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<publisher-name><![CDATA[Universidad de Tarapacá<br>Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas<br>Departamento de Antropología]]></publisher-name>
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<article-title xml:lang="es"><![CDATA[PLANTAS PARA LA ETERNIDAD]]></article-title>
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<abstract abstract-type="short" xml:lang="en"><p><![CDATA[In general, the most representative element of ancient Egypt is its colossal architecture and the extraordinary beauty of its numerous murals depicting explicit burial ceremonies. From these murals very interesting information can be gathered regarding the use of narcotic plants for worshiping the gods and in funerary rites to give a new immortal and divine category to the deceased. Thanks to the study of these paintings and carvings of opened tombs of the new empire we can establish a correlation between the offerings to the dead and certain sedatives and hallucinogenic plants: Lactuca, Nymphaea caerulea y Nymphaea alba, Cannabis sativa, Mandrágora officinarum, Solanum dulcamara, Papaver somniferum y Calystegia sepium, that the nilotic civilization used during their ceremonies. All these plants and their variants, were combined with others to decrease the toxic side effects, to make necklaces, and ornaments as offerings for the hereafter]]></p></abstract>
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</front><body><![CDATA[ <CENTER> <H4> PLANTAS PARA LA ETERNIDAD</H4></CENTER>      <CENTER><I>Mar&iacute;a Bego&ntilde;a del Casal Aretxabaleta<A HREF="#*">*</A></I></CENTER>       <P><small><a name="*"></a>*Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Egiptolog&iacute;a, Isla    Saipan N<SUP>0 </SUP>22, 28035 Madrid, Espa&ntilde;a.     <BR>   Recibido: mayo 1999. Aceptado: diciembre 2000.</small>      <P>En t&eacute;rminos generales, lo m&aacute;s representativo del Antiguo Egipto es su colosal arquitectura y la extraordinaria belleza de sus abundantes murales, estos muy expl&iacute;citos en cuanto al tema de los entierros. De ellos se desprenden informaciones tan interesantes como el empleo de plantas estupefacientes en el culto a los dioses y en el rito funerario, algo que daba categor&iacute;a inmortal y casi divina al finado. Gracias a la atenta observaci&oacute;n de estas pinturas y bajorrelieves puede establecerse la necesaria relaci&oacute;n entre los restos de las ofrendas a los muertos, hallados en tumbas invioladas del Imperio Nuevo, y los usos que la civilizaci&oacute;n nil&oacute;tica hizo, durante los actos luctuosos, de ciertas plantas poseedoras de altos poderes sedantes y alucin&oacute;genos: Lactuca, Nymphaea caerulea y Nymphaea alba, Cannabis sativa, Mandr&aacute;gora officinarum, Solanum dulcamara, Papaver somniferum y Calystegia sepium. Todas ellas unas variantes bot&aacute;nicas que, h&aacute;bilmente combinadas con otras, espec&iacute;ficamente destinadas a contrarrestar sus desagradables efectos t&oacute;xicos, fueron pr&oacute;digamente utilizadas en la confecci&oacute;n de collares, guirnaldas, diademas, ofrecidas como alimentos para el M&aacute;s All&aacute;, e incluso, siendo sus alcaloides parte de ung&uuml;entos o cosm&eacute;ticos.      <P><B>Palabras Claves</B><I>: </I>Egipto, funerales, flores, narc&oacute;ticos, alucin&oacute;genos, mandr&aacute;go<I>ra, opio.</I>      <P>In <I>general, the most representative element of ancient Egypt is its colossal architecture and the extraordinary beauty of its numerous murals depicting explicit burial ceremonies. From these murals very interesting information can be gathered regarding the use of narcotic plants for worshiping the gods and in funerary rites to give a new immortal and divine category to the deceased. Thanks to the study of these paintings and carvings of opened tombs of the new empire we can establish a correlation between the offerings to the dead and certain sedatives and hallucinogenic plants: Lactuca, Nymphaea caerulea y Nymphaea alba, Cannabis sativa, Mandr&aacute;gora officinarum, Solanum dulcamara, Papaver somniferum y Calystegia sepium, that the nilotic civilization used during their ceremonies. All these plants and their variants, were combined with others to decrease the toxic side effects, to make necklaces, and ornaments as offerings for the hereafter.</I>      <P><I><B>Key words: </B>Egypt, funerals, flowers, narcotic<B>, </B>hallucinogenic plants, mandragora, opium.</I>      <P>De entre los grupos humanos que en la Antig&uuml;edad poblaron la cuenca mediterr&aacute;nea, el egipcio destaca vivamente por la originalidad de su civilizaci&oacute;n. Durante m&aacute;s de tres mil a&ntilde;os, regidas por una elite culta y refinada, todas las clases sociales del Pa&iacute;s del Nilo se desenvolvieron en un ambiente profundamente religioso. Hubo magn&iacute;ficas im&aacute;genes de culto, algunas cinceladas en oro puro, en cada uno de los grandiosos templos que jalonan el curso del r&iacute;o Nilo; el cual, a su vez, tambi&eacute;n estuvo considerado una divinidad relacionada con la generosidad y la abundancia. Cada hogar, desde el fastuoso palacio fara&oacute;nico hasta la choza del humilde campesino, cont&oacute; con un peque&ntilde;o sagrario, situado en lugar preferente, ante el que sus moradores e invitados veneraban a la divinidad por la que el cabeza de familia sent&iacute;a especial devoci&oacute;n.      <P>Sin que ello sorprendiera o hiciera tambalear la fe de los egipcios, fueron muchos los dioses demiurgos que poblaron los santuarios: Atum, Ra, Ptah, Herishef, etc. Pero adem&aacute;s, el nutrido pante&oacute;n egipcio cont&oacute; con infinidad de deidades para cada momento de la vida o situaci&oacute;n particular, por ejemplo: Hathor, asociada con la belleza, la m&uacute;sica y el amor; Bes, con el sue&ntilde;o, la alegr&iacute;a y la infancia; Tot, conocedor de los arcanos m&aacute;s profundos del pasado y el futuro, inventor de los idiomas, la escritura y las artes. Pero ha sido el tr&iacute;o familiar compuesto por Isis, Osiris y Horus el que ha conseguido trascender su cultura originaria con mayor &eacute;xito. Existen indicios suficientes para asegurar que cinco mil a&ntilde;os atr&aacute;s los reyes rindieron culto a Osiris en el enclave de Abidos (Egipto central), y que veinte siglos despu&eacute;s su religi&oacute;n estaba totalmente extendida. El ejemplo osir&iacute;aco fue el primer exponente de la esperanza en la existencia inmortal ofreciendo una repetici&oacute;n de vida plena y grata, en nada semejante al inframundo propuesto por credos posteriores. El mito de Osiris cuenta c&oacute;mo este dios, despu&eacute;s de ser traicioneramente asesinado y desmembrado por su envidioso hermano Set, es recompuesto por su amante esposa, Isis, tras recorrer la tierra en busca de sus despojos dispersos e ir uni&eacute;ndolos mediante apretados vendajes. Una vez conseguida esta meta, Isis, con sus dones de gran maga, dota al cuerpo momificado de su esposo de una existencia diferente a la que tuvo antes de morir: la vida eterna. Convertido de este modo en el rey de los muertos resucitados, Osiris siempre tuvo una inconfundible representaci&oacute;n momiforme.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>La momia, o m&aacute;s exactamente el cuerpo embalsamado de cualquier egipcio, lleg&oacute; a ser una verdadera pieza de artesan&iacute;a que, en los casos de los faraones Tutmosis IV y Seti I, roz&oacute; el arte. Setenta d&iacute;as invert&iacute;an los especialistas embalsamadores en conseguir su obra. Comenzaba por la evisceraci&oacute;n selectiva de h&iacute;gado, pulmones, intestinos y est&oacute;mago, obtenidos a trav&eacute;s de una incisi&oacute;n abdominal en el costado izquierdo. La limpieza ritual del cuerpo inerte segu&iacute;a con la extracci&oacute;n de los sesos a trav&eacute;s de la nariz, perforando el hueso etmoides y alcanzando la masa cerebral por medio de unos ganchillos de mango largo. Luego, le llegaba la hora a la total desecaci&oacute;n del cad&aacute;ver, tendido en una mesa y totalmente cubierto con una envoltura de sales de natr&oacute;n. Pasados unos cuarenta d&iacute;as, se limpiaba de sales el cuerpo seco con vinos de palma y se pasaba al proceso del vendaje, comenzando por los dedos de pies y manos, para continuar con los miembros y terminar con la cabeza y el tronco. Dependiendo del poder adquisitivo que el finado hubiera tenido en vida, entre las vueltas del vendaje se intercalaban joyas y amuletos de mayor o menor valor. Bien sujetas las bandas de lino por medio de sucesivos aportes de una goma extra&iacute;da de la acacia, el cuerpo seco, meticulosamente vendado, quedaba r&iacute;gido y ligero de peso. Mediante estos m&eacute;todos, laboriosos y complejos, que requer&iacute;an unos conocimientos muy puntuales, se consegu&iacute;a que un cuerpo, humano o animal, quedara convertido en algo casi imperecedero y listo para su tr&aacute;nsito al M&aacute;s All&aacute;. Pero a&uacute;n faltaban ciertos detalles de identidad. Por ejemplo, la inscripci&oacute;n de su nombre y sus cargos sobre la mortaja, y el ata&uacute;d antropomorfo reproduciendo las facciones de su propietario, hecho en madera o cart&oacute;n. En el caso de la realeza varios consecutivos, que a su vez se proteg&iacute;an con impresionantes sarc&oacute;fagos rectangulares que, en ocasiones, estuvieron elaborados a partir de un solo bloque de piedra tan dura como puede ser la cuarcita.      <P>El entierro egipcio constituy&oacute; un verdadero espect&aacute;culo. Abriendo el camino, los sacerdotes funerarios regaban el suelo que iba a pisar la comitiva con aspersiones de leche. Tras ellos marchaba el oficiante, un sacerdote <I>sem</I>, que pod&iacute;a ser un cl&eacute;rigo adscrito al ritual funerario o el heredero del muerto. Tras &eacute;l, arrastrado por una pareja de bovinos y sobre un pat&oacute;n con forma de trineo, que facilitaba su arrastre sobre las arenas des&eacute;rticas, iba el catafalco cubierto por ricos tapices conteniendo el muerto dentro de su ata&uacute;d. Flanqueando el catafalco, dos grupos de hombres compuestos por amigos y familiares, simulaban acarrear la mole por medio de unas cintas que sujetaban con las manos. Tras este grupo desfilaba un abundante n&uacute;mero de pla&ntilde;ideras emitiendo los consabidos alaridos de dolor y, por &uacute;ltimo, los sirvientes portando el ajuar funerario. Cuando el cortejo llegaba a la tumba, generalmente situada en la margen occidental de Nilo, ten&iacute;an lugar los actos m&aacute;s importantes del entierro: las purificaciones de todo cuanto se dispon&iacute;an a sepultar y los ritos m&aacute;gico-religiosos que se operaban sobre el cuerpo embalsamado despu&eacute;s de que los familiares se despidieran de &eacute;l, orn&aacute;ndolo con delicadas guirnaldas que envolv&iacute;an su abdomen y cabeza, as&iacute; como un ancho collar vegetal en torno al cuello. Luego, los sacerdotes funerarios le practicaban un ritual conocido por apertura de la boca, cuya finalidad radicaba en devolverle todos y cada uno de los sentidos arrebatados por la muerte, animando el cuerpo inerte mediante unciones de esencias sagradas, cuyos componentes hoy desconocemos en su mayor&iacute;a. Terminados estos actos postreros, el difunto era depositado en su eterna morada y la tumba se cerraba, propiciando la transformaci&oacute;n del difunto en un ser semejante al dios Osiris.      <P>El reino de Osiris se consideraba muy semejante al real, al tangible que conoc&iacute;an los antiguos egipcios. En &eacute;l, el renacido, en plenas facultades juveniles, pasaba a ostentar el titulo gen&eacute;rico de Osiris seguido de su nombre propio y comenzaba el disfrute de una vida buc&oacute;lica, plena de sensaciones y sentimientos, maravillosa y eterna, en una repetici&oacute;n exacta del Valle del Nilo. En el reino de Osiris no se conoc&iacute;an la enfermedad, la vejez, ni el trabajo, resuelto por un nutrido grupo de <I>ushebtis </I>o servidores<SUP><A HREF="#1">1</A></SUP>, ciegos y sordos a cualquier voz que no fuera la de su amo. Pero alcanzar el reino de ultratumba no era tarea sencilla ya que, en cuanto a bienes materiales se refiere, el egipcio hab&iacute;a de empezar por poseer un enterramiento digno, propio o familiar, contar con un buen embalsamamiento de su cad&aacute;ver, pues la continuidad de la segunda vida pasaba por conservar en buen estado el cuerpo. Tambi&eacute;n hab&iacute;a de tener a su entera disposici&oacute;n, y hacer durar para siempre, toda clase de alimentos y enseres, recogidos en la tumba. Previniendo la amenazadora posibilidad del robo de las riquezas y la destrucci&oacute;n del cuerpo, tomaron la pueril precauci&oacute;n de reproducir cuanto inmovilizaron en sus hipogeos y en las paredes de los mismos, pintando o esculpiendo todas aquellas cosas que ansiaban para el M&aacute;s All&aacute;. Lo m&aacute;s importante era su propia imagen reproducida en una estatua, capaz de sustituir al cuerpo embalsamado si es que a &eacute;ste le ocurr&iacute;a cualquier percance. Las paredes de las tumbas particulares se cubrieron preferentemente con escenas de matices religiosos y retratos de las personas m&aacute;s queridas, riquezas t&iacute;tulos honorarios, joyas, ropajes y viandas. Y, del mismo modo que cre&iacute;an que los ushebtis ten&iacute;an la facultad de cobrar vida para atender sus necesidades, consideraban que todo lo dem&aacute;s pod&iacute;a abandonar su estado inanimado para convertirse en algo tangible y real.      <P>La segunda parte de las dificultades que el hombre del Nilo abordaba, est&aacute;, despu&eacute;s de haber muerto, estaba relacionada con la moral y el buen comportamiento ejercido durante la vida terrenal. Egipto se reg&iacute;a por un concepto m&uacute;ltiple de orden, justicia, verdad y armon&iacute;a c&oacute;smica llamado <I>maat</I>, cuyo hacedor era el dios Ra y estaba encarnado en la virtud del fara&oacute;n, pero de cuyas normas no estaban excluidos el resto de sus s&uacute;bditos. Tras la muerte, estas actividades mundanas eran revisadas en un juicio sumar&iacute;simo al que asist&iacute;an cuarenta y dos dioses, y estaba presidido por el propio Osiris, actuando como notario el dios Tot. Si el alma en trance consegu&iacute;a convencer a los dioses de su bondad, empleando para ello toda clase de apoyos, como el Libro de los Muertos<SUP><A HREF="#2">2</A></SUP> infinidad de amuletos, estaba en condiciones de comenzar la nueva y perdurable vida.      <P>El mito de Osiris naci&oacute; de la fusi&oacute;n de un antiqu&iacute;simo culto agrario a la regeneraci&oacute;n peri&oacute;dica de la naturaleza con el practicado en honor de otro dios encargado de velar por los difuntos. Osiris sufri&oacute; en su cuerpo el paralelo a la muerte temporal de la vegetaci&oacute;n, el reposo de la semilla en la tierra y su espl&eacute;ndido renacimiento, abriendo con ello una v&iacute;a de esperanza en la resurrecci&oacute;n a sus seguidores y, enlazando con este origen, est&aacute; la siguiente evidencia arqueol&oacute;gica: imitando la silueta de la imagen de Osiris se confeccionaron unos cajones que, llenos de tierra, eran sembrados con trigo, regados abundantemente y colocados dentro de las tumbas con el resto del ajuar funerario en el momento del entierro. Entre las piezas del tesoro de Tutancam&oacute;n se encontr&oacute; uno de estos cajones con trigo germinado<SUP><A HREF="#3">3</A></SUP>, donde los tallos hab&iacute;an llegado al alcanzar varios cent&iacute;metros de longitud.     <CENTER>     <B>    <br>     Iconograf&iacute;a y Descripci&oacute;n</B>    </CENTER>      <CENTER><B>de las Especies Bot&aacute;nicas</B></CENTER>      <CENTER>&nbsp;</CENTER>       <P>La estrecha uni&oacute;n de este dios con la vegetaci&oacute;n y los ritos funerarios tuvieron sus primeras representaciones iconogr&aacute;ficas en el Imperio Antiguo egipcio (2575-2134 a.C.), mostrando a las damas dolientes de los funerales aspirando invariablemente el aroma de una &uacute;nica flor de nen&uacute;far. La misma escena se retom&oacute; durante el Imperio Medio (2040-1640 a.C.), alcanzando a las primeras representaciones ejecutadas en el Imperio Nuevo (1550-1070 a.C.). Hasta esta fecha, las &uacute;nicas flores que aparec&iacute;an representadas en las tumbas era los nen&uacute;fares, en sus variedades Nymphaea alba y Nymphaea caerulea, nen&uacute;far blanco y nen&uacute;far azul respectivamente.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>Muchas cosas se modificaron en Egipto durante la dinast&iacute;a XVIII, que fue la saga constructora del Imperio Nuevo, y una de ellas fue el amor por los jardines bot&aacute;nicos, nacida del deslumbramiento que sus reyes sufrieron por las especies vegetales encontradas en los pa&iacute;ses sometidos, por vez primera, al dominio nil&oacute;tico. En los jardines reales, en los particulares y en los herbarios medicinales de los templos, se plantaron cuantas especies ex&oacute;ticas despertaron el inter&eacute;s de los egipcios por diferentes razones. La primera importaci&oacute;n bot&aacute;nica de la que tenemos constancia ocurri&oacute; hacia el a&ntilde;o 1472 a.C., y qued&oacute; reflejada en el templo funerario de la mujer fara&oacute;n Hatshepsut<A HREF="#4"><SUP>4</SUP>,</A> en forma de unos delicados bajorrelieves que reproducen variadas escenas del viaje realizado al misterioso Pa&iacute;s del Punt en busca de las preciadas l&aacute;grimas de incienso. Esta resina solidificada ten&iacute;a mucha demandada en Egipto, pues no se conceb&iacute;an las liturgias sin las nubes de humo arom&aacute;tico procedentes de su combusti&oacute;n. Pero la audacia de la reina fue m&aacute;s all&aacute; de la necesidad de la resina seca, ella orden&oacute; llevar hasta Tebas arbolitos vivos de incienso para sombrear los dos estanques sagrados que tuvo su magn&iacute;fico templo funerario.      <P>Siguiendo este ejemplo, su sucesor Tutmosis III, el gran caudillo que encabez&oacute; m&uacute;ltiples campa&ntilde;as por la regi&oacute;n sirio-palestina, tambi&eacute;n se encarg&oacute; de recoger &aacute;rboles y plantas ex&oacute;ticas por las tierras del norte y presentarlas, como un ofrenda al dios oficial<SUP><A HREF="#5">5</A></SUP>, en un aut&eacute;ntico Jard&iacute;n Bot&aacute;nico que construy&oacute; dentro del templo de Karnak. Naturalmente, dicho jard&iacute;n ha desaparecido hace muchos siglos, pero el rey tuvo la feliz idea de emular a su predecesora y duplicar, en unos perfectos bajorrelieves, cuantas plantas hab&iacute;a llevado a Egipto como novedad. Entre estos ejemplares bot&aacute;nicos se encuentra una planta que influy&oacute; poderosamente en la din&aacute;mica de los ritos funerarios: la Mandr&aacute;gora officinarum.      <P>Inicialmente reservada al uso religioso del fara&oacute;n Tutmosis III, pronto, durante el mandato de su hijo Amenofis II, las bayas de mandr&aacute;gora aparecen representadas en una tumba particular, la del visir Rejmira. A partir de este momento, la tumbas de los m&aacute;s destacados arist&oacute;cratas egipcios recogieron en sus pinturas estas bayas con gran profusi&oacute;n.      <P>Cierto que dichas bayas son muy vistosas y alegran el mon&oacute;tono repertorio de nen&uacute;fares y papiros que hasta entonces compon&iacute;an los ramilletes egipcios, pero no es menos cierto que los efectos alucin&oacute;genos de estos frutos brillantes, dorados y carnosos, pudieron ser los verdaderos motivos de su aceptaci&oacute;n en el ritual funerario, pues teniendo en cuenta que su aroma no es agradable, no parece l&oacute;gico que las damas representadas en la tumba de Nebam&oacute;n<SUP><A HREF="#6">6</A></SUP> aspiren su olor, con reputaci&oacute;n de nauseabundo, ni que el mismo noble las cultivara en las orillas del estanque de su cuidado jard&iacute;n<SUP><A HREF="#7">7</A></SUP>.      <P>Sin duda, los egipcios encontraron en los alcaloides de la mandr&aacute;gora, presentes tanto en las bayas como en la ra&iacute;z, un veh&iacute;culo adecuado para potenciar su elevado misticismo en los cultos divinos<SUP><A HREF="#8">8</A></SUP> a la vez de un excelente narc&oacute;tico que, pre&ntilde;ando de alucinaciones real&iacute;simas sus mentes, les hiciera caer en un trance mental de acercamiento al mundo osir&iacute;aco durante los funerales.      <P>El efecto narc&oacute;tico de la mandr&aacute;gora, reci&eacute;n llegada a Egipto, pronto origin&oacute; cambios notables en las artes pl&aacute;sticas destinadas al uso y disfrute de la nobleza: las figuras ganaron en movimiento, en gracia y soltura, y los p&aacute;rpados de los arist&oacute;cratas, incluso de la realeza, se entornaron enmarcando miradas so&ntilde;adoras, perdidas o ausentes, incapaces de fijarse en nada. Enjuiciado desde la visi&oacute;n art&iacute;stica, este cambio en el tratamiento art&iacute;stico de los ojos de los egipcios del siglo XIV a.C. se ha considerado tradicionalmente consecuencia del refinamiento estil&iacute;stico de la &eacute;poca; sin embargo, actualmente tenemos suficientes indicios como para puntualizar que el efecto &oacute;ptico era producido por la ingesta de estupefacientes, m&aacute;s concretamente de mandr&aacute;gora, bien directamente de sus frutos o de las bebidas alcoh&oacute;licas donde se macerasen previamente sus ra&iacute;ces, que es la parte de la planta que mayor concentraci&oacute;n de alcaloides tiene. De este modo, el rito f&uacute;nebre, por el que un mortal era convertido m&aacute;gicamente en un nuevo Osiris, dios de la regeneraci&oacute;n, aun&oacute; el &eacute;xtasis religioso a la flora psicotr&oacute;pica de fuertes efectos t&oacute;xicos, como se ver&aacute; m&aacute;s adelante.      <P>Investigando entre las especies bot&aacute;nicas aparecidas en estos jardines p&eacute;treos, en las tumbas invioladas y en los papiros m&eacute;dicos, encontramos muchas variantes herb&aacute;ceas, con poderes modificadores de la psique, aut&oacute;ctonas como la <I>Lactuca</I><SUP><A HREF="#9">9</A></SUP>; dos <I>Nymphaeas</I>, la <I>Caerulea </I>y la <I>Alba</I><SUP><A HREF="#10">10</A></SUP>; el <I>Cannabis sativa </I>y la <I>Calystegia sepium</I>. Importada fue la <I>Mandr&aacute;gora officinarum</I><SUP><A HREF="#11">11</A></SUP>, la <I>Papaver somniferum</I><SUP><A HREF="#12">12</A></SUP> y, posiblemente, la <I>Solanum dulcamara</I>, todas ellas de uso perfectamente documentado durante el Imperio Nuevo y cuya relaci&oacute;n se evidencia a medida que son observados detenidamente diferentes materiales arqueol&oacute;gicos.      <P>La meticulosidad con que los egipcios recogieron los m&aacute;s m&iacute;nimos detalles de su vida y sus actividades en papiros, piedras de las diferentes arquitecturas, ha hecho que hoy dispongamos de un extenso cat&aacute;logo de plantas y &aacute;rboles que tuvieron en sus mansiones y en sus herbarios m&eacute;dicos.      <P>Comenzando por las decoraciones de tumbas y templos, podemos ver que la representaci&oacute;n de una se&ntilde;ora aspirando el aroma de un nen&uacute;far, <I>Nymphaea alba </I>o <I>Nymphaea caerulea </I>puede simultanearse al tiempo de edificaci&oacute;n de las primeras pir&aacute;mides, hacia el a&ntilde;o 2500 a.C. El nen&uacute;far es una planta acu&aacute;tica dotada de hojas alternas, que salen directamente del rizoma semienterrado, siendo redondeadas y flotantes. Las flores, solitarias, emergen apoyadas en largos ped&uacute;nculos ligeramente fl&aacute;cidos y est&aacute;n compuestas por numerosas p&eacute;talos dispuestos en espiral. Los nen&uacute;fares fueron de gran utilidad a los antiguos egipcios por los suaves efectos sedantes, tambi&eacute;n alucin&oacute;genos (<A HREF="#Schultes1993">Schultes y Hofmann 1993:73</A>), de la apomorfina, la nuciferina y la nornuciferina, alcaloides que los nen&uacute;fares contienen en sus flores y rizomas (<A HREF="#Nunn1997">Nunn 1997:157</A>). Esta cualidad narc&oacute;tica debi&oacute; ser responsable de que, durante los entierros, las damas egipcias se coronaran con flores frescas de loto y aspiraran profundamente el aroma de otras que llevaban en las manos, mientras ante sus ojos, estupefactos, se desarrollaba el complicado ritual funerario. Adem&aacute;s, la maceraci&oacute;n en vino o cerveza de las flores o de los rizomas de nen&uacute;far puede dar por resultado una bebida narc&oacute;tica, la cual se recomienda en las recetas 209 y 479 del Papiro M&eacute;dico Ebers (<A HREF="#Nunn1997">Nunn 1997:157</A>). Otro de los efectos de los alcaloides del nen&uacute;far es un afrodis&iacute;aco.      <P>Las representaciones de lechuga, Lactuca virosa, en templos y tumbas apareci&oacute; casi a la vez que la de los nen&uacute;fares, y su presencia iconogr&aacute;fica no falt&oacute; en ninguna mesa de ofrendas para la vida eterna. Son tantas las variedades de lechuga que existen que es dif&iacute;cil precisar cual de ellas es la que cultivaron los antiguos egipcios. En general, se trata de hierbas anuales, con tallos de hasta 1 m de largo y gruesa ra&iacute;z. La ingesta del l&aacute;tex de su ra&iacute;z, extra&iacute;do mediante incisiones, hace desaparecer los deseos sexuales (<A HREF="#Oroz1994">Oroz y Marcos 1994: XVII-10, 11)</A> y sus efectos, no euforizantes, se aproximan mucho a la acci&oacute;n de los barbit&uacute;ricos (<A HREF="#Ribera1991">Ribera N&uacute;&ntilde;ez y Ob&oacute;n Castro 1991:1023</A>).      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>El c&aacute;&ntilde;amo, Cannabis sativa, se us&oacute; en fumigaciones y ung&uuml;entos m&eacute;dicos durante todo el periodo fara&oacute;nico, como demuestran m&uacute;ltiples recetas de remedios curativos. El c&aacute;&ntilde;amo es una planta anual, robusta, erecta y libremente ramificada, que en buena exposici&oacute;n alcanza 4 - 5 m de altura. Los sexos est&aacute;n separados, siendo la planta macho peque&ntilde;a y d&eacute;bil, desapareciendo despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n del polen; por el contrario, la planta hembra es m&aacute;s resistente y su follaje m&aacute;s frondoso. Las hojas se presentan digitadas, lanceoladas y com&uacute;nmente de entre 6 a 10 cm de largo, por 1,5 de ancho, siendo su color verde intenso. Las flores, simples, nacen al final de las ramas, variando sus tonalidades entre el verde oscuro, verde amarillento o marr&oacute;n purp&uacute;reo (<A HREF="#Schultes1993">Schultes y Hofmann 1993: 38</A>) siendo &eacute;sta la parte m&aacute;s psicoactiva de la planta. Bien conocidos son sus efectos sedantes sobre el sistema nervioso central y la suave incitaci&oacute;n er&oacute;tica que proporciona su consumo.      <P>Una convolvul&aacute;cea, la Calystegia sepium es una planta silvestre que tambi&eacute;n admite cultivo. Se trata de una hierba perenne, de color verde, de tallos lisos y trepadores que pueden alcanzar los 5 m de longitud. Las hojas son grandes y astadas, con el &aacute;pice puntiagudo y los bordes ondulados, provistas de largos peciolos. Las flores tienen la corola acampanada, de color blanco, a veces rosado, son grandes y vistosas, naciendo de la axila de las hojas con largos ped&uacute;nculos, que maduran en frutos capsulares y subglobulosos, desprovistos de pelos. El efecto de la infusi&oacute;n de sus hojas puede provocar sue&ntilde;os adivinatorios, mezclada con vino tiene reputaci&oacute;n de afrodis&iacute;aca y se dice que el humo procedente de la combusti&oacute;n de sus ra&iacute;ces es capaz de provocar alucinaciones relacionadas el abandono del cuerpo y sensaciones de vuelo, quiz&aacute;s por la cuscohigrina que contiene y que es uno de los alcaloides contenidos en la coca y en algunas solan&aacute;ceas (<A HREF="#Ribera1991">Ribera N&uacute;&ntilde;ez y Ob&oacute;n Castro 1991:820</A>). Es de la familia de la Ipomoea viol&aacute;cea, de origen americano, a&uacute;n mas rica en alcaloides que la Calystegia sepium (<A HREF="#Schultes1993">Schultes y Hofmann 1993: 66-67</A>).      <P>Sin duda alguna, la mandr&aacute;gora no puede considerarse una especie aut&oacute;ctona de Egipto, que no obstante, se aclimat&oacute; muy bien al clima nil&oacute;tico, llegando a dar frutos de considerable tama&ntilde;o. Es una planta herb&aacute;cea perenne, de unos 30 cm. de altura. Con hojas abundantes, desprovistas de tallo, ovales, grandes, rugosas mates y de color verde oscuro. Las flores son campaniformes, de color blanquecino mancado de rojo, cuya corola alcanza unos cuatro cent&iacute;metros de di&aacute;metro, emanan mal olor y nacen, solitarias, en la axila de la hoja, disponi&eacute;ndose sobre largos ped&uacute;nculos erectos que forman una especie de ramo floral rodeado por las hojas. Sus bayas, elipsoidales, son tersas, brillantes y carnosas, de un dorado luminoso y olor f&eacute;tido. Su ra&iacute;z es fuerte, blanquecina, fusiforme y, con frecuencia antropom&oacute;rfica. Toda la planta contiene fuertes alcaloides, expuestos por orden decreciente: hiosciamina, escopolamina, norhiosciamina, mandragorina y atropina (<A HREF="#Ribera1991">Ribera N&uacute;&ntilde;ez y Ob&oacute;n Castro 1991:804</A>). Sin ser el m&aacute;s potente, es este &uacute;ltimo alcaloide el responsable de la extra&ntilde;a mirada, ya mencionada, que se detecta en los personajes ilustres de las pinturas y bajorrelieves egipcios del Imperio Nuevo, que no es nada m&aacute;s que la midriasis13 producida por una alta ingesta de &eacute;l. Toda la planta contiene los mismos alcaloides en mayor o menor concentraci&oacute;n y la bebida resultante de la maceraci&oacute;n de su ra&iacute;z en vino se tiene por afrodis&iacute;aca.      <P>Desconocemos el nombre egipcio de la Solanum dulcamara, aunque se puede asegurar que fue bien conocida en la corte de Tutancam&oacute;n, pues una cenefa compuesta con sus frutos adorna la cabina de uno de los seis carros encontrados en la tumba del rey ni&ntilde;o<SUP><A HREF="#14">14</A></SUP>. Tambi&eacute;n estas bayas rematan un juego de pendientes infantiles del mismo monarca<SUP><A HREF="#15">15</A></SUP>. Se trata de una hierba perenne de hasta 2 m de altura. Las hojas tienen forma oval. Las flores son de color amoratado, a veces blancas, y se disponen en ramilletes terminales de 10 a 15 flores. Los frutos son ovoides, carnosos y de color verde cuando est&aacute;n creciendo, momento de m&aacute;xima toxicidad, en que su ingesta puede causar la muerte, y rojo brillante al alcanzar la madurez (<A HREF="#Ribera1991">Ribera N&uacute;&ntilde;ez y Ob&oacute;n Castro 1991:801</A>).      <P>La <I>Papaver somniferum </I>es una hierba anual de color verde azulado y algo ceniciento, cuyos tallos alcanzan m&aacute;s de 1 m de altura y suelen estar poco ramificados. Las hojas y los tallos aparecen cubiertos de pelos r&iacute;gidos y dispersos. Las hojas son de gran tama&ntilde;o y abrazan por su base a los tallos de las flores, que son grandes y vistosas, con los p&eacute;talos retorcidos sobre el bot&oacute;n floral y su color var&iacute;a entre el rojo, rosado purp&uacute;reo, incluso casi blanco. El fruto es una gran c&aacute;psula, coronada por un disco en el cual aparecen de 8 a 15 estigmas dispuestos radialmente el ped&uacute;nculo, por la parte que se une a la c&aacute;psula, presenta un engrosamiento anular. El jugo o l&aacute;tex de la adormidera, el opio, contiene m&aacute;s de veinte alcaloides entre los que destacan por su concentraci&oacute;n la morfina, la papaverina, la teba&iacute;na y la code&iacute;na. Las ra&iacute;ces se consideran afrodis&iacute;acas, as&iacute; como las semillas mezcladas con el l&aacute;tex, siempre que las cantidades est&eacute;n por debajo de las dosis narc&oacute;ticas (<A HREF="#Ribera1991">Ribera N&uacute;&ntilde;ez y Ob&oacute;n Castro 1991:273</A>).     <CENTER>         <br>   </CENTER>      <CENTER><B>Conclusiones</B></CENTER>       <P>Habiendo revisado de forma general el sentir religioso de la cultura egipcia y sus profundas creencias en una vida eterna, as&iacute; como el aspecto y las propiedades de cada una de estas plantas narc&oacute;ticas representadas en las decoraciones de enseres y monumentos, podemos considerar que aquellos ejemplares que formaron parte de los delicados trabajos de florister&iacute;a en los actos rituales en Antiguo Egipto, fueron tan reales como simb&oacute;licos. Es casi seguro que sus representaciones rituales son alegor&iacute;as indicativas de que qui&eacute;n olfatea determinada flor o se adorna con ella est&aacute; bajo los efectos psicotr&oacute;picos de sus alcaloides. Es m&aacute;s, en todas las escenas funerarias de ofrendas al muerto aparecen grandes vasijas de vino y cerveza, inicialmente ornadas con lotos y posteriormente tambi&eacute;n con mandr&aacute;goras, cuyo evidente significado ratifica la hip&oacute;tesis del uso de bebidas embriagadoras potenciadas con productos narc&oacute;ticos.      <P>Sabiendo que los m&eacute;dicos egipcios recomendaron la maceraci&oacute;n en vino o cerveza los rizomas del nen&uacute;far, ignorando que esa era la f&oacute;rmula ideal para la extracci&oacute;n de los alcaloides, pero conociendo bien los poderosos efectos de las bebidas alcoh&oacute;licas as&iacute; tratadas. Al evidenciarse que dominaban perfectamente el sistema de extracci&oacute;n de los principios activos de ciertas plantas alucin&oacute;genas, nos hallamos en condiciones de abordar el siguiente paso de la investigaci&oacute;n: el desarrollo paulatino de las necesidades que el uso de cada una de ellas gener&oacute;.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>No obstante, el hecho de que en ninguna inscripci&oacute;n, de esas tan met&oacute;dicas a las que nos tienen acostumbrados los antiguos egipcios, aparezcan referencias m&aacute;s o menos puntuales a estas pr&aacute;cticas con narc&oacute;ticos puede resultar extra&ntilde;a a ojos de aquellos que no est&eacute;n muy versados en la disciplina de la Egiptolog&iacute;a. Efectivamente, casi todas las informaciones expl&iacute;citas que tenemos respecto a las costumbres y pr&aacute;cticas funerarias nos han llegado por caminos indirectos. El embalsamamiento lo conocemos por medio de los escritos de un historiador y ge&oacute;grafo cl&aacute;sico (Her&oacute;doto 85-90). El entierro se recogi&oacute;, en parte, en una narraci&oacute;n de gran valor literario conocida por la Historia de Sinuh&eacute;<SUP><A HREF="#16">16</A></SUP> y por medio de las decoraciones de los hipogeos particulares. Lo que se corresponde con los actos m&aacute;gicos, nos ha sido revelado mediante el estudio concienzudo de los materiales encontrados y por la traducci&oacute;n de los m&uacute;ltiples fragmentos de antiguos papiros que componen el famoso Libro de los Muertos. Pero todas estas fuentes de informaci&oacute;n carecen de detalles que pudieron ser omitidos por su cotidianidad o, quiz&aacute;s, para que aquellos depurados conocimientos no cayeran en manos profanas.      <P>Aparentemente, el uso de la mandr&aacute;gora en el panorama religioso se introdujo como apoyo a la moderada acci&oacute;n alucin&oacute;gena del nen&uacute;far, pero este consumo presentaba los problemas derivados de su alta toxicidad: v&oacute;mitos y diarreas, cuando no la muerte por exceso. Y, aunque los m&eacute;dicos regularan pronto bien las dosis adecuadas para evitar los graves accidentes, lo cierto es que los efectos visionarios de la mandr&aacute;gora s&oacute;lo se consiguen por medio de una considerable cantidad de alcaloides siendo, por ello, inevitables los malestares caracter&iacute;sticos del c&oacute;lico, perfectamente representados en varias escenas de v&oacute;mitos pintadas en diversas tumbas tebanas. Estos efectos secundarios son comunes en casi todas las solan&aacute;ceas alucin&oacute;genas, las cuales producen visiones de extraordinario realismo y, sobre todo, suspenden el recuerdo de haber ingerido una droga, de manera que el que la toma cree estar viviendo situaciones reales (<A HREF="#Otero1997">Otero Aira 1979:13</A>). Como se evidencia por esta informaci&oacute;n, la mandr&aacute;gora era la droga ideal para propiciar estados de alto misticismo, en los que el usuario quedaba convencido de la autenticidad de sus ansiados contactos con el mundo de los dioses.      <P>La mandr&aacute;gora admite varias formas de administraci&oacute;n: la cremosa, por v&iacute;a cut&aacute;nea, vaginal o anal<SUP><A HREF="#17">17</A></SUP> y, aunque el olfato tambi&eacute;n sea sensible a esta penetraci&oacute;n de alcaloides, la f&oacute;rmula m&aacute;s eficaz de conseguir con ella la ebriedad narc&oacute;tica es el consumo oral, mediante la ingesti&oacute;n de bayas o, especialmente, bebidas alcoh&oacute;licas en las que se haya macerado su ra&iacute;z. Cualquiera de estas modalidades de consumo conduce a la mente hacia un estado alucinatorio exento de la conciencia de estar bajo los efectos de una droga, a la vez que desencadena un indeseable malestar g&aacute;strico, para finalizar conduciendo al usuario a un profundo sue&ntilde;o.      <P>Las abundantes representaciones de mandr&aacute;gora junto con flores de azulejo, <I>Centaurea depressa </I>o <I>Centaurea cyanus</I>, condujo esta investigaci&oacute;n hacia una posible relaci&oacute;n entre ellas dos. Se sabe que el azulejo no es una especie aut&oacute;ctona de Egipto y que pudo llegar hasta el pa&iacute;s del Nilo desde el Cercano Oriente (<A HREF="#Ribera1991">Ribera N&uacute;&ntilde;ez y Ob&oacute;n Castro 1991:1007</A>)<SUP>18</SUP>, seguramente asociada ya a la mandr&aacute;gora, por los dones digestivos de una tisana hecha con los p&eacute;talos de las flores, indicada contra los dolores debidos al envenenamiento por esta solan&aacute;cea.      <P>Otra relaci&oacute;n floral muy llamativa es la que se estableci&oacute; poco despu&eacute;s entre la mandr&aacute;gora, el azulejo y una amapola, que bien puede ser la adormidera, Papaver somniferum, pues es sabido que, hasta el siglo pasado, las molestias derivadas del consumo de mandr&aacute;gora se trataban con opio, por encontrarse en &eacute;l, el mejor calmante para los dolores, a la vez de actuar como un eficaz astringente. Con la aparici&oacute;n de la adormidera las cosas se complican un poco, pues ya no estamos tratando unas especies de ingesti&oacute;n peligrosa, siempre seg&uacute;n la dosis, que no crean dependencia f&iacute;sica, sino que nos enfrentamos con la reina de los narc&oacute;ticos, la productora del opio, la que es capaz de crear la mayor adici&oacute;n.      <P>Mucho se ha escrito sobre el asunto del conocimiento que los egipcios del Imperio Nuevo pudieron tener del opio (<A HREF="#Nunn1997">Nunn 1997: 151-156</A>). Existe una prueba de laboratorio en favor de este conocimiento y, manejando los mismos materiales arqueol&oacute;gicos, otra que lo pone en duda. Las pruebas fueron realizadas a partir de peque&ntilde;as porciones de los contenidos semis&oacute;lidos de las siete botellitas y un plato de alabastro, guardados en un estuche de supuestas medicinas encontrado en la tumba inviolada del arquitecto real Ja y su esposa Merit, ambos enterrados juntos en la necr&oacute;polis tebana de Deir el-Medina hace m&aacute;s de tres milenios, y hallados por Ernesto Schiaparelli en 1903, cuyo contenido fue trasladado &iacute;ntegramente al Museo Egipcio de Tur&iacute;n. Las primeras pruebas del contenido de uno de estos botellines se realizaron en el a&ntilde;o 1925 por la doctora Irene Muzio en su laboratorio de Farmacolog&iacute;a, obteniendo el resultado de una mezcla de varios aceites vegetales tratados con hierro y morfina. El veredicto de Muzio origin&oacute; comentarios esc&eacute;pticos entre muchos egipt&oacute;logos, porque los aceites sagrados usados en el rito funerario de apertura de boca, celebrado en la entrada de la tumba para revivir al muerto, no fueron considerados aptos para contener narc&oacute;ticos. Una postura completamente il&oacute;gica si tenemos en cuenta todo lo anteriormente expuesto, que el collar vegetal que adornaba a la estatua funeraria de Ja est&aacute; compuesto &uacute;nicamente por tallos floridos de papaver entrelazados, que su silla lleva por decoraci&oacute;n mandr&aacute;goras y nen&uacute;fares y el gigantesco ramo de amapolas que adorna el templete donde espera el dios Osiris para enjuiciar a Ja, delicadamente pintado en su Libro de los Muertos. Puestos a negar las evidencias, a&uacute;n hoy, hay egipt&oacute;logos que ponen en duda la presencia de la adormidera en Egipto del Imperio Nuevo, ignorando que en el Museo de Agricultura de El Cairo existe un gran fragmento de c&aacute;psula de papaver encontrado durante las excavaciones de la ciudad obrera de Deir el-Medina, residencia vitalicia del citado arquitecto Ja, que se abandon&oacute; precisamente durante el Imperio Nuevo.      <P>La controversia establecida hizo que la direcci&oacute;n del museo italiano considerase oportuna una revisi&oacute;n de los an&aacute;lisis efectuados por Muzio, encargando la tarea a un prestigioso grupo de investigadores que publicaron sus resultados recientemente (<A HREF="#Bisset1994">Bisset et al. 1994</A>) considerando que las muestras no conten&iacute;an sino trazas de morfina e hiosciamina y no en todas las muestras analizadas. Pero aunque sean s&oacute;lo indicios, la presencia de la hiosciamina, contenida en la mandr&aacute;gora, y la morfina, el mayor componente alcaloideo del opio, son una evidencia de que esos aceites o los recipientes que los contienen estuvieron en alg&uacute;n momento de la antig&uuml;edad en contacto con dichos alcaloides.      <P>De este modo, en los textos m&eacute;dicos y en la tumba de Ja tenemos las evidencias de que las plantas narc&oacute;ticas no eran empleadas por la simple belleza de sus flores o frutos, sino que los egipcios emplearon las sustancias que conten&iacute;an con fines m&eacute;dicos y m&aacute;gicos, especialmente en los funerales. Pero veamos que nos aclara el contenido de otra tumba hallada intacta, &eacute;sta mucho m&aacute;s famosa que la anterior: la de Tutancam&oacute;n. Entre las viandas que hab&iacute;a en el anexo del enterramiento del joven rey, que su excavador encontr&oacute; varios cestos repletos de bayas de mandr&aacute;gora (Carter 1976: 309) y, cosidos en el collar vegetal que adornaba el cuello del tercer ata&uacute;d del mismo fara&oacute;n, once frutos de la misma especie (Carter 1976: 334-335)<SUP><A HREF="#19">19</A></SUP>. El hecho de no haber sido encontrados restos de c&aacute;psulas de adormidera en esta fastuosa tumba puede estar en relaci&oacute;n directa con la fecha del enterramiento del fara&oacute;n, acaecido al comienzo de la primavera, &eacute;poca en la que esta planta no ha alcanzado el desarrollo suficiente para tener ni siquiera capullos; lo cual no significa que alguno de los recipientes con restos de &oacute;leos, no analizados, pudiera concluir con la sorpresa de la presencia del opio.      <P>Lo hasta ahora expuesto aclara cualquier duda sobre el empleo de plantas narc&oacute;ticas en la liturgia f&uacute;nebre del Antiguo Egipto. La pol&eacute;mica suscitada por el conocimiento del opio como l&aacute;tex puro extra&iacute;do por incisi&oacute;n de la c&aacute;psula de adormidera es hasta la fecha indemostrable. Tambi&eacute;n es improbable que fueran capaces de aislar los alcaloides pero es seguro que se drogaron con ellos, al menos, durante los entierros. La sospecha de que tambi&eacute;n las momias fueran ungidas con aceites narcotizados hubiera podido ser una evidencia en el estudio de las vendas embebidas de resinas solidificadas que envolv&iacute;an el cuerpo de Tutancam&oacute;n, cosa que nunca se hizo, pues esta mortaja fue incinerada por su descubridor.      <P>En prevenci&oacute;n de estos actos de negligencia o desidia, que nos privan    de una informaci&oacute;n fundamental para poder seguir con nuevos argumentos    la evoluci&oacute;n social y pol&iacute;tica de la decadencia del Imperio Nuevo,    se exhorta a los responsables del estudio de los materiales funerarios procedentes    del Antiguo Egipto, a que presten la debida atenci&oacute;n a este peque&ntilde;o    matiz del uso de narc&oacute;ticos, que tantas consecuencias importantes pudo    tener en la vida cotidiana e hist&oacute;rica de la sorprendente civilizaci&oacute;n    que se desarroll&oacute; a orillas del Nilo. Pues no olvidemos que el uso del    opio crea una fuerte adici&oacute;n, de consecuencias nefastas en la mayor&iacute;a    de las ocasiones y que, en esta din&aacute;mica, pudo entrar de lleno la elite    egipcia, responsable del pa&iacute;s m&aacute;s rico y poderoso de este final    del segundo milenio anterior a Cristo.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P>       <CENTER>   </CENTER>       <CENTER>     <B>Notas</B>   </CENTER>     <P><A NAME="1"></A>1 Ushebtis, figurillas momiformes que se enterraban con el fenecido y se vivificaban a la vez que ocurr&iacute;a el milagro de la resurrecci&oacute;n de su due&ntilde;o.      <P><A NAME="2"></A>2 Un compendio de textos funerarios que tuvo su origen durante el Imperio Nuevo, cuya finalidad era poner en boca del enjuiciado todos los conjuros necesarios para salir triunfante del acto de justificaci&oacute;n.      <P><A NAME="3"></A>3 Pieza N&deg; 288a del inventario de la tumba de Tutancam&oacute;n realizado por Howard Carter. Museo de El Cairo.      <P><A NAME="4"></A>4 Segunda terraza del templo de la reina Hatshepsut en Deir el-Bahari, Luxor.      <P><A NAME="5"></A>5 El gran Am&oacute;n-Ra, considerado en estos tiempos Se&ntilde;or de todos los dioses de Egipto, cuyo impresionante santuario se conserva ruinoso en Luxor.      <P><A NAME="6"></A>6 Tumba tebana N&deg; 90, pieza N&deg; 37986 conservada en el British Museum.      <P><A NAME="7"></A>7 Fragmento de las pinturas murales de la tumba anterior, BM N&deg; 37983.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><A NAME="8"></A>8 Los actos religiosos en los templos eran una prerrogativa exclusiva del fara&oacute;n, aunque en su ausencia fueran oficiados por su suplente, un sacerdote de m&aacute;ximo rango.      <P><A NAME="9"></A>9 Asociada a Min, otro dios agrario, en &eacute;ste caso con culto a la fertilidad.      <P><A NAME="10"></A>10 Uno de los mitos de la creaci&oacute;n, sit&uacute;a al primer rayo del sol emergiendo de una flor de nen&uacute;far.      <P><A NAME="11"></A>11 Con toda seguridad, procedente de la zona sirio-palestina.      <P><A NAME="12"></A>12 Aut&oacute;ctona en Espa&ntilde;a, Creta y Chipre, con muy ligeras variantes.      <P><A NAME="13"></A>13 La midriasis tambi&eacute;n puede ser el resultado del uso de otros tipos de alcaloides de origen natural o sint&eacute;tico, no considerados en esta investigaci&oacute;n por ser completamente ajenos al mundo egipcio del segundo milenio anterior a Cristo.      <P><A NAME="14"></A>14 Pieza N&deg; 120 del cat&aacute;logo de la tumba real hecho por Howard Carter. Museo de El Cairo.      <P><A NAME="15"></A>15 Piezas N&deg; 6961 A y B del Museo de El Cairo.      <P><A NAME="16"></A>16 Obra autobiogr&aacute;fica escrita por un m&eacute;dico durante el reinado de Sesostris I (1971-1926 a.C.).      <P><A NAME="17"></A>17 Sistemas empleados por la brujer&iacute;a de la Edad Media europea.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><A NAME="19"></A>19 El estudio de estos componentes bot&aacute;nicos fue realizado    por L.A. Boodle/C. Reid, C.G. Times      <P>       <CENTER>   </CENTER>       <CENTER>     <B>Referencias Citadas</B>   </CENTER>     <P><A NAME="Bisset1994"></A>Bisset, N.G. , JG. Bruhn, S. Curtos, B. Holmstedt, U. Nyman, y MH. Zenk     <BR>1994 Was Opium Known in18th Dynasty? An Examination of Materials from the Tomb of the Chief Royal Architetect Kha, <I>Journal of Ethonpharmacology</I> 41: 99-114.      <P><A NAME="Carter1995"></A>Carter, H.     <BR>1995 <I>La Tumba de Tutankham&oacute;n. </I>Barcelona.      <P><A NAME="Nunn1997"></A>Nunn, J.F.     <BR>1997 <I>Ancient Egyptian Medicine</I>. Londres.      ]]></body>
<body><![CDATA[<P><A NAME="Otero1997"></A>Otero Aira, L.     <BR>1997 <I>Las Plantas Alucin&oacute;genas</I>. Barcelona.      <P><A NAME="Ribera1991"></A>Ribera Nu&ntilde;ez, D. y O. De Castro, C.     <BR>1991 <I>La Gu&iacute;a INCAFO de las Plantas &Uacute;tiles y Venenosas de la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica y Baleares.</I> Madrid.      <P><A NAME="Oroz1994"></A>Oroz Reta, M. y M. Casquero, M.A. eds.     <BR>1994 <I>San Isidoro de Sevilla. Etimolog&iacute;as II.</I> Madrid.      <P><A NAME="Schultes1993"></A>Schultes, R.E. y A. Hofmann     <BR>1993 <I>Las Plantas de los Dioses</I>.     <BR>M&eacute;xico D.F.      ]]></body><back>
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