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Revista signos

versión On-line ISSN 0718-0934

Rev. signos v.33 n.47 Valparaíso  2000

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-09342000000100012 

Revista Signos 2000, 33(47), 151-166

LINGÜISTICA

La evaluación de la producción de textos escritos argumentativos: una alternativa cognitivo/discursiva*



Giovanni Parodi Sweis

Universidad Católica de Valparaíso

Chile



1. INTRODUCCION

Este trabajo se inserta dentro de una investigación mayor que por varios años se viene desarrollando en la Universidad Católica de Valparaíso, Chile (Proyecto FONDECYT 1980/311 y otros anteriores) y que, desde hace ya casi dos años, se ha consolidado en un proyecto internacional en conjunto con la Universidad del Valle, Colombia (Proyecto de Cooperación Internacional 7980014, financiado parcialmente por CONICYT). El objetivo final de este proyecto es estudiar los procesos de comprensión y producción del texto argumentativo escrito en alumnos de educación básica y media e indagar las conexiones de tipo psicolingüístico a nivel discursivo que puedan existir entre estos dos procesos superiores.

Como se sabe, hoy en día no cabe duda que un tema ampliamente debatido es aquél sobre el grado de competencia textual tanto en comprensión como en producción escrita con que, teóricamente, deberían egresar del sistema escolar los alumnos de educación secundaria. Mucho se ha discutido respecto de las carencias en el manejo del lenguaje lectoescrito que evidencian no sólo los alumnos de cursos terminales, sino también de otros niveles educacionales y en los distintos estratos socioculturales.

El consenso creciente que se ha ido generando, gracias al constante debate en torno a los procesos de lectura y escritura, se refleja en la conciencia alcanzada respecto de que estos procesos de orden superior constituyen un soporte fundamental para el desarrollo efectivo de un pensamiento autónomo, crítico y reflexivo. Todo ello ha llevado a que las reformas educacionales en marcha en diversos países de América Latina otorguen un espacio relevante a las visiones psicolingüísticas modernas con el fin de renovar las prácticas educativas en base a los antecedentes téoricos y empíricos disponibles.

En este marco de acción, en este artículo nos centramos en un aspecto que juzgamos de vital importancia en el estudio de la elaboración de significados a través del discurso escrito, tal es, el de la evaluación de la producción de textos escritos argumentativos. Específicamente, el objetivo del trabajo es dar cuenta de una propuesta para la evaluación del discurso argumentativo que permita diagnosticar el nivel de competencia discursiva del texto escrito desde una perspectiva cognitivo/textual. En la elaboración de la pauta se ha intentado pesquisar un conjunto de rasgos textuales que reflejen las capacidades de los sujetos para organizar un texto escrito argumentativo de acuerdo a una tarea específica. Ello con el fin de llegar a discriminar el desempeño de los individuos, estableciendo diferencias entre los diversos niveles de logro en distintas áreas discursivas. Conjuntamente, se presentan y comentan los resultados obtenidos en la aplicación de la pauta de evaluación propuesta a una batería de instrumentos aplicados a un grupo de sujetos que cursan 8 grado de Educación Básica en colegios de la ciudad de Valparaíso, Chile.

2. MARCO DE REFERENCIA

Como se sabe, el ámbito de investigación en escritura ha alcanzado un alto grado de desarrollo en los últimos diez a quince años. No obstante, está claro que la eclosión de trabajos se ha llevado a cabo un tanto tardíamente, si se compara con lo acaecido en el terreno de la comprensión textual. Al parecer, la influencia de la psicología cognitiva y de las emergentes investigaciones en el marco de la lingüística textual llevaron a los estudiosos a concentrarse en esta última modalidad discursiva y, consecuentemente, no prestar mucha atención, en un comienzo, a la producción escrita. Tal vez, en ese entonces, las crisis paradigmáticas, las carencias y las dificultades se hacían más evidentes en el terreno de la interpretación de los textos que en el de su elaboración.

Al respecto, según van Dijk y Kintsch (1983), el estudio científico de la lectura se inicia con anterioridad al de la escritura porque la tendencia en psicología y lingüística (conductismo y estructuralismo) era a partir de lo observable y se postergaba el estudio de un vago fenómeno cognitivo como el significado. Dentro de la psicología, dado que el trabajo experimental exige ciertos requerimientos y, por ende, partir del estudio del input observable, tal como palabras, frases, oraciones o discursos, era preferible a iniciar un trabajo desde una representación semántica desconocida o una vaga estructura en la memoria.

Ahora bien, transcurridos algunos años, las diversas investigaciones tanto en el ámbito inglés y francés (Flower y Hayes, 1981; Flower, 1989, 1990, 1993; Hayes, 1996; Bereiter y Scardamalia, 1987; Nystrand, 1982; Charolles, 1988; Charaudeau, 1983; Reuter, 1995, 1996), así como en el campo hispanohablante (Cassany, 1989, 1996, 1999; Serafini, 1994; Véliz, 1996a, 1996b; Sequeida y Seymour, 1994; Salvador, 1997; Parra, 1996; Frías, 1996; Marinkovich y Morán, 1995, 1998) han alcanzado un importante nivel con sus aportes teóricos y hallazgos empíricos, permitiendo construir un panorama inicial que dé cuenta de las debilidades y fortalezas de los modelos teóricos con que contamos, así como de las falencias que evidencian los sujetos en su competencia productiva. Todo ello, en general, nos lleva a una revisión y análisis del modo en que se enseña y se evalúa la producción de textos escritos al interior del aula y, en particular, los objetivos que se persiguen con esta práctica. Al mismo tiempo que renueva los impulsos por contribuir en la elaboración de modelos teóricos y enfoques didácticos que se constituyan en soporte para las actividades específicas de enseñanza-aprendizaje.

Son muchas las preguntas que un investigador y/o un docente se plantea frente a la problemática de la enseñanza de la producción escrita y su respectiva evaluación. A modo de ejemplo, cabe preguntarse cuando evaluamos los trabajos de los estudiantes: ¿qué aspectos tomamos en consideración?, ¿cómo es posible obtener información sobre el nivel de desarrollo de un escritor e identificar sus aspectos fuertes y débiles?, ¿examinamos sólo el producto escrito o intentamos indagar los procesos y estrategias que generaron ese producto?

Al respecto, Cassany (1996) opina que la distinción entre corrección y evaluación del discurso escrito puede ser aclaradora. Según este autor, la primera interesa más a maestros o educadores preocupados por la revisión de los trabajos de sus alumnos como parte del desarrollo de la habilidad escrita. Su objetivo central es ayudarlos a enmendar sus errores y avanzar en su manejo de las estructuras y recursos necesarios para llegar a elaborar textos coherentes y cohesionados en diversas tipologías. Cassany opina que la evaluación propiamente tal, es preocupación de quienes deben diseñar pruebas o instrumentos que pretendan alcanzar índices apropiados de validez y confiabilidad, muchas veces, con el objetivo de determinar el nivel de competencia discursiva de un grupo de sujetos.

Según el referido autor, se puede hablar de una didáctica de la corrección que vendría a consistir en el conocimiento y manejo de las técnicas para corregir los escritos de los alumnos y producir una adecuada y continua interacción entre maestro y alumno en torno a los trabajos de este último. Todo ello, desde la concepción moderna que aborda la corrección como parte central del proceso de producción textual, en el que esta etapa es parte importante de la red cíclica del proceso de generación del escrito.

Para otros especialistas, la evaluación no estaría divorciada de la corrección. Así, en términos globales, se considera que el propósito central de la evaluación es contribuir a mejorar la calidad de la enseñanza y del aprendizaje, y no de probar si un aprendizaje o enseñanza ha tenido lugar (IRA y NCTE, 1994). En esta línea, se sostiene que los procedimientos de evaluación deben conducir al mejoramiento de modelos instruccionales con el fin de que más miembros de la sociedad alcancen un grado adecuado de alfabetización y dominio de las herramientas fundamentales del lenguaje escrito. En otras palabras, los mecanismos de evaluación del lenguaje escrito deben estimular a los estudiantes a evaluar su propio crecimiento intelectual y proveer los medios para que lleguen a obtener información útil que permita la reflexión crítica. Sólo con esta información oportuna y rica en detalles de diversa índole será posible que los maestros, los alumnos e, incluso, los padres y apoderados establezcan objetivos y un plan de instrucción más eficaz.

Ruth y Murphy (1988) sostienen que la evaluación de la escritura debe enfrentarse como un desarrollo de exploraciones más holístico y sensible al contexto que lo que ha existido bajo la influencia dominante de los modelos psicométricos. En este sentido, no cabe duda que evaluar la calidad de un producto escrito enfrenta serias dificultades, muchas de las cuales han logrado paulatinamente encontrar respuestas más satisfactorias. Los avances generados en ésta y otras áreas han permitido alcanzar estándares de mayor precisión en cuanto al proceso mismo de evaluación. Es así que en cuanto a producción textual, se señala que existen dos instancias evaluativas: una respecto del diseño de la tarea y otra, respecto de la calidad del texto producido a la luz de la tarea en cuestión.

Por una parte, el diseño de la tarea que elicitará la producción textual reviste especial importancia y debe enfrentar una serie de etapas específicas: planificación, desarrollo y evaluación. Por otra, la evaluación de la calidad de la producción escrita puede ser enfrentada desde diversos enfoques. Algunos de ellos, resultan más adecuados a metodologías instruccionales que buscan el desarrollo y mejoramiento cualitativo de la habilidad de componer por escrito (registro holístico); otros, como el tipo del registro del rasgo primario, permiten evaluar rasgos relevantes del texto, seleccionados de acuerdo al criterio del evaluador. Otro sistema es el registro analítico, que se basa en una escala analítica de puntajes. En ella se consignan los juicios de los lectores-correctores que procuran cuantificar, de acuerdo a cierta pauta, el logro de diversos rasgos del texto escrito producido (Cooper y Odell, 1977; Ruth y Murphy, 1988; IRA y NCTE, 1994).

Ahora bien, como es sabido, la evaluación de la producción escrita puede llevarse a cabo con una variedad de propósitos y desde una diversidad de enfoques (Myers, 1980; Cooper y Odell, 1977; Ruth y Murphy, 1988; Lavelle, 1993; IRA y NCTE, 1994). El procedimiento utilizado en este trabajo ilustra la forma de evaluar la redacción escrita de una composición de corte argumentativo en respuesta a una determinada tarea presentada por escrito, desde una perspectiva analítica de tipo discursivo. Para ello, hemos identificado ciertos niveles prototípicos de competencia textual y algunos rasgos característicos que evidencian un producto textual coherente y cohesivamente bien producido, bajo la tipología discursiva señalada. En esta tarea, hemos obtenido información relevante de diversos autores que han aportado ya sea modelos teóricos de base y/o hallazgos empíricos a partir del estudio de las producciones de escritores expertos y no expertos (van Dijk, 1977, 1983; Véliz, 1996a, 1996b; Alvarez, 1996; Frías, 1996; Cassany, 1996, 1999; y Sequeida y Seymour, 1994).

3. LA PAUTA DE EVALUACIÓN

Tal como ya se indicó, el propósito central de este trabajo es determinar un conjunto de criterios útiles que, desde una óptica eminentemente textual y cognitiva, permita llegar a un registro cuantitativo de la calidad de los procesos generadores del producto escrito. Con esto, no negamos la posibilidad de que este registro cuantitativo tenga utilidad para replantear o guiar el proceso de corrección y revisión del texto escrito; es más, creemos que puede constituir un importante soporte tanto para el maestro como para el alumno en su trabajo conjunto en el desarrollo de esta habilidad por parte del aprendiente.

Cabe destacar que la pauta en cuestión enfoca el proceso de evaluación desde una óptica organizacional, es decir, pretende evaluar el desempeño del escritor para organizar y producir textos coherentes y cohesivos de tipo argumentativo. Con ello queremos señalar que esta evaluación no considera en forma directa el análisis de los rasgos de índole formal. Estos últimos, tradicionalmente denominados como ortografía acentual, puntual y literal -de suyo importantes en el desarrollo del discurso escrito- no constituyen parte de los criterios evaluativos centrales, sino que algunos de ellos han sido considerados globalmente dentro del análisis de los diversos factores.

En síntesis, la evaluación de la habilidad para generar y organizar la información en textos argumentativos coherentes y cohesivos se orienta básicamente hacia el empleo de destrezas tales como: el desarrollo de un razonamiento adecuado, la formulación de ideas pertinentes a la tarea y audiencia asignada, la organización de las ideas en un texto coherente a nivel tanto micro como macroestructural y la orientación adecuada, en función de la estructura retórica argumentativa.

A continuación, se propone la pauta general para la evaluación de algunos factores de cohesión y coherencia tanto a nivel local como global del texto escrito, así como de la estructura tipológica en cuestión. Una versión más afinada y con mayores detalles de la misma se presenta en el Anexo 1.

NIVEL CRITERIO RANGO DE PUNTAJE TOTAL
MICROESTRUCTURA CORREF. NOMINAL
5
3
1
15
CORREF. VERBAL
5
3
1
CAUSA ­ EFECTO
5
3
1
MACROESTRUCTURA TÓPICO
9
5
1
27
MACROPROPOSICIÓN 1
9
5
1
MACROPROPOSICIÓN 2
9
5
1
SUPERESTRUCTURA TESIS
9
5
1
27
ARGUMENTOS
9
5
1
CONCLUSIÓN
9
5
1
69

Cuadro 1. Pauta General de Evaluación del texto argumentativo escrito.


3.1 Análisis de los factores intervinientes

En lo que sigue se comentan los sustentos teóricos de base que justifica la selección de los factores considerados en cada nivel textual.

3.1.1. Nivel microestructural

En el nivel microestructural o local del texto argumentativo hemos decidido concentrarnos en tres componentes esenciales: correferencia nominal, correferencia verbal y conexiones interoracionales de tipo causa-efecto.

a) Correferencia:

La progresión temática es un mecanismo de textualización del que dispone el escritor para incorporar información nueva en un texto, ya sea incluyendo información acerca de referentes ya mencionados o introduciendo referentes distintos en el texto. En pocas palabras, las proposiciones subyacentes a cada oración deben mencionar temas conocidos, o que se dan por conocidos y, a la vez, hacer referencia a información nueva. De esta manera, la coherencia textual se construye como un tejido en el cual los mecanismos de correferencia nominal y verbal se constituyen en soporte de base fundamental para el establecimiento de la progresión temática.

Un texto construido adecuadamente exige de parte del escritor la capacidad para establecer un equilibrio entre la información nueva y vieja, de lo contrario, se produce un quiebre en la coherencia textual. En este sentido, las máximas del principio cooperativo de Grice (1975) encuentran total aplicación, pues un texto que explicite todo el conocimiento necesario para llegar a su comprensión plena podría convertirse en una unidad incoherente que podría cansar y, hasta, molestar al lector. Un texto así violaría la máxima de la cantidad, que sugiere que los aportes comunicativos otorguen tanta información como la requerida por la situación, pero no más de ella; en efecto, de producirse un quiebre por exceso de información explícita, ese texto sería una unidad supracompleta (van Dijk, 1980).

Junto a lo anterior, algunas otras posibles causas que podrían producir quiebres en la progresión temática son: el exceso de información nueva por desconocimiento de los saberes que posee el lector, la ausencia o insuficiencia de pistas textuales para relacionar esta información con la información vieja, la introducción brusca de un nuevo referente, etc.

b) Relaciones Interoracionales (causa-efecto)

Para que un texto esté bien construido y sean una unidad con sentido, las microproposiciones que lo conforman deben estar relacionadas coherentemente entre sí, es decir, se deben cumplir ciertas reglas de conexión (van Dijk, 1977, 1983). La semántica del discurso ha llegado a establecer que para que las relaciones entre oraciones contiguas existan, es posible que su ligazón no se manifieste en forma explícita, o sea, a través de un conector lingüistico. Sin embargo, todo texto que se evalúe como una unidad completa debe presentar un equilibrio entre la ausencia de enlaces, ya sea de tipo conectivo (conjunciones) o de conocimientos previos (información que se da por supuesta de acuerdo al bagaje de mundo y el contexto situacional) y la posibilidad de construir la coherencia textual por parte del lector. En este sentido, las relaciones entre las oraciones son coherentes si el escritor y lector comparten un marco común de conocimientos. Estos saberes, como se ha señalado en varios estudios, pueden ser conocimientos compartidos acerca del mundo y, por lo tanto, no es indispensable o necesario que un escritor los explicite para establecer la coherencia entre las oraciones.

De lo anterior se deduce que un criterio para evaluar la coherencia entre las relaciones interoracionales es considerar si las claves lingüísticas y semánticas que presenta un texto son suficientes; en otras palabras, el evaluador debe considerar si los hechos textuales están implicados semánticamente dentro de un texto y si la información vieja y nueva opera dentro de ciertas restricciones. En consecuencia, es posible que un texto resulte total o parcialmente incoherente si en el nivel microestructural se produce uno o más quiebres entre las relaciones oracionales, ya sea por el exceso de información implícita para establecer conexiones entre ellas, el exceso de información explícita, el inadecuado orden lógico, la repetición excesiva de un conector, el uso inadecuado de conectores. Dada la tipología seleccionada para este estudio, se decidió optar por las relaciones de causa-efecto como el factor a ser considerado central en el desarrollo de la trama argumentativa.

3.1.2 Nivel macroestructural

El escritor, junto con construir el texto en un nivel microestructural, efectúa un proceso paralelo mediante el cual, por medio de estrategias globales, construye el texto como una totalidad coherente. De esta manera, haciendo uso de diferentes mecanismos, organiza la información por medio de una jerarquización de las ideas principales, secundarias y detalles, permitiendo que el lector pueda ser capaz de (re)construir la macroestructura o información central del texto (van Dijk & Kintsch,1983; Cunningham y Moore, 1990).

En este nivel, se ha optado por el mantenimiento y desarrollo armónico del tópico y por la necesaria construcción de ideas centrales o macroproposiciones.

a) Tópico

El tópico es la idea más general en la que es posible englobar la información contenida en un texto de acuerdo a la tarea entregada y la audiencia especificada. En algunos textos es posible encontrar el tema explicitado en el título o al comienzo del texto; sin embargo, en otros casos, el escritor sólo entrega una serie de pistas para que el lector lo infiera.

En un texto bien construido debe, por un lado, desarrollarse un tema acorde a la situación comunicativa, es decir, el escritor debe tener presente quién será el lector y cuál es la intención o tarea al momento de escribirlo y, por otro, existir un tema principal que sirva como eje de la estructura textual. Si estas condiciones no se presentan, es posible que se produzca un quiebre en la coherencia textual.

b) Número de macroproposiciones:

Tal como se mencionó anteriormente, el escritor dispone de una serie de mecanismos para jerarquizar la información, por ejemplo, en un texto puede explicitarse una macroproposición a través de una oración o, simplemente, dejarse implícita. En el primer caso el lector puede seleccionarla desde la información entregada en el texto (Parodi y Núñez, 1993). El segundo caso resulta más difícil, pues exige su construcción por parte del lector, a partir de la información dada y del aporte de su conocimiento previo, a través de diferentes mecanismos inferenciales.

Con respecto al texto argumentativo, es muy importante que el escritor ordene la información de acuerdo a su función central, esto es, persuadir o influir en su destinatario. Aunque existen diversos mecanismos de persuasión, desde nuestra perspectiva, el carácter argumentativo de una información se logra, principalmente, por medio de razones. En este sentido, las macroproposiciones que cumplen la función de argumento resultan esenciales y, por lo tanto, deben ser presentadas por el escritor de manera explícita dentro de la jerarquía semántica.

De acuerdo al estudio realizado por nuestro equipo y considerando el nivel escolar de los sujetos evaluados, se determinó que la pauta de evaluación incluyera un mínimo de dos macroproposiciones para alcanzar el puntaje máximo en este item. Se estima que ellas son la base mínima para elaborar una argumentación coherente.

3.1.3. Nivel superestructural

La superestructura ha sido definida como una estructura esquemática, independiente del contenido semántico de cada texto, pero que puede actualizarse en él. Así, en la producción de un texto escrito argumentativo un escritor debe organizar toda la información textual según cánones establecidos dentro de una tipología textual, es decir, según un esquema cuyos componentes esenciales son una tesis y una serie de argumentos que lo apoyan. En varias modalidades de textos argumentativos, existe un tercer componente, éste es la conclusión.

a) Tesis

En todo texto argumentativo debe existir un tema respecto del cual se dan puntos de vista. La tesis resulta ser la posición del escritor respecto del tema o problemática en cuestión. En este sentido, un texto argumentativo bien construido debe poseer una tesis directamente relacionada con la situación comunicativa y expresada de manera clara y precisa.

Si bien es cierto que existen textos argumentativos en los cuales la tesis se encuentra implícita y, por lo tanto, debe inferirse, la superestructura del texto argumentativo que se enseña a nivel escolar se caracteriza por la explicitación de sus componentes.

b) Argumentación

Tal como lo menciona van Dijk (1983), en la constitución de un argumento participan una serie de hechos y circunstancias que deben cumplir con ciertas condiciones para estar en función de la argumentación. Así, un escritor puede construir una estructura argumentativa incorrecta si, por ejemplo, omite circunstancias que puedan influir negativamente sobre la conclusión final, no garantiza la validez general de una justificación, o si un argumento resulta irrelevante debido a la ausencia de un refuerzo especial que lo fortalezca.

En la pauta de evaluación propuesta, se ha otorgado el puntaje máximo a aquel texto que contiene, a lo menos, un argumento con solidez interna, es decir, con uno o más hechos que lo apoyen de modo que el razonamiento resulte fortalecido.

c) Conclusión

En el texto argumentativo, la conclusión puede cumplir la función de entregar una nueva información a partir de la cadena de argumentos o, simplemente, parafrasear la tesis, generalmente, al final del texto.

Uno de los posibles quiebres en la coherencia global tiene relación con la presentación de una conclusión que no se derive de la información anterior, ya sea porque es necesario un número mayor de argumentos o de hechos que los apoyen, o, simplemente, porque se encuentra en contradicción con parte del texto.

4. LA INVESTIGACIÓN

Los resultados que presentamos y comentamos más adelante se han obtenido a partir de la aplicación de dos pruebas de producción textual a un grupo de 239 sujetos que cursan 8 grado de Enseñanza Básica en seis colegios subvencionados de la ciudad de Valparaíso.

4.1 Los instrumentos

Es sabido que el diseño y elaboración de instrumentos válidos y confiables que aborden producción textual desde una línea cognitivo/textual enfrenta una serie de importantes etapas. En este aspecto, todo instrumento debe ser evaluado para establecer su grado de eficacia, es decir, para medir aquello para lo cual fue diseñado.

Una etapa importante en la elaboración de los instrumentos la constituyó la triangulación de las pruebas, ella ayudó a superar, de cierta forma, las complejidades inherentes al diseño mismo. Para ello se recurrió a la opinión de cinco jueces expertos respecto tanto de la tarea de escritura como de la pauta de evaluación, evitando así cualquier distorsión proveniente de la revisión por parte del equipo a cargo. El análisis experto de los pares arrojó importantes sugerencias que ayudaron a mejorar la propuesta y concluyó con un acuerdo sobre el 80%.

El análisis estadístico de los datos recogidos reveló que la confiabilidad de las dos pruebas de producción, tomadas como un solo test, fue de 0,9129; esto quiere decir, sobre el tradicional índice del 0,5.

4.2 Resultados generales

A continuación, se presentan en el gráfico 1 los resultados generales, organizados en forma de porcentajes:



Estos resultados generales indican que, de los tres niveles discursivos considerados, los sujetos de la muestra presentan mejor manejo en los recursos microestructurales, demostrando mayor dificultad en el empleo de macroestrategias, así como en su dominio de la superestructura argumentativa. Todo ello evidencia un logro relativo en el establecimiento de la coherencia local, es decir, que existe un cierto dominio, en cuanto a destrezas que permiten a los sujetos establecer diversas relaciones entre oraciones contiguas y que podría calificarse de relativamente aceptable (69%). No obstante, cuando se requiere de una coherencia transpárrafo, se nota una menor capacidad para mantener activo en la memoria las ideas previamente abordadas para, de este modo, seguir manteniendo relaciones pertinentes y organizar la información en torno a la superestructura del texto argumentativo. Todo ello daría cuenta de un tipo de escritura más bien centrada en las palabras y en el nivel sintáctico en la cual el escritor da forma a su composición no como un constructo jerárquico de significados, sino como una reproducción "frase a frase" en que cada eslabón de la cadena va siendo producido en el momento y sólo se alcanza a pensar y retener, en la memoria de corto plazo, las palabras o la oración anterior. Este tipo de escritura ha sido llamada como "de segmento a segmento" (bed to bed writing) por Scardamalia y Bereiter (1982), la que se caracteriza por un listado de estructuras textuales ligadas entre sí, pero carente de organización mayor.

A continuación, en el Gráfico 2 se muestran pormenorizadamente los resultados obtenidos por los sujetos en el área microestuctural:

 


Como se puede observar, en el Gráfico 2 se aprecia la misma tendencia que en el gráfico anterior, esto es, el progresivo descenso de los índices entre los factores en análisis. Se hace evidente que para los sujetos de la muestra el establecimiento de relaciones de correferencialidad resulta mucho más fácil que la conexión adecuada de relaciones causa-efecto. En todo caso, si se considera que la muestra esta conformada por alumnos de nivel secundario terminal, su rendimiento en este campo no deja de ser relativo, pues sólo se está evaluando un manejo de recursos discursivos muy elemental que debería evidenciar un dominio muy temprano; por lo tanto, podría esperarse que su logro superara el 69% promedio alcanzado.

En el siguiente gráfico se entregan los rendimientos promedio en el nivel macroestructural, separados en los tres ámbitos en estudio:




Resulta interesante comprobar que los resultados muestran una clara separación entre dos grupos: el que dice relación con el mantenimiento del tema y el que se refiere a las relaciones entre los componentes de la macroestructura textual. Según se aprecia, los escritos de los alumnos evidencian un marcado dominio de macroestrategias especializadas en el desarrollo y mantenimiento del tópico (74%); no obstante, cabe destacar que en escritos de escasa longitud -no más allá de una página en la mayoría de los casos- el porcentaje de logro alcanzado en este ámbito debería ser superior, ya que no se esperaría que alumnos de esta edad y nivel escolar fallen en mantener la temática tratada, dentro de unos pocos párrafos o que aborden y desarrollen temas no pertinentes a la tarea asignada.

De cualquier modo, no cabe duda que el estudio del proceso de producción textual pone de manifiesto su inherente complejidad, hecho que suele llevar a lo que se ha denominado "sobrecarga cognitiva". El trabajo de redactar un tópico, idealmente, obliga al escritor a activar de su memoria semántica los contenidos seleccionados para luego organizarlos de acuerdo a su planificación y llevarlos a un código lingüístico lineal (tomando en cuenta todos los niveles discursivos, entre otros, léxicos, ortográficos, gramaticales). Todo ello mientras, al mismo tiempo, se mantienen activo en la mente del escritor las condiciones de la tarea, tales como la audiencia implicada y las intenciones y objetivos de escritura. Como se comprende, llegar a ser un escritor maduro en el ámbito macroestructural significa ser capaz de responder a la vez a múltiples exigencias, que darán forma a un texto escrito final con alto grado de coherencia y cohesión.

Ahora bien, escaso es el logro que se observa en los dos subniveles siguientes, con resultados inferiores al 50%. Al parecer, mayor dificultad han encontrado estos alumnos para disponer y aplicar estrategias que les permitan producir textos en que se logren dar forma organizada y jerarquizada a los componentes macroestructurales del texto, generando ideas nucleares en torno a las cuales se articule el resto de los elementos textuales.

En este último gráfico, se visualizan los resultados porcentuales en cuanto al desempeño en tres subáreas de la superestructura argumentativa:




Estas cifras, comparadas con las de los gráficos anteriores, resultan ser las de mayor variabilidad intragrupal en el sentido que no se observa la tradicional curva descendente. El logro más alto (61%) -aunque relativo dado el nivel escolar de los sujetos- se observa en la construcción de un argumento sólido, bien estructurado, con hechos y circunstancias que lo apoyen y presenten una clara coherencia entre ellos. Aun considerando que son alumnos terminales del sistema escolar, comparativamente, se detecta un bajo grado de dominio estratégico cuando se trata de enunciar la tesis argumentativa (49%), notándose una tendencia a dejar ésta en forma semi explícita, no plantearla definitivamente o a exponer una tesis absolutamente desajustada con la tarea planteada. Por último, el logro más escaso se aprecia en el conocimiento y producción de la categoría superestructural de conclusión (39 %). Si bien es cierto que la conclusión es una categoría argumentativa no siempre esencial dentro de esta superestructura, es importante resaltar que los alumnos de la muestra evidencian una carencia en lo que respecta al manejo de técnicas para abordar el cierre final con que concluye el discurso persuasivo. La mayoría de los trabajos manifiestan una ausencia de conclusión o intentan finalizar la exposición argumentativa con una conclusión parcialmente derivada de las premisas o, simplemente, llenan esta categoría con una conclusión no pertinente a los argumentos y la tesis central.

Comentario Final

En resumen, en términos generales, es posible sugerir que un número importante de los sujetos de la muestra no alcanza lo que podríamos denominar como competencia madura para la producción de textos escritos. Los antecedentes presentados permiten concluir que un grupo de ellos carece de los rasgos que caracterizan este tipo de conocimiento experto y se les debe considerar, más bien, como escritores inmaduros que no logran abordar la tarea de escritura en forma eficiente. Muchos de los bajos logros evidenciados por estos sujetos demuestran escaso dominio de estrategias discursivas apropiadas que les permitan construir macroestructuras adecuadas para textos argumentativos, relacionando elementos textuales y permitiendo las ligazones inferenciales adecuadas. En este sentido, los datos empíricos obtenidos pueden resultar inquietantes si se toma en consideración que los sujetos escritores cursan el último grado de educación Básica formal. No cabe duda de que muchos de ellos culminarán en esta etapa su educación sistemática y, de acuerdo a las cifras presentadas, es evidente que estos sujetos ostentan escasos logros en aspectos relevantes de una habilidad como es la de componer por escrito.

Por otra parte, la pauta propuesta pretende ser una contribución a investigadores y educadores interesados en mejorar las actuales prácticas educativas y evaluativas en el ámbito de la producción escrita. Se ofrece como una herramienta exploratoria en búsqueda de alternativas renovadas que acojan los aportes de la psicología cognitiva y la lingüística textual. Posteriores investigaciones habrán de corregir sus errores y profundizar y mejorar en sus aciertos.



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ANEXO 1

Pauta de evaluación de la producción de textos escritos argumentativos

Nivel Microestructural

CORREFERENCIA NOMINAL

· Mantenimiento adecuado

5
· Mantenimiento con 1 o 2 faltas:
3
· A. pluralidad
· B. repetición excesiva
· C. género
· D. ambigüedad correferencial

· E. incorporación de pronombre sin antecedentes

· F. Otras
· Tres o más faltas
1
CORREFERENCIA VERBAL

· Mantenimiento adecuado

5
· Mantenimiento con 1 o 2 faltas:
3
· A. pluralidad
· B. repetición excesiva

· C. ambigüedad correferencial

· D. tiempos verbales incongruentes
· E. sujeto/predicado incongruentes
· F. Otras
· Tres o más faltas
1
RELACIÓN CAUSA-EFECTO
· Al menos 1 relación coherente
5
· Relaciones incoherentes
1 A
· Ausencia de relaciones
1 B
· Un desvío no justificado del tópico sin retorno a éste.
1B
· Ausencia de tópico.
1C
MACROPROPOSICIÓN Nº1

· Macro coherente con tópico y apoyo coherente.

9
· Macro coherente con tópico y apoyo incoherente
5 A
· Macro coherente con tópico sin apoyo
5 B
· Macro no relacionada con tópico
1 A
· Ausencia de macro
1 B
MACROPROPOSICION Nº2
· Macro coherente con tópico y apoyo coherente.
9
· Macro coherente con tópico y apoyo incoherente
5 A
· Macro coherente con tópico sin apoyo
5 B
· Macro no relacionada con tópico
1 A
· Ausencia de macro
1 B

TESIS  
· Tesis explícita de acuerdo al tópico
9
· Tesis implícita de acuerdo al tópico
5
· Ausencia de tesis
1A
· Tesis explícita o implícita no referida al tópico
1B

ARGUMENTO
· Un argumento de acuerdo a la audiencia y al tópico
con apoyo: un ejemplo, una explicación, etc.
9
· Un argumento de acuerdo a la audiencia y al tópico sin apoyo
5A
· Un argumento de acuerdo a la audiencia sin apoyo
5B
· Un argumento de acuerdo al tópico sin apoyo
5C
· Ausencia de argumentos
1

CONCLUSIÓN

· Reiteración de tesis
9A
· Conclusión (no reiteración de la tesis propiamente tal)
9B
· Pertinente semiexplicitada
5
· Ausencia de conclusión
1

 

*Proyecto FONDECYT N 1980/311
Una primera versión de este trabajo fue leída en el "4 Encuentro Nacional sobre Enfoques Cognitivos Actuales en Educación", P.U.C., Mayo, 2000.