<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1"?><article xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xmlns:xsi="http://www.w3.org/2001/XMLSchema-instance">
<front>
<journal-meta>
<journal-id>0717-6996</journal-id>
<journal-title><![CDATA[ARQ (Santiago)]]></journal-title>
<abbrev-journal-title><![CDATA[ARQ (Santiago)]]></abbrev-journal-title>
<issn>0717-6996</issn>
<publisher>
<publisher-name><![CDATA[Pontificia Universidad Católica de Chile, Escuela de Arquitectura ]]></publisher-name>
</publisher>
</journal-meta>
<article-meta>
<article-id>S0717-69962012000200003</article-id>
<article-id pub-id-type="doi">10.4067/S0717-69962012000200003</article-id>
<title-group>
<article-title xml:lang="es"><![CDATA[Lo público del espacio]]></article-title>
</title-group>
<contrib-group>
<contrib contrib-type="author">
<name>
<surname><![CDATA[Sato]]></surname>
<given-names><![CDATA[Alberto]]></given-names>
</name>
<xref ref-type="aff" rid="A01"/>
</contrib>
</contrib-group>
<aff id="A01">
<institution><![CDATA[,Universidad Andrés Bello Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño ]]></institution>
<addr-line><![CDATA[Santiago ]]></addr-line>
<country>Chile</country>
</aff>
<pub-date pub-type="pub">
<day>00</day>
<month>08</month>
<year>2012</year>
</pub-date>
<pub-date pub-type="epub">
<day>00</day>
<month>08</month>
<year>2012</year>
</pub-date>
<numero>81</numero>
<fpage>17</fpage>
<lpage>19</lpage>
<copyright-statement/>
<copyright-year/>
<self-uri xlink:href="http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&amp;pid=S0717-69962012000200003&amp;lng=en&amp;nrm=iso&amp;tlng=en"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_abstract&amp;pid=S0717-69962012000200003&amp;lng=en&amp;nrm=iso&amp;tlng=en"></self-uri><self-uri xlink:href="http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_pdf&amp;pid=S0717-69962012000200003&amp;lng=en&amp;nrm=iso&amp;tlng=en"></self-uri></article-meta>
</front><body><![CDATA[  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">ARQ, n. 81 <i>Espacios para la cultura</i>, Santiago, agosto 2012, p. 17&#45;19.</font></p>  	    <p align="right" style='text&#45;align:right'><font face="verdana" size="2"><b>OPINI&Oacute;N</b></font></p> 	    <p align="right" style='text&#45;align:right'>&nbsp;</p>     <p align="justify"><font face="verdana" size="4"><b>Lo p&uacute;blico del espacio</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><b>Alberto Sato *</b><a name="cc1" id="cc1"></a><a href="#c1">(1)</a></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">* Decano, Facultad de Arquitectura, Arte y Dise&ntilde;o de la Universidad Andr&eacute;s Bello, Santiago, Chile.</font></p>     <p align="justify"><hr size="1">  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><i>P&uacute;blico</i> es un adjetivo que califica a la cosa que para nuestro asunto es el espacio, identificando un bien de propiedad, disposici&oacute;n y uso com&uacute;n. Sin embargo, tras la generalizaci&oacute;n de la noci&oacute;n de espacio p&uacute;blico subyace una rica trama de propiedades y formas de uso. En efecto, en nuestro campo nada es qu&iacute;micamente puro: hay propiedades p&uacute;blicas de uso privado y propiedades privadas de uso p&uacute;blico, con todas las articulaciones hist&oacute;ricas y sociales intermedias. En rigor, el espacio p&uacute;blico no podr&iacute;a ser de "dominio" p&uacute;blico, porque no todos pueden "gozar y disponer de la cosa de modo arbitrario" &#45;como se define en alg&uacute;n lugar del Derecho&#45; y por eso distingue a este dominio por la especialidad de su protecci&oacute;n y utilizaci&oacute;n.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, este espacio &#45;para resolver la contradicci&oacute;n y, en consecuencia, la convivencia del sujeto colectivo&#45; siempre se ha regulado y, sin duda, es determinante identificar el agente que lo administra y a su mandante a lo largo de la historia y en cada cultura y pa&iacute;s en particular. Por otra parte, existe otra relaci&oacute;n conflictiva de la noci&oacute;n: <i>"Como se sabe, espacio p&uacute;blico es una categor&iacute;a que carga con una radical ambig&uuml;edad: nombra lugares materiales y remite a esferas de la acci&oacute;n humana en el mismo concepto; habla de la forma y habla de la pol&iacute;tica, de un modo an&aacute;logo al que qued&oacute; matrizado en la palabra polis"</i> (Gorelik, 1998). Si bien la cultura romana contribuy&oacute; a resolver esta ambig&uuml;edad separando las nociones f&iacute;sicas y sociopol&iacute;ticas con la <i>urbs</i> y la <i>civitas</i>, respectivamente, su uso, en el sentido del dominio sobre la cosa f&iacute;sica, igualmente est&aacute; determinada por el sujeto que lo regula y, en consecuencia, es inseparable y un&iacute;voco. No es espacio y p&uacute;blico; es espacio p&uacute;blico.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La otra dimensi&oacute;n utilitaria del espacio p&uacute;blico quiz&aacute;s result&oacute; de mayor inter&eacute;s porque es significante de libertad y manifestaci&oacute;n de la sociedad. Ambos aspectos muy atractivos y sensibles, pero no cabe duda de que el agente regulador termina por proporcionar su verdadero significado. Lewis Mumford dice: <i>"No hay que confundir lo que los especialistas en la civilizaci&oacute;n sumeria traducen a veces con el nombre de</i> 'boulevard' <i>con el ulterior boulevard del siglo XVII, extra&iacute;do de un</i> bulwark <i>(baluarte) destruido: se trata m&aacute;s bien de una calle ancha, con capacidad suficiente para muchedumbres, a la que se pod&iacute;a ir de paseo al atardecer, para contemplar las danzas, escuchar la m&uacute;sica o reunirse a chismorrear, seg&uacute;n lo revela un antiguo documento. En s&iacute;ntesis, que desempe&ntilde;aba las funciones de la cl&aacute;sica 'calle principal'. La actividad gregaria del paseo se desarroll&oacute;, a decir verdad, desde temprano en la ciudad &#91;...&#93; As&iacute;, las muchedumbres de paseo devolv&iacute;an algo de la tr</i><i>anquilizadora intimidad f&iacute;sica y la identificaci&oacute;n con vecinos visibles que se hab&iacute;a perdido en parte con el cambio de escala producido al pasarse de la aldea a la ciudad"</i> (Mumford, 1966). En la descripci&oacute;n de estos or&iacute;genes pareciera como si la disposici&oacute;n fuese un hecho natural que obedec&iacute;a a una evoluci&oacute;n determinista, donde la forma urbana sufre la metamorfosis positiva hacia la libertad, sin la participaci&oacute;n de ning&uacute;n agente administrador o regulador, omitiendo adem&aacute;s la propiedad de la calle.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la condici&oacute;n civilizatoria premoderna se establec&iacute;an normas de uso y disposici&oacute;n de la ciudad. Al respecto, mencionaba el historiador franc&eacute;s Henri Pirenne que toda sociedad sedentaria manifestaba la necesidad de proporcionar a sus miembros lugares de encuentro que alguien "otorgaba" o dispon&iacute;a. A partir de este enunciado, el historiador desarroll&oacute; la noci&oacute;n de <i>cit&eacute;</i> y, por mandato del pr&iacute;ncipe, la figura del alcaide pas&oacute; de comandante de caballeros, que defend&iacute;a la guarnici&oacute;n militar o burgos, a autoridad con poder financiero y judicial y que, desde el siglo X, se conoce como alcald&iacute;a.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Sin duda, se echa de menos la menci&oacute;n a la <i>polis</i> griega y la <i>civitas</i> romana, formas de organizaci&oacute;n social del mundo cl&aacute;sico que otorgaban derechos y privilegios a una parte de la poblaci&oacute;n para transitar y habitar los recintos de la ciudad. No obstante, este recorte de la historia resulta de no poseer muchas evidencias de la ciudad cl&aacute;sica como sujeto determinante de alguna expresi&oacute;n derivada de la condici&oacute;n urbana; o, por el contrario, de alguna acci&oacute;n de los habitantes que determinen su condici&oacute;n. As&iacute;, la polis griega o la urbs romana desaparecieron apenas comenzaron a actuar nuevos agentes dentro de su sistema, aunque persisten figuras mod&eacute;licas f&iacute;sicas que se constituyeron en referentes tipol&oacute;gicos de las estructuras urbanas, que por su propia naturaleza son aislables y ubicables dentro de cualquier otro sistema, aun el m&aacute;s abierto como el medieval. Puede servir de ejemplo la idea del &Aacute;gora, que <i>"...serv&iacute;a como una especie de 'club' extraoficial, donde, si uno se quedaba dando vueltas en tiempo suficiente, se encontrar&iacute;a con los amigos y los companeros de diversiones... Esta funci&oacute;n social del lugar abierto ha persistido en los pa&iacute;ses latinos y, as&iacute;, la plaza, el campo, la piazza y la</i> grand'place <i>descienden en l&iacute;nea recta del &aacute;gora"</i> (Mumford, 1966). Asimismo, en l&iacute;nea con la interpretaci&oacute;n evolucionista del autor, el templo se transform&oacute; en mercado y ha vuelto a separarse en sus funciones espec&iacute;ficas despu&eacute;s de la b&iacute;blica expulsi&oacute;n de los mercaderes del templo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Se encuentran as&iacute; algunas razones, solo algunas, para iniciar la b&uacute;squeda en la Edad Media, tiempo de la mencionada cit&eacute; y del espacio p&uacute;blico. <i>"Casi por definici&oacute;n, penetrable, por ejemplo, accesible par a todos dentro de algunos l&iacute;mites relativos &#91;...&#93; la producci&oacute;n e intercambio de bienes y servicios, como prop&oacute;sito b&aacute;sico de la ciudad, depende de compradores encontr&aacute;ndose con vendedores por lo tanto e inevitablemente, de la libre circulaci&oacute;n e intercambio de bienes y personas"</i> (Saalman, 1968).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Para abreviar, el lugar de congregaci&oacute;n de los habitantes de la cit&eacute; y sus alrededores eran de propiedad del pr&iacute;ncipe y administradas por el alcaide. Posteriormente, el desarrollo y disposici&oacute;n de la actividad mercantil en las ciudades medievales permiti&oacute; que las guildas se encargaran de la organizaci&oacute;n de las ciudades. <i>"... En Saint&#45;Omerun el acuerdo firmado con el alcaide Wulfric Rabel (1072&#45;1083) y la guilda permiti&oacute; a esta ocuparse de los asuntos de la burgues&iacute;a. De esta manera, sin poseer para ello ning&uacute;n t&iacute;tulo legal, la asociaci&oacute;n de mercaderes se consagra por propia iniciativa a la instalaci&oacute;n y cuidado de la naciente ciudad... Vemos c&oacute;mo consagra una parte de sus rentas a la construcci&oacute;n de obras de defensa y al cuidado de las calles. Y no se puede dudar de que no hicieron lo mismo sus vecinos de las dem&aacute;s ciudades flamencas"</i> (Pirenne, 1983).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La contribuci&oacute;n ciudadana al mejoramiento o eficacia de los burgos abri&oacute; camino a la disposici&oacute;n compartida de la ciudad; o sea que el propietario pr&iacute;ncipe de la ciudad y el grupo econ&oacute;mico que la habitaba y usufructuaba determinaban las normas de uso de los espacios p&uacute;blicos. De all&iacute; que el "todos" &#45;expresi&oacute;n m&iacute;tica de la burgues&iacute;a para autorepresentarse&#45; se naturaliza en el uso de los espacios p&uacute;blicos. As&iacute;, el autor de la cita establece la identidad inseparable de libertad&#45;ciudad: <i>"Consideremos, en primer lugar, la condici&oacute;n de las personas tal y como aparece el d&iacute;a en el que el derecho urbano ha adquirido definitivamente su autonom&iacute;a. Esta condici&oacute;n es la libertad, que es un atributo necesario y universal de la burgues&iacute;a. Seg&uacute;n esto cada ciudad constituye una 'franquicia'. Todos los vestigios de servidumbre rural han desaparecido en sus muros. Sean cuales sean las diferencias, e incluso los contrastes que la riqueza establece entre los hombres, todos son iguales en lo que afecta a su estado civil. 'El aire de la ciudad hace libre', reza el proverbio alem&aacute;n (Die Stadtluft macht frei)</i>" (Pirenne, 1983).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">No es dif&iacute;cil imaginar que en la Edad Media y en el Renacimiento la mayor&iacute;a de las calles eran estrechas y en muchos casos cerradas y laber&iacute;nticas, inundadas de miasmas arrojadas desde las casas y que en muy pocos casos permit&iacute;an otra actividad que no fuera acceder a viviendas y talleres. De este modo, el lugar de contactos ciudadanos abierto y libre fue la plaza, que en cualquier historia econ&oacute;mica de Europa fue adem&aacute;s &#45;y quiz&aacute;s determinante&#45; el lugar de los intercambios de bienes, especialmente de alimentos.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Este registro constituye un punto de origen que, asociado al tipo de manifestaciones que se daban lugar en un sitio espec&iacute;fico de la cit&eacute;, presenta el escenario primigenio del llamado espacio p&uacute;blico en sentido moderno. A esa condici&oacute;n institucional, se agrega una dimensi&oacute;n que proporcionaba su sentido: <i>"La plaza p&uacute;blica era el punto de convergencia de lo extraoficial y gozaba de un cierto derecho a la 'extraoficialidad' dentro del orden y la ideolog&iacute;a oficiales; en este sitio, el pueblo llevaba la voz cantante</i> &#91;...&#93; <i>La cultura popular extraoficial ten&iacute;a un territorio propio en la Edad Media y en el Renacimiento: la plaza p&uacute;blica</i> &#91;...&#93; <i>Reinaba all&iacute; una forma especial dentro de la comunicaci&oacute;n humana: el trato libre y familiar. En los palacios, templos, instituciones y casas privadas, reinaba en cambio un principio de comunicaci&oacute;n jer&aacute;rquica, la etiqueta y las reglas de urbanidad. En la plaza p&uacute;blica se escuchaban los dichos del lenguaje familiar, que llegaban casi a crear una lengua propia, imposible de emplear en otra parte, y claramente diferenciado del lenguaje de la corte, de los tribunales, de las instituciones p&uacute;blicas, de la literatura oficial, y de la lengua hablada por las clases dominantes..."</i> (Bajtin, 1994).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta noci&oacute;n de lo extraoficial constituye el aspecto m&aacute;s controvertido e interesante del tema sobre el espacio p&uacute;blico, porque expresa el m&aacute;ximo grado de libertad y es, a su vez, &aacute;mbito productor de cultura urbana, que en ocasiones transgrede las regulaciones impuestas. No es toda la cultura urbana, pero proporciona sus rasgos m&aacute;s relevantes. As&iacute;, el cumplimiento de las "reglas de urbanidad", por su propia naturaleza disciplinaria, establec&iacute;a normas de comportamiento obligatorias aun en las personas de rango social m&aacute;s elevado, quienes de hecho las impon&iacute;an, y estos no hac&iacute;an uso del albedr&iacute;o que el poder en definitiva otorgaba; por el contrario, eran ejemplo de su fiel cumplimiento. Por estas razones, el uso de la libertad sin restricciones define no solo un comportamiento social, sino que est&aacute; asociado a una condici&oacute;n pecaminosa e identifica los lugares donde esta se manifiesta, como la calle, las ferias y especialmente las plazas.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Despu&eacute;s de la abstinencia de Cuaresma, la celebraci&oacute;n del carnaval en la Francia de Rabelais, en el despertar de la primavera &#45;s&iacute;mbolo de vitalidad y juventud, de floraciones y de abundancia&#45;, se desplegaban sentimientos muy profundos del ser socio&#45;biol&oacute;gico en un natural equilibrio de amor y reproducci&oacute;n. Contra todo mito, pecado y prohibici&oacute;n construido alrededor del cuerpo y el sentimiento amoroso, el habitante se liberaba y explotaba en la plaza durante el carnaval. <i>"El carnaval se convierte entonces en el s&iacute;mbolo y la encarnaci&oacute;n de la verdader a fiesta popular y p&uacute;blica, totalmente independiente de la Iglesia y del Estado</i>" (Bajtin, 1994).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Por otra parte, frente a las regulaciones hubo momentos en extremo opuestos donde se revelaba la naturaleza m&aacute;s profunda del aldeano. Al decir de Bajtin, la visi&oacute;n carnavalesca del mundo permite identificar de modo grotesco relaciones sociales distintas, desalienadas, libres. A modo de espejo, la fiesta y la risa que vivieron Gargant&uacute;a y su hijo Pantagruel fueron narradas en los mismos a&ntilde;os que en Am&eacute;rica hisp&aacute;nica se redactaban las leyes y ordenanzas filipinas. As&iacute;, si bien la Francia de Rabelais y especialmente Par&iacute;s fueron notablemente distintas a los "Reynos de las Indias" se revelan fragmentos de los usos p&uacute;blicos de la ciudad que de otra manera permanecer&iacute;an ocultos: desde permitir el libre tr&aacute;nsito hasta construir lenguaje vulgar &#45;el de todos nosotros&#45; y el despliegue de fiestas religiosas incluyendo al carnaval, se naturaliza el lugar de las licencias, de la libertad entendida como manifestaci&oacute;n del deseo de la multitud.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Cuanto mayor era la explosi&oacute;n de licencias sociales durante el carnaval, mayores eran tambi&eacute;n las restricciones o normas de comportamiento social en la ciudad. <i>"La muchedumbre en regocijo que llena la plaza p&uacute;blica no es una muchedumbre ordinaria. Es un todo popular, organizado a su manera, a la manera popular, fuera y frente a todas las formas existentes de estructura coercitiva social, econ&oacute;mica y pol&iacute;tica, en cierta medida abolida por la duraci&oacute;n de la fiesta"</i> (Bajtin, 1994).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta ausencia de restricciones se desarrollaba sin prop&oacute;sito definido, solo presentaba la noci&oacute;n de libertad en estado puro, compensatoria de cualquier sufrimiento vivido el resto del tiempo: <i>"Es la fiesta la que, liberando de todo utilitarismo, de todo fin pr&aacute;ctico, brinda los medios para entrar temporalmente a un universo ut&oacute;pico. No es posible reducir la fiesta a un contenido determinado y limitado, pues en realidad ella misma transgrede autom&aacute;ticamente los l&iacute;mites. Tampoco se puede separar la fiesta de la vida, del cuerpo, de la tierra, de la naturaleza, del cosmos. En esta ocasi&oacute;n, 'el sol se divierte en el cielo', y parece incluso que existe un 'tiempo de fiesta' independiente. En la &eacute;poca burguesa, todo esto habr&iacute;a de declinar"</i> (Bajtin, 1994).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el continente latinoamericano, si bien se reconoc&iacute;a la existencia de calles y plazas de uso p&uacute;blico, estas restring&iacute;an su uso para ciertas personas y ciertos momentos: <i>"...Que los domingos y fiestas de guardar, todos los vezinos e moradores, estantes e habitantes en la dicha Villa, vayan a o&iacute;r misa mayor a la iglesia principal, y entren en ella antes que se comience el Evangelio, y est&eacute;n en ella hasta quel Padre diga Ite misa este y heche la bendici&oacute;n; so pena de medio peso de oro. y que qualquier a persona que los domingos e fiestas de guardar fuere tomado por las calles en tanto que se celebren los oficios divinos a missa mayor sean llevados a la c&aacute;rcel p&uacute;blica y est&eacute;n en ella tres d&iacute;as e paguen de pena por cada vez un peso de oro... &Iacute;tem que de aqu&iacute; en adelante persona alguna no sea osada de andar por las calles desta ciudad ni ir los corrales ni otras partes fuera de sus casas despu&eacute;s de tanida la campana de la queda, so pena de tres pesos de oro..."</i> (ordenanzas para las villas de Natividad de Nuestra Senora y Truxillo, dadas por Hern&aacute;n Cort&eacute;s, capit&aacute;n general y gobernador de Nueva Espana, c. 1525) La prohibici&oacute;n de circular por las calles a esclavos y negros despu&eacute;s del llamado a sereno a causa de la delincuencia estaba presente en todas las ordenanzas municipales de Hispanoam&eacute;rica y continuaron vigentes hasta muy entrado el periodo republicano.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y si bien son ya muy conocidas y estudiadas, es de inter&eacute;s mencionar a las Leyes de Indias en su Ley VIIIJ, Ordenanza 112, 113, 114 y 115, que obligaba a trazar la Plaza mayor: <i>".Que por lo menos tenga de largo una vez y media de su ancho, porque ser&aacute; m&aacute;s a prop&oacute;sito para las fiestas de a caballo."</i>. Por otra parte, en su t&iacute;tulo Diez y Siete, la Ley IJ establec&iacute;a: <i>"Algunos vecinos tienen ventas y tambos en los caminos, que antiguamente se trajinaban, cerca de los r&iacute;os y pasos dificultosos, y los caminantes, y arrieros han descubierto otros m&aacute;s breves, y mejores, y los vecinos interesados en que hagan noche y medio d&iacute;a en sus ventas y tambos, para poder vender sus bastimentos, y otras cosas salen a los caminos, y los hacen volver, y no consienten que vayan por los nuevamente descubiertos, en que los caminantes reciben notorio agravio: Mandamos &aacute; los virreyes, audiencias, y gobernadores, que no lo permitan, y provean lo que convenga, para que cada uno pueda caminar con libertad por donde quisiere"</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Si bien son pocas las ordenanzas referidas al uso y disposici&oacute;n de lugares libres contenidas en las Leyes de Indias, estas se hac&iacute;an en nombre de la corona espa&ntilde;ola por gobernadores, corregidores o alcaldes, como si fueran espacios privados de uso p&uacute;blico. Cabe citarse la Ordenanza 37&deg; de la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo, del 30 de marzo de 1569: <i>"Otros&iacute;, porque de andar negros esclavos y otros de noche fuera de las casas de sus amos, se cometen muchos hurtos, ordenamos y mandamos que ning&uacute;n negro ni negra, esclavo ni otro, ande de noche fuera de la casa de sus amos despu&eacute;s de tanida la campana de la queda de los negros, que se ha de taner una hora antes que la de los espa&ntilde;oles, sino fuere llevando c&eacute;dula cierta &eacute; verdadera de su amo de que le env&iacute;a &aacute; alg&uacute;n negocio, so pena que el alguacil le pueda prender &eacute; llevar a la c&aacute;rcel, &eacute; le sean dados al tal esclavo, por la primer a vez, cincuenta azotes en la c&aacute;rcel."</i> . La cita no reclama por el sufrimiento y restricciones de los negros, esclavos y sirvientes, solo senala que el espacio p&uacute;blico, lo era para espa&ntilde;oles.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Honor&eacute; de Balzac en <i>Los pequenos burgueses</i> (1855), citado por Ernst Robert Curtius (1923), quien a su vez cit&oacute; Walter Benjamin en su <i>Libro de los pasajes</i> (cit. en Tiedmann, 2007), relataba: <i>"La especulaci&oacute;n desaforada y a contracorriente que a&ntilde;o tras a&ntilde;o disminuye la altura de los pisos, que convierte en una vivienda entera el espacio que antes ocupaba un sal&oacute;n, que ha declarado una guerra sin cuartel a los jardines, ejercer&aacute; inevitablemente su influjo sobre las costumbres parisinas. Pronto ser &aacute; preciso vivir m&aacute;s bien fuera de las casas que dentro de ellas" .</i> Agregaba Benjamin: <i>".Creciente importancia de la calle, por muchos motivos"</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">La declinaci&oacute;n de la fiesta en los espacios p&uacute;blicos, explicada por Bajtin a causa de la racionalidad y &eacute;tica mercantil, presenta una articulaci&oacute;n m&aacute;s compleja del sentido del espacio p&uacute;blico, porque aquella multitud de la fiesta ahora constituye un cotidia&ntilde;o que habita apretujada, hacinada y promiscua en edificios de apartamentos y convierte a la calle en parte de su habitaci&oacute;n.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En la misma ciudad de Par&iacute;s del siglo XVI, donde estudi&oacute; alegremente Pantagruel, trascurr&iacute;a la vida burguesa del siglo XIX: <i>"Al igual que el callejeo puede transformar completamente Par&iacute;s en un interior, en una vivienda cuyos cuartos son los barrios, que no est&aacute;n claramente separados por umbrales como verdaderas habitaciones, del mismo modo la ciudad puede abrirse tambi&eacute;n alrededor del paseante como un paisaje sin umbrales. Sin embargo, solo la revoluci&oacute;n despeja definitivamente la ciudad. Aire libre de las revoluciones. La revoluci&oacute;n deshace el hechizo de la ciudad. La comuna en la educaci&oacute;n sentimental. La imagen de la calle en la guerra civil"</i> (cit. en Tiedmann, 2007).</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">Analizaba Walter Benjamin en sus <i>Passagen&#45;Werk</i>: <i>"Las calles son la morada del colectivo. El colectivo es una esencia eternamente agitada, eternamente en movimiento que, entre las fachadas de los edificios soporta, experimenta, aprende y siente tanto como el individuo en la protecci&oacute;n de sus cuatro paredes. Para este colectivo, las placas deslumbrantes y esmaltadas de los comercios son un adorno de pared tan bueno y quiz&aacute;s mejor que para la burgues&iacute;a un &oacute;leo en el sal&oacute;n. Los muros con su 'defense d'afficher' son su pupitre, los kioscos de peri&oacute;dicos sus bibliotecas, las estafetas sus bronces, los bancos su dormitorio, y las terrazas de los caf&eacute;s balcones desde los que, hecho su trabajo, contempla sus asuntos dom&eacute;sticos"</i> (cit. en Buck&#45;Mors, 1995).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Benjamin cita al historiador de arquitectura Sigfried Giedion en <i>Bauen in Frankreich</i>, escrito en 1928: <i>"Las casas de Le Corbusier no poseen espacialidad ni plasticidad: !el aire circula por ellas! !El aire se convierte en el factor constitutivo! !No vale para ello ni el espacio ni la pl&aacute;stica, solo la relaci&oacute;n y la interpenetraci&oacute;n! Hay un &uacute;nico espacio indivisible. Entre el interior y el exterior, caen las envolturas"</i>. Este desdibujamiento de los l&iacute;mites y su indivisibilidad moderna se traslada hacia la ruptura de los l&iacute;mites, hasta el momento celosamente protegido, de espacios privados y espacios p&uacute;blicos. A continuaci&oacute;n, Benjamin agrega: <i>"Las calles son las viviendas del colectivo. El colectivo es un ente eternamente inquieto, eternamente en movimiento, que vive, experimenta, conoce y medita entre los muros de las casas tanto como los individuos bajo la protecci&oacute;n de sus cuatro paredes. Para este colectivo, los brillantes carteles esmaltados de los comercios son tanto mejor adorno mural que los cuadros al &oacute;leo del sal&oacute;n para el burgu&eacute;s, los muros con el prohibido fijar carteles son su escritorio, los quiscos de prensa sus bibliotecas, los buzones sus bronces, los bancos sus muebles de dormitorio, y la terraza (del) caf&eacute; el mirador donde contempla sus enseres dom&eacute;sticos. All&iacute; donde los peones camineros cuelgan la chaqueta de las rejas, est&aacute; el vest&iacute;bulo y el port&oacute;n que lleva de los patios interiores al aire libre; el largo corredor que asusta al burgu&eacute;s es para ellos el acceso a las habitaciones de la ciudad. El pasaje fue para ellos el sal&oacute;n. M&aacute;s que en cualquier otro lugar, en el pasaje se da a conocer la calle como el interior amueblado de las masas, habitado por ellas"</i> (cit. en Tiedmann, 2007).</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Esta apropiaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico como extensi&oacute;n cartesiana de la materia&#45;habitaci&oacute;n est&aacute; sostenida por la circulaci&oacute;n nerviosa y agitada de mercanc&iacute;as que brillan en vitrinas de pasajes y grandes almacenes, donde la libertad se convierte en necesidad del sistema de la metr&oacute;poli, donde el espacio p&uacute;blico forma parte de su programa e interesa poco su propiedad, porque son escasos los ejemplos de disposici&oacute;n libre de esos espacios, porque todos ellos est&aacute;n regulados. La excepci&oacute;n ocurri&oacute; en la comuna de Par&iacute;s de 1871 que destruy&oacute; y quem&oacute; la ciudad y Benjamin critic&oacute; no por su acci&oacute;n demoledora, sino por haber confundido la destrucci&oacute;n de la ciudad con la destrucci&oacute;n del orden social (cit. en Buck&#45; Mors, 1995). La sociedad burguesa institucionaliz&oacute; las conductas sociales, regulando una suerte de liturgia del paseo, del saludo, de los juegos y del chismorreo, de modo tal que la libertad hab&iacute;a perdido el car&aacute;cter extremo de la Edad Media.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">En el aparente extremo ideol&oacute;gico de las utop&iacute;as urbanas, el modelo de la Ciudad Jard&iacute;n formulado por Ebenezer Howard en 1902, propon&iacute;a: <i>"La ciudad est&aacute; atravesada, del centro a la circunferencia, por seis magn&iacute;ficos paseos... El parque Central, aparece encerrado por una amplia arcada de cristal, denominada el 'Palacio de Cristal', que da al parque... La seguridad que ofrece un refugio luminoso siempre a ma&ntilde;o, aventura a la gente al parque Central incluso con tiempo muy inseguro. En el Palacio de Cristal se exponen a la venta bienes de confecci&oacute;n, y ah&iacute; se llevan a cabo la mayor parte de las compras que se prestan al placer de deliberar y seleccionar. El espacio cubierto por el Palacio de Cristal es, sin embargo, bastante m&aacute;s amplio que el necesario para estas finalidades, por lo que una considerable parte es utilizada como jard&iacute;n de invierno, constituyendo en su conjunto una exposici&oacute;n permanente de muy atractivas caracter&iacute;sticas"</i>.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">Y <i>voil&aacute;</i>!: la tipolog&iacute;a del <i>mall</i> contempor&aacute;neo.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">As&iacute;, la idea de que el espacio p&uacute;blico es de todos tiene muchos siglos de existencia, pero tambi&eacute;n la condici&oacute;n del espacio p&uacute;blico como lugar normado y administrado por alguien que ejerce dominio. No es una novedad reciente de la econom&iacute;a de mercado contempor&aacute;neo..</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">&nbsp;</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="3"><b>Referentes</b></font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">BAJTIN, Mija&iacute;l. <i>La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento</i>. <i>El contexto de Fran&ccedil;ois Rabelais.</i> Alianza Estudio, Madrid, 1994, p. 197, 139, 229, 248&#45;249.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">BUCK&#45;MORSS, Susan. <i>Dial&eacute;ctica de la mirada</i>. Visor &#45; Dis. S.A., Madrid, 1995, p. 332&#45;333, 344.</font></p>  	    ]]></body>
<body><![CDATA[<p align="justify"><font face="verdana" size="2">MUMFORD, Lewis. La ciudad en la historia. Ediciones Infinito, Buenos Aires, 1966, p. 96, 187.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">GORELIK, Adri&aacute;n. <i>La grilla y el parque</i>. Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires, 1998, p. 19.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">PIRENNE, Henri. <i>Las ciudades de la Edad Media</i>. Alianza Editorial, Madrid, 1983, p. 122, 126.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">SAALMAN, Howard. <i>Medieval cities.</i> George Braziller, Nueva York, 1968, p. 28.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">SJOBERG, Gideon. La ciudad preindustrial. Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1974.</font></p>  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2">TIEDMANN, Rolf. (ed.). <i>Walter Benjamin. Libro de los pasajes.</i> Akal, Madrid, 2007, p. 242, 427, 428.</font></p> 	<hr align="left" width="30%" size="1">  	    <p align="justify"><font face="verdana" size="2"><a name="c1" id="c1"></a><a href="#cc1">1.</a> <b>Alberto Sato.</b> Arquitecto, Universidad Nacional de La Plata, 1972 y Universidad Central de Venezuela, 1980; Mag&iacute;ster Sc. en Historia de la Arquitectura, 1996 y Doctor en Arquitectura, Universidad Central de Venezuela, 2006. Ha sido profesor en la Universidad Sim&oacute;n Bol&iacute;var, en la UCV en Caracas, en la Universidad de Los Andes en Bogot&aacute; y en la Pontificia Universidad Cat&oacute;lica de Chile. Fue director del Centro de Investigaciones Hist&oacute;ricas y Est&eacute;ticas de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela; ha publicado libros, art&iacute;culos y ensayos sobre arquitectura, dise&ntilde;o y cultura material en Latinoam&eacute;rica, Estados Unidos y Europa. Hasta julio de 2012 fue decano de la Facultad de Arquitectura, Artes y Dise&ntilde;o de la Universidad Andr&eacute;s Bello en Santiago.</font></p>      ]]></body>
</article>
