sup> La obra impresiona no  s&oacute;lo por el tratamiento que concede a las distintas doctrinas sobre la faz  positiva de antijuridicidad, sino, principalmente, a causa de la versaci&oacute;n  iusfilos&oacute;fica y el olfato pol&iacute;tico del autor. &Eacute;ste inserta su decidida defensa  del concepto de bien jur&iacute;dico en lo que llama una fundamentaci&oacute;n radical, esto  es, una axiolog&iacute;a material que enclava los objetos tutelados por el Derecho y  ofendidos por el delito en la cultura de cada comunidad y las valoraciones sociales  que informan el ordenamiento jur&iacute;dico.<sup><a href="#n17">17</a><a name="17" id="17"></a></sup> De  ah&iacute;, tambi&eacute;n, que apruebe la justificaci&oacute;n supralegal y admita gustoso la  naturaleza garantizadora, con el consiguiente car&aacute;cter secundario del Derecho  penal, una concepci&oacute;n harto m&aacute;s antigua, limitadora y garantista que la que le  asigna funciones constitutivas.<sup><a href="#n18">18</a><a name="18" id="18"></a></sup> El  consiguiente rechazo de las interpretaciones formalistas, que desatienden la  referencia estimativa de las disposiciones penales, repulsa fundada en que &ldquo;la  norma jur&iacute;dica, como <em>forma</em> jur&iacute;dica  fundamental, implica [&hellip;] valores&rdquo;, los que demandan la &ldquo;posibilidad y exigencia  ideal de ser realizados&rdquo; en bienes jur&iacute;dicos, marcha en perfecta sinton&iacute;a con  la afirmaci&oacute;n de que estos &uacute;ltimos representan &ldquo;una <em>categor&iacute;a com&uacute;n y esencial a todo el Derecho</em>&rdquo;,<sup><a href="#n19">19</a><a name="19" id="19"></a></sup> en otras  palabras, uno de los conceptos jur&iacute;dicos fundamentales o <em>a priori</em>.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La demora en culminar la tesis,  como su acelerado y feliz desenlace, corrieron parejas con las circunstancias  personales de Grisol&iacute;a en la d&eacute;cada de los cincuenta. Al egresar de la Facultad emprendi&oacute; un  viaje de estudios a Espa&ntilde;a llevando el encargo de traer a Chile a una hermana  de su madre. Con la t&iacute;a viv&iacute;a la joven Ana Cirera Sabi, de quien Francisco  qued&oacute; prendado. El hecho es que regresar&aacute; a Sudam&eacute;rica en compa&ntilde;&iacute;a de las dos  mujeres, unido a la segunda como flamante esposo.<sup><a href="#n20">20</a><a name="20" id="20"></a></sup> Del  matrimonio nacer&aacute;n cuatro hijos.<sup><a href="#n21">21</a><a name="21" id="21"></a></sup> Si  hasta ese punto hab&iacute;a podido salir adelante con los modestos ingresos de  procurador, sin otros compromisos aparte del desproporcionado que se autoimpuso  con la memoria de prueba, el enlace nupcial y la llegada de los dos primeros  hijos tornaron imperioso ajustar el esfuerzo acad&eacute;mico a las exigencias de  licenciatura y titulaci&oacute;n como abogado. El af&aacute;n mereci&oacute; holgadamente la pena.  Bunster, que dirig&iacute;a la   Revista de Ciencias Penales del Instituto hom&oacute;nimo en  Santiago, lo solicita a principios de 1958 para publicar en la secci&oacute;n  &ldquo;Doctrina&rdquo; el escrito de graduaci&oacute;n, que el autor cerr&oacute; tras dos meses dedicado  exclusivamente a la tarea. Tal era la confianza que depositaba el tutor en las  fuerzas del pupilo y la calidad de su trabajo, que la tesis se publica como  art&iacute;culo antes de los informes universitarios del caso.<sup><a href="#n22">22</a><a name="22" id="22"></a></sup> Por  cierto, &eacute;stos propondr&aacute;n la calificaci&oacute;n de sobresaliente, y el Instituto  galardonar&aacute; al escritor con el premio &ldquo;Pedro Ortiz Mu&ntilde;oz&rdquo;, que se le entreg&oacute; en  1959. Un a&ntilde;o despu&eacute;s obtiene el t&iacute;tulo de abogado. Sin embargo, &eacute;ste era s&oacute;lo  la culminaci&oacute;n de un proceso cuyo efecto lo ligar&iacute;a de por vida a la Facultad de Derecho y al  Instituto de Ciencias Penales. El progreso de la memoria de prueba, que lo  se&ntilde;al&oacute; a sus profesores cual risue&ntilde;a promesa en la investigaci&oacute;n y ense&ntilde;anza de  la atroz materia, dio frutos que precedieron la completa saz&oacute;n, parecidamente a  la suerte gr&aacute;fica de la tesis. Grisol&iacute;a hab&iacute;a sido nombrado ayudante de la  c&aacute;tedra de Derecho penal en 1957 y del Seminario de Derecho procesal, &aacute;rea de  proceso penal, en 1959. Desde 1954 ocupaba los cargos de secretario ejecutivo  del Instituto y de redacci&oacute;n de la   Revista de Ciencias Penales.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">La d&eacute;cada siguiente lo ve  enfrascado en un febril empe&ntilde;o de perfeccionamiento acad&eacute;mico, investigaci&oacute;n,  ense&ntilde;anza y ejercicio profesional, con dos teatros geogr&aacute;ficos de actividad,  Europa y Chile.<sup><a href="#n23">23</a><a name="23" id="23"></a></sup> Se trata de m&uacute;ltiples  ocupaciones que se entremezclan y potencian unas con otras, por lo que conviene  resumirlas al hilo de su secuencia cronol&oacute;gica. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En enero de 1961 el <em>alma mater</em> lo convierte en profesor  auxiliar de Derecho penal. Unos meses antes, durante 1960, hab&iacute;a frecuentado un  curso de Derecho penal y procesal penal franc&eacute;s en la Universidad de Par&iacute;s,  bajo la gu&iacute;a de los profesores Robert Vouin y Marc Ancel. La Dogm&aacute;tica y, sobre todo,  la reforma del proceso penal interesaban sobremanera a Grisol&iacute;a. Presenta al  Instituto un plan de investigaci&oacute;n cuyo objeto era generar un anteproyecto que  sirviese de base para la reforma total del vetusto y autoritario C&oacute;digo de  procedimiento penal chileno (1906). La iniciativa supon&iacute;a profundizar el  estudio te&oacute;rico y embeberse de la aplicaci&oacute;n del proceso penal en Espa&ntilde;a,  Argentina (Provincia de C&oacute;rdoba), Francia e Italia. El Instituto apoy&oacute;  financieramente el proyecto, que adquiere car&aacute;cter oficial con el respaldo  prestado por el Gobierno y la   Universidad de Chile. En 1961 se empapa en Madrid y Barcelona  del funcionamiento del proceso espa&ntilde;ol,<sup><a href="#n24">24</a><a name="24" id="24"></a></sup> presenciando audiencias judiciales y entrevist&aacute;ndose con diversos  especialistas, negocios que repite en Par&iacute;s y, al a&ntilde;o siguiente, en la Argentina, donde su  trabajo fue grandemente facilitado por la ayuda de Alfredo V&eacute;lez Mariconde. El  informe final al Instituto<sup><a href="#n25">25</a><a name="25" id="25"></a></sup> condensa una pieza de genuino Derecho comparado, que no es lo mismo que mera  confrontaci&oacute;n de legislaciones, siendo de lamentar que los gobiernos de la  &eacute;poca, tambi&eacute;n inquietos por modificar el C&oacute;digo, optasen por adecuarlo a un  proceso de caracter&iacute;sticas mixtas,<sup><a href="#n26">26</a><a name="26" id="26"></a></sup> no  ya gestar uno realmente novedoso, como quer&iacute;a Grisol&iacute;a.<sup><a href="#n27">27</a><a name="27" id="27"></a></sup>&nbsp; </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En 1962 gana por concurso el  cargo de abogado de la   Superintendencia de Seguridad Social. Paralelamente, imparte  clases de Derecho penal en la   Universidad y redacta comentarios a sentencias, rese&ntilde;as y  recensiones en la Revista  de Ciencias Penales. El lazo con el Instituto se estrecha a&uacute;n m&aacute;s al asumir en  1963 como subsecretario ejecutivo de la comisi&oacute;n redactora del C&oacute;digo penal  tipo para Latinoam&eacute;rica, una iniciativa personal del hombre que presid&iacute;a  entonces la entidad, Eduardo Novoa Monreal (1916-2006). A su lado trabajar&aacute;  intensamente en las reuniones plenarias de la comisi&oacute;n (Santiago de Chile,  1963; M&eacute;xico, 1965; Caracas, 1969; Bogot&aacute;, 1970; S&atilde;o Paulo, 1971; San Jos&eacute; de Costa  Rica, 1972, y Medell&iacute;n, 1973).<sup><a href="#n28">28</a><a name="28" id="28"></a></sup> El  contacto con colegas de otros pa&iacute;ses del continente y los trabajos  preparatorios del Proyecto ampl&iacute;an sus conocimientos iuscomparatistas hasta  dominar como pocos la legislaci&oacute;n iberoamericana.<sup><a href="#n29">29</a><a name="29" id="29"></a></sup> No s&oacute;lo eso. Grisol&iacute;a sabr&aacute;  encauzarlos hacia el doctorado. En goce de una beca del Instituto de cultura  hisp&aacute;nica se traslada en 1966   a Madrid. Su dedicaci&oacute;n al trabajo, que ha de haber  optimizado al m&aacute;ximo el tiempo disponible si se considera que compartieron la  estancia matritense su mujer y los cuatro ni&ntilde;os, cristaliza en varios logros:  la revalidaci&oacute;n de la licenciatura, un diploma de especializaci&oacute;n por la Organizaci&oacute;n   Iberoamericana de Seguridad Social y, naturalmente, el  doctorado en Derecho, que le extiende con nota de sobresaliente la Universidad entonces  llamada Central, hoy, Complutense. Am&eacute;n de la tesis doctoral, que trat&oacute; del  C&oacute;digo penal tipo,<sup><a href="#n30">30</a><a name="30" id="30"></a></sup> alumbra dos  interesant&iacute;simos art&iacute;culos, uno sobre el sistema chileno de seguridad social<sup><a href="#n31">31</a><a name="31" id="31"></a></sup> y el  segundo intitulado &ldquo;La reforma penal en Chile.&rdquo;<sup><a href="#n32">32</a><a name="32" id="32"></a></sup> Aqu&iacute;  despliega una l&iacute;mpida exposici&oacute;n de la historia del Derecho penal chileno,  desde el per&iacute;odo aborigen y colonial hasta el C&oacute;digo de 1874, con los intentos  de reforma total en el siglo XX. Adem&aacute;s, la labor del Instituto y la evoluci&oacute;n  de la Ciencia  penal vern&aacute;cula, que el autor enjuicia con imparcialidad, comparecen resumidas  por el art&iacute;culo, escrito en un castellano correct&iacute;simo y con un estilo que ser&aacute;  caracter&iacute;stico de aqu&eacute;l, preciso en las palabras, econ&oacute;mico en las frases, enemigo  de los rodeos, franco en las ideas, de prudente elegancia. Llama la atenci&oacute;n  sobre los sectores todav&iacute;a descuidados del ordenamiento chileno,  particularmente los delitos singulares y la teor&iacute;a de la pena.<sup><a href="#n33">33</a><a name="33" id="33"></a></sup> Sin  embargo, elogia las bondades del Derecho penal codificado, menos imperfecto que  el de otros pa&iacute;ses y que puede dar m&aacute;s de lo que se imagina si se lo explora en  todos sus pasajes y posibilidades. Este pensamiento de Grisol&iacute;a no ri&ntilde;e con su  entrega al C&oacute;digo penal tipo, del que informa sint&eacute;ticamente el pliego. Al  ocuparse de la necesidad, el &aacute;mbito y las prioridades de la reforma penal, en  las p&aacute;ginas conclusivas, que compendian el ideario pol&iacute;tico-criminal del novel  doctor, discrepa de la obsesi&oacute;n reinante por contar con un nuevo C&oacute;digo, como si  &eacute;ste fuese la panacea del problema de la criminalidad, mientras en el pa&iacute;s se  posterga <em>sine die</em> acometer aspectos  mucho m&aacute;s graves, urgentes y de enorme significado pr&aacute;ctico, esto es, la  ejecuci&oacute;n de las penas y el proceso criminal. La tabla de prioridades  legislativas que &eacute;l propone coloca estas dos tareas en el primer lugar,  seguidas de una modificaci&oacute;n parcial del C&oacute;digo penal y, a largo plazo, &ldquo;una  vez logradas las condiciones m&iacute;nimas que posibiliten su aplicaci&oacute;n pr&aacute;ctica y  eficaz&rdquo;, la de &ldquo;promover la implantaci&oacute;n de un nuevo C&oacute;digo penal que, mientras  tanto, se habr&aacute; preparado con la debida calma, sobre la base del Proyecto de  C&oacute;digo penal tipo para Latinoam&eacute;rica y de las premisas que orientan su  formaci&oacute;n&rdquo;.<sup><a href="#n34">34</a><a name="34" id="34"></a></sup> </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">No era la primera oportunidad en  que se manifest&oacute; as&iacute;,<sup><a href="#n35">35</a><a name="35" id="35"></a></sup> bogando contra la corriente, ni ser&aacute; la &uacute;ltima. La exactitud de la previsi&oacute;n de  que la reforma del procedimiento penal es factible sin tener que aguardar la  sanci&oacute;n de un cuerpo punitivo, supuesto que la orientaci&oacute;n pol&iacute;tica y las  directrices t&eacute;cnicas de los textos sean unas mismas, ser&iacute;a confirmada por la  marcha legislativa del pa&iacute;s.<sup><a href="#n36">36</a><a name="36" id="36"></a></sup> Desgraciadamente, el paso de los a&ntilde;os no consigui&oacute; remover otros lugares  comunes combatidos por la propuesta de 1967, comenzando por la regulaci&oacute;n y la  estremecedora realidad de la ejecuci&oacute;n de las penas, que contin&uacute;a sumida en la  ilegalidad, desprovista de una judicatura especializada &ndash;en verdad, de la  jurisdicci&oacute;n <em>tout court</em>&ndash;, invadiendo  m&aacute;s derechos que los afectados legalmente por la sentencia de condena, en medio  del hacinamiento, la violencia, abusos de toda clase, revueltas y, en el &uacute;ltimo  tiempo, para fest&iacute;n de la opini&oacute;n colectiva y escarnio de los poderes p&uacute;blicos,  la hoguera de los reclusos. Este punto, pero tambi&eacute;n la recurrente objeci&oacute;n de  que el pa&iacute;s no est&aacute; en condiciones de invertir m&aacute;s recursos materiales y  humanos en el cumplimiento de las penas, es uno de los muchos en que sigue  triunfando el sentido com&uacute;n peculiar del pueblo chileno, con la consideraci&oacute;n  del preso como un ser indigno de la calidad de persona, pese a que estos  problemas, adem&aacute;s de su inmensa trascendencia individual y familiar, &ldquo;afectan  en forma esencial la seguridad y el normal desarrollo de la vida colectiva de  la naci&oacute;n&rdquo;.<sup><a href="#n37">37</a><a name="37" id="37"></a></sup> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">De vuelta en Chile, asume la  direcci&oacute;n de la Revista  de Ciencias Penales (1967). Desde este cargo fortalece la regularidad que hab&iacute;a  adquirido la publicaci&oacute;n, organiza jornadas acad&eacute;micas, apoya el  enriquecimiento de la biblioteca del Instituto, cultiva el trato personal y la  colaboraci&oacute;n cient&iacute;fica con compa&ntilde;eros penalistas. De este c&iacute;rculo fueron  amigos o disfrutaron de su admiraci&oacute;n o respeto intelectual, Juan Bustos  Ram&iacute;rez (1935-2008), Sergio Y&aacute;&ntilde;ez P&eacute;rez (1925-2006), Sergio Politoff Lifschitz  y Jaime Vivanco Sep&uacute;lveda, adem&aacute;s de Novoa, Schweitzer y Bunster, y los m&aacute;s  j&oacute;venes Jaime N&aacute;quira Riveros, Hugo Rivera Villalobos &ndash;su disc&iacute;pulo en la Universidad, pasante y  luego socio del despacho profesional&ndash; y Jorge Mera Figueroa. Especial cari&ntilde;o  profesar&aacute; a Manuel de Rivacoba y Rivacoba (1925-2000), quien lleg&oacute; a Chile  desde la Argentina  y al que lo hermanaban Espa&ntilde;a y las imborrables secuelas internas del exilio. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">En 1971 obtiene por concurso  p&uacute;blico de oposici&oacute;n y antecedentes la calidad de profesor agregado de Derecho  penal. El mismo a&ntilde;o aparece publicado el primer tomo de una obra sobre la Parte especial de Derecho  penal chileno, que firma con Juan Bustos y Sergio Politoff, sus compa&ntilde;eros en la Facultad.<sup><a href="#n38">38</a><a name="38" id="38"></a></sup> Al  trazar la semblanza de este &uacute;ltimo explicamos que fue Politoff el verdadero  autor del libro, a lo que a&ntilde;adimos, sin embargo, que &ldquo;la aclaraci&oacute;n cede en  importancia si se recuerda los lisonjeros juicios que en el Pr&oacute;logo dedica a  las tres figuras don Luis Jim&eacute;nez de As&uacute;a (1889-1970), a lo largo de p&aacute;rrafos  que tornan superfluo comentar a nuestra vez un texto bien armado, completo  dentro de su limitaci&oacute;n, de redacci&oacute;n precisa y elegante, muy indicado para el  aprendizaje de los delitos contra el individuo en sus condiciones f&iacute;sicas, asaz  gravitante en la jurisprudencia y superior a otros de su g&eacute;nero que hab&iacute;an  aparecido en el &iacute;nterin&rdquo;.<sup><a href="#n39">39</a><a name="39" id="39"></a></sup> El  propio Jim&eacute;nez de As&uacute;a, a rengl&oacute;n seguido de la notaci&oacute;n de los azares de la  vida de su coterr&aacute;neo y calificar como eminente lo escrito por &eacute;l hasta este  hito editorial, expresa que el libro es el resultado de una colaboraci&oacute;n  favorable y amplia, atendida la distinta formaci&oacute;n europea de los tres j&oacute;venes  profesores.<sup><a href="#n40">40</a><a name="40" id="40"></a></sup> Con efecto, en el aparato  bibliogr&aacute;fico, proporcionada y pertinentemente distribuido entre fuentes  alemanas, espa&ntilde;olas e italianas, que amplifican considerablemente el sustento  nacional, se percibe el aporte de Grisol&iacute;a con su dominio de las obras  hisp&aacute;nicas. Asimismo, el texto deja entrever su influjo a trav&eacute;s de Politoff,  por ejemplo, en el alcance de la voz &laquo;circunstancias&raquo; dentro del sistema del  C&oacute;digo &ndash;tema que aqu&eacute;l desarrollar&aacute; por su cuenta un lustro m&aacute;s tarde&ndash;.<sup><a href="#n41">41</a><a name="41" id="41"></a></sup> Qui&eacute;n sabe si ciertos juicios cr&iacute;ticos, de los escasos no matizados por el  humor socarr&oacute;n del redactor, deban parte de su fogosidad al espa&ntilde;ol que cooper&oacute;  al perdurable &eacute;xito editorial del volumen.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Grisol&iacute;a no olvidar&aacute; al  prologuista. Con motivo del fallecimiento de &eacute;ste, ocurrido en noviembre de  1970, el Instituto de Ciencias Penales organiza unas sesiones especiales en  Santiago y Valpara&iacute;so como homenaje p&oacute;stumo al celeb&eacute;rrimo criminalista, cuyo  nombre llev&oacute; por a&ntilde;os una de las aulas del organismo. La intervenci&oacute;n de  Grisol&iacute;a, reproducida en la   Revista con las dem&aacute;s que se ley&oacute; en la oportunidad, subraya  la influencia del magisterio de Jim&eacute;nez de As&uacute;a sobre las nuevas generaciones  de penalistas hispanoamericanos, la prodigiosa juventud del esp&iacute;ritu del  madrile&ntilde;o y lo determinante que resultaron su tit&aacute;nica productividad y ejemplo  personal as&iacute; en la vocaci&oacute;n como en el ulterior trabajo del catal&aacute;n avecindado  en Chile.<sup><a href="#n42">42</a><a name="42" id="42"></a></sup> </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">El curso de las cosas no hac&iacute;a  presagiar a&uacute;n las dimensiones de la cat&aacute;strofe que desde el refugio de las  sombras aguardaba la ocasi&oacute;n propicia para cernirse sobre el pa&iacute;s, su Instituto  criminalista y la   Universidad. Todav&iacute;a era hora de trabajar, como lo son todas  &ndash;buenas o malas, duras o maduras&ndash; las de un estudioso. Siempre en la calidad de  secretario del Instituto y director de la Revista, Grisol&iacute;a participa como delegado en el  Coloquio internacional que promovi&oacute; el primero en abril de 1973 acerca de la  pena y su ejecuci&oacute;n, con un estudio de la remisi&oacute;n y la libertad condicionales,  escrito en coautor&iacute;a con Jaime N&aacute;quira y Jaime Vivanco.<sup><a href="#n43">43</a><a name="43" id="43"></a></sup> Aqu&iacute;  torna a la carga contra la ilegalidad y el imperio de la discrecionalidad  administrativa, no s&oacute;lo en esa pareja de vicisitudes de la punici&oacute;n, sino en  toda la fase de cumplimiento, para la que recomienda, de nuevo, la creaci&oacute;n de  una judicatura especial, el juez de ejecuci&oacute;n de penas. El mismo a&ntilde;o las  librer&iacute;as de Santiago mostrar&aacute;n en sus escaparates la Parte general del C&oacute;digo  penal tipo, en tres vol&uacute;menes que recogen los antecedentes, ponencias, acuerdos  y discusiones de este proyecto doctrinal.<sup><a href="#n44">44</a><a name="44" id="44"></a></sup> Pero  al minucioso esfuerzo compilador del subsecretario ejecutivo de la comisi&oacute;n que  lo redact&oacute;, con los esperanzadores tonos de celeste y azul que ornan la portada  del libro, har&aacute; cruel contraste la viol&aacute;cea ruina del pa&iacute;s.&nbsp; </font></p>     <p><font size="3" face="Verdana"><strong>4.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Quehacer  bajo la tiran&iacute;a.</strong></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Los hechos de septiembre de 1973  hicieron revivir en la memoria de los Grisol&iacute;a la experiencia del asedio de  Barcelona y la huida a Francia, llenando de espanto a los mayores de la  familia. La casa, en calle Torremolinos, distaba pocas manzanas de la  residencia presidencial, por lo que pudieron o&iacute;r de cerca el estruendo de las  bombas que arrojaron los aviones en el edificio de la avenida Tom&aacute;s Moro, luego  allanado, saqueado y expropiado por los militares. Don Francisco temi&oacute; por los  suyos. No le faltaban motivos, porque, pese a haberse abstenido de intervenir  activamente en pol&iacute;tica, lo ocurrido en Espa&ntilde;a y aquello que desencadenar&iacute;a la  sedici&oacute;n en Chile son prueba de que tampoco era en absoluto necesaria la  filiaci&oacute;n partidista, ni siquiera la comunidad ideol&oacute;gica con pensamientos  adversos a los de la oligarqu&iacute;a rebelde, para sufrir el furor persecutorio de  las nuevas autoridades. Adem&aacute;s, los nombres de algunos amigos, como Juan Bustos  y Sergio Politoff, aparecieron en los primeros bandos entre las personas  requeridas de presentaci&oacute;n, y nuestro biografiado sab&iacute;a que eso s&oacute;lo pod&iacute;a  significar la muerte o huir del pa&iacute;s para evitarla, el camino que tuvieron que  emprender sus camaradas en la universidad.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Asimismo, el golpe de Estado lo  afect&oacute; profesionalmente. Hombre de ideas de centro, desaprobaba los  lineamientos de seguridad social de los individuos que estaban detr&aacute;s de la Junta de gobierno. Su  conciencia le impidi&oacute; pasar del alto puesto de fiscal en la Superintendencia  de Seguridad Social, que ocupaba en ese trance, al de jefe m&aacute;ximo del servicio,  y se retira voluntariamente de &eacute;l en 1974. Poco m&aacute;s de un lustro despu&eacute;s  confirmar&aacute; la exactitud de su determinaci&oacute;n cuando dos decretos-leyes  transforman de un plumazo el sistema de seguridad social chileno en otro de  seguros mercantiles de salud y especulaci&oacute;n en las pensiones. Grisol&iacute;a se  recluye en el Instituto y el despacho de abogado. <br />   Con el exilio de la mayor&iacute;a de  sus miembros m&aacute;s conspicuos y activos, las divisiones que enfrentaron a esa  generaci&oacute;n y la atm&oacute;sfera de oscuridad que cay&oacute; sobre todas las manifestaciones  del cultivo de ciencias y artes, el Instituto queda desarticulado, pierde la  presencia p&uacute;blica que pose&iacute;a, decae notoriamente la periodicidad de su revista,  menguan los c&oacute;nclaves y conferencias que prodig&oacute; anta&ntilde;o. Ha de haber sido  sumamente dif&iacute;cil trabajar en semejantes condiciones para el secretario  ejecutivo de la entidad y director de la publicaci&oacute;n, puestos que Grisol&iacute;a  conserv&oacute; hasta principios de los a&ntilde;os noventa,<sup><a href="#n45">45</a><a name="45" id="45"></a></sup> d&eacute;cada en que empieza a jubilar de sus destinos, salvo la creaci&oacute;n intelectual,  como diremos en el ac&aacute;pite siguiente. De momento, empero, incluso &eacute;sta tuvo que  ponerse a tono con las nada halag&uuml;e&ntilde;as circunstancias. Basta pensar en una nota  jurisprudencial donde aborda la liberaci&oacute;n de los presos preventivos seg&uacute;n las  actas &ldquo;constitucionales&rdquo;, esas relaciones escritas de lo que acord&oacute; con  pretensiones de fundaci&oacute;n jur&iacute;dica la cuadrilla instalada en el palacio de  gobierno.<sup><a href="#n46">46</a><a name="46" id="46"></a></sup> Como contrapartida,  representa a la Revista  de Ciencias Penales en las Jornadas internacionales celebradas en la sede de  Valpara&iacute;so de la   Universidad de Chile, con ocasi&oacute;n de cumplirse en 1974 el  centenario del C&oacute;digo penal. El nervio democr&aacute;tico de &eacute;ste y el temple liberal  del promotor y presidente del evento, Manuel de Rivacoba y Rivacoba, ofrec&iacute;an  la ant&iacute;tesis perfecta de las abominables condiciones circundantes.<sup><a href="#n47">47</a><a name="47" id="47"></a></sup>&nbsp;&nbsp;&nbsp; </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Poco tiempo despu&eacute;s aparece un  excelente estudio sobre el problema del car&aacute;cter accesorio de la participaci&oacute;n  de sujetos no cualificados en delitos especiales.<sup><a href="#n48">48</a><a name="48" id="48"></a></sup> El  tema presentaba un doble inter&eacute;s. De un lado, dogm&aacute;tico, dada la tendencia de  los tribunales y parte de la doctrina a extender el t&iacute;tulo especial de  imputaci&oacute;n al part&iacute;cipe <em>extraneus</em>, no  s&oacute;lo en los de malversaci&oacute;n de caudales p&uacute;blicos y fraude al Estado o a entes  p&uacute;blicos menores, eje tem&aacute;tico del texto, sino en todos los <em>delicta propia</em>, como el parricidio. De  otro, pol&iacute;tico, por la propensi&oacute;n de los reg&iacute;menes autoritarios a aniquilar la  diferencia entre autores y part&iacute;cipes, sometiendo a la misma pena a quienes de  alg&uacute;n modo tuvieron relaci&oacute;n, por lejana que fuere, con los maleficios que teme  el detentador del poder, principalmente, el terrorismo.<sup><a href="#n49">49</a><a name="49" id="49"></a></sup> Pues  bien, el articulista, como es natural, sustenta la teor&iacute;a diferenciadora, y  distingue cuidadosamente las formas de autor&iacute;a y de participaci&oacute;n en el C&oacute;digo  chileno fund&aacute;ndose en criterios normativos que, empero, consideran la base  naturalista de los actos humanos. La combinaci&oacute;n de estos dos puntos de vista,  normativo y descriptivo, resplandece en la m&eacute;dula del trabajo, la comunicaci&oacute;n  del t&iacute;tulo de imputaci&oacute;n al part&iacute;cipe no funcionario en los delitos contra la Administraci&oacute;n  p&uacute;blica, que Grisol&iacute;a considera &ldquo;un problema artificial creado deliberadamente,  toda vez que el asunto se encuentra resuelto por una precisa norma legal, el  art&iacute;culo 64 inciso primero del C&oacute;digo penal&rdquo;.<sup><a href="#n50">50</a><a name="50" id="50"></a></sup> Hay  que reconocer que a la inteligencia extensiva de la voz &ldquo;circunstancias&rdquo; hab&iacute;a  llegado a&ntilde;os antes un grupo minoritario de penalistas espa&ntilde;oles en su examen  del precepto de que proviene el chileno;<sup><a href="#n51">51</a><a name="51" id="51"></a></sup> pero  Grisol&iacute;a ampl&iacute;a y mejora la cadena argumental de sus antecesores mediante un  impecable empleo de los m&eacute;todos sistem&aacute;tico y teleol&oacute;gico de interpretaci&oacute;n de  la ley.<sup><a href="#n52">52</a><a name="52" id="52"></a></sup> El  corolario flu&iacute;a evidente: una excepci&oacute;n en los delitos especiales impropios al  car&aacute;cter accesorio de la participaci&oacute;n, en la nomenclatura hisp&aacute;nica, la  incomunicabilidad a &eacute;sta de los ingredientes personales o subjetivos en el  autor. Sin embargo, para Grisol&iacute;a no estamos frente a una situaci&oacute;n  excepcional. Que el part&iacute;cipe no cualificado haya de responder por el delito  com&uacute;n tampoco implica anular la teor&iacute;a unitaria de la codelincuencia; al  contrario, ratifica su verdadero contenido, porque la unidad de las  contribuciones de los copart&iacute;cipes lo es con respecto del hecho, en otras  palabras, el acto como primer elemento del delito, del que luego el juez  predicar&aacute; el juicio de tipicidad y las valoraciones que atienden en los  restantes elementos de la infracci&oacute;n penal. En s&iacute;ntesis, la &ldquo;accesoriedad <em>al hecho</em>&rdquo; ministra la base para  &ldquo;enfrentar debidamente el mito de la pretendida &ldquo;indivisibilidad del t&iacute;tulo&rdquo;  (principio de unidad), como raz&oacute;n de comunicabilidad&rdquo;.<sup><a href="#n53">53</a><a name="53" id="53"></a></sup> </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">De 1975 en adelante Francisco  Grisol&iacute;a mantiene la pluralidad de sus campos de operaci&oacute;n. Dicta charlas en  Argentina, Colombia, Espa&ntilde;a, M&eacute;xico y Venezuela, as&iacute; como en cortes nacionales  de apelaciones y el colegio de abogados chileno. Con su asombroso manejo de la  biblioteca del Instituto gu&iacute;a a los j&oacute;venes licenciandos que acud&iacute;an a &eacute;l en  busca de orientaci&oacute;n bibliogr&aacute;fica.<sup><a href="#n54">54</a><a name="54" id="54"></a></sup> Organiza un acto en memoria de Daniel Schweitzer Speisky (1896-1979), durante  el cual se dio el nombre de &eacute;ste al segundo sal&oacute;n del recinto de calle  Hu&eacute;rfanos.<sup><a href="#n55">55</a><a name="55" id="55"></a></sup> Ejerce intensamente como  abogado criminalista, funci&oacute;n en la que brill&oacute; por la meditada estrategia en la  preparaci&oacute;n de los juicios, particularmente en causas sobre delitos  patrimoniales, que eran su especialidad,<sup><a href="#n56">56</a><a name="56" id="56"></a></sup> el  rigor en los alegatos, la pasi&oacute;n que imprim&iacute;a a las defensas orales, la serena  dignidad ante los fallos, positivos o desfavorables, y el respeto hacia el  defensor de la contraparte &ndash;en privado, sin embargo, confidenciaba el desprecio  que le merec&iacute;an los letrados que presumen de conocimientos que no poseen o  gustan de aparecer en televisi&oacute;n, llam&aacute;ndoles faranduleros, palabra con que en  nuestro idioma se significa a comediantes y charlatanes&ndash;. Dicta sus clases en la Universidad de Chile,  tambi&eacute;n de postgrado, &aacute;rea en que explic&oacute; los a&ntilde;os 1984-1986 un curso de  delitos econ&oacute;micos.<sup><a href="#n57">57</a><a name="57" id="57"></a></sup> Pero  la c&aacute;tedra en la disciplina hab&iacute;a demorado mucho, tal vez m&aacute;s de lo razonable.<sup><a href="#n58">58</a><a name="58" id="58"></a></sup> Acaso por ello a principios de ese decenio consider&oacute; seriamente la oferta de  cambiar de pa&iacute;s y ense&ntilde;ar Derecho penal en la Universidad de Puerto  Rico. Por fin, en 1987 la   Universidad de Chile se decide a reconocer la trayectoria  acad&eacute;mica de una de las mejores figuras de su claustro nombr&aacute;ndole profesor  titular, equivalente al catedr&aacute;tico espa&ntilde;ol.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; </font></p>     <p><font size="3" face="Verdana"><strong>5.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Los &uacute;ltimos  a&ntilde;os.</strong></font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana">La cima universitaria toca a Grisol&iacute;a casi sexagenario. La tardanza del  suceso, falt&aacute;ndole apenas siete a&ntilde;os para el umbral del retiro, no distraer&iacute;a  del trabajo a un individuo cuyo temple se forj&oacute; en la adversidad. Despu&eacute;s de  jubilar de las tareas universitarias contin&uacute;o prestando servicios como asesor  para asuntos penales. Pero lo m&aacute;s interesante de la fase final de su existencia  es la intensificaci&oacute;n de la vena publicista y el tono cr&iacute;tico del escritor. La proximidad de la muerte parece  haber sido un aliciente para producir m&aacute;s en la ciencia y, simult&aacute;neamente,  denunciar la proyecci&oacute;n jur&iacute;dica, inadvertida por los mismos jurisconsultos, de  los lugares comunes que lastran a la sociedad chilena, en la que prejuicios y  frases clich&eacute;s disimulan irritantes desigualdades, con los privilegios que  medran de su perpetuaci&oacute;n.<sup><a href="#n59">59</a><a name="59" id="59"></a></sup> El  cari&ntilde;o por la segunda patria segu&iacute;a conviviendo con el nervio del espa&ntilde;ol, s&oacute;lo  que ahora &eacute;ste se crispa hasta el punto de galvanizar en los &uacute;ltimos escritos  el pensamiento de una famosa paisana, seg&uacute;n la cual &ldquo;el amor a la patria se  prueba sirvi&eacute;ndola, y mal sirve al pa&iacute;s como a su amigo, quien, por no  disgustarle, en vez de se&ntilde;alar sus faltas, las halaga; en vez de acusar, oculta  y desfigura o calla la verdad, como si la verg&uuml;enza estuviera en que se diga el  mal y no en hacerle&rdquo;.<sup><a href="#n60">60</a><a name="60" id="60"></a></sup> Sea mencionado en primer t&eacute;rmino  el art&iacute;culo sobre la estafa procesal,<sup><a href="#n61">61</a><a name="61" id="61"></a></sup> que  reproduce la conferencia que del mismo tema pronunci&oacute; el autor, ya jubilado de la Facultad, en el colegio  de abogados de Valpara&iacute;so el d&iacute;a 27 de mayo de 1994.<sup><a href="#n62">62</a><a name="62" id="62"></a></sup> De  ah&iacute; la brevedad de la relaci&oacute;n, la cita el&iacute;ptica de las fuentes bibliogr&aacute;ficas,  todas ellas espa&ntilde;olas, y el timbre del discurso, por momentos, ardiente, como  en la frase inaugural: &ldquo;Mis&eacute;rrima visi&oacute;n es la de quien no es capaz de  reconocer todas las posibilidades de la Parte especial del Derecho penal&rdquo;. El asunto,  pr&aacute;cticamente desconocido entonces en el medio chileno, que tolera la estafa  procesal como persiste en el amparo de la desfiguraci&oacute;n forense de las defraudaciones,<sup><a href="#n63">63</a><a name="63" id="63"></a></sup> lo  conoc&iacute;a bien por su experiencia como abogado dictaminador para causas civiles  en que una o entrambas partes enga&ntilde;an al juez con el prop&oacute;sito de causar un  perjuicio patrimonial a la contraria o a terceros. Las prietas l&iacute;neas del  ensayo demuestran la relevancia t&iacute;pica de este abuso, una estafa agravada que  encaja en el C&oacute;digo pese a no consultar &eacute;ste una hip&oacute;tesis <em>ad hoc</em> en su incontenible casuismo de las de fraude. Am&eacute;n de una  persuasiva ilustraci&oacute;n de la tesis central, para la que emplea como hilo  conductor el ejemplo de juicios laborales o ejecutivos simulados por las  partes, Grisol&iacute;a maneja con habil&iacute;sima mano los elementos estructurales de esta  variedad, explicando que el enga&ntilde;o al juez es aqu&iacute; un fen&oacute;meno tan psicol&oacute;gico  como en otra cualquiera de estafa,<sup><a href="#n64">64</a><a name="64" id="64"></a></sup> la  antijuridicidad de las afirmaciones conscientemente falsas del autor o los  coautores mediatos del delito, el car&aacute;cter dispositivo-patrimonial del fallo y  el momento consumativo, que en su opini&oacute;n se produce cuando la sentencia queda  en condiciones de cumplirse. Conciso y rotundo a la vez.<sup><a href="#n65">65</a><a name="65" id="65"></a></sup></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Comparado con el anterior, el  trabajo sobre las asociaciones il&iacute;citas tiene un sentido distinto.<sup><a href="#n66">66</a><a name="66" id="66"></a></sup> Era  la ocasi&oacute;n de reducir a su correcto alcance un delito sumamente dudoso, que  desde la negra cuna en la   Restauraci&oacute;n, cuando los gobiernos europeos salieron a la  caza de enemigos pol&iacute;ticos so capa de congregarse &eacute;stos en asociaciones  perniciosas para el orden p&uacute;blico &ndash;las llamadas &ldquo;sociedades secretas&rdquo;, como los  carbonarios de la primera etapa del constitucionalismo italiano&ndash;,<sup><a href="#n67">67</a><a name="67" id="67"></a></sup> pasando por el temor de las modernas dictaduras hacia quienes se re&uacute;nen a sus  espaldas, llega en el momento actual en el papel de medio con que castigar a  agrupaciones de delincuentes comunes cada vez que el ministerio fiscal no tiene  pruebas suficientes de los delitos singulares que perpetraron o, si las posee,  para abultarles el monto de las penas. Sabedor de estas insidias, que anota a  prop&oacute;sito de la atormentada trayectoria de los C&oacute;digos espa&ntilde;oles, con &eacute;nfasis  en los draconianos preceptos del faccioso de 1944, Grisol&iacute;a se detiene en el  coraz&oacute;n de la figura, la existencia de una organizaci&oacute;n, requisito que supone  permanencia, estabilidad, jerarqu&iacute;a en el consorcio. &ldquo;No basta, por  consiguiente, que se forme una partida de criminales [&hellip;] para que tenga  aplicaci&oacute;n el art&iacute;culo; es necesario, adem&aacute;s, que esa partida constituya un  cuerpo organizado con sus jefes y reglas propias&rdquo;.<sup><a href="#n68">68</a><a name="68" id="68"></a></sup> Por  de contado que estaba en lo cierto<sup><a href="#n69">69</a><a name="69" id="69"></a></sup>. Sin  embargo, como de las asociaciones criminales no existe huella en el Chile  actual &ndash;y tampoco podr&iacute;an darse, vista la robustez del Estado en su faz  policial&ndash;, siendo preciso remontarse algunas d&eacute;cadas atr&aacute;s para encontrarlas,<sup><a href="#n70">70</a><a name="70" id="70"></a></sup> pronto sobrevendr&aacute; un conjunto de disposiciones que nuestro autor, para fortuna  suya, no alcanz&oacute; a leer en el Diario Oficial. Nos referimos a las que han  equiparado las bandas a las asociaciones il&iacute;citas, endurecen la responsabilidad  de los individuos que delinquen al interior de agrupaciones inorg&aacute;nicas y, en  fin, las que se encarnizan penal o procesalmente con pandillas, mejor dicho,  con ni&ntilde;os. No es de sorprenderse, porque una caracter&iacute;stica de la legislaci&oacute;n  de la hora es hacer caso omiso de los cient&iacute;ficos y, mucho nos tememos, del  principio de humanidad.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana">La &uacute;ltima obra es una extensa monograf&iacute;a  sobre la libertad de expresi&oacute;n y el derecho a la honra, que el veterano  profesor dedica a sus maestros.<sup><a href="#n71">71</a><a name="71" id="71"></a></sup> Grisol&iacute;a aparece de cuerpo entero en ella, comenzando por la revelaci&oacute;n del  primer p&aacute;rrafo, a saber, que la manida frase de que dicha libertad y, por  tanto, la de informaci&oacute;n, que es una de sus especies, terminan all&iacute; donde  empieza el derecho al honor, &ldquo;no es digna de un jurista&rdquo;.<sup><a href="#n72">72</a><a name="72" id="72"></a></sup> A  estas alturas, se comprender&aacute; que no le motiva un mero af&aacute;n iconoclasta ni el  prurito de decir cosas sagaces, virtud y <em>pathos</em> del abogado. Aqu&iacute; habla un cient&iacute;fico que se propuso demostrar que en el  conflicto entre la libertad de informaci&oacute;n y el honor de las personas, dos  bienes jur&iacute;dicos constitucionalmente reconocidos, ha de prevalecer en general  la primera. Grisol&iacute;a lo examina en todas sus dimensiones, tanto las que ata&ntilde;en  a la libertad de expresi&oacute;n considerada en s&iacute; misma &ndash;incluyendo el problema de  la censura, el secreto de los periodistas y la causa de justificaci&oacute;n que los  asiste en el ejercicio de su oficio&ndash;, como en su dependencia de una teor&iacute;a  pol&iacute;tica de acendrado liberalismo, a cuya esencia repugnan peticiones de  principio como la denunciada en el p&aacute;rrafo inicial, propia de &ldquo;un pa&iacute;s dominado  por la pacater&iacute;a y el tontogravismo&rdquo;.<sup><a href="#n73">73</a><a name="73" id="73"></a></sup> Bajo  ella se oculta la intenci&oacute;n de poner a la libertad en palabra la peor mordaza,  provista por el brazo armado de la persecuci&oacute;n penal, en circunstancias que as&iacute;  se destruye desde la ra&iacute;z una condici&oacute;n b&aacute;sica del libre comercio de las ideas  requerido por toda democracia. </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana">Si el estudio de la libertad de  expresi&oacute;n traduce la doctrina constitucional que prohij&oacute; el autor, celosa de  las condiciones que posibilitan la real autonom&iacute;a de los individuos y la  preservaci&oacute;n de una vida organizada en libertad, el del honor y los delitos que  lo ofenden, que el libro entreteje con el primero, nos brinda la oportunidad de  adentrarnos en la evoluci&oacute;n del pensamiento de Grisol&iacute;a como criminalista. Por  cierto, es partidario del concepto normativo de este bien jur&iacute;dico en cuanto  proyecci&oacute;n de la dignidad intr&iacute;nseca de la persona humana. Un esp&iacute;ritu  normativo inspira, adem&aacute;s, la apreciaci&oacute;n del tipo de injusto de las injurias,  aspecto capital para fijar el deslinde entre el delito y el ejercicio leg&iacute;timo  de la libertad de informar. El libro descarta que el juicio de antijuridicidad  sea aqu&iacute; de naturaleza h&iacute;brida, objetiva y subjetiva a la vez, porque entiende  que el <em>animus injuriandi</em> tampoco es  un componente de la infracci&oacute;n. Al paso que atribuye al dolo un doble  emplazamiento, en el injusto y la culpabilidad, sostiene que ante una expresi&oacute;n  objetivamente injuriosa, por ende, t&iacute;pica, la exclusi&oacute;n de lo injusto depende  s&oacute;lo de la concurrencia de los elementos de la eximente del ejercicio de un  derecho, que en este caso son el inter&eacute;s p&uacute;blico de la informaci&oacute;n, su  necesidad y la actitud positiva del actor hacia la verdad,<sup><a href="#n74">74</a><a name="74" id="74"></a></sup> nada  m&aacute;s. </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana">Sin embargo de lo anterior, no ha  de creerse que estas p&aacute;ginas trituren la esfera de intimidad de las personas  para que de sus ruinas se yerga victoriosa la libertad de informar&hellip; o el  lucrativo negocio de la prensa.<sup><a href="#n75">75</a><a name="75" id="75"></a></sup> El  an&aacute;lisis que realiza del delito de descubrimiento y relevaci&oacute;n de  conversaciones, comunicaciones, im&aacute;genes o hechos privados, m&aacute;s all&aacute; de la  p&eacute;sima redacci&oacute;n del art&iacute;culo que lo amadriga (161 A del C&oacute;digo penal chileno),  es demostrativo del celo de nuestro penalista por el respeto del &aacute;mbito &iacute;ntimo  de cada cual. As&iacute; se explica que pueda ser sujeto activo quien tom&oacute; parte en la  conversaci&oacute;n o escena, registr&aacute;ndola a hurtadillas del otro, y sujeto pasivo,  tambi&eacute;n un juez u otro funcionario p&uacute;blico en cuyo despacho privado ocurri&oacute; la  reuni&oacute;n.<sup><a href="#n76">76</a><a name="76" id="76"></a></sup> Lo que no hay que  confundir es el secreto de las personas con el secretismo en las actuaciones  procesales, que Grisol&iacute;a vio reflotar en la investigaci&oacute;n de los delitos de  blanqueo de bienes de procedencia delictuosa. El desvelo por la publicidad en  todas las fases del proceso, as&iacute; como el cuestionamiento de los m&eacute;todos de  pesquisa fundados en el enga&ntilde;o, la traici&oacute;n y el disimulo,<sup><a href="#n77">77</a><a name="77" id="77"></a></sup> prolongan aqu&iacute;, en el &uacute;ltimo escrito, un proyecto de investigaci&oacute;n iniciado  cuarenta y tres a&ntilde;os antes.&nbsp; </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana">Grisol&iacute;a hab&iacute;a invertido en  preparar el libro varios a&ntilde;os,<sup><a href="#n78">78</a><a name="78" id="78"></a></sup> el  &uacute;ltimo de los cuales coincide con el desarrollo de la enfermedad que seg&oacute; su  vida, un c&aacute;ncer a la pr&oacute;stata. Tan mancomunadas estaban existencia y quehacer  cient&iacute;fico en este criminalista, que la confirmaci&oacute;n del sombr&iacute;o pron&oacute;stico,  hasta ese momento incierto, la tuvo precisamente el d&iacute;a de la presentaci&oacute;n de  la obra al p&uacute;blico. Con la labor cumplida, el mal pod&iacute;a ya ultimar velozmente la  suya. Francisco Grisol&iacute;a Corbat&oacute;n fallece el 4 de mayo de 2005, a los setenta y seis  a&ntilde;os de edad, en su casa de Santiago. El pensamiento lo querr&iacute;a hoy lejos,  recobrada la felicidad de la infancia, en Barcelona.</font></p>       <p><font size="3" face="Verdana"><strong>6.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Balance.</strong></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><em>&nbsp;</em>Aquilatar la contribuci&oacute;n a Chile  de los emigrados de la guerra espa&ntilde;ola excede el objeto del presente estudio y  las fuerzas de quien lo firma. Ni siquiera est&aacute; en nuestro poder una  apreciaci&oacute;n global de la individualidad de este emigrante, al que conocimos a  trav&eacute;s del producto impreso como penalista. Con todo, no hemos de deponer la  pluma sin un intento de balance, puesto que lo creado deja intuir el  temperamento del creador y porque sus circunstancias personales replican de  alg&uacute;n modo las de aquel grupo, con el aporte que estos hombres, o los m&aacute;s  conspicuos entre ellos, dieron a la cultura nacional. De la consideraci&oacute;n de  los factores intervinientes en el proceso puede desprenderse una mirada  retrospectiva y otra escrutadora del porvenir.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana">Grisol&iacute;a no result&oacute; ser un  escritor tan prol&iacute;fico como algunos miembros de su generaci&oacute;n. Sin embargo, el  motor interno que mov&iacute;a a todos recibi&oacute; dur&iacute;simo golpe, que en muchos sentidos,  incluso el literal, represent&oacute; una cuchillada homicida para la vida del pa&iacute;s.  La ciencia s&oacute;lo puede prosperar en un ambiente de libertad, que infunde  confianza y optimismo en las personas, siendo una verdadera excepci&oacute;n los  hombres que consiguen substraerse a la atm&oacute;sfera opuesta, de agobio y  debilitamiento bajo la tiran&iacute;a. Esto confiere un valor particular al desempe&ntilde;o  de nuestro investigador, as&iacute; por su trabajo en el Instituto de Ciencias Penales  y la calidad de los contados estudios que elabor&oacute; entre 1973 y 1990, como por  la paciencia con que sostuvo la carrera universitaria hasta la eclosi&oacute;n final,  cuando reaparece con la misma fertilidad productiva de los a&ntilde;os sesenta. Si  Grisol&iacute;a public&oacute; menos que otros, eso no se debe a haber descuidado sus deberes  como estudioso. Como la mayor&iacute;a de los chilenos, fue v&iacute;ctima de las condiciones  que se apoderaron de todo un per&iacute;odo hist&oacute;rico.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana">Esto aparte, la imagen  cuantitativa es en su caso sin&oacute;nimo de m&eacute;rito cualitativo. La organizaci&oacute;n  universitaria y el circuito editorial de hoy nos han acostumbrado a un labor&iacute;o  incesante en la ciencia jur&iacute;dica, pero manteni&eacute;ndonos ignaros del riesgo de  transformarnos en m&aacute;quinas que producen objetos en serie, de originalidad  an&eacute;mica y, para colmo, sin atractivo fuera de un grup&uacute;sculo de iniciados. La  creaci&oacute;n intelectual es de suyo demasiado compleja como para hacerla galopar  seg&uacute;n los plazos y el rendimiento que aguardan sus modernos e interesados  mecenas. Al rev&eacute;s, demanda tiempo, meditaci&oacute;n, independencia, variedad, porque  s&oacute;lo con estos ingredientes el investigador crece y su rendimiento objetivo  puede aspirar a alguna conquista, como las que consigui&oacute; el pausado Grisol&iacute;a,  al margen del car&aacute;cter definitivo o provisional del logro. Tuvo parte en ellas  la aversi&oacute;n del autor por la especializaci&oacute;n, mejor dicho, la especializaci&oacute;n  llevada al extremo dentro de su coto cient&iacute;fico, el Derecho penal. Si la  especializaci&oacute;n, pesada r&eacute;mora de la &eacute;poca del positivismo, conspira contra la  formaci&oacute;n del verdadero jurista, que ha de serlo precisamente porque ning&uacute;n  problema ni sector del ordenamiento le son ajenos, a&uacute;n m&aacute;s nociva es la  hiperespecialidad, la unilateral concentraci&oacute;n en un segmento aislado de la  ingente materia. La hiperespecializaci&oacute;n debe considerarse una enfermedad que  devora gradualmente al estudioso, hasta que llega el instante en que de &eacute;l no  resta ni siquiera el especialista, menos a&uacute;n el hombre que se licenci&oacute; en la  universidad y pod&iacute;a entregar una respuesta en sus materias como las que otrora  daba a sus pacientes el m&eacute;dico general. No es hoy misterio alguno que la  especializaci&oacute;n m&eacute;dica puede agravar al paciente, incluso quitarle la vida, a  resultas de la limitaci&oacute;n del campo diagn&oacute;stico y del saber cl&iacute;nico del  galeno.&nbsp;&nbsp; <br /> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <br /> En fin, el meditado adelanto y la  amplitud tem&aacute;tica que trasparecen en los escritos de Francisco Grisol&iacute;a, se  al&iacute;an con esa faceta del individuo que dio el punto de arranque a este repaso  de su periplo. El aborrecimiento de los lugares comunes, en un pa&iacute;s que  acaricia como preciada joya las frases estereotipadas, es una actitud  indispensable para la mejora de nuestro Derecho penal, remover el anquilosado  ordenamiento jur&iacute;dico en su conjunto y, sobre todo, la renovaci&oacute;n de la  sociedad chilena. En la empresa de liberarla de las cadenas del inmovilismo, de  desembrollar el ovillo declamatorio, la palabrer&iacute;a que encubre las  contradicciones del medio en que trabaja el jurista, corresponde prominente  lugar a uno que nos contempl&oacute; con ojos de espa&ntilde;ol, vehemente, severo,  antip&aacute;tico en ocasiones, pero leal, noble y honesto.&nbsp;&nbsp; </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>       <p><strong><font size="3" face="Verdana">NOTAS</font></strong>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#*">*</a></sup><a name="**" id="**"></a>Catedr&aacute;tico de Derecho penal y de Introducci&oacute;n a la Filosof&iacute;a jur&iacute;dica y  moral en la Universidad  de Valpara&iacute;so (Chile). </font>     <p id="ftn2"><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#1">1</a><a name="n1" id="n1"></a></sup>Reserva hecha del artista, cuya superioridad respecto de quienes no lo son  radica en que &eacute;l piensa m&aacute;s r&aacute;pida y ricamente, merced a im&aacute;genes, colores o  sonidos, no s&oacute;lo con las lentas palabras. Este es uno de los factores de que  los verdaderos artistas no gusten del trato con el mundo intelectual, y que su  sola presencia resulte desconcertante y hasta ofensiva para muchos  universitarios, aunque &eacute;stos ignoren la raz&oacute;n de su incomodidad. </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#2">2</a><a name="n2" id="n2"></a></sup> Como  Le&oacute;n Bloy, en su conocida enemiga del mundo burgu&eacute;s decimon&oacute;nico. V&eacute;ase la <em>Ex&eacute;gesis de los lugares comunes</em>. Traducci&oacute;n de  Jos&eacute; Mazzanti. Buenos Aires: Editorial Mundo Moderno, 1951, especialmente pp. 5  y 6.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><em><sup><a href="#3">3</a><a name="n3" id="n3"></a></sup> Forma mentis</em> que no debe ser confundida  con el pensamiento llamado salvaje, el m&iacute;tico o m&aacute;gico, que es tan l&oacute;gico como  el conocimiento cient&iacute;fico, del que se diferencia por su intemporalidad, la  captaci&oacute;n sincr&oacute;nica y diacr&oacute;nica del mundo como un todo. La mentalidad a que  aludimos es una variedad deteriorada del pensamiento &ldquo;domesticado&rdquo; con vistas a  obtener alg&uacute;n rendimiento, de que discurre Claude L&eacute;vi-Strauss, <em>El pensamiento salvaje</em>. Traducci&oacute;n de  Francisco Gonz&aacute;lez Ar&aacute;mburo. M&eacute;xico: Fondo de Cultura Econ&oacute;mica, 2006, cfr. pp.  317, 381 y 388.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#4">4</a><a name="n4" id="n4"></a></sup> Una menci&oacute;n obligada en este  sentido merecen las &laquo;m&aacute;ximas de la experiencia&raquo; en el sistema de valoraci&oacute;n de  la prueba seg&uacute;n la reglas de la sana cr&iacute;tica. No es casual que el C&oacute;digo  procesal penal chileno, entre otros ejemplos que cabr&iacute;a aducir del Derecho  extranjero, las contraponga a los &ldquo;conocimientos cient&iacute;ficamente adquiridos&rdquo;  (art&iacute;culo 297).</font></p>       <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#5">5</a><a name="n5" id="n5"></a></sup> JAMES, William, <em>El Pragmatismo</em>. Traducci&oacute;n del  ingl&eacute;s y Pr&oacute;logo de Luis Rodr&iacute;guez Aranda. Buenos Aires: Aguilar, 6&ordf; ed., 1975,  p. 147.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=3262205&pid=S0718-3399201100020000700001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>    <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#6">6</a><a name="n6" id="n6"></a></sup>Entrambas fechas son inciertas. <sup><a href="#7">7</a><a name="n7" id="n7"></a></sup> El  juicio es de Jacobo Cujas (1522-1590). Recoge la cita CALASSO<em>, Medioevo del diritto</em>.  I. Le fonti. Milano: Giuffr&egrave;, 1954, p. 595. Sobre los lugares comunes y  el argumento de autoridad en los comentaristas, TOM&Aacute;S Y VALIENTE, <em>Manual de Historia del Derecho espa&ntilde;ol</em>.  Madrid: Tecnos, 3&ordf; ed., 1981, pp. 191-192; para la <em>communis opinio</em> en el siglo XVI, CAVANNA, <em>Storia del diritto moderno in Europa</em>. Le fonti e il pensiero  giuridico, 1. Milano: Giuffr&egrave;, 1982, pp. 152-155. </font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#8">8</a><a name="n8" id="n8"></a></sup>El te&oacute;logo y cient&iacute;fico aragon&eacute;s  Miguel de Servet (1511-1553), quemado vivo en Ginebra. La escasa difusi&oacute;n de su  obra <em>Christianismi Restitutio</em>,  incinerada con el autor, explica que la ciencia m&eacute;dica atribuya a William  Harvey (1578-1657) el descomunal hallazgo en cuesti&oacute;n, por ejemplo, HAYWARD, <em>Historia de la Medicina. Traducci&oacute;n de Carlos M. Torres. M&eacute;xico: Fondo de Cultura  Econ&oacute;mica, 2&ordf; ed., 1965, cfr. p. 217.</em></font>        <p id="ftn10"><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#9">9</a><a name="n9" id="n9"></a></sup>Atendidas las condiciones sociales de aquende el Atl&aacute;ntico, mucho nos tememos  que est&aacute; lejos la &ldquo;&eacute;poca dichosa, en que la Am&eacute;rica, a la sombra de gobiernos moderados y de  sabias instituciones sociales, rica, floreciente, libre, vuelva con usura a la Europa el caudal de luces  que hoy le pide prestado&rdquo;, esa &eacute;poca que Andr&eacute;s Bello so&ntilde;&oacute; en 1826. Cfr. <em>Escritos jur&iacute;dicos, pol&iacute;ticos y  universitarios</em>. Selecci&oacute;n y Pr&oacute;logo por Agust&iacute;n Squella Narducci.  Valpara&iacute;so: Edeval (Colecci&oacute;n &ldquo;Juristas perennes&rdquo;, n&uacute;mero 5), 1979, p. 47. </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#10">10</a><a name="n10" id="n10"></a></sup>Agradezco muy especialmente a don Francisco Grisol&iacute;a Cirera una copia del <em>curriculum vitae</em> de su padre,  actualizado por &eacute;ste pocos a&ntilde;os antes de morir, as&iacute; como la larga entrevista  que sostuvimos sobre &eacute;l promediando marzo de 2011. Vaya tambi&eacute;n nuestra  gratitud a los profesores se&ntilde;ores <em>John MacKinnon</em> Roehrs, por habernos facilitado el contenido de la hoja de  servicios de Francisco Grisol&iacute;a en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile;  Jaime N&aacute;quira Riveros, al que debemos un esbozo de la personalidad de su amigo,  as&iacute; como copia de un documento en homenaje a Grisol&iacute;a escrito por su disc&iacute;pulo,  Hugo Rivera Villalobos, y Jean Pierre Matus Acu&ntilde;a, cuyo borrador sobre el  origen, la consolidaci&oacute;n y vigencia de la que &eacute;l denomina nueva dogm&aacute;tica penal  chilena, permiti&oacute; redondear el contexto intelectual en que se movi&oacute; este  miembro de dicha pl&eacute;yade. </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#11">11</a><a name="n11" id="n11"></a></sup>De hecho, al cumplirse el  quincuag&eacute;simo aniversario de la llegada a Chile del barco, la Embajada espa&ntilde;ola en  Santiago organiz&oacute; una ceremonia a la que se invit&oacute; a todos los antiguos  pasajeros que quedaban en el pa&iacute;s, para entregarles una medalla. Grisol&iacute;a no  quiso asistir debido a los trist&iacute;simos recuerdos que le dej&oacute; el episodio. </font></p>    <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#12">12</a><a name="n12" id="n12"></a></sup>Los  nombres de Francisco Grisol&iacute;a y sus padres, entre los dos mil doscientos  pasajeros del c&eacute;lebre bajel, figuran en el registro reproducido por Jos&eacute; Ferrer  Mir, <em>Los espa&ntilde;oles del Winnipeg. El barco  de la esperanza</em>. Santiago de Chile: Ediciones Cal Sogas, 1989, pp. 122 y  128. </font>        <p id="ftn14"><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#13">13</a><a name="n13" id="n13"></a></sup>El padre no abandon&oacute; el esp&iacute;ritu  de trotamundos t&iacute;pico de los marinos ni su deseo de regresar a Espa&ntilde;a, lo que  logra a principios de los a&ntilde;os setenta del pasado siglo merced a una amnist&iacute;a  aprobada por el gobierno espa&ntilde;ol de entonces. All&iacute; se embarca de nuevo, obtiene  el grado de capit&aacute;n y jubila como capit&aacute;n de puerto en una marina de Barcelona.  El deceso de este personaje, que en no pocos aspectos es una contrafigura de su  v&aacute;stago, data de 1980. </font></p>    <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#14">14</a><a name="n14" id="n14"></a></sup>Hasta el final de sus d&iacute;as Grisol&iacute;a se sinti&oacute; frustrado por no haber sido  m&eacute;dico. Registramos el dato para relevar la amplitud de sus intereses  intelectuales. </font>        <p id="ftn16"><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#15">15</a><a name="n15" id="n15"></a></sup>Sobre Schweitzer, v&eacute;ase una rese&ntilde;a en el libro <em>Nullum crimen, nulla poena sine lege</em>. Homenaje a grandes penalistas  chilenos, coordinado por Miguel Schweitzer Walters. Santiago de Chile:  Ediciones Universidad Finis Terrae, 2010, pp. 16-18.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#16">16</a><a name="n16" id="n16"></a></sup>Lo  destacan los profesores Gustavo Labatut Glena (1896-1963), Alfredo Etcheberry  Orthusteguy y Miguel Schweitzer Speisky en sus informes del estudio. Cfr.  GRISOL&Iacute;A, <em>El objeto jur&iacute;dico del delito</em>.  (Proleg&oacute;menos para el estudio de la objetividad jur&iacute;dica en los delitos de  falsedad documental), Santiago de Chile, 1959, pp. I-IV. La publicaci&oacute;n est&aacute;  dedicada a Schweitzer, por quien el disc&iacute;pulo continuar&aacute; nutriendo sentimientos  de gratitud y devoci&oacute;n.&nbsp;&nbsp; </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#17">17</a><a name="n17" id="n17"></a></sup> En  Filosof&iacute;a general, asume la teor&iacute;a de los valores de Max Scheler y Nicolai  Hartmann, a los que estudi&oacute; en versiones castellanas de obras del primero y en  la adaptaci&oacute;n jur&iacute;dica del pensamiento del segundo realizada por Luis Recasens  Siches. En este &uacute;ltimo se inspira principalmente la filosof&iacute;a jur&iacute;dica del  libro.</font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#18">18</a><a name="n18" id="n18"></a></sup><em>El  objeto jur&iacute;dico del delito</em>,  cit., cfr. pp. 23-25, 27-53 (las de mayor densidad filos&oacute;fica) y 80-83. </font>        <p id="ftn20"><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#19">19</a><a name="n19" id="n19"></a></sup>&Iacute;dem, pp. 41, 49 y 53. </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#20">20</a><a name="n20" id="n20"></a></sup>Se casaron en Barcelona el 8 de julio de  1953.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#21">21</a><a name="n21" id="n21"></a></sup>Francisco (1957), m&eacute;dico-cirujano; Leonor (1958), profesora de ingl&eacute;s; Beatriz  (1960), dise&ntilde;adora gr&aacute;fica, y Eugenia (1964), licenciada en Biolog&iacute;a.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#22">22</a><a name="n22" id="n22"></a></sup>&ldquo;El  objeto jur&iacute;dico del delito&rdquo;, en la <em>Revista de Ciencias penales</em>, de Santiago de  Chile, Tercera &eacute;poca, septiembre-diciembre de 1958, n&uacute;mero 3, tomo XVII, pp.  3-85.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#23">23</a><a name="n23" id="n23"></a></sup>Poco antes, fue  secretario t&eacute;cnico de las Segundas Jornadas chileno-uruguayas de Derecho  comparado (Santiago de Chile, 1959).</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#24">24</a> <a name="n24" id="n24"></a></sup>Lleg&oacute; a Espa&ntilde;a desde Lisboa, ciudad en la que asisti&oacute;, como miembro de la  delegaci&oacute;n chilena, al VII Congreso de la Asociaci&oacute;n Internacional  de Derecho penal.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#25">25</a> <a name="n25" id="n25"></a></sup>&ldquo;Investigaci&oacute;n sobre Derecho  procesal penal comparado&rdquo;, en la <em>Revista de Ciencias penales</em>, cit. nota n&deg; 22,  enero-abril de 1963, n&uacute;mero 1, tomo XXII. </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#26">26</a><a name="n26" id="n26"></a></sup> Nos  referimos al proyecto elaborado por el ministro de Justicia Enrique Ort&uacute;zar  Escobar, que separa las funciones de juez instructor y jueces sentenciadores, y  el del magistrado Rub&eacute;n Galecio G&oacute;mez, que busc&oacute;, adem&aacute;s, restablecer el  ministerio p&uacute;blico en su funci&oacute;n acusadora de primera instancia, perdida con la  supresi&oacute;n del servicio en 1927, imprimir celeridad a los juicios mediante el  procedimiento condensado o urgente, y apuntalar los derechos y la defensa del  inculpado dentro del sumario. </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#27">27</a> <a name="n27" id="n27"></a></sup>&Eacute;ste  no cejar&aacute; en el intento. El gobierno lo designa en 1968 miembro de la comisi&oacute;n  redactora de un proyecto de reforma del C&oacute;digo de procedimiento penal y, en  1971, miembro de la comisi&oacute;n redactora de otro sobre procedimiento concentrado  y juicio oral. En 1974 integr&oacute; las comisiones ministeriales de reforma a los  C&oacute;digos penal y procesal penal. </font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p id="div"><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#28">28</a> <a name="n28" id="n28"></a></sup>Las  restantes (Santiago de Chile, 1974; San Crist&oacute;bal, 1976; Madrid, 1978, y Buenos  Aires, 1979) ocurren con Novoa y otros penalistas chilenos en el exilio. En el  siguiente apartado se dir&aacute; que los sucesos de septiembre de 1973 infligieron al  Instituto y sus actividades, como a todo el pa&iacute;s, un golpe del que no  conseguir&iacute;an recuperarse hasta el presente. Una cumplida informaci&oacute;n y un  juicio cr&iacute;tico del Proyecto en palabra, en RIVACOBA y RIVACOBA, <em>Pensamiento penal y criminol&oacute;gico del C&oacute;digo  penal tipo para Iberoam&eacute;rica</em>, en: NAVARRETE, Polaino (compilador), <em>Estudios jur&iacute;dicos sobre la reforma penal</em>.  C&oacute;rdoba (Espa&ntilde;a): Servicio de Publicaciones de la Universidad de  C&oacute;rdoba, pp. 215-244. </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><em><sup><a href="#29">29</a> <a name="n29" id="n29"></a></sup></em>De  estos a&ntilde;os datan varios art&iacute;culos en colaboraci&oacute;n con Eduardo Novoa Monreal, a  saber, &ldquo;Suggestions pour l&rsquo;organitation d&rsquo;estudes preparatoires d&rsquo;un Projet de  Code penal type&rdquo;, en la <em>Revue Internationale de Droit p&eacute;nal</em>, Par&iacute;s, n&uacute;meros 1 y 2,  primer y segundo trimestres de 1965; &ldquo;Proyecto de C&oacute;digo penal tipo para  Iberoam&eacute;rica&rdquo;, en <em>Lecturas Jur&iacute;dicas</em>,  de Chihuahua, n&uacute;mero 14, enero-marzo de 1963; &ldquo;Proyecto de C&oacute;digo penal tipo  para Iberoam&eacute;rica&rdquo;. Antecedentes, plan de trabajo, documentos preparatorios,  Santiago, 1963; &ldquo;Proyecto de C&oacute;digo penal tipo para Latinoam&eacute;rica&rdquo;, en la <em>Revista de Derecho espa&ntilde;ol y americano</em>, de  Madrid, a&ntilde;o VIII, 2&ordf; &Eacute;poca, 1963; &ldquo;Proyecto de C&oacute;digo penal tipo para Latinoam&eacute;rica&rdquo;,  en <em>La Ley</em>, de Buenos Aires, 1971, y &ldquo;Vers un project  de Code penal type pour l&rsquo;Amerique Latine&rdquo;, en <em>Revue de Science criminelle et de Droit p&eacute;nal compar&eacute;</em>, de Par&iacute;s,  n&uacute;mero 1, 1964. V&eacute;ase, tambi&eacute;n, s&oacute;lo de GRISOL&Iacute;A, &ldquo;Estudios sobre los antecedentes,  or&iacute;genes y labores de la   Comisi&oacute;n redactora del C&oacute;digo penal tipo para Latinoam&eacute;rica&rdquo;,  en la <em>Revista Mexicana de Derecho penal</em>, n&uacute;mero 4, 1971. </font></p>    <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#30">30</a><a name="n30" id="n30"></a></sup><em>El C&oacute;digo penal tipo para Hispanoam&eacute;rica:  proceso formativo y estudio cr&iacute;tico</em>. Madrid, 1967. 150 p&aacute;gs.</font>        <p id="div4"><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#31">31</a><a name="n31" id="n31"></a></sup>&ldquo;Esquema  cr&iacute;tico de la   Seguridad Social chilena&rdquo;, en la <em>Revista Iberoamericana de Seguridad Social</em>, n&uacute;mero 4 del a&ntilde;o XVI (1967). </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#32">32</a><a name="n32" id="n32"></a></sup>Se  publica en el <em>Anuario de Derecho penal y  Ciencias penales</em>, de Madrid, t. XX, fasc&iacute;culos I y II, enero-agosto de  1967, pp. 289-332. </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#33">33</a><a name="n33" id="n33"></a></sup>Lagunas del conocimiento que, desafortunadamente, han permanecido en buena  medida intactas hasta el d&iacute;a de hoy. </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#34">34</a><a name="n34" id="n34"></a></sup>&ldquo;La  reforma penal en Chile&rdquo;, cit. nota n&deg; 32, pp. 331-332.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#35">35</a><a name="n35" id="n35"></a></sup>V&eacute;ase  su comentario jurisprudencial en la <em>Revista de Ciencias Penales</em>, cit. nota n&deg; 22,  n&uacute;mero 3, 1964, tomo XXIII, pp. 283-284.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#36">36</a><a name="n36" id="n36"></a></sup>Grisol&iacute;a, empero, no qued&oacute; conforme con el C&oacute;digo procesal penal, aprobado el  a&ntilde;o 2000, al que juzg&oacute; &ldquo;americanizado&rdquo; en exceso. Y hay que decir que no andaba  descaminado al privilegiar el modelo acusatorio europeo. </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><em><sup><a href="#37">37</a><a name="n37" id="n37"></a></sup></em>Raz&oacute;n por la cual &ldquo;el  Estado se encuentra ante el inexcusable deber de sufragar, como sea, los gastos  en su m&iacute;nimo indispensable&rdquo;. &ldquo;La reforma penal en Chile&rdquo;, cit. nota n&deg;  32, p. 331.</font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#38">38</a><a name="n38" id="n38"></a></sup><em>Derecho penal chileno</em>. Parte especial. Tomo  I (&uacute;nico publicado). Santiago de Chile: Ediciones Encina, 1971 (con varias  reimpresiones por distintas editoriales; la &uacute;ltima, en 2006). </font>        <p id="div12"><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#39">39</a><a name="n39" id="n39"></a></sup>GUZM&Aacute;N DALBORA, &ldquo;Estudio necrol&oacute;gico: Sergio  Politoff Lifschitz o la perseverancia creadora de una vida emigrante.&rdquo; En <em>Cuadernos de Pol&iacute;tica Criminal</em>. Madrid: Edersa  (Editoriales de Derecho Reunidas), n&uacute;mero 100 (2010), pp. 275-302. Adem&aacute;s, en <em>Revista de Estudios de la Justicia</em>, Centro de  Estudios de la Justicia  de la Facultad  de Derecho de la   Universidad de Chile, Santiago de Chile, n&uacute;mero 12 (2010), pp.  13-39, y en <em>Pol&iacute;tica Criminal</em>.  Revista electr&oacute;nica semestral de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas en materias penales. Centro  de Estudios de Derecho penal de la Universidad de Talca, Santiago de Chile, n&uacute;mero 8  (2009), D1-9, pp. 1-20, disponible en internet, <a href="http://www.politicacriminal.cl/n_09/d_1_9.pdf" target="_blank">http://www.politicacriminal.cl/n_09/d_1_9.pdf</a></font></p>    <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#40">40</a><a name="n40" id="n40"></a></sup>Cfr.  BUSTOS/GRISOL&Iacute;A/POLITOFF, <em>Derecho penal  chileno</em>, op., vol. et ed. cits., pp. 10-12.</font>        <p id="div14"><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#41">41</a><a name="n41" id="n41"></a></sup>El libro con sus colegas lo toca  de pasada en la cuesti&oacute;n de la incomunicabilidad a part&iacute;cipes <em>extranei </em>del parentesco como elemento  t&iacute;pico del delito de parricidio. &Iacute;dem, cfr. p. 128. </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#42">42</a><a name="n42" id="n42"></a></sup>&ldquo;En  el desempe&ntilde;o de mis actividades posteriores, no recuerdo haber podido componer  alg&uacute;n art&iacute;culo, escrito de fondo, nota jurisprudencial o material de clases,  sin el apoyo bibliogr&aacute;fico de las obras de Jim&eacute;nez de As&uacute;a; sin sus ideas en  numerosas oportunidades&rdquo;. &ldquo;Jim&eacute;nez de As&uacute;a y las nuevas generaciones de  penalistas&rdquo;, en la <em>Revista de Ciencias Penales</em>, enero-junio de  1971, n&uacute;mero 1, tomo XXX, p. (9-11) 10. A&ntilde;os antes Grisol&iacute;a prepar&oacute; una  recensi&oacute;n del tomo VI del Tratado de aqu&eacute;l. Cfr., de la misma Revista, el  n&uacute;mero 3, septiembre-diciembre de 1963, tomo XXII, pp. 364-367. Es muy exacta  su apreciaci&oacute;n de que el car&aacute;cter enciclop&eacute;dico, que indiscutiblemente posee el  Tratado, y la colosal erudici&oacute;n del autor, no restan un &aacute;pice al sello y la  elaboraci&oacute;n originales de las ideas que &eacute;ste va entramando en la discusi&oacute;n del  pensamiento ajeno. Har&iacute;an bien los j&oacute;venes doctores en aprender de esta manera  de investigar, renunciando de una vez por todas al enojoso apartado &ldquo;toma de  posici&oacute;n&rdquo; o &ldquo;postura personal&rdquo;, que se suele leer en las tesis y monograf&iacute;a  actuales a remolque de la exposici&oacute;n, interminable y fastidiosa, de las ideas  de otros, un procedimiento que traiciona que el autor piensa a medida que  escribe, no escribe lo ya organizado en su pensamiento.</font></p>    <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#43">43</a><a name="n43" id="n43"></a></sup>&ldquo;La  remisi&oacute;n condicional de la pena y la libertad condicional en el sistema chileno  de ejecuci&oacute;n de las sanciones&rdquo;, en la <em>Revista de Ciencias Penales</em>, enero-abril de 1973, n&uacute;mero 1,  tomo XXXII, pp. 93-110.</font>        <p id="div17"><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#44">44</a><a name="n44" id="n44"></a></sup>Cfr. <em>C&oacute;digo penal tipo para Latinoam&eacute;rica</em>.  Materiales publicados bajo la direcci&oacute;n del Prof. Francisco Grisol&iacute;a Corbat&oacute;n.  3 vols. Santiago de Chile: Editorial Jur&iacute;dica de Chile, 1973.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#45">45</a><a name="n45" id="n45"></a></sup>En  su <em>curr&iacute;culum</em> registra el a&ntilde;o 1992  como el de cese en la direcci&oacute;n de la Revista de Ciencias Penales.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#46">46</a><a name="n46" id="n46"></a></sup>Cfr. <em>Revista de Ciencias Penales</em>, julio-diciembre de 1975, n&uacute;mero 2,  tomo XXXIV, pp. 208-215. Despojado del lamentable entorno ocasional, el  comentario reviste valor por su firme defensa de la libertad del inculpado como  la regla en el proceso, puesto que &ldquo;el mal llamado &lsquo;beneficio&rsquo; de la libertad  provisional es un derecho que proceder&aacute; <em>siempre</em>,  es decir, en todo caso y con respecto a todo delito, cualquiera que sea la  nominaci&oacute;n o entidad punitiva&rdquo;, y el rechazo de las disposiciones denominadas  &ldquo;program&aacute;ticas&rdquo; en una Constituci&oacute;n, esto es, principios carentes de poder  preceptivo mientras no los desarrolle la ley. Esta suposici&oacute;n, que para el  comentarista es un mito nacido &ldquo;de una curiosa pacater&iacute;a interpretativa cuyo  &eacute;xito no logramos entender&rdquo;, gozaba, en efecto, de mucho predicamento en  aquellos a&ntilde;os. </font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#47">47</a><a name="n47" id="n47"></a></sup>La  intervenci&oacute;n de Grisol&iacute;a est&aacute; documentada en <em>Actas de las Jornadas internacionales de Derecho penal en celebraci&oacute;n  del centenario del C&oacute;digo penal chileno</em>. Edici&oacute;n y Pr&oacute;logo de Manuel de  Rivacoba y Rivacoba. Valpara&iacute;so: Edeval, 1975, cfr. pp. 233-234.</font></p>    ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#48">48</a><a name="n48" id="n48"></a></sup>&ldquo;La  comunicabilidad en los delitos de malversaci&oacute;n y fraude&rdquo;. Separata de la<em> Revista de Ciencias  Penales</em>, tomo XXXIV, n&uacute;mero 1, 1975.</font>        <p id="div22"><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#49">49</a><a name="n49" id="n49"></a></sup>La  historia, incluso nuestros d&iacute;as, revelan que este no es un problema  circunstancial ni privativo de las dictaduras. Componentes autoritarios  enquistados en las democracias modernas han conseguido descalabrar la  distinci&oacute;n de autores y part&iacute;cipes en los delitos de su s&iacute;labo, que se va  extendiendo r&aacute;pidamente desde el terrorismo y las asociaciones il&iacute;citas hacia  el tr&aacute;fico de drogas, la producci&oacute;n de pornograf&iacute;a con menores de edad, etc.  Sobre el particular, Hurtado Pozo, <em>Manual  de Derecho penal</em>. Parte general, I. Lima: Grijley, 3&ordf; ed., 2005, cfr. pp.  911-913.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#50">50</a><a name="n50" id="n50"></a></sup>&ldquo;La comunicabilidad en  los delitos de malversaci&oacute;n y fraude&rdquo;, cit. nota n&deg; 48, p. 3.</font></p>    <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#51">51</a><a name="n51" id="n51"></a></sup>O  sea, el art&iacute;culo 60 del antiguo C&oacute;digo hispano (art. 65 del C&oacute;digo de 1995).  V&eacute;ase C&Oacute;RDOBA RODA, en <em>Comentarios al  C&oacute;digo penal</em>. 3 vols. Barcelona: Ariel, t. II, 1972, p. 252.</font>        <p id="div25"><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#52">52</a><a name="n52" id="n52"></a></sup>&ldquo;La  comunicabilidad en los delitos de malversaci&oacute;n y fraude&rdquo;, cit. nota n&deg; 48, cfr.  pp. 29-37.</font></p>    <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#53">53</a><a name="n53" id="n53"></a></sup>&ldquo;La  comunicabilidad en los delitos de malversaci&oacute;n y fraude&rdquo;, cit. nota n&deg; 48, p.  22. En p&aacute;ginas 20-21 desarrolla el razonamiento al hilo de las indicaciones de  Gonzalo Rodr&iacute;guez Mourullo y Giuseppe Bettiol, el m&aacute;ximo representante de la Jurisprudencia de  los valores en Italia.</font>        <p id="div27"><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#54">54</a><a name="n54" id="n54"></a></sup>Recuerda su generosa disposici&oacute;n hacia los estudiantes la nota necrol&oacute;gica de  Vivian Bullemore Gallardo, &ldquo;En memoria de Francisco Grisol&iacute;a Corbat&oacute;n&rdquo;,  publicada por <em>La Semana Jur&iacute;dica</em>, de  Santiago de Chile, n&uacute;mero 239, semana de 6 a 12 de junio de 2005. </font></p>    <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#55">55</a><a name="n55" id="n55"></a></sup>Puede consultarse las palabras que pronunci&oacute; en recuerdo del hermano de su  maestro en la <em>Revista de Ciencias Penales</em>, cit., 1978-1981,  tomo XXXVII, vol. II, p&aacute;gs. 195-196. </font>        <p id="ftn29"><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#56">56</a><a name="n56" id="n56"></a></sup>Hasta 2003, a&ntilde;o del retiro de la abogac&iacute;a, fue asesor en asuntos penales de un  importante banco del pa&iacute;s.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#57">57</a><a name="n57" id="n57"></a></sup>Diez  a&ntilde;os antes hab&iacute;a impartido otro, sobre problemas modernos de los delitos contra  la vida y salud humanas, en la sede de Valpara&iacute;so de la Universidad de Chile.</font></p>       ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#58">58</a><a name="n58" id="n58"></a></sup>Como la recuperaci&oacute;n de la  nacionalidad espa&ntilde;ola, que data de 1980.</font></p>       <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#59">59</a><a name="n59" id="n59"></a></sup>En el  Derecho, esto vale ante todo para las ramas constitutivas de bienes jur&iacute;dicos,  en lo que la mente vuela de inmediato hacia los &aacute;mbitos civil, laboral y  procesal, sin olvidar la zona m&aacute;s sospechosa, la constitucional. Pero dada la  naturaleza garantizadora del Derecho punitivo, los vicios contra&iacute;dos en  aqu&eacute;llas repercuten forzosamente en &eacute;ste.&nbsp; <sup><a href="#60">60</a><a name="n60" id="n60"></a></sup>ARENAL, Concepci&oacute;n <em>Obras completas</em>.  23 vols. Madrid: Librer&iacute;a de Victoriano Su&aacute;rez, 1&ordf; ed., 1894-1897, t. X (<em>Las colonias penales de la Australia y la pena de  deportaci&oacute;n</em>), 1895, p. 133.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#61">61</a><a name="n61" id="n61"></a></sup>&ldquo;La  estafa procesal en el Derecho penal chileno&rdquo;, en la <em>Revista   Chilena de Derecho</em>,  publicaci&oacute;n de la   Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Chile, Santiago de Chile,  vol. 24, n&uacute;mero 3(1997), pp. 417-422.</font></p>    <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#62">62</a><a name="n62" id="n62"></a></sup>Conservo  una copia del original de la conferencia, de 19 p&aacute;ginas escritas en ordenador.  Me la proporcion&oacute; mi maestro, Manuel de Rivacoba, quien acompa&ntilde;&oacute; a Grisol&iacute;a en  la oportunidad. </font>          <p id="div33"><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#63">63</a><a name="n63" id="n63"></a></sup>Esto es, las denuncias y  querellas por estafa, apropiaci&oacute;n indebida y otros fraudes como medio con que  forzar, a trav&eacute;s de la coerci&oacute;n del proceso penal, el cumplimiento de simples  obligaciones civiles que el deudor dej&oacute; insatisfechas. <sup><a href="#64">64</a><a name="n64" id="n64"></a></sup>Pues  hay que distinguir &ldquo;la imagen normativa del magistrado y la del juez emp&iacute;rico  encarnado en la funci&oacute;n jurisdiccional pr&aacute;ctica. Mientras que el abuso del  juez, como personificaci&oacute;n del Poder judicial, origina un ataque a la Administraci&oacute;n de  Justicia, la inducci&oacute;n al juez de la experiencia se encuadra en el tipo de la  estafa cuando causa una lesi&oacute;n t&iacute;pica al patrimonio&rdquo;. &ldquo;La estafa procesal en el  Derecho penal chileno&rdquo;, cit. nota n&deg; 61, p. 417. Esta afirmaci&oacute;n, por dem&aacute;s  certera, es caracter&iacute;stica del neoclasicismo en que se form&oacute; el autor. La  suposici&oacute;n de que el juez puede ser enga&ntilde;ado por las partes s&oacute;lo a causa de su  funci&oacute;n, o sea, normativamente, y no en t&eacute;rminos psicol&oacute;gicos, la rebatir&aacute;  cualquier abogado familiarizado con la pr&aacute;ctica forense, cuyo era el caso de  Grisol&iacute;a. </font>        <p id="div35"><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#65">65</a><a name="n65" id="n65"></a></sup>La  cuesti&oacute;n ser&aacute; objeto de un estudio m&aacute;s extenso, que viene a ser el segundo  despu&eacute;s del que comentamos, s&oacute;lo varios lustros despu&eacute;s. V&eacute;ase HERN&Aacute;NDEZ  BASUALTO, &ldquo;La estafa triangular en el Derecho penal chileno, en especial la  estafa procesal&rdquo;, en <em>Revista de Derecho</em>,  publicaci&oacute;n de la Facultad  de Ciencias Jur&iacute;dicas y Sociales de la Universidad Austral  de Chile, Valdivia, vol. XXIII, n&uacute;mero 1 (julio de 2010), pp. 201-231. <sup><a href="#66">66</a><a name="n66" id="n66"></a></sup>&ldquo;El  delito de asociaci&oacute;n il&iacute;cita&rdquo;, en la <em>Revista Chilena de Derecho</em>, vol. 31, n&uacute;mero 1 (2004),  pp. 75-88.</font></p>    <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#67">67</a><a name="n67" id="n67"></a></sup> Interesant&iacute;simo al respecto, DE RUGGIERO, Guido, <em>Historia del liberalismo europeo</em>. Traducci&oacute;n de Carlos G. Posada.  Edici&oacute;n al cuidado de Jos&eacute; Luis Monereo P&eacute;rez. Granada: Comares, 2005, pp.  297-303. </font>          <p id="div38"><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#68">68</a><a name="n68" id="n68"></a></sup> &ldquo;El  delito de asociaci&oacute;n il&iacute;cita&rdquo;, cit. nota n&deg; 66, p. 82.<sup><a href="#69">69</a><a name="n69" id="n69"></a></sup>Las  necrolog&iacute;as no son indicadas para que el bi&oacute;grafo discrepe del biografiado,  quien tampoco podr&iacute;a replicarle. As&iacute; y todo, creemos no cometer un exceso al  observar que su apego a la dogm&aacute;tica espa&ntilde;ola le juega una mala pasada tanto en  el bien jur&iacute;dico del delito, que &eacute;l entronca en la libertad de asociaci&oacute;n, como  al subscribir sin ambages la tesis del concurso real entre la asociaci&oacute;n y los  delitos particulares de su calendario criminoso. </font>        <p id="div40"><font size="2" face="Verdana"><em><sup><a href="#70">70</a><a name="n70" id="n70"></a></sup></em>S&oacute;lo  que en los cr&iacute;menes m&aacute;s graves contra la seguridad del Estado. <em><sup><a href="#71">71</a><a name="n71" id="n71"></a></sup>Libertad de expresi&oacute;n y derecho a la honra</em>. Santiago de Chile: LexisNexis,  2004. II + 355 p&aacute;gs. </font></p>     <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#72">72</a><a name="n72" id="n72"></a></sup><em>Libertad de expresi&oacute;n y derecho a la honra</em>, cit. nota n&deg;  71, p. 1.</font></p>         ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana"><em><sup><a href="#73">73</a><a name="n73" id="n73"></a></sup> Libertad de expresi&oacute;n y derecho a la honra</em>, cit. nota n&deg;  71, p. 143. </font></p>         <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#74">74</a><a name="n74" id="n74"></a></sup> O diligencia en la comprobaci&oacute;n  de la fuente y la veracidad del hecho informado (verdad subjetiva). <em>Libertad de expresi&oacute;n y derecho a la honra</em>,  cit. nota n&deg; 71, cfr. pp. 110-111. </font></p>         <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#75">75</a><a name="n75" id="n75"></a></sup> El  autor tuvo l&uacute;cida conciencia de las amenazas de este y otros lados obscuros de  la libertad de prensa &ndash;como la concentraci&oacute;n monop&oacute;lica de los medios de  comunicaci&oacute;n y la ausencia de pluralidad ideol&oacute;gica en ellos&ndash; para la intimidad  individual, como puede verse en p&aacute;gs. 26-33 del libro. </font></p>         <p><font size="2" face="Verdana"><em><sup><a href="#76">76</a><a name="n76" id="n76"></a></sup> Libertad de expresi&oacute;n y derecho a la honra</em>, cit. nota n&deg; 71, cfr.  pp. 171-174. No as&iacute;, en cambio, los sujetos que abren voluntariamente el  espacio de protecci&oacute;n de su honra y vida privada, como las gentes &ldquo;de la  llamada &lsquo;far&aacute;ndula&rsquo; (profesi&oacute;n de los farsantes), que lucran con su intimidad y  pudor para deleite de un sensacionalismo barato y m&oacute;rbido&rdquo; (p&aacute;g. 213). </font></p>         <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#77">77</a><a name="n77" id="n77"></a></sup> Como  valerse de informantes de la polic&iacute;a, es decir, vulgares &ldquo;soplones&rdquo; que son  generalmente delincuentes que obran por un est&iacute;mulo en dinero o por pactos de  impunidad; introducir en las filas del terrorismo o de la delincuencia  organizada &ldquo;infiltrados&rdquo; que est&aacute;n, ellos tambi&eacute;n, obligados a cometer delitos  para ganarse la confianza de quienes infiltran. En suma, todo un conjunto de  acciones que, obviamente, caen dentro de la ley penal. &iquest;Puede la ley, a su vez,  arreglar esta contradicci&oacute;n tan evidente e insoslayable? <em>Libertad de  expresi&oacute;n y derecho a la honra</em>, cit. nota n&deg; 71, p. 259. Grisol&iacute;a opinaba que no, confiando  en la teor&iacute;a de la adecuaci&oacute;n social en su funci&oacute;n de causa de atipicidad.&nbsp; </font></p>         <p><font size="2" face="Verdana"><sup><a href="#78">78</a><a name="n78" id="n78"></a></sup> A lo  menos siete, como se puede deducir del art&iacute;culo &ldquo;Libertad de informaci&oacute;n y  derecho a la honra&rdquo;, en la <em>Revista del Abogado</em>, Santiago de Chile, n&uacute;mero  10 (1997). </font></p>      ]]></body><back>
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<source><![CDATA[Estudio necrológico: Sergio Politoff Lifschitz o la perseverancia creadora de una vida emigrante: Cuadernos de Política Criminal]]></source>
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