SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.48 número185PresentaciónA casi tres décadas del Consenso de Washington ¿Cuál es su legado en América Latina? índice de autoresíndice de assuntospesquisa de artigos
Home Pagelista alfabética de periódicos  

Serviços Personalizados

Journal

Artigo

Indicadores

Links relacionados

  • Em processo de indexaçãoCitado por Google
  • Não possue artigos similaresSimilares em SciELO
  • Em processo de indexaçãoSimilares em Google

Compartilhar


Estudios internacionales (Santiago)

versão On-line ISSN 0719-3769

Estud. int. (Santiago, en línea) vol.48 no.185 Santiago  2016

http://dx.doi.org/10.5354/0719-3769.2016.44517 

ARTICULOS

 

Bioética global y el problema del medio ambiente

 

Global bioethics and the environment

 

Fernando Lolas Stepke*

* Profesor Titular y Director, Centro Interdisciplinario de Estudios en Bioética y Programa de Ética Global, Instituto de Estudios Internacionales, Universidad de Chile, Chile. E-mail: (flolas@u.uchile.cl).


Resumen

Al pasar breve revista a los cambios en las relaciones humanas en los últimos cincuenta años, denominados globalización, se mencionan aspectos positivos y negativos de esta, y se señala que una de las consecuencias del desarrollo económico e industrial ha sido la modificación profunda del medio ambiente. El artículo destaca que la globalización plantea dilemas éticos, entre otras razones, porque afecta a las personas. A continuación, se alude al surgimiento del término bioética y sus fundamentos generales, que obedecen a los imperativos de regulación, supervisión, deliberación e interacción. Finalmente, se destaca que los principios rectores de la forma dominante de bioética no son plenamente aplicables a su formulación como bioética global.

Palabras clave: civilización - globalización - medio ambiente - ética - bioética.


Abstract

On referring briefly to changes in human relationships over the last fifty years, which have been termed globalization, the essay mentions its positive and negative aspects and contends that economic and industrial development has caused deep changes in the environment. It emphasizes that globalization has ethical implications among other reasons because it affects individuals. The paper then turns to the term bioethics and its overall bases, which respond to regulatory, supervisory, deliberative and interaction imperatives. Finally, it is noted that guiding principles of the dominant form of bioethics are not wholly applicable to its formulation as global bioethics.

Keywords: civilization - globalization - environment - ethics - bioethics.


 

Civilización y Globalización

Durante los últimos cincuenta años se han manifestado cambios en las relaciones humanas. Las nuevas formas de comunicación y transporte han relativizado la noción de espacio. Las economías han derivado hacia un patrón de intercambios que sobrepasa las fronteras de las naciones-estado, inspirado en una ideología neoliberal. Existe una auténtica posibilidad de integrar lenguajes y personas por la rápida difusión de informaciones, ideas y creencias.

A estos cambios se les ha dado la designación de globalización. Como todo fenómeno social, tiene aspectos positivos y negativos. Entre los primeros se cuenta el acceso de numerosos grupos humanos a los beneficios del proceso civilizatorio. En los segundos se cuenta el imperio irrestricto de una forma de vida desarrollada en ciertas regiones del mundo e impuesta a otras, debido a su supuesto "éxito" y a que significa "progreso". No todas las formas de vida humana reciben igual consideración y quienes resienten la forma asumida por la economía mundial, son condenados a la marginalidad y la pobreza.

Ciertamente, la historia conoce muchas formas de mundialización. Los imperios antiguos crearon vastos espacios de convivencia y establecieron condiciones que en algunos aspectos pueden considerarse globalizaciones parciales. La magnitud de su influencia, sin embargo, no es comparable a las actuales circunstancias. Como nunca antes, el principal bien intercambiado como base del poder es la información. El capitalismo inicial manejó bienes. El capitalismo neoliberal tardío maneja conocimiento, esto es, formas de articular informaciones. Quienes quedan fuera del círculo fructuoso de su influencia sufren discriminación y explotación. La exclusión de la civilización es la nueva forma de victimización humana.

Oswald Spengler (1922) sostenía que cuando una cultura se fosiliza y deja de ser creativa, se transforma en civilización. La globalización parece ser la culminación de un proceso civilizatorio que amenaza borrar toda forma de diversidad. No en vano se manifiestan contra esta uniformidad los sentimientos nacionalistas de grupos o etnias. En sus movimientos puede percibirse la defensa de las identidades propias y la resistencia a las ideologías que implica la glo-balización en su forma actual, que equivale a imponer estilos y formas de vida que no todos los grupos humanos valoran o aceptan.

Entre las consecuencias del desarrollo económico e industrial derivado del afán de lucro e inspirado por la ideología del mercado global, se encuentra la modificación profunda del medio ambiente. Mientras aumenta la población mundial, son cada vez menos las tierras inexploradas, los lugares apropiados para la vida humana plena y las posibilidades de expansión de lugares habitables. Se reducen o agotan recursos naturales. Se extinguen especies animales y vegetales por la escasa preocupación de mantenerlas o por preferir otras más utilizables.

La globalización como problema ético

El fenómeno de la globalización plantea dilemas éticos en varias formas al referirlo a la amenaza de la destrucción del ambiente. Primero, se trata de problemas cuya percepción no siempre es evidente. De allí su ambigüedad. Los ciudadanos comunes y corrientes piensan que sus conductas individuales no contribuyen a la polución ambiental. Los grandes consorcios industriales, como lo demuestra la industria automovilística europea, prefieren pagar multas a reformar sus procesos productivos. Las regulaciones más estrictas, cuando se trata de imponerlas en un plano internacional, encuentran resistencia precisamente de aquellos países que más contaminan.

Aparte de la ambigüedad, las consecuencias de la globalización sobre las alteraciones del medio ambiente tienen relevancia ética por afectar personas. Por muy desarrollada que sea la conciencia ecológica, la verdad es que el ambiente cobra relevancia en la medida que perturba o modifica la vida humana. No se tiene una relación solidaria con la biósfera, por más que algunos espíritus sofisticados o imbuidos de divina intuición (como San Francisco o los santones hindúes) hayan practicado una suerte de solidaridad con animales y plantas. Es el impacto sobre la vida humana lo que moviliza la atención, produce cambios en políticas o genera movimientos populares de mayor atracción, que la pura "defensa" del medio ambiente. Sin considerar, además, que un "ecologismo radical" es difícilmente practicable en la situación actual del mundo y no tiene más valor que el simbólico cuando se afrontan las realidades del progreso económico.

Otra razón por la cual el tema ambiental es éticamente relevante, consiste en la interrelación que contrae con otros asuntos humanos. No existe un sitio en el mundo que pueda librarse de los efectos devastadores de políticas ambientales nocivas a gran escala, como las que practican las economías avanzadas y los grandes países del orbe. La economía, la política, la legislación, son todas áreas en las cuales la irrestricta prosecución del lucro y el crecimiento económico tienen impacto.

Ética o bioética

El término bioética, propuesto sin mayores consecuencias en 1927 por el teólogo Fritz Jahr, como el imperativo de proteger la vida en todas sus formas, alcanzó vigencia y difusión a partir de los años setenta del siglo XX. Gran parte de su importancia se le atribuye al oncólogo van Rensselaer Potter, quien -en libros y artículos- abogó por una "ciencia de la sobrevivencia" a la que bautizó como bioética.

De acuerdo a este autor, influido por escritos de otros precursores, de no mediar un cambio de mentalidad que exigiera solidaridad con la biósfera, se condenaría a la especie humana a la extinción. Veía, como otros antes y después -en la fusión de las perspectivas humanista y científica-, la solución posible al dilema del progreso destructor. En su época ocurrieron muchos desastres, como el famoso de Bhopal en India, que costó la vida de veinte mil personas, debido a una contaminación con pesticidas. Era evidente -entonces menos que hoy- que una ética "teórica", concebida como una suerte de monólogo trascendente de algún filósofo y sin relación con los desarrollos de las ciencias empíricas, había sido y seguiría siendo por completo irrelevante para afrontar cambios necesarios en el comportamiento humano.

De no mediar un diálogo auténtico y fructífero entre los discursos de las ciencias, sobre todo las biológicas, y las creencias filosóficas o religiosas, nada se alcanzaría y la reflexión seguiría encerrada en un círculo de autorreferencias sin impacto social.

Como el vocablo entró en el ámbito de las ciencias médicas con mayor intensidad que en otras disciplinas, el concepto de "bioética global" fue acuñado por Potter para insistir en la perspectiva amplia (Potter, 1988).

Algo semejante, menos ecológicamente orientado, había dicho Jahr al proponer, con su "imperativo bioético", que la vida debía ser respetada en todas sus variedades, en la medida de lo posible. Para Potter, el desafío consistía en tender puentes entre las distintas racionalidades humanas, de modo que los problemas aparecieran como conjunción de miradas diversas y no simplemente como imposición o iluminación de algún adelantado profeta. Esta noción"pontifical" de la bioética nos ha permitido después hablar de esta perspectiva como una forma de usar el diálogo entre personas, disciplinas, grupos y creencias para formular, especificar y resolver dilemas morales. Como puente entre diversas perspectivas, el discurso bioético debía partir, no desde la ilusoria noción de una "ética aplicada" (aunque esta confusión persiste en muchos escritos que monótonamente la repiten), sino bottom up, desde la comprobación de dificultades nacidas en la vida práctica misma. Quizás es oportuno advertir que la segunda mitad del siglo XX se caracterizó precisamente por la desconfianza en las grandes generalizaciones teóricas universales y englobantes, y vio el colapso de las ideologías totalitarias y utópicas. Se derribaron los imperios monoideológicos del fascismo, nacionalsocialismo y marxismo, para dar paso a las ideologías colectivamente llamadas neoliberales (aunque la polisemia de este término sea enorme), cuyo núcleo sea posiblemente la idea de que el mercado es una gran metáfora que caracteriza toda forma de relación humana. La imagen del ser humano como individuo, como racionalmente orientado a satisfacer sus necesidades y deseos, y como capaz de entrar por conveniencia en intercambio de "bienes" (prestigio, dinero, poder, amor), es quizás una buena descripción tanto de la Weltanschauung neoliberal como de la ideología democrática asociada. Pues confiando en que los ciudadanos serán capaces de discernir las bondades del consenso y de la tolerancia, y actuarán en cuanto a su propio interés, se puede formular una "ética de mínimos", en que está todo permitido en la medida que no afecte los intereses de los demás.

No se precisa observación minuciosa para advertir que esta expectativa no se cumple. No es el mercado -por más que en lenguaje corriente de la impresión de instancia dialógica-, la metáfora más adecuada para explicar conductas como el altruismo auténtico o la movilización de las personas por causas abstractas. Tampoco ocurre que el libremercadismo económico haya funcionado como regulador adecuado de las transacciones, pues se descubre que al cabo de un tiempo florece solamente cuando fuertes regulaciones políticas le permiten libertad de operación. Es una utopía pensar en la "mano invisible" que regulará a conciencia los deseos, las necesidades y las ganancias, y que el Estado deberá asumir solamente un papel moderador. Las "criptocracias" modernas (esto es, formas de ejercer el poder, no aparentes al público) operan fuera de los límites convencionales de los estados-nación. Son empresas transnacionales sin patria (y, por ende, sin ley) las que dictan el comportamiento de grandes masas humanas, produciendo necesidades, deseos y satisfaciéndolos con los bienes materiales o simbólicos que producen en respuesta a ellos.

Es esta maquinaria de la inducción del deseo que puede satisfacerse con el producto (son soluciones en busca de problemas) la que en parte produce la sensación del progreso ilimitado (pues ilimitados son los deseos generables) y de la inevitabilidad del triunfo del ideario neoliberal democrático. Está entre las premisas no discutidas del mundo contemporáneo, entre las comprensiones o las convicciones más hegemónicas.

Si puede decirse que la ética es la articulación lingüística de fundamentaciones para diversas formas de comportamiento moral, la bioética consiste en añadir la dimensión dialógica a esa construcción, haciendo de ella una narrativa compartida. Por eso es relevante para formular los problemas e implicaciones de la degradación medioambiental, y proponer vías para solucionar las angustias o remover los obstáculos para una vida plena.

En esta perspectiva, sin embargo, no debe olvidarse la dimensión creencial, generalmente asociada a una institucionalidad religiosa (Pomerleau, 2002). Las religiones son formas de articular las creencias con base en alguna certidumbre trascendente, por ejemplo, divinidades o dioses que pueden intervenir en los asuntos humanos. La perspectiva religiosa, incorporada al pensamiento bioético, refuerza la idea de concebir este como una cultura epistémica híbrida (Lolas, 2016), que toma en consideración distintas fuentes de certezas en base a una perspectiva dialógica.

La dimensión humana del ambiente

Tal fue el título que dimos, en 1995, a un libro que pretendía ofrecer una mirada sobre el tema del ambiente desde las ciencias empíricas de la percepción, hasta el concepto de goce estético y sus implicaciones para la calidad de la vida humana (Lolas y Marinovic, 1995). Allí se distinguía entre la percepción de ambientes y la percepción de objetos, observando cuán difícil es percibir el entorno si no es mediante la percepción de aquellos objetos que lo ocupan. El aire, anotábamos, sería lo último que veríamos, así como el agua sería lo último que echaría de menos el pez. Excepto cuando ese aire, que ocupa todos los espacios y se da por descontado que exista, se contamina o ensucia, y así aparece a la mirada como un problema.

Con ello se quería indicar que los problemas medioambientales no se perciben siempre de la misma manera y que su percepción es función de un aparato perceptor entrenado y sensibilizado. La dimensión bioética que destacamos agrega a eso la necesidad de una alfabetización general en los asuntos científicos para calibrar con precisión las amenazas y los desafíos. De otro modo, se cae fácilmente en las prédicas moralizantes, en las descripciones de amenazas apocalípticas o en las vocinglerías teatrales de la industria que pasa por "ecológica".

Esta dimensión humana del ambiente, como hemos indicado antes, es la que fundamenta y posibilita el abordaje bioético. No solamente para generar conciencia del problema. Tampoco para solo movilizar emocionalmente a grupos de personas. Ni siquiera para sensibilizar poblaciones. Menos aún para inducir movimientos políticos antiprogreso, antiimperialismo, anti cualquier cosa. Es para producir una suerte de alfabetización general, que permita a las personas dialogar con sus pares y con sus superiores sobre la base de conocimientos y sensibilidades educadas. Tal vez así tengan sentido las numerosas declaraciones internacionales que con creciente regularidad firman los gobernantes, o las admoniciones a entender el cambio climático o el calentamiento global.

El discurso bioético y el problema del medio ambiente

Aunque puede discutirse si la bioética, o la bioética global, constituyen disciplinas estructuradas, es indudable que existe un discurso y una práctica que en sus fundamentos generales obedece a cuatro imperativos: regulación, supervisión, deliberación e interacción (Ten Have, 2016). En estas tareas, la bioética global se confunde con la "biopolítica", pues muchas de sus propuestas o indicaciones solamente son factibles si, más allá del compromiso individual de personas, interviene la dirigencia política o los gobiernos de las naciones-estado.

Cabe hablar también de una "ética biocéntrica", en el sentido de una reflexión que aboga por la vida, la supervivencia de la especie y la solidaridad trans o intergeneracional. Esta idea destaca que muchas de las actitudes y acciones éticamente valorables serán de importancia para generaciones futuras, con las cuales solamente una forma de "imaginación moral" puede hacerlas válidas y operantes. Serán personas y poblaciones a las que los actuales habitantes del planeta no conocerán. El imperativo se fundamenta solamente en imaginar sus formas de vida. No cabe reciprocidad ni obligaciones complementarias que justifiquen hablar de un acuerdo o de un diálogo. Lejos está tal propuesta de un ecologismo radical, en que a ultranza se descarte cualquier intervención sobre el medio ambiente. La necesidad de una conciencia moral global se evidencia en numerosos ejemplos de empresas transnacionales o gobiernos que sistemáticamente violan principios que aseguran respetar. La imaginación moral y el compromiso con la sustentabilidad ética (no solamente económica) de las decisiones dependen en forma crítica de una alfabetización científica universal, de una adecuada ponderación de riesgos y beneficios, y de una dirigencia política responsable.

En sus dimensiones regulatorias, el discurso bioético global se plasma en convenciones y acuerdos suscritos por gobiernos, organizaciones no gubernamentales y asociaciones civiles. Estos textos son necesarios como punto de partida. Ciertamente, no serían necesarios si sus principios fueran indiscutibles e indiscutidos. Ocurre lo propio con los derechos humanos, que si fueran universalmente reconocidos y aceptados no precisarían la consagración textual.

Se trata, en todo caso, de textos no vinculantes desde el punto de vista jurídico. Soft law, por tanto, que puede ser respetada a tenor de coyunturas concretas. De allí que sea conveniente agregar una perspectiva que permita la supervisión, el control, la interacción y, además, la aceptación (compliance) de los principios por considerárselos legítimos y no simples imposiciones. Este es el punto en que los discursos de la postmodernidad encuentran dificultades para armonizar las demandas, las necesidades, los deseos y las conveniencias. Las formas de supervisión supranacional (piénsese, por ejemplo, en las cortes internacionales de justicia y en el trabajo de los organismos del sistema de Naciones Unidas) se demuestran débiles frente a las contingencias. El mundo ha visto la insuficiencia de los cuerpos internacionales, como fue el caso de la Sociedad de Naciones tras la Primera Guerra Mundial, y lo incorrectas de muchas de sus decisiones (creación de estados-nación sin arraigos reales en las realidades históricas, acuerdos tomados sin contemplar los sentimientos de poblaciones afectadas), unido todo ello a una pérdida progresiva de prestigio al saberlos controlados por potencias dominantes que velan, ante todo, por sus intereses particulares.

Usos del discurso Bioético

Es conveniente destacar que los principios rectores de la forma dominante de bioética, esencialmente biomédica y psicosocial, no son del todo aplicables a su formulación como bioética global. Si la autonomía, la beneficencia, la no maleficencia y la justicia (cuatro principios que por su reiteración acrítica se denominan el "mantra de Georgetown") son importantes, en el plano global cobran relevancia otros adicionales, como la solidaridad y la reciprocidad. También, como expresa la Declaración Universal de Bioética y Derechos Humanos de UNESCO del año 2005, ha de tenerse en cuenta que la vulnerabilidad humana (la inherente a todo ser humano debido a las situaciones especiales) impone reglas de conducta que cobran una significación adicional cuando se considera el plano de lo global.

Es conveniente destacar, además, que la globalización no es en sí misma un fenómeno negativo. Lo es la forma que ha adoptado a tenor del neoliberalismo imperante, pues siempre hay que considerar que lo local y lo global están en permanente interacción ("Glocalización") y que los desafíos que plantea el tema ambiental requieren una forma de globalización "desde abajo", surgida desde las preocupaciones concretas de las comunidades humanas y sus entornos particulares. Think globally, act locally, el conocido lema de la Organización Mundial de la Salud, es todavía una buena guía para la correcta formulación e implementación de una bioética que responda a los desafíos que plantea la problemática ambiental. La bioética puede constituir, rectamente entendida, una "cultura epistémica" que contribuya a mejorar la calidad de la vida en el planeta (Lolas, 2016).

Bibliografía

Lolas, F. y Marinovic, M. (1995). La dimensión humana del ambiente. Vicerrectoría Académica, Universidad de Chile.         [ Links ]

Lolas, F. (2016). Bioethics as hybrid epistemic culture: a comment to Agazzi. Bioethics UPdate 2(1): 8-13.         [ Links ]

Pomerleau, C. (2002). Aportes para visión ético-religiosa. En Morandé, J. A. y Pomerleau, C. Globalización y visiones religiosas. Ril Editores, Santiago de Chile.         [ Links ]

Potter, V. R. (1988). Global Bioethics: Building on the Leopold legacy. Michigan State University Press, East Lansing.         [ Links ]

Spengler, O. (1976). La decadencia de Occidente (1922). Espasa Calpe, Madrid. (Traducción de M. García Morente).         [ Links ]

Ten Have, H. (2016). Global Bioethics. An introduction. Routledge, London-New York.         [ Links ]


Recibido el 6 de junio de 2016; Aprobado el 14 de junio de 2016.

Creative Commons License Todo o conteúdo deste periódico, exceto onde está identificado, está licenciado sob uma Licença Creative Commons