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Acta bioethica

versão On-line ISSN 1726-569X

Acta bioeth. vol.23 no.1 Santiago jun. 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S1726-569X2017000100109 

Interfaces

Los dilemas propios de una investigación cualitativa en el ámbito de la cooperación al desarrollo: una cuestión delicada

Dilemmas appropriate for qualitative research in the field of development cooperation: a delicate question

Os dilemas próprios de uma pesquisa qualitativa na área da cooperação para o desenvolvimento: uma questão delicada

Montserrat Pulido Fuentes1 

1Facultad de Terapia Ocupacional, Logopedia y Enfermería, Universidad de Castilla-La Mancha, España.

Resumen:

Este artículo analiza los dilemas éticos a los que tuvo que enfrentarse la autora durante la realización de la investigación antropológica para lo que sería su tesis doctoral, en el marco de un proyecto de cooperación al desarrollo en el ámbito de la salud. Se apunta un proceso de integración, de comprensión y de entendimiento en la propia investigadora, asumiendo, a veces resolviendo, e incluso entendiéndolos como parte del mismo proceso de investigación, por tanto, se apropia de ellos y los interioriza. Las disyuntivas que se presentan en el trabajo de campo se valoran como parte de este tipo de trabajos iniciáticos, contrastando con investigaciones e investigadores consolidados y observando que estas dificultades se presentan en diferentes ámbitos y de múltiples formas. Se considera necesario el abordaje de este tipo de cuestiones con rigurosidad metodológica, así como el consiguiente análisis, estimándolas como algo intrínseco a las investigaciones realizadas con otros y que sustentan intervenciones en salud. Se pretende poner el énfasis en este aspecto, a pesar de ser la ética un tema central cuando hablamos de investigaciones con sujetos y grupos sociales, pues se le dedica poco tiempo en la formación y práctica investigadora.

Palabras clave: ética; salud; rol; etnografía; cooperación internacional

Abstract:

This article analyzes the ethical dilemmas which the authoress had to face during the accomplishment of the anthropologic investigation for what it would be his doctoral thesis, in the frame of a project of cooperation the development in the area of the health. There signs a process of integration, of comprehension and of understanding in the own investigator, taking up office, sometimes resolving, and even understanding them as part of the same process of investigation, therefore it appropriates of them, internalizes them. The dilemmas that they present in the fieldwork are valued as part of this type of initiation works, contrasting with investigations and consolidated investigators and, observing that these difficulties appear in different areas and of multiple forms, is considered to be necessary the boarding of this type of questions by methodological rigor, as well as the consequent analysis, estimating them as something intrinsically to the investigations realized with others and that sustain interventions in health. The emphasis is tried to put in this aspect, in spite of being a central topic the ethics, when we speak about investigations with subjects and social groups, since one dedicates him a little time in the formation and investigative practice.

Keywords: ethics; health; role; ethnography; international cooperation

Resumo:

Este artigo analisa os dilemas éticos enfrentados pela autora durante a realização da pesquisa antropológica para o que seria sua tese de doutorado, no âmbito de um projeto de cooperação para o desenvolvimento na área da saúde. Observa-se um processo de integração, compreensão e entendimento na própria pesquisadora, assumindo, às vezes resolvendo e até mesmo os entendendo como parte do processo de investigação, portanto se apropria deles e os interioriza. Os dilemas que surgem no trabalho de campo se valoram como parte deste tipo de trabalho inicial, contrastando com pesquisas e pesquisadores consolidados e constatando que estas dificuldades surgem em diferentes áreas e em diferentes aspectos, considera-se necessário abordar esses tipos de questões com rigor metodológico, bem como a análise subsequente, apreciando-as como algo intrínseco às investigações realizadas com outros e que sustentam as intervenções em saúde. Pretende enfatizar este aspecto, apesar da ética ser um tema central, quando falamos de pesquisa com sujeitos e grupos sociais, uma vez que pouco tempo é dedicado à formação e prática de investigação.

Palavras-chave: ética; saúde; papel; etnografia e cooperação internacional

El investigador como variable de estudio1

El trabajo de campo se ha realizado desde un enfoque crítico de la antropología al desarrollo2 con una perspectiva intercultural en el ámbito de la salud. El territorio multisituado de esta investigación ha tenido diversos escenarios. Por un lado, la organización española que diseña y ejecuta un proyecto de salud desde las lógicas de la cooperación al desarrollo y de la biomedicina occidental, en el cual participa la investigadora durante los dos últimos años del mismo como enfermera y, por otro, la comunidad amazónica ecuatoriana de la familia jíbara, el pueblo Achuar, donde se lleva a cabo un programa de salud inserto en dicho proyecto. Este panorama implica considerar las diferentes identidades en los distintos lugares con los que somos reconocidos los investigadores y lanzar algunos interrogantes: ¿cuál es el efecto producido por el investigador sobre los actores? ¿Se controla la imagen que producimos1 , 2?

La justificación de dicha investigación recae en tratar de poner las herramientas etnográficas al servicio de programas y acciones de cooperación respetando la cultura de los beneficiarios3, siendo necesarios este tipo de análisis y materiales antropológicos, que si ha habido cierto auge de investigaciones4, hasta entonces no se podía decir que hubiera muchas iniciativas en el ámbito de la cooperación al desarrollo, porque hacerlo entraña serias dificultades y exige adoptar una postura moral e intelectual cuestionada5.

En este intento se han empleado como técnicas de investigación y de recogida de información, la observación participante y la entrevista en profundidad, así como el análisis hermenéutico, con la presencia de la investigadora participando en el cotidiano del proceso y en el recorrido de los profesionales de la salud en este tipo de proyectos, abordando el material empírico, tratando de describir y explicar la realidad social que trata de estudiarse. Las entrevistas abiertas y temáticas, se han desarrollado en diferentes espacios, considerando que el entrevistado fuera el que pusiera los límites (si es que así lo decidía) sobre su propio discurso. El uso de grabadora para la realización de entrevistas en profundidad en ocasiones ha levantado ciertas sospechas, a pesar de recalcar el mantenimiento de la privacidad de los datos, así como la identificación de los informantes y organizaciones que respaldan, por ello también se utilizaron datos que provienen de las consiguientes conversaciones y entrevistas informales no registradas en grabadora.

Fronteras diluidas: confluencia de roles en la investigación

Este caso es el mismo que el de muchos antropólogos que, participando dentro del marco de la cooperación al desarrollo, han realizado su trabajo de investigación; podríamos decir que somos al mismo tiempo sujeto y objeto de estudio, con las ventajas e inconvenientes que ello implica, y la necesaria explicitación de dicha circunstancia para no tener desengaños. La posición epistémica del antropólogo es muy diferente a la del profesional de la salud, ya que el primero no está vinculado a ningún tipo de rol terapéutico6. ¿Qué ocurre en aquellos casos en los cuales nos presentamos en el terreno desde las dos perspectivas?

Los diferentes roles con los que la autora se ha acercado a realizar esta investigación y con los que se ha enfrentado al trabajo de campo han debatido en los diferentes tiempos y espacios, y de ahí algunos de los dilemas surgidos. La información que proviene del trabajo de campo se ha filtrado a través de la subjetividad de la investigadora, antropóloga, profesional de la salud, cooperante, mujer. ¿En qué sentido, o cómo puede uno eludirse a sí mismo en el ejercicio etnográfico?7. Resulta imposible dejar de ser cada uno de los roles que llevamos inculcados8, es más, pueden generar información relevante.

La participación como antropóloga y sanitaria abre el debate ya iniciado en la academia sobre cómo estar presente en el campo con los diferentes roles profesionales con los que muchos investigadores se han acercado a reflexionar, y ha sido un tema saber si los antropólogos podrían ser capaces de cumplir con los objetivos y principios de su disciplina y al mismo tiempo colaborar con las agencias de desarrollo y, en este caso concreto, en proyectos de salud.

Los primeros cuestionamientos venían acompañados de dudas epistemológicas y metodológicas: ¿es correcto que, participando en un proyecto de cooperación, se “aproveche” la circunstancia para hacer una investigación antropológica? ¿Se logra compaginar los diferentes roles sin interferir en ninguno de ellos? ¿Descuidamos nuestras responsabilidades como sanitarios cuando estamos investigando? ¿Se puede atender las responsabilidades como sanitaria y al mismo tiempo tener una mirada antropológica “atenta” que permita recoger todo tipo de información relevante para el trabajo de investigación? ¿Alcanzan los datos la fiabilidad, calidad y validez suficiente? ¿Se consigue recoger los datos etnográficos con la suficiente rigurosidad sin descuidar los compromisos con la agencia de desarrollo?

Fue inevitable cuestionarse por el tipo de observación participante que se estaba llevando a cabo, discutida por algunas premisas más positivistas desde las cuales se trata de plasmar una observación estricta, con el adjetivo de participante en tanto se está en el campo. Se tomaron todas las precauciones y distancias para que la investigadora siguiera siendo ajena a su objeto de estudio -lo era en parte-. La distancia fue metodológica, distancia que se considera una herramienta fundamental para el desarrollo de cualquier investigación antropológica, puesto que la convivencia en mayor o menor grado con los diferentes interlocutores hace que nos acerquemos mutuamente, lo cual enriquece y profundiza el proceso investigador. Entonces los interrogantes toman otros matices: ¿cuánto de participante tiene que tener la observación? ¿Es imprescindible “participar”, u observar participando? ¿Puede esta participación desvirtuar parte del trabajo antropológico? ¿Se debe desconsiderar el análisis surgido a partir de la intervención? ¿Cómo se puede hacer un análisis de este tipo “desde fuera”? La observación participante implica9 inmersión activa, contactos, comunicacionales orales, recogida de información observacional y documental, para que los esquemas de la investigación se vuelvan más coherentes. La técnica de la observación participante10 consiste en la construcción de material empírico de lo que el antropólogo capta con sus sentidos, así como participando en actividades de la vida cotidiana del grupo estudiado.

Se ha entendido este tipo de observación una estrategia importante para alcanzar los objetivos descriptivos y de análisis, con la presencia directa de la investigadora poniendo en cuestión lo que se observa y lo que se escucha, e interpretando mejor los datos procedentes de temáticas similares en diferentes situaciones culturales11. “Por principio, todo fenómeno observado es susceptible de ser modificado o sesgado por el observador”12, por ello se debe dejar de relieve la inevitabilidad de la subjetividad, como parte intrínseca del proceso que somos y lo mejor que podemos hacer es ponerla de relieve, manifestarla abiertamente, lo cual significa que los razonamientos subyacentes en la observación, en la descripción, se formularán considerando que son construidos desde el propio autor. En la elección “personal” del tema a investigar debemos incluir las razones subjetivas del investigador, es lo que Nadel13 llama la “ecuación personal” que, por otro lado, lo penetra todo y es con la que el investigador observa y analiza.

El privilegio con el que contamos el personal sanitario al encontrarnos las puertas del “hospital3” abiertas, precisamente por compartir la misma “cultura profesional”14, al conocer y manejar el lenguaje y los códigos en los que hemos sido enculturados, obliga a estar alertas también para saber mirar y escuchar todo, sino se corre el riesgo de dejar escapar lo relevante y significativo, que por cotidiano y normalizado no se reseña ni se destaca, teniendo en cuenta que esto dependerá de la posición del investigador, y por tanto diferirá en el caso de observadores no sanitarios, de ahí la riqueza analítica. Por ello se ha de pasar por el proceso de convertir en extraño lo familiar, siguiendo lo que señala San Román9, “debemos hacer notar que el riesgo a evitar es considerar cercana culturalmente cualquier situación y persona de la sociedad del etnógrafo o etnógrafa, proximidad sociocultural de la que es necesario asegurarse previamente”.

La investigadora, habiendo recibido las influencias que desde la perspectiva sociológica hacen Taylor y Bogdan15, desde la cual se recomienda abstenerse de estudiar escenarios en los cuales se tenga una directa participación personal o profesional, termina compartiendo lo que Guasch16 remarca: “es la proximidad al fenómeno estudiado lo que facilita el acceso al campo y a los escenarios (…), en el fondo el discurso sobre la distancia es un intento de mantener la neutralidad política (…), la distancia social, espacial o cultural, no garantiza que quien investiga sea hábil y sutil en la observación”. La investigación que se realiza desde la perspectiva cualitativa tiene mucho que ver con la persona que la desarrolla17. El encuentro con otras etnografías refuerza y consolida la posición de la investigadora y la crisis etnográfica se vive como una crisis de autoridad. Al sumergirse como etnógrafa, con las características particulares y la ecuación personal que son para bien y para mal18 un instrumento de la investigación, se encuentran contradicciones que fueron parte del sustento de la misma, así como respuestas a muchos de los interrogantes planteados en la investigación.

A pesar de la capacidad de adaptación que cada uno podamos desarrollar en el proceso de investigación, no dejamos de ser agentes externos y tan solo nuestra presencia, genera y provoca cambios, esto no impide que intentemos en todo momento ponernos a disposición de los agentes locales, y tratar de ser respetuosos con los patrones culturales, que sugiero debe ser la única forma de abordar todo tipo de investigación. “Todas las investigaciones tienen una dimensión ética (…) porque trabajan con personas y porque las relaciones que los investigadores establecen con ellas y las conclusiones de su trabajo inciden de una u otra forma en la vida de las personas”8, a pesar de haber considerado que la investigación cualitativa por su naturaleza blanda o humanista no plantea problemas éticos que precisen evaluación y supervisión, despojando el tópico que por su naturaleza intrínseca tiene un bajo riesgo ético. Pfeiffer y Nichter19 consideran que los antropólogos, en su tradicional papel como agentes culturales, están a menudo mejor posicionados, como trabajadores de salud y como observadores, para documentar y contextualizar la eficacia de los servicios sanitarios. La investigadora no hizo sino aprovechar su dual situación de sanitaria y antropóloga.

El proceso de entrada y de permanencia en el campo como valor etnográfico

En toda investigación se plantea la complejidad del acceso a los espacios que desconocemos, que no manejamos y con colectivos “extraños”. En este caso, el rol sanitario de la investigadora, ejercido durante años, además de ser requisito para participar en el programa de cooperación, facilita la inmersión, así como la aproximación con sus informantes casi todos ellos con alguna vinculación sanitaria, y también en el contexto amazónico donde se lleva a cabo el proyecto de cooperación en salud. Esto no impide que la presentación en los procesos de selección de la ONG como antropóloga e investigadora, con interés por realizar un análisis del proyecto en el que se pretende participar entre otros aspectos, fuera bastante desconcertante, esperando encontrar algunos interrogantes, curiosidades, exclamaciones, incluso malentendidos (mutuos).

La seriedad que se supone y el conflicto que genera la entrada de un investigador en estos espacios deben ser negociados, el análisis posterior se nutre de todo aquello. Algunos de aquellos interrogantes tenían estas fórmulas: ¿cómo presentarnos? ¿Qué decir sobre lo que queremos hacer? ¿Cómo justificarnos? ¿Qué pensarán de nosotros? ¿Para qué sirve lo que hacemos?

Al mismo tiempo, conseguir que los informantes/interlocutores se conviertan en objetos de estudio implica informarles lo mejor posible sobre las intenciones y objetivos del trabajo, que en ocasiones hacemos de forma somera, por miedo a que no nos entiendan, sospechando que carecen de los conocimientos académicos que permita dicha comprensión. ¿Cómo comunicar lo que quieres hacer a una comunidad culturalmente muy distante? ¿Qué decir cuando las lógicas de pensamiento, de lenguaje y el idioma son distintos?

Desde la organización en Madrid hasta los responsables en Ecuador sabían de la trayectoria de la investigadora y de su mirada crítica, así como de su interés en indagar las cuestiones éticas planteadas por la cooperación para el desarrollo, que no solo se refiere a lo que esta trata de lograr, sino también a cómo debe llevarse a cabo.

La investigadora se encargó de informar a cooperantes, contrapartes, voluntarias, técnicos sobre su interés en recoger el sentir de cada uno de ellos en el proceso y vivencia del desarrollo del proyecto. Este tipo de consideraciones resultaba imprescindible plantearlas para dejar fuera de duda cualquier sospecha sobre las frecuentes preguntas, análisis y valoraciones, no siempre en la línea que se esperaba como buena voluntaria. Esto no impidió que la organización probara la disponibilidad e interés de la investigadora por mantenerse en el programa mencionado, tratara de modificar algunas de las condiciones del mismo o pusiera a prueba su paciencia, para que demostrara su fidelidad hacia la organización.

En ese tiempo, la investigadora, a petición de la organización, participa como ponente en unas jornadas organizadas por la misma, volcando ya algunos de los resultados encontrados, así como en la formación de voluntarios que acudirían en una segunda estancia y en la cual colabora ya como enfermera de apoyo. ¿Son relaciones de reciprocidad? ¿Se limitaban al intercambio de favores mutuos? ¿Utilizábamos de forma bilateral la condición de investigadora? Estas situaciones eran vistas como oportunidades para la investigación, pero seguían despertando nuevos interrogantes sobre las consecuencias de dichas decisiones: ¿Se hubieran aceptado todas las condiciones si los objetivos no fueran de investigación? Estaba a medio camino entre los diferentes roles ya mencionados, traspasando fronteras y en una posición de doble agencia20. Aquí los conflictos éticos surgen al preguntarse cómo debemos situarnos en el campo sin dejar escapar las necesidades y las oportunidades de la investigación.

Ya en el campo, se pasa a preguntarlo todo, a mirar íntegramente, sufriendo un proceso de socialización, en ocasiones agotador. Allí donde iba llevaba el cuaderno de notas, siempre había alguna pregunta que hacer; los participantes también siempre tenían una pregunta: no dejaban de cuestionar a cerca de lo que proponía hacer la investigadora, lo cual lleva a pensar con posterioridad si se han explicado o no, con la suficiente claridad, aquellos objetivos e intenciones, teniendo presente los temores ya mencionados. Asimismo, se discutía sobre la metodología empleada, el uso de grabadora, la postura crítica de la autora4. Esto se materializa cuando muchos de los informantes, habiendo aceptado participar en la investigación, accediendo a ser entrevistados, así como a intervenir en grupos de discusión, en el momento de llevarlo a cabo no fue posible contar con ellos, se disculparon en repetidas ocasiones y con diferentes clases de pretextos. Esto al principio generó en la investigadora cierto malestar. Más tarde se interpreta como parte del proceso de investigación5 y de aceptación de la misma, así como de la propia investigadora que, si para algunos se trata de una “anti ONG”, para otros era una compañera más, siendo cómplice de sus alegrías y desacuerdos. En estos casos pareciera que el perfil investigador quedara al margen, y de nuevo asaltan los dilemas referentes a cómo presentarnos en el campo, cuál es la mejor de las posiciones como observadora e investigadora, o de si es procedente desvelar algunas de las confesiones que los informantes habían realizado, respetando en este caso y en todo momento sus decisiones. La investigadora pudo dar cuenta por sí misma de algunas de estas declaraciones, puesto que era sometida a las mismas circunstancias como enfermera voluntaria, sin dejar de lado las oportunas consideraciones al respecto.

En el progreso de la investigación, tanto la contraparte local como la organización española mantenían cierta distancia y silencios ante la presencia de la investigadora, evadían ciertas preguntas, y muchas eran contestadas con imprecisión, pero nunca se opusieron a la realización de la entrevista ni al uso de grabadora. La organización religiosa más cercana a la población local mantiene la distancia haciendo referencia al pasaje de otros “investigadores”: “ya han estado otros que no fueron bienvenidos, en alguna ocasión tuvieron que salir antes de tiempo, debido a la falta de consideración hacia las normas establecidas, la cosa no terminó bien” (Hermano Florencio, coordinador de la misión salesiana).

La investigadora duda sobre su exceso de prudencia en cada una de las actuaciones llevadas a cabo, percibiendo más tarde que no es nada fácil este juego de equilibrio sin caerse, y poder seguir, aunque fuera despacio… pero poder seguir. Con el tiempo se reforzaron las posturas cautelosas que la investigadora mantiene para tratar de seguir los postulados concretos que desde la antropología marca la diferencia con respecto a otras disciplinas. “En situación, el etnógrafo debe apegarse a rectitud y patentar su compromiso con la verdad, reconocer sus limitaciones y respetar los valores locales. Debe rechazar la injusticia en el momento en que se requiera”21.

Por otro lado, se adapta el vocabulario a cada uno de los informantes, siendo aún más complicado con la población destinataria del proyecto de salud, la comunidad Achuar. En este caso, aparecen otros conflictos, se cuestionan los permisos de acceso a su territorio ya concedidos6, así como la afinidad de la investigadora con la contraparte local, con el personal de salud local y colono ya presente. Les interesa saber cuál es el lugar y posición de la investigadora-enfermera voluntaria en su territorio. Esto conlleva vivir momentos de gran tensión, no solo porque se temiera sobre la continuidad en el campo, y supusiera el final del trabajo de campo, sino por la desconfianza que genera (también en esta población) la llegada de investigadores. Con el tiempo se conjetura si no era una estrategia de dicha comunidad para mostrar su autoridad y su posición. El tiempo pasado fue el que dio respuesta a algunas de las preguntas planteadas, la empatía hacia su cultura y el respeto hacia ellos mismos permitieron el acercamiento, siendo el desconocimiento de la lengua sin duda una traba para dicha aproximación.

La posición intermedia de los agentes de desarrollo entre la población destinataria de los proyectos y la propia organización, coloca a la investigadora en una posición muy vulnerable. Se adquiriere un manifiesto poder por todo aquello que se ofrece, no solo entre el personal de salud o con la contraparte, sino también con la población local, lo que en ocasiones obliga a tomar decisiones más allá de las competencias adquiridas. Se nos solicitan medicinas, o que se resuelvan diferentes trámites como los que se necesitan para salir al hospital, lo que implica disponer de ambulancia aérea7. Ante tales circunstancias, se trata de mantener cierta neutralidad, considerando que son los sanitarios locales quienes manejen la situación, no entendiendo estos cuál es nuestra función allí, sumado a la falta de confianza que reciben por parte de la propia institución que les respalda y, en este caso concreto, de los responsables de las avionetas. Cabe aquí preguntarse, ¿hasta qué punto conceder este tipo de atenciones y otras facilita o no la permanencia en el campo?

Hablar de Amazonía implica un marco exótico del que no podemos deshacernos, al menos para los que hemos sido socializados lejos de él, construido desde el imaginario y reforzado por los iniciales campos de trabajo dentro de la antropología, ámbitos donde el “salvaje”, el indígena, el extraño, el extranjero, el otro han sido nuestros objetos-sujetos de estudio, aunque sea con admiración, entendiendo que el extraño está a nuestro lado. Otra cosa es saber utilizar las lentes adecuadas para mirar todo con extrañeza y distancia analítica. La Amazonía, como después ha ocurrido con las ONG, ha formado parte del imaginario occidental en parte por aquellos investigadores, exploradores, antropólogos, misioneros… que llegaron a ella arrastrados por la curiosidad. En este sentido, los dilemas proceden de la “utilización” del espacio más allá de fines de investigación.

Con la población Achuar no se cree haber podido llegar a explicar el papel antropológico de la investigadora, pues a pesar de preguntar sobre las notas que se registraban, de sorprenderse de las estancias más prolongadas, el papel asignado era “enfermera que colabora con la ONG”. Incluso se duda de haberlo conseguido entre algunos de mis informantes más “cercanos”, pero todo ello no debe implicar renunciar a la naturaleza etnográfica22.

La devolución: fase del proceso de investigación

Los informantes, que son los que nos facilitan las interpretaciones a medida que nos interponemos, han sido muy dispares, lo que hace considerar esta mirada múltiple en el momento de emitir y devolver los resultados, recordando que tratan de transmitir según la imagen que se forman de los investigadores. Los actos de esta última fase21 podrán justificarse tomando como punto de partida el consentimiento de la información. Se han fijado los términos del convenio ex ante, a pesar de ello cabe preguntarse: ¿cuánto conocen los actores de los resultados de nuestras investigaciones? También de ello depende la aceptación del investigador y de la investigación como un proceso de retroalimentación. Es escaso el tiempo que se le dedica a reflexionar sobre el sentido y las repercusiones del proceso en los sujetos investigados, y en velar por el cumplimiento de los compromisos adquiridos2.

En relación al trabajo final, a la devolución del mismo, los dilemas antropológicos surgen al preguntarnos sobre la autoría de los resultados: ¿quiénes son los destinatarios de nuestras investigaciones? ¿A quienes van dirigidas? Y sobre la prioridad de la investigadora y de la propia investigación, ¿es la academia? ¿Es la organización que permite la entrada en el campo? ¿Es la población local destinataria de los proyectos? ¿Se debe priorizar en este análisis?

Ha resultado de cierta complejidad mantener el equilibrio con todos los actores implicados, tratando de interferir lo menos posible en lo que observamos, se ha tratado de seguir los principios del código ético, no perjudicar a las personas que aparecen en ellos ¿Cómo podemos saber si nuestras conclusiones perjudican o no a unos y a otros?

En el contexto general de colaboración con organizaciones internacionales, agencias de desarrollo y organizaciones no gubernamentales (ONG), estas intervienen tanto técnica como financieramente en el diseño de programas y políticas sanitarias23. La investigación, en este caso, no estaba respaldada por ninguna entidad que la financiara, porque ello podía imponer ciertos criterios de actuación en pro de sus intereses. A pesar de ello y en este caso el rigor ético ha obligado a la investigadora a cuestionarse algunas premisas sobre cómo hacer esta devolución: ¿se debe ofrecer una devolución condicionada? ¿Se debe estimar las propuestas de la institución? ¿Corresponde una devolución maquillada? ¿Se debe considerar los criterios académicos, los de la organización, los nuestros propios? ¿Se ponen de relieve relaciones de poder entre investigadores y sujetos de la investigación?

La organización solicita el perfil antropológico de la investigadora para la realización de evaluaciones y diferentes colaboraciones durante la participación en el proyecto, ante lo cual interviene de forma voluntaria emitiendo parte de los resultados y conclusiones a las que se han ido llegando. Algunos de los agentes de desarrollo de la organización, empleados de la organización, algunas de las personas que nos formaron, cursaban estudios de antropología, algunas cooperantes en terreno manifestaron su interés por ello, me solicitaron bibliografía al respecto y justifican la investigación realizada respaldando lo que Ramírez23 señala, que no sirvan para realizar intervenciones rápidas y de una ética de in vestigación cuestionable que influye directamente en la calidad de atención de los servicios de salud y en la salud de la población en general. En una de las ocasiones, se pide la contribución para la elaboración analítica de un vídeo, ante lo cual no consideraron oportunas las aportaciones de la investigadora. Al final del trabajo de campo, tanto el director de proyectos como las cooperantes expatriadas que habían trabajado en terreno, como algunos de los técnicos de proyectos que gestionaba la financiación, abandonaron la organización. El proyecto finaliza sin ser susceptible de más propuestas y esta organización abandona el terreno (continúan otras organizaciones extranjeras). Todo ello hace pensar a la investigadora hacia quien dirigir los resultados, no solo a quien entregar sus conclusiones y análisis, sino cuestionar el verdadero interés de la organización para con la investigación, a pesar de haber mostrado un interés explícito por la misma. A pesar de ello se le entregan los resultados. En este punto parece que queda de relieve lo que Ramírez23 señala: el objetivo final de las organizaciones es un proyecto a ejecutar que justifique la financiación obtenida.

En el caso de los agentes de desarrollo, se ofrece la posibilidad de devolverles los resultados de la investigación; solo algunos han mostrado interés por ellos y tan solo algunos han leído algunas partes. La devolución que puede estar más justificada es la entrega de resultados a la contraparte local, puesto que sigue trabajando con población Achuar ya con otras organizaciones. Disponen de ella. En cuanto a la población Achuar, resulta más complicado plantear la devolución, y en qué términos, sea quizás con los que la deuda no quede saldada. El grado de interés o las dimensiones sobre las que la población Achuar muestra mayor inclinación pueden distar y bastante de la predilección o la utilidad que pueda tener para la organización, la contraparte local u otros actores.

Se debe reconocer que la presentación de resultados, como lo era la presencia en el campo, provoca cambios en la población estudiada. Sobrevolando la premisa de interferir lo menos posible, nos preguntamos sobre las estrategias y herramientas para llevarlo a cabo de la mejor de las maneras.

Conclusiones

Despojarnos de aquellos temores sobre la pérdida de objetividad sin descuidar los aspectos éticos al realizar cualquier investigación ya es un gran avance. Hacer una observación objetiva, implica desprenderse de la propia subjetividad, lo cual resulta complicado puesto que somos instrumento de observación, por ello se considera la ecuación personal del investigador como una variable más de todo el proceso de investigación. Se apela la perspectiva antropológica de ponernos en el lugar del otro con la asepsia suficiente, resultado de una distancia, en la cual, como vemos, se cuelan y se filtran aspectos personales. Educarse en este sentido obliga a tomar aún más distancia, para cuestionar aquello en lo que se ha enculturado, para interrogar esquemas de pensamiento propios y poder entender otros.

La condición de enfermera “cooperante” ha permitido tener acceso a determinados espacios que de otro modo no hubiera sido posible, y por tanto las conclusiones y los resultados de la investigación son diferentes y enriquecedores. Algunos de los dilemas éticos pueden responder al recorrido profesional de la investigadora en una disciplina, la sanitaria, donde el secreto profesional y el consentimiento informado configuran parte de la cultura profesional que, si bien puede tratarse de un constructo social de la biomedicina como estrategia hegemónica, comparte con la antropología el mantenimiento de la privacidad de los informantes y su derecho a la autodeterminación. Por otro lado, puede justificar las disyuntivas planteadas, al no tratarse de una investigación que buscara realizar diagnósticos de salud y menos justificar las intervenciones realizadas. Es necesario un estricto control epistemológico, capacidad crítica, y articular el trabajo de campo y la reflexión teórica23.

El intervencionismo, en este caso con agencias de desarrollo internacional, es arriesgado y la posición ética más segura sería la no intervención, sin poder considerarse la investigadora una mera observadora, y entendiendo la antropología una disciplina moral, el camino respetuoso parece una posible salida.

El recorrido de esta investigación ha permitido cuestionar las participaciones estériles, así como la separación estricta entre el sujeto y el objeto de estudio, o la vieja y actualizada interferencia del investigador con el objeto de estudio, y relacionadas con los dilemas planteados en torno a la prioridad de la teoría sobre la práctica, debiendo establecerse una comunicación entre ambas.

La devolución de resultados forma parte del proceso de investigación, debemos condicionar en cada caso como hacerlo y en qué términos, no solo para no perjudicar a ninguno de los actores, sino para conseguir que nuestras investigaciones sean de mayor utilidad social.

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23 Ramirez Hita S. Ética y calidad en las investigaciones sociales en salud. Los desajustes de la realidad. Acta Bioethica 2011; 17(1): 61-71. [ Links ]

1 Una versión preliminar de este artículo fue presentada en el Simposio: Éticas para la práctica profesional antropológica: diálogos, fronteras y dilemas en el XIII congreso de antropología, Tarragona, España, septiembre de 2013.

2 La antropología del desarrollo diferencia dos corrientes de pensamiento, por una parte, la antropología para el desarrollo (Development Anthropology), tendencia que defiende la investigación aplicada al servicio de las instituciones internacionales de desarrollo; por otro, la antropología del desarrollo (Anthropology of Development), desde la que se rechaza el concepto de desarrollo en sí mismo y se considera a este un fenómeno esencialmente político.

3 Se utiliza este término de forma metafórica para indicar la “facilidad” con la que contamos el personal sanitario para entrar y movernos en los entornos sanitarios extensible a cualquier espacio donde nos encontramos con otros profesionales sanitarios.

4 Se trata de ser lo más clara y explícita posible con todos los interlocutores, se apunta la postura de la investigadora. Esto también se expuso en la entrevista que se realiza en el proceso de selección, lo cual fue motivo para pensar que no sería seleccionada, creyendo que se había actuado como una verdadera novata.

5 Algunos de los informantes accedieron a realizar las entrevistas un tiempo después, en algunos casos un año después de regresar de Ecuador, o bien una vez finalizada su vinculación con la organización.

6 En una de las comunidades donde debía pasar la segunda estancia, al llegar a ella señalan que nadie les ha informado sobre la llegada de la investigadora. Después de toda una mañana de reunión con los representantes de la comunidad, se diluyen los recelos mostrando el aval que su propia federación había concedido, además se tuvo que hacer una exposición ante las autoridades locales acerca de los motivos, objetivos…, detallando el tipo de trabajo que se llevaría a cabo.

7 Así es como se denominan a las avionetas que llevan a los pacientes al hospital “fuera” de la selva y de forma gratuita, siempre que la causa sea justificada médicamente.

Recibido: 22 de Septiembre de 2015; Aprobado: 12 de Diciembre de 2015

Correspondencia: Montserrat.Pulido@uclm.es

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