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Estudios internacionales (Santiago)

versão On-line ISSN 0719-3769

Estud. int. (Santiago, en línea) vol.48 no.185 Santiago  2016

http://dx.doi.org/10.5354/0719-3769.2016.44557 

DOCUMENTOS

 

Mesa redonda: Chile, trayectoria y proyección en el Asia-Pacífico

En el curso del presente año, el Instituto de Estudios Internacionales celebra el cincuentenario de su existencia. Esta vez, consciente de la responsabilidad que le entregó uno de sus creadores, el profesor Claudio Véliz, de ocuparse de manera especial de la observación de la región Asia-Pacífico, Estudios Internacionales resolvió dedicar una de sus jornadas de reflexión a la vinculación de Chile con esta región. Para este fin, congregó a un conjunto de especialistas, cada uno de los cuales aportó su experiencia a una discusión que enriqueció el conocimiento que se tiene sobre esta vasta e importante región del mundo, con la idea de ampliar los conceptos y permitir así que sus lectores se formen una impresión más cabal de su situación actual y de sus perspectivas.

Cabe señalar que, de esta manera, Estudios Internacionales continúa un formato iniciado al comienzo de la administración del Presidente Obama, cuando al comprobar lo difícil que habría sido obtener un trabajo que diera cuenta cabal del tema, se resolvió invitar a un diálogo de especialistas, para que cada uno de los cuales diera cuenta de su visión personal, de tal modo que el conjunto de sus observaciones sirviera de base para trabajos posteriores.

A continuación, se ofrece una reseña de lo expresado en la mesa redonda, en el orden de intervención de los participantes.

 

Profesor Manfred Wilhelmy

Instituto de Estudios Internacionales, Universidad de Chile, Chile.

 

Pedro Reus, Gerente Internacional de la Sociedad de Fomento Fabril, SOFOFA.

Cuando me invitaron a participar en esta reunión sobre la trayectoria y proyección de Chile en la región Asia-Pacífico, lo primero que pensé es que nuestra relación con Asia puede abordarse desde la doble perspectiva del vaso medio lleno y del vaso medio vacío. Observando la realidad y considerando lo hecho hasta ahora, pero siempre teniendo presente que las iniciativas y relaciones comerciales siempre pueden profundizarse y mejorarse, mi impresión es que podemos ser optimistas y señalar que nuestro país ha tenido éxito en su vinculación con los países asiáticos. Al respecto, basta citar algunos hitos.

Para comenzar, en lo que respecta a la presencia comercial y económica de Chile en la región, puede decirse que ya a fines del siglo XIX el peso chileno y productos nuestros como el salitre, el trigo y otros recursos nacionales, se comerciaban en la zona. Asimismo, en esa época se dieron los primeros intentos por establecer relaciones diplomáticas formales con varios Estados de la región. A manera de ejemplo, cabe citar el caso de Japón, con el cual las relaciones datan de 1897, lo que indica que teníamos cierta presencia en la zona. Esto coincidía con el hecho de que éramos un país abierto al mundo desde el punto de vista económico-comercial.

Posteriormente, el país se cerró al exterior y su contacto con la región se redujo apreciablemente, pero la situación volvió a su ritmo anterior cuando regresó a una política comercial de apertura económica, cuyo hito más relevante respecto de su inserción en el área fue su incorporación al APEC en 1994. El hecho de ser miembro del Foro facilitó las negociaciones para establecer una red de acuerdos de libre comercio con varios países asiáticos, además de una serie de acuerdos para evitar la doble tributación, y promover y proteger las inversiones. Todo esto constituyó un piso muy relevante para nuestra relación con Asia.

También es importante destacar la presencia de legaciones diplomáticas y comerciales en más de doce países de la región, lo que revela cierta preferencia por la zona, que ha sido respaldada por el sector privado. Este último ha sido un actor relevante no solo en términos del aumento del intercambio de bienes, servicios e inversiones, sino que también acompañó la presencia diplomática mediante la celebración de acuerdos de cooperación con asociaciones empresariales de países asiáticos. Por ejemplo, tenemos una red de acuerdos de cooperación con las Cámaras de Comercio e Industria de Japón, Corea, Tailandia y China, y hemos ido creando una red que posibilita el contacto y facilita los negocios entre empresarios chilenos y asiáticos.

En lo que respecta a la creación de lazos de confianza, los Consejos Bilaterales Nacionales han cumplido una función fundamental. El caso más emblemático es el Comité Chile-Japón, que lleva funcionando más de treinta años y ello no solo ha facilitado los negocios, sino que ha promovido, activamente, medidas concretas de política pública.

En su conjunto, en los últimos años estos elementos han generado un aumento considerable del comercio con la región. Actualmente, más del 50% de nuestras exportaciones van a los mercados asiáticos, por un valor superior a los treinta mil millones de dólares anuales. No es casual que tres de los cinco primeros socios comerciales de Chile sean asiáticos (China, Japón y Corea), lo que revela que los esfuerzos por profundizar los contactos económicos y comerciales con la región han sido bastante fructíferos. Pero también es importante reconocer que en esta relación hay debilidades, las que se manifiestan esencialmente en el hecho de que continuamos siendo proveedores de recursos naturales. En efecto, si se analiza la canasta exportadora, se comprueba que un porcentaje muy relevante siguen siendo los recursos naturales, lo que obviamente demuestra que nos falta algo para introducir elementos de mayor calidad en la relación. Aunque los tratados de libre comercio vigentes con los países asiáticos no solo se han traducido en un incremento de las exportaciones, en cierta medida también han logrado diversificar la canasta exportadora. Pero ello no es suficiente. Quizás la perspectiva del tiempo no sea todavía muy favorable, pero aún así, me parece que faltan algunos elementos que podríamos considerar como tareas pendientes, que podrían incidir de manera positiva para profundizar y ampliar la relación Asía-Pacífico. Para empezar, nos falta todavía aumentar los niveles de ahorro e inversión. Si se comparan los niveles de ahorro e inversión de los países asiáticos con el de Chile -que dentro de América Latina es el más elevado- nuestras tasas son todavía muy bajas. Por esta razón, es muy difícil mantener por períodos prolongados una capacidad de crecimiento sostenido y alto. Con nuestros actuales niveles de ahorro e inversión, nuestra capacidad de crecimiento no supera el 3% o 4%. Como sector privado, aspiramos a que esa capacidad sea muy superior, pero para ello habría que adoptar una serie de medidas.

Un segundo factor se relaciona con nuestra oferta exportable, con el tipo de productos que vamos a exportar. Aunque ya es un lugar común, considero importante repetirlo: se necesita una fuerza laboral mucho mejor calificada y una educación de mejor calidad. En eso, obviamente, estamos lejos de los trabajadores/alumnos asiáticos. Basta ver las cifras de las pruebas internacionales que se aplican en nuestro país y compararlas con aquellas de los países asiáticos.

Otro elemento que nos falta y que también es importante, es la necesidad de mejorar la integración entre los países latinoamericanos, apuntando a facilitar el rol de Chile como país-plataforma. En la actualidad, el nivel de integración y comercio intrarregional es pobrísimo. Las tasas de intercambio entre países latinoamericanos no superan el 10%, mientras que el comercio que existe entre los países asiáticos supera el 50%. Lo anterior tiene que ver no solo con la estructura productiva, sino también con la falta de integración física y energética, elementos que indudablemente nos juegan en contra. En ese sentido, estamos de acuerdo en favorecer los procesos de integración y convergencia entre los países de América Latina, en afianzar la Alianza del Pacífico y el Mercosur, en la medida de lo posible. Aunque somos pragmáticos y realistas, creemos que ahí se están dando señales positivas. Recientemente, en la Cumbre Empresarial, el Presidente dio una señal clara de acercamiento a los países de la Alianza y Argentina pasó a ser observador.

También es importante señalar que es preciso mantener la estabilidad macroeconómica e institucional. Para mantener la inversión y el crecimiento es indispensable que las reglas del juego sean claras. No está demás decirlo, pero nos preocupan algunas de las reformas que se están realizando, porque no hay duda de que ellas pueden afectar el clima favorable a la inversión extranjera.

Por otra parte, cabe destacar la necesidad de aumentar la inversión en infraestructura física, transporte, energía y aeropuertos. Comparada con la de países asiáticos, nuestra tasa de inversión en infraestructura física es muy baja. Por ejemplo, Corea invierte el 4% del PIB en infraestructura, mientras que nosotros escasamente llegamos al 1.5%. Esto es fundamental para convertir a Chile en una plataforma de negocios para la región Asia-Pacífico. Al respecto, es menester una alianza público-privada, porque el Estado no tiene la capacidad de financiar todo lo que se requiere en materia de integración física.

Asimismo, es importante impulsar con fuerza la Alianza del Pacífico y el TPP, porque ambos mecanismos podrían fortalecer nuestra vinculación con Asia y permitirnos participar en las cadenas de valor de sus mercados. Actualmente no participamos en las cadenas de valor de los mercados asiáticos y ello, además de permitir asumir el papel de país-plataforma, se facilitaría mediante la asociación con empresas de la región. El TPP, por ejemplo, impulsaría la mejora del acceso de un conjunto importante de productos que hoy en día están fuera de las cadenas de valor de la región del Asia-Pacífico. Además, falta completar las redes de libre comercio con Indonesia y Filipinas y mejorar el acuerdo con la India, aún pendiente, porque los indios no han expresado concretamente su voluntad de completarlo.

Dentro de este marco, también es fundamental fomentar la inversión de empresas chilenas en países asiáticos. Ello es importante no solo desde el punto de vista del comercio, sino también de la inversión y de la participación en las cadenas de valor. Hay empresas chilenas que ya tienen inversiones en Asia, por ejemplo, Sigdo Koppers, que a través de Magotteaux -una empresa que fabrica bolas de acero- tiene una fábrica en Tailandia que sirve de entrada o plataforma para vender en todo el Asia. También hay otras empresas, como Elecmetal y Molymet, que tienen importantes inversiones.

Desde el punto de vista empresarial, el desarrollo de este conjunto de elementos podría permitir dar un salto importante en la región Asia-Pacífico.

Finalmente, si bien en función de nuestra vinculación económica hemos tenido éxito con Asia, todavía nos queda un camino importante por recorrer para aprovechar mejor las oportunidades que ofrece la región.

Alicia Frohmann, Consultora en la División de Comercio Internacional e Integración de la CEPAL.

El vínculo económico-comercial de Chile con Asia -que en los últimos veinte años ha sido tan dinámico-, no es específico de nuestro país. Chile se ha subido a la cresta de una ola que va en dirección al Asia-Pacífico, al igual que los demás países de América Latina. En un momento dado, Chile tuvo una cierta ventaja en el desarrollo de la relación con Asia, sobre todo por su temprana incorporación al APEC, pero después se ha ido quedando a la zaga. En realidad, en la relación económico-comercial de Chile con Asia se comprueba el mismo patrón que en muchos otros países de la región productores de recursos naturales; vale decir, un crecimiento vertiginoso del comercio entre el 2000 y el 2012-2013, seguido de una caída a raíz de la desaceleración del crecimiento de China y la baja de los precios de los commodities. Es lo que ocurrió en Chile, pero también en los países vecinos.

Exportaciones a China de Chile, Argentina, Brasil y Perú 2003 y 2013 (Millones de US$)

Fuente: COMTRADE

Pensemos que el 50% de las exportaciones de América Latina y el Caribe a China se concentra en cuatro productos: soja, cobre, hierro y petróleo. Eso es lo que China compra en la región y por eso es casi inevitable centrar la mirada en ese país. Y es que si se observa el patrón del comercio de la última década, China por sí sola representa el doble de las exportaciones de Chile a todos los demás países asiáticos en su conjunto. En otras palabras, el comercio con China es realmente una variable fundamental de la relación, no solo en función de las exportaciones de Chile, sino también de sus importaciones, porque hoy en día prácticamente todo lo que usamos, desde lapiceras, pasando por platos, ropa, etc., proviene mayormente de China.

Al igual que el expositor que me precedió, creo que el ingreso de Chile al APEC el año 1994 fue una decisión muy acertada, porque el Foro ha sido una vitrina para el país en Asia. Chile era y, en cierta medida, sigue siendo un país muy desconocido para los asiáticos. Recuerdo que hace algunos años, cuando se organizó un evento comercial «Sabores de Chile» en Corea, Japón y China, lo más conocido de Chile, lo que más llamaba la atención, era la Isla de Pascua, en circunstancias que, paradójicamente, esto es lo más desconocido para los propios chilenos.

Chile se fue dando a conocer y hubo interés por este pequeño país que se presentaba, que participaba, que era muy activo en el contexto del APEC. En buena parte, como resultado de esta participación, se pudieron desarrollar las negociaciones de los tratados de libre comercio con esa región; primero con la República de Corea, luego con China y Japón. Desde la perspectiva asiática, la suscripción de estos acuerdos tuvo un componente político importante, si bien siempre estuvo claro el interés por Chile como proveedor de los recursos naturales que requerían sus economías. En la actualidad, Chile ha suscrito acuerdos comerciales con la mayoría de las economías de APEC.

Corresponde hacer un paréntesis para indicar que la relación de Chile con Japón ha sido permanente y es de larga data. Durante muchos años, Japón fue segundo o tercer destino de las exportaciones de Chile y también ha sido un inversionista de mayor relevancia que otros países asiáticos.

Entre 2005 y 2014, el comercio Chile-China registró una gran bonanza, con un crecimiento anual promedio del 17%. En 2014, fue el primer socio comercial de Chile, siendo destino de un 25% de las exportaciones nacionales. Las exportaciones se concentran principalmente en la minería del cobre y hierro. De hecho, China es el destino del 66% de las exportaciones del sector. Este patrón de comercio se comprueba también a nivel regional. Un 68% de las exportaciones a China provienen de las regiones mineras de Antofagasta, Atacama y Arica-Parinacota. En 2014 el cobre llegó a representar el 77% del total exportado a China, lo que en buena parte refleja el alto precio del metal, pero también muestra el predominio total de recursos naturales, sobre todo mineros, en la canasta comercial de Chile. Esto se ha llamado la "reprimarización" de la economía chilena.

En 2015 se registra una drástica caída de los montos exportados, principalmente por la baja de los precios de las materias primas: entre 2013 y 2015, las exportaciones chilenas al mundo caen de 77,4 a 63,4 mil millones de dólares y las exportaciones a China se reducen de 19,2 a 16,8 mil millones. Estas cifras dan cuenta de la vulnerabilidad del comercio de Chile y de la excesiva concentración en la exportación de recursos naturales. Ahora bien, también es cierto que han aumentado las exportaciones no cobre, sobre todo en el sector alimentos. En 2006, Chile exportaba a China unos doscientos millones de dólares en productos alimenticios y en 2015 esa cifra se elevó a cerca de dos mil millones, principalmente en fruta y vinos. También han aumentado las exportaciones de salmones. Entre 2005 y 2014 se elevó el número de empresas que exportan a China y eso es muy importante, porque expresa la densidad económica de la relación. En 2005 exportaban a China cuatrocientas veinticuatro empresas, mientras que en 2014 el número se elevó a mil veintidós, es decir, la cifra se duplicó con creces. Un 40% de ellas eran pymes, pero cabe puntualizar que un 75% de estas empresas eran exportadoras intermitentes, es decir, exportaban un año sí y otro no. Solo un 10% de las empresas que exportan a China lo hacen regularmente.

En el ámbito de la inversión extranjera directa Chile-China se da un fenómeno muy curioso. La inversión extranjera directa de Chile en China triplica la de China en Chile, aún cuando solamente corresponde a un 0,3% del total que invierte Chile en el extranjero. Claramente, ahí hay un desafío, porque China no invierte en Chile, pero es un inversionista bastante importante en otros países de la región. Es extraño que a pesar de que importa gran cantidad de recursos naturales de nuestro país y el TLC bilateral que otorga certidumbre jurídica a los inversionistas, China no haya invertido en la explotación de dichos recursos en Chile, como han hecho países como Canadá, Estados Unidos o Japón. Una hipótesis que explicaría este hecho sería la normativa laboral y ambiental chilena, la cual es menos flexible que la de países vecinos.

¿Cómo se ve el escenario futuro de estas relaciones? Claramente, es necesaria una relación más madura y compleja. Hasta ahora, Chile ha aprovechado más bien situaciones puntuales: se ha subido a la cresta de la ola de la expansión comercial con Asia en el momento del boom de la demanda de recursos naturales. A pesar de la actual caída, hay que considerar que China seguirá requiriendo recursos naturales, sea por el tamaño de su población, porque está cambiando de manera importante su patrón de consumo de alimentos (se consumen más proteínas), o porque enfrenta un proceso de creciente urbanización. La tasa de crecimiento del comercio no volverá posiblemente a ser de dos dígitos, en buena parte porque China está entrando en la fase de descenso de su propia tasa de crecimiento económico, y como bien sabemos en Chile, tras haber crecido a tasas considerablemente elevadas, esas cifras pasan un determinado umbral y se van estabilizando con el tiempo.

Lo preocupante es que no solamente se ha estancado el comercio de Chile con Asia, sino que ocurre algo similar respecto de otras regiones del mundo. En buena parte, ello obedece a que Chile ha descansado sobre sus laureles, no ha diversificado su canasta exportadora y no le ha agregado valor; se ha " reprimarizado" y ha tenido una visión rentista del comercio internacional. No se puede hacer más de lo mismo; es decir, seguir suscribiendo acuerdos comerciales y confiar que estos aumenten automáticamente la densidad de la relación económica bilateral. Hay un desafío para el sector público en cuanto a crear condiciones e incentivos para diversificar la estructura productiva y la canasta exportadora, incorporando un portafolio de bienes y servicios más atractivos. También existe un desafío para el sector privado en términos de innovar, agregar valor y asumir riesgos. La presencia de los inversionistas chilenos en los mercados es importante, porque están más cerca de los consumidores y ayudan a adaptar la oferta a la demanda, además de contribuir al aprendizaje de cómo hacer negocios en Asia, que es tan importante para la región.

Finalmente, hay un desafío en términos de lograr una mirada más asociativa a la relación con el Asia-Pacífico, en conjunto con otros países de América Latina. Hasta ahora, la idea de Chile como país puente al Asia no ha sido más que una ilusión. Puede haber una oportunidad de colaboración en el seno de la Alianza para el Pacífico. Es también importante para Chile retomar una mayor presencia en el APEC, dándole a dicho espacio la verdadera importancia que tiene.

Finalmente, es interesante observar la relación con Asia desde lo simbólico, desde el imaginario colectivo. Para los chilenos, Asia y lo asiático significan, en buena medida, lo desconocido, la alteridad. Frente a lo asiático existe cierta mezcla de curiosidad, prejuicio, fascinación e incluso perplejidad. Esto seguramente también incide en los alcances y limitaciones de la relación económico-comercial bilateral.

Diego Velasco, Embajador, Subdirector de la Dirección de Asia Pacífico del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Primero que todo, quiero agradecer la invitación a participar en esta mesa redonda, cuyo tema me resulta particularmente atractivo, ya que como diplomático me ha correspondido pasar gran parte de mi carrera en la región Asia-Pacífico. En efecto, veintitrés años en países del Sudeste Asiático y cinco en Australia. Entonces, desde esa perspectiva, creo que podría entregar un aporte, refiriéndome a lo que Chile sabe y debería saber sobre el Asia.

El tema de la reunión: " Chile: Trayectoria y Proyección en el Asia Pacífico", me trajo a la mente la figura del general y Director Supremo de Chile, Ramón Freire. Me retrotrajo más allá de los cincuenta años de vida del Instituto. Y ello no solo porque hacia 1837, Freire estuvo exiliado en Tahiti y Australia, sino porque -si mal no recuerdo- entre 1823 y 1827, una de sus grandes iniciativas, aparte de abolir la esclavitud, fue abrir Chile al comercio internacional. Y este hecho afectó profundamente a la sociedad de la época, al punto que a lo largo del siglo XIX el esfuerzo público-privado marcó hitos bastante importantes. Incluso se pensó en apoyar la independencia de Filipinas y constituir un Estado federado a través del Pacífico, es decir, un Estado federado chileno-filipino. Ya entonces empezaba a notarse la importancia del agua para nuestro país, porque la realidad es que Chile tiene más agua que tierra.

Alrededor del 1850, adquieren importancia, principalmente para la minería, las exportaciones a Australia de mulas y muleros chilenos, para arrastrar los carros de mineral hacia el Puerto de Windham. Pero además de esa vinculación, otras llegaron mucho más allá de Australia. Por ejemplo, la goleta Carmen de la Compañía de Calcuta, que llevaba cobre a la India escoltada por la guarnición de Singapur para protegerse de los piratas. Esa presencia se siguió manifestando después, ya en 1880, con la incorporación de la Isla de Pascua al territorio nacional.

Es posible que se haya tenido una visión más amplia en gran medida debido a que, al no existir aún el Canal de Panamá, el tráfico hacia Australia debía realizarse por el Estrecho de Magallanes y el puerto de Valparaíso. A modo de anécdota, cabe recordar la hazaña de un grupo de reos australianos que escaparon de la prisión, robaron una nave y la trajeron precisamente a Valparaíso. Así pues, en diversos sentidos tuvimos presencia público-privada y estratégica en la región y entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX, la Armada chilena, que respaldaba nuestra marina mercante, llegó a ser al menos la tercera o cuarta en poder ofensivo a nivel mundial.

En el siglo XX, con las dos guerras mundiales y el proceso de descolonización, Chile se desvinculó de muchos de los territorios con los que antes comercializaba. Claro ejemplo de ello es el caso de Indonesia. Chile comercializaba con Holanda, de tal manera que cuando Indonesia se independizó de Holanda, nuestro país dejó de vender salitre a Indonesia. Quizás nos fuimos adormeciendo. Como mencionaba Pedro (Reus), en un modelo de desarrollo más cerrado, dejamos de ser un país abierto. Volvimos a despertar recién en la década de 1980 y después con el APEC, y fuimos socios creativos en FOCALAE que es un foro bastante desconocido, pero que tiene mucho potencial.

En relación con lo que decía Alicia (Frohmann) respecto del imaginario colectivo, cabe preguntarse qué percepción tenemos de Asia, de cada país de la región y de cada grupo humano que la integra. La verdad es que cuando se habla de Asia, y más allá de China, todo suena a comer con palillos, como si se tratara de un todo homogéneo. Tal vez Japón sea, en alguna medida, la excepción gracias a la actividad que ha mantenido históricamente con Chile, ya que nos ha constituido como una suerte de plataforma de cooperación con América Latina. Este imaginario colectivo difuso y totalizante, además, es mutuo, ya que en el otro lado del Pacífico ocurre lo mismo. Piensan que Latinoamérica es: María, Pedro, tequila y fiesta.

Esta situación tiene mucho que ver con lo que se nos han transmitido desde niños o jóvenes. Es la imagen que traían los medios de comunicación, que no eran los medios de hoy, y sobre todo con el cine. Un claro ejemplo de esto se dio con motivo de la erupción del Kracatoa, que fue el primer evento globalizado a través de la prensa luego que la Agencia Reuters resolviera trasmitirla a Londres, impactando al mundo. Incluso influyó en la pintura europea entre los años '83 y '86, cuando se reprodujeron cielos con cenizas volcánicas. La colonia holandesa era tanto más importante de lo que representaban las imágenes de Hollywood. La película "Kracatoa al Este de Java" mostraba a un grupo de personas lejanas del mundanal ruido, presa de algunos señores a los que les interesaba extraer perlas en medio del desastre. Partiendo por el hecho de que el Kracatoa queda al oeste de Java, un mundo inculto, nada más lejano de la realidad. Algo similar, que también da cuenta de las complejidades y limitaciones a la hora de comprender o conocer Asia, ocurre con Tailandia. A los occidentales les cuesta entender que sus soberanos anden descalzos, porque eso es de "salvajes". Sin embargo, para ellos es de "salvajes" entrar a las casas con la suciedad y el estiércol de los caminos.

Las diferencias son muchas y en realidad no estamos permeados de las culturas asiáticas. Nuestras percepciones siguen estando muy influidas por estas imágenes cinematográficas. Por suerte, esta situación ha ido cambiando, en parte, gracias a los programas de becas y a distintos mecanismos desarrollados en los últimos diez años para facilitar a los jóvenes cruzar al otro lado -como los programas Working Holidays y las Becas Chile-. De esta manera, muchos jóvenes están formándose y estableciendo una relación más estrecha con Asia. Pude verlo hace ya doce años, cinco de los cuales estuve destinado en Tailandia. Realmente me impresionó la agilidad con que funcionaban estos programas de Working Holidays con Australia y Nueva Zelandia. Llegaban olas de estudiantes a los que se les había perdido el pasaporte o necesitaban algún tipo de ayuda. Y esto era en Tailandia, donde teníamos diecisiete chilenos, un perro, un gato y nada más.

Los jóvenes llegaban sobre todo a usar su inglés, a despercudirse de los típicos miedos a estar pronunciando mal. Después de pasar por Australia y Nueva Zelandia, donde existen estos mundos multiculturales, donde se habla el inglés con toda clase de acentos, incluyendo Australia -donde en el propio país hay cinco acentos distintos-. La gente joven comienza a desenvolverse, a atreverse, a abrirse, a renacer y a reencontrarse con ese espíritu que hacia 1800 nos llevó a tener una presencia importante en el Pacífico. Hay que canalizar esas fuerzas, ayudarlas, impulsarlas, porque todavía existen muchas limitaciones y, sobre todo, problemas de desarticulación. Pienso que tanto al mundo académico como al mundo económico-comercial les corresponde un rol fundamental en ese sentido.

Es imprescindible crear redes y potenciarlas. Cuando fui Cónsul General en Melbourne, me invitaron a una reunión para saludar a los cincuenta becarios de la Universidad de Melbourne que llegaban ese año y comprobé con sorpresa que no se conocían entre ellos, es decir, recién se habían encontrado en ese espacio. Lo primero que hice fue ayudarlos a crear la red y luego, hacer que esta hiciera cosas con proyección de futuro. Insistí también en que tenía que ser una red que tuviera acento regional, porque el mercado laboral nacional ya no existe, está cada vez más abierto. Actualmente, en el país hay un enorme número de profesionales latinoamericanos y de otras regiones del mundo que trabajan en distintas áreas: comunicaciones, análisis políticos, etc. Además, era importante que tuvieran claro que mientras la red no tuviera un domicilio fijo, un domicilio real, una personalidad jurídica, siempre sería algo etéreo. En el mundo existen muchas redes similares, pero que yo sepa BECPACS (Becarios y estudiantes chilenos en el Pacífico Sur), que es la que se formó en Melbourne, es la única que tiene personalidad jurídica tanto en Australia como en Chile.

Es importante que la gente venga reforzada de afuera, para que no solamente vayan a un país y regresen a competir con un cartón en la mano. Porque los jóvenes que regresan a Chile han estudiado profesiones de vanguardia, necesarias en el mundo actual y en el futuro, como las relacionadas con el medio ambiente, la conservación, las energías alternativas. Es necesario aprovechar los conocimientos de cada país y transformarlos en nuevas tecnologías. No es necesario que se trate de tecnología electrónica, hay otros temas bastante simples. Por ejemplo, en Java Central hace miles de años que reconstruyen todo lo que pueden con las mismas cenizas de los volcanes que las destruyen. El gran desafío de nuestros jóvenes es volver a Chile y reinsertarse bien, aportando al desarrollo regional y esto hay que reforzarlo desde afuera.

En BECPAS trabajamos un par de posibilidades que espero fructifiquen más adelante. Habría que partir porque después de la Beca Chile los estudiantes tengan la posibilidad de trabajar en empresas, que ojalá ya estén operando o piensen instalarse acá. En el caso específico de Australia, muchas empresas que venían a establecer filiales en nuestro país para funcionar como plataforma en América Latina, pasaban semanas buscando personas que hablaran inglés y entendieran sus procesos y cultura. Finalmente, hacían un shortlisting y solo quedaban una o dos, que muchas veces después de un año se llevaban la cartera de clientes y se iban a trabajar con competidores. Distinto sería si las asociaciones empresariales de los países en que se encuentran nuestros posgraduados les dieran el espacio para que practiquen, para que trabajen en la empresa, de tal manera que ya contaran con personal asimilado a sus medios, disciplinas o métodos al instalarse en Chile o la región.

Otro de los caminos que trabajamos apuntaba a formar grupos que estudien y le den seguimiento a los acuerdos que ha ido firmando Chile, porque hay mucho desconocimiento respecto de las oportunidades que ofrecen. Por ejemplo, en los acuerdos firmados con Estados Unidos hay una cuota de mil cuatrocientos cupos para profesionales que quieran ir a trabajar a ese país y solo se usa la tercera parte, básicamente porque muy pocos están enterados de su existencia. En cambio, si grupos de trabajo multidis-ciplinarios de posgraduados en el exterior o que viven acá, trabajaran guiados por académicos o empresarios, analizando estos temas, no solo estarían interiorizados de las posibilidades de especialización, sino también podrían proponer, pedir y colaborar en el desarrollo del "rayado de cancha" de este futuro globalizado.

Ahora bien, respecto de Asia también hay otras cosas importantes. Primero, es fundamental salirnos de los estereotipos, sobre todo dejar de pensar que en Asia todo se hace de la misma manera. Hablamos del mercado chino, pero China en esencia tiene varios mercados, según la región de que se trate. Lo mismo ocurre con el mercado indio, que está aún más dividido y diferenciado. Tenemos que saber cómo operan las empresas en el Sudeste Asiático de acuerdo con el grupo sociocultural que las lidere. Cómo trabajan los malayos, cómo trabajan los indios, cómo trabajan los chinos, quién ocupa qué funciones y en qué lugar. Este tipo de cosas no las trabajamos, no las aprendemos. Todo lo que aprendemos lo sacamos de libros traducidos en países que han estado más tiempo vinculados con Asia, particularmente aquellos que tuvieron colonias ahí.

Podríamos intercambiar conocimientos y aprender tanto, incluso respecto de nuestros propios valores, conociendo lo que tenemos en común: el valor de la familia, la solidaridad social en tiempos de desastres, el trabajo comunitario, etc. Podríamos aprender muchas cosas, por ejemplo, a diferenciar los componentes de la sociedad, los distintos grupos socioculturales, sus roles, etc. En el Sudeste Asiático una familia de origen malayo y una de origen chino se desarrollan de manera muy distinta. En los grupos familiares malayos los hijos siguen los pasos profesionales de sus padres, reproduciendo una tradición familiar. En política ocurre lo mismo, todos votan por el candidato del pater familias. El caso de China es completamente distinto: los hijos eligen profesiones distintas, buscando complementa-riedad, y en política, cada miembro de la familia participa en un partido político distinto. Son visiones totalmente diferentes y es muy importante conocerlas. Cuando se negocia algo -especialmente en el Sudeste Asiático- hay que preocuparse muy bien del rol que cumple cada uno. Por ejemplo, me han comentado que si uno va a hacer un negocio es fundamental buscar el nombre más alto en la escala del organigrama de la empresa. En consecuencia, hay que ampliar nuestro conocimiento mutuo.

Si me permiten, voy a terminar con dos ideas o posibilidades prácticas que considero podrían implementarse con relativa facilidad. La primera es establecer plataformas de investigación universitaria. La Monash University tiene una plataforma espectacular, de alta tecnología, que abarca nanotecnología, implantes oculares, de oído, etc. Tienen grupos de trabajo o participación en todos los sectores que uno pueda imaginar. Ellos les venden servicios o cooperan con todas las universidades de Australia, vía internet. ¿Por qué no lo podemos hacer nosotros acá y tener una sucursal regional en Chile que nos dé acceso a todo ese conocimiento que ya está disponible?

La misma Universidad de Monash estableció un campus en Malasia, que, si no me equivoco, cuenta actualmente con más de cinco mil estudiantes y cuya Facultad de Medicina es más avanzada que la australiana. Además, esto no solo permitiría intercambio intelectual, académico o de conocimientos, porque son verdaderas ciudadelas, que impulsan el desarrollo de una serie de negocios o actividades vinculadas al ámbito universitario: bienes, servicios, hoteles, casas, etc. ¿Tenemos algo similar en Latinoamérica? Me parece que no existe. Tampoco contamos con universidades que impartan pregrados en inglés, como el que estableció la Monash en Sudáfrica. Son elementos de gran valor agregado a los que podríamos pensar en aportar gracias a nuestra seriedad. El orden nuestro es algo que hace que Asia nos mire: en todos los países en que me ha correspondido estar, ello es algo que se respeta de Chile.

Fanor Larraín, Académico de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Primero que todo, me gustaría agradecer la invitación a conversar sobre el Asia-Pacífico. Considerando las temáticas abordadas en las exposiciones anteriores, voy a centrarme en la construcción contemporánea, vale decir, en el siglo XXI. Lo primero que habría que señalar al respecto es que tanto la globalización como el regionalismo han sido los grandes motores de la economía en la época contemporánea: son los mayores factores de reestructuración del sistema internacional post Guerra Fría. En ese sentido, son elementos de enorme importancia a la hora de estudiar no solo la región del Asia-Pacífico, sino que cualquier otro espacio del mundo actual, debido a que han tendido a socavar el control político de los Estados-nación y, en cierta forma, a delimitar sus políticas de acción.

Cabe tener presente que, paradójicamente, la restructuración de la economía mundial globalizada no ha tenido alcance mundial. Existe una importante desigualdad geográfica, concentrada en Norteamérica (Estados Unidos, Canadá y México), Europa Occidental y el Este de Asia (considerando China, Japón y Corea del Sur). Según datos del Banco Mundial, el 75% del comercio mundial, el 90% del total de los flujos de inversión extranjera directa y el 85% del PIB mundial, se concentran en esta triada. Es un dato estructural que hay que considerar. Otro dato importante es que el Océano Pacífico es el más grande de los cinco: cubre casi un 30% del total del planeta y la cuenca del Asia-Pacífico incorpora al este y el sudeste de Asia y también Oceanía.

La globalización ha empujado a los Estados-nación, a sus burocracias, a las universidades y empresarios, a estudiar y tratar de entender la creciente y compleja relación de interdependencia de las economías globalizadas. En el caso de Chile, a estudiar la relación que tenemos con Asia. Una región que todavía nos parece misteriosa, sobre la cual hay una serie de prejuicios, de estereotipos, y que nos resulta difícil de comprender y diferenciar. Cuando vemos a cualquier asiático de ojos rasgados, automáticamente asumimos que es chino. Esta homogeneización no es un fenómeno exclusivamente chileno, sino más bien latinoamericano. Por ejemplo, a Keiko Fujimori los peruanos le decían "la china". Pensamos que todo lo asiático es chino, aunque cada vez se hace más evidente que no es así, de modo que estamos comenzando a revisar y estudiar los imaginarios colectivos respecto de Asia.

Sin embargo, más allá de la heterogeneidad, diría que desde el punto de vista ético o valórico, existen dos elementos comunes a la región. Estas culturas milenarias comparten como referentes filosóficos a Confucio y Buda, cuyas enseñanzas o paradigmas complementan la ética protestante y el capitalismo de Weber. Me parece que esos dos elementos han sido desafíos permanentes para los burócratas de los Estados-nación y los empresarios que han querido hacer negocios con Asia. Han tenido que comenzar a conocer y relacionarse con la ética confuciana del ciudadano benevolente, del ciudadano perfecto, que respeta a la autoridad -en la medida que tenga legitimidad- un ciudadano que además respeta la familia, los ancestros y la tradición, y que en el caso de Buda se complementa con una suerte de religión no teísta, donde Dios no aparece por ninguna parte, y que apunta a la perfección personal como mecanismo para superar el sufrimiento propio de la vida.

Más allá de las diferencias teológicas o filosóficas, la distancia constituye una barrera gigante. Gracias al inglés, el idioma ya no es barrera, pero donde queda un nicho por desarrollar es en la formación de recursos humanos calificados. Esto significa que debemos ser capaces de formar ciudadanos cosmopolitas, personas educadas y tolerantes, que puedan observar y entender no solamente de negocios, sino las culturas e idiosincrasias regionales del Asia. Solo podremos acceder a los distintos mercados asiáticos si tenemos la posibilidad de agregar valor a nuestras exportaciones en el campo agroindustrial. Pienso que en Chile se han ido desarrollando estos recursos humanos calificados, ciudadanos del mundo, cosmopolitas. De hecho, en las reuniones organizadas por la Fundación Chilena del Pacífico hemos encontrado profesionales que identifican al menos algunas diferencias regionales.

Así pues, el Asia-Pacífico puede entenderse a partir de las relaciones comerciales, en que la región representa el 56% de la producción mundial y el 46% del comercio global. También es importante conocer la compleja y específica red de historias, ideas, normas y creencias que han ido creando, la que es fundamental para interpretar la conducta de los distintos Estados nacionales que dan forma a la región. Entender Asia implica manejar un puzzle de cosmovisiones, que permite interpretar cabalmente la forma en que funciona cada uno de estos Estados, con los que Chile se ha relacionado de manera exitosa en los últimos 30 años. Como mencionaba el embajador Velasco, esta relación tiene una fortaleza importante en el vínculo con Japón. De lo contrario, continuaremos teniendo una visión homogeneizadora, con todas las limitaciones que ello implica.

Otro aspecto relevante se relaciona con las llamadas identidades e imaginarios. Tomaré como ejemplo el caso de APEC, debido a su carácter emblemático o paradigmático. Es un caso interesante por su particular manera de funcionar u organizarse. APEC se compone de veintiún socios comerciales, veintiún economías (no Estados), que formaron una suerte de club cerrado. Pertenecen a este club una serie de representantes estatales, empresarios y centros universitarios, que crearon una especie de regionalismo abierto mediante la liberación del comercio, las inversiones y los servicios.

Además de ser un foro multilateral de cooperación y concertación económica, la interacción de este triángulo virtuoso estaría generando prosperidad y menor riesgo frente a las turbulencias económicas. La organización, que en 2019 cumplirá treinta años, funciona de manera única a nivel internacional. Primero, porque carece de un tratado formal y actúa a partir de declaraciones y compromisos consensuados que carecen de carácter vinculante. Al revisar la multitud de acrónimos de las Naciones Unidas y distintos organismos internacionales, puede pensarse que APEC tiene su propia lógica de desarrollo.

A mi juicio, APEC ha influido positivamente en la idea o imaginario sobre el Asia-Pacífico. Los socios mantienen un diálogo abierto en que se respetan todas las opiniones y su organización es muy sencilla. Funciona con una Secretaría -en un edificio bastante modesto en la ciudad-isla-Estado de Singapur- que se encarga de proporcionar apoyo técnico y consultoria. Además, anualmente se realiza una reunión en que es huésped uno de los socios. Hay gran modestia en materia de recursos, pero sus efectos son importantes en lo que respecta a conocimientos y, especialmente, en materia de apoyo técnico.

APEC se ha transformado en un club de gran prestigio internacional, que ha promovido normas para la liberación del comercio mundial mediante una retórica persuasiva y un lobby que ha tenido resultados en los Estados-nación. El Asia-Pacífico es una de las regiones más dinámicas a nivel mundial, ya que sus socios representan al 40% de la población global, el 44% del comercio internacional y un 53% del PIB mundial. Por esta razón, es la organización más grande e importante del Asia-Pacífico, incluso en lo que se refiere a la creación de normas sociales, ya que ha diversificado mucho los temas de que se ocupa, que abarcan desde la propiedad intelectual o la producción de automóviles, hasta la igualdad de género y otros relacionados con el medio ambiente. De tal manera, ha logrado crear una diáspora de temas a nivel internacional que, además de generar conocimiento, constituye una red de información que promueve el libre comercio.

Otro elemento que resulta interesante respecto del funcionamiento APEC es la lógica de lo que es apropiado y correcto. Los socios responden a una lógica de consecuencias maximizadoras o absolutas, es decir, ven el win-win, el que todos ganen y no simplemente compararse en juegos de suma cero o mirando por encima del hombro para ver quién gana más o quién gana menos. Esa es la principal ventaja del foro, aunque paradójicamente ha sido considerada como un inconveniente de este "tigre sin dientes", como ha solido calificársele.

Creo que lo que más ha producido APEC, ha sido justamente esta red de conocimientos en este triángulo virtuoso entre profesionales altamente calificados del Estado, académicos y empresarios, dispuestos a aprender lo idiosincrático que tiene cada uno de los Estados-nación asiáticos. APEC es una construcción que incluye una percepción homogénea respecto de cómo lograr el progreso, una motivación persistente en todos los socios para mantener y perfeccionar su participación con el mismo principio: abramos mercados y creemos un regionalismo abierto.

Creo que a Asia hay que entenderla a partir, justamente, de lo que es esta identidad. La identidad de los vínculos que han ido creando no solamente APEC, también ASEAN y, a nivel latinoamericano, la emergente Alianza para el Pacífico, que todavía mantiene un formato modesto desde el punto de vista burocrático, basado en principios simples, pero con concreciones bastante importantes.

En cuanto a Chile, tengo una visión bastante positiva de cómo este triángulo de profesionales en la burocracia estatal, en las empresas y en la academia, han dado la posibilidad de mirar a Asia con otros ojos.

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