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</front><body><![CDATA[ <p><font size="2"><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Acta Literaria N&deg;44, I Sem. (167-173), 2012</font></font> </p>     <p   align="justify" >&nbsp;</p >     <p align="right"><font size="2"><strong><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">NOTAS</font></strong></font></p>     <p align="right">&nbsp;</p>     <p align="left"><font size="4" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><strong>La construcci&oacute;n de la urbe y sus cuerpos</strong></font></p>     <p><em><strong><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">The construction of the city and the citizen's body</font></strong></em></p>     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><strong>Jaime Morales Quant</strong></font><br /> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Universidad de Cartagena. Cartagena, Colombia&nbsp;<a href="mailto:jamoq22@yahoo.com"><u><br /> jamoq22@yahoo.com</u></a></font></p> <hr align="center" width="100%" size="1" noshade="noshade" />     <p>&nbsp;</p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Como dijera &Aacute;ngel Rama (1984) en una de sus obras m&aacute;s celebradas, la ciudad moderna no puede pensarse sin una red de construcciones simb&oacute;licas que la moldean, la controlan y constituyen. En esta l&iacute;nea de pensamiento cabe aludir a dos ensayos que reflexionan sobre la urbe desde los entramados de la escritura ordenadora, disciplinante. Ellos son &quot;Decorar la ciudad: cr&oacute;nica y experiencia urbana&quot; de Julio Ramos (2003) y &quot;Modernizaci&oacute;n y disciplinamiento. La formaci&oacute;n del ciudadano: el espacio privado y p&uacute;blico&quot;<em>,&nbsp;</em>de Beatriz Gonz&aacute;lez Stephan (1995). Aunque los textos presentan formas de abordaje diferenciables, pueden converger en, al menos, tres aspectos:</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">a) Revelan una serie de relaciones entre la producci&oacute;n escrita (la cr&oacute;nica y los manuales de buenas maneras) y la constituci&oacute;n de la experiencia urbana moderna; b) trazan nexos relevantes entre los discursos y los poderes (econ&oacute;mico y pol&iacute;tico); c) y advierten los l&iacute;mites de las representaciones realizadas por estas escrituras. Palabras m&aacute;s, palabras menos, los ensayos mencionados ponen de plano c&oacute;mo dos g&eacute;neros menores sirven para erigir concepciones sobre la ciudad decimon&oacute;nica del continente americano, construyendo/reproduciendo im&aacute;genes de unidad y coherencia; delineando el tipo de ciudadano correcto, etc. En este sentido, son le&iacute;dos como propuestas ideol&oacute;gicas que forman y consolidan subjetividades aptas para habitar el escenario moderno naciente; participan &ndash;junto a otros aparatos de poder&ndash; en el proceso de forjar c&oacute;mo sentir, habitar, so&ntilde;ar, actuar, relacionarse en/con determinada ciudad. Pero tambi&eacute;n es de anotar que ambos autores est&aacute;n interesados en revelar las limitaciones, enmascaramientos y obliteraciones que realizan</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">las cr&oacute;nicas y el manual, respectivamente: si bien estos discursos tratan de eludir, ocultar o suavizar algunos semblantes de la urbe y sus habitantes, &eacute;sta sigue siendo un todo complejo en el que no cesan las tensiones, el caos, lo contradictorio, la inasible heterogeneidad.</font></p>     <p><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><strong>LA CR&Oacute;NICA QUE INSTAURA</strong></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">El ensayo de Julio Ramos se caracteriza por una lucidez que repara en paradojas y matices. El autor aborda la cr&oacute;nica para analizar c&oacute;mo su flexibilidad formal le permite &quot;convertirse en un archivo de los peligros de la nueva experiencia urbana, (en) una puesta en orden de la cotidianidad a&uacute;n incla-sificada por los &quot;saberes&quot; instituidos&quot; (2003: 113). Pero tambi&eacute;n reconoce que este g&eacute;nero &quot;menor&quot; hace parte de una industria cultural que busca difundir im&aacute;genes y conductas afines al esp&iacute;ritu del capitalismo. Ramos se ubica en la &uacute;ltima d&eacute;cada del siglo XIX, cuando el peri&oacute;dico ha creado una serie de exigencias para el cronista: ser un gu&iacute;a en el mercado de lujo y bienes culturales &quot;contribuyendo a cristalizar una ret&oacute;rica del consumo y la publicidad&quot; (113). En este sentido, la cr&oacute;nica sirve para representar-construir a la ciudad como un espacio apto para el deleite de las mercanc&iacute;as. Un trabajo que estar&iacute;a a cargo de varios escritores suscritos al modernismo, entre los cuales se puede destacar a cierto Rub&eacute;n Dar&iacute;o y su idea de felicidad capitalista, tecnol&oacute;gica, y al tiempo est&eacute;tica (114); o el proyecto de un G&oacute;mez Carrillo que pensaba en una literatura aplicada a la moda y en la er&oacute;tica de los objetos mercantiles. Por m&aacute;s que resulte obvio, cabe recordar que estos escritores ten&iacute;an en mente un destinatario particular, no menos relevante en la edificaci&oacute;n de los imaginarios modernos: el sujeto &quot;burgu&eacute;s, refinado, dom&eacute;stico&quot; (114), deseante de acumulaci&oacute;n material y monetaria.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ahora bien, en la medida en que la ciudad es el lugar de la fragmentaci&oacute;n, la crisis de las tradiciones y la comunidad, una de las tareas culturales m&aacute;s urgentes consiste en reorganizar la extra&ntilde;eza que suscita el devenir moderno; en proponer im&aacute;genes que compensen tales quebraduras. La cr&oacute;nica debe intervenir en la resoluci&oacute;n de tal problema y aportar una narratividad que permita empalmar las temporalidades, es decir, resarcir la discontinuidad entre el pasado y el presente. Una de las operaciones para lograrlo es la representaci&oacute;n de la urbe como un espacio arm&oacute;nico en donde el caos social yace atenuado o ausente. Otra implica rastrear en los dem&aacute;s sujetos las &quot;se&ntilde;as de una identidad compartida&quot;. Esto requiere de un cronista paseante, un&nbsp;<em>flaneur&nbsp;</em>que persigue y construye las marcas del orden, la continuidad y</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">familiaridad en sus caminatas. Tras el uso de dispositivos como el chisme, el&nbsp;<em>voyerismo</em>, la transcripci&oacute;n de la oralidad de los que hablan en la calle, el cronista encuentra las huellas de una colectividad posible. Sin embargo, la reconstrucci&oacute;n de lazos de identidad dista de ser colectiva en el sentido m&aacute;s amplio de la palabra, puesto que m&aacute;s bien se trata de forjar-afianzar una imagen en la cual se vienen a reconocer los burgueses como familia.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">As&iacute; las cosas, el texto de Ramos va ofreciendo las piezas que permiten contemplar las relaciones entre cr&oacute;nicas y poderes: como advert&iacute;amos m&aacute;s arriba, las im&aacute;genes de belleza y unidad que se fabrican desde la escritura permanecen vinculadas con los intereses de una industria cultural que propaga una disposici&oacute;n consumista, pero tambi&eacute;n est&aacute;n conectadas con proyectos pol&iacute;ticos que preparan la vigorizaci&oacute;n de una clase burguesa.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por lo anterior, podemos decir que el discurso de la cr&oacute;nica revela sus l&iacute;mites, sus polarizaciones y trampas. Las preguntas son: &iquest;Qui&eacute;nes quedan afuera de esta familia?, &iquest;qu&eacute; clase de sujetos?, &iquest;de qu&eacute; manera son representados los Otros? La cr&oacute;nica decora la multiplicidad social de lo urbano cuando aborda a dos de sus figuras problem&aacute;ticas: la clase obrera (amenaza de la burgues&iacute;a y el sistema econ&oacute;mico vigente) y a la prostituta (amenaza a la familia) (Ramos, 2003). Una de las estrategias que usa consiste en representar a estos sujetos con ternura, o en clasificarlos tras la fijeza del estereotipo. As&iacute;, hace posible que la ciudad desigual, pobre y lumpen sea disimulada por una mirada estetizante que la embellece, la ordena, la controla. Para decirlo con Ramos: &quot;la estilizaci&oacute;n de la cr&oacute;nica transforma los signos amenazantes del 'progreso' y la modernidad en un espect&aacute;culo pintoresco, estetizado&quot; (114).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Pero lo cierto es que hay un espacio para el cronista disidente que, por una parte, instala la heterogeneidad problem&aacute;tica; por la otra, esgrime el cuestionamiento a las instituciones. Esta figura bien puede ejemplificarse con Jos&eacute; Mart&iacute;<sup><a name="1" id="1"></a><a href="#n1">1</a></sup>, el cual se resiste a enmascarar la urbe, se aparta de los de-rredores de la industria cultural, y despliega, en contrapartida, una imagen cr&iacute;tica del desastre. Habr&aacute; que recordar que el autor cubano &quot;registra la miseria, la explotaci&oacute;n que las formas entonces m&aacute;s avanzadas de la modernidad (en los Estados Unidos) generaban&quot; (Ramos, 2003: 140). Que su cr&oacute;nica aparece como el reverso de la modernista, pues &quot;la miseria all&iacute; no es pintoresca ni d&oacute;cil (&hellip;)&quot; y especialmente, el otro aparece &quot;indomesticado&quot;</font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"> </font><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">(141). En efecto, Mart&iacute;: &quot;(&hellip;) no decora, no resuelve las tensiones de la ciudad: al contrario (&hellip;) parecer&iacute;a que la fragmentaci&oacute;n del cuerpo del&nbsp;<em>otro&nbsp;</em>contamina con su violencia el espacio mismo del discurso, el lugar seguro del sujeto que a la vez reclama distancia&quot; (141).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por esto, es posible decir que la ciudad pasa por discursos dis&iacute;miles que la tejen: se ordena y se re-ordena de manera incesante. De modo que una de las lecciones que proporciona el texto de Julio Ramos es la de postular a la escritura misma como escenario que ofrece m&uacute;ltiples posibilidades de control e impugnaci&oacute;n; diferentes itinerarios en la re-configuraci&oacute;n de la experiencia moderna y urbana.</font></p>     <p><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><strong>EN BUSCA DEL CUERPO CIVILIZADO</strong></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En t&eacute;rminos generales, el texto de Gonz&aacute;lez Stephan (1995) habla de otro g&eacute;nero menor (no literario), &quot;los manuales de urbanidad&quot;, pero se concentra espec&iacute;ficamente en el famoso&nbsp;<em>Manual de urbanidad y buenas maneras&nbsp;</em>(1854) de Manuel Antonio Carre&ntilde;o. El estudio recorre parte de los procesos socio-culturales de Venezuela durante el siglo XIX, privilegiando los efectos que tiene la escritura sobre la formaci&oacute;n del ciudadano civilizado. Al igual que Ramos, reflexiona sobre la fuerza de una escritura que delinea-delimita a los sujetos de la urbe, mediada por intereses de clase y determinados proyectos de naci&oacute;n. De acuerdo con la autora:</font></p> <table width="80%" border="0" align="center">   <tr>     <td><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">(&hellip;) la escritura del Manual funciona dentro del campo institucional que despliega la autoridad del libro &ndash;en su relaci&oacute;n concomitante entre escritura y poder&ndash; como la&nbsp;<em>regulaci&oacute;n/ reglamentaci&oacute;n&nbsp;</em>de nuevas jerarqu&iacute;as, la sujeci&oacute;n cuidadosa y controlada de las subjetividades y deseos, el etiquetamiento de los impulsos espont&aacute;neos y culturales (&hellip;) (Gonz&aacute;lez Stephan, 1995: 434).</font></td>   </tr> </table>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hay que se&ntilde;alar que en el per&iacute;odo referido existe un p&uacute;blico que anhela seguir cierta idea de &quot;progreso&quot; importada desde Europa; instalarse en las filas de una modernidad que promet&iacute;a aventuras, reconocimiento, acumulaci&oacute;n material, etc. (Berman, 1991). Los manuales, y en especial el de Carre&ntilde;o, funcionan justamente como los dispositivos mediante los cuales se forman sujetos con miras al &eacute;xito social, pol&iacute;tico y econ&oacute;mico. Tal como dice Gonz&aacute;lez Stephan:</font></p> <table width="80%" border="0" align="center">   <tr>     <td><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">(&hellip;) entre la vasta agenda que implicaba el proyecto de construcci&oacute;n de las</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">nuevas naciones, uno de los aspectos no menos decisivos era la modelaci&oacute;n de los hombres y mujeres capaces de funcionar en concordancia con el nuevo estilo urbano de la vida (1995: 432).</font></td>   </tr> </table>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Hay que decir que la escritura del&nbsp;<em>Manual&nbsp;</em>funda/difunde un orden con el que se busca consolidar a un nuevo protagonista de la modernizaci&oacute;n; sirve para asimilar y promover una cotidianidad capitalista, pues &quot;modeliza en el nivel de las construcciones de individualidades, la percepci&oacute;n del cuerpo y las relaciones interpersonales, los nuevos valores del individualismo econ&oacute;mico&quot; (Gonz&aacute;lez Stephan, 1995: 440). En este sentido, uno de los aspectos que m&aacute;s destaca la ensayista venezolana es el disciplinamiento corporal que ejerce el&nbsp;<em>Manual&nbsp;</em>sobre los que habitan la ciudad, y el beneficio que acarrea esta regulaci&oacute;n a la hora de obtener ascenso socioecon&oacute;mico: se trata de una sociedad &quot;(&hellip;) para la cual el que ten&iacute;a dinero y sobre todo aprend&iacute;a 'maneras' ten&iacute;a garantizado el &eacute;xito social&quot; (438). Cabe preguntarse, desde luego, &iquest;qui&eacute;n es la figura social que debe leer este discurso? Si como ve&iacute;amos antes, la cr&oacute;nica construye y educa a un p&uacute;blico, al tiempo que dise&ntilde;a &quot;un afuera&quot; donde habitan otros sujetos y problem&aacute;ticas, el manual tambi&eacute;n posee, por un lado, un destinatario que corresponde a la emergente clase burguesa. En palabras de Gonz&aacute;lez Stephan: ese &quot;nosotros&quot; son (&hellip;) los nuevos due&ntilde;os de casas ubicadas en centros urbanos (&hellip;) con varios ambientes, salones, comedores, dormitorios, jardines, habitaciones para no pocos sirvientes&quot; (439). Por el otro, concreta una posici&oacute;n &quot;equidistante&quot; respecto a los sirvientes y a personas &quot;que est&aacute;n en una situaci&oacute;n de poder&quot; (440). Ni &quot;el habitante del campo (&hellip;) ni las capas medias bajas, los esclavos, como tampoco la oligarqu&iacute;a se&ntilde;orial&quot; (442). Todo ellos configurando &quot;la otredad&quot; que habita en los m&aacute;rgenes del&nbsp;<em>Manual</em>; se&ntilde;alando su l&iacute;mite.</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por lo dem&aacute;s, una tesis adicional que explica la conveniencia de dicho texto para la &eacute;lite burguesa reside en que suministra una serie de disposiciones morales capaces de generar simpat&iacute;a en la clase se&ntilde;orial que gobierna en ese momento:</font></p> <table width="80%" border="0" align="center">   <tr>     <td><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En la medida en que el nuevo sujeto burgu&eacute;s vio sus posibilidades materiales de ascenso quiso adaptar las maneras exteriores de las clases patricias, clases que ten&iacute;an como natural los h&aacute;bitos de corte asimilados por tradici&oacute;n. (Se requiere) construir un ciudadano ideal y obediente en un Estado autoritario y hegem&oacute;nico como lo fue particularmente el guzmana-to (1870-1888) y posteriormente el gomecismo (1909-1935)&quot; (Gonz&aacute;lez Stephan, 1995: 447).</font></td>   </tr> </table>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Por fortuna, el ensayo de Gonz&aacute;lez Stephan no se detiene en una unila-teralidad reduccionista de las relaciones, sino que deja ver el juego de utilidades rec&iacute;procas y complejas entre ambos actores sociales: el discurso de Carre&ntilde;o es &uacute;til no s&oacute;lo para los burgueses en ascenso, tambi&eacute;n para el gobierno del momento, puesto que &quot;el Estado en su proyecto de la formaci&oacute;n nacional necesita de estos ciudadanos, d&oacute;ciles, reprimidos, prisioneros bajo las m&aacute;scaras de la urbanidad de las buenas maneras&quot; (447).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">En cierta medida, y seg&uacute;n Gonz&aacute;lez Stephan, lo que busca este manual es una diferenciaci&oacute;n compleja: que el sujeto trate de apartarse de la barbarie &quot;encarnada&quot; en los sujetos subalternos, mediante una operaci&oacute;n parad&oacute;jica: destruyendo al b&aacute;rbaro que se llevaba dentro, al Otro interno. Se trata de un discurso que quiere regular los cuerpos, impartiendo instrucciones que develan el gran &quot;r&eacute;gimen de prohibici&oacute;n&quot; que lo compone: c&oacute;mo, cu&aacute;ndo y d&oacute;nde &quot;estornudar, bostezar, sonarse la nariz, estirarse, re&iacute;rse, roncar, aplaudir, escupir&hellip; tocarse partes del cuerpo o tocar a otro, mirar a otros, mover las manos, beber, preguntar, fumar, discutir (&hellip;)&quot; (445); tambi&eacute;n cabe rememorar: &quot;la variedad de tenedores, cuchillos, cucharas copas, vasos y servilletas (&hellip;) el complej&iacute;simo c&oacute;digo de las presentaciones especiales: la oportunidad de las visitas, su duraci&oacute;n&quot; o &quot;el modo de conducirnos en la mesa (que) ofrece 53 reglas a seguir&quot; (439).</font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Tras el c&uacute;mulo de prohibiciones expuestas, queda claro que el&nbsp;<em>Manual&nbsp;</em>irrumpe en el &aacute;mbito de lo p&uacute;blico, pero tambi&eacute;n en el privado. Ciertamente, el espacio dom&eacute;stico no es el lugar de la liberaci&oacute;n o de los goces secretos, sino el de una estricta autovigilancia: &quot;es el primer espacio donde el sujeto aprende su encorsetamiento&quot; (448). De aqu&iacute; se deriva, por una parte, un tipo de individuo &quot;(&hellip;) que calla, que no discute (&hellip;) desconoce su cuerpo y el cuerpo del otro, aprisiona su yo, escuda sus afectos&quot; (447). Por la otra, se clausura la multiplicidad social, toda vez que el texto construye una imagen de la ciudad donde no tienen cabida otras formas de pensar, actuar, vestirse; donde no hay lugar leg&iacute;timo para otra clase de sujetos. En este orden de cosas, es un discurso que puede pensarse aludiendo a los gobiernos autoritarios de la &eacute;poca, y tambi&eacute;n m&aacute;s all&aacute;: como signo de la modernidad y su propensi&oacute;n al control. Con notable herencia Foucaultiana, Gonz&aacute;lez Stephan conduce a pensar en la relaci&oacute;n directamente proporcional entre la edad moderna y el aumento progresivo de dispositivos de vigilancia y ordenamiento mediante discursos. En la notable y abrumadora &quot;contig&uuml;idad entre civilizaci&oacute;n/ progreso/ modernizaci&oacute;n y sacrificio/ apariencia / dominaci&oacute;n&quot; (447).</font></p>     <p><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><strong>CODA</strong></font></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ambos ensayos permiten comprender el di&aacute;logo entre las pr&aacute;cticas y los discursos; los v&iacute;nculos entre identidad (nacional, individual, est&eacute;tica) y escritura. La existencia de las cr&oacute;nicas y los manuales en tanto artefactos escritos, ratificar&iacute;a que la lectura y la escritura se convierten en dos &quot;reguladores del complejo simb&oacute;lico cultural&quot; (Gonz&aacute;lez Stephan, 1995: 437); unos aprendizajes que funcionan como condici&oacute;n para entrar a la &quot;civilizaci&oacute;n&quot; y a la modernidad (1995). No obstante, bajo la figura de Mart&iacute;, tambi&eacute;n aparece la palabra revestida de su fuerza cr&iacute;tica: increpando las representaciones auspiciadas por la industria cultural, desarticulando las &quot;tramas simb&oacute;licas&quot; (Nieves, 1997). Teniendo en cuenta estas dimensiones, las propuestas de Ramos y Gonz&aacute;lez conducen a una concepci&oacute;n de la urbe como espacio de semiosis (1997<em>)</em>: el lugar de un permanente flujo s&iacute;gnico. Y para terminar, no es descabellado proponer que la ciudad funciona como una m&aacute;quina que dise&ntilde;a afueras y adentros, resignifica los espacios f&iacute;sicos, y cataloga a unos y a otros seres humanos. En este sentido, se constituye en cierto lugar de la carencia: es el silencio de los que podr&iacute;an hablar, pero a quienes se les niega la voz; la ausencia de aquellos que podr&iacute;an aparecer, pero a quienes se les resta presencia.</font></p>     <p><strong><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">NOTAS</font></strong></p>     <p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><sup><a name="n1" id="n1"></a><a href="#1">1</a></sup>&nbsp;De acuerdo con Ramos, la explicaci&oacute;n de esta diferencia entre el autor cubano y otros modernistas tiene su respuesta no s&oacute;lo en una experiencia personal, sino debido a &quot;las luchas en el interior del campo intelectual; pugnas entre diferentes posiciones y conceptos literarios&hellip;supone una cr&iacute;tica de la incorporaci&oacute;n de lo est&eacute;tico, como esfera aut&oacute;noma, por la industria cultural&quot; (2003: 142).</font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<p>&nbsp;</p>     <p><font size="3" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><strong>REFERENCIAS</strong></font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Berman, Marshall. 1991.&nbsp;<em>Todo lo s&oacute;lido se desvanece en el aire</em>. Madrid: Siglo</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">XXI.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scieloOrg/php/reflinks.php?refpid=S0717-6848201200010001100001&pid=S0717-68482012000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');"></a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Gonz&aacute;lez Stephan, Beatriz. 1995. &quot;Modernizaci&oacute;n y disciplinamiento. La</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">formaci&oacute;n del ciudadano: el espacio privado y p&uacute;blico&quot;. En&nbsp;<em>Esplendores y</em></font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><em>miserias del siglo XIX</em>. Caracas, Monte &Aacute;vila: Universidad Sim&oacute;n Bol&iacute;var.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scieloOrg/php/reflinks.php?refpid=S0717-6848201200010001100002&pid=S0717-68482012000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');"></a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Rama, &Aacute;ngel. 1984.&nbsp;<em>La ciudad letrada</em>. Hanover: Ed. Del norte.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scieloOrg/php/reflinks.php?refpid=S0717-6848201200010001100003&pid=S0717-68482012000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');"></a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     <!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Ramos, Julio. 2003. &quot;Decorar la ciudad: cr&oacute;nica y experiencia urbana&quot;. En</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><em>Desencuentros de la Modernidad en Am&eacute;rica Latina</em>. Santiago de Chile:</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Editorial Cuarto Propio.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scieloOrg/php/reflinks.php?refpid=S0717-6848201200010001100004&pid=S0717-68482012000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');"></a>&#160;]<!-- end-ref --> </font></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p><font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">Nieves Oviedo, Jorge. 1997. &quot;Acerca de la competencia sociocultural&quot;, en</font> <font size="2" face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><em>Colombia. Historia y Cultura&nbsp;</em>5, pp. 287-328.    &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scieloOrg/php/reflinks.php?refpid=S0717-6848201200010001100005&pid=S0717-68482012000100011&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');"></a>&#160;]<!-- end-ref --></font></p>      ]]></body><back>
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