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Cultura-hombre-sociedad

versão impressa ISSN 0716-1557versão On-line ISSN 0719-2789

Cult.-hombre-soc. vol.27 no.1 Temuco jul. 2017

http://dx.doi.org/10.7770/cuhso-v27n1-art1091 

Avance de investigación

Microbiografías y estudios de memoria en Chile: Observaciones metodológicas desde la investigación social

Micro-biographies and memory studies in Chile: Methodological observations from the social research

Nicolás del Valle Orellana1  , Damián Gálvez González2 

1 Universidad Diego Portales, Chile, ndelvalle@iipss.com

2 Freie Universität Berlin, Alemania, damiang@zedat.fu-berlin.de.

Resumen

Este artículo presenta las microbiografías como técnica de investigación social de la memoria. A partir de observaciones metodológicas desprendidas de un estudio sobre violaciones a los derechos humanos en la localidad rural de Paine, se identifica la microbiografía en los métodos cualitativos y en el enfoque biográfico de las ciencias sociales. Finalmente, se desarrolla el uso de las microbiografías de acuerdo a su aplicación en un estudio de la memoria en Chile.

Palabras clave: Memoria; derechos humanos; enfoque biográfico; metodología; Chile

Abstract

This article introduces the micro-biography as a research technique for the study of social memory. Based on methodological observations made in a study of human rights violations in the town of Paine, the authors identify the micro-biography as part of the qualitative method and biographical approach of empirical social sciences. Finally, a use of this research technique is developed for application in the study of memory in Chile.

Key words: Memory; human rights; biographical approach; methodology; Chile

Introducción

En este artículo se proponen observaciones metodológicas en torno a los estudios sociales de la memoria en sociedades posconflicto, es decir, contextos caracterizados por un pasado de represión política generalizada. Ejemplos pueden constatarse en sociedades que persisten luego de dictaduras, conflictos civiles, invasiones y guerras entre Estados. En dichos contextos de violencia, la represión produce un tipo de subjetividad dañada que ve en la persistencia de la memoria una posición ética y política frente a las pérdidas humanas. Éste ha sido también el imperativo de la memoria oficial de los Estados modernos que han definido políticas de memorias y derechos humanos centradas en la justicia y la reparación simbólica, como la creación de memoriales, museos y conmemoraciones (Hite, 2012).

Las memorias aquí se entenderán siempre en plural, nunca estables, vale decir, como construcciones -culturales, sociales, políticas e históricas- que se despliegan conflictivamente en torno al pasado, abiertas al juego dialéctico del recuerdo y el olvido (Nora, 2009). Estas luchas no sólo batallan por definir lo que debe ser olvidado, recordado y silenciado, sino además consisten en la disputa por el sentido mismo de la memoria. Pero la memoria no es mero recuerdo, es más bien la relación abierta y contrapuesta de recuerdos, olvidos y silencios que se cristalizan en un sedimento simbólico que puede ser constatado en diferentes dispositivos. La memoria, en efecto, se inscribe en un espacio social e históricamente estructurado a través de fechas, lugares, narrativas, ‘héroes’ y monumentos.

En países de América Latina que fueron azotados por crudas dictaduras militares se ha seguido esta tendencia de consolidar un discurso público de reconciliación y recuerdo respecto de las víctimas de la violencia. Quienes son considerados como víctimas coinciden directamente con ejecutados, torturados y detenidos desaparecidos, junto a los familiares que han padecido el sufrimiento de la pérdida. Las políticas de memoria que se implementaron en el Chile posdictadura estuvieron focalizadas en las víctimas, haciendo que esta categoría articulara nuevos esfuerzos públicos por reparar simbólica, económica, judicial y políticamente (Centro de Derechos Humanos, 2011; Lira, 2010). A pesar de dichos esfuerzos, es posible deslizar algunas observaciones críticas al discurso de la memoria oficial de las víctimas (Pipper y Montenegro, 2009). Estos cuestionamientos se centran en la hegemonía de una memoria que excluye a otra pluralidad de memorias que se encuentran en pugna por el sentido del pasado. Pero también porque esa memoria produce cierta forma de vida «dañada» que podríamos encontrar en la categoría de víctima como subjetividad (Adorno, 1999; Jacoby, 2015; Del Valle, 2015). En este contexto, los estudios de memoria en Chile plantean el desafío de identificar la pluralidad de memorias en pugna, incluso aquellas que aún no han sido reconocidas e incorporadas en la memoria oficial.

Como es sabido, con el golpe de Estado de 1973 se desencadenó un proceso sistemático de violencia política sobre diferentes sectores de la sociedad chilena. Uno de los casos paradigmáticos fue lo ocurrido en la comuna rural de Paine, donde fueron desaparecidos y asesinados 70 hombres a manos de militares, policías y civiles opositores al gobierno socialista de Salvador Allende. Los recuerdos del pasado traumático en esta localidad campesina se silenciaron en los tiempos de la dictadura. Durante años, la matanza ocurrida en Paine se mantuvo en silencio, posibilitando que victimarios y víctimas vivieran juntos hasta el día de hoy (Weitzel, 2012). Toda la comunidad sabía lo que había sucedido, pero el miedo fue superior y la memoria no tuvo expresión pública, sino más bien subterránea.

Las observaciones metodológicas que aquí se expresan nacen de un estudio en la localidad rural de Paine que incluyó la aplicación de la microbiografía como técnica de investigación social relativa al enfoque biográfico. Para llevar a cabo lo anterior, se efectuaron 34 entrevistas en profundidad a familiares -madres, esposas, hijas/os y nietas/os- de las víctimas de violaciones a los derechos humanos en la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet. Con todo este material se construyó una verdadera constelación de microrelatos (37) con la finalidad de interpretar las luchas sociales por la memoria que participan públicamente en Paine mediante diversas manifestaciones culturales. Como se podrá ver en las páginas que siguen, la microbiografía supone una perspectiva teórica que considera a las memorias personales que no han sido incluidas en la narrativa oficial, es decir, un enfoque que se interesa por ciertas memorias que han sido olvidadas o silenciadas en la narrativa histórica del Estado. Estas memorias exploradas con las microbiografías se caracterizan por un cariz íntimo, propio de los deseos y discursos de las víctimas como personas en vida. Esto significa poner el énfasis en la vida de los sujetos antes que en los crímenes que lo llevaron a la muerte o desaparición. Mientras que las memorias institucionalizadas por el Estado tienden a centrarse en la historia de la desaparición o ejecución, las microbiografías, en cambio, rastrean los gustos personales, deseos y visiones de mundo; aquellas historias mínimas o subterráneas que constituyen la subjetividad de la persona en vida.

Así, la problemática que se instala en el centro de este artículo se refiere a las particularidades que poseen las microbiografías para abordar las memorias olvidadas de los sujetos antes de convertirse en víctimas de la represión, tomando para ello el caso chileno de Paine. En un primer momento, se aborda el desarrollo teórico y las técnicas de investigación del enfoque biográfico con el objeto de situar a las microbiografías en una perspectiva metodológica más amplia, concerniente a los estudios cualitativos e interpretativos de la política. Luego, en un segundo nivel, se presentan las características generales del caso Paine con el fin de observar el testeo empírico que tuvo este artefacto metodológico, destacando sus aportes y limitaciones como técnica de investigación del enfoque biográfico. En tercer lugar, se examinan los procedimientos empleados para construir las microbiografías por medio del diseño de una pauta de entrevistas y su consecuente aplicación práctica. Finalmente, y a modo de cierre, se resumen las principales contribuciones de las microbiografías en la investigación social en general y en los estudios de memoria en particular.

El enfoque biográfico en la investigación social

Para ubicar correctamente a las microbiografías en un campo de acción más amplio cabe tener presente, para comenzar, que el método biográfico es un espacio interdisciplinario en el que confluyen la historia social, la sociología, la antropología y los estudios de memoria. La transcripción de relatos biográficos, la elaboración de historias de vida, la edición de autobiografías o el uso de documentos personales, configuran el campo de lo que se ha denominado enfoque biográfico (Cornejo, 2006; Bertaux, 1999; Pineau, 1992). Este espacio de convergencia, además, ha abierto un interesante debate en torno al pluralismo metodológico de las ciencias sociales, evidenciando los múltiples modos de construcción del conocimiento y los diferentes itinerarios epistemológicos que buscan profundizar en lo que las personas y los grupos sociales hacen, piensan y dicen (Pujadas, 2000).

En términos teóricos, la investigación biográfica plantea como premisa que los fenómenos sociales no pueden ser aprendidos en su complejidad si no se integra la manera en que los individuos viven, sienten y representan sus experiencias individuales y colectivas (Márquez, 1999). De una cierta manera, este enfoque fue una respuesta al pensamiento positivista dominante en las ciencias sociales en el que el conocimiento provenía de la identificación de problemas como fenómenos concretos, objetivos, cuantificables y medibles bajo la atenta observación de una ‘comunidad científica’. Ahora, por el contrario, las técnicas de investigación biográfica, como las microbiografías, arrancan de la creación de nuevos marcos conceptuales que recuperan el papel de los discursos, las representaciones, las creencias y experiencias de los sujetos. Esta perspectiva teórica, por consiguiente, tiene afinidad con los métodos cualitativos de la investigación social empírica, pero también con una epistemología que dista del paradigma positivista de las ciencias sociales.

El interés por el enfoque biográfico no es reciente. La antropología, por ejemplo, realizó un uso sistemático de fuentes orales para la investigación etnográfica (cuestión que resulta particularmente clara desde el ‘realismo’ de Malinowski hasta el ‘estructuralismo’ de Lévi-Strauss). Se podría decir que este impulso alcanza su apogeo con la Escuela de Chicago en los años cuarenta, fundamentalmente con las investigaciones del antropólogo norteamericano Oscar Lewis dedicadas a examinar el fenómeno de la pobreza en contextos urbanos. Con todo, el enfoque biográfico, a través de la aplicación de historias de vida, autobiografías y relatos, se convirtió para las ciencias sociales, así como para la antropología en particular, en un valioso recurso para la obtención de narrativas en distintos marcos de enunciación, destacando el interés lingüístico y el potencial testimonial de este tipo de documentos (Pujadas, 2000).

En sociología, a pesar del «pretendido mito de la cientificidad que redujo el protagonismo de la metodología cualitativa en décadas pasadas» (Hernández, 2005: 103), también se ha retomado este enfoque mediante el uso de técnicas de investigación biográfica en contextos urbanos. Es más, los principales recursos metodológicos para una aproximación etnográfica de la vida urbana en la modernidad capitalista derivaron del fructífero diálogo entre sociología y antropología en el seno de la Universidad de Chicago, entre 1930 y 1940. Pero no sólo antropólogos y sociólogos han hecho uso de este enfoque para el estudio de la cultura y el comportamiento humano. La historia social también ha recuperado el lugar de las fuentes orales en la preparación de un andamiaje teórico cuyo objetivo es construir nuevos saberes locales mediante la información de los propios testigos, y no sólo por intermedio de fuentes primarias o archivos documentales (Hernández, 2005). El uso de la historia oral, en definitiva, brinda un conjunto de herramientas para interpretar las numerosas maneras en que las personas recuerdan y olvidan sus memorias individuales y colectivas, y es especialmente útil cuando se tratan de conocer las experiencias traumáticas ligadas a la violencia de Estado (Sharim, Kovalskys, Morales y Cornejo, 2011).

Ahora bien, cabe subrayar aquí la importancia que ha mantenido el enfoque biográfico para los estudios de la memoria (Jelin, 2003; Lira, 2010). Orientados fundamentalmente a las violaciones de los derechos humanos y a pasados traumáticos, los estudios de la memoria recuperan la intersubjetividad y la cuestión del reconocimiento como una fuente esencial en la práctica investigativa. El testimonio de los sujetos se convierte en la materia prima para la elaboración de los relatos, o sea, el habla o la significación social deviene en escucha investigadora (Canales, 2006: 19-20), y será el espacio donde confluyan «dimensiones psicológicas y contextuales cuya interacción genera una manera peculiar de construir y narrar su experiencia pasada, siempre en clara relación con la situación presente y los proyectos de futuro» (Hernández, 2005: 107). El testimonio, como producto de la memoria, se sitúa en el presente para representar el pasado, y esa representación es sumamente compleja porque supone «una interpretación que da origen a un testimonio oral influido por discursos y prácticas que pertenecen a la esfera de la subjetividad» (Schwarzstein, 2001: 73). En lo dicho hasta ahora, se ha visto que diversos campos del conocimiento han contribuido a que el enfoque biográfico tome mayor protagonismo en las ciencias sociales como un método que ante todo incluye la experiencia de los sujetos. Veamos a continuación cuáles son sus principales características para luego confrontarlas con las microbiografías.

Las técnicas de investigación biográfica

Cuando hablamos del enfoque biográfico lo que está en juego no es sólo la adopción de un marco epistemológico para la investigación social cualitativa, sino también, y quizás más relevante aún, la construcción de un nuevo proceso investigativo que permite conciliar observación y reflexión como dos dimensiones mutuamente dependientes (Bertaux, 1999). Podría decirse, entonces, que este enfoque se sitúa en un punto de convergencia entre «el testimonio de un individuo a la luz de su trayectoria vital, de sus experiencias, y la significación de una vida que es reflejo de una época, de unos valores esencialmente compartidos con la comunidad de la que el sujeto forma parte» (Pujadas, 1992: 44). Visto así, el método biográfico, del cual las microbiografías forman parte, incorpora diversas fuentes que van desde la oralidad hasta lo escrito, transitando por documentos y testimonios, en donde narraciones personales, cartas, diarios y fotografías dialogan entre sí como unidades indivisibles (Hernández, 2005).

Como tal, el enfoque biográfico es un recurso tanto teórico como metodológico que reconstruye la vida social a partir de formas de inscripción de la memoria en los testimonios de sus propios actores. Es un método que permite conocer, examinar e interpretar la experiencia del mundo social a través de la mediación de la memoria y, sobre todo, repensar la cuestión biográfica como un juego de intersubjetividades que emerge esencialmente de la persona y de su testimonio, ya sea oral o escrito (Hernández, 2005). En resumidas cuentas, las historias de vida, los relatos, las trayectorias vitales y las autobiografías, como técnicas que caracterizan a esta estrategia metodológica, consideran a la vida como si se tratara de una historia, vale decir, «como un relato coherente de una secuencia significante» (Bourdieu, 2011: 123).

Al igual que las microbiografías, la historia de vida está vinculada a estudios sobre una persona determinada, pero que si bien incluye su propia experencia, asimismo es complementado por el investigador con otro tipo de documentos y narraciones. La historia de vida enlaza amplios sucesos, rupturas, discontinuidades y acontecimientos en la vida de la persona, que va desde el nacimiento hasta el momento en el que se realizan las entrevistas, estableciendo un orden temporal-cronológico que tiende a ser respetado (López-Barajas Zayas, 1996). Así entendida, entonces, la historia de vida remite a un relato autobiográfico en extenso, obtenido por el investigador mediante entrevistas sucesivas, cara a cara, subrayando el momento de la observación directa con el objeto de mostrar el testimonio de una persona en la que se recogen tanto los acontecimientos como las valoraciones que dicho sujeto hace de su propia existencia (Pujadas, 1992).

Por otro lado, en las microbiografías habla y escucha se entrelazan para producir un nuevo texto, donde recuerdo y olvido luchan en la definición de nuevos significados sobre lo ocurrido. Esta historia nunca se recopila tal cual es, siempre se inventa por medio de nuevos lenguajes para expresarse en privado o ante públicos más amplios. Como en todo proceso hermenéutico, la vida narrada es reinventada por quien la cuenta y quien la escucha en una relación de entendimiento recíproco, interpretando en un diálogo de apertura intersubjetiva (Márquez, 1999). Lo que aquí se quiere sostener, en consecuencia, es que «quien habla de sí mismo construye una imagen particular de sí a través de la interacción con otros que son importantes para él, escoge algunos recuerdos y desecha otros, selecciona y olvida» (Piña, 1988, citado en Márquez, 1999: 3).

A diferencia de la historia de vida, la microbiografía no aborda la totalidad de sucesos que configuran la subjetividad del individuo, más bien se concentra en algún momento o aspecto de la vida definido por los intereses de quien investiga. En efecto, «la indagación de la vida de alguien es siempre parcial y la focalización en momentos y aspectos específicos es tanto una limitación como un componente de la investigación biográfica» (Márquez, 1999: 7). Por otro lado, los relatos de vida, al igual que las microbiografías, permiten a cada uno de los sujetos expresar sus experiencias y ponerlas en relación con una serie de elementos significativos y simbólicos, «obteniendo así un modelo de representación y una estructura de interpretación de la realidad social» (Márquez, 1999: 6). Con arreglo a lo expresado, relatos, historias de vida, trayectorias o microbiografías invitan a contar una historia a partir de sus protagonistas, ofreciendo una alternativa para reflexionar sobre los propios recuerdos y a seleccionar aquellos que otorgan mayor sentido al pasado y al presente.

De un modo general, lo que es significativo para este artículo es que la microbiografía se enmarca en una pluralidad de técnicas propias de la investigación biográfica. Este artefacto metodológico ensambla rasgos de la vida cotidiana de las personas a partir de los recuerdos de sujetos portadores de memoria. Aquí reside su especificidad: como otras técnicas adscritas al enfoque biográfico, la microbiografía se nutre de sus fortalezas e intenta corregir eventuales debilidades y limitaciones, siendo entonces una herramienta metodológica creada para que la práctica investigativa de la memoria pueda acceder a lo vivido intersubjetivamente (Bertaux, 1999). En cualquier caso, la microbiografía comparte con las demás técnicas antes descritas muchas características ligadas a la observación directa y a la reflexividad que ahí se juega, encontrando entre ellas su propia singularidad. Distingamos ahora estas particularidades considerando la experiencia traumática de la dictadura militar en Chile.

La memoria chilena y el caso de Paine

A continuación se presentan las condiciones sociales, políticas y culturales que jugaron un papel determinante en las violaciones a los derechos humanos en la localidad rural de Paine durante la dictadura cívico-militar en Chile, entre 1973 y 1990. Para esto, se abordan sinópticamente procesos históricos de gran complejidad y profundidad, que aquí sólo pretenden ser puntos de referencia que permitan, por un lado, seguir la huella a una de las matanzas más significativas en el campesinado chileno y, por otro, ubicar a las microbiografías en el campo de la investigación social empírica.

Todas las materias reseñadas en párrafos anteriores conducen a precisar el caso de estudio escogido para testear la aplicación empírica de las microbiografías. Como se mencionó, esta herramienta teórica-metodológica estuvo orientada a reconstruir una microhistoria del sujeto a través del habla y la escucha, ambas dimensiones entendidas como procesos inseparables en el ejercicio crítico de interpretar los hechos acontecidos en Paine. La represión en esta localidad se caracterizó por la participación de militares, carabineros, agentes del Estado y civiles que guiaban en sus camionetas las detenciones y ejecuciones masivas, dejando en su recorrido por 14 asentamientos campesinos la cifra de 70 ejecutados y detenidos desaparecidos entre septiembre y noviembre de 1973.2 El número es desde un comienzo paradigmático en los casos de violaciones a los derechos humanos en Chile, debido a que asciende a la mayor cantidad de víctimas en proporción a la densidad demográfica de la localidad. En este contexto de horrores conocidos, se fraguó la memoria de los familiares de las víctimas.

Una vez iniciada la transición democrática en Chile, las memorias de familiares buscaron un lugar en el espacio público, reuniéndose y organizándose a lo menos tres generaciones: madres, esposas, hijas/os y nietas/os de las víctimas de las brutales matanzas de trabajadores agrícolas ocurridas durante el golpe militar. Los primeros reconocimientos oficiales a estas memorias fueron el Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación (1990-1991) y, posteriormente, los resultados de la Mesa de Diálogo sobre Derechos Humanos (1999).

En el año 2000, los procesos políticos, sociales y culturales en Chile hicieron posible la puesta en marcha de una política de la memoria desde el Estado que derivó en la formación de la Comisión Nacional de Prisión Política y Tortura (2003) que, sin ir más lejos, coadyuvó a establecer una acción institucional de reparación moral y material a las víctimas de la represión estatal (Lira, 2010). Más ceñidamente, ésta fue la motivación detrás de uno de los programas que se concentró en la construcción de memoriales en conversación con diversas comunidades de memoria a lo largo del país (Piga, 2009).

Tomando en cuenta este contexto, el año 2008 la presidenta Michelle Bachelet inauguró un memorial en la localidad agrícola de Paine, emplazado a 42 kilómetros al sur de Santiago de Chile. Desde ese entonces, la comunidad de memoria3 de Paine, compuesta por una Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados (AFDD), y una corporación jurídica encargada de su gestión, ha seguido desarrollando una serie de actividades que refuerzan el «nunca más» y la lucha contra el olvido.4 El memorial es objeto de visitas de turistas y de estudiantes de colegios de la comuna y otros lugares, tanto del país como del extranjero; sus dependencias sirven también para que el primer miércoles de cada mes se reúna la AFDD de Paine.

Como se ha señalado más arriba, las microbiografías fueron diseñadas para desentrañar las características de cada individuo de la represión a través de sus imaginarios personales o memorias «sueltas» (Stern, 1998). La idea fuerza era comenzar desde la «víctima» para ir más allá de la misma, ya que la indagación mostraba cómo en el proceso de memorialización acontecido en Chile los diferentes testimonios estaban marcados por un fuerte énfasis en los días posteriores a las desapariciones, o bien, al mismo día de lo ocurrido, sin destacar la memoria de lo que era la víctima en vida. El «acontecimiento» de las ejecuciones o desapariciones forzosas representa un momento excepcional en el relato de los testigos, considerando que, claro está, «un acontecimiento es mucho más que una ocurrencia o algo que simplemente sucede: el acontecimiento es el que contribuye al desarrollo del relato tanto como a su comienzo y a su final desenlace» (Ricoeur, 2006: 10). Bajo esta premisa, el principal objetivo fue captar la microhistoria detrás de las memorias individuales que se anudan al memorial, pero antes de las detenciones y ejecuciones causadas por la represión dictatorial. Esta exigencia no corresponde sólo a una regla metodológica, sino a que la propia realidad de las memorias sociales en Chile lo plantea.5 Por medio de las conversaciones con los sujetos de la experiencia, ciertos patrones comienzan a repetirse, como el marcado énfasis en el día que desaparecieron sus familiares sin menciones significativas sobre otros rasgos de las personas, como sus gustos personales, recuerdos de la vida, pasatiempos y/o prácticas de quienes son protagonistas de la narración.

La microbiografía significó la aplicación de un instrumento, un proceso, pero también un producto final ligado a una narración breve que reúne los testimonios de quienes recuerdan a los sujetos. En ese sentido puede decirse que la microbiografia tiene un propósito doble. Por un lado, es un artefacto metodológico aplicable a los estudios sociales de la memoria que articula los recuerdos sobre un sujeto en vida en una diversidad de soportes. Por otro lado, es un producto cultural que promueve la difusión de la memoria de las violaciones a los derechos humanos, contribuyendo a la reflexión sobre el pasado traumático del Chile reciente. El proceso de construcción implicó conversaciones, encuentros y entrevistas con los testigos de la vida del sujeto, mientras que el producto final fue un set de microrrelatos sobre la vida de las personas que padecieron la violencia. Con ello, la microbiografía resultó un modo de reconocimiento de una memoria personal olvidada, pero también un modo de exponer un conjunto de realidades de diferentes sujetos que compartieron un pasado común.6

Estos rasgos son los que hacen de la microbiografía una técnica replicable en otros casos de sociedades posconflicto, marcadas por la violencia política civil y estatal. En todas ellas persisten un conjunto de prácticas sociales dedicadas a la definición del sentido del pasado. En todas ellas existen memorias subalternas que han quedado encerradas en la categoría de víctima. Conforme el tiempo avanza, los recuerdos comienzan a ser modificados, algunos hechos se olvidan, otros se silencian tanto tiempo que ya simplemente no aparecen en los testimonios. Resumiendo, la microbiografía como técnica de investigación biográfica bien podrá colaborar en el rescate de estas memorias íntimas, subterráneas, que suelen no mencionarse a favor del recuerdo de la catástrofe individual y colectiva que representó el exterminio y la desaparición forzosa.

La subjetividad en clave testimonial

Como se apuntó en otro momento, el enfoque biográfico se ha convertido en lugar de convergencia para diversos campos de las ciencias sociales, en un espacio donde se diluyen las fronteras disciplinarias. Las microbiografías comparten muchas características con las técnicas del enfoque biográfico, como las historia de vidas, relatos, trayectorias y autobiografías. En la medida en que recogen gustos, deseos, hablas, relaciones, quehaceres, frustraciones y éxitos, las microbiografías se acercan a las historias de vida. En tanto refieren a momentos y no a una secuencia lógica de hechos, se acercan a los relatos de vida, además porque se componen de fragmentos que se entrelazan para producir un texto que revive los rasgos específicos de la persona.

Pero en la microbiografía no es el sujeto el que habla, como en el caso de la autobiografía o los relatos, más bien son sus sobrevivientes, los últimos que los vieron con vida. Quienes hacen el ejercicio de aparecer (en el texto) al sujeto son sus madres, esposas e hijas, vale decir, la comunidad de memoria de Paine compuesta por una heterogeneidad de actores que guardan en los rincones de sus recuerdos las características de la víctima. Pero las «señoras» de la AFDD Paine son también víctimas que sufrieron el horror de la muerte, el miedo, el desprecio de la comunidad local y el forzado silencio por 17 años, que a partir de la memoria de los hechos brutales construyeron su identidad colectiva y en cuyo relato prima la represión, su propio martirio y el cansancio tras 44 años de búsqueda. Las microbiografías se han enfrentado a la negativa de volver a recordar y repetir los hechos traumáticos, pero como ya podrá entenderse, se han contrapuesto sobre todo al discurso preconstruido de la transición chilena posdictadura.

No es fácil que las señoras en tanto testigos se sometan a una pauta llena de momentos emocionantes y dolorosos. Una de las novedades de la microbiografía es que al estar centrada en las memorias personales de los sujetos que no han sido rescatadas en la memoria oficial de la víctima, la pauta se compone por preguntas que no ahondan sobre el día de la desaparición o el proceso de represión, que ya ha sido investigado (cf. Maillard y Ochoa, 2014), sino, por el contrario, apunta a los rasgos personales de sus familiares antes de que fueran víctimas. En este sentido, las microbiografías se encuadran en un segundo estadio de los estudios de memoria, que discute críticamente la construcción de los sujetos afectados por la represión. En ellas podemos encontrar las huellas de un pasado que apela a una mujer u hombre común, que tiene un pasatiempo, una música preferida, un plato de comida predilecto o una visión de mundo en particular. En síntesis, la microbiografía es una técnica de investigación social que concatena frases, enunciados, palabras y comentarios sobre datos biográficos de una persona fallecida, pero que superan su estatus de víctima, escudriñan en su cotidianidad y en sus rasgos, y los hacen aparecer en narraciones cortas construidas colaborativamente.

Aunque las preguntas parecen fáciles de responder, las respuestas no son en su mayoría fluidas o certeras. Parecieran estar en el olvido o en el silencio, al constatar que muchos de los rasgos personales del sujeto encuentran un difícil acceso al habla de los testigos. Los recuerdos que aparecen conciernen al periodo de la represión más que a la subjetividad. Los testigos hacen esfuerzos por recordar lo que se pregunta, pero generalmente eluden la respuesta. Como si la memoria de la víctima retratada en museos y centenares de testimonios fuera más patente que la memoria de aquel hombre con sus placeres y pensamientos cotidianos. Se llega a lo que las microbiografías pretenden conseguir, dando muchas vueltas sobre los temas, yendo y viniendo en los tiempos y lugares, paseando a las entrevistadas por los intersticios de la memoria. No se busca que reconstruyan la historia, los hechos, sino que escarben en la microhistoria de su ser querido, en la presencia de una ausencia que se resiste a perecer (Ricoeur, 2004).

«No recuerdo eso, son tantos años», «¿qué más le voy a contar?», «no recuerdo lo que me han dicho, no alcancé a conocerlo bien», «no recuerdo lo que me pregunta, nunca supe de sus penas», son las frases iniciales en cada sesión de entrevistas. Pero luego de superar el momento de resistencia, aparecen los recuerdos sobre objetos, celebraciones, dichos y momentos. En el caso de Paine se mencionan las carretas rojas, los cantos a Dios en las esquinas los domingos, los juegos de fútbol infaltables, la bicicleta, la conversación pausada, las ganas de cambiar y hasta las militancias políticas (escondidas y muchas veces negadas en el habla cotidiana). A partir de estas ideas, en efecto, conviene señalar que las microbiografías representan un desafío ético para la narración de las vidas de unos sujetos determinados. ¿Cómo se llega a entender quiénes eran los detenidos desaparecidos? ¿Qué lenguaje usar para no caer en una complacencia ética respecto de ellos? ¿Cómo se escribe una microhistoria sin pensar en la víctima, o mejor dicho, sin atribuirle un estatus moral superior por el hecho de ser víctima?

La memoria de los hechos traumáticos, como la desaparición, la ejecución y la tortura, muchas veces se manifiesta en la imposibilidad de hablar sobre la violencia, atrapados entre el silencio y el sufrimiento del decir (Agamben, 2005). Detrás de un recuerdo hay un testigo, un sujeto de la experiencia, pero cuando se discute sobre memorias de la represión no hay testigo posible de la muerte. Esto dificulta las incursiones con entrevistas en el proceso de investigación, aunque también demuestra lo apropiado de una estrategia de rescate de la memoria individual, pero ya no de aquella memoria de la represión sino de la persona antes de devenir víctima de la dictadura. Apelando a una memoria de la persona antes de la represión se indaga, entonces, en los recuerdos desde zonas no exploradas continuamente ni por investigadores ni por entrevistados, haciendo del testimonio un ejercicio que redefine el pasado y cuestiona la memoria oficial instalada en la transición democrática en Chile.

Microbiografía: entrevistas, interpretación y microrrelato

Si el instrumento es un cuestionario preparado a partir de una pauta semiestructurada, el ejercicio es la escucha y la interpretación. La transcripción se divide así en información y redundancia, de donde se considera lo pertinente y necesario. Los testimonios suelen repetir elementos continuamente, volviendo sobre un mismo punto en varias oportunidades, desprendiendo diferentes rasgos del sujeto en el curso de la narración. La intención de dar cuenta de toda la historia mediante la construcción de una trama queda relegada para otras técnicas de investigación biográfica, pero no para una que busca expresar las memorias del sujeto en vida.

Las microbiografías se confeccionan mediante el desarrollo de entrevistas en profundidad, que son el instrumento con el cual se produce la materia prima que resulta en la microbiografía en tanto que microrelato.7 Luego, el habla se transforma en un texto como soporte del lenguaje. Por su parte, la entrevista pone en relación directa, cara a cara, al investigador/entrevistador con el sujeto/entrevistado, en este caso, las familiares de las víctimas integrantes de la AFDD de Paine. La entrevista, por consiguiente, opera como un procedimiento de producción de información gestual-corporal y verbal-oral (palabras, significados y sentidos), que incluye una serie de datos que también son susceptibles de leerse, como los silencios, las pausas y los ritmos de voz (Gaínza, 2006). Ahora bien, es importante tener presente que la microbiografía, en tanto artefacto metodológico, no sólo es suceptible de ser empleada para reivindicar una memoria caracterizada por el trauma de un pasado violento, sino que también podrá operar en otros campos de reconstrucción biográfica relacionados a diversos ámbitos de la vida social. Esto es lo que Juan José Pujadas (1992) denominará ‘biogramas’, en el más amplio sentido del término.

La metodología cualitativa y el enfoque biográfico están relacionados a paradigmas interpretativos cuya finalidad es comprender la realidad social desde la perspectiva de los propios actores. Esta perspectiva, para ponerlo de manera sencilla, presupone entablar relaciones simétricas y de confianza con las personas con el propósito de permitirles el mayor grado de soltura y comodidad para relatar su perspectiva de los hechos. La microbiografía, por eso, deriva de un proceso creativo donde participan testigos e investigadores a través de varios instrumentos de la investigación biográfica, como la pauta o la entrevista en profundidad.

En el caso de Paine, las microbiografías fueron comprendidas teóricamente desde una dimensión subjetiva y otra discursiva, donde se identificaban diferentes ámbitos para comprender quiénes eran los sujetos de la represión. Las prácticas, discursos y saberes son parte del nivel narrativo. Cuáles eran sus hábitos, dichos o palabras favoritas, conocimientos o habilidades, serían algunas de las cuestiones abordadas. En otras palabras, todas aquellas preguntas que definían su carácter, sus motivaciones políticas y éticas, pertenecían a este campo de acción. De estas dimensiones, compuestas por atributos, se desprende un set de preguntas que deben ser definidas de acuerdo a cada realidad social en particular.

Primero se propuso reconstruir la microhistoria de los detenidos desaparecidos y ejecutados de Paine considerando el testimonio de sus familiares con el objeto de recuperar y transmitir la memoria de la comunidad. ¿Quiénes eran los detenidos desaparecidos y ejecutados de Paine?, fue la interrogante general. Para dar respuesta a ello se debían describir los procesos de significación a través de sus prácticas, discursos y saberes, pues de este modo se podría responder a cómo se fijan los significados en torno a cada sujeto. Pero, además, describir los procesos de subjetivación a partir de sus sentires, placeres y creencias. Con estos objetivos comenzó la configuración de un instrumento que se extendió a otras preguntas más detalladas y estructurantes: ¿Qué hacía? ¿Qué (se) decía? ¿Qué (se) sabía? Y por otro lado, ¿qué le gustaba? ¿Qué creía? ¿Qué sentía?

En el proceso de investigación sobre la memoria en Paine se efectuaron 34 entrevistas en profundidad, aplicando una pauta y realizando la posterior interpretación y confección del microrrelato. La pauta final, no exenta de modificaciones contingentes en cada una de las entrevistas, corresponde a las siguientes preguntas: 1) ¿Dónde y cuándo nació? 2) ¿En qué trabajaba? 3) ¿Cuáles eran sus pasatiempos? 4) ¿Cuáles eran sus frases favoritas? 5) ¿Qué decían sus amigos y familiares de él? 6) ¿Qué lo hacía reír? 7) ¿Qué lo hacía llorar? 8) ¿Cuáles eran sus penas? 9) ¿Cuáles eran sus alegrías? 10) ¿Qué le producía rabia, indignación, impotencia? 11) ¿Hasta qué curso llegó? 12) ¿En qué destacaba? 13) ¿Cuál era la música que más le gustaba? 14) ¿Cuál era su comida favorita? 15) ¿Cuáles eran sus objetos favoritos? 16) ¿Qué ropa le gustaba? 17) ¿Era religioso? 18) ¿Participaba políticamente? 19) ¿Cómo veía el mundo? 20) ¿Qué sentía por la comunidad de Paine?

En cada una de las preguntas de la pauta hay un destello de la vida de los sujetos de la represión, cada familiar entrega datos relevantes frente a distintas preguntas. Dicho de otra forma, no se pueden estandarizar las preguntas o apuntar cuál resulta más productiva para provocar el recuerdo. Cada una se mueve por caminos distintos dependiendo de quién conteste. Las madres recuerdan más que las esposas o las hijas, aunque otras veces son las más ancianas a quienes les cuesta recordar. Las esposas conocen poco de la infancia de los sujetos, pero recuerdan con claridad la relación de amor y las comidas que les gustaban. Las hijas han construido la imagen paterna de otros muchos fragmentos que tienen sus propios énfasis y silencios. Las microbiografías revelan, en todos los casos, que incluso la imagen del sujeto ausente es siempre múltiple, dependiendo de las memorias de cada uno de los testigos que participan en la rememoración.

Es importante señalar que tras las entrevistas, meses después, las informantes se acercaron para entregar más detalles que han aparecido en un ejercicio que no les era conocido, que ha despertado destellos de otros momentos junto a su hijo, esposo o padre, que ha removido los velos de la memoria. Pues, mientras que todos los testimonios anteriores otorgados a organismos públicos e investigadores independientes consistieron en los hechos de la represión, las microbiografías activaron recuerdos que parecían olvidados o silenciados por un tiempo, pero que luego de la entrevista volvieron a la conciencia.

Así, como microrrelato final, en las microbiografías se extrae, recorta, edita y posiciona el habla de los testigos sobre la singularidad de cada individuo (y sobre lo mucho que tienen en común). De todo, resulta un relato breve de una página de cerca de 500 palabras donde aparece la semblanza de una persona, y que habla de un sujeto socializado y de un contexto histórico-político específico. En lo que sigue cabría exponer el resultado final que significa la microbiografía, ejemplo concreto de la puesta en marcha de esta técnica de investigación en los estudios sociales de la memoria.8

Microbiografia de Eduardo Miguel López Alymeda9

El «Compadre Eduardo» está vivo en la memoria de su hija Juana, la más regalona. Lo recuerda como un hombre alegre y como un líder. Participó activamente en la Reforma Agraria y en la conducción del asentamiento Nuevo Sendero. «Era muy católico, era muy devoto, siempre estaba leyendo, leía la Biblia todas las noches. Le encantaba Allende porque decía que tenía mejores propuestas para Chile».

Terminó el Sexto de Humanidades y le enseñó a leer y escribir a su esposa. Le ayudaba a hacer las tareas a sus hijos y todos los días les tomaba una lección; alrededor de la mesa los juntaba para revisar una lectura, quien la leyera era premiado con algunos pesos. Quería que sus hijos e hijas fueran profesionales. En las tardes de lluvia, cuando no iba a trabajar, leía una enciclopedia; en los descansos del trabajo se ponía debajo de un árbol a leer los diarios y las revistas, «de esas que después te quemaban».

Cultivaba la tierra a medias con su hermano, se turnaban o trabajaban duro en las siembras y cosechas; araban a caballo, los tractores eran escasos y caros. Sembraban maíz, papas, porotos y tomates. Celebraban las faenas en el campo con un almuerzo especial y mucho pan amasado. Llegaba siempre muy contento del trabajo a hacer lo que su esposa necesitara para la casa, como un gallinero nuevo para los muchos animales que tenía, o un horno de barro o el arreglo que le pidiese.

«Mi mamá lo vestía, porque mi mamá era modista, le hacía los chalecos de lana. Eso era lo que más le fascinaba, que mi mamá le hiciera un chaleco de lana, era como un cabro chico con los chalecos que le hacía mi mamá. Y le hacía pantalón con bolsillo, porque antes no se usaban. Se vestía siempre con camisas de cuadros, cuadrillé. Pero mi papá era muy elegante para vestir. Siempre sombrero y terno, lo identificaban por sus chalecos verdes».

Era romántico y querendón, a su esposa le cantaba La casa nueva del Temucano y a su padre Mi querido viejo de Piero. Le gustaba bailar y se alegraba cuando llegaban las fiestas patrias. Para el 18 de septiembre le compraba ropa nueva a sus hijos, «zapatos bonitos, esos de charol, vestidos, calcetas blancas. Nos traía todos los años a las fondas». Se tomaba una copa de vino al almuerzo y a la cena; fumaba un cigarrillo en la mañana y uno en la noche.

Su plato favorito era la cazuela de pollo. También le gustaba la leche con chanco, o sea con cebolla frita, ají de color y harina tostada. Disfrutaba la chuchoca. Organizaba domaduras de caballo y el baile correspondiente. En los tiempos de escasez de carne, mataba un chancho para compartirlo con los vecinos y amigos. Era el compadre Eduardo.

Conclusiones

Las microbiografías son microrrelatos orientados a exponer la semblanza de la vida de ciertos sujetos. Relatos que se construyen a través de las narraciones de testigos. Las microbiografías que aquí se presentan giran en torno a aquellas memorias olvidadas o silenciadas que cruzan la memoria oficial de una sociedad. Recuerdos más allá del proceso de represión, relatos sobre quiénes eran los sujetos antes de devenir víctimas de la dictadura. Las características personales, la dimensión subjetiva y discursiva de la vida de la víctima, fueron factores claves para la disposición a brindar testimonios. El acierto de este enfoque metodológico es la apertura y disposición de los testigos para aportar en el proceso de investigación, el rescate de una memoria no reconocida por el discurso público, y un avance a una concepción de la memoria social en casos de violaciones a los derechos humanos que vaya más allá de la idea de víctima. En efecto, en el caso de Paine, recordar al sujeto en vida creó las condiciones para hablar sobre «quién era» su padre, hijo o hermano, ya no testimoniando la pérdida y la muerte, sino hablando de la vida del sujeto en cuestión. Para las familiares resultó una experiencia distinta a los anteriores testimonios o entrevistas. Esta vez se hablaba de los gustos, de la comida, de la música, de apodos, sus dichos, entre otros.

Del total de entrevistas, el número de microbiografías realizadas sobre el caso de Paine ascendió a 37 (de 70 víctimas), mostrando su realidad agraria en la década de 1970, los conflictos sociales y políticos de la localidad, además de los dilemas personales de cada familia. Para las familiares, recordar esta faceta de la memoria de la víctima confirmaba su perspectiva sobre los hechos: en su mayoría, la violencia ocurrida no se trató de una persecución política, sino de múltiples factores como la venganza latifundista, revanchas personales, equivocaciones y malos entendidos. Asimismo, esta pretensión del producto lo diferencia de historias, trayectorias y relatos de vida que ya existen sobre el caso de Paine gracias a otras investigaciones en curso o ya finalizadas.

La promoción de una memoria no marcada con el estigma de «víctima» apoya a las estrategias de comprensión de los derechos humanos en sentido integral, incluyendo violaciones sucedidas en dictadura, pero que abarcan un universo más amplio y heterogéneo. En el caso que han sido aplicadas, se pone de manifiesto el imperativo de recuperar una memoria olvidada y silenciada, clave en la constitución de la subjetividad de quien se rememora. La especificidad de las microbiografías descansa por sobre todo en recordar al sujeto en vida con el propósito de ir más allá de la categoría jurídico-política de víctima. Dicha estrategia teórica deviene metodológica cuando se trata no sólo testimoniar la ausencia, la desaparición o la muerte, sino también hablar de quién era el sujeto antes de los hechos de violencia.

Agradecimientos:

El presente artículo se enmarca en la investigación «Levantamiento, registro y sistematización de la información de víctimas de violaciones a los derechos humanos en Paine» (2012-2014) del Instituto Nacional de Derechos Humanos, núm. 603663-186- SE14, 603663-7-LE13, 603663-7-LE12. También es patrocinado por el proyecto Fondecyt 1140344 (2014-2017), «Las formas y las disputas de la memoria. Un análisis sociológico sobre la controversia en torno al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos». Por último, agradecemos el apoyo brindado por Mauro Basaure y las contribuciones imprescindibles de Javier González Arellano y Marco Ensignia Zapata a este trabajo

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1El presente artículo se enmarca en la investigación «Levantamiento, registro y sistematización de la información de víctimas de violaciones a los derechos humanos en Paine» (2012-2014) del Instituto Nacional de Derechos Humanos, núm. 603663-186- SE14, 603663-7-LE13, 603663-7-LE12. También es patrocinado por el proyecto Fondecyt 1140344 (2014-2017), «Las formas y las disputas de la memoria. Un análisis sociológico sobre la controversia en torno al Museo de la Memoria y los Derechos Humanos». Por último, agradecemos el apoyo brindado por Mauro Basaure y las contribuciones imprescindibles de Javier González Arellano y Marco Ensignia Zapata a este trabajo.

2Una importante participación tuvo Carabineros en la represión ocurrida en Paine. Los relatos de los sobrevivientes de la tragedia así lo confirman, no sólo en detenciones, sino también en ejecuciones y desapariciones. Ruby Weitzel bien lo comenta en un texto clave: «como en ninguna otra parte del país, las pruebas han demostrado la participación de civiles de la zona, junto a carabineros y militares, para detener a todos los que habían tenido actividad en la organización campesina» (2001: 17).

3Siguiendo a los sociólogos estadounidenses Robert Bellah y Richard Madsen (1985), en este manuscrito se entenderá el concepto de ‘comunidad de memoria’ como colectividades que se caracterizan por recordar su pasado común, colectivos que hacen del pasado el contenido de su discurso, es decir, grupos humanos que mediante el recuerdo producen sus sentidos de pertenencia y formas de identificación.

4El memorial de Paine representa un bosque que cuenta con mil postes de madera, de los cuales 70 fueron retirados, representando a las víctimas de la zona. En cada uno de los lugares donde falta uno de estos 70 postes, se incorporaron figuras con mosaicos, creadas por las/os mismas/os familiares, con la colaboración de artistas de la Dirección de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas.

5En Chile, y América Latina en general, se ha escrito profusamente sobre violaciones a los derechos humanos en contextos de represión política estatal. Para una discusión pormenorizada, confrontar con Jelin (2002), Sosa y Mazzucchi (2012), Waldman (2014) y Ensignia (2016).

6El caso de Paine muestra un periodo histórico en el cual vivieron los sujetos, a pesar de que cada uno de los microrrelatos está centrado en la vida más que en la memoria colectiva. La anclada tradición campesina, así como el proceso de Reforma Agraria inicia do en Chile en la década de 1960, constituyen dos importantes dimensiones a considerar. Como es bien sabido, en Chile se generó uno de los procesos más dinámicos de reforma agraria, y su posterior profundización entre los años 1962 y 1973 exacerbó la represión en el campo chileno, la que, en determinadas zonas como en Paine, alcanzó niveles de revancha. Sobre el proceso de Reforma Agraria en Chile, véanse los textos de Góngora (1960), Bengoa (1990) y Fontaine (2001).

7Quizás convenga citar aquí un interesante proyecto de carácter interdisciplinario —«Los latidos de la memoria»— que precisamente recupera esta estrategia metodológica para divulgar la trayectoria vital de los ejecutados y detenidos desaparecidos de la dictadura cívico-militar en Chile. Información disponible en http://www.loslatidosdela-memoria.cl.

8La colección de microbiografías relacionadas a nuestro caso de estudio se encuentran en el trabajo «Microbiografías: Víctimas Memorial Paine» (2016), a cargo del Instituto Nacional de Derechos Humanos, la Corporación Memorial Paine y la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados de Paine. Información disponible en http://bibliotecadigital.indh.cl/handle/123456789/980.

9Para cuidar la confidencialidad de la información se modificaron íntegramente los nombres que se refieren a las violaciones a los derechos humanos en Paine.

Recibido: 31 de Agosto de 2016; Aprobado: 19 de Mayo de 2017

Nicolás del Valle Orellana está afiliado al Instituto de Humanidades de la Universidad Diego Portales. Es cientista político, magíster en Pensamiento Contemporáneo y candidato a doctor en Filosofía. Es investigador del International Institute for Philosophy and Social Studies, Alemania-Chile, y director de Pléyade, revista de humanidades y ciencias sociales. Editó los libros La actualidad de la crítica. Ensayos sobre la Escuela de Frankfurt (Metales Pesados, 2015) y Transformaciones de la esfera pública en el Chile neoliberal (RIL editores, 2017). Dentro de sus últimas publicaciones destacan los artículos «Politics of Memory and Human Rights in Chile: Struggles for memorials in 21st century» y «Esfera pública, democracia y los límites del liberalismo». Su correo electrónico es ndelvalle@iipss.com.

Damián Gálvez González está afiliado al Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Freie Universität Berlin. Es antropólogo, maestro en Antropología por la Universidad Nacional Autónoma de México y Doctorando en Antropología Social y Cultural. Es investigador del International Institute for Philosophy and Social Studies, Alemania-Chile, y becario CONICYT-DAAD. Su correo electrónico es damiang@zedat.fu-berlin.de.

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