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Cultura-hombre-sociedad

versão impressa ISSN 0716-1557versão On-line ISSN 0719-2789

Cult.-hombre-soc. vol.27 no.1 Temuco jul. 2017

http://dx.doi.org/10.7770/cuhso-v27n1-art1064 

Reseña

Menéndez, rey de la Patagonia

Felipe Quiroga 1  

1 Universidad Nacional Autónoma de México Mexico

Alonso Marchante, José Luis. Menéndez, rey de la Patagonia. Santiago: Catalonia, 2015. 352p.

El libro Menéndez, rey de la Patagonia se publicó a inicios de 2014 y ya, para el 2016, llevaba tres ediciones, las que no presentan modificaciones tanto en su estructura como en redacción. El texto consta de siete capítulos que tienen como objetivo evidenciar el exterminio de los indígenas que habitaban el extremo sur del continente americano, como son los yámanas, selk’nam, kawesqar, aónikenk y haush, esto a partir de tres eventos principales: 1) la expansión territorial generada a través de la concentración de tierras por parte de los estancieros instalados tanto en el extremo sur de Chile como también en Argentina; 2) la liquidación casi total de la fuente de alimentos (guanacos) de la población originaria por las expediciones colonizadoras a cargo de los estancieros; y 3) el contagio de enfermedades como la gripe y la sífilis, unido a las condiciones de hacinamiento e insalubridad que padecía aquella población en las barracas de alojamiento que poseían las diversas estancias lanares. Es importante mencionar que en este proceso un actor relevante fue José Menéndez, quien se convirtió en el gran estanciero del sur del continente americano, de manera que el libro hace una revisión de su historia de vida, y de la cual la presente reseña abordará los principales sucesos.

Menéndez fue un asturiano que se instaló a finales del siglo XIX en Punta Arenas, Chile. A su arribo se incorporó a diversos oficios, para luego independizarse y formar sus propias empresas, principalmente en los giros de producción de ganado ovino y de servicios mercantes. Así, llegó acumular un gran capital económico y territorial, como también simbólico y político. En detalle, la concentración de grandes capitales se logró con el monopolio de la producción lanar, unido a la compra de barcos y la incursión en el transporte naviero, le dieron la posibilidad de integrarse en los círculos políticos de poder establecidos en Buenos Aires, Argentina, y en Santiago de Chile. Consecuentemente, tuvo una singular influencia en la toma de decisiones sobre la regularización de los territorios australes, desde el poblamiento a partir de las leyes migratorias que favorecen su presencia en detrimento de los diversos grupos llegados para la ocupación, el metraje de la repartición de tierras y el privilegio de posesión más allá del prescrito por ley, entre otros.

Con el tiempo, dicho panorama fue generando una mayor presión a los recursos naturales, lo que condujo a la alteración de la comprensión del espacio que los indígenas tenían de sus territorios. Sobre esta instancia, cabe precisar que se instauró el concepto de propiedad privada, es decir, los territorios fueron delimitados bajo preceptos legales de posesión y reclamo, concretado a través de la implementación de los cercos (alambradas), lo que contribuyó a desestructurar los modos de percepción y aprehensión de la realidad, como también de acción que los indígenas poseían y disponían sobre el entorno natural y social. Cabe mencionar que estos fueron integrados a la jurisdicción legal en términos de obligaciones, pero no así de derechos.

Paulatinamente, Alonso va construyendo la imagen de Menéndez como el principal autor material y simbólico de la precarización y extinción de los indígenas fueguinos, título que se le otorga tanto durante su vida como después de su deceso, pues la dinámica de explotación fue reproducida por su esposa e hijos, toda vez que poseyeron y administraron las diversas estancias repartidas al sur del continente americano. De igual forma, las ansias de trascendencia, tanto de Menéndez como de su familia, se pueden visualizar aun en el presente, pues quedan como legado algunos palacios edificados a su nombre y su participación como artífice del desarrollo y ocupamiento del extremo sur, elementos no menores a la hora de construir un plano general del quehacer y pensar de un sujeto tan controversial como José Menéndez y sus cercanos.

En términos generales, la labor realizada por el autor en este libro permite «mostrar la verdadera historia» de los acontecimientos, lo cual puede ser objeto de críticas de diverso orden, entre ellas, por ejemplo: 1) la temática puede herir susceptibilidades ya que fustiga el mito fundacional de los estancieros y otros grupos de poder asentados en el extremo sur del continente americano; 2) el autor enfatiza reiteradas veces los hechos acontecidos, predisponiendo al lector a solo mantenerse atento a su postura; y 3) el rigor de la fuente escasea en el desarrollo de algunos capítulos, principalmente los primeros, lo que le resta objetividad a la línea argumental expuesta.

Con base en lo anterior, no hay que olvidar que la historia constantemente se está reescribiendo dadas las nuevas corrientes como la microhistoria, la historia social, los estudios subalternos y otras líneas epistemológicas que orientan el quehacer de muchos interesados en las ciencias sociales, por ende, se están abriendo y cuestionando los libros de la historia oficial con los que se han fundado diversos países de la región, lo que lleva a confrontar los imaginarios que se poseen sobre la construcción de Estado-nación. Así, los diversos integrantes de las ciencias sociales, entre ellos antropólogos, historiadores, sociólogos y economistas, tienen como fin buscar los límites de la verdad histórica, escarbando constantemente hasta en los pliegues más sutiles y ocultos del sentido común; es decir, sobre los imaginarios y las naturalizaciones que se disponen para realizar ciertas acciones. Todo ello bajo el uso de la razón y no la autoridad, para así lograr la rectificación de datos y acercarse objetivamente a los detalles y grandezas de los acontecimientos. Por ello, cabe formularse nuevas interrogantes parciales, pero generando respuestas totales sobre los diversos fenómenos sociales que acontecen día a día.

En definitiva, el libro Menéndez, rey de la Patagonia se posiciona para abrir el diálogo y la discusión, y no para mermarla; por consiguiente, el lector queda invitado a hurgar en la historia narrada por Alonso, y otras que han ocurrido tanto en Chile como en la región.

Felipe Quiroga es sociólogo y maestro en Estudios Políticos y Sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México. Sus áreas de interés son estudios cualitativos, epistemología y sociología de la cultura

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