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Estudios internacionales (Santiago)

versão On-line ISSN 0719-3769

Estud. int. (Santiago, en línea) vol.49 no.186 Santiago jan. 2017

http://dx.doi.org/10.5354/0719-3769.2017.45217 

ARTICULOS

Chile y Reino Unido: vaivenes de una relación diplomática no siempre tan cordial (1970-1980)

Chile and United Kingdom: ups and downs of a diplomatic relationship not always so cordial (1970-1980)

Paola BayleA 

A Doctora en Ciencias Sociales (UNCuyo, Argentina). Investigadora Asistente de CONICET, Argentina. paolabayle@hotmail.com.

Resumen:

En este trabajo se abordarán diez años de relación diplomá tica entre el Reino Unido y Chile (1970-1980), con el fin de explicar una serie de elementos que confluyeron en el retiro de embajadores de sendas representaciones diplomáticas a partir de la segunda mitad de los años setenta del siglo pasado. En 1975, el Reino Unido llamó a consulta a su embajador en Chile, ante la denuncia de tortura recibida por una ciudadana británica detenida en ese país. Este hecho resume un conjunto de factores, tanto internos como del ámbito de las relaciones internacionales, que derivaron en una relación diplomática no tan cordial. El trabajo realizado en archivos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile y en los National Archives en Londres, nos permitió reconstruir una relación bilateral en el marco de importantes cambios políticos en ambos países.

Palabras clave: Chile; Reino Unido; derechos humanos; crisis diplomática; Partido Laborista

Abstract:

This paper will address ten years of diplomatic relations between the UK and Chile (1970-1980) in order to explain a number of elements that came together in the withdrawal of ambassadors diplomatic paths from the second half of the year seventies of last century. In 1975, the UK temporarily recalled its ambassador to Chile to the allegations of torture received by a British citizen detained there. This summarizes a number of factors, both internal and the scope of interna tional relations, which led to a diplomatic relationship not as cordial. Work in files Chilean Ministry of Foreign Affairs and the National Archives in London allowed us to reconstruct a bilateral relationship in the context of major political changes in both countries.

Keywords: Chile; United Kingdom; Human Rights; diplo matic crisis; Labor Party

Introducción

El 5 de noviembre de 1975, el embajador del Reino Unido en Chile, Reginald Secondé, visitó al ministro de Relaciones Exteriores de ese país, Patricio Carvajal. El motivo de tal encuentro fue la protesta formal por el trato dado a la ciudadana británica Dra. Sheila Cassidy, detenida en Chile. Se acu saba a Cassidy de haber socorrido a un herido de bala sin dar aviso a las autoridades1. La doctora britá nica fue finalmente liberada a fines de diciembre de aquel año. Ante su testimonio de tortura, el Ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido, James Callagham, presentó la protesta formal y el caso re percutió en los medios de prensa británicos. Basados en la tradicio nal protección a los ciudadanos residentes en otros países, pero también a partir de continuas pre siones políticas al interior del país, el gobierno del Reino Unido tomó la decisión, a nivel diplomático, de retirar informalmente -fue llama do a consulta- a su embajador en Chile el 30 de diciembre de 1975. La embajada británica quedó en manos del encargado de negocios, D. K. Haskell. El caso fue enviado a la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, trasladándose al ámbito multilateral.

Este acontecimiento, que repre sentó una fisura en las cordiales relaciones diplomáticas que ambos países habían sostenido histórica mente, se explica por un conjunto de elementos que serán analizados en este artículo. Para poder com prender la múltiple causalidad que confluyó en esta situación de tensión, nos detendremos tanto en el impacto generado por el gobier no de Salvador Allende en tierras británicas, como en las reacciones en aquellas latitudes ante el golpe militar en Chile, el año 1973.

El abordaje de diez años de la relación diplomática entre Chile y el Reino Unido (1970-1980) se desprende de un trabajo mayor, que analizó un programa de becas administrado por una organiza ción no gubernamental, el World University Service del Reino Uni do (WUS-UK), financiado por el gobierno británico y destinado a refugiados chilenos con distintos niveles de capital académico que, como consecuencia del golpe mili tar en Chile, no pudieron continuar sus tareas académicas o se encon traban bajo situación de riesgo en el país (Bayle, 2010a).

Hacia septiembre de 1973, mes del golpe militar en Chile, el Reino Unido era gobernado por el Parti do Conservador. Desde entonces y hasta los primeros meses de 1974, el país no abrió sus puertas a re fugiados chilenos. Sin embargo, el triunfo del Partido Laborista en las elecciones generales de febrero de 1974 resultó crucial para la acep tación de los chilenos en tierras británicas. Para poder explicar los motivos del Partido Laborista al solidarizarse con los chilenos per seguidos en su país, se rastrearán distintos vínculos previos al golpe militar y se mostrarán los conflic tos que surgieron en las relaciones entre estos dos países que, hasta 1973, representaban una típica relación cordial.

Como sostiene Jean-Baptiste Duroselle, todo acto de políti ca exterior contiene un aspecto de política interna, ya sea en el sentido de servir como acto de propaganda o porque, en defini tiva, tiene implicancias políticas, económicas o simbólicas al interior del país (Duroselle, 1998). Tras la simpatía que el proyecto de Allende había despertado en los partidos socialdemócratas y de izquierda, en sectores sindicales y académicos, ayudar a los exiliados significaba, para muchos militantes británicos, seguir contribuyendo a ese proyecto, aunque sea desde la derrota. Asimismo, la violación a los derechos humanos (DD.HH.) en Chile justificó, para un amplio y heterodoxo grupo de agentes, la denuncia y la permanente lucha por la restauración de la demo cracia. En tanto, para el partido gobernante, luego de las elecciones de 1974, la situación se tornaba más compleja. Creemos que el go bierno británico bajo el laborismo tuvo que poner en juego varios elementos al momento de diseñar su política hacia Chile, recibiendo presiones tanto de sus facciones más radicalizadas, como de los sec tores más moderados, que ponían en la balanza intereses comerciales, entre otros. Todo esto en el mar co de un escenario internacional marcado por la creciente crítica a la dictadura de Pinochet.

En relación con los factores de orden interno, resulta imprescin dible atender la situación política, cultural, social y económica en el Reino Unido, para comprender ad hesiones y el contexto de toda po líticaexterior. El espacio ocupado por los sindicatos y trabajadores británicos durante los años setenta del siglo pasado, junto con cierta radicalización política de jóvenes en aquellos años -también presen te en círculos universitarios-, pro movieron que muchos británicos salieran de la insularidad que los caracterizaba y se comprometieran con causas tan lejanas, para algu nos, como la lucha por los DD.HH. en Chile, vulnerados a partir de la dictadura militar.

Hacia 1960, el Reino Unido experimentó un proceso de ex tensión del sistema universitario, que implicó la creación de nuevas universidades y politécnicos que cuestionaron el prestigio de las antiguas universidades. Se amplia ron las ayudas estatales a los estu diantes, posibilitando el ingreso a la universidad de amplios sectores de niveles socioeconómicos medios (Clark, 1983). Surgieron distintos movimientos y campañas lideradas por la sociedad civil, como la Cam paign for Nuclear Disarmament. A la oposición a las armas nucleares siguió, a fines de los sesenta, una extendida crítica, particularmente en ambientes juveniles y univer sitarios, a la Guerra de Vietnam con un profundo cuestionamiento hacia los Estados Unidos y una constante lucha contra la política de apartheiden Sudáfrica.

En términos económicos, hacia el inicio de la década del setenta, el gobierno de Edward Heath (1970-1974) tuvo que enfrentar profundos problemas, prolongados períodos de huelgas obreras y el agravamiento de los conflictos con Irlanda. La segunda posguerra no fue un escenario, desde el punto de vista económico, demasiado alen tador para el antiguo país imperial. El gobierno de Heath desmanteló numerosos instrumentos de inter vención estatal sobre la economía, organizó una política fiscal que afectó principalmente a los traba jadores y exacerbó la hostilidad con el movimiento sindical (Leys, 1989), situación que provocó el regreso de los laboristas en 1974.

Triunfo de Salvador Allende en Chile. La relación Chile-Reino Unido

Es posible afirmar que el prag matismo en el manejo de las rela ciones internacionales por parte del gobierno de Allende (Fortín, 1975) logró instalar en ciertos círculos la idea sobre la viabilidad de la construcción del socialismo a través del respeto del estado de derecho. La estrategia de legiti mación del gobierno de Allende dio importantes frutos en amplios sectores de Europa Occidental, lo cual “no hacía más que confirmar y fortalecer una fuente de simpatías espontáneas que provenía del mun do, pero especialmente de Europa Occidental” (Fermandois, 1985, 50). Este proyecto logró encontrar adhesiones que luego se transfor maron en los principales apoyos a la comunidad exiliada, una vez consumado el golpe militar.

Es necesario advertir que el gobierno de Salvador Allende no inauguró una forma particular y exclusiva en el manejo de sus re laciones exteriores. Fue, más bien, un continuador de cierta tradición ligada a una evaluación pragmática de las realidades del poder inter nacional. Tal como señala Carlos Fortín, analizar pragmáticamente la posición de Chile en el ámbito internacional era vital para la sobrevivencia del proyecto y la búsqueda de adhesiones que, ante la continua presión de los Estados Unidos, evitasen el aislamiento del país (Fortín, 1975). Este pragmatis mo en el manejo de las relaciones internacionales se combinó con ele mentos constantes vinculados a la autopercepción de Chile. Tal como Colacrai y Lorenzini sostienen:

En la década de los sesenta, Chile se pensaba como un país pequeño, una isla continental, excéntrico por su forma, aleja do de sus vecinos, mirando ha cia el Pacífico, decadente desde el punto de vista económico y como la Suiza latinoamericana, por no haber experimentado golpes de Estado -tan comu nes en la región- desde 1932 hasta 1973. Precisamente, el golpe de Estado de 1973 im plicó un quiebre, no solo en la vida institucional del país, sino porque también impactó en su inserción internacional (Colacrai y Lorenzini, 2005, 46).

Cuando Salvador Allende asu mió la presidencia, en 1970, Chile había mantenido por ciento cin cuenta años relaciones cordiales con el Reino Unido y durante el gobierno de Frei Montalva (1964- 1970) se habían afianzando los vínculos bilaterales. El democratacristiano, en su afán por mostrar al mundo su programa reformista de Revolución en Libertad, visitó el Reino Unido en 1965. Su viaje fue retribuido con la llegada de la reina Isabel II -junto con el príncipe Felipe de Edimburgo- a Santiago de Chile en noviembre de 1968. Por entonces, Chile se decía heredero de los ingleses y así lo expresó Frei Montalva al recibir a la soberana:

Gran Bretaña ha sido y es, en esta materia, maestra insigne. La historia de Chile está llena, desde los albores de la repúbli ca, de ilustres nombres británi cos. El gran padre de nuestra patria, Bernardo O'Higgins, allí se educó. Otros, como el almi rante Cochrane, nos pertenecen en gran medida por sus hazañas. También nuestra geografía está cubierta de nombres británicos, como el de capitán Fitz-Roy en el sur. Gran Bretaña ha vivido y vive en Chile. Hay puertos en nuestras costas cuyas formas de vida, desde la arquitectura hasta el comercio, no existirían sin el modelo inglés; formas de vida familiar que repiten las británicas, a veces sin saberlo; tendencias culturales en que subsiste el espíritu de Gran Bretaña bebido en Londres en el siglo pasado por Andrés Bello, el mentor intelectual de Chile; hasta la relación del hombre chileno con el mar que nos baña es de estirpe inglesa. En nuestra Marina, desde su nacimiento hasta hoy, está impreso el carác ter, las formas y la dignidad 2de la Marina inglesa, que ha sido su modelo.

Previa a la llegada de Allende a La Moneda se reafirmó el Acuer do de Cooperación Técnica entre ambos países y se firmó el Acuerdo para la Cooperación en el Uso Pa cífico de la Energía Atómica, que implicaba la venta de reactores de energía por parte del Reino Unido -financiada con créditos de ese país- y la asistencia para la ca pacitación en su uso. Asimismo, se suscribió un convenio cultural para promover las relaciones amistosas y la cooperación cultural entre ambos países3.

Hacia 1970, en el Reino Unido gobernaban los conservadores - los tories- y las mayores simpatías hacia el gobierno de Allende prove nían del Partido Laborista -en la oposición- y de sectores sindicales y otras organizaciones políticas ligadas al pensamiento de izquier da y a la socialdemocracia. Para el gobierno chileno, el Reino Unido resultaba estratégico en tanto se afincaba en Londres la Corpora ción del Cobre (Codelco), antiguo Departamento del Cobre -creado en 1954 y elevado a la categoría de corporación durante el gobierno de Frei Montalva-. Esta corporación operaba desde Londres para toda Europa, a través de dos empresas británicas. Según datos aporta dos por la Comisión Chilena del Cobre, el principal comprador de cobre chileno, entre 1970 y 1990, fue Europa Occidental y dentro de esta, la República Federal Ale mana. Entre 1970-77, el segundo país comprador en importancia, en toneladas métricas, fue el Reino Unido. Para este, Chile ocupaba el segundo puesto, luego de Zambia, como proveedor de cobre, al pro porcionar alrededor del 20% de lo que el país necesitaba.

El por entonces embajador chileno en el Reino Unido, Álvaro Bunster (1971-1973), supo man tener la cordialidad en el manejo de su misión diplomática. De hecho, en 1971 el Reino Unido asumió -por pedido de Chile y negociaciones del Embajador- el compromiso de árbitro en la con troversia por el Canal de Beagle, que Chile tenía con Argentina. En esta línea de buena relación, en 1972 se dieron dos visitas de Estado que, según Bunster, signi ficaron una aproximación política entre Chile y el Reino Unido. Por un lado, el ministro de Estado del Foreign Office, sir Joseph Godber, quien pudo discutir con el Presi dente Allende en torno a la renego ciación de la deuda externa chilena. Por otro lado, la visita del ministro de Relaciones Exteriores, Clodo miro Almeyda, al Reino Unido, a principios de junio de 1972, y que significó un acercamiento tanto a los sectores gobernantes como a los sectores de la oposición. El canci ller chileno consiguió garantías de que el comercio británico-chileno no sería afectado por el ingreso del Reino Unido a la Comunidad Europea, al tiempo que confirmó que las empresas estatales chilenas continuarían comprando repues tos y maquinarias en el mercado británico. Asimismo, se acordó la creación de una Comisión Mixta de Cooperación Científico- Tecnológica para perfeccionar el Convenio de Asistencia Técnica.

Para algunos estudiosos de las relaciones internacionales chilenas, la diplomacia durante el gobierno de Allende se encontraba ante una paradoja: la de ser “un instrumento de corte tradicional al servicio de una política de orientación revolu cionaria. Esta difícil situación era una causa adicional de tensión, la que algunos actores oficiales tra taban de enfrentar a través de la utilización de canales extradiplo máticos de comunicación con los gobiernos y otros actores cercanos a la Unidad Popular” (Wilhelmy y Durán, 2003, 274). Con base en la información aportada por informantes claves, es posible afir mar que, para el caso de la misión diplomática en el Reino Unido, uno de esos canales extraoficiales fue el Partido Radical chileno, que asumió el papel de interlocutor de la Unidad Popular ante el Partido Laborista inglés y la Internacional Socialista. El Partido Laborista no era el partido gobernante, pero sus miembros ocupaban espacios en el Parlamento y en la Cámara de los Lores, por lo cual cobraba sentido buscar adhesiones.

Principales adhesiones al programa de Allende en el Reino Unido

Si bien anteriormente mencio namos que el programa de Allende cosechó adhesiones en el ámbito de la oposición al gobierno de Heath, es necesario aclarar algunas cues tiones. En términos generales, el Partido Laborista tenía simpatías con la Unidad Popular, particular mente con el Partido Radical chi leno. Por entonces, este constituía el único partido chileno miembro de la Internacional Socialista, con lo cual los vínculos entre la Unidad Popular y esta organización se ca nalizaban a través de los radicales. Al interior del Partido Laborista, fuertes adhesiones provenían del grupo de izquierda denominado Grupo Tribune-en relación con la homónima revista-.

Una figura clave, por su estre cha vinculación al gobierno de Allende, fue Judith Hart, por en tonces miembro de la Cámara de los Comunes en representación del Partido Laborista. Hart cumplió un papel central en la historia aquí analizada, de manera particular a partir de 1974, cuando ocupó la dirección del Ministerio de Desa rrollo de Ultramar. Previamente, desde la oposición, bregó por la le gitimación del gobierno de Allende en la escena pública británica. En la misma línea de apoyos políticos, el movimiento sindical británico no estuvo ajeno a la experiencia de Allende. Las afinidades pueden justificarse en la importancia que la Unidad Popular otorgó a dirigentes con un pasado obrero y con algún tipo de vínculo con la dirigencia sindical. Tal como Arrate y Rojas afirman, el primer gabinete de Sal vador Allende, en 1970, reflejaba a los sectores involucrados en el proyecto de la Unidad Popular (Arrate y Rojas, 2003). Pues bien, tres de ellos se vinculaban al mun do de los trabajadores: Américo Zorrilla, nombrado ministro de Hacienda (1970-1972), era diri gente comunista, técnico gráfico; José Oyarce, también del Partido Comunista, obrero y dirigente de los ferroviarios, designado a cargo del Ministerio de Trabajo y Previsión Social (1970-1972), y Carlos Cortés (1970-1971), en re presentación del Partido Socialista y dirigente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), ocupó el Ministerio de Vivienda y Urba nismo. Debemos agregar la desig nación de Mireya Baltra (1972), dirigenta de la CUT, al frente del Ministerio de Trabajo y Previsión Social, y a su sucesor, Luis Figueroa (1972-1973), presidente de la CUT. Asimismo, en algunos militantes socialdemócratas y trabajadores británicos todavía estaba fresca la memoria de la lucha contra el fascismo en Europa continental, especialmente en España. En esa historia de luchas y resistencias ocupaba un lugar de importancia la conformación de los Frentes Po pulares. La experiencia del Frente Popular (1938-1941) en Chile fue un hecho que no había pasado in advertido en el calendario político de la historia de las izquierdas del mundo occidental.

Pinochet en el poder: apoyos, rechazos, boicot. Posiciones en disputa

Cuando los militares ocuparon La Moneda el 11 de septiembre de 1973, se modificó el mapa de contactos internacionales que apoyaban o simpatizaban con el gobierno chileno4. En el Reino Unido, al impacto provocado por las imágenes televisadas del bom bardeo al Palacio de la Moneda se sumó otro elemento de peso desde el punto de vista simbólico y que, para ciertos sectores, resultó un factor de movilización: los aviones con los que se realizó el ataque aéreo habían sido comprados en el Reino Unido. Se trató de los Hawker Hunter (caza de reacción) fabricados en el Reino Unido en los años 1950 y 1960. El Escua drón N° 7 de la Fuerza Aérea de Chile los utilizó para bombardear al palacio presidencial, la casa de Salvador Allende en Las Condes y estaciones de radios. Los en trevistados británicos recordaron haberse conmovidos al ver por las pantallas televisivas o en la prensa escrita que un producto fabricado en sus tierras había sido utilizado para semejante acto de violencia.

A nivel político fueron los sin dicatos los que de forma más con tundente se comprometieron con la causa chilena, al igual que ciertos sectores del Partido Laborista. Los tradeunions fueron uno de los grupos de presión que militaron con mayor visibilidad en rechazo al gobierno de Pinochet y participa ron en acciones de solidaridad con el exilio chileno, patrocinando la Chile Solidarity Campaign (Bayle, 2012).

El Partido Laborista participó de las distintas acciones que la Internacional Socialista (IS) realizó en torno a Chile. Apenas ocurrido el golpe, el Comité Ejecutivo de la IS publicó, el 22 de septiembre de 1973, bajo el nombre de Statement Issued by the Socialist Internatio nal on Chile5,su posición respecto de la situación chilena. El docu mento, además de rechazar el atropello a la democracia, instaba a los partidos miembros de la asociación a presionar políticamente para que se respetasen los DD.HH. en Chile, se liberasen los presos políticos y se acogiera a los refugiados políticos. Esta institución ofreció su apoyo político, humanitario y financiero a sus “compañeros chilenos”6.

El impacto del golpe militar chileno en el campo académico británico no será abordado en este artículo, pero debemos mencionar que fue a partir de la iniciativa de académicos (varios de ellos latinoamericanistas) nucleados en Acade mics for Chile (AFC)7 que surgió un programa de becas financiado por el gobierno laborista británico para refugiados chilenos.

A nivel gubernamental, Edward Heath reconoció al gobierno militar el 22 de septiembre de 1973, a pesar de las múltiples presiones -de la oposición laborista, de los chilenos residentes, de la izquierda británica, del movimiento sindical, de ciertos sectores del mundo académico y de simpatizantes con el proceso de Allende-. Los conservadores alegaron que el criterio de recono cimiento a un nuevo gobierno se basaba en que este tuviese control sobre todo el territorio y no en el perfil ideológico del mismo. Asimis mo, se justificó en que a partir del acto de reconocimiento se podía proteger a los ciudadanos británi cos residentes en Chile y bregar por los intereses económicos británicos: el cobre proveniente de Chile y las inversiones británicas en ese país.

Tal como aconteció en otros paí ses, en el Reino Unido se levantaron voces que pedían, además del rom pimiento de relaciones diplomáti cas, el boicot económico al gobier no dictatorial chileno. Sindicatos de distintos sectores se pronunciaron en contra del golpe y desde los primeros días posteriores al 11 de septiembre, los trabajadores de astilleros plantearon la posibilidad de no entregar dos destructores -“Williams” y “Riveros”- que estaban siendo reparados en el Reino Unido. La formación de co mités de solidaridad con el pueblo chileno se esparcieron por todo el país y los trabajadores británicos jugaron un papel muy importante en la proliferación de los mismos.

Al mismo tiempo, y en el marco de la campaña internacional de so lidaridad con Chile y de denuncia al gobierno de Pinochet, la señora Hortensia Bussi de Allende viajó al Reino Unido los primeros días de noviembre de 1973. Entre las distintas actividades, resultó sig nificativo su encuentro con líderes del partido laborista como Harold Wilson, quien ya se perfilaba como el próximo Primer Ministro. La visi ta se repitió en septiembre de 1974, oportunidad en la que agradeció a los obreros portuarios de Liverpool (de la empresa Rolls-Royce) por negarse a reparar los cargueros chilenos.

La embajada chilena a cargo del embajador almirante Kaare Olsen, desde octubre de 1973, creó la Sociedad Chilena (noviembre de 1973) para contrarrestar la campa ña hacia su gobierno. Este sería un órgano independiente de la misión diplomática y cumpliría el rol de información oficial y de oposición a la Chile Solidarity Campaign. La Sociedad Chilena estaba confor mada principalmente por becarios chilenos simpatizantes con el nuevo gobierno. Asimismo, la embajada editaba una publicación mensual, Chile Today, que también se distri buía a otras misiones chilenas en el mundo.

La posición del Partido Laborista en la oposición

El Partido Laborista que, hacia fines de 1973, se encontraba en plena carrera electoral, se posicionó desde los primeros días del gobierno de Pinochet en contra de toda ayuda oficial del gobierno británico al chileno y del rápido reconocimiento que el gobierno de Heath había otorgado a los mili tares. Incluso, en la Convención Laborista de 1973, se permitió la participación del ex embajador Álvaro Bunster y de Carlos Parra, ex agregado legal de la embajada chilena. Esto fue un hecho inédito en la historia del Partido Laborista, al tratarse del segundo caso en que se invitaba a un extranjero como orador a dicha convención8.

Asimismo, Judith Hart fue con siderada por la nueva misión diplo mática chilena en Londres como: la portavoz de la odiosidad laborista hacia el nuevo Chile. En tal sentido, participó como la principal oradora en la primera manifestación calleje ra de apoyo al depuesto Presidente Allende, celebrada el 16 de septiem bre; realizó una visita al Foreign Office para solicitar formalmente que no se reconociera al gobierno militar y que se suspendiera toda forma de ayuda a Chile9.

La militancia de Harten contra del gobierno de Pinochet logró convertirla en una personalidad no querida por la misión diplomática chilena y en un apoyo fundamental para la comunidad exiliada en el Reino Unido.

Asimismo, a fines de noviembre de 1973, se debatió en la Cámara de los Comunes sobre la situación chi lena y la posición británica al res pecto. La moción, presentada por el Partido Laborista -firmada por Edward Short, James Callagham y Judith Hart-, decía:

Esta Cámara deplora profun damente el derrocamiento por la vía armada de la democracia en Chile y condena los continuos crímenes, torturas y aprisio namientos llevados a cabo por la junta militar. Lamenta el apresurado reconocimiento del nuevo régimen por el gobierno de su majestad y, considerando los sentimientos existentes en Gran Bretaña, como el rechazo del gobierno de ofrecer refugio en su embajada en Santiago a todos aquellos cuyas vidas peligran, hace un llamado al secretario de Asuntos Exterio res para que imparta nuevas instrucciones a nuestro emba jador; para que presione por la inmediata libertad de todos los prisioneros políticos y se ponga fin a las ejecuciones; para que impida toda venta de armas de Gran Bretaña a la junta de gobierno; para que se asegure refugio en Gran Bretaña a todos los chilenos que lo busquen; a fin de que se ponga inmediato término a toda ayuda y créditos futuros otorgados al presente régimen chileno y para que se use su influencia a fin de lograr que se retire también la ayuda del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional10.

El secretario de Estado para las Relaciones Exteriores, Julian Amery, además de justificar su política en una línea tradicional de tratamiento de las relaciones exte riores en el Reino Unido, objetó la postura del Partido Laborista para quienes el caso chileno significaba algo especial y por no haber ma nifestado la misma actitud ante otros golpes de Estado -como, por ejemplo, el de Onganía en 1966, en Argentina-. Asimismo, respecto de la venta de armas, Amery afirmó que Chile no estaba en guerra con ningún país vecino o cualquier otro, por lo que la prohibición de venta de armas era injustificada.

Respecto de la posibilidad de dar asilo diplomático en la embaja da británica en Chile, Julian Amery explicó que la política oficial al respecto consistía en que las emba jadas no podían ser lugar de asilo, ya que su función era mantener la relación entre dos gobiernos, por lo que no podían, por definición, res guardar a miembros de la oposición al gobierno.

El Partido Laborista en el gobierno: una nueva etapa en las relaciones Chile-Reino Unido

Luego de unas reñidas elecciones parlamentarias, el 28 de febrero de 1974 accedió nuevamente al poder Harold Wilson, representando a un partido que -según Walter Laqueur- se había desplazado constantemente hacia la izquierda durante la década del 60 (Laqueur, 1992). El panorama para Wilson no fue muy alentador debido a la creciente inflación con el trasfondo de la Crisis del Petróleo. Un hecho de suma importancia para los chilenos opositores a Pinochet fue la fuerte presión del movimiento de trabajadores sobre el gobierno del Reino Unido entre 1974 y 1979. Este sector, que tenía entre sus líderes a Jack Jones -un ex combatiente contra el fascismo en España-, presionó constantemen te al gobierno para extremar sus medidas contra el régimen militar chileno. Con el triunfo de Harold Wilson, el Trade Union Congreso (TUC) estuvo presente detrás de las decisiones del gobierno en distintas áreas (Leys, 1989).

La relación entre Chile y el Rei no Unido, ante el cambio político en este último, tomó un nuevo rumbo. Ante el triunfo laborista, algunos de aquellos que desde la oposición bregaban por el rompimiento de relaciones diplomáticas, por el boi cot económico y por la permanente denuncia a un régimen dictatorial, tenían ahora posiciones de peso en el campo del poder estatal. Debían manejar las relaciones exteriores en el marco de una línea tradicio nal de relaciones cordiales, con un discurso de no intromisión en los asuntos internos, protegiendo los intereses comerciales británicos, por un lado, mientras que, por el otro, ya se habían posicionado en contra del gobierno de Pinochet. Este vaivén se fue definiendo hacia un lado, poniendo en duda una perdurable relación diplomática cordial. Posiblemente, el peso de los intereses económicos -inversiones británicas en Chile y compra del cobre- provocó que no fueran del todo radicales las decisiones tomadas en torno al caso chileno, en el marco de un gobierno con presiones tanto por parte de su ala izquierda como de los sectores más conservadores. Asimismo, el Partido Conservador, desde la oposición, criticó continuamente la actitud del gobierno británico en su postura respecto de Chile, para quienes debían primar los criterios económicos en cualquier tipo de decisión en el ámbito internacional.

El 27 de marzo de 1974, a escasos días de haber asumido el gobierno, James Callagham -Se cretary of State for Foreign and Commonwealth Affairs (1974- 1976)- anunció en la Cámara de los Comunes la política a seguir por el gobierno británico respecto de Chile:

Our policy towards the mi litary junta will be governed by a desire to see democracy restored and human rights fully respected there. To this end we shall take part in any future re presentations to be made by the United Nations on human rights in Chile, and our ambassador has been instructed to represent strongly to the military junta our concern at the treatment of pri soners. Aid will be suspended... A project naval training exercise has been cancelled. Existing contracts are been urgently re viewed, but we shall not grant new export licenses for arms. I am glad to inform the House that the Home Secretary will be consider applications from Chi lean refugees sympathetically11.

Con esta declaración, el gobier no británico dejó en claro que el país recibiría a los chilenos exilia dos. Así, desde 1974, cerca de 3 mil chilenos ingresaron al país re cibiendo distintos tipos de permisos para permanecer en el territorio12. La recepción y el apoyo a esta comunidad exiliada provinieron principalmente de los sindicatos, organizaciones no gubernamenta les, religiosas, movimientos sociales y de DD.HH. Entre ellas, fue vital el accionar del Joint Working Group for Chilean Refugees, del Chile Comité for Human Right y de la ya nombrada Chile Solidarity Campaign (Bayle, 2012).

Chile y el Overseas Development Ministry (Ministerio de Desarrollo de Ultramar británico) a partir de 1974

Judith Hart, flamante ministra del Overseas Development Minis try (ODM) (Ministerio de Desa rrollo de Ultramar, en castellano), anunció -también el 27 de marzo de 1974- una política que había delineado desde que formaba parte de la oposición.

There will be no new aid for Chile and I am stopping all present aid except that concer ned with the support of Chileans student and graduate coming to Britain, which I am prepared to extend. I am allowing the completion of one of two minor technical assistance projects”13.

La suma de libras esterlinas en concepto de ayuda que Chile reci bía al año era de 400.000, de las cuales 130.000 estaban destinadas a capacitación a través de becas y 270.000, para el financiamiento de expertos14. Según fuentes chilenas, el Reino Unido se ubicaba en cuarto lugar, después de Francia, Alemania Federal y Bélgica, en concepto de ayuda a Chile.

El caso chileno ocupó un lugar especial en la política del ODM, teniendo en cuenta que, tradicional mente, en esta área del gobierno bri tánico habían sido sus ex colonias las que ocupaban alguna atención. Sin embargo, Chile conquistó una visibilidad inédita en el campo de poder estatal británico, situación que insinuaba que la política sobre la ayuda al desarrollo no estaba desligada de los intereses políticos e ideológicos de quienes la otor gaban.

Judith Hart tenía un buen argu mento para ejecutar la suspensión: vincular su decisión con el tópico del desarrollo. Pues bien, las prin cipales áreas donde el Reino Unido brindaba ayuda en Chile, eran capa citación para la industria, es decir, asistencia destinada a trabajadores y educación técnica para la agricul tura, sobre la base de una posible reforma agraria. Tal como había de lineado en Aid and Liberation, Hart proponía que quienes otorgasen ayuda debían evaluar si el gobierno del país receptor alentaba proyectos de cambios estructurales que beneficiaran a las mayorías sociales (Hart, 1973). Para la ministra, esta condición no ocurría en Chile luego del golpe militar. La asistencia téc nica británica a Chile hacia 1974 estaba, en parte, destinada a la ca pacitación de los trabajadores de la industria, que, desde septiembre de 1973, estaban siendo perseguidos y cuyos órganos de representación, como los sindicatos o federaciones obreras, no tenían posibilidad de ejercer ningún tipo de poder. Otra porción de la asistencia técnica se otorgaba a proyectos vincula dos a la mecanización del sector agrícola, pensada para pequeños agricultores. Pues bien, la reforma agraria en Chile estaba siendo revertida por Pinochet, con lo cual este proyecto de desarrollo no tenía sentido, según Hart. Por último, la asistencia que se brindaba a las ins tituciones educativas también era considerada estéril, ante la pérdida de autonomía institucional por el control militar. Hart argumentó que estaba siguiendo la misma política adoptada por Holanda, Alemania, Suecia y Países Bajos, respecto de rechazar enfáticamente lo ocurrido en Chile a partir del golpe, teniendo en cuenta, además, las sanciones de Naciones Unidas. Advirtió que solo continuaría asistiendo a los progra mas que se considerasen necesarios para la población chilena. Respecto de las becas para chilenos manifes tó, a través de distintos medios, que se estaban estudiando posibilidades para poder becar a académicos chi lenos forzados a dejar su país natal. Estos podrían contribuir con el desarrollo nacional cuando puedan regresar a Chile.

Con esta decisión, el ministerio suspendió los contratos de los technical asístanse officers (TAO, personal de asistencia técnica), es decir, de los expertos contratados a cuenta del ODM para brindar asesoramiento en distintos proyectos en los países en desarrollo. Se supri mió, además, la ayuda en términos de capital (equipos de laboratorios, por ejemplo). Los programas y/o instituciones que hasta marzo de 1974 recibían asistencia técnica británica eran: Modernización del Matadero; Mecanización Agrícola; Instituto Nacional de Capacitación (Inacap); Centro de Experimenta ción e Investigación de Procesos Industriales para los Minerales; casas de bajo costo; proyecto de educación técnica. El gobierno bri tánico conservó la asistencia técnica a los proyectos de asesoría para la planta desalinizadora (Atacama) y de asesoría a la Comisión de Ener gía Nuclear de Chile15.

A partir de la suspensión de su ayuda al gobierno chileno, el ODM redireccionó los fondos a un programa de becas para refugiados chilenos, administrado por World University Service, otorgando desde 1974 hasta 1986 un total de 11.188.736 libras esterlinas (WUS UK, 1986). Se trató del Chilean Re fugee Scholarship Programme, que ejecutó 900 becas para refugiados chilenos con distintos niveles de capital académico (Bayle, 2010b).

Asimismo, el ODM aportó asis tencia financiera a organizaciones internacionales que trabajaban para asistir a los chilenos afectados por el golpe. Hasta 1975 otorgó 250.000 libras a ACNUR y 40.000 libras para la Cruz Roja Internacional, para asistir a presos políticos, perse guidos y a sus familias. En el mismo sentido, el ministerio autorizó la en trega de 250.000 libras a Catholic Fund For Overseas Development (Cafod), organización que estaba trabajando estrechamente con el Arzobispado de Santiago de Chile16.

Panorama general del vínculo Chile-Reino Unido a partir de 1974

Si bien el ODM se posicionó claramente en contra del régimen de Pinochet, a partir del triunfo laborista en 1974, el gobierno británico tuvo que evaluar su po lítica respecto de Chile teniendo en cuenta varios elementos. Según los archivos consultados en The Nacional Archives,el interés del Reino Unido por Chile era, prin cipalmente, comercial, ya que este último proveía -como ya ha sido mencionado- el 20% del cobre que los británicos necesitaban. En el Foreign Office se advertía que Chile había vendido su cobre al Reino Unido, incluso en épocas de guerra, cuando no era un gran negocio para el primero. Asimismo, la Marina chilena tradicionalmente había adquirido sus bienes (barcos, por ejemplo) en el Reino Unido, que, a su vez, brindaba capacitación a los marinos chilenos. Otros elementos de peso fueron considerados: Chile y el Reino Unido eran cosignatarios, junto con otros 15 estados, del Tratado Antártico de 1959, y los británicos usaban el puerto y aeropuerto en Punta Arenas -ex tremo sur de Chile- como puesto técnico para la sección de marinos establecidos en las Islas Malvinas. Por otro lado, Chile tenía una deu da con el Reino Unido de alrededor de 110 millones de libras esterlinas. Teniendo en claro estos aspectos, cualquier decisión política respecto de Chile era pasada por un tamiz: evitar represalias chilenas.

Asimismo, la política asumida en 1974 por el Reino Unido siguió la misma línea que otros países de Europa Occidental, orientada a re chazar el trato que el gobierno chi leno estaba dando a sus opositores políticos. Si bien se permitió la en trada al país de exiliados chilenos, no se revirtió su política de asilo diplomático. El gobierno laborista mantuvo las puertas cerradas de su embajada en Chile para chilenos en busca de asilo, apoyándose, entre otras razones, en que el gobierno militar chileno no entregaba salvo conductos que permitiesen la salida de los perseguidos fuera del país. Esta política fue criticada, incluso, por sectores del partido gobernante. El embajador británico en Chile fue duramente criticado por los sectores más radicales en el Reino Unido, aunque el Foreign Office afirmaba que Secundé solo cumplía instrucciones.

Lo cierto es que las medidas inmediatas contra el gobierno de Chile, como la suspensión de la asis tencia técnica, fueron tomadas por un sector de la izquierda del Partido Laborista. Judith Hart legitimaba su posición en un precepto socia lista sobre el uso de la asistencia a los países subdesarrollados y fue en este marco que tomó medidas contra la dictadura de Pinochet. Posiblemente el hecho de cancelar la asistencia técnica destinada a Chile pudo ser entendido como una herramienta de sanción moral, pero que no tenía grandes consecuencias económicas, comerciales o políticas para Chile. Sin embargo, el redireccionamiento de estos fondos para becas a chilenos significó, por un lado, un gesto humanitario y polí tico de solidaridad con los persegui dos y, por otro lado, la posibilidad de una circulación internacional de académicos que lograron continuar con sus carreras en el campo acadé mico británico.

Luego de las primeras medidas en relación con Chile -que ciertos sectores consideraron algo tibias, sobre todo aquellos parlamentarios relacionados al Grupo Tribune-, se sucedieron debates en la Cámara de los Comunes en torno a la entrega de los motores y barcos al gobierno chileno. El gobierno debía evaluar las distintas connotaciones del no cumplimiento de los contratos: pre siones de los trabajadores para no entregarlos, cuestiones de derecho internacional, consecuencias co merciales, entre otras. La posición de los conservadores respecto de este tema era claro: el Reino Unido no podía darse el lujo de cancelar contratos comerciales por razones políticas, pues se perjudicaban eco nómicamente y se desdecían com promisos tomados previamente. El gobierno no quería dañar su imagen internacional, mostrándose como un agente que no cumplía contratos ya adquiridos, en el momento en que estaba construyendo barcos, para México, Venezuela y Brasil y por entonces acabada de recibir órdenes de compra desde América Latina superiores a los 200 millones de libras esterlinas17.

Callagham había afirmado que no se entregarían nuevas licencias para la compra de armas, pero el gobierno debía entregar los mo tores, barcos y otras armas cuyos contratos habían sido signados antes del golpe militar: dos nuevas fragatas y dos nuevos submarinos habían sido ordenados en 1969, du rante el gobierno de Frei Montalva; el contrato por la reparación de un destructor fue encargado en 1971, durante el gobierno de Allende. Si se suspendían estas órdenes y se rompían los contratos, el gobierno debía pagar a los astilleros 44 millo nes de libras esterlinas en concepto del seguro Export Credit Guarantee Department (ECGD), más los posi bles pagos por indemnizaciones al gobierno chileno que este reclama ría por el incumplimiento.

El tema de la renegociación de la deuda externa de Chile fue un tópico que también se vio invadido por la situación de los DD.HH. A comienzos de 1975, el gobierno de Wilson decidió no concurrir a las reuniones del Club de París, donde se discutiría sobre la renegociación de la deuda externa. El gobierno chileno ofreció el pago de cuatro millones de dólares a cuenta de cuotas vencidas y solicitó al Foreign Office tratar de forma bilateral la negociación de lo adeudado por Chile. El Foreign Office rechazó esta propuesta, reiteró la deci sión de no negociación debido a la situación de los DD.HH. y, en consecuencia, declaró moroso a Chile. Así, el tópico de los DD.HH. comenzaría a ocupar un lugar cada vez más importante en las decisio nes en torno a las relaciones anglo- chilenas.

En este punto, la posición britá nica estuvo clara, al menos durante el gobierno laborista, en el apoyo a resoluciones condenatorias a Chile en Naciones Unidas, a partir de los informes de la Tercera Comisión de Asuntos Sociales, Humanitarios y Culturales. El Reino Unido, desde 1974 hasta 1981, aprobó las resolu ciones de la Asamblea General con relación a los DD.HH. en Chile18. En 1982 y 1983, ya bajo el gobierno de Margaret Thatcher, se abstuvo de apoyar las resoluciones condena torias a Chile (1982: Res. 37/183; 1983: Res. 38/102). A partir de 1984 y hasta 1989, el Reino Unido volvió a apoyar las resoluciones de la Asamblea General de la ONU19.

El momento más crítico en la relación diplomática entre Chile y el Reino Unido

Cuando el gobierno británico re tiró a su embajador en Chile, a fines de 1975, a partir del caso Cassidy, el Partido Laborista sumó simpatías entre sus militantes, en tanto que las relaciones comerciales con Chile no se dañaron irreversiblemente. Las medidas tomadas a causa de la tortura de Cassidy fueron producto, asimismo, de la continua presión que el gobierno recibió por parte de la campaña en el Reino Unido contra el gobierno de Pinochet, tanto de sectores británicos como de los chilenos exiliados.

Para algunos sectores del gobier no, la principal preocupación era que Chile dejase de vender su cobre. Esto no sucedió, pues era una situa ción que no convenía a ninguna de las partes. Al observar las cifras de venta de cobre fino en toneladas métricas entre 1975 -cuando se retiró al embajador- y 1981 -momento en que se restablecieron a pleno las relaciones diplomáticas-, vemos que en 1975 tuvieron su punto máximo. Luego se mantu vieron en un término promedio y comenzaron a decaer después de 1981, cuando otros compradores -como Japón- tuvieron mayor presencia. Es decir, el retiro del embajador no parece haber tenido consecuencias inmediatas sobre el comercio del cobre.

El embajador chileno en el Rei no Unido, Olsen, en más de una oportunidad manifestó a la Canci llería su temor de que el gobierno de Wilson extremara sus medidas respecto de Chile: la entrega de los submarinos, de repuestos y equipos para los aviones de las Fuerzas Ar madas chilenas y para los barcos de la Armada estaban en la mira. Por su parte, el Ministro de Relaciones Exteriores, Callagham, expresó, du rante largo tiempo, que las medidas concernientes al caso chileno con tinuaban en revisión. La carta que jugaban los diplomáticos chilenos era suponer que el incumplimiento de los contratos en relación con los submarinos no sería bien visto por otros países europeos y por los países compradores de armas.

Al renunciar Wilson al cargo de Primer Ministro, a mediados de marzo 1976, lo sucedió su ministro de Relaciones Exteriores, James Callagham. La misión diplomática chilena en suelo británico especu laba con que al pagar las cuotas de la deuda correspondientes al año 1976 en tiempo y forma, el gobier no revisaría por fin la situación chilena. La respuesta británica no logró modificarse en este perío do.

El Comité Ejecutivo Nacional del Partido Laborista formuló un programa del partido para 1976. Según informó el embajador Olsen, el documento presentado recomen daba al gobierno del Reino Unido tomar en consideración el destino del comercio británico hacia países, tales como Chile, que no estaban en condiciones de hacer un buen uso de las armas. Puede derivarse que, para el Partido Laborista -o al menos para el sector más ligado a la izquierda-, el comercio y la venta de armas debían pasar por el tamiz de lo político. Para este gru po, Chile y Brasil formaban parte de los países hacia quienes el Reino Unido debía frenar el suministro de armas, de barcos y repuestos. Los sectores más moderados del gobierno consideraban que estas propuestas eran poco realistas, especialmente para un país que de pendía de su comercio exterior. Este programa no necesariamente debía ser seguido por el gobierno, si es que era aprobado previamente por la conferencia nacional del partido. La decisión final en cuanto a las políticas a seguir era, en definitiva, tomada por el gabinete.

La entrega de los submarinos ocasionó preocupación en la Canci llería chilena y más de un debate en la Cámara de los Comunes. A me diados de 1976, el problema aún no encontraba una salida; aunque se entregó uno de los submarinos -el “O'Brien”-, la segunda nave -el “Hyatt”- no se entregaría hasta que no se solucionase el problema financiero que Chile tenía con el Reino Unido -el pago de la mora correspondiente a 1975, aproxima damente 700 mil libras esterlinas-.

Hacia mediados de 1976, el ministro de Estado para las Rela ciones Exteriores del Reino Unido con América, Edward Rowlands, puso sobre relieve los aspectos financieros de la cuestión para la de mora en la entrega de la nave. Este mismo parlamentario, en distintas ocasiones, según los oficios del em bajador chileno, había manifestado preocupación por la situación de los DD.HH. en Chile, además de ser el responsable oficial de recibir a la Dra. Cassidy a su regreso al Reino Unido, hecho que desde el punto de vista simbólico no beneficiaba a la imagen del gobierno chileno.

A pesar de las presiones políticas y una postura oficial respecto de Chile, el submarino “Hyatt” aban donó el puerto británico con desti no a Chile a comienzos de febrero de 1977. Es significativo advertir que los trabajadores portuarios y los sindicatos británicos, junto con Chile Solidarity Campaign, fueron el principal foco de resistencia a la entrega de los barcos y motores al gobierno chileno. Ejemplo de esto fue la actitud de los trabajadores de la Rolls-Royce, quienes se negaron por más de dos años a despachar los motores chilenos luego de su revisión. Los motores pertenecien tes a los aviones Hawker Hunter chilenos llegaron al establecimiento de la Rolls-Royce, recientemente nacionalizada, de East Kilbride, poco después de septiembre de 1973. Los trabajadores iniciaron un fuerte boicot al gobierno chileno, negándose a repararlos, situación que generó una fuerte repercusión en la escena pública.

En el ámbito comercial, el go bierno laborista dejó de dar garan tías a los exportadores británicos que comerciaran en Chile, a través del ECGD, aunque según el emba jador chileno esto no amedrentó a los comerciantes. Posiblemente, los exportadores británicos veían en Chile una buena plaza comercial a partir del Decreto de la Inversión Extranjera, dictado por el gobierno de Pinochet (DL 600), que otorgaba beneficios extras a los inversionistas extranjeros20.

Es posible observar que, entre la situación de los DD.HH. en Chile y los aspectos comerciales y financieros en cuestión, se debatía una relación interestatal que se fue definiendo hacia un escenario desfavorable, desde el punto de vista político-diplomático, para la dictadura chilena. Es así que, en relación con el retorno del embaja dor Secundé a Santiago, el Foreign Office tuvo una respuesta definitiva: no estaba previsto su regreso en el corto plazo; su misión en Chile había sido dada por concluida. Asi mismo, el gobierno británico con tinuó presentando quejas formales al gobierno de Pinochet respecto de la desaparición del ciudadano británico-chileno Guillermo Beausire, al mismo tiempo que notificó a Chile que iniciaría conversaciones con la empresa Hawker Siddeley para que pusiera término por anti cipado a los contratos con la Fuerza Aérea chilena.

En enero de 1977 se produjo el retiro del embajador chileno Kaare Olsen, dejando las relaciones diplo máticas, en ambas partes, bajo la responsabilidad de los encargados de negocios, situación no ideal en el ámbito de la diplomacia. El res tablecimiento de plenas relaciones diplomáticas solo se produciría a partir de cambios políticos en el Reino Unido. Para el gobierno chileno, la esperanza estaba puesta en el triunfo de los conservadores en las elecciones generales de 1979; para los sectores políticos vincula dos al laborismo y al gobierno en el Reino Unido, el cambio se produci ría cuando Chile diera fehacientes muestras de que el tratamiento de los DD.HH. en su país había tomado otros cauces. El gobierno británico sostuvo, ante cada nueva consulta por la normalización de las relaciones diplomáticas, que no había recibido respuestas satisfac torias por parte de Chile respecto de los casos Beausire y Cassidy. Para la misión chilena en el Rei no Unido, la defensa de los DD.HH. era una pantalla que escondía la debilidad del gobierno laborista para resistir las presiones de su ala izquierda.

Todo parece señalar que la rela ción entre Chile y el Reino Unido se definía en la arena política británica y en el seno de un partido gober nante que debía moderar entre sus distintas facciones y con históricos compromisos con los sindicatos que, en su mayoría, tenían una pos tura tomada frente a Chile. En este contexto, y ante las distintas tensio nes que debía enfrentar el gobierno británico, hubo una posición clara: que los laboristas no restablecieran a pleno las relaciones diplomáticas con Chile, incluso el Primer Minis tro Callagham y el secretario del Foreign Office recibieron a la viuda de Allende, apoyando, en cierto sentido, la campaña internacional de denuncia hacia Chile.

Respecto de la red de contac tos entre el gobierno chileno y el Partido Conservador británico, desde fines de 1973, la misión diplomática chilena se propuso intensificarla, pues en este partido podía encontrar adhesiones que el gobierno laborista no daría. En pa labras de Olsen: “Desde que asumí funciones, en noviembre de 1973, me he preocupado de mantener permanentemente informados de la realidad chilena a influyentes diri gentes del Partido Conservador” y agregó que “pondré énfasis en el es tablecimiento de nuevos contactos con ciertos sectores conservadores, en particular en lo que se refiere a los parlamentarios”21. En más de una comunicación oficial entre la Cancillería chilena y su misión en el Reino Unido, se transmitía el alivio que significaría para los intereses de Chile si los conservadores sucedían a los laboristas en el poder. En el plan de acción programado para 1977, se manifestaba que en la Cámara de los Comunes la defensa de Chile provenía de los parlamen tarios conservadores, con quienes se estaba en permanente contacto. Estos vínculos se vieron fortalecidos con la visita a Londres del ministro de Relaciones Exteriores de Chile, almirante Patricio Carvajal, quien mantuvo varias entrevistas con miembros de Partido Conservador. En la misma línea de búsqueda de adhesiones, pero en el ámbito comercial y financiero, a mediados de 1977 viajó al Reino Unido el ministro de Hacienda de Chile, Sergio de Castro, oportunidad en la que enfatizó la evolución de la eco nomía chilena hacia una economía abierta al mercado internacional. Se sumaron a estas visitas la de los ministros de Minería y de Trabajo de Chile.

Asimismo, en el intento por disminuir el peso de la resisten cia chilena en el exilio, la sección informativa de la embajada en el Reino Unido estrechó vínculos con la organización National Front, compuesta por sectores de derecha declaradamente anticomunistas. Esta organización pretendió, en más de una ocasión, boicotear las mani festaciones en repudio al gobierno de Chile, portando carteles que decían “los comunistas no harán en Gran Bretaña lo que hicieron en Chile”. Según oficio reservado, el presidente de esta organización, James Whoterspoon, envió una carta a la embajada de Chile, en abril de 1976, informando que su organización realizaría actos de protestas “cada vez que aquellos que quieran minar la estabilidad de Chile realicen reuniones en este país”22.

A fines de 1977, el gobierno chi leno presentó una protesta formal por lo que consideraba expresiones en contra de su gobierno, manifes tadas por altos funcionarios del gobierno británico. Este se limitó a entregar, a través de su misión di plomática en Santiago, el siguiente memorándum:

El gobierno de su majestad británica ha leído con mucha atención el memorándum del Ministerio de Relaciones Exte riores de Chile del 16 de diciem bre. En respuesta a este, desearía dejar en claro que su política exterior está basada firmemente en el respeto de los principios de autodeterminación y de no inter vención en los asuntos internos de otros Estados. Igualmente, esperaría que el gobierno de Chile compartiera su convicción de que los derechos humanos fundamentales están basados en valores que trascienden las fronteras nacionales. La Carta Fundamental de Naciones Uni das, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los Convenios de Naciones Unidas sobre Derechos Humanos -de los cuales tanto Chile como Gran Bretaña son partícipes- establecen claramente, y sin lugar a dudas, que los abusos de los derechos humanos, en cualquier lugar que ocurran, constituyen un asunto de preo cupación internacional legítima. Esta preocupación seguía encon trando expresión en la conducta de las relaciones internacionales del gobierno de su majestad bri tánica que correcta e inevitable mente reflejan los valores de una sociedad libre y democrática. Embajada británica, Santiago, de febrero de 197823.

Para que las pretensiones del régimen de Pinochet se concretasen debía esperarse la hora de los tories, es decir, de Margaret Thatcher, quien mostró -previo a asumir como Primera Ministra-simpatías con el régimen de Pinochet y luego las materializó en una nueva rela ción bilateral.

Palabras finales: Margaret Thatchery una nueva relación bilateral

Al evaluar el período 1974-79, en su conjunto, es posible afirmar que fueron razones de tipo político- ideológicas y de rechazo a la vio lación de los DD.HH. en Chile las que motivaron, por parte del Reino Unido, un nuevo planteamiento de relación bilateral hacia Chile. Se sumó a esto la tortura en ese país de una ciudadana británica. Las medidas contra Chile se tomaron, sin embargo, tratando de no dañar irreversiblemente los intereses bri tánicos en ese país y sin llegar a una ruptura de las relaciones diplomáticas. Ante la situación económica por la que estaba atravesando el Reino Unido, los vínculos comer ciales y las inversiones de ultramar debían conservarse en la medida en que las presiones de los sectores del ala izquierda del partido gobernan te y el movimiento de trabajadores así lo permitiesen24.

Hacia 1978, cuando ya se estaba palpitando el ascenso de Margaret Thatcher como Primera Ministra, el ministro consejero Jorge Berguño -encargado de negocios de Chile en el Reino Unido-, expresaba en oficio reservado: “Dado que, en las actuales circunstancias, el conservantismo representa una opción de gobierno con altas posibilidades y que sus dirigentes han reiterado su propósito de mejorar las relaciones con Chile, me propongo proseguir e intensificar los contactos con di cho partido en forma discreta pero eficaz”25.

De este modo, cuando en mayo de 1979 Margaret Thatcherse convirtió en Primera Ministra, la misión chilena en el Reino Unido aspiró a optimizar sus relaciones diplomáticas con este país. El terreno estaba preparado: los con servadores, en su rol de opositores, habían manifestado en repetidas oportunidades críticas a la política exterior del gobierno laborista en relación con Chile, mientras que la embajada chilena en Londres no había desperdiciado esfuerzos por estrechar contactos con los tories. Sin embargo, hasta que se hiciese efectivo el nombramiento de emba jadores en sendas capitales, hicieron falta negociaciones -acordadas en forma confidencial-, especula ciones y todo tipo de condimento propio de un acuerdo político. Este proceso incluyó la visita privada al Reino Unido del entonces ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Hernán Cubillos, entre el 2 y 5 de septiembre de 1979, y una entre vista con el nuevo secretario del Foreign Office, lord Carrington.

La gestión se prolongó más de lo pretendido por las autoridades chilenas, quienes procuraban una política no discriminatoria de parte del Reino Unido, principalmente en torno a la relación bilateral con Argentina. Los conservadores pusieron nuevamente condiciones: encontrar alguna solución -o explicación pública- a los casos Cassidy y Beausire, y que la per sona nombrada como embajador chileno en Londres no resultase una persona políticamente conflictiva. Se buscaba así una normalización gradual y cautelosa.

Los tories anunciarían su po lítica hacia Chile cuando en el Reino Unido se disiparan algunos conflictos, como la tensión entre el gobierno y los sindicatos y, en el ámbito internacional, el conflicto en Rodesia. Asimismo, en el esce nario británico también imponía su peso la posición de Estados Unidos frente a Chile, específicamente la política norteamericana en relación con los DD.HH. y la resolución del caso Letelier.

Así, en el marco de este lento proceso, el Reino Unido procura ba, hacia abril de 1981, reducir o desmantelar -aduciendo a razones de seguridad interna y de gasto pú blico- los programas de ayuda a los refugiados chilenos, al igual que presionaría para que Chile aceptase la repatriación de exiliados políti cos residentes en el Reino Unido.

El restablecimiento de relaciones diplomáticas plenas se concretó el 16 de enero de 1980, cuando se designaron nuevos embajadores: John Moore Heath fue designado embajador del Reino Unido en Chile y Miguel Schweitzer, emba jador de Chile en el Reino Unido. En el ámbito de las relaciones co merciales, el gobierno de Thatcher restableció el seguro de crédito para las exportaciones británicas a Chile para mediano y largo plazo.

La decisión oficial de restable cimiento de relaciones diplomáti cas plenas levantó críticas en los sectores de apoyo a los exiliados chilenos, en la Chile Solidarity Campaign, Amnistía Internacio nal y en el Partido Laborista, entre otros. Frente a esto, el gobierno británico respondió que no signifi caba que desde la oficialidad no se preocuparan por los DD.HH. en Chile. Sin embargo, según fuentes chilenas, altos funcionarios del Foreign Office -para justificar su postura- pusieron en duda las declaraciones de Sheila Cassidy y cambiaron el calificativo de tortu radapor el de maltratada, minimi zando la violación de los DD.HH .

El embargo de venta de armas a Chile fue el tema que demoró más tiempo en resolverse, aunque el 22 de julio de 1980 el asunto estaba solucionado. Sin los laboristas al frente del gobierno -quienes por motivos políticos y de oposición a la violación de los DD.HH. habían prohibido la venta de armas a Chi le-, solo primaron los intereses económicos y comerciales. Chile, ante el embargo, había comenzado a comprar armas a otros países vecinos del Reino Unido, como Alemania y Francia, lo que no era de simpatía para su antiguo e histó rico proveedor de armamentos. La industria bélica británica -privada y estatal- no se daría el lujo de perder compradores por cuestiones políticas. Las afinidades políticas entre los dos gobiernos -de Pino chet y Thatcher-facilitaban más aún el entendimiento. Para la Can cillería chilena y para los conser vadores que apoyaron la campaña de restablecimiento del comercio de armas, el fin del embargo significó también el fin de una política de doble estándar en el ámbito de las relaciones exteriores, excusa esta que utilizaban para minimizar y descalificar las críticas en torno a la violación de los DD.HH. en Chile.

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1 La Dra. Cassidy atendió al ex diri gente del MIR Nelson Gutiérrez, herido luego de un enfrentamiento el 15 de octubre de 1975. El 1 de no viembre de ese año, Cassidy fue detenida, hecho que despertó la preo cupación del gobierno británico (Terrazas Guzmán; 1992).

1 La Dra. Cassidy atendió al ex diri gente del MIR Nelson Gutiérrez, herido luego de un enfrentamiento el 15 de octubre de 1975. El 1 de no viembre de ese año, Cassidy fue detenida, hecho que despertó la preo cupación del gobierno británico (Terrazas Guzmán; 1992).

2 Frei Montalva, E. (1968). Memoria del Ministerio de Relaciones Exterio res de Chile, 206-207.

3 Ver Memoria del Ministerio de Rela ciones Exteriores de Chile, año 1968.

4 Sobre los principales apoyos a la resistencia a Pinochet (ver Alan An gell, 2013).

5Socialist International, Statement issued by the Socialist International on Chile. Londres, 22 de septiembre de 1973. En ese momento, el presi dente de la Internacional Socialista era Bruno Pittermann y la vicepresi dencia estaba compuesta por Willy Brandt, Trygve Bratteli, Sicco Mans holt, Golda Meir, François Mitte rrand, Pietro Nenni, Giuseppe Sara gat y Harold Wilson.

6 Si bien no analizaremos el caso par ticular de la IS, señalamos que a solo semanas del golpe, esta organización envió una comisión investigativa a Chile para diagnosticar la situación de los DD.HH. Se trató de una dele gación con miembros prestigiosos como Bettino Craxi, luego Primer Ministro italiano, y Antoine Blanca. En 1974, dicha comisión presentó un informe condenatorio sobre el accio nar del régimen militar. La IS y la socialdemocracia europea fueron profundamente críticas respecto del gobierno de Pinochet y esto se evi denció en distintos documentos y conferencias condenatorias y en propuestas de boicot económico y político al régimen militar (Witker, 1990). El caso chileno tuvo tal im pacto en la IS que en su Congreso en Ginebra, en noviembre de 1976, se nombró como vicepresidente de la Internacional a Anselmo Sule, princi pal líder del Partido Radical de Chile.

7Academics for Chile fue una organi zación de tipo informal, creada a días del golpe militar en Chile, para reali zar acciones de solidaridad hacia académicos chilenos afectados por la situación política. Estaba dirigida por Alan Angell (secretario ejecutivo), Cristian Anglade (presidente) y David Rock (tesorero). El grupo de miem bros se completaba, en sus inicios, con Norman Dombey, de la Escuela de Matemática y Física de la Universidad de Sussex; Peter Flynn, del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Glasgow; Walter Litt le, del Departamento de Política de la Universidad de Liverpool; Emanuel de Kadt, del Instituto de Estudios del Desarrollo (IDS) de la Universidad de Sussex; Charles Posner, del Instituto de Educación de la Universidad de Londres; Ian Wright, del Queen´s College de la Universidad de Cam bridge; David Winder, del Departa mento de Estudios Administrativos de la Universidad de Manchester, y Ann Zammit, del Departamento de Histo ria Social y Económica de la Univer sidad de Hull. Entre sus sponsors podemos nombrar a: Alec Nove, Kenneth Kirkwood, Martin Pollock, Henri Tajfel, Dudley Seers, Raymond Williams y Richard Kahn. Archivo de Academics for Chile, School of Eco nomic and Political Science, Londres.

8 El primer caso había sido el de Dolo res Ibárruri Gómez —llamada “La Pasionaria”—, dirigente política en la Segunda República Española y en la Guerra Civil, y miembro del Partido Comunista de España.

9 Oficio confidencial N° 30, DRI. Del vicealmirante Óscar Buzeta al minis tro de Relaciones Exteriores, Londres, 5 de octubre de 1973. Archivo docu mental Ministerio de Relaciones Ex teriores de Chile. Carpeta Gran Bre taña, pág. 4.

10 Oficio confidencial N° 50. Asesoría política. Del embajador Kaare Olsen al ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Londres 29 de noviembre de 1973. Archivo documental Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile. Carpeta Gran Bretaña.

11 Callagham, James. House of Com mons, March 27, 1974, Oral Answers, pp. 424. File FCO 7/2605 British Policy towards Chile, National Archi ves, London.

12 El exilio chileno en el Reino Unido ha sido abordado por Joly (1987, 1996), quien ha puesto el foco en las políticas de recepción, el papel del gobierno inglés, las organizaciones de solidari dad con el exilio, entre otros aspectos. Por su parte, Diana Kay abordó las estrategias de exiliados chilenos para reconstruir sus vidas en el Reino Unido.

13 Hart, Judith. House of Commons, March 27, 1974, Oral Answers, pp. 425. File FCO 7/2605 British Policy towards Chile, National Archives, London.

14 File OD 28/372 Suspension of aid to Chile, Correspondence from Judith Hart to Harold Wilson, London, March 7, 1974. National Archives, London.

15 File OD 28/372 Chile: Suspension of Aid following military coup, Na tional Archives, London.

16 Brief for Minister for Overseas Devel opment: Cabinet. Defense and Over seas Polity Commnittee, 19 of Sep tember, 1975. Latin American Depart ment. File OD 28/374 Part C 36/389/01 Chile: Suspension of Aid to Chile, period 1973-75, National Archives, London.

17 File FCO British Policy towards Chile, FCO 7/2605. ALC 3/348/1 Part A, 1974. National Archives, London.

18 Resoluciones de la ONU: 1974: Res. 3219 —XXIX—; 1975: Res. 3448 —XXX—; 1976: Res. 31/124; 1977: Res. 32/118; 1978: Res. 33/175; 1979: Res. 34/179; 1980: Res. 35/188; 1981: 36/157. United Nations Dag Hammarskjold Library, Collection: Voting Record.

19 Resoluciones de la ONU: 1984: Res. 39/121; 1985: Res. 40/141; 1986: Res. 41/161; 1987: Res. 42/147; 1988: Res. 43/158; 1989: Res. 44/163; United Nations Dag Hammarskjold Library, Collection: Voting Record.

20 Decreto Ley 600, Estatuto de la In versión Extranjera, Santiago de Chile, 11 de julio de 1974. Archivo Biblio teca del Congreso Nacional de Chile.

21 Olsen, Kaare (5 de agosto de 1976). Oficio secreto número 4. Del emba jador Kaare Olsen al ministro de Relaciones Exteriores de Chile. OBJ: Actividades 1976. Londres.

22 Oficio reservado número 66. Del Embajador de Chile al Ministro de Relaciones Exteriores. OBJ: informa manifestación de protesta contra concierto folklorista U.P. Londres, 27 de abril de 1976. Archivo Documen tal Ministerio de Relaciones Exterio res de Chile. Carpeta Gran Bretaña.

23 Memorándum citado en Memoria del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile, año 1978: 117. Archivo Documental Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile. Carpeta Gran Bretaña.

24 Jack Jones, líder del movimiento sin dical británico, a través de correspon dencia personal, solicitó al Primer Ministro, Harold Wilson, mayores presiones para la junta militar chilena, como pedir el pago total de sus com promisos financieros para la construc ción de los submarinos y la no rene gociación de su deuda. Esta carta ejemplifica las continuas presiones que recibió el gobierno para extremar su política hacia Chile. Correspon dence from Jack Jones to Harold Wilson, July 16, 1975, File OD 28/374 Part C 36/398/01 Chile: Sus pension of Aid to Chile File period 1973-1975. National Archives, Lon don.

25 Berguño, Jorge (10 de mayo de 1978). Oficio reservado número 41. Del encargado de Negocios de Chile en Londres al ministro de Relaciones Exteriores-Diplan. Londres. Archivo Documental Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile. Carpeta Gran Bretaña.

Recibido: 16 de Noviembre de 2015; Aprobado: 30 de Mayo de 2016

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